Bueno, como aclaración, ya que Kokoro me lo preguntó en su review, mi historia arranca tras los hechos del tomo 4 del manga, es decir, después de que hayan vuelto de Brasil, a partir de ahí, reescribo la historia a mi manera ;) algunos sucesos y situaciones os sonarán, pero será diferente, esto es un fanfiction, asi que me tomo esa licencia... ;) Asi que Integra sigue al mando, y seguirá, Ceres también pulula por ahí... y bueno, ya veréis más sorpresas :) Espero que disfruteis, y preparaos para el siguiente capitulo...

Los personajes de Hellsing no me pertenecen, pero Michelle si

En la iglesia ya sólo quedaba silencio, mientras los dos cuerpos que yacían sobre el altar, estrechamente abrazados, permanecían aún unidos. Alucard acariciaba con suavidad la cascada de cabellos rubios mientras Michelle reposaba su cabeza en su pecho y a su vez recorría las líneas de su ancho torso con los dedos. Sin levantar la cabeza, ella susurró.

-¿No es esto un poco extraño? Acabamos de conocernos, y mira… - una risita escapó de sus labios cuando Alucard la estrechó más fuerte contra si y besó sus cabellos.

-Estábamos predestinados a encontrarnos, y eso podía suceder de dos maneras… - su mano vagó hasta tomar la barbilla femenina y giró suavemente su rostro para que le mirara. – Cazándonos el uno al otro… o así. Y me alegro de que haya sido así.

Michelle se incorporó a medias para acercar su rostro y besarle en los labios de nuevo.

-Yo también me alegro, no me hubiera gustado tener que cazarte… - apartó su boca, riendo, cuando él amagó un mordisco juguetón – Además, no se si esto mismo no es ya un tipo de 'caza'…

-Es una versión un poco más divertida de la caza… no necesito a esas – señaló con un vago gesto de la mano el montón de ropa que reposaba en el suelo, y donde asomaban Jackal y Casull, sus enormes pistolas.

Se quedaron en silencio un momento más, besándose, hasta que él gruñó con contrariedad y empezó a incorporarse con desgana, como si lamentara cada centímetro que sus cuerpos se separan.

Michelle esbozó una sonrisa perversa y alargó la mano para coger uno de sus hombros y volver a tumbarle bruscamente sobre el altar. Se tumbó a medias sobre él para mantenerle atrapado bajo su cuerpo y volvió a besarle apasionadamente, durante un rato bastante largo. Alucard inmediatamente volvió a abrazarla con fuerza, correspondiendo a su beso. Cuando por fin sus bocas se separaron, ella le miró a los ojos.

-¿A dónde vas con tanta prisa¿Tienes toque de queda?

Él sonrió ampliamente mientras acariciaba su mejilla.

-No oficialmente, pero he dejado abandonado a un… soldado en el campo de batalla, y me estará buscando. – sus manos bajaron por la nuca de la vampira y después se deslizaron por su espalda. Sus dedos tocaron un trazo más rugoso en su piel, y con curiosidad lo siguió con un dedo. Era una cicatriz, larga y retorcida, que nacía en el hombro derecho y bajaba por su espalda, entre los omóplatos, hasta morir en la cadera izquierda, cruzando la espalda en diagonal. Su curiosidad se acentuó, cuando la miró a los ojos y ella sonrió, pero decidió no preguntar nada. De momento.

Michelle pareció agradecer su discreción, y volvió a besarle, largamente, con dulzura, y después le miró a los ojos.

-Bueno, te acompañaré… Dado que he de entregar una carta a tu jefa, Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing, será lo lógico¿no?

Alucard abrió mucho los ojos, pillado por sorpresa, pero casi enseguida se repuso.

-Vaya, vaya… admito que me has pillado… Así que después de todo no ha sido una coincidencia este encuentro. Interesante.

-Oh, sí ha sido una coincidencia… No tenía previsto encontrarme contigo, y… bueno, ya sabes – se ruborizó encantadoramente mientras reía – Pero me gusta el cariz que va tomando esto…

-A mí también… el vampiro sonrió, aún acariciando los rubios cabellos, y se incorporó sobre los codos– entonces, mejor nos vamos.

Ambos empezaron a vestirse, mirándose de vez en cuando. Michelle parecía algo preocupada mientras se desenredaba el cabello con los dedos, y Alucard no pudo evitar la pregunta, calándose su sombrero al mismo tiempo.

-¿Qué te preocupa?

-El pensar en como me recibirá tu jefa… La idea de que me reciban a tiros no me atrae en absoluto.

Los dos vampiros comenzaron a atravesar el atrio de la iglesia, dirigiéndose a la puerta.

-Admito que mi Ama no aprecia a los vampiros… pero no tienes nada de qué preocuparte. Si ella considerara que debía matarte, ya lo habría hecho.

Michelle asintió, mirándole de reojo. Los dos se detuvieron a la vez junto a las puertas cerradas, y se miraron, en silencio, durante un instante que pareció muy largo, hasta que ella alargó la mano y cogió la de Alucard, atrayéndole suavemente hacia sí. El vampiro sonrió, como si hubiera estado esperando justamente eso, y rodeó su cintura con el brazo libre para abrazarla firmemente. Sus labios volvieron a unirse, mientras cada uno pensaba para si mismo lo extraño de la situación. Acababan de conocerse, y sentían que les unía toda una vida…

Cuando volvieron a separarse, con reticencia, ella le palmeó la mejilla con suavidad, sonriendo.

-Me hubieras matado, si hubieras podido, querido… Venga, se bueno y llévame ante Lady Hellsing… pero antes, te ayudaré a encontrar a tu soldadito. - se apartó de él para abrir las puertas, y los dos salieron a la calle.

Casi al instante, una voz femenina se dejó oir, procedente de su izquierda, mientras su dueña salía de una calle lateral.

-¡Amo¡Al fin le encuentro!

Alucard sonrió, volviendo a ponerse las gafas de sol.

-Bueno, ya tenemos una cosa hecha…

Se giró hacia la jovencita, vestida con un uniforme militar con el escudo de Hellsing, que miraba a Michelle con desconcierto.

-Y ella… ¿quién es?

-No es asunto tuyo, mujer policía. Tan solo necesitas saber que debemos escoltarla ante Lady Hellsing.

Michelle miró de arriba abajo a la muchacha, estudiándola con la mirada atentamente. Esbozó una sardónica sonrisa mientras le tendía la mano elegantemente.

-Michelle de Cameron.

La muchacha pareció todavía más sorprendida, y alargó la mano para estrechar la que le tendía la rubia vampira, tartamudeando tímidamente.

-Ce… Ceres Victoria…

Ceres miró, confusa, a su Amo, pero él estaba mirando a su alrededor, aguardando mientras Michelle se encendía un cigarrillo y después se calaba unas gafas negras de sol. Los dos vampiros volvieron a sonreirse, ajenos a Ceres, y él le ofreció caballerosamente un brazo que ella aceptó con elegancia.

-Vamos, mujer policía, no te quedes atrás – Alucard echó a andar, guiando a Michelle, obviamente divertido por la confusión de su subordinada. - ¿Cuánto tiempo te vas a quedar en la ciudad, mi dama?

Michelle ladeó la cara hacia él, con una encantadora sonrisa.

-El tiempo que me quede depende de tu jefa…

Tras ellos, Ceres les observaba con curiosidad, cargando el pesado estuche donde guardaba el Halkonnen.

-Hum… Amo… ¿acaso ya se conocían de antes?

-Lo cierto es que nos acabamos de conocer – respondió Alucard, y estalló en carcajadas al mirar hacia atrás y ver la expresión pasmada de la joven.

Michelle miró también hacia atrás, con una macabra sonrisa y después le plantó al vampiro un apasionado beso en los labios, calibrando la reacción de Ceres por el rabillo del ojo.

Tras largo rato de caminata, llegaron junto a las verjas de la Organización Hellsing. Un joven rubio, de largo cabello recogido en una larga trenza, y con un parche que ocultaba la cuenca de su ojo izquierdo, se les acercó, saludando jovialmente. Vestía ropas militares, y de su hombro colgaba un AK-47.

-¡Hombre! Aquí llega la soldado de su misión¿no vas a darle un besito al capitán? – su voz, con un leve acento francés, se convirtió en un silbido de admiración mientras recorría con su único ojo a Michelle de arriba abajo – Caray, Alucard… podías traer acompañantes así más a menudo…

Michelle no pudo evitar una sonrisa ante el descaro del joven, que con toda desfachatez se quitó el sombrero de cowboy en una florida reverencia, y besó su mano.

-Pip Bernardotte, mademoiselle… - miró alrededor, y se dio cuenta de que algunos mercenarios de la compañía 'Ganso Salvaje' se habían acercado a mosconear - ¡Eh¿Qué demonios hacéis aquí¡Volved a vuestro puesto, so buitres! – después volvió a dedicar su total atención a Michelle – Discúlpeles, señorita…

-Michelle… - ella enarcó una ceja, divertida – Enchantée, monsieur Bernardotte… - miró de reojo a Alucard, con una sonrisa que parecía decir, sin palabras 'Vaya un jeta…'

El vampiro le devolvió la sonrisa y después saludó al mercenario con un ademán jovial, mientras conducía a Michelle hacia la entrada por el camino de grava. A sus espaldas, escucharon como Pip piropeaba a Ceres, apoyado en el fusil, mientras la vampira intentaba escabullirse.

Cuando subieron las escaleras de la entrada, un mayordomo de cierta edad, de aspecto inofensivo y muy inglés aunque desmentido por su largo cabello recogido en una coleta, les franqueó el paso y después les guió hasta la puerta de un despacho en el primer piso, sin preguntar. Al parecer, él y Alucard se entendían sin palabras, y la única sorpresa que demostró al ver al vampiro con una hermosa muchacha del brazo fue el enarcamiento de una ceja.

En cuanto entraron al despacho, una áspera voz femenina les recibió.

-Vaya, Alucard¿has vuelto a adoptar a una vampira perdida¿Piensas fundar una ONG?

Sentada tras una enorme mesa de despacho, una hermosa mujer de largos cabellos rubios les observaba con sus ojos azules semi ocultos tras sus gafas. Sobre la mesa había una pistola perfectamente engrasada y cargada, y un puro colgaba de sus labios. Y su tono de voz era tan frío como sus ojos.

Alucard se tomó un par de segundos para contestar, mientras su mirada vagaba de Lady Integra Wingates Hellsing a Michelle. Ambas mujeres tenían un curioso parecido físico, casi apabullante. Sus labios se tensaron en una sonrisa al darse cuenta de lo divertido de la situación.

Con todo el aplomo del mundo, Michelle soltó el brazo de Alucard mientras avanzaba directamente hacia la mesa, metiendo una mano bajo la gabardina. A sus espaldas, escuchó la leve risa de Alucard. Pudo notar como Integra se tensaba levemente, como esperando un ataque, pero la amplia sonrisa de la vampira no menguó. Sacó un grueso sobre y un pequeño paquete que dejó sobre la mesa, ante la líder de Hellsing, junto a la pistola.

-Encantada de conocerla, Lady Integra. Mi jefe le envía sus saludos.

Retrocedió un paso mientras Integra tomaba el sobre y lo abría con un abrecartas de plata. Parecía totalmente tranquila e indiferente, pero el ojo entrenado de Michelle podía ver perfectamente los tensos músculos, lista para saltar y defenderse. Sir Hellsing se recostó en su cómoda silla para leer la breve misiva, tras dejar sobre la mesa el resto del contenido del sobre, documentos y planos.

A la atención de Lady Integra Fairbrook Wingates Hellsing.

Mis saludos.

No me conoceis, asi que de primeras, la educación manda que me presente. Mi nombre es Aristos, Príncipe de Nightbeach Port, U.S.A. Me dirijo a usted por la sencilla razón de que en los documentos y mapas que obran en mi poder se menciona su Organización, junto con planes posibles para destruirla. Los documentos acabaron en mis manos cuando envié a mi asesina personal, Michelle de Cameron, que si estáis leyendo esto es la joven rubia que se encuentra ante usted, a 'limpiar' (¿no os parece ese un delicioso eufemismo para definir la masacre total de un enemigo?) un cubil de vampiros. En su informe, ella me relató cuán sorprendida quedó al ver que no eran vampiros 'reales' sino únicamente artificiales. Encontró un laboratorio, que sobra decir, está totalmente destruido. En el paquete adjunto una especie de 'chip tecnológico' que arrancó de la cabeza de uno de esos vampiros artificiales, para que pueda estudiarlo como guste.

Dado que nuestro trabajo es el mismo, y aunque nos separe un abismo, ya que usted es humana y yo vampiro, aunque os aseguro que observo con sumo placer el trabajo que hace su Organización… He decidido enviaros la información para que disponga de ella como guste, y también os envío a Michelle. Si decide emplearla, verá pronto excepcionales resultados. Es la mejor cazadora de vampiros que pueda existir en la actualidad, con una experiencia de varios siglos… le aseguro que no se arrepentirá.

Atentamente,

Aristos (antiguamente de Esparta)

Michelle guardó silencio mientras Integra leía, pero tras un rato, inquirió con educación.

-¿Puedo fumar, por favor?

Lady Hellsing alzó la vista para mirar a los ojos a la vampira. Tras un instante de contemplación, alargó la mano hacia uno de los cajones de su mesa, y dejó caer con brusquedad sobre la mesa una caja de puros.

-Coge uno de estos, si te apetece. Bienvenida a bordo.

Michelle enarcó una ceja con una tenue sonrisa, y se inclinó levemente para coger uno. Después lo encendió con su mechero.

-Gracias.

-En cualquier otra circunstancia, te habríamos facturado de vuelta a tu Príncipe con una estaca en el corazón, pero… las actuales circunstancias nos obligan a aceptar cualquier ayuda posible. No obstante, ten en cuenta que ahora estás bajo mis órdenes… y yo no tolero errores.

Tras la puerta cerrada del despacho empezaron a escucharse algunos ruidos, que distrajeron a Integra. Alucard retrocedió en silencio, mientras ambas mujeres le miraban sin comprender, y el vampiro abrió la puerta bruscamente. Pip y Ceres cayeron al suelo, uno encima de otro, tras haber estado escuchando tras la puerta. Detrás de ellos, el mayordomo observaba la escena con cara de circunstancias…

Michelle esbozó una burlona sonrisa mientras se giraba de nuevo hacia Integra.

-No se arrepentirá, y no habrá errores. Yo no fallo.

Pero Lady Integra estaba mirando fijamente el confuso montón que formaban los brazos y piernas de Pip y Ceres mientras intentaban levantarse.

-Esto… buenas, Lady Integra… - Pip sonrió con toda desfachatez, mientras intentaba encontrar una excusa creíble – el caso es que pasábamos por aquí y…

-¡De verdad va a confiar en la primera vampira desconocida que se presenta aquí sin más? – Ceres le interrumpió, ganándose sendas miradas fulminantes, de Integra, y también de Alucard, que le espetó.

-Nadie ha pedido tu opinión, mujer policía.

Michelle se giró lentamente, hasta que sus ojos intensamente azules se encontraron con los rojizos de Ceres. Su mirada de hielo pareció atravesar a la casi recién creada vampira, pero no dijo ni una palabra. Tras un momento de tenso silencio, volvió a mirar a Integra.

-¿Dónde voy a alojarme? Tengo mi equipaje en una taquilla de Heathrow…

La líder de la Organización Hellsing se recostó de nuevo en su sillón, pensativa.

-Tendremos que habilitarte una de las dependencias del sótano… espero que no te importe. Es para evitar problemas con la luz solar… - con un gesto indicó al mayordomo que se acercara – Walter, si no te importa acompañar a esta señorita a buscar sus maletas…

-Ya me ocupo yo – Alucard se adelantó, siempre sonriente, e Integra le dedicó una mirada fría, pero con un velo de curiosidad.

Michelle sonrió y se giró, caminando hacia él.

-Gracias por el puro, Lady Integra. No se arrepentirá. – al pasar junto a Ceres, la neonata se dio cuenta de que Michelle era considerablemente más alta que ella, fácilmente le sacaba una cabeza de altura. Se la quedó mirando mientras Michelle le daba una palmadita condescendiente en la cabeza. – Relájate, nena…

Le guiñó un ojo con todo descaro a ella y a Pip, que la miraba embelesado, y después se giró hacia Alucard.

-¿Me acompañas?

-Faltaría más – el vampiro le ofreció el brazo con galantería, y ella lo aceptó. Ambos vampiros salieron juntos, seguidos por Pip y Ceres, que se reincorporaban a sus quehaceres.

Walter observó pasar a Alucard con Michelle, y captó el matiz de la sonrisa del vampiro que antes le había llamado la atención. Por increíble que pareciera, Alucard parecía… feliz. Y para alguien que le conocía desde hacía tanto tiempo como Walter C. Dorn, eso era algo inquietante… Normalmente la 'felicidad' de Alucard, por llamarlo asi, pasaba por mutilar algo.

-Walter.

El mayordomo entró de nuevo en el despacho, y encontró a Integra de pie, de espaldas a él, de brazos cruzados mientras miraba por la ventana. Se acercó a ella, y se quedaron mirando por los cristales hasta que vieron salir a Alucard y a Michelle, conversando animadamente. Entonces, la líder de Hellsing, rompió el silencio de nuevo.

-¿Qué opinas?

-Yo no soy nadie para poder opinar, señora…

-Es una orden, Walter. ¿Qué opinas?

El mayordomo se frotó la barbilla, pensativo.

-Bueno… es extraño. Es una muchacha muy educada, preciosa, parece simpática…

-No me refiero a eso, Walter. ¿Por qué Alucard la trajo¿Por qué no se limitó a matarla, como hace con todo vampiro que se cruza en su camino?

-Bueno, señora, él siempre dijo que buscaba el rival aceptable. Quizá lo ha encontrado.

Lady Integra Wingates Hellsing tomó asiento de nuevo tras su mesa, con un destello de humor en su voz.

-Nunca creí que algo así pudiera ocurrir… Supongo que la estará evaluando.

Walter no respondió, pero mientras Integra volvía a su lectura de los informes, el viejo mayordomo vio como, ya después de salir de la finca Hellsing, Alucard cogía de la mano a Michelle. Sonrió levemente, y también volvió a sus tareas.

Próximo capítulo: Bayonetas y monstruos en el baño.