Primero, un saludete a Kokoro y Afrodinique ;) gracias por vuestros animos jejeje
Capitulo IV. Misión 01: Londres, Inglaterra. (Primera parte)
Los últimos rayos del Sol empezaron a caer por el horizonte, tiñendo de rojo y rosa el cielo de la tarde, bañando con su luz moribunda las paredes de la enorme mansión, mientras en sus sótanos, un vampiro despertaba. Abrió a medias los ojos, aún medio dormido, y lánguidamente alzó la mano para levantar la tapa de su ataúd… Pero no la encontró. Casi sorprendido, despertó del todo y vio que no se encontraba en su habitación, sino acostado en una cama bastante grande. También sintió un cuerpo a su lado, y entonces lo recordó todo y no pudo evitar una salvaje sonrisa.
Se giró de medio lado, notando sobre su pecho el esbelto brazo femenino, y puso su mano sobre él, acariciando la suave piel con los dedos, en dirección al hombro. Michelle yacía boca abajo, con el rostro apoyado en la almohada vuelto hacia él, aún sumida en el sueño del vampiro.
Alucard contempló largo rato el tranquilo rostro, relajado por el sueño, y se sorprendió al sentirse enternecido por la expresión vulnerable e inocente que suavizaba los dulces rasgos de ese ángel que yacía junto a él. Pero en vez de reñirse a si mismo por su 'debilidad', la aceptó con agrado, mientras sus dedos llegaban al bien torneado hombro y encontraban el inicio de la cicatriz. Con decisión apartó la sábana bajo la que los dos yacían desnudos, y observó la marca en toda su amplitud, desde el hombro derecho a la cadera izquierda, mancillando la por otra parte perfecta espalda.
Con la yema del dedo índice la recorrió desde el hombro a la cadera, demorándose para acariciar la tersa piel de los omóplatos, y después la delicada cintura, hasta dejar descansar su mano sobre su cadera. Volvió a mirar su rostro, y vio que ella le estaba mirando, en silencio, aunque aún perdida en la delgada línea que separa el sueño de la consciencia. Vagamente le sonrió, y el vampiro se inclinó para besar la punta de su nariz juguetonamente, a lo que Michelle respondió con una risita, susurrando con voz ronca.
-Buenas noches… ¿Llevas mucho despierto?
-Un par de minutos nada más… Pensé que iba a tener que zarandearte – Alucard bromeó, volviendo a cubrir sus cuerpos con la sábana, y la acercó hacia si un poco más. Ella se dejó llevar, acurrucándose contra su pecho mientras dejaba escapar un bostezo, con una curiosa expresión infantil.
-No hubiera hecho falta… Hay noches que me despierto antes de que se ponga el Sol del todo, otras veces a medias, y otras cuando ya ha oscurecido…
Alucard sonrió, acariciando de nuevo su espalda, y las yemas de sus dedos volvieron a rozar la cicatriz. Ella se dio cuenta del gesto y sonrió.
-Pregunta…
-Es de mala educación preguntar sobre los secretos de una dama – el vampiro la volvió a besar, divertido por su perspicacia – pero admito que la curiosidad me puede… Esa marca debe tener una historia interesante.
-Bueno, por decirlo de alguna manera… - ella se encogió de hombros encantadoramente, sin perder la sonrisa – Me la hicieron cuando tenía diecisiete años. Estábamos en pleno viaje por el Mediterráneo, con destino final Jerusalén, y un bajel de sarracenos nos abordó… Rechazamos a los piratas casi sin bajas, pero a mí me hirieron a traición.
-Es una edad muy tierna para sufrir tales heridas… - el vampiro volvió a apartar la sábana para observarla con interés, apoyándose sobre los codos, mientras ella seguía hablando.
-Depende de cómo lo mires… Para la época, y siendo un hombre, era adulto ya. De haber mantenido mi verdadera identidad como mujer, con diecisiete años ya sería vieja…- era evidente un velado sarcasmo en su voz.
Él no pudo evitar preguntar más, para satisfacer su curiosidad.
-Dijiste que tu padre te obligó a hacerte pasar por hombre, por tu hermano tullido… ¿Fue difícil?
-Muy difícil. Marché de mi casa a los diez años para servir de paje, después de novicio… a los dieciséis años me ordenaron caballero del Temple, y a los dieciocho ya era capitán.
-Una carrera meteórica… - el vampiro se inclinó y apoyó los labios sobre la cicatriz, concretamente la parte que discurría entre los omóplatos, y sonrió al notar su estremecimiento.
-Eso decían… Representé el papel a conciencia. – Michelle cerró los ojos al sentir los ardientes labios del vampiro que se dedicaban a recorrer la cicatriz, con suavidad.
-¿Nunca te descubrieron? – Alucard dejó de besarla para preguntar, curioso, y en gran medida fascinado por la historia. Notó como los suaves costados de la vampira se estremecían con una suave risa.
-Oh, podría escribir un libro sobre todos los tejemanejes que tuve que inventar para que no me pillaran… En esa época, lo mínimo que me hubieran hecho hubiera sido quemarme en la hoguera… La Inquisición no se andaba con chiquitas. Ni siquiera el curandero que cosió la herida, bastante torpemente he de añadir, lo descubrió, y eso que tuve que recibirlo sin camisa… Me limité a permanecer echada boca abajo, presa de 'fuertes dolores', mientras mi escudero le entretenía con su charla.
Él sonrió, imaginándose la escena, y volvió a depositar un suave beso en su espalda.
-Tuviste que ser muy ingeniosa para que no… - sus palabras quedaron ahogadas por un seco estallido que hizo que las paredes de la casa temblaran. El vampiro gruñó con fastidio – Ya ha vuelto a fallar.
Michelle se incorporó sobre los codos, boca abajo, y le miró por encima del hombro.
-¿Quién?
-La chica policía. Debe estar en el campo de entrenamiento, instruyendo a los mercenarios sobre la caza de vampiros… Ese estallido significa que ha disparado con ese puñetero cañón, y que ha volado alguna cosa que no tenía que volar.
Michelle sonrió, divertida por el fastidio del vampiro.
-No seas tan duro con ella, aprenderá… Por lo que me comentaste anoche, la Abrazaste hace poco. Dale tiempo… A mí me costó años hacerme a la idea. Aún me cuesta – apartó la mirada al decir la última frase, y los largos cabellos rubios ocultaron su rostro.
Alucard volvió a sentir ese ramalazo de ternura que le hacía sentir a medias alarmado y encantado, y se echó junto a ella, mirándola.
-¿Vamos hasta allí? Quizá te interesen hacer unas prácticas de tiro…
Ella le miró y volvió a sonreír.
-Encantada. ¿Me dejas reírme un poco de ella?
-No seas cruel… - él rió, encogiéndose de hombros – Como tú dices, aún no ha aprendido a sacar provecho de su nueva condición sobrenatural. Pero quizá sea beneficioso que te vea en acción, podría aprender de ti… Si te quedas lo suficiente.
Michelle captó en el tono de voz de Alucard la velada pregunta, y su sonrisa se volvió más dulce, mientras acercaba su rostro al del vampiro.
-La verdad es que tengo intención de quedarme una laaarga temporada… - suavemente le besó en los labios y después le volvió a mirar a los ojos – Empiezo a tener razones para ello.
Los dos vampiros se miraron, algo cohibidos de pronto, y después rieron mientras se levantaban para vestirse. Alucard se puso apresuradamente las ropas de la noche anterior y después se fugó a su habitación para cambiarse, mientras Michelle colocaba la maleta que contenía la ropa sobre la cama, la abría, y elegía algunas prendas. Después volvió a colocarla en el suelo y empezó a vestirse.
Tras unos minutos, el vampiro abrió la puerta de su cuarto y cruzó el pasillo. Quizá en concesión a su amante, esta vez había prescindido de la casaca y la gabardina, así que vestía tan solo la camisa blanca y los pantalones oscuros, conjuntados con las anticuadas pero elegantes botas. Abrió la puerta del cuarto vecino sin llamar y encontró a Michelle ya vestida, ojeando la maleta de las armas, abierta sobre la mesa.
Alucard se apoyó en la puerta tras cerrarla, anudándose la corbata, y la estudió, complacido. Vaqueros azul claro ajustados, botas negras de tacones altos y una chaqueta negra de punto de cuello alto, cerrada con cremallera. Hasta había tenido tiempo para cepillarse el cabello, que caía en suaves y graciosas ondas, enmarcando su rostro con mechones más cortos, mientras se inclinaba para inspeccionar la maleta.
Él se acercó, curioso, y vio dentro una hermosa colección de armas de fuego. Finalmente, la vampira pareció decidirse y tomó dos berettas, que metió en las cartucheras de un arnés que después se ató al cinturón y a los muslos. Sonriente, alzó la mirada mientras sacaba un cigarrillo de la cajetilla que había sobre la mesa y lo encendía.
-¿Vamos?
-Por supuesto. – el vampiro le tendió el brazo, con el ya habitual gesto entre ellos, y Michelle lo tomó con elegancia. Después los dos abandonaron la habitación.
Al subir al piso superior, y atravesar el hall hacia la puerta delantera, vieron la puerta de la biblioteca abierta, y a Walter dentro, ordenándola.
Afuera, la noche era húmeda y fresca, después de un día de lluvia. Típico clima inglés. Los dos vampiros rodearon la casa, atravesando los hermosos jardines para llegar a la zona de entrenamiento, donde Ceres estaba supervisando el entrenamiento de los mercenarios, dirigidos por Bernardotte. Los integrantes de la compañía 'Ganso Salvaje' se hicieron a un lado, dejando de disparar, al ver llegar a Alucard con su hermosa acompañante.
Los mercenarios que la noche anterior no habían visto a Michelle contemplaron descaradamente a la radiante vampira, mientras Bernardotte volvía a besarle la mano descaradamente.
-Bonne nuit, mademoiselle
-Bonne nuit, monsieur Bernardotte. – Michelle sonrió, divertida – Y, por favor… tengo un nombre, y no es desagradable, estoy segura de que no te atragantarás al decirlo.
El joven del parche se echó a reír.
-¡Por supuesto que no! Y tú también llámame Pip, por favor. Muchachos, ésta es la nueva agente de Hellsing… ¡eh, dejad de babear, buitres! – hizo un par de aspavientos dirigidos a los mercenarios, que enseguida adoptaron un aire profesional.
Michelle sonrió mirando a Alucard, que negó con la cabeza con indulgencia.
-Humanos… - después, el vampiro se dirigió a ellos – Bueno, chicos¿nos dejáis probar?
Ceres se mantuvo algo apartada, confusa aún por la bochornosa situación de la noche anterior. Su Amo echó un vistazo a la inmensa extensión de terreno que se desplegaba ante ellos.
-Mmm… objetivos a un kilómetro…
-¡Ha sido cosa de ella! – los mercenarios se atropellaron unos a otros al hablar, señalando acusadoramente a Ceres - ¡Es inhumano¿Cómo se va a poder hacer diana a semejante distancia?
Alucard sonrió, y miró a su Chiquilla.
-Vaya, soldado… al fin empiezas a usar la cabeza. – después se giró hacia los soldados – Un vampiro medio es capaz de recorrer esa distancia en poco más de un minuto. Menos si es un vampiro Antiguo, y algo más si es una basura artificial como las que nos envía Millenium últimamente. Si no le encajais una bala en el corazón en ese tiempo, estáis muertos.
El vampiro observó de nuevo el blanco, consistente en varias dianas, entre las cuales había figuras de cartón que representaban rehenes. Una lenta sonrisa, cruel y maliciosa, afloró a sus labios.
-Creo que es hora de la demostración práctica… Michelle¿harás los honores?
La aludida, que se había mantenido en un discreto segundo plano mientras se encendía un segundo cigarrillo, se adelantó, sonriente.
-Encantada. – evaluó las dianas durante un par de segundos, antes de girarse hacia los mercenarios, con una provocativa sonrisa – Bien, chicos… ¡quién me presta su arma?
Una avalancha de culatas ofrecidas la rodeó instantáneamente. Ceres se mantenía a un lado, dubitativa, apoyada en el Halkonen. La joven vampira sintió un escalofrío cuando su Amo la miró.
-Veamos como lo haces con un arma hecha para vampiros. Chica policía¿por qué no le prestas tu arma?
Ceres le miró, pasmada, mientras Michelle se acercaba a ella. Amablemente, le sonrió, dando una lenta calada al cigarrillo, observando atentamente el imponente cañón, como si con la mera vista pudiera desentrañar su funcionamiento.
-¿Me permites, querida?
Ceres le tendió el cañón obedientemente, aunque algo reacia, y Michelle cogió el arma con cuidado, sopesándolo con una sola mano. Los mercenarios optaron prudentemente por situarse tras la barrera de protección, pero fisgando por encima con curiosidad. Únicamente Alucard y Bernardotte permanecieron junto a las dos vampiras.
Michelle se situó en el punto de tiro, mirando los blancos, y se puso el cañón al hombro. Ceres se situó a su lado, con las enormes municiones, para ir dándoselas a medida que necesitara cargar, en silencio. Michelle exhaló el humo lentamente por la comisura de los labios, mirando el objetivo, cargó el cañón…
Apuntó cuidadosamente y disparó, empezando a recargar y disparar, tantas veces como dianas había, a una velocidad apabullante, y Ceres se vio con problemas para darle las municiones a tiempo, cada vez más admirada por la mortal eficacia de su arma, bien usada.
La última diana cayó en pedacitos humeantes, y Michelle bajó el cañón, aún silenciosa. Los mercenarios, tras los primeros segundos de exhibición, habían dejado de ocultarse tras la barrera y habían observado los disparos con creciente admiración. Cuando el eco del último estallido aún no se había desvanecido, empezaron a escucharse algunos aplausos y vítores.
-¡Así se hace, coño!
-¡Buen disparo!
-¡Increíble!
Hasta Bernardotte parecía impresionado y sonreía.
-¿Has visto, mignonette? Ella no se ha cargado ni un rehén.
-Eh… aquello fue un accidente… - Ceres bajó la vista, avergonzada. Michelle tomó la barbilla de la joven soldado y la obligó a alzar la cara.
-La cabeza bien alta siempre, niña. Todos necesitamos aprender, y sobre todo práctica. – se giró para observar los blancos destruidos, dejando que sus dedos resbalaran suavemente por la mejilla de la sonrojada Ceres, que seguía mirándola con algo parecido a la fascinación.
Michelle torció el gesto y masculló algo en otro idioma. Después, agregó.
-El último fue algo desviado. Esta cosa tiene un retroceso de narices…
-Personalmente, prefiero algo más discreto… aunque eso no está nada más para barrer grandes grupos de ghouls. – Alucard desenfundó sus enormes pistolas, sonriente. Michelle le miró de medio lado, enarcando una ceja con ironía.
-¿A ESO llamas tú discreto?
El vampiro le guiñó un ojo secretamente, sin que el resto le viera, y le tendió a Jackal. Michelle la tomó para examinarla con bastante curiosidad. A lo lejos, en la línea de los blancos, las máquinas empezaban a reponer las dianas. Alucard alzó a Casull y empezó a disparar, decapitando sistemáticamente los blancos a tiro limpio. Cuando vacía el cargador, no queda ninguna diana incólume.
-Buena puntería – Michelle sonrió, acabándose el cigarrillo, y arrojó la colilla a la bolsa que los mercenarios tenían en el suelo a un lado, sirviendo de papelera – ¿Hoy no se trabaja aquí o qué?
-De momento no parece que haya mucho movimiento. – Alucard buscó en sus bolsillos un nuevo cargador para Casull – Aunque la noche no tardará en animarse. Algunos de nuestros informadores andan siguiéndole la pista a Millenium, y por los últimos datos parece que están a punto de… - el vampiro se interrumpió y alzó la cabeza, repentinamente serio y silencioso como un sabueso, mirando hacia la mansión.
Michelle de repente también sintió algo, que no supo explicar, y miró en la misma dirección. Tranquilamente, comentó.
-Parece que vamos a tener trabajo.
-¿Amo¿Qué pasa? – era obvio que también Ceres notaba la inquietud, y se acercó.
-Lady Integra. La han despertado, y con malas noticias, al parecer. Casi puedo escuchar el palpitar acelerado de su corazón desde aquí… Vamos. Tú también, chica policía.
Sin esperarlas, Alucard se dirigió a la mansión. Ceres se quedó mirándolo, indecisa, y pareció reaccionar cuando Michelle le tocó amablemente el hombro.
-Toma. Gracias por prestármelo. Es un buen arma – la vampira sonrió amablemente, tendiéndole el Halkonen que Ceres se apresuró a guardar en el estuche.
-¿Tienes idea de lo que está pasando?
-No, lo cierto es que no, pero supongo que ahora nos enteraremos. Vamos, niña.
Las dos siguieron a Alucard, y Ceres ciertamente se sentía más cómoda junto a ella, aunque aún sentía cierta reticencia.
Cuando los tres vampiros entraron en el despacho, encontraron a Integra sentada tras su mesa, visiblemente enfadada. A su lado, Walter manipulaba un vídeo, de una televisión que hasta entonces había quedado disimulada en un armario.
-Ah, estáis aquí. Walter, vuelve a poner el video.
Michelle se acercó hasta la mesa y se sentó en una de las cómodas sillas que había ante la mesa. Alucard, con una sonrisa, se sentó en la contigua, mientras Ceres se quedaba de pie sin saber muy bien que hacer. Pero de repente sintió un brazo que le rodeaba la cintura, y sin saber como se encontró sentada en el regazo de Michelle.
En el vídeo aparecía un destacamento de soldados de Millenium que había capturado a un grupo de los informadores de Hellsing. El que parecía llevar la voz cantante se dirigía directamente a la cámara, mientras a sus espaldas sus acólitos amenazaban con sus armas a los prisioneros.
-…Bien, Sir Integra, como ve, hemos capturado a vuestros hombres… Si no quiere que regresen a su servicio como zombis sedientos de sangre, venga y reúnase con nosotros en la dirección que irá anotada en la cinta. Venga sola, señorita… porque si no… - el nazi, que hablaba inglés con un fuerte acento alemán hizo una seña, y sus soldados desangraron a uno de los prisioneros como advertencia, hasta dejarlo seco –Ya ve que no nos andamos con tonterías… La esperamos ansiosos.
La cinta acababa bastante desenfocada, demostrando que el que grababa era ciertamente un negado. El puño de Lady Hellsing temblaba bastante violentamente, de pura ira reprimida. Walter apagó el video y sacó la cinta, leyendo la dirección en voz alta para los presentes.
-123 de Crowded St. Eso está en uno de los barrios de las afueras, un distrito industrial, creo.
Ceres se revolvió en el regazo de Michelle, inquieta y asqueada por lo que habían visto, y enormemente consciente del brazo que aún rodeaba su cintura. Su dueña miraba pensativamente la pantalla ahora en negro de la televisión, con el ceño fruncido. Michelle desvió la mirada hacia Integra.
-Es mejor que usted no vaya. Es muy obvio que se trata de una trampa.
Pero Lady Hellsing negó con la cabeza.
-Son mis hombres, y no puedo abandonarlos. No puedo arriesgar la vida de ninguno de ellos. Y si no voy yo, los ejecutarán como a perros.
Un incómodo silencio cayó sobre ellos mientras cada uno meditaba sobre la situación. Alucard paseó pensativamente la vista de su Ama a Michelle y de nuevo a Integra… y sonrió de medio lado, volviendo a observarlas a las dos, más atentamente. Su sonrisa se ensanchaba por momentos.
-A no ser… - empezó a reírse en voz baja, y Walter, que había captado la idea al vuelo, sonrió a su vez.
Ceres se giró para observar a su Amo, sin comprender, mientras Integra y Michelle intercambiaban una mirada confusa y después también miraban al vampiro.
-Anda, comparte el chiste para que podamos reírnos todos – Michelle le dio una ligera patada, en broma, y el vampiro la miró, aún riendo.
-Bueno… se me ha ocurrido que podemos aprovechar el curioso parecido que hay entre vosotras dos. Así, mantenemos a Lady Integra a salvo, y nos aseguraremos de que esas ratas no reaccionen antes de tiempo…
Integra abrió la boca, lista para negarse, pero en vez de eso volvió a cerrarla y frunció el ceño, pensativa.
Michelle se quedó confundida un segundo, antes de mirar fijamente a la líder de Hellsing, y entonces, una media sonrisa afloró a sus labios.
-No es mal plan… Podría funcionar. – con suavidad hizo que Ceres se levantara de su regazo y se acercó a la mesa, inclinándose sobre ella hacia Integra – Con permiso…
Con delicadeza, y sin movimientos bruscos, apoyó dos dedos en la base de la garganta de Lady Hellsing.
-Por favor, diga un par de frases.
Integra la miró con algo de genuina sorpresa, pero finalmente, con desgana, respondió.
-Muy bien… como queráis. Lo haremos así. Pero de todas maneras voy a ir con vosotros, aunque me mantendré al margen hasta que acabéis. Y cuando encontréis al agente al que han asesinado, avisadme. Es una orden.
Durante la primera frase, los ojos de Michelle se cerraron, concentrándose en la inflexión de la voz, pero durante el resto permanecieron fijos en la suave garganta que tenía ante si, estudiando el movimiento de las cuerdas vocales. Se enderezó, apartando los dedos de Lady Integra, y pareció tomarse unos segundos, antes de contestar.
-Así se hará.
Incluso Alucard se quedó mirándola con asombro, ya que ahora la voz que brotaba de esos labios no era la voz ya conocida de la vampira, sino una copia más que exacta de la voz de Lady Hellsing. Michelle continuó, tomando con bastante descaro dos puros de la caja abierta sobre la mesa.
-Pero manteneos lejos de la vista. No sería bueno que de repente vieran dos Lady Hellsing. – dedicó una sonrisa deslumbrante a Integra, que por sorprendente que pareciera, se la devolvió.
-En eso estamos de acuerdo. – la dama se puso en pie – Que Dios y la Reina os acompañen. Amen. Walter, dale mi uniforme para que se lo pruebe, por si hay que ajustarlo…
-No creo que haya problema, señora. – el mayordomo fue a buscar lo solicitado, y al poco regresó con el mencionado uniforme para entregárselo a Michelle, pulcramente doblado. La misma Integra se acercó y le tendió su sable.
-Toma. El disfraz no estará completo sin esto. ¿Estás segura de que quieres hacerlo?
Michelle sonrió.
-Por supuesto. Después de todo, ahora trabajo aquí… ¿Órdenes?
-Busca y destruye. Solo eso. Ah, Ceres. Tú quédate, para supervisar la vigilancia de la casa.
-Si, señora.
Alucard y Michelle bajaron las escaleras que conducían al sótano, ansiosos.
-Esto va a ser divertido… - el vampiro abrió la puerta de su cuarto, y no se sorprendió cuando Michelle entró tras él sin preguntar. Pero se aseguró de cerrar la puerta.
-Cierto… pero no me parece buena idea que ella venga. Si algo sale mal… - la vampira empezó a desvestirse, tras dejar el uniforme y el sable sobre una mesa.
-Sabe cuidarse sola, créeme. Si no, no acataría sus órdenes… no hay nada que más me moleste que un líder incompetente hasta para su auto-protección. – Alucard se puso los guantes, entusiasmado, y después se puso la casaca y el abrigo, recogiendo después las gafas y el anticuado sombrero – Tendrías que haber visto lo que hizo cuando asaltaron la mansión… Soberbio.
-¿Te refieres a lo de grabarle en la cara la cruz a tiros a ese vampirillo de tres al cuarto? Leí los informes. – ella terminó de abrocharse la camisa y la remetió por dentro de los pantalones, cogiendo después la corbata. – Alucard...
El vampiro sonrió, reconociendo ya el tonillo infantil y meloso que ella ponía cuando deseaba que la besara, pero hizo como que no se daba por enterado.
-¿Si, Michelle?
-No, nada… - ella pareció algo decepcionada, mientras se anudaba la corbata.
Alucard se giró, mirándola fijamente durante unos instantes… y después se acercó a ella en dos pasos, cogió la corbata y tiró bruscamente de ella provocando que la vampira cayera entre sus brazos, para besarla apasionadamente.
Tras un par de minutos Michelle logró zafarse, riendo, y se arregló la corbata.
-Grandísimo bobo, estate quieto, que el uniforme es de Integra, a ver si vamos a rasgarlo…
-Estás imponente de uniforme¿sabías? – Alucard se sentó sobre la tapa cerrada de su ataúd, contemplándola mientras ella se acababa de disfrazar. El toque final fue peinarse de forma similar a Lady Hellsing, y ponerse unas gafas similares que el previsor mayordomo había deslizado en la mano de Michelle cuando le entregó el uniforme. Después, se colgó del cinturón la vaina del sable, y se miró en el espejo.
-¿Qué tal¿Da el pego? – hasta su voz ya había cambiado, imitando la de la líder de Hellsing.
-A tus órdenes, Ama… - ciertamente impresionado, el vampiro volvió a sonreir – Esto va a funcionar, al menos hasta que nos acerquemos lo suficiente como para empezar a masacrarlos sin que reaccionen… Además, estaré cerca de ti, aunque no me veas.
-¿Tienes miedo de que no sea capaz? – ella le sonrió, mirándole por el reflejo del espejo, con su voz normal, y él le devolvió la sonrisa aunque no podía verse él mismo en la superficie de cristal.
-No… simplemente, quiero estar cerca para procurar que no se te acerquen demasiado.
-Oh, gracias, caballero… - Michelle rió mientras sacaba uno de los puros que acababa de saquearle a Integra y lo encendía. – Bueno, vamos allá…
Los dos vampiros se dirigieron a las escaleras, y de ahí a la entrada. Se cruzaron con uno de los criados, que se quedó mirando perplejo a la disfrazada vampira, ya que en la puerta principal, esperando, estaba la verdadera Integra. El parecido era increíble, y era obvio que Michelle era una imitadora nata, caminaba como ella, se movía como ella, y hasta imitó su gélida expresión. Hasta Sir Integra quedó impresionada, y abrió la marcha hacia el coche que les esperaba, para que la vampira acometiera su primera misión como agente de Hellsing.
Próximo capítulo: IV. Segunda parte, con la aparición estelar del Capitán Hans Gunche xD Dejad reviews!
