Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen

Summary COMPLETO: Miyako, Hikari, Sora y Mimi son las mejores amigas. ¿Qué pasará cuando los hombres comiencen a hacer estragos en sus vidas? ¿Su amistad sobrevivirá?

Miyako y Takeru llevan meses saliendo, ¿Por qué Hikari parece no superarlo?

Kari es su amiga del alma, ¿Va a perdonarle a Sora estar jugando con su hermano y el mejor amigo de éste?

Mimi dice confiar en ellas ciegamente, ¿Por qué entonces les oculta a cierto pelirrojo?

Miyako sabe que lo que hizo en verano está mal, ¿Cómo va a contárselos a sus amigas?


"Cuando se hace sin pensar y cuando se piensa sin actuar"

Hikari

Cuando Daisuke le pidió verla en la heladería que frecuentaban siempre ella dudó. No quería tener que atenerse a ver al moreno sufriendo y pidiéndole volver, sinceramente era algo que no creía poder aguantar.

-Es tu culpa, Hikari. –se dijo con esa rara manía de hablar sola. –Ya sabías que esto iba a terminar así.

Ahora era completamente capaz de admitírselo a ella misma. No quería, y nunca quiso a Daisuke de manera romántica y haber accedido a ser su novia había sido un tremendo error. No sólo porque se engañó a sí misma, sino también porque le engañó a él que no había hecho nada para merecérselo.

Llegó a la heladería y vio que Daisuke aún no estaba allí, la ansiedad la había hecho estar ahí con 20 minutos de anticipación así que tomó la mesa de siempre. Se arrepintió a los dos segundos de haberlo hecho y decidió cambiarse de mesa cuando aún podía, después de todo no quería dar la idea equivocada.

Por eso tampoco pidió un helado, se conformó con una soda de limón y cuando finalmente Daisuke llegó, sintió sus piernas temblarle por debajo de la mesa.

"Basta" se dijo en su mente. "Es Daisuke, no puede ser tan malo"

-Hola, Hikari. –le dice sentándose justo frente a ella.

Pide una malteada de chocolate y ella le mira sin poder articular palabra.

-¿Querías que habláramos? –pregunta la chica Yagami. Él asiente con su cabeza. –Escucha Dai, yo sé que esto es duro para ambos pero creo que es lo mejor.

-Kari, espera. –le silencia él. –Sólo quiero disculparme. Ya entendí que entre tú y yo sólo podrá existir amistad y sé que arruiné la única oportunidad contigo que iba a tener. –añade. –Pero aún te quiero.

-Y yo te quiero a ti, Daisuke. –le toma la mano con cariño y lo mira con esos ojos color rubí llenos de armonía. –Siempre te querré, somos amigos.

Por la expresión que ha puesto el joven Motomiya es como si acabaran de clavarle una cuchilla en pleno corazón ensangrentado. No dice nada por unos segundos y finalmente recompone su rostro y decide hablar nuevamente.

-¿Entonces me disculpas?

Ella asiente.

-Claro que te disculpo, aunque no entiendo porque actuaste como lo hiciste.

-Es por eso que quería hablar contigo, Kari. –dice Daisuke. –No estoy del todo seguro pero debido a que cuando se los pregunté no me lo negaron y como sé que es algo que te ha estado molestando desde que te presenté a Ichijouji pensé que querrías saberlo.

Hikari no entiende.

-¿Saber qué? –indaga.

-Que tuviste razón todo este tiempo y Miyako y Ken ocultan algo. –explica. – Les escuché en una situación sumamente comprometedora. Les pregunté si estaban saliendo a escondidas y ninguno me respondió, Miyako se puso muy rara y me corrió de su casa.

-¿Qué? –ella se sorprende.

-Yo pienso que es por eso que hizo lo que hizo. La escuché hablar de "lo que habían hecho en verano" y le decía que le quería, Kari. Creo que es muy obvio lo que sucede aquí.

Kari lo meditó. Si Miyako y Ken estaban saliendo en secreto…no, eso era sumamente improbable por parte de ambos, si Miyako y Ken habían tenido un amor de verano y ella no quería que nadie se enterara sería bastante claro que no quisiera a Hikari (quien se había vuelto muy amiga de Ken) cerca de Takeru.

Y para eso había utilizado a Daisuke y su inocencia.

El estómago se le revolvió de pensar que Miyako, su gran amiga, fuese capaz de hacer tales bajezas. Sin embargo pensó un poco en la susodicha y se dio cuenta que realmente era probable que todo aquello fuese cierto, no porque Miyako fuera una mala chica, sino porque cuando las cosas se le salían de las manos ella dejaba de medir las consecuencias de sus actos. Miyako estaba atrapada en una red de mentiras que ella misma había tejido y si Kari la conocía bien entonces era obvio que estaba sufriendo.

Por un segundo se sintió mal por ella. Luego se le olvidó cuando recordó de lo que había sido capaz.

Y supo que tenía que desenmascararla, no sólo por el bien de T.K. sino también por el de la misma Miyako.

Sora

Él susurró en su oído.

"Sora"

Ella sonríe sin abrir la boca, poco a poco está sintiendo sus manos subir por sus caderas. No le detiene.

Cuando Yamato le ha invitado a su casa no había imaginado que iban a terminar en su sala con la falda de tenis de ella completamente levantada y su brassier en el suelo desnudo.

El padre del rubio trabajaba hasta muy tarde y ella quería sentirse querida. Quería sentir que nada importaba. Las manos de Yamato le hacían sentirse protegida y segura mientras que su boca le provocaba arcadas de placer cuando se colaba por las zonas descubiertas de su cuerpo y hacía círculos en el lóbulo de su oreja. Su lengua después lamía todo aquello que encontraba deseable, desde labios hasta dedos pasando por orejas, barbillas, pechos y vientre.

Mientras tanto las perfectamente cuidadas uñas de Sora se clavaban en sus blancos hombros dejándole unas cuantas marcas en forma de medias lunas rojas que formaban una constelación en su espalda. Cuando el rubio arqueó sus caderas contras las de ella la pelirroja lanzó al aire un gemido de placer que no pudo controlar. Su cuerpo le pidió más fricción y se empujó nuevamente contra el de Yamato.

Él se despojo de la ropa que quedaba entre ellos y finalmente pegó su cuerpo caliente al de la chica sin que ella opusiera resistencia. Sus ojos estaban cerrados y en la oscuridad sólo se podía formar la imagen de los ojos azules de Yamato y los sonidos ahogados que salían de su boca. Casi como su fuesen notas desafinadas de su guitarra. Como si estuviera haciendo música con ella.

Poco a poco la intensidad aumentaba. Todo en ellos se encontraba amplificado por cien, sus sensaciones, emociones y sentimientos. Cada palabra que salía de la boca de la pelirroja era para Yamato un incentivo para no dejarla de estrujar. Ella se sentía flotar. Todo estaba en paz ahora mismo.

Cuando finalmente terminó ella se acurrucó en el sillón medio desnuda. Él la abrazó pero ella sintió aquel toque como algo incorrecto. Por primera vez desde que había comenzado a explotar aquella pasión se sentía mal de haberlo hecho. Como si estuviera cometiendo un pecado mortal.

-¿Fue un error? –decidió preguntar en voz alta.

Él le beso la coronilla.

-Sora no te estoy pidiendo absolutamente nada después de esto. –dice él. –Todo sigue igual.

Ella lo mira incrédula.

-¿En serio? –indaga con las cejas levantadas.

-En serio. –asiente el rubio. –Si lo hicimos es sólo porque quisimos hacerlo, porque te quiero y tú a mi también me quieres.

-Claro que te quiero.

-Pero no significa que estemos a un nivel de compromiso más grande. –aluce el joven. –Sólo fue una manera más profunda de demostrarnos ese mismo cariño. No quiere decir que siento que he ganado la guerra.

-¡Esto no es una guerra! –se enfada la pelirroja empezando a recoger su ropa.

-Es amor y viene siendo lo mismo. –replica Yamato Ishida. –Tranquila, no fue un error, sólo fue sexo.

Ella suspira.

-¿Puede ser sólo sexo?

-No me malinterpretes, no quiero decir que no haya tenido importancia y que se ha quedado en un plano físico, fue más que eso.

-Lo fue. –secunda Takenouchi.

-Sin embargo el sexo es una forma de expresar cariño, eso fue lo que hicimos.

-¿De verdad no crees que te debo ahora algo más que ese simple cariño? –pregunta confundida. Para ella el sexo siempre fue algo que estaba segura, le iba a entregar sólo al amor de su vida y por eso haberlo hecho con Yamato le había caído tan mal en ese momento. Sin embargo si lo veía así y sólo era una muestra de cariño por él todo era diferente.

-No creo que me debas absolutamente nada. –él la besó en la mejilla. –Ahora vístete, te prepararé de comer.

Ella asiente y no puede evitar dibujar una sonrisa.

Mimi

Abre la puerta confundida. La mascarilla verde que se ha puesto en la cara se ha comenzado a secar y supone que no tiene mayor importancia que el repartidor de pizza le vea como un asqueroso monstruo verde si es que le va a dar la propina suficiente.

Sin embargo a menos que el repartidor sea pelirrojo, de espesas cejas, ojos color negro profundo y un pésimo sentido de la moda, no es él quien está tras la puerta. Además claro de que no trae una pizza.

-Koushiro. –dice con un suspiro de voz mientras entra en pánico. Corre y se esconde tras su sillón con el chico viéndola confuso.

-¿Mimi, estás bien? –pregunta.

-¿Qué haces aquí? –le devuelve la pregunta olvidándose de las cortesías.

-Me has dicho que tus padres iban a salir el fin de semana y que podíamos quedar para ver una película hoy en la tarde. Además que, no es que me importe por supuesto, pero prometiste seguir ayudándome con las chicas.

Mimi se da un golpe en la frente mientras se dice a sí misma lo estúpida que ha sido al olvidar cancelarle y lo estúpido que es él por no habérselo recordado antes. Las manos le sudan y su corazón galopa a mil por hora. No sabe que hacer o decir. Mimi Tachikawa se ha quedado muda, aterrorizada y paralizada tras un sofá.

Todo por Koushiro Izumi.

-¿Quieres que me vaya?

Su voz le ha sonado hasta cierto punto decepcionada y es algo que ella no soporta. No quiere herir sus sentimientos pero es que los de ella están tan revueltos y por todos lados que no sabe que es lo correcto y que no lo es.

-Es sólo que lo he olvidado. –admite con molestia. –Siento ser tan torpe pero no me acordé.

-Entonces sí quieres que me vaya. –asume.

Ella lo medita. ¡Claro que quiere que se vaya! No soporta estar cerca de él con todo lo que su cuerpo le dicta que haga y que no puede hacer. Además de que no quiere que justamente él la vea con una mascarilla de aguacate y pepino y con el cabello desastrosamente acomodado en un peinado sin ton ni son. Eso sin mencionar la ropa de hombre y las pantuflas de florecitas que se ha puesto para su tarde de embellecimiento con pizza.

Pero por otro lado realmente no quiere decepcionarlo y ella realmente no quiere dejarlo ir.

-Quédate. –pide Mimi. –Pero tengo que decirte que las clases de conquista se han acabado. Me doy cuenta que no tienes arreglo, Izumi.

Ella escucha su bonita risa. Un sonido raro y efímero que le da gusto provocar.

-Como tú digas, Mimi. –responde. –Oye, ¿No piensas salir de tu escondite?

Su voz se escucha cada vez más cercana.

-No hasta que te des la vuelta y me permitas ir a ponerme decente.

-¿Decente?

Mimi siente un escalofrío recorrer su espina.

-Pero sí te veías linda. Graciosa y linda.

-¡Graciosa y linda no son los adjetivos que describen a Mimi! –exclama mientras se pregunta porque el destino le tendió esta trampa tan cruel. –Trata con hermosa, despampanante, increíble, fabulosa…

-¿Fabulosa eh?

Mimi pega un salto cuando se da cuenta que el pelirrojo ha llegado hasta su escondite y ahora se encuentra tras el sofá mirándola con una enorme sonrisa en su cara. La chica lanza un grito de puro terror y le suelta un empujón. Él la toma de la mano y al encontrarse en cuclillas esto provoca que los dos caigan al suelo. Ella encima de él.

Tachikawa siente una corriente eléctrica subir desde la planta de sus pies hasta la punta de su cabeza. Koushiro la observa con sus ojos negros y ella, al ser un monstruo verde se siente cohibida y atrapada entre la espada y la pared. Intenta levantarse pero él se lo evita sujetando su mano con más firmeza. Mimi aguanta la respiración y finalmente inclina su rostro sobre el de él.

Koushiro sujeta su nuca con su mano libre y ambos de pronto se están besando.

La joven es incapaz de hilar un pensamiento coherente. Mil cosas pasan por su cabeza pero ninguna de ellas es mínimamente racional. Su cerebro se ha apagado y su corazón, palpitando como loco en su pecho se encuentra tan desesperado que parece que va a salir por su garganta. Minutos enteros pasan y ella siente la comodidad inesperada de encontrarse besando la boca de Koushiro tan deliciosa que simplemente no quiere parar. Sin embargo lo hace.

En el momento en el que para y se da cuenta que están tendidos en el suelo, ambos con la cara verde y mirándose fijamente se da cuenta que el miedo ha vuelto. Y pierde la cabeza.

-Tienes que marcharte. –dice de pronto sin explicación alguna.

-Mimi…

-¡Tienes que irte! –repite cada vez más alterada y mirando el rostro lleno de aguacate y pepino de él. -¡Por favor vete!

Koushiro se pone de pie y con una mueca de tristeza sale por la puerta, chocando en su camino con un confundido y asombrado repartidor de pizza.

Hikari

Tic tac, tic tac.

Maldice el momento en el que decidió que el regalo que Takeru le dio en su cumpleaños iba a ser algo que jamás se iba a quitar sin importar qué, porque ahora el maldito reloj de muñeca no paraba de torturarla con su constante ruido rítmico.

Pensó que antes no era capaz de percatarse de sus manecillas girando, sin embargo ahora mismo era de lo que más era consciente. El maldito sonido iba a enloquecerla porque pareciera que sólo servía para imponer una presión infernal sobre ella y su decisión.

Sin embargo su decisión dejó de ser suya en el momento en el que la puerta de la residencia Takaishi se abrió. Hikari, quien había estado demasiado ocupada meditando si tocar o no tocar el timbre pegó un salto por la sorpresa que se llevó.

-Hikari-chan. –le saluda la madre de Takeru con alegría. –Hace mucho que no venías por casa, ¿Cómo estás? ¿Tu hermano?

Ella le regala la sonrisa más cordial que puede ya que está carcomida por los nervios de la situación.

-Taichi y yo estamos muy bien, señora Takaishi. –responde. –Muchas gracias por preguntar.

-Anda, pasa. –continua la mujer. –Iba de salida pero llamaré a Takeru para que te atienda.

Kari asiente con la cabeza y se acomoda en uno de los sillones de la sala. Observa todo con detalle. Takeru se ha cambiado de departamento hace un año, sin embargo a pesar de que éste es bastante diferente al viejo el orden de sus muebles sigue siendo exactamente el mismo. El sillón más grande viendo hacia la puerta y los dos más pequeños a los lados, la mesa de centro con el arreglo que T.K. había hecho hace unos años y que su madre presumía orgullosa, el estante del fondo lleno de fotos, entre ellas una dónde aparecía una Hikari de ocho años abrazando a un Takeru con los ojos rojos pues acababa de llorar a causa de una caída en el parque.

Todo se sentía tan familiar que se le hizo realmente estúpido pensar que algún día creyó que podía eliminar a Takeru de su vida. Eran parte el uno del otro y hacer aquello sólo les había causado daño a ambos.

Finalmente la madre del rubio se despidió de ella y le informó que T.K. saldría en cualquier momento. Kari agitó su mano al verla marchar y le agradeció rápidamente. Después de un par de segundos Takeru salió en su encuentro.

Takeru la saludó intimidado, no habían hablado desde su encuentro fugaz en la escuela después de que Kari le había reclamado por golpear a Daisuke. Se sentó frente a ella sin palabras.

-T.K. –habla la chica. –Perdona por venir sin avisar.

-Perdóname tú a mí, Kari-chan. –finalmente dice. –Fui un tonto, siento mucho haberle pegado a Daisuke pero… -busca su mano y la toma. –Pero perdí el control, realmente no podía creer que él me estuviera diciendo que me alejara de ti. No podía concebirlo.

-Está bien. –responde ella. –Sabes que hiciste mal al pegarle, no debes reaccionar así, Takeru. –agrega la joven. –Sin embargo no es por eso que vine. El asunto de Daisuke está aclarado.

-Está aclarado pero aun así viniste a verme. –afirma el rubio. -¿Eso significa que…?

-Significa que he terminado con Daisuke. –confirma la Yagami. –Desde ahora él y yo sólo somos amigos otra vez.

Hikari observa a Takeru asentir y casi puede jurar que le ve ocultando una sonrisa. Ella misma quiere sonreír pero sabe que el sufrimiento de Motomiya no lo vale.

-¿Entonces cuál es la razón de tu visita, Kari-chan? –pregunta Takaishi. –Puedo ver en tu mirada que hay algo que me quieres decir.

-Lo hay.

-Lo mejor será que lo digas.

-Tal vez no soy la persona correcta para decirlo. –replica la joven. –Pero Takeru creo que tienes derecho a saberlo.

El rubio frunce el cejo.

-Deja de tenerme en angustia y dímelo ya. –casi ruega.

-Daisuke me ha confesado que la verdadera razón de que viniera a ti es porque Miyako le sugirió que era buena idea. –explica Hikari. –Y cuando fue a su casa a reclamarle la encontró con Ken Ichijouji, de nuestro grado.

-¿Y hay más?

-Lo hay. –admite Kari. –Yo vi una foto de ambos en el campamento de verano al que Miyako se fue, se conocen de allí. Daisuke me aseguró y yo también lo creo por deducción, que Miyako y Ken tuvieron algo ese verano y ella te lo está ocultando.

Takeru entorna las cejas y se lame los labios sin entender.

-¿Insinúas que Miyako me engañó con Ichijouji?

-Sí.

Finalmente y tras segundos de silencio, T.K. suspira.

-¿Estás segura, Kari?

-Estoy casi segura, T.K. –asegura ella. –Las pruebas no pueden mentir y sé que no tengo que meterme pero es que eres mi mejor amigo y no podía permitir que esto se quedara así. A pesar de que Miyako es mi amiga. –se quiebra su voz. –Sé que estoy haciendo lo correcto.

Takeru le brinda una sonrisa un poco triste, luego le acaricia la mejilla y ella se pone roja.

-Gracias por haber venido, Kari.

Le da un beso en la frente y luego se va a su habitación dejándola completamente sola.


Primero que nada una disculpa por la tardanza pero me fui de vacaciones y me he desconectado del mundo por unos días. Segundo, gracias por leer y comentar les mando un beso enorme