Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen

Summary COMPLETO: Miyako, Hikari, Sora y Mimi son las mejores amigas. ¿Qué pasará cuando los hombres comiencen a hacer estragos en sus vidas? ¿Su amistad sobrevivirá?

Miyako y Takeru llevan meses saliendo, ¿Por qué Hikari parece no superarlo?

Kari es su amiga del alma, ¿Va a perdonarle a Sora estar jugando con su hermano y el mejor amigo de éste?

Mimi dice confiar en ellas ciegamente, ¿Por qué entonces les oculta a cierto pelirrojo?

Miyako sabe que lo que hizo en verano está mal, ¿Cómo va a contárselos a sus amigas?


"Es por tu bien"

Miyako

Siente sus manos sudar dentro de los bolsillos de sus pantalones. Tal vez hubiera sido una buena idea sacarlas de ahí pero se siente tan indefensa y tan pequeña que parece que cualquier protección que pueda tener va a ayudarle.

No ha podido concentrarse desde que vio a Ken Ichijouji en la secundaria de Odaiba. El maldito se había metido en sus pensamientos y se había estancado allí desde el verano, ahora estaba más presente que nunca y no sólo eso, también había llegado con él un nuevo miedo que le hacía sentirse paralizada e impotente.

Takeru había estado llamándola desde la tarde pero ella no había contestado y había alegado que no se sentía bien. El rubio le había creído y no la había buscado más pero la realidad era que Miyako estaba evitándole. No se sentía con las fuerzas de hablar con T.K. No al menos después de haber visto a Ken.

Unir uno más uno no había sido difícil, ni siquiera para ella que no se consideraba la chica más lúcida de la ciudad. Era obvio ahora quien era el nuevo vecino de Daisuke que le había caído tan genial. Al final Miyako tenía razón, esos dos sí se habían llevado bien.

Buscó Ichijouji en el comunicador y oprimió el número 6. La mala suerte le dijo en el oído que el seis siempre había sido su número favorito. Un número par, pero no tan común como el 2 o el 4, además del número de peces dorados que había tenido a lo largo de su vida.

-Soy una amiga de la escuela, vengo a darle unos apuntes del ciclo pasado. –miente con una dificultad asombrosa. –Creí que le serían de ayuda.

La que ella suponía, era su madre, afirmó mientras se encaminaba a la puerta. Sus manos habían vuelto a sudar así que las limpia en sus jeans antes de llegar a su destino. Espera unos segundos con impaciencia.

Finalmente es él quien abre y Miyako siente que le tiemblan las piernas como el primer día del campamento en dónde Ken le había hecho un halago acerca de su pelo. Otra vez se siente indefensa y abochornada.

-Ken. –dice en modo de saludo.

El aludido está sorprendido de verla y le regala una sonrisa. Aún no sabe nada.

-Miyako, me da tanto gusto verte, quise escribirte cuando supe que me mudaría a Odaiba. –dice Ken con su usual voz serena. –Pero no contestaste a mis correos.

Ella se sonroja.

-Te he extrañado. –se ve obligada a confesar. -¿Qué te ha parecido Odaiba? –pregunta por pura cortesía.

-Bien. –responde. –Tengo ya un par de amigos pero supongo que ya lo sabes, ese debe ser el motivo de que estés aquí. Hikari mencionó…

-¿Has hablado con Hikari Yagami?

La revelación la golpea de pronto como mil calambres en su cuerpo. Si hay algo peor que el hecho de que Takeru se entere de todo, eso es el que Hikari se entere de todo. No sólo se encargará de decírselo todo a T.K. sino que también va a juzgarla.

Y claro, merece ser juzgada.

-Sí, es una chica encantadora. –contesta Ken y Miyako siente la sangre hervir. –Me da mucho gusto que hayas venido a verme.

A ella también le daría gusto si no estuviera metida hasta las rodillas en un lío del cual aún no adivina como es que va a salir.

-Ken, he venido porque hay algo que no te dije en el campamento. –admite con los ojos clavados en las baldosas del suelo. –Y debo decírtelo ahora.

Ken asiente atento.

-Lo que no te dije es que estoy saliendo con alguien. –musita la peli lila. –Es mi novio desde hace algunos meses y… -hace una pausa y toma aire. –No se puede enterar de que lo engañé contigo en el verano.

El joven de bellos ojos azules le regala una mueca de incredulidad. Miyako lo sabe, la está juzgando en estos momentos porque alguien con la moral que parece tener Ken Ichijouji nunca hubiese tenido nada que ver con ella si hubiera sabido que estaba ya en una relación.

Quiso meterse debajo de la tierra y escapar de esos ojos acusadores.

-Ken, te juro que lo del campamento es algo que no me esperaba. –continua ella al ver su silencio sepulcral. –Pero nunca había tenido una conexión con alguien de la manera en la que la tuve contigo, ni siquiera con Takeru. –agrega suspirando.

-Pero le has traicionado.

-¡Y me siento terrible! –exclama la Inoue. –Sé que no le merezco y mucho menos a ti, pero no sé qué hacer.

-¿Y vienes aquí para asegurarte de que no diga nada? –pregunta Ichijouji con una expresión de completa indignación.

-Entiéndeme, además de mi novio Takeru es mi amigo. –explica ella con los ojos haciéndosele agua. –No podría soportar que me odie.

Ken asintió.

-Tu secreto está a salvo.

Takeru

Takeru sabía que estaba cometiendo un error desde el momento en el que decidió cometerlo.

No sólo Iori, sino también Yamato le habían dicho que si lo que quería era superar a Hikari tendría que alejarse de ella. Además él ya había escogido a Miyako por sobre todas las cosas, ¿Por qué ahora venía este arrepentimiento?

Él sabía la respuesta. Simple y sencillamente no podía vivir sin su mejor amiga, su confidente, su cómplice… no podía aguantar una vida que no incluyera a Hikari Yagami en ésta y si para eso tenía que aprender a aceptar el hecho de que él estaba con Miyako y Kari estaba con Daisuke pues entonces iba a hacerlo porque así eran las cosas y punto final.

Se acercó a la hora que sabía que ella salía de su clase de danza. A Hikari le encantaba bailar y a él le encantaba observarla hacerlo por el simple hecho de que cuando la música sonaba y su querida amiga se mezclaba entre notas y pasos y tones y sones él se daba cuenta que ella era la persona más feliz presente y cuando Kari era feliz ella podía llegar a brillar como una estrella.

La vio salir de la clase con una toalla en su hombro y conversando con una chica de cabellos azules que el recordaba haber visto en algún recital. Se acerca con temor y un poco de inseguridad pero se recuerda que es Kari y que ella no va a hacerle absolutamente nada malo. Es su mejor amiga, después de todo.

Al verlo la castaña abre los labios en forma de o.

-Te veo luego, Shika. –se despide de la muchacha de pelo azul y ésta se marcha por su propio camino. Hikari se queda parada viéndolo sin hacer absolutamente ningún movimiento.

Es Takeru quien se acerca.

-¿Qué tal la clase?

-¿Qué haces aquí? –ella olvida toda cordialidad.

Takeru sabe que está en su derecho. Su último intercambio de palabras no fue el mejor.

-Te acompaño a casa.

Ella se encoge de hombros y comienza a caminar, al no haber recibido una negativa directa T.K. la sigue de cerca.

-Pensé que querías poner "distancia" –alega Hikari haciendo comillas en el aire. Takeru baja su mirada al suelo.

-Sí, creo que no puedo hacer eso. –afirma con firmeza. –Kari, sé que he sido un tonto y siento mucho haberte gritado y haber peleado contigo. –dice el rubio.

-¿Por qué estás disculpándote ahora? –pregunta la chica.

-Porque no puedo poner distancia entre mi mejor amiga y yo debido al hecho de que la quiero demasiado. –termina confesando sin siquiera sentirse abochornado. Eso es lo que tanto extraña de Kari, esa familiaridad y comodidad que les caracteriza cuando están juntos.

Ella suspira.

-Yo también te extraño, T.K. –responde Yagami. –Quiero tenerte en mi vida.

-Y yo quiero tenerte en la mía. –añade el joven de ojos azules. – También quiero que me perdones por haber emitido juicios de tu relación con Daisuke, es algo que tú jamás has hecho con mi relación y prometo que no volverá a pasar. –concluye.

-Está bien. –dice Hikari tras unos segundos. –También siento haberte gritado. –musita la chica. –Estoy muy arrepentida de mi comportamiento y no desde ahora, sino desde unos meses atrás. Sé que no he sido la mejor contigo o Miyako pero es que para mí ver su relación era muy extraño. Yo prometo que desde ahora dejaré de sentirme así.

T.K. sabía a lo que Kari se refería porque era algo que él y Miyako habían hablado en alguna ocasión. La joven parecía bastante confundida con respecto a qué sentir por ellos como pareja.

Takeru asiente.

-Gracias Kari, por dejarme arreglar esto. –ambos sonríen. -¿Quieres ir a ver una película o algo?

Ella dice que sí pero antes agrega una última cosa.

-Y perdón por haber sacado el tema de tú y Miyako, ya sabes… -se sonroja. –teniendo sexo. Entiendo que es algo que no me correspondía.

Takeru alza una ceja.

-Es que ya te expliqué que Miyako y yo no hemos hecho eso, Kari. –dice Takaishi.

Ella se ve un poco extrañada pero decide guardar silencio.

Todas

-Gracias por venir.

Se encuentran en las duchas de la cancha. Sora se ha puesto su uniforme de un color blanco inmaculado y alrededor de ella sus amigas la observan en silencio. Realmente ninguna sabe que decir pero todas se han presentado para darle el apoyo que la pelirroja se merece. Se han enterado de lo sucedido y es que todo mundo parece saberlo ya a estas alturas pero Sora quiere pensar para sí misma que en realidad no le importa.

-Mi hermano ha sido un idiota. –musita Hikari. –No sé cómo él y Yamato han podido.

Sora respinga.

-Ya me da igual.

-¡No te puede dar igual! –dice Mimi indignada. –Se han agarrado a los golpes por ti, Sora. No puedes ser indiferente a eso.

-Mimi tiene razón. –añade Miyako suspirando. –Sora, está bien estar enfadada.

La pelirroja se encoge de hombros.

-No me enfada que se hayan peleado por mí. –contesta. –Me enfada que siento que sólo soy para ellos una competencia más en la cual quieren ganarle al otro. Realmente pienso que si uno no me quisiera el otro tampoco lo haría.

Hikari la toma de la mano.

-No seas tonta, hay demasiado que querer en ti. –le dice su amiga más joven.

-Así es, eres inteligente y guapa. –complementa Tachikawa. –Tienes un cuerpo hermoso y eres una buena amiga.

-Eres madura también. –decide inmiscuirse Miyako. –Te preocupas por los demás.

-Sora, cualquier chico sería afortunado de fijarse en ti. –concluye Mimi. –Olvídate de ellos.

-Realmente ya lo hice. –asegura la pelirroja. –No me importa nada de lo que suceda con ellos a partir de ahora. Estoy bien.

-¿Lo estás? –cuestiona Kari sin mucha seguridad.

-Lo estoy. –reafirma Takenouchi sonando más convencida. –Debo poner toda mi atención en el partido. Sé que es amistoso pero en cualquier momento un reclutador de la universidad podría llegar y verlo. –alega. –Y debo dar lo mejor de mí.

Ellas salen para dejarle a su amiga un poco de concentración antes del juego. Se sientan en las gradas, Miyako ha comprado palomitas y una soda grande y las tres están comiendo mientras espera que dé inicio. Mimi les comenta como es un hecho que Sora es la noticia de la escuela y no sólo porque dos chicos guapísimos están tras ella (eso era algo que todos ya sabían) sino porque tuvo la firmeza de decirles lo que pensaba a ambos en frente de todos.

-Si hasta Jou lo sabe. –dice Miyako. –Lo escuché hablando de eso con Momoe, ya saben, como no tiene casa se la vive en la mía.

-Que el Superior sí tiene casa, Miyako. –reniega Mimi. –Lo que pasa es que en la tuya probablemente hay más comida.

La peli lila se encoge de hombros.

Hikari la observa en silencio. La información que se ha ido recolectando en su cabeza le dice que hay algo raro que su amiga les está ocultando y quiere saber que es, sin embargo sabe también que si sigue metiéndose donde no la llaman no sólo tendrá problemas nuevamente con Takeru, sino que también los tendrá con su mejor amiga.

¿Vale la pena?

Sora salió a la cancha con una mirada que dejaba ver que estaba bastante determinada, sin embargo Kari, que probablemente era la más perceptiva de las tres, fue capaz de notar que en los ojos rojizos de la pelirroja había un sentimiento de molestia. Estaba turbada y eso no auguraba nada bueno para ese encuentro.

-¡Vamos Sora! –exclama Miyako con su estridente voz.

La Takenouchi falla dos, tres, cuatro veces y finalmente tras una larga agonía se da por terminada la partida y el resultado de ésta las deja a todas con un mal sabor de boca. Sora se acerca a su entrenador y es obvio que éste no está feliz. Intercambian un par de palabras y finalmente la deja ir.

-Soy un asco, apesto. –dramatiza la chica.

-No ha sido tan malo. –miente Mimi.

-Sora, tú sabes que no estabas bien hoy. –le consuela Hikari. –Aunque digas que lo estás, nos mientes.

-Así es Sora, es obvio que estás mal. –reafirma Inoue.

Ella se cruza de brazos.

-Ustedes no saben nada. –dicho esto se va enfadada por dónde llegó.

Hikari y Taichi

Hikari llega a su casa y lo primero que hace tan pronto como ve a Taichi es darle un golpe en el brazo.

-Eres un tonto.

El moreno no necesita contexto para entender la molestia de su hermanita menor. Es obvio lo que está sucediendo y tiene un labio hinchado que lo corrobora.

-¿Te has enterado?

-Me sorprende que haya alguien que no se haya enterado. –contesta Hikari.

-Seguro Koushiro. –arremete Taichi. –Ese nunca se entera de nada.

Kari se cruza de brazos.

-No cambies el tema, ¿Qué pensabas? ¿Crees que así te vas a ganar el corazón de Sora?

-Claro que no, sólo que cuando se trata de ella no pienso con claridad. Me dio tanta furia que Yamato estuviera allí metiendo sus narices.

-Hermano, debes aprender a respetar que Sora tal vez no te quiera a ti. –musita su hermana.

-Es que maldición, Hikari. –se enfada Tai. –La quiero tanto y de una manera que no comprenderías. –suspira. –Eres mi hermana menor, no debería estar pidiéndote consejos de amor a ti pero… ¿Qué debo hacer?

-Darle su espacio, como ella te ha pedido. –responde la menor sin dudar.

-Tengo miedo que en ese espacio Yamato vaya a robármela. –se apena Tai.

-Es que Sora no es un objeto que se pueda robar, Taichi. –ella niega con la cabeza. –Y es justo por actitudes como esas que Sora piensa que esto sólo es otro estúpido juego infantil para ustedes.

Taichi la mira fijamente a los ojos y Hikari recuerda instantáneamente su niñez y cuando esos mismos ojos color avellana la veían en la cama cuando estaba enferma, con tanto amor y tanta preocupación que el simple hecho de que Tai estuviera ahí de pronto la hacía sentirse mejor. Sabe que su hermano no miente.

-No es un juego, te lo puedo jurar. –afirma el moreno con una voz sin titubeos. –Sora Takenouchi es la chica más especial para mí, después de ti claro.

Kari sonríe.

-Entonces demuéstralo y pórtate como un hombre y no como un niño. –sentencia la jovencita de quince años que de pronto se ha decidido a hablar como una adulta.

Taichi deja escapar un suspiro mientras asiente con la cabeza y Kari sabe que le está diciendo algo que él ya sabe (no es idiota) pero que le cuesta tanto trabajo aceptar que se niega a hacerlo. Él quiere seguir teniendo una riña justa con Yamato y sabe que si le da a la chica el espacio que ella pide ya no dependerá de ninguno de los dos el resultado. Dependerá sólo de ella.

Y eso le aterra.

-¿Y tú enana? Por favor dime que tu vida es un poco más simple que la mía. –Taichi se ha acostado en el sillón.

Hikari se para y desde la cocina responde.

-Lo normal. Daisuke me ha llevado a la heladería hoy. –responde la joven. –Creo que tengo un problema porque no me gusta besarlo…

-¡Hikari, esas son las cosas que realmente no quiero saber!

Ella se ríe mientras vuelve la cocina con una bolsa de verduras congeladas en sus manos blancas. Sin dejarle protestar nada llega y la coloca en el labio hinchado y amoratado de su hermano mayor. El chilla por el dolor.

-Es por tu…

-Por mi bien, ya lo sé.

Desde pequeños y cada que tenían que hacer por el otro algo que éste no quería "Es por tu bien" era la frase que los hermanos Yagami usaban para darse consuelo.

-Creo que hay algo que Miyako nos está ocultando. –se decide a soltar la chica. –Y creo que involucra a Takeru.

Taichi la mira extrañado y ella evita su mirada, tal vez porque sabe que su hermano podrá ver a través de ella.

-Kari, no te metas en asuntos que no te conciernen.

-Ya lo sé. –admite. –Pero es que sé que hay algo que anda mal, puedo darme cuenta. Sólo que aún no adivino qué. O tal vez lo sé pero me niego a aceptarlo.

-Porque sabes que no es tu problema.

-No lo es, estoy de acuerdo. –asiente.

-Entonces por favor, déjalo ir.

-¿Tú crees?

-Hazlo. –repite Tai. –Es por tu bien.


Gracias a todos por leer y seguir comentando, un beso!