Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen
Summary COMPLETO: Miyako, Hikari, Sora y Mimi son las mejores amigas. ¿Qué pasará cuando los hombres comiencen a hacer estragos en sus vidas? ¿Su amistad sobrevivirá?
Miyako y Takeru llevan meses saliendo, ¿Por qué Hikari parece no superarlo?
Kari es su amiga del alma, ¿Va a perdonarle a Sora estar jugando con su hermano y el mejor amigo de éste?
Mimi dice confiar en ellas ciegamente, ¿Por qué entonces les oculta a cierto pelirrojo?
Miyako sabe que lo que hizo en verano está mal, ¿Cómo va a contárselos a sus amigas?
"De cosas para arrepentirse"
Mimi
Mimi ahoga una risa mientras le ve ponerse todo rojo. Koushiro sin duda es un chico demasiado divertido.
-Ya te dije que a mí no me interesa tener novia, Mimi. –alega abochornado.
-¿A qué chico de diecisiete no le importa tener novia? –se queja ella. –Vamos, déjame ayudarte.
La señora Izumi llega a la sala donde ambos se encuentran y les deja galletas, Mimi le agradece con efusividad y la madre del pelirrojo responde de la misma manera. Mimi supone que debe ser algo extraño para ella recibir amigas del sexo femenino en ese hogar, sin embargo esto en lugar de molestarla la hace sentirse orgullosa. Izzy está apenado, obviamente, pero ella se encuentra fascinada.
-No seas ridícula. –ruega el pelirrojo. –Además, ¿De dónde voy a sacar a una chica?
-Si sigues mis consejos ellas vendrán a ti. –prometió la castaña. –Además creo que te estás subestimando, eres bastante lindo.
Koushiro finge que acomoda unas revistas pero Tachikawa es capaz de adivinar que se ha vuelto a poner rojo.
Pero es que ella no ha mentido. Ha escuchado más de un comentario acerca del atractivo de Koushiro y aunque éste no se lo crea es muy cierto, es un joven lindo.
Mimi nunca lo había considerado antes pero si se le observa con cuidado a Izumi le sobran los rasgos atractivos. Posee un par de ojos de un color negro, profundos y llenos de interrogantes. A Mimi le parecen misteriosos e intrigantes. Además tiene unas cejas pobladas y una nariz pequeña y recta. Si acaso tal vez sus labios son demasiado delgados y su pelo está peinado de una manera casi aburrida pero esos son los únicos detalles que Mimi cree, podrían resultar malos en Koushiro.
Aunque para ella no lo son. Sus labios son finos y su cabello, rojo y llamativo, está acomodado de una manera que a él le parezca cómoda y fácil. Mimi ni siquiera es capaz de recordar porqué es que nunca antes consideró a Izzy como alguien guapo. Hasta ahora.
Hace una lucha por alejar ese pensamiento.
-Mira acércate.
Él obedece y se siente a su lado. El sofá de la sala de los Izumi es tan cómodo que Mimi considera que podría quedarse allí por horas y horas, además si cuenta con la compañía de Koushiro esto no sería nada desagradable.
En las últimas dos semanas Mimi había continuado con sus indagaciones acerca del pelirrojo y se había dado cuenta poco a poco que Koushiro no sólo era un chico inteligente y educado, sino que también tenía muchas otras cualidades, como el hecho de que perdía la paciencia con facilidad pero hacía lo posible porque no se notara. Comía de manera muy saludable pero de repente le gustaba darse el lujo de comer un helado con doble chocolate o unas palomitas con extra mantequilla, le gustaba que alguien más guiara la conversación pero una vez que se sentía en terreno podría llegar a hablar por horas y horas.
Ahora era claro que se habían convertido en buenos amigos y una de las cosas que a Mimi más le empezaba a gustar de Koushiro era la increíble facilidad con la que éste se avergonzaba, sobre todo cuando estaba con ella.
-¿Y ahora? –pregunta Koushiro rodando los ojos. –Terminemos con esto de una vez.
-Toma mi mano. –pide ella.
Izzy sigue sonrosado pero obedece y el tacto de sus manos frescas la hace estremecer. Ella posee unas manos diminutas en comparación a las de él, quien posee dedos largos y unas uñas pulcras y bien cuidadas.
-No desvíes tu mirada, mírame a los ojos. –agrega la joven.
El pelirrojo lo hace tal cual y es cuando Mimi siente una corriente recorrerla de la cabeza hasta el dedo meñique del pie. Esos ojos que parecen pozos de oscuridad hoy se siguen viendo igual de negros, sin embargo es capaz de observar la luz que emana de ellos. De pronto y como pocas veces en su vida, Mimi se ha quedado sin palabras mientras siente como Izumi acerca su rostro al de ella.
-¿Ahora qué debo hacer Mimi?
Ella despabila.
-Pues hablar, por supuesto. –aclara tratando de olvidar el olor de su aliento a menta. –Cuando estés con una chica recuerda hablar de cosas que le interesen, tus temas tal vez a ti te gusten pero a cualquier muchacha le aburrirán en la primera cita.
-¿A ti te aburren? –pregunta éste.
-Pero es que yo soy tu amiga, es mi obligación moral escucharte hablar de todos tus temas aburridos. –responde sinceramente, lo cual hace a Koushiro sonreír. –Así como tú escuchas mis parloteos.
-He de decir que me estoy acostumbrando. –admite Koushiro.
-Ahora debes halagarle o darle un cumplido, es normal que te pongas nervioso, pero…
-Creo que eres hermosa e inteligente. –le corta Koushiro quien ha dicho aquello mirándola aún con una fijeza incomparable, además de una voz firme y sin titubeos que ha hecho que Mimi se quede de piedra. No hubo una pizca de nerviosismo en las palabras del Izumi.
-Exacto, así es como debes hacerlo. –logra encontrar ella las fuerzas para decir.
-No era un ejemplo, lo decía en serio. –confiesa su interlocutor. Mimi busca una excusa y se ríe tratando de evitar el tema.
-Pero si no soy tan inteligente, tú sí. –replica con naturalidad.
Izzy niega con la cabeza.
-Eres muy lista, y me parece recordar que tú misma me dijiste que la inteligencia no se ve sólo en las notas, sino en la manera de hablar y expresarse. –musita el pelirrojo. –Y a mi parecer tú eres una chica tremendamente inteligente.
Mimi, sin poderlo evitar y por primera vez en quién sabe cuánto tiempo, se sonroja.
-¿Estás bien? –pregunta Koushiro. –Estás roja, ¿Tienes calor?
Mimi sacude la cabeza y se para del sofá.
-Sí, tengo calor. –dice avergonzada. –Lo mejor será que vaya a casa a tomar un baño. ¡Dile a tu mamá que las galletas estuvieron deliciosas!
-Mimi…
-¡Nos veremos en la escuela!
Y dicho esto sale corriendo pensando que tal vez ayudarle a Izzy con las chicas no fue la mejor idea que pudo haber tenido.
Miyako
-La película ha sido tan hermosa. –exclama la peli violeta. -¡Han sido actuaciones sublimes!
-Ya suenas otra vez como Mimi. –se queja su novio.
Miyako no le da importancia porque sabe que a Takeru en realidad le gusta escuchar sus comentarios exagerados y extravagantes, por algo es que sale con ella.
Las cosas entre ellos han estado normales. Miyako incluso llega a creer que están estancados en un limbo entre lo bueno y lo malo. No ha vuelto esa comodidad que les hacía sentir tan bien en compañía del otro pero tampoco han vuelto las discusiones y los malos entendidos. Estaban en medio en un clima de pasividad que se sentía extremadamente frágil.
Por su parte Miyako sabía que él y Kari habían regresado a ser amigos y sin embargo los celos no habían vuelto a invadirla desde entonces. Era como si ya le diera igual y la razón de esto era muy clara para la chica Inoue y no se limitaba al hecho de que Hikari tuviera novio, sino también porque sus pensamientos ya no estaban en lo que hacía o dejaba de hacer T.K.
Que Ken hubiera llegado a la ciudad le había dado un violento vuelco al corazón.
-¿Quieres ir a comer a casa? –pregunta la Inoue. –Mi madre hará lasagna.
Takeru niega con la cabeza.
-No puedo, le he prometido a Kari que le llevaré unas ediciones de una revista. –explicó el rubio. –Pero te iré a ver después, ¿Te parece? Podemos hacer palomitas y ver una serie en tu sillón.
Ella asiente.
-Está bien, es una buena idea. ¿A qué hora terminarás con Kari?
-Pronto, ella prometió ir a la práctica de Daisuke y Ken y luego creo que los tres irían por algo de almorzar. –relata Takaishi.
Takeru se despide de ella y se va dejando a Miyako sin poder racionalizar muy bien la información recibida. Hikari sigue siendo un conflicto en su vida pero sin siquiera querer serlo.
Y es que Miyako no puede culparla a ella de nada cuando la culpable es sólo ella misma. Fue ella quien se metió en este lío y es ella quien está tratando de solucionarlo, sin embargo las intromisiones de Hikari pueden llegar a complicárselo mucho.
Es cierto que Daisuke y Ken se han vuelto buenos amigos, sin embargo también Hikari está añadida a la ecuación y no sólo como la novia de Daisuke, por comentarios que ha recibido de ella y de Takeru es obvio deducir que Ken y la castaña Yagami también se han vuelto especialmente unidos en estas semanas.
Hikari no es estúpida y por el contrario es alguien muy observadora (por algo es fotógrafa, ella ve posible belleza en cosas que a los demás se les pasan por alto). Si se llega a dar cuenta de lo que pasó… si llega a atar cabos y descubre su secreto…
Ella no tardará dos segundos en contárselo todo a su renovado mejor amigo Takeru.
Miyako tenía que hacer algo.
Toma el autobús y como si fuese el destino al que Mimi tanto llama quien se lo pusiera en frente, ahí está Daisuke Motomiya posiblemente en camino a su casa para cambiarse e irse a la práctica de soccer.
-Pesada. –saluda el moreno. -¿Qué haces aquí?
-Vengo del cine, es sábado después de todo. –responde sentándose a su lado. -¿Y tú?
-Fui a recoger unos apuntes. –dice sin ánimos. –Ahora tengo práctica.
-Lo sé, me lo ha dicho T.K.
-¿Takeru? ¿Y ese cómo lo sabe?
-Se lo dijo Hikari. –Miyako sabe qué puntos picar para lograr la reacción que espera. –Se van a ver ahora mismo y Hikari mencionó que no podía estar mucho tiempo con él porque había prometido ir a tu práctica.
-¿Eso dijo Kari?
-Así es.
Daisuke refunfuña.
-Ese Takeru, siempre está dónde no le llaman. ¿Qué tiene que ir a hacer con Hikari? Debería quedarse contigo, se supone que tú eres su novia. –dice Daisuke, se ve enfadado.
Miyako suspira.
-Vamos Daisuke, como novia de Takeru yo lo sé. –habla la joven. –Sé que lo que hay entre él y Hikari es completamente diferente a lo que hay entre nosotros. Supongo que lo es también de lo que hay entre ustedes dos. –añade.
-¿No te enfada? –pregunta Motomiya.
-¡Claro que me enfada! –chilla ella. -¿Qué a ti no?
-Por supuesto. –responde Daisuke. -¿Y por qué no haces nada?
-Porque Kari es mi amiga y no es como que pueda ir y pelear con ella por esto, debo de aguantarlo e igual deberás hacer tú. –contesta Inoue.
-No estoy muy seguro de poder aguantarlo. –se cruza de brazos.
-Entonces haz algo. –opina la chica de gafas.
-Pero temo que Hikari se enfade conmigo. –replica el moreno.
-Entonces lo que debes hacer es ir y oponerte frente a T.K. –sugiere la peli lila. –Él te escuchará, después de todo debe respetar que eres el novio de Kari.
Daisuke asiente.
-Tienes razón.
…
Sora
Está recostada en la cama sin saber qué hacer con su cabeza que sigue torturándola. A pesar de haber pasado ya dos semanas y de lo mucho que sus amigas habían tratado de hacerla entender que debía desahogarse, Sora seguía sintiendo una angustia en su ser que no había experimentado desde hace años.
Tal vez a Tai y a Matt había tenido el valor de gritarles que todo era su culpa y de haberles hecho sentir mal por sus acciones, pero en realidad Sora sabía la verdad. Toda la culpa era suya y de nadie más.
Era ella la que había estado dándoles aires a ambos. Era ella quien no había podido delimitar ese espacio que tanto necesitaba. Era ella la que quería todo pero se había quedado sin nada.
Se puso de pie, harta de compadecerse a sí misma. Decidió tomar su raqueta e ir a practicar un rato para tener su cabeza ocupada. Su madre, preocupada por su semblante tan intranquilo, la había invitado a hacer ikebana con ella, cosa que a la pelirroja no entusiasmó en lo más mínimo, sin embargo sí se sintió enternecida.
-Gracias, pero iré a practicar, tengo una partida pronto. –se excusa tomando sus cosas. –Volveré más tarde.
La pelirroja sale por la puerta justo para encontrarse una escena que la deja muda.
-Anda, tú toca el timbre es menos probable que a ti te pegue… -decía Taichi quien se calló inmediatamente al verla. –Sora.
Yamato, quien se encontraba allí también, se puso firme de pronto enderezando su espalda y alzando la barbilla. Ella los mira a ambos por largos segundos sin saber que decir.
-¿Qué hacen aquí? –decide que es la pregunta principal allí. Se cruza de brazos esperando una respuesta.
Ellos intercambian miradas. Yamato es quien habla.
-Venimos a disculparnos. –responde el rubio. –Sabemos que fuimos unos idiotas.
Taichi agrega.
-Quisimos darte un tiempo antes de venir para que no te sintieras abrumada. –puntualiza el moreno. Sora rueda los ojos porque se ha sentido abrumada de igual manera. –Pero lo sentimos mucho.
Taichi da un paso adelante y la mira como la ha mirado desde niños cuando sabe que la ha cagado.
-Sora te ruego que nos perdones a ambos. –pide de manera muy seria.
El hecho de que haya hecho énfasis en que desea un perdón para ambos y no sólo para él le hace pensar a la pelirroja en que tal vez las cosas entre ellos dos estén mucho más tranquilas ahora, después de todo han pasado semanas.
Taichi y Yamato se miran entre ellos al notar que Sora guarda un silencio sepulcral. No les ha respondido nada y los segundos siguen pasando. Ella sólo puede pensar en lo poco que le interesan sus palabras de arrepentimiento cuando ellas no van a solucionar nada.
Pero luego recuerda que ellos no hay nada que puedan hacer para arreglar el problema. La solución está en sus manos y ella ha sido lo suficientemente tonta como para no saber qué hacer con ella o cómo usarla. Sin embargo no por eso cree que esos dos chicos frente a ella estén en su derecho de haber actuado como lo hicieron. Finalmente decide hablar.
-Los perdono. –dice Takenouchi. –Pero por ahora no quiero tener nada que ver con ninguno de los dos.
Ellos ponen los ojos como platos.
-Pero Sora, te estamos pidiendo disculpas. –alega Yamato.
-Y es por eso que los estoy disculpando, Yamato. –responde la chica. –Pero su perdón no hace las cosas más fáciles para mí.
-Sora, no arruines tantos años…
-Son ustedes los que están arruinando tantos años, Taichi. –replica la pelirroja. –Necesito pensar un poco más las cosas y que me den espacio. Créanme no estoy diciendo que no les quiero volver a ver. Dios, creo que les consta lo mucho que los quiero a ambos. –ellos asienten. –Pero siento que los tres nos estamos haciendo daño.
Yamato se para firme.
-Estoy dispuesto a sufrir con tal de que no me retires la palabra. –afirma muy seguro.
Taichi no puede quedarse atrás.
-Valdrá la pena si sigues siendo mi mejor amiga, Sora.
Ella siente los ojos ponérsele aguosos pero no sabe que decir. No quiere llorar frente a ellos pero se siente triste, vulnerable y culpable y es esta misma culpa la que la impulsa a decir lo siguiente.
-De acuerdo. –asiente. –Todo seguirá como siempre.
Daisuke
Daisuke había pasado largas horas meditando las palabras de Miyako. Tal vez él no era mucho un chico de reflexión, sino de acción sin embargo ahora mismo lo que decidiera podría tener gran trascendencia en su relación con Hikari, algo que él consideraba muy especial.
Aunque claro que tampoco era tonto aunque Miyako afirmara lo contrario. Sabía bien que Kari no sentía ni por asomo lo mismo por él que él sentía por ella. Si la hermosa chica estaba a su lado era porque sus motivos tendía y estos para Daisuke seguían siendo un misterio, sin embargo el hecho era que ésta era su novia y que él tenía que dejar claro el terreno como el hombre que era.
Ya tenía 15 años, ya no era un niño que peleaba infantilmente y sólo en su mente con T.K. para robar el cariño de la Yagami. Ahora la pelea era tangible y real.
Y él no iba a permitirse perder, no después de saber lo bien que se sentía poder decir finalmente que Hikari era su novia.
Llegó hasta el edificio dónde vivía Takeru y tocó a su puerta, esperó pacientemente a que éste abriera y aunque tardó unos minutos finalmente la puerta se abrió y dejó ver a un rubio de ojos azules que le miraba asombrado.
-¿Daisuke? –habla el joven. -¿Qué haces aquí?
-Quería conversar contigo, Takaishi.
Takeru le invita a pasar pero éste se niega. Daisuke tiene la oportunidad de echar un vistazo al departamento del joven. Está vacío.
-Mi madre no está en casa. –explica al ver su cara. –Trabajará hasta tarde.
Daisuke asiente.
-¿Qué tal estuvo la práctica?
El recordatorio de que él sabe aquello porque es Kari quien se lo ha contado comienza a hacerle hervir la sangre.
-Normal. –contesta el moreno. –Aunque no me he podido sacar de la cabeza algo en ese tiempo y es por eso que he venido.
-Me imaginé que algún motivo tendrías. –alega Takaishi. -¿Qué está mal?
-Lo que está mal es que sigas haciendo como que Miyako y yo estamos pintados.
Takeru arquea las cejas.
-¿Qué yo hago qué? –se extraña. –Perdona pero jamás he hecho eso. Miyako es mi novia y creo que no tienes idea de qué hago con ella y por eso no deberías emitir opiniones.
-¡Yo emito lo que quiero!
A Takeru le tiembla la ceja derecha y Daisuke supone que esto es signo de que se encuentra molesto. Bien, él también lo está.
-Jamás me he metido en tu relación, Daisuke. No te metas en la mía. –repone el joven rubio.
Motomiya suelta una carcajada irónica.
-¿Qué no has interferido en mi relación? –se burla. –Takeru, eres una constante interferencia.
-No hagas esto, Daisuke, por favor… -pide T.K.
-Tengo que hacerlo. –dice. –Tengo que dejarte claro que el novio de Hikari soy yo y no tú.
-Daisuke…
-¡No me interrumpas, Takeru! –se enfada. –Estoy harto de que creas que tienes privilegios con ella, es mi chica no la tuya. Tuviste tu oportunidad y la dejaste ir, ahora atente a ello. Si crees que los demás no nos damos cuenta que estás enamorado de Kari estás equivocado. –frunce el ceño. –Todos lo sabemos, pero ¿Sabes qué? Ella me eligió a mí y a ti no. Hikari está conmigo y no contigo y es hora de que lo aceptes y dejes de rogarle como un perro faldero, Takaishi.
Takeru está enfadado, se nota en la frialdad de su mirada, sin embargo Daisuke lo está aún más y al contrario del joven de ojos azules el moreno no emite frialdad, emite unas llamas que le hacen arder en furia.
-Aléjate de ella. –concluye Daisuke.
-¿Estás pidiéndome que deje de hablarle a Hikari? –pregunta T.K. en un tono de voz que no expresa ningún sentimiento en particular.
-Sí, eso hago. –responde Motomiya.
Daisuke no se espera que el puño de Takeru le golpee en ese preciso momento en plena cara.
…
Sigo agradeciendo muchisimo los comentarios y el simple hecho de que lean esta historia así que les mando un abrazo enorme
