Coldvitz, Alemania.

Hans Gunsche bajó del dirigible que le había traído desde Inglaterra y caminó a buen paso hacia una de las puertas, sin mirar a nadie. A su paso, los soldados de Millenium se apartaban, temiendo instintivamente a esa sombra muda y mortal que les atravesaba con la helada mirada.

En un lujoso salón en el subsuelo, dos hombres conversaban animadamente. Un hombre rubio, bajo y vestido con un elegante traje blanco que se tensaba en la zona del abultado abdomen, estaba sentado con tranquilidad en un lujoso sillón. A su lado, un hombre alto, flaco y desgarbado, ataviado con una bata de médico manchada de sangre, leía unos informes sobre los últimos experimentos.

Los dos callaron cuando el Capitán entró y cerró tras de si, sin decir una palabra.

El Mayor Max Montana sonrió, encantado.

-Bienvenido de nuevo, Capitán… aunque intuyo que la misión ha sido un fracaso.

El hombre lobo no respondió, ni hizo gesto alguno con la cabeza. Se limitó a mirarlo fijamente mientras se acercaba, y le tendió un CD.

El Doctor se acercó para cogerla, y después caminó hasta un moderno ordenador donde introdujo el CD. El Mayor cruzó los brazos con curiosidad.

-¿Qué ocurrió? ¿Qué han grabado las cámaras de la casa?

El Capitán señaló mudamente la pantalla, donde el CD empezó a reproducir lo que había ocurrido desde que llegara la limusina y hasta que Hans se largó. El licántropo cogió el mando de manos del Doctor e hizo retroceder la grabación hasta congelarla en un momento determinado.

El Mayor enarcó una ceja.

-¿Me estás insinuando que peleaste con Lady Integra?

Hans negó con la cabeza y adelantó la grabación un poco más. Después, aumentó la imagen. A pantalla completa apareció la cara de Michelle, sin las gafas, y con los colmillos insinuándose bajo la salvaje sonrisa de depredador.

Y el Doctor soltó una exclamación y retrocedió un paso, señalando la imagen temblorosamente.

-¡¡Ella!

Montana asintió pensativamente.

-Ya veo… esa cara me suena. ¿Y bien, Doctor?

El médico tragó saliva, nervioso, y miró a su superior.

-Es una vampira. No sabemos mucho de ella, excepto que es muy, muy Antigua, creo que más que el mismísimo Alucard. Su cara le suena porque la conocimos en 1944, Mayor.

-¿En 1944? ¿Dónde?

-¿Recuerda a Eicca Hansen? SS-Hauptsturmführer Eicca Hansen.

Montana empezó a reírse a carcajadas.

-¡Ahora lo recuerdo! Esa muchachita estaba infiltrada en las SS como capitán, y se dedicaba a pasarles información a los aliados… Se hacía pasar por hombre. La última noche de su mascarada, destrozó tu laboratorio en Sennelaguer.

-Y por poco no me destroza a mí… Me la tiene jurada. – el Doctor volvió a tragar saliva, inquieto – No tenía ni idea de que ahora trabajara para Hellsing.

-Es algo MUY interesante, ciertamente… creo que podemos incorporar a la señorita a nuestros planes. ¿Sabemos su nombre real?

-Michelle de Cameron, Mayor.

-Bien, bien, bien…

Los dos, Capitán y Doctor, se miraron entre sí y después miraron a su rechoncho superior, que sonreía encantado.

-Señores… en nuestro próximo 'plan magistral', vamos a incluir a la señorita de Cameron… Puede ser un excelente conejo de Indias para nuestras investigaciones.

El Doctor empezó a ver las implicaciones, y sonrió, aún algo nervioso.

-Esa mujer es el mismo demonio, señor.

-Razón de más… Esa deliciosa jovencita es más vieja que el mismo Alucard… Imaginad el poder de su sangre, el poder que podemos extraer de ella. Cuando ejecutemos el plan, Capitán… quiero que la capturéis viva.

El Capitán asintió, secretamente complacido con volver a ver a la descarada vampira, y volver a luchar contra ella. El Mayor se echó hacia atrás en su sillón, mirando la imagen congelada de Michelle en la pantalla, y sonrió.

Desde luego, con esa muchacha en su poder… Millenium podía experimentar un importante adelanto en su búsqueda de la perfección y la vida eterna.