Disclaimer: Ni Digimon ni sus personajes me pertenecen.

Summary COMPLETO:Miyako, Hikari, Sora y Mimi son las mejores amigas. ¿Qué pasará cuando los hombres comiencen a meterse entre ellas? ¿Su amistad sobrevivirá?

Miyako y Takeru llevan meses saliendo, ¿Por qué Hikari parece no superarlo?

Kari es su amiga del alma, ¿Va a perdonarle a Sora estar jugando con su hermano y el mejor amigo de éste?

Mimi dice confiar en ellas ciegamente, ¿Por qué entonces les oculta a cierto pelirrojo?

Miyako sabe que lo que hizo en verano está mal, ¿Cómo va a contárselos a sus amigas?


"Confesiones y escándalos"

Mimi

Cuando era más joven, una edad aproximada entre sus diez y doce años, Mimi tenía la mala manía de morderse las uñas. En ese momento de su vida no le importaba tanto el hecho de mantener una manicura envidiable, más bien le parecía algo entretenido que hacer cuando estaba aburrida, o ansiosa y nerviosa. Su madre había probado de todo para que ella dejara aquel mal hábito, sin embargo todo era inútil, desde los esmaltes con ajo hasta las reprimendas y castigos Mimi había encontrado una manera de burlarlos y seguir haciendo aquello que su madre encontraba tan desagradable.

Lo único que había funcionado en aquella época había sido un mal comentario de parte de Taichi.

"Tienes las uñas más feas que yo, Mimi"

Lo que había parecido ser palabras graciosas de un niño habían servido para hacer que la castaña entrara en desesperación constante. No podía creer que Tai la hubiese insultado de aquella manera y que ella no hubiera podido defenderse ya que, de hecho, tenía las uñas más feas que él. El orgullo que surgía en su pecho fue el único motivante que había podido servir para que ella dejase de morderse las uñas e incluso que las empezara a cuidar con barnices especiales para fortalecerlas y claro, que desde aquel día no se les viera sin un color moderno adornándolas.

Pero volviendo al presente Mimi acababa de romper una racha de cinco años, tal vez más, sin morderse las uñas y esta vez estaba segura que ni siquiera un comentario hiriente de Taichi podría arreglar la situación.

Los nervios la estaban matando viva y a pesar de que Mimi se jactaba de ser alguien segura de sí misma, en este preciso instante se sentía pequeñita como una mosca.

En su mente se repetía la pregunta "¿Qué es lo peor que puede pasar?" sin embargo eso no servía para tranquilizarla. La respuesta era mucho peor que cualquier otra cosa.

-Koushiro te puede odiar. –se dice a sí misma. –Y no sólo él, todos tus amigos pueden decidir odiarte después de esto. Ni siquiera lo has hablado con Sora, Miyako y menos con Hikari. –suspira mirando al cielo. –Pero es que… todas están tan ocupadas con sus cosas y yo siento que estoy enloqueciendo.

Pisa la colilla del cigarrillo de clavo que se ha terminado. Ese es un mal hábito que también posee la castaña. Cuando está nerviosa deja que el tabaco alivie sus problemas.

-Me he enamorado de la persona menos indicada, eso ya lo sé. –continua su letanía. –No puedo permitir que me pase con Kou lo que me pasó con Michael y con los que estuvieron antes de él.

Recuerda brevemente sus relaciones pasadas. Todas comenzaron siendo hermosas pero los caprichos y berrinches de Mimi terminaron por hartar a la mayoría y a los que no simplemente fue la joven Tachikawa quien había terminado aburrida por tan insulsas relaciones. Desde el momento en el que había terminado con sus novios hasta ahora la castaña había optado por evitarlos a toda costa y definitivamente era algo que no quería que ocurriera con Izumi.

-No podría vivir sabiendo que no voy a poder estar en el mismo cuarto que Izzy sin enloquecer. –se dijo ella misma. –Además, somos amigos. Es amigo de mis amigas, soy amiga de sus amigos. –continúa. –No puedo permitir que la situación se ponga tan incómoda como lo ha sido la de Tai y Matt últimamente.

Lanza un suspiro al aire y le da una palmadita a la caja de regalo que lleva con ella.

-Tal vez sea una mala noticia de cumpleaños pero es lo mejor. –agrega. –Le daré su regalo, le diré todo y luego me iré a mi casa.

-¿Mimi?

Ella se sobresalta y pega un brinco que casi hace que la caja termine en el suelo. La abraza a sí con fuerza, reprendiendo su torpeza y se gira para encontrarse con Koushiro, quien ha quedado de encontrarse con ella en el parque en quince minutos para que le dé su regalo. Ha llegado temprano como siempre.

Basta una simple ojeada para darse cuenta que el pelirrojo está igual de nervioso que ella a pesar de que éste no se come las uñas. Izzy mira sus zapatos con la cara roja y las manos escondidas en las bolsas de la chaqueta.

-Feliz cumpleaños, Koushiro. –Mimi sonríe e intenta que todo ese ánimo que la caracteriza vuelva a ella. Él se acerca y ella hace el ademán de abrazarlo. Él se aleja. Mimi toma esto como una clara señal de que está haciendo lo correcto.

-Perdona, yo…

-No es necesario que digas nada, Izzy. –asegura Mimi fingiendo una sonrisa. –Entiendo.

-No creo que entiendas. –replica Izumi. –Mimi, creo que debemos hablar.

El pánico la invade. Ella no quiere hablar. No sabe qué puede decir para arreglar la situación y definitivamente no quiere escuchar lo que él tenga para decirle a ella. Nunca la han rechazado antes y esta no será la primera vez.

-Antes de hablar creo que necesitas abrir tu regalo. –le extiende una caja roja con un moño azul. Éste la mira con duda. –Anda, no seas tímido.

-Mimi…

-¡Koushiro! –reclama ella. Finalmente el pelirrojo la toma entre sus manos.

Él suspira y ella aguanta la respiración.

-No tenías que darme nada. –opina el pelirrojo. –No era necesario.

-Vamos, Izzy, ábrelo.

Después de la insistencia de la castaña Izumi decide abrir la caja. Mimi se asoma para ver su cara cuando levanta la tapa y se encuentra con un cachorro que ahora se ha quedado profundamente dormido ignorando la incómoda escena que se desata frente a él. Koushiro frunce el ceño mientras mira al animal. Lo toma entre sus manos y es tan pequeño que cabe perfectamente en éstas. El cachorro lo mira con sus enormes ojos marrones y el joven entreabre la boca asombrado mientras acaricia el pelaje de color caramelo del animal.

-¡La he llamado Candy! –se emociona Mimi expectante ante la reacción del muchacho de ahora dieciocho años. –Tiene más de un mes, aún es muy pequeña así que deberás cuidarla bien, Kou.

Koushiro finalmente alza su mirada oscura y la observa.

-¿Me has regalado un cachorro?

-¿No te gusta?

-Simplemente no entiendo porque creíste que este sería un buen regalo.

Mimi trata de no demostrar su decepción.

-Pensé que te haría bien compañía, alguien con quien compartir tus cosas y tus problemas. Lo hablé con tu madre y le pareció buena idea…

-¿Mi madre sabía de esto?

-Así es, ella dijo que te haría bien. –prosigue la chica. –Además me parece que tener una ocupación además de tu computadora te ayudará a distraerte y no enfrascarte en ella. ¿No te gusta Candy?

Koushiro asiente.

-Es muy bonita. –dice por fin. –Sólo que nunca me consideré una persona de mascotas. Creo que no soy muy empático y realmente dudo simpatizarle a Candy.

La perrita se ha vuelto a dormir en sus manos.

-Claro que le simpatizarás, Koushiro. –exclama Mimi. –Eres su dueño, pensará que eres el mejor ser humano del planeta.

El joven resopla y acomoda a la cachorra entre sus brazos.

-Mimi, escucha… -intenta hablar, ella como es su costumbre, interrumpe.

-Además cuando fui a la perrera Candy estaba justo allí, en una manta del mismo color que mis zapatos de aquel día. –sonríe. –Y no es un color nada común, Izzy. Eran color salmón, no estoy hablando de un rosado cualquiera. –agrega. –Si eso no es el destino, no sé qué sea.

-Mimi…- intenta él una vez más.

-El encargado dijo que será una raza pequeña, así que no ocupará mucho espacio, y…

-¡Mimi! –grita él, cansado de sus interrupciones.

-¡Me voy a América! –se apresura a decir ella lo cual consigue dejarlo a él sin palabras.

Koushiro la observa boquiabierto sin saber qué decir.

-Ya te he contado que mi tía vive allá. –decide continuar Tachikawa. –Y mi mamá estaba muy deseosa de que estudiara mi último año en el extranjero y quien sabe, quizás también la Universidad. –añade la castaña. –Veremos que se puede hacer en la escuela para adelantar los trámites...

Esto ha conseguido dejar a Koushiro sin palabras.

-Creí que sería una buena noticia, ¿No te alegras por mí? –pregunta Mimi, tratando de soportar las inmensas ganas de llorar que le han dado de pronto. –Bueno, creo que ha sido muy sorprendente para ti. –dice al ver que éste no agrega nada. –Te veré en un rato en la reunión que ha hecho Taichi. ¡Nos vemos!

Y sin decir más decide salir corriendo.

Takeru

Colgó el teléfono y miró sus pies unos instantes. Se encontraba sintiendo esa extraña sensación en la boca del estómago desde que Hikari le había dicho lo que le había dicho.

Días atrás, cuando las cosas no parecían tan complicadas como lo parecían ahora, Takeru había acordado pasar a recoger a Miyako a su casa y luego ir juntos a la celebración del cumpleaños de Koushiro a la que Taichi les había invitado. No había podido negarse aunque tal vez de lo último que tenía ganas ahora mismo era de una fiesta, de ver a Miyako, o de salir de su casa con toda sinceridad.

Sin embargo si había algo que T.K. sabía, y era porque lo había aprendido a lo largo de su vida, era que cuando se tenía un problema de este tipo evadir la confrontación era lo peor que se podía hacer. De nada iba a servirle a nadie que él ignorara el problema, tenía que enfrentarlo y buscar respuestas así que tomó su mochila y salió de su casa a la casa de su novia caminando a prisa.

Sus pies chocaban contra el pavimento y esto sólo hacía que Takeru se sintiera más y más apresurado para llegar a su destino. Sentía que lo estaban siguiendo nada más y nada menos que sus miedos y sus inseguridades y mientras más tiempo tardara en sacudírselas de encima, más tiempo se sentiría atrapado.

Llegó a casa de Miyako y ella abrió antes de que él siquiera golpeara la puerta.

-Estaré lista en cinco minutos. –prometió. –Pasa.

Takeru se sentó en un sillón y decidió esperar los que sabía, se convertirán en por lo menos quince minutos. No pudo evitar recordar la primera vez que pisó esa misma sala hace al menos un año.

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Takeru corrió más apresuradamente y la tomó de la mano para procurar que ella hiciese lo mismo. La lluvia que caía del cielo con demasiada intensidad para tratarse de un día común de verano les había atrapado a medio camino a casa y les había empapado de los pies a la cabeza, ahora mismo ambos estaban tan mojados que se les complicaba mirar bien entre tantas gotas de lluvia cayéndoles por los ojos.

Cada día Takeru y Miyako hacían el recorrido a la escuela juntos con Iori Hida, su también vecino. Éste después de acompañarlos seguía su propio camino a la primaria de Odaiba y ellos continuaban andando hasta llegar a su destino. También hacían el camino del colegio a casa en compañía del otro y era justo en este último que los había atrapado una lluvia abrasadora.

-Vamos, sécate en mi casa. –propuso Miyako.

-¿Estás segura?

-Claro. –accedió la joven. –Mis papás están trabajando y mis hermanos aún no salen de la escuela.

Él pasó con ella y mientras la veía correr al baño se sintió extraño parado a mitad de la vivienda de su amiga ya que jamás había estado allí, al menos dentro. Ella le lanzó una toalla color marrón con la que se secó el cabello de la manera más ordenada que pudo, no quería hacer un desastre en casa de los Inoue, después de todo.

Ella salió con una toalla rosada entre sus manos secándose los brazos y las piernas, su cabello empapado caía sobre su rostro enmarcándolo de una manera muy tierna y sus gafas se encontraban ahora en una mesita al fondo de la habitación ya que estaban muy mojadas.

Takeru la observó y recordó como hace un segundo sus mejillas se habían tornado rojas cuando él la sujetó de la mano. Había sido una sensación de compañía y calidez que le había gustado mucho y que quería volver a experimentar pero que no sabía cómo. Lentamente se acercó a Miyako y la miró a los ojos.

-Espero que no te resfríes. –musitó mientras con su propia toalla le secaba el rostro con delicadeza.

-Soy fuerte, no te preocupes. –ella contestó con una sonrisa.

Él se inclinó hacia ella y recordó las muchas veces que la bonita chica le había hecho reír incluso en los momentos más duros. Se sintió en completa confianza pero aún así le costó cada fibra de valor en su ser para poder hacer lo que hizo después.

Ella al verlo inclinarse volvió a sonrojarse, pero sonrió lo cual sólo la hizo verse más adorable. Finalmente T.K. juntó sus labios con los de ella y a pesar de que ambos se encontraban mojados y fríos aquello se había sentido bastante bien. Se había sentido peligroso y emocionante pero correcto a la vez.

Ella volvió a dibujar una sonrisa en su rostro y lo atrajo a sí misma una vez más para besarlo.

A partir de ese día Takeru y Miyako se habían convertido en novios.

/

-¡Ya casi estoy! –el grito de la peli lila le saca de sus recuerdos y éste da un respingo.

Las cosas habían sido terriblemente diferentes al iniciar su relación, había sido algo nuevo y emocionante, algo que les tenía a ambos al borde del teléfono procurándose el uno al otro. Ahora mismo Takeru se daba cuenta que esos días se habían acabado de parte de ambos y sin duda aquello había hecho grandes estragos en sus vidas.

Finalmente Miyako sale de su habitación y lo saluda con un beso en la mejilla. Takeru trata de ocultar su incomodidad fingiendo una tos poco creíble que sin duda fue lo que alarmó a la joven de que algo andaba mal.

-¿Caminamos? –pregunta el Takaishi. Ella le mira con cierto miedo en sus ojos color miel pero asiente con la cabeza y lo sigue a la puerta.

El rubio la deja pasar primero y ella lo hace. Él cierra la puerta a sus espaldas y caminan un par de minutos en completo silencio. Takeru escucha el castañeo de los dientes de la joven, lo cual es un gran indicador de sus nervios.

-Takeru… -habla ella.

-¿Qué sucede?

Ella no responde, lo cual le hace entender al rubio que realmente no tiene nada que decir. Ante esto sabe que sólo queda un camino viable y es en el que le toca a él ser quien lleve la conversación a dónde tiene que ir. T.K. suspira porque él nunca ha sido del tipo que confronta de esta manera, sin embargo debe hacerlo y sabe que no hay vuelta atrás. Si hay una verdad él merece saberla.

-Miyako. –dice. –Tenemos que hablar.

La peli lila pone cara de susto e incluso se le deslizan las gafas un poco por el puente de la nariz pero asiente.

Takeru no sabe cómo debe empezar así que lo lanza directamente.

-¿Qué sucede entre Ken Ichijouji y tú?

Escucha claramente como la joven pasa saliva y decide mirarla a los ojos. Ella desvía la mirada y eso hace pensar a Takeru que el hecho de no poder sostener sus ojos en los suyos es una mala señal.

-¿Qué sucede? Nada. Nos conocimos en el campamento de verano y nos llevamos bien, después me enteré que se mudó a Odaiba así que fui a darle la bienvenida a su casa. –relata la chica con un ligero temblor en la voz.

-No me lo contaste.

-No creí que fuera necesario, T.K. –replica Inoue.

Él toma aire.

-No estás siendo honesta.

El rostro de la joven de dieciséis años se descompone por la sorpresa. Sus gafas se resbalan un poco más y se muerde el labio.

-Deberías preguntarme entonces lo que quieres saber. –resume la chica.

-Quiero saber si es verdad que me engañaste con él o no.

Las palabras les dejan helados a ambos. Ella ha puesto los ojos bien abiertos y se ha puesto pálida. Él ha fruncido el ceño y enmarcado las cejas. Se miran sin decir nada pero Takeru cree que las palabras no son necesarias. Cree que con la reacción que ha tenido ha sido más que suficiente.

-¿De dónde has sacado eso? –pregunta Miyako.

-Eso no importa.

-¡Claro que importa! –se altera ella. -¿Ha sido Hikari verdad? –patea el suelo. -¡Siempre se está metiendo entre nosotros y estoy tan harta.

-Miyako esto no es sobre Hikari. –repone Takeru con una voz fuerte e imponente que en nada suena a su tono afable de siempre.

-Claro que lo es. –chilla la peli lila. -¡Ella está mintiéndote! –agita sus brazos y toda la gente que pasa por allí se le queda viendo. Takeru la toma del hombro intentando calmarla.

-Te estás exaltando demasiado. –opina el rubio.

-¡Eso es una mentira, Takeru! –grita con lágrimas en los ojos. -¡Te han mentido, creeme! ¡Ken no es más que un amigo!

-Miyako, cálmate. –le pide nuevamente tomándola del otro hombro e intentando contener los movimientos desesperados de su cuerpo.

Ella se remueve y se libra de su agarre. Luego lo mira con el rostro desencajado y Takeru siente un escalofrío. Realmente sabe que Miyako le está mintiendo, la manera en la que ha entrado en pánico la delata.

-¡Tienes que creerme! –exclama la joven.

-Tranquila.

-¡Takeru!

-¡Miyako, debes calmarte! –finalmente le levanta la voz y la zarandea un poco del brazo en un intento por tranquilizarla.

-¡No, déjame, estoy cansada de esto, suéltame! –empieza a gritar.

Ella se revuelve una vez más y Takeru sabe que si la deja ir la chica va a hacer alguna locura porque la conoce bien y está consciente de la impulsividad de su novia. Está consciente de que justo ahora Miyako ha tropezado con un montículo de mentiras que ella misma trazó y que no sabe qué hacer para librarse de éste.

-¡Hey! –un hombre se acerca corriendo. -¿Está todo bien aquí?

Miyako niega con la cabeza con desesperación.

-Déjala tranquila, niño. –pide el hombre.

-No, usted no entiende… -pero entonces se queda callado porque hasta ahora no se ha fijado bien en el hombre que se ha parado frente a ellos. Ver el uniforme de policía le deja helado así que la suelta sin pensárselo dos veces.

Miyako se ha echado a correr tan pronto como se siente libre del agarre.

-Creo que tendrás que acompañarme, niño. –musita el oficial mirándolo con mala cara.

-No es necesario, señor. –dice Takeru, tartamudeando por los nervios. –Se trata de mi novia y está todo bien, simplemente peleamos y ella reaccionó de manera muy histérica. Creí que si la soltaba se haría daño.

El oficial sigue mirándolo con malos ojos y al final le pide subir a la patrulla y llevarlo a casa dónde termina teniendo una tendida plática con su madre acerca de las conductas poco adecuadas de Takeru en la vía pública y la forma correcta de tratar a una señorita.

Sora

Si en algún momento pensó que las cosas entre ellos dos estaban bien y que todo volvería a la normalidad entre los tres, estaba terriblemente equivocada.

La pelirroja toma un sorbo de gaseosa y observa la escena en silencio con Hikari a su lado. Taichi se encuentra con Koushiro, quien les ha mostrado a todos un pequeño cachorro de pelaje color miel que les ha hecho volverse locos, sobre todo a Tai, quien siempre ha sido un gran fanático de los animales.

Por otra parte Yamato está en la esquina opuesta discutiendo ávidamente con Jou acerca de algo que sólo ellos entienden, sin duda alguna. Mimi se encuentra allí, evitando mirar hacia el otro extremo por cualquier motivo y fingiendo que le interesa lo que ambos están diciendo pero se nota por su mirada que no es así.

Hay otro par de compañeros de clase de Koushiro allí pero Sora no les presta atención, está demasiado angustiada por el caos que está provocando como para enfocarse en nada más.

Recuerda el verano cuando los tres tenían once años; como habían jugado futbol por horas hasta el punto que Yamato había estado tan molesto que les había lanzado el balón tan lejos como había podido. Habían comido de un helado los tres tan rápido que sus cerebros se habían congelado, habían paseado por las calles y habían pateado latas hasta que ciudad oscurecía y era hora de volver a casa…

Habían sido tan unidos y ahora mismo eso sólo parecía un vago recuerdo enterrado entre una pila de sentimientos encontrados. Y no sólo para ella sino también para sus dos amigos inseparables.

No soportó mirar esa escena ni un segundo más. Estaba cansada de ser ella la manzana de la discordia entre dos chicos que una vez habían sido tan buenos amigos que podrían haberse agarrado a golpes y a los dos minutos estar caminando aferrados el uno al otro en camino por una soda fría y una bolsa de frituras. Ahora mismo ya no eran las cosas así.

-Tampoco es tu culpa. –musita Hikari leyendo sus pensamientos. –Ya no son niños, era obvio que sus peleas iban a ser más maduras en algún momento y que no se iban a arreglar tan fácilmente. –opina cruzándose de brazos.

Ella suspira porque no quiere que esto sea así.

-Kari, ¿Crees que pueda hacer algo para que estén bien? –pregunta la joven. –No sé si debería pero creo que debo al menos intentarlo.

-Podrías darles el empujón que necesitan. –responde la castaña. –Sin embargo, ¿Y si no? Podrías complicarlo más.

-¿Complicarlo más? –repite Takenouchi. –Es imposible complicar esto más. Así al menos ya no me sentiré tan impotente ante esta situación.

-Haz lo que tengas que hacer, Sora. –concluye la Yagami. –Sólo recuerda que sigue sin ser tu culpa.

Sora se abstiene de decir que si sólo supiera la historia completa definitivamente no pensaría de esa manera.

Finalmente camina hasta Taichi y gentilmente lo toma de la mano. Éste deja el cachorro en brazos de Izzy y la sigue cruzando la habitación hasta llegar a la otra esquina donde se encuentra Yamato. Éste les observa y decide ignorar a Jou y girarse hacia ellos. Mimi lanza una mirada de auxilio cuando se da cuenta que ahora el Superior va a comenzar a echar sus pláticas aburridas a ella pero Sora piensa que ésta se puede cuidar sola y la ignora.

Así los tres terminan triangulándose y mirándose fijamente.

-Tenemos que hablar. –dice la pelirroja. –Estoy un poco sorprendida por su actitud de esta noche.

-Te estamos dando espacio, ¿No? –pregunta Yamato.

-Sí, no es eso. –contesta la chica. –Me refiero más a su actitud entre ustedes.

Ellos se encogen de hombros y se voltean a ver. Sora, que los conoce a la perfección puede ver la incomodidad en los ojos azules de Yamato y la lástima en los marrones de Taichi. Es obvio que ninguno está conforme con esa situación.

-¿Recuerdan cuando éramos amigos? –pregunta ella. –No, mejor aún, recuerden cuando ustedes dos eran amigos.

Taichi resopla y Yamato mira el techo.

-No pierdan eso por mí ni por nada que no son pocos años, ya son bastantes. –agrega Sora. –No es justo que su relación se tambalee por cosas que no dependen de ustedes.

-Sora, hemos cambiado. –dice Ishida.

-¡Y eso no evita que puedan seguir siendo amigos, siempre lo han sido!

-No somos niños ya. –puntúa Tai. –Es más complicado.

-No debería serlo.

-Simplemente lo es. –afirma el Yagami.

-Tienen razón, han cambiado. –dice la pelirroja. –Antes no hubieran permitido que su amistad se pusiera en riesgo por nada.

-Sora…

-Sólo piénsenlo, ya no somos niños pero siguen siendo Tai y Matt. –añade Takenouchi. –Y los Tai y Matt que conozco no dejarían las cosas así.

Ellos asienten al unísono y entonces un gran estruendo hace que toda la atención se fije en un solo punto.

-¿Esa es…?

-Es Miyako. –completa la chica anonadada por el estado que presenta la peli lila.

Miyako

En el momento en el que Takeru le había dicho que tenían que hablar de algo Miyako supo que este era el fin de su relación. Y no lo supo porque hubiese estado segura de que el rubio sabía de su infidelidad, en realidad pasaron otros dos mil motivos en su cabeza que pudieron haber detonado la actitud rara de su aún novio. Sin embargo en cuanto el nombre de Ken Ichijouji había surgido en la conversación no hubo más dudas, T.K. lo sabía y era seguro por boca de quien se había enterado.

Había hecho todo lo que estuvo en sus manos para proteger su secreto, incluso había llegado a caer tan bajo como nunca imaginó y ahora mismo todo le había explotado en la cara.

Corrió lo más rápido que pudo con lágrimas rodando por su rostro y las gafas demasiado abajo. Había dejado a Takeru allí sin siquiera meditarlo ya que el enfrentarse a él era demasiado doloroso para ella como para poder admitir lo que había hecho. T.K. siempre había sido un buen novio y no se merecía la moneda con la que ella le había pagado. Sin embargo el mal ya estaba hecho.

Mientras corría siente una punzada de dolor en el tobillo y asume que se lo ha torcido en algún punto de su huida pero poco le importa cuando llega al lugar que tanto esperaba. La casa de Koushiro Izumi donde éste está celebrando su cumpleaños.

Lo último que quiere es arruinarle la reunión a Izzy, quien después de todo es un buen amigo suyo desde que ambos entraron al club de computación de la preparatoria, sin embargo si hay algo que Miyako debe hacer ahora mismo es enfrentar la fuente de que todos sus problemas se hayan desencadenado así que sube las escaleras con una rapidez que la deja anonadada pese al dolor punzante en su pie.

Cuando llega a la casa de los Izumi abre la puerta de jalón y por accidente ha tirado un perchero que se encontraba muy cerca de ésta. El ruido estridente provoca que todos volteen a verla y sus reacciones le indican que su aspecto debe ser bastante deplorable después del numerito que ha montado en la calle y de su apresurada carrera para llegar allí.

Sora se le acerca pero ésta la ignora y decide caminar directamente hacia el fondo de la habitación, dónde se encuentra Hikari.

La castaña la mira y abre la boca ligeramente cuando se da cuenta que va en su dirección, se gira para quedar de frente a ella y frunce el ceño ligeramente sin poder verla a los ojos. Miyako finalmente se para delante de la chica.

-Miyako…

-Cállate. –le ordena Inoue con una voz fuerte que no parece ser la suya. –Espero que estés feliz, Hikari. Finalmente has conseguido lo que querías.

-Yo…

La peli lila siente la furia recorrerá de pies a cabeza porque le ha dicho que se calle y Hikari insiste en retarla e ignorar sus deseos así que finalmente, y después de llegar a la estúpida conclusión en su cabeza que sus errores nunca hubiesen sido descubiertos de no haber sido por esa niña, alza la mano y la azota en la mejilla de Hikari con tanta fuerza que ambas se tambalean.

-¡Miyako! –escucha que grita Mimi, ésta se acerca a Kari y la contiene entre sus brazos. Miyako se siente herida al ver como Mimi defiende a la Yagami pero decide que no le importa.

Pronto se han acercado Taichi y Daisuke a tomarla de los brazos y tratar de alejarla de Kari. Ésta se siente enferma al ver como todos allí están preocupados por la pequeña Yagami, como todos darían todo por defenderle a ella y como la aludida ni siquiera tiene que decir nada para que salten en su rescate. Gruñe.

-Es por eso que jamás vas a crecer, Kari. Siempre poniendo a otros a enfrentar tus consecuencias. –espeta la peli lila decidiendo huir del lugar.

Echa a correr una vez más tan rápido como sus largas piernas se lo permiten pero el dolor del tobillo se intensifica y con toda sinceridad está enfadada y cansada y ya no quiere correr así que cuando siente que se ha tropezado con cualquier cosa que alguien haya dejado tirada a media calle no hace nada para intentar levantarse, sino que se queda en el frío pavimento sollozando.

Siente una mano sobre su hombro y cuando alza la mirada se da cuenta que es Sora, quien está agitada por haberla seguido de cerca. La invita a levantarse pero ella niega porque realmente no quiere ni cree poder hacerlo así que la pelirroja se sienta a su lado.

-Me he lastimado el tobillo, creo que es una torcedura…

-No importa. –murmura ella. –Ven aquí.

Sora la toma entre sus brazos y Miyako se deshace en lágrimas en el regazo de la mayor. Sin duda todas siempre han estado de acuerdo en que es Takenouchi la maternal del grupo y sólo hace falta ver a la peli lila en estos momentos para asegurar que es verdad.

-Lo he arruinado todo, Sora. –solloza la joven Inoue.

-¿Es realmente culpa de Hikari?

-Lo sé, es mi culpa. –repite Miyako. –Es sólo que ¿Por qué tenía ella que hablar con Takeru?

-Es su mejor amigo…

-¿Y no era yo su mejor amiga también? –pregunta llorando. –Además no vas a decirme que mentí. Todos siempre están defendiendo a Kari, así jamás va a aprender a afrontar las cosas. Taichi, Daisuke y hasta Takeru, Mimi y tú…

-Tal vez tengas razón, Miyako pero…

-¡Pero nada!

Sora frunce los labios.

-Cielo, si sólo me explicaras…

-Que he engañado a Takeru en el campamento de verano, Sora. –resume la chica menor. –Y ahora todos se van a enterar y voy a perder no sólo a T.K. sino también a Kari y hasta a Ken. –se seca las lágrimas.

Sora ha puesto cara de circunstancias y sólo la aprieta más fuerte contra sí. Miyako, que finalmente se siente contenida y tranquila sólo solloza entre sus brazos.

-Todo va a estar bien, cielo. –asegura Sora. –Sé cómo te sientes.

-Takeru me va a odiar. –chilla Miyako.

-Takeru es incapaz de odiarte, tranquila has cometido un error y debes enfrentarlo. –responde la pelirroja. –Ahora vamos, te acompañaré a casa.

Miyako usa todas sus fuerzas para dedicarle una sonrisa a su amiga y se levanta con su ayuda, decidida a caminar a casa y a darle a su vida un nuevo giro.


Uffff por fin el capítulo 11! No saben lo que me ha costado actualizar esta historia y es por eso que quisiera pedirles una disculpa a todos ustedes. Sé que no es excusa pero me robaron mi computadora donde tenía tooooodos mis documentos y entre ahorrar para una nueva, la depresión de haber perdido todo, el bloqueo por lo enojada que estaba y la universidad hasta ahora he podido comenzar a reescribir mis historias.

les pido paciencia y les agradezco de todo corazón si aún existe un alma noble que lea este fic.

Un abrazo y un beso!