Bueno, por fin he acabado -- esto de estar en época de exámenes es mortal.. Seguimos con las aclaraciones: cuando má abajo hablen del 'Abrazo', el Abrazo es el acto de convertir a un ser humano en vampiro (Mundo de Tinieblas dixit), lo de m'eudail ya saldrá en otro capítulo xD Y, por cierto, he decidido dejar el término ghouls para los sirvientes vampiros, como en Mundo de Tinieblas, esto es, humanos que sirven a los vampiros, semi esclavizados por ser adictos a la sangre de sus amos, viven muchísimo tiempo, tanto como sus amos, etc etc... y a los bichos en que se convierten la gente a los que los vampiros de Millenium atacan y matan, los llamaremos a partir de ahora necrófagos. Aclaración que hago para no confundirnos ya sabéis, dudas, tomatazos y etc etc, en reviews por favor... Y ahí vamos.
Capitulo IV. Misión 01: Londres, Inglaterra (Segunda parte)
La limusina negra se detuvo con un suave ronroneo al otro lado de la calle, desde donde se podía observar la destartalada casa, rodeada por un descuidado jardín. El barrio parecía totalmente ruinoso y casi abandonado, con muros semi derrumbados y suciedad por todas partes… la guarida perfecta.
En el interior de la limusina, Integra miró a los dos vampiros sentados ante ella, en silencio. Alucard sonrió cruelmente.
-Bueno, vamos allá… - su cuerpo empezó a desvanecerse en pura oscuridad, mientras ladeaba la cabeza para mirar a Michelle – Me colaré en la casa mientras los entretienes…
-No te quedes toda la diversión. – Michelle dejó la colilla del puro en el cenicero, hablando con su voz normal, y encendió el segundo, mirando fugazmente a Integra. La líder de Hellsing se limitó a mirarla serenamente, pero cuando la vampira abrió la puerta, dijo.
-Cuidado con mi sable.
Michelle sonrió de medio lado y bajó, cerrando la puerta de la limusina tras de si.
Se tomó unos momentos para mirar a su alrededor con fría calma, plenamente consciente de los centinelas que la vigilaban y después se acercó a la casa, a buen paso, con una expresión pétrea en la cara
La vampira disfrazada se detuvo ante la puerta y golpeó secamente la madera, cruzándose después de brazos. No se sorprendió cuando cuatro soldados, dos por cada lado, salieron de las sombras y la rodearon, mientras un quinto, al que reconoció como el oficial que hablaba en el video, abría la puerta de la casa y salía, sonriendo afectadamente.
-Vaya… Lady Integra, realmente no pensábamos que fuera usted a venir. Parece que, después de todo, la ''dama de hielo'' sigue dejándose llevar por su estúpida compasión humana…
'Integra' miró de manera fulminante al oficial, sin inmutarse en lo más mínimo, y exhaló el humo del puro en plena cara del alemán, con tal desprecio que derretiría una piedra.
-Un líder no abandona a sus hombres. Ya que he cumplido, cumplid vosotros. Dejad que mis hombres se vayan sanos y salvos.
Los cinco vampiros artificiales formaron un círculo alrededor de la supuesta líder de Hellsing, sonriendo torvamente.
-No tan deprisa, Lady Integra… ¿No nos va a conceder siquiera un poco de conversación? Estábamos ansiosos por conocer por fin a la líder de Hellsing, y ver cuales son sus verdaderas facultades…
La disfrazada Michelle esbozó una sonrisa casi amable.
-Si queréis, os firmo un autógrafo. Hagamos un trato, caballeros… Dejad que mis hombres se vayan, sin daño alguno… y yo me quedo aquí con vosotros… ¿De acuerdo, krauts? ( así llamaban las tropas aliadas a los alemanes durante la II Guerra Mundial) – miró uno a uno a los alemanes, sin perder la amable sonrisa - ¿Acaso tenéis tanto miedo de una mujer que tenéis que rodearme? Patético…
Nadie, excepto Michelle, se dio cuenta de la sombra que serpenteaba por el suelo, fundiéndose con la penumbra del jardín, y que se colaba por las rendijas de la puerta.
Los cinco vampiros seguían observándola con interés, estudiándola, y completamente seguros de su indefensión. El oficial volvió a sonreír desagradablemente.
-Ya la tenemos en nuestro poder, Sir Integra Wingates Hellsing… ¿Por qué íbamos a dejar escapar a sus hombres, a cambio de un premio que ya tenemos asegurado?
Con deliberada lentitud, 'Integra' cogió el puro que llevaba en los labios y dio una honda calada. Mientras expulsaba el humo por la nariz, se lo quitó de la boca y sonrió.
-¿Por qué? Es sencillo… - giró el puro mientras abría la boca y apagó la ardiente punta encendida del cigarro con la punta de su lengua. Un desagradable olor a carne quemada invadió el aire, sin que ella evidenciara el dolor, y los cinco vampiros la miraron, estupefactos… Era imposible que un ser humano hiciera algo así sin quejarse.
Michelle sonrió salvajemente mientras dejaba caer el puro al suelo.
-Porque si no, os voy a convertir a todos en cenizas, perros. Tenéis tres segundos para decidiros. Tres…
Casi sin quererlo, tanto el oficial como los otros cuatro soldados retrocedieron un paso, intimidados por la fría calma de la voz de la mujer que tenían ante ellos.
-Dos…
Finalmente, los nazis consiguieron reponerse y echaron mano de sus armas, encañonando a la vampira, que los miró con aparente interés.
-¡Uno…!
Una ventana estalló en pedazos, rota por el impulso de un cuerpo, otro de los soldados nazis, que fue arrojado como un fardo sobre uno de los soldados que rodeaban a la vampira. Por la ventana rota se atisbó el fugaz destello de una gabardina roja. El cuerpo se deshizo en cenizas rápidamente sobre el aturdido soldado de Millenium.
En el mismo instante en que la ventana se rompía, Michelle desenfundó una Desert Eagle de debajo de la casaca del uniforme, y le descerrajó un tiro entre ceja y ceja al oficial, que cayó hecho cenizas casi inmediatamente. Con velocidad sobrehumana, la vampira desenvainó el sable y giró sobre sí misma, disparando y lanzando estocadas al mismo tiempo a los tres vampiros que seguían en pie.
Poco tiempo pasó, apenas unos segundos, antes de que también se redujeran a cenizas en el suelo. De dentro de la casa también se escucharon tiros, y algún alarido cortado bruscamente, y de fondo, las carcajadas y reniegos de Alucard.
Michelle se giró hacia el último vampiro, aún caído en el suelo, y lo ejecutó de un solo tiro en la cabeza. La vampira observó como el último enemigo se volvía polvo, igual que los otros, y se preparó para entrar, pero una curiosa sensación la obligó a detenerse.
Sentía algo a su espalda…
Con calma, se giró, encarándose a un hombre alto, muy alto, quizá tan alto como el mismo Alucard, lo cual quería decir que a ella le sacaría unos cinco o diez centímetros. Vestía un uniforme de oficial alemán, con galones de capitán, y parte de su rostro quedaba oculto por la calada gorra, y las solapas de la gabardina. Pero bajo la sombra de la visera, unos ojos azules como el hielo observaban a la vampira fijamente. Algunos mechones de cabello rubio también escapaban de la prisión de la gorra.
El Capitán esperó quieto, inmóvil, con un largo cuchillo en la mano derecha, listo para atacar.
Michelle sonrió de medio lado, interesada, y susurró en alemán.
-A ver que sabes hacer, guapito de cara.
Con ademán ceremonioso envainó el sable de Integra, y movió bruscamente los brazos para que las afiladas cuchillas surgieran de las profundidades de sus mangas, procedentes de los armazones que llevaba en los antebrazos.
Hans Guchner la observó, levemente interesado, aunque ninguna expresión en su inmutable cara lo evidenciara, esperando.
La vampira le dedicó ese gesto universal con la mano, indicando 'Ven, ven…', sin perder la sonrisa.
El primer ataque del Capitán fue tan fulgurante y repentino que por poco no sobrepasó la defensa de Michelle. Casi. El cuchillo se quedó a dos pulgadas del ojo derecho de la vampira, casi rozando el cristal de las gafas, cuando una certera patada en el estómago le obligó a retroceder para buscar una posición más apropiada para resistir el contra ataque.
Michelle se abalanzó hacia él, atacando por lo alto con ambas cuchillas, pero en el último momento se agachó para sobrepasar la defensa y esquivar el cuchillo con el que el Capitán se protegía, y atacar directamente su cuello y su cara. Él pudo apartarse a duras penas, no sin llevarse un corte en la mejilla, y giró rápidamente sobre si mismo para esquivarla.
El largo faldón de su gabardina azotó el rostro de su contrincante, mientras su cuchillo trazaba un arco en dirección al cuello de ella. Michelle saltó hacia atrás, arqueando su espalda de forma casi imposible, y con una mano se apoyó en el suelo para hacer una voltereta hacia atrás, lo suficientemente cerca como para que las pesadas botas patearan la cara del Capitán en el proceso.
Ágilmente se puso de pie, sonriendo salvajemente, obviamente encantada por la pelea, y volvió a atacar sin darle tiempo a recuperar el aliento. Él atacó casi al instante, y los filos se trabaron, quedando los dos contrincantes cerca, muy cerca, mirándose a los ojos.
Michelle sonrió aún más, y casi juraría que él también tensaba los labios en una pequeña sonrisa. De lo que sí estaba segura es que un destello de macabra diversión cruzaba por los azules ojos del alemán. Los dos se lo estaban pasando en grande…
Hans dio un puñetazo con el puño izquierdo a la vampira, haciéndola retroceder un par de pasos, y se apartó de un salto para volver a coger impulso. Ella se relamió, encantada, y con un alegre y salvaje grito volvió a la carga.
Él atacó a su vez, pero esquivó en el último momento las cuchillas para echarse hacia un lado, deslizando suavemente la hoja del cuchillo bajo la montura de las gafas de Michelle, y con un giro de muñeca las envió lejos. El mensaje estaba claro… No las necesitas.
Casi al instante los dos volvieron a trabarse en cruenta lucha, intercambiando cuchilladas a corta distancia, intentando cada uno sobrepasar la defensa del otro y asestar el golpe final. Los aceros chocaban entre sí, saltando chispas, y el tintineo llenaba el aire.
Pero, de improviso, Michelle apartó de un seco golpe el brazo del Capitán, y la punta de una de sus cuchillas se apoyó con suma suavidad en el entrecejo del alemán, justo por debajo de la visera de la gorra, sin hacer herida.
El Capitán se limitó a asentir brevemente, con sus ojos fijos en los de la vampira, y envainó el cuchillo parsimoniosamente. Entonces, con un movimiento imposible de seguir con la mirada para todo aquel que fuera humano, saltó hacia atrás y hacia lo alto, aterrizando sobre el tejado de la casa. Desde allí volvió a mirar a Michelle, y se llevó los dedos a la visera de su gorra en mudo saludo antes de desaparecer.
Michelle se quedó mirando el tejado un momento más, con una sonrisa en los labios, y después se dirigió a la puerta tras ir a recoger las gafas, mientras devolvía las cuchillas de sus antebrazos a sus fundas.
El interior era un matadero, atestado de sangre y cenizas. La vampira miró a su alrededor sin encontrar nada en el piso bajo, y después empezó a subir las escaleras que conducían al piso superior, donde encontró a Alucard y a los rehenes. Los prisioneros miraban al vampiro con una mezcla de temor, respeto y agradecimiento, y cuando vieron llegar a Michelle, se quedaron mirándola con sorpresa.
-¿Lady Integra?
Ella negó con la cabeza y señaló la escalera con el pulgar.
-Ella está esperando fuera, con refuerzos. Decidle que el camino está despejado.
Los hombres no tardaron en hacerle caso y bajaron las escaleras casi a la carrera, dejándoles a solas. Tras una puerta metálica se escuchaban golpes y gruñidos, y Michelle le dirigió una mirada de curiosidad.
-¿El que ejecutaron?
Alucard asintió, pensativo.
-Parece que los vampiros artificiales no pueden convertir a otros de forma normal…
-¿Forma 'normal'? – ella sonrió, con algo de cansancio - ¿Todo bien aquí?
-Sin novedad… es más, ha sido hasta aburrido. ¿Qué tal ahí fuera¿Dieron la talla? – el vampiro apartó de una distraída patada un casco agujereado, acercándose a ella.
-Para nada… excepto el último, que tenía insignias de capitán. Y tenía agallas, técnica y honor… la verdad es que ha sido un placer. Le gané, y se retiró.
Ella se pasó una mano por los ojos, escuchando como el freak golpeaba la puerta.
-Interesante… ¿rubio, ojos azules, inexpresivo y sin decir ni una palabra?
-Exacto.
-Ya veo. Walter tiene varias cuentas pendientes con ese tipo… que se remontan a 1944 – Alucard llegó junto a ella y la atrajo hacia sí, rodeándola con sus brazos hasta que logró que ella se apoyara en su pecho. Con suavidad empezó a acariciar los rubios bucles, notando como ella se relajaba entre sus brazos, y tras unos instntes, preguntó, en voz baja. - ¿Estás bien?
Ella asintió, con los ojos cerrados, y murmuró.
-Ahora sí.
Alucard la estrechó más fuerte, sin decir nada, y los dos vampiros se quedaron así hasta que notaron que Integra entraba en la casa. Antes incluso de escuchar sus pasos en la escalera se separaron, y Michelle se alborotó el cabello para deshacer el peinado con el que había imitado el de Integra, recuperando la ondulación natural de su pelo.
Integra Hellsing entró en la habitación, con su habitual expresión seria.
-¿Dónde está?
Michelle señaló la puerta tras la cual se escuchaban los ruidos, con desgana, y se acercó hasta allí para poner su mano sobre el cerrojo. Después miró a Integra a los ojos, esperando la orden.
La líder de Hellsing miró a la vampira a los ojos y suspiró hondamente mientras se acercaba y apoyaba una mano en la madera. Por un instante, cerró los ojos y una expresión de intenso dolor cruzó su rostro, una expresión que solo Michelle pudo ver, y movió los labios pronunciando dos palabras, sin sonido, aunque el sentido estaba claro. Lo siento.
Integra alzó la cabeza y retrocedió un par de pasos, desenfundando una Beretta.
-Adelante.
Michelle descorrió el cerrojo bruscamente y abrió la puerta, mientras sus ojos se desviaban hasta fijarse en Alucard. El vampiro la miró a su vez, y se sorprendió por el brillo de pena que veía en esos ojos.
En cuanto la puerta se abrió, elnecrófago se abalanzó hacia la salida, pero el disparo, seco y claro, le detuvo. Cayó pesadamente al suelo, hecho un guiñapo, e Integra se apartó de allí, guardando de nuevo la Beretta.
-Examinad la casa en busca de algo de interés y prendedle fuego. Después regresad al cuartel – sin esperar respuesta de ninguno de los dos, la líder de la Organización Hellsing se dirigió a la salida, caminando con cierta rigidez.
Los dos vampiros se dirigieron al piso de abajo sin hablar, y pronto encontraron en un armario algunos dossiers y documentos con nombres y referencias de 'aliados a la causa', la mayor parte de los cuales estarían localizados en Sudamérica.
Michelle empezó a apilar los documentos sobre una mesa para luego llevárselos, ojeando por encima.
-Deberíamos llevarnos todo esto. Lady Integra querrá cazar a estos tipejos… - bufó mientras leía algunos nombres.
-Sin duda. Esto se pone cada vez más interesante… Hay apellidos conocidos… mira – Alucard le mostró la lista que él estaba leyendo – Ricardo Menguele… que supongo que será algún descendiente… si hasta hay un Himmler… Curioso, curioso…
-Basura. – Michelle apoyó la barbilla en el hombro de Alucard mientras leía. El vampiro sonrió.
-Cierto, basura… ¡Anda, mira! A este lo maté hace poco.
-¿Tobalcain Alhambra¿Qué clase de nombre es ese?
-Si lo hubieras visto no preguntarías. Me dijo que le llamaban El Dandy.
Sus mentes entraron en contacto y Michelle vio en el lapso de un segundo todo lo ocurrido en Brasil. Y los dos empezaron a reírse, de una manera bastante cruel por cierto.
-¡Qué ridículo¿Iba vestido así de verdad¿No me engañas?
-¿Yo¿Engañarte yo¡Me ofendes!
Los dos siguieron riendo un buen rato mientras seguían inspeccionando los armarios y apilando documentos para llevarse. Cuando el instante de hilaridad pasó, ella volvió a tomar otra lista, curiosa.
-Estos tíos debían ser imbéciles… Tener toda esta información así desperdigada, para que cualquiera pudiera venir y cogerla… A menos que sea una tomadura de pelo, claro.
-Eso lo tendrán que investigar los Servicios Secretos. Ya no será cosa nuestra – Alucard derribó uno de los armarios, provocando un gran estruendo, luciendo una sonrisa perfectamente pícara.
-¡Pero mira¡Los italianos también! – la vampira agitó el dossier con enfado - ¡Si hay una Mussolini! Es increíble la cantidad de fascistas que hay sueltos por el mundo.
Alucard se acercó por detrás y rodeó su cintura con sus brazos, apoyando la cabeza en su hombro para leer también la lista de nombres que figuraban bajo el encabezamiento 'Aliados de la causa'.
-Ya, parece mentira, con los tiempos que corren. Están extendidos y bien organizados… será difícil y largo cortar el problema de raíz.
-Oh, pero será TAN divertido… - la vampira se apoyó en él y ronroneó, complacida, mientras se relamía – Los nazis, fascistas y demás fauna son una aberración que no tolero… Me encanta escucharles gimotear aterrorizados, como lo hicieron sus víctimas antes que ellos… - ladeó la cabeza para mirar al vampiro, y sus ojos relucían llenos de sadismo malicioso.
Alucard sonrió cruelmente.
-Vaya con la vampira compasiva… Esta nueva faceta me gusta bastante…
-Soy compasiva con quien lo merece… y terrible con los que no… No hubiera sobrevivido tanto tiempo de no serlo.
El vampiro estrechó más el cerco de sus brazos y la besó con suavidad, meditando algo que quería preguntarle y que aún no se había decidido a decir… pero finalmente, lo dijo.
-¿Cuándo te Abrazaron?
Ella le miró, apoyando su frente en la de él, obviamente a gusto entre sus brazos, y meditó la pregunta cuidadosamente antes de responder.
-El 14 de Febrero de 1200.
-¡Demonios! Eso son…
-825 años. – Michelle sonrió suavemente, aunque no había alegría ninguna en su sonrisa - ¿Y a ti?
-En 1460… durante una larga y sangrienta guerra… No eran malos tiempos aquellos. Las cosas no eran tan complicadas como ahora – el vampiro adoptó un aire pensativo, mientras su mano acariciaba los rubios cabellos maquinalmente.
-¡Pero si soy más vieja que tú! – ella se quedó mirándolo, pero al final rompió a reír. Pero en el fondo, y los dos lo sabían, no le hacía ninguna gracia ser tan consciente de lo muchísimo que había 'vivido'.
Cuando las amargas carcajadas se desvanecieron, apoyó su frente en su pecho tras girarse entre sus brazos, y susurró, en voz muy queda.
-¿Alguna vez has tenido la impresión de que todo lo que has vivido es un sueño… y que pronto despertarás en tu lecho, humano otra vez¿Qué todo es una pesadilla¿Has sentido la angustia al saber que ya no hay vuelta atrás…?
-Es lo que soñaba durante años, cuando la familia Hellsing me mantenía encadenado en sus sótanos… Me veía a mí mismo, despertando en mi lecho en el castillo de Poienari, pero cuando abría los ojos solo veía esas paredes… Las de la mazmorra – Alucard habló en tono suave, casi susurrando, solo para ella, mientras la acunaba levemente, compartiendo el angustioso conocimiento de la inmortalidad que a ella la atenazaba de pena y soledad… porque él también lo sentía. – Creo que nunca me acostumbraré.
Michelle asintió, y se aferró más a él, susurrando en el mismo tono, consciente del momento de mutua agonía que estaban compartiendo.
-Cada vez que despierto, rezo por estar de nuevo frente a las murallas de Jerusalén, en el campamento del Temple… Ruego por escuchar a mi escudero hirviendo agua, o bruñendo mi escudo, o alimentando al caballo, o parloteando con los otros escuderos… Rezo por escuchar el bullicio de los soldados… Pero lo único que escucho cuando duermo, o cuando me despierto, son los gritos… - su voz se rompió con la última palabra, y todo su cuerpo tembló.
Alucard la abrazó con más fuerza, y decidió seguir indagando otro día… Sentía deseos de desnudar su alma ante esa mujer, y presentía que ella sentía lo mismo… Pero siglos de condena debían explicarse en varios días, y no en una única noche. Simplemente, susurró.
-Supongo que somos dos supervivientes…
Michelle alzó la cabeza para mirarle a los ojos, y los dos vampiros volvieron a sentir el magnetismo que les atraía.
-Mejor nos vamos.
-Sí, mejor. Prendamos fuego a este sitio.
-Yo me encargo de eso – la vampira se apartó de él y miró a su alrededor – coge los documentos.
Alucard echó mano de la pila de carpetas que habían recogido y la miró con curiosidad.
-¿Qué piensas hacer?
Ella le dedicó una sonrisa maliciosa.
-Yo no puedo controlar las sombras como haces tú, pero tengo mis propios trucos… - alzó ligeramente una mano, y al chasquear los dedos, una leve llama bailó entre ellos.
El vampiro enarcó una ceja, ciertamente admirado.
-Vaya. ¿Otra Senda? Eres una caja de sorpresas.
-Y aún no las has visto todas, m'eudail.
-¿Qué significa eso?
Michelle apartó la mirada, azorada, pero aún sonriente, y la llama entre sus dedos creció hasta formar una verdadera bola de fuego que acercó a uno de los armarios de madera.
-Nada, algo en gaélico, no tiene traducción.
Alucard sonrió por la descarada mentira, y archivó mentalmente la palabra para buscarla luego. En la amplia biblioteca de la mansión Hellsing tenía que haber algún diccionario de gaélico… y si no, ya se encargaría de robarlo.
Los dos vampiros abandonaron la casa en llamas tranquilamente, y una vez en la calle, se detuvieron, indecisos. Alucard se acercó a ella y le rodeó los hombros con un brazo, sonriente.
-Ahora utilizaré yo el 'truquito'… pero primero, paseemos un poco.
-Espero que nadie nos vea y se piense que soy Integra…
Se miraron y rompieron a reír imaginando la reacción de la líder de Hellsing si alguien le iba con el cuento de que la habían visto paseando por las calles abrazada a su sirviente vampiro.
Empezaron a caminar tranquilamente, el brazo de Alucard apoyado distraídamente en los hombros de ella tras haber dividido el montón de carpetas entre los dos, en silencio. Michelle rodeó la cintura del vampiro con su brazo libre, perdida en sus pensamientos, meditando sobre el repentino momento de confesiones que les había asaltado en la casa, y sin darse cuenta, reposó su cabeza en el hombro de Alucard. En cuanto fue consciente de lo que estaba haciendo, enderezó el cuello, con un delicado rubor asomando a sus mejillas.
Pero el vampiro se dio cuenta, y antes de pararse a pensarlo, con el brazo que rodeaba sus hombros acarició su cara, empujándola con suavidad para que volviera a recostar su cabeza en su hombro. Aún se sentía… extraño con todo lo que estaba pasando entre Michelle y él, pero ciertamente se sentía mucho más cómodo teniéndola cerca.
-¿En qué piensas, mi dama?
-En que me gustas demasiado – ella no le miró al responder, sino que parecía muy interesada estudiando los árboles que decoraban la avenida por donde estaban caminando.
-Oh, vaya… - por una vez, Alucard no fue capaz de encontrar algo ingenioso, o mordaz, para responder… y ella le miró de reojo, con una sarcástica sonrisa.
-Lo siento si te molesta… - aunque su tono quería decir Ya que no dices nada, es que te molesta.
El vampiro se detuvo bruscamente en mitad de la calle, y la miró por encima de los cristales rojos de sus gafas.
-Tendría que ser un necio para que me molestara, Michelle… - obedeciendo a un irrefrenable impulso, la rodeó con el brazo libre y la atrajo hacia sí para besarla. Ella se dejó hacer durante un rato, correspondiendo con entusiasmo, pero después le empujó juguetonamente, le arrebató las gafas con todo el descaro del mundo y se las puso con una perfecta expresión de inocencia angelical.
-¿Por qué?
Él sonrió, cada vez más hechizado por la explosiva personalidad de la deliciosa vampira que tenía ante si.
-Pues porque el sentimiento es mutuo.
-Oh, vaya… - Michelle le imitó burlonamente, y después, de repente… echó a correr con una infantil carcajada. Y sus gafas.
-¿Pero qué…? – Alucard se quedó mirándola y finalmente reaccionó. Con otra carcajada, y olvidando toda la seria dignidad de un vampiro que había visto pasar los siglos, echó a correr detrás de ella, jugando a perseguirse como dos críos. - ¡Vuelve aquí!
-¡Atrápame si puedes! – ella respondió entre carcajadas, tratando de no perder ninguna de las carpetas mientras corríe y le esquivaba, y él volvió a reírse. Finalmente consiguió arrinconarla contra una pared, y allí volvió a besarla, muy lentamente, notando con placer como ella temblaba entre sus brazos con cada beso y respondía a ellos con la misma pasión.
Cuando se separaron, todavía se quedaron así otro buen rato, riéndose por lo bajo como niños.
-¿Has perdido alguna?
-No¿y tú?
-No, están todas…
Más risitas, y después, Alucard recuperó sus gafas, pero en vez de ponérselas las guardó en el bolsillo de la chaqueta.
-Bueno, basta ya… - la atrajo hacia sí con algo de brusquedad, y volvió a besarla de nuevo mientras las sombras les envolvían, volviendo todo oscuridad.
Cuando las sombras se retiraron, se encontraban ante la mansión, y ante los dos mercenarios de guardia en las verjas, que miraban alucinados el espectáculo. Los dos vampiros entraron en el recinto muy dignamente, aunque aún se reían de vez en cuando al mirarse.
En el hall se toparon con Walter, que esperaba ansioso su regreso.
-¿Qué tal ha ido?
-Sin problemas, viejo amigo – Alucard dejó en manos del mayordomo su pila de documentos, y Michelle le imitó, sonriente. El shinigami sonrió mirando a ambos.
-¿Todo bien, entonces?
-Bueno, según Alucard, me encontré con un viejo amigo tuyo, Walter…
Una mirada entre el vampiro y el Sanguinario bastó para que los dos se entendieran, y Walter sonrió.
-El Capitán. Así que sigue en activo. Perfecto… él y yo tenemos muchas cuentas que saldar.
La vampira se encogió de hombros, mientras se quitaba el cinto con el sable envainado.
-¿Podrías devolvérselo a Integra? Y el uniforme… eh…
-Dámelo más tarde, para lavarlo y plancharlo, no te preocupes.
-De acuerdo entonces. – Michelle sonrió ampliamente, y Alucard volvió a rodearle los hombros con el brazo. Aunque delante de Integra pretendía guardar las formas, por respeto, la confianza existente entre él y Walter era suficiente como para permitirse ser tan… cariñoso delante de él.
El shinigami sonrió mirandoles y después carraspeó.
-Ejem, bueno… todos se han retirado ya, y creo que yo voy a hacer lo mismo, es muy tarde. Buenas noches a los dos.
-Buenas noches, Sanguinario – Alucard empezó a dirigirse a la escalera que conducía a los sótanos, guiando a Michelle, y ésta miró por encima del hombro al mayordomo.
-Buenas noches, Walter.
Alrededor de mediodía.
Integra observó con profundo disgusto la montaña de papeleo que tenía, al que sumándole la pila de carpetas que Alucard y Michelle habían traído, creaban un montón de trabajo pendiente algo abrumador. Suspiró con desgana mientras cogía la primera de las carpetas, pero un sonido la distrajo.
Escuchó atentamente, sin saber qué demonios estaba oyendo, hasta que cayó en la cuenta. ¡El piano! Alguien estaba tocando el piano, y por el horrible sonido, parecía estar afinándolo.
Con decisión se levantó y salió de su despacho. Sí, definitivamente, era el piano. Atravesó el pasillo, pasando ante la enorme escalera que conducía al piso de abajo, y siguió adelante, hasta llegar a la puerta que conducía al pequeño salón donde se encontraba el instrumento.
Por un momento la nostalgia la invadió, y apoyó la mano en el picaporte, sintiéndose otra vez como una niña pequeña, oculta tras la puerta mientras escuchaba como su padre tocaba el piano. Pero decidida a averiguar quién había entrado, abrió.
La tapa del gran piano de cola estaba levantada del todo, y se veía la mitad inferior de un esbelto cuerpo inclinada sobre ella, dejando oculto el resto. Ni siquiera se incorporó para ver quién era, pero Integra la reconoció.
-¿Qué haces aquí?
Michelle se incorporó levemente, ya se había quitado el uniforme y vestía unos sencillos vaqueros azules y una camiseta roja sin mangas, aunque tenía toda la pinta de haber estado durmiendo hasta hacía poco, a juzgar por el cabello algo despeinado.
-Oh, buenos días, Integra.
-¿No deberías estar durmiendo?
-Ya, bueno, a veces me despierto durante el día, y tengo que darme una vuelta… dentro de un rato volveré a mi cuarto. Estaba curioseando un poco por aquí, y encontré esta maravilla – los ojos azules relucían de entusiasmo mientras acariciaba casi reverentemente la pulida superficie del piano – Pero está desafinado, así que pensé en hacer algo al respecto…
Integra suspiró, intentando mantener la expresión pétrea y fría con la que se escudaba de todo lo demás, pero algo tenían esos ojos azules que la desarmaba por completo. Se sorprendió sintiendo una instantánea simpatía hacia la vampira, quizá en parte por el sincero amor con el que acariciaba el instrumento.
-Ese piano no se ha tocado desde hace diez años, cuando murió mi padre. Por eso estaba desafinado.
Con oculta sorpresa vio que la alegre sonrisa se entristecía, pero no con lástima ni nada parecido… Sino como si las dos compartieran un dolor parecido.
-Lo lamento. Perdone, no pretendía molestarla, ni tampoco abusar… - lentamente se apartó del piano y bajó la tapa – Además, ya había terminado.
La líder de Hellsing miró el piano, y después de nuevo a Michelle. Tras pensárselo unos instantes, se decidió a hablar.
-¿Sabes tocar Claro de Luna?
Michelle sonrió.
-¿La pieza 6 de Debussy o la sonata para piano nº 14 de Beethoven?
-Beethoven.
-Sí.
Integra asintió, y se giró para marcharse.
-Bien. Te escucharé tocar desde mi despacho. Y tienes permiso para tocar el piano siempre que lo desees. Es un instrumento demasiado hermoso para que quede en el olvido.
-Gracias, Lady Integra.
La líder de Hellsing hizo un vago gesto con la mano y se fue, dejando la puerta abierta. Cuando estaba por la mitad del pasillo, empezó a escuchar los primeros acordes, y se detuvo, cerrando los ojos. A su padre le gustaba mucho esa pieza, y solía tocarla una y otra vez, durante horas… Con otro suspiro, abrió los ojos y llegó a su despacho. Volvió a sentarse tras su mesa, escuchando la melodía por la puerta abierta, y empezó a leer los informes con resignación.
Casi ni se dio cuenta cuando la melodía se acabó, y por un momento no escuchó nada. Luego, unos pasos por el pasillo y una puerta cerrarse. Y finalmente, alguien descendiendo por las escaleras, regresando al sótano para volver a entregarse al sueño del vampiro.
