Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen
Summary COMPLETO: Miyako, Hikari, Sora y Mimi son las mejores amigas. ¿Qué pasará cuando los hombres comiencen a hacer estragos en sus vidas? ¿Su amistad sobrevivirá?
Miyako y Takeru llevan meses saliendo, ¿Por qué Hikari parece no superarlo?
Kari es su amiga del alma, ¿Va a perdonarle a Sora estar jugando con su hermano y el mejor amigo de éste?
Mimi dice confiar en ellas ciegamente, ¿Por qué entonces les oculta a cierto pelirrojo?
Miyako sabe que lo que hizo en verano está mal, ¿Cómo va a contárselos a sus amigas?
"De consecuencias"
Miyako
Las clases habían finalizado y la peli violeta había decidido ir de visita a la escuela de su novio, que era lamentablemente menor que ella, para así poder estar con él un rato. Había llamado a Kari también y había querido que ella y Daisuke se les unieran. Algo de lo que Miyako se arrepentía era no haber tenido ninguna cita doble con su amiga y su pareja y sin embargo Kari se había negado alegando que tenía que volver a casa inmediatamente al terminar las clases.
-Aburrida. –había dicho Inoue en voz alta. Kari se había reído y le había colgado el teléfono.
Ahora estaba a punto de llegar a la escuela y de mandarle un mensaje a Takeru para que se encontrara con ella en la puerta, ya que no se sentía con los ánimos de ir a buscarlo por allí, sobre todo porque traía el uniforme de la secundaria y eso la hacía sentirse terriblemente mayor entre todo ese verde que se cernía frente a ella.
"Sólo es un año" se decía mentalmente. "No seas tan exagerada" Pero al encontrarse con su amigo Iori de inmediato se recordó que no era sólo un año, como se quería convencer.
-¡Soy tan vieja! –exclamó llorando falsamente.
Hida le sonrió con paciencia.
-Vamos, Miyako no dramatices. –alega el chico de trece años. –Nadie piensa que seas vieja.
-¡Estoy entre la juventud, de seguro me ve como una anciana! –replica la de gafas.
-La mayoría ni te nota…
-¡Entonces estás diciendo que soy invisible!
Iori está ahora rodando los ojos y seguro piensa que no hay manera de entender a las mujeres pero no se despega de ella porque tiene temor de que su inestable amiga haga una escena, además de que Miyako le ofreció volver con ella y T.K. a casa.
-Mira, por allá está Daisuke, ¿Quieres saludar? –pregunta Iori.
La mirada de la jovencita viaja hasta dónde el Hida señala y entonces es como si el mundo de pronto hubiese dejado de girar sobre sus pies.
Todo está detenido excepto por ese joven que se encuentra con Daisuke y que posee los más profundos ojos azules que ella haya visto.
Y un ruido como de explosión surge dentro de ella. Como si todo su alrededor acabara de estallar porque ese que está parado allí no es otro que Ken Ichijouji, el chico del campamento de verano. El joven que pensó que no iba a volver a ver. El que supuestamente pondría distancia entre ellos yéndose a Tamachi, su ciudad de origen.
Estaba allí en Odaiba y esto acababa de poner su mundo de cabeza no sólo porque se trataba del joven el cual seguía protagonizando todos y cada uno de sus más profundos sueños y fantasías. El cual le quitaba el aliento al sólo pensar en él, al cual le había entregado algo que no podría devolverle nunca.
Sino porque también era aquel con el cual había engañado a su novio.
-Dile a T.K. que repentinamente enfermé. –habla finalmente con un hilo de voz. –Lo siento, Iori, debo irme.
Y se echa a correr.
Mimi
Mimi mira sus zapatos sin saber que hacer o decir, excepto claro que son zapatos de diseñador pero no cree que ni a Izzy ni al director ese dato les importe en lo más mínimo así que mejor se lo guarda para alguien que sí lo valoré, Miyako por ejemplo.
Repentinamente y sin haberlo planeado se siente culpable de la situación. Koushiro está nervioso, sus manos sudan y no se ha dignado a mirarla porque además de estar al borde de una crisis también está enfadado. Con justa razón, él le dijo muchas veces que era una mala idea y ella no escuchó.
Y ahora estaban atrapados.
-Lo siento. –musita la chica en voz bajita.
Sabe que Koushiro no va a perdonárselo, después de todo ella acaba de meterlo en un enorme problema. Su mamá ni va a alterarse, ya está al corriente de las conductas malas de su hija y ha dejado de sorprenderle tanto que la niña se escape de la escuela y huya a hacer compras desesperadas. No es la primera vez que pasa.
Sin embargo, Mimi piensa, Koushiro jamás rompe las reglas. Sus padres de seguro van a reprenderle como nunca y todo ha sido por su capricho. Se siente una verdadera arpía egoísta.
-Déjalo. –pide Koushiro. –Ya lo hemos hecho.
Al parecer no está TAN enfadado.
-Ha sido mi culpa por escucharte. –agrega el pelirrojo como si pudiera escuchar los pensamientos de Mimi y quisiera disipar su alivio. Ella suspira.
-Te lo recompensaré. –dice la chica. –Por favor, no me odies.
Koushiro la mira fijamente antes de negar con la cabeza.
-No podría odiarte por esto, no seas tonta. –concluye finalmente, como si hubiera tenido que meditarlo mucho. –Sólo no volveré a confiar en tus planes.
Mimi sonríe porque eso significa que Koushiro no ha decidido dejar de hacer planes con ella.
-Me parece justo.
La madre del pelirrojo es la primera en llegar y tras hablar con el director unos minutos se gira hasta su único hijo. El chico está asustado, o eso cree Tachikawa al ver como el sudor resbala por su frente. La señora Izumi se ve serena y de pronto hace algo que sorprende a ambos.
Sonríe.
Es una sonrisa afable y Mimi no puede evitar pensar que la madre de su amigo es una mujer hermosa que se ve de lo más agradable y de pronto se encuentra deseando que la invite a su casa a hornear galletas.
-¿Mamá? –habla Koushiro. -¿Está todo bien?
-Por supuesto, cielo. –dice la señora Izumi. –Está todo perfecto, sólo procura no volver a darnos un susto así…
Koushiro traga saliva y asiente. Su madre mira a Mimi aún con esa expresión de simpatía en su cara.
-Tú debes ser Tachikawa. –musita la mujer. –No recuerdo haberte tenido en casa nunca.
Mimi niega.
- Llámeme Mimi. Es que Koushiro es muy grosero y nunca me invita. –se burla. –Pero él sí que ha estado en la mía.
-Entonces lo correcto sería devolver el favor, pásate por nuestra casa cuando quieras querida, serás más que bienvenida. –le ofrece con su sonrisa intacta. –He de confesar que no creí que Koushiro fuera a ser reprendido jamás en la escuela y ha sido gracias a ti.
Mimi se sonroja con fuerza.
-No lo tomes a mal. –agrega la mujer. –En realidad me da gusto, cualquier chico adolescente debería ser reprendido al menos una vez en su vida e Izzy no es la excepción. Gracias, Mimi.
Tachikawa se ha quedado sin palabras. Le cuesta unos segundos recomponerse y lo logra gracias a la risa que le causa ver a Izzy rojo hasta la raíz del pelo y con los ojos clavados en el techo, probablemente preguntándose que demonios pasa por la cabeza de su madre.
-De nada, señora Izumi.
…
Sora
La pelirroja se arrepintió completamente del momento en el que pensó que tal vez había exagerado y que todo estaba bien. Obviamente no lo estaba. Nada estaba bien.
-Están exagerando todo como siempre. –alegó ella. -¡Taichi, déjale!
El moreno tenía a Yamato firmemente agarrado del cuello de la camisa y éste le miraba con sus azules ojos llenos de ira y resentimiento hasta el punto de hacerlos parecer dos hermosos tímpanos de puro hielo.
Sora se cubrió la boca sin saber que hacer ya que sus gritos parecían no servir de nada. Conocía bien esas miradas en las caras de ambos. Esto era imparable, no había manera de detener lo que pronto se iba a desatar.
Y todo por su culpa.
Taichi la había invitado a almorzar pero Yamato ya le había pedido escuchar su nueva canción y cuando se lo explicó el moreno éste hizo un mal comentario, Ishida que había estado justo tras él le escuchó y le dijo algo hiriente, Sora ni siquiera recordaba el qué, Taichi había reaccionado con un nuevo comentario lleno de amargura lo que llevó a Yamato a darle un empujón y a Taichi a tenerlo sujeto de la camisa.
-¿Cuándo vas a entender a no meterme dónde no te llaman? –pregunta Yamato con una voz llena de tensión.
-Cuando tú entiendas a no ser tan arrogante. –arremete Taichi lanzándole contra la pared.
Yamato se estrelló con ésta y justo cuando se recuperó decidió estrellar su puño contra la cara del moreno. Taichi no esperó para una respuesta y le devolvió en golpe con una precisión que les dejó a todos los que estaban allí, boquiabiertos.
-¡Basta, se van a meter en problemas! –chilla su mejor amiga con una angustia palpable. ¡Taichi, Yamato!
-¡Sora! –exclama una de sus compañeras impidiendo que se inmiscuya en la pelea. –No te metas.
-Escúchala, Sora. –dice Tai con el labio sangrante.
-¿Qué no me meta? –repite ella con incredulidad. –Están haciendo parecer que esto es todo por mí.
Lo que siente en su pecho es una gran frustración, está apretando tanto los puños que las uñas le están empezando a hacer daño. Tai y Matt se giran a verla.
-Sora, yo… -empieza hablar Yamato pero ella le interrumpe.
-¡No quieran hacerme sentir como que esto es mi culpa! –grita. –Ni siquiera están peleando por mí, están peleando porque siempre lo hacen.
Taichi y Yamato intercambian miradas.
-Desde niños han competido en todo lo que pueden y han arremetido a golpes contra el otro sin motivo alguno. –añade con los ojos llorosos. -¡Yo sólo soy una excusa más de sus estúpidas rivalidades y no se los voy a permitir!
Sin dejar que ninguno diga nada ella sale corriendo.
…
Hikari
Daisuke sujeta su mano y Kari lo deja estar. Sabe que es algo que los novios hacen y a ella no le hace sentir incómoda en ningún nivel. Puede dejar que el moreno tenga sus manos entrelazadas sin problema alguno y hasta tiene una sensación reconfortante de seguridad y cercanía.
En estas semanas que lleva saliendo con Daisuke Motomiya se ha dado cuenta que el principal punto de un noviazgo es el alardeo, o al menos así lo es con el joven de googles. Daisuke no ha parado de decirle a todo el que se encuentra que Hikari es su novia y de tomarla de la mano en público y abrazarla por la cintura. Estas muestras de afecto a la chica le dan igual, después de todo no son algo de lo que se deba sentir avergonzada, sin embargo hay algo que hasta ahora sí ha logrado ponerle los pelos de punta.
Y eso es tener que besar a Daisuke.
El chico trató de besarla el mismo día que ella aceptó ser su novia pero ella fue incapaz de ceder. Justo ahora, cuando llevaban semanas saliendo seguía teniendo dificultad para dejarle unir sus labios a los de ella y es que aquella no era una sensación de confort, al contrario, la ponía en un lugar muy incómodo y le parecía simplemente incorrecto.
Ese mismo día, mientras ambos comían un helado en una cafetería que quedaba cerca del colegio, el joven Motomiya se acercó a su boca y al ver la reacción de Kari simplemente tuvo que decir lo que pensaba.
-¿Me huele mal la boca? –pregunta Daisuke en un intento desesperado de poder oler su propio aliento.
Hikari niega aguantándose una risa.
-No es eso, sólo me incomoda besarte y más en público. –se sincera la castaña.
-¿Por qué te incomoda besarme si soy tu novio? –se queja el moreno. Ella se encoge de hombros.
-Será que me parece raro. No estoy acostumbrada a los besos, es nuevo para mí.
Él le sonríe radiantemente.
-Sólo es cuestión de que lo veas como algo normal, Kari-chan. –asegura su novio. –Pronto será tan natural para ti como respirar.
Hikari sinceramente esperaba que no fuese así.
-¿En qué piensas? –pregunta el joven al notar el silencio de su chica.
-En Ken Ichijouji.
Daisuke se pone rojo.
-Sabía que no debía presentarlo contigo. –reniega. –El condenado es listo, amable y además de muy guapo, ya sabía yo que ese Ichijouji era el partido perfecto.
Hikari esta vez es incapaz de controlar una carcajada. Esa es una ventaja de salir con Daisuke, jamás falla en hacerla reír.
-No, Daisuke. –habla la chica. –No pienso en él de ese modo, más bien me pregunto porque reaccionó así cuando le mencionamos a Miyako.
Su novio suspira.
-Menos mal. –dice Daisuke. -¿Raro? Pues no sé a qué te refieres.
-Se puso rojo de la cabeza a los pies. –le relata la muchacha de ojos rubí. –Y estaba nervioso, casi inmediatamente salió huyendo, ¿No te parece extraño?
-¿Extraño? Ni lo noté…
-Para mí que hay algo extraño. –dice Kari. –Cuando Miya nos habló del campamento y de Ken también tuvo una actitud muy sospechosa, como si ocultara algo.
-Hikari…
-¿Crees que T.K. sepa de Ken?
-Hikari, escúchame.
Ella se calla y pone atención a las palabras de Motomiya.
-Olvídalo, está todo en tu cabeza. –sentencia el joven.
Ella asiente y se dice a sí misma que efectivamente, todo está en tu cabeza.
De nuevo les agradezco el apoyo y los comentarios, les mando un abrazo enorme!
