La noche volvió a caer sobre Londres, y en los sótanos de la mansión Hellsing, Alucard abrió los ojos. Aún aletargado, giró la cabeza para mirar a Michelle, que yacía a su lado, aún dormida. Con una mano acarició los rubios cabellos despeinados por el sueño, mirándola en silencio mientras esperaba a que despertara, meditando para sí la caótica semana que llevaban.
Se habían conocido, Lady Integra había aceptado sus servicios en Hellsing, habían 'limpiado' un cubil de Millenium, y también habían cazado varios vampiros verdaderos poco importantes, verdadera basura cainita que con sumo placer habían exterminado. Y cada vez se sentía más subyugado por ella. Y, por la luz que brillaba en esos ojos azules cuando le miraban, ella sentía lo mismo.
Mientras acariciaba su cabello, paseó la mirada por la habitación a oscuras. Como todo vampiro decente, veía a la perfección en la oscuridad, como si hubiera luz. La verdad es que Michelle era… caótica. Quizá por eso estuvieran tan a gusto juntos, porque en la habitación que veía ante él observaba su puro reflejo.
La ropa que ambos habían llevado la noche anterior estaba desperdigada por el suelo de cualquier manera, pero sobre la mesa había una docena de libros ordenados por orden alfabético. La maleta de las armas (porque la de la ropa ya estaba vacía y guardada en el fondo del armario), estaba junto a los libros, con una cerradura hermética que sólo podía abrirse mediante un código numérico, pero encima de la maleta había un diario abierto de par en par por una página cuyo encabezamiento anunciaba la fecha en que se había escrito, 1786. El hecho de que la página en cuestión estuviera escrita en un idioma desconocido para él poco importaba.
Aún adormilado, se acurrucó contra ella, a la espera de que esos ojos se abrieran y le miraran, y cerró los suyos. Notó como ella se removía, a punto de despertarse, farfullando algo en otra lengua que no pudo entender, y sintió como se arrimaba más a él, buscando su calidez. La envolvió con sus brazos, sonriendo levemente…Y en ese momento, una musiquilla llenó la habitación. Confuso, levantó la cabeza mirando a su alrededor, sin comprender.
Tras unos segundos, se dio cuenta de que esa melodía tenía que salir de un teléfono móvil, que él personalmente no usaba, pero Michelle sí tenía… Miró a la vampira aún dormida, arropándola entre sus brazos, y con el dedo índice le hizo cosquillas en la nariz, para despertarla.
-Te llaman…
-¿Mmm? – Michelle abrió a medias los párpados. En cuanto escuchó la música, se incorporó torpemente, aún somnolienta, intentando ubicar el sonido, y empezó a rebuscar entre la ropa que estaba en el suelo, hasta que del bolsillo de sus pantalones sacó el artefacto. Lo abrió y pulsó uno de los botones, poniéndoselo después en el oído, con un bostezo.
-¿Si? – de improviso abrió mucho los ojos - ¿Tú¿Qué estás DÓNDE?
Alucard la miró con sorpresa por el grito, aún echado en la cama e incorporado sobre los codos. Michelle se llevó una mano a los ojos y gruñó mientras escuchaba, y después suspiró.
-Voy a buscarte ahora mismo¡y ni se te ocurra moverte de allí! – colgó, refunfuñando, y después miró a Alucard con algo de cansancio en la mirada – Necesito un coche…
El vampiro se levantó y empezó a vestirse mientras ella hacía lo mismo, acostumbrado ya a esos arranques.
-No creo que haya problemas en llevarnos uno del garaje, pero… ¿se puede saber qué pasa?
-Tengo que ir a recoger a alguien al aeropuerto… alguien que se va a llevar una gran bronca. ¿Alguna vez te has enfrentado a un mago?
-Alguna vez… pero nunca llegué a luchar a muerte con ellos, aunque son rivales decentes. – Alucard recogió a Jackal y Casull, las cargó, las calibró, y finalmente las amartilló y guardó bajo su abrigo.
-Entonces creo que te gustará venir. Dice que la han seguido.
Los dos vampiros salieron al pasillo y empezaron a subir las escaleras. Alucard sonrió ferozmente bajo las rojas gafas de sol.
-Esto no me lo pierdo…
Minutos después, un flamante Jaguar negro salía disparado por las calles londinenses, rumbo al aeropuerto. Michelle conducía como un demonio, saltándose toda norma de tráfico establecida sin preocuparse lo más mínimo, hasta acabar aparcando prácticamente frente a la puerta de la terminal.
Los dos bajaron del coche en silencio y entraron en el edificio, Alucard se dejaba guiar por Michelle, que buscaba a alguien con la mirada. Cuando lo encontró, se dirigió hacia una de las paredes a grandes pasos, hasta detenerse y cruzarse de brazos.
-¿Y bien?
Una niña pequeña, de no más de ocho o nueve años, de cabello castaño oscuro peinado en tirabuzones y ojos grises, que llevaba un vestido negro bajo un abrigo largo gris y botas, y que estaba sentada sobre una gran maleta roja, alzó la vista de la revista que estaba leyendo, muy seria. Sin responder, echó un vistazo a su reloj de pulsera y después miró a la furibunda vampira con toda calma. Bajo el brazo, y bien sujeto, tenía un oso de peluche de aspecto viejo y desgastado, con la tela descolorida que en su día tuvo que ser de color marrón.
-Has tardado menos de veinte minutos, lo cual quiere decir que has vuelto a pasarte con la velocidad. ¿Me equivoco?
Michelle gruñó quedamente. Alucard se detuvo junto a ella, mirando con franca curiosidad a la pequeña desde detrás de sus imponentes gafas. Tras un minuto en absoluto silencio, miró a la vampira de reojo.
-¿Quién es?
Michelle suspiró, quitándose las gafas negras de sol que llevaba.
-Se llama Amanda. Vive conmigo, en los Estados Unidos. Digamos que es… mi 'protegida'. Teóricamente, cuando vine a Londres, quedó al cuidado de unos amigos míos… que por cierto se van a llevar una gran bronca. Amanda, éste es Alucard.
Amanda miró al alto vampiro fijamente, sin miedo aparente en sus serios ojos grises. Después, muy dignamente, le tendió su pequeña mano.
-Hola. Amanda Mulligan, encantada de conocerte. – con la otra mano agarró su oso de peluche y se lo mostró con solemnidad – Y este es Rolo.
Alucard esbozó una de sus típicas sonrisas, mostrando los afilados colmillos, y para su satisfacción, la pequeña no pareció en absoluto impresionada. Con galantería tomó la mano ofrecida mientras se inclinaba, y depositó un caballeroso beso en su dorso.
-Buenas noches, señorita.
En la mente de Michelle destelló un pensamiento que no era suyo, tan sólo dos palabras acompañadas por la risa complacida del vampiro. Es prometedora.
Los dos vampiros miraron a su alrededor con suspicacia. Con calma, Michelle preguntó.
-¿Los contaste?
Amanda volvió su atención de nuevo a su revista, indiferente.
-Son cinco, y no muy listos.
La vampira asintió, y volvió a sacar el teléfono móvil.
-Bien, hay tiempo… Alucard, vigílala un segundo, por favor, no tardo.
Se apartó unos pasos de los dos mientras marcaba un número y esperaba. Desde donde estaba, Alucard la siguió con la mirada y después bajó la vista para mirar a la niña, observándola largamente como si intentara diseccionar su alma. Tras un rato de muda contemplación, apartó la vista.
-Me recuerdas a mi Ama cuando la conocí… pero ella tenía más edad que tú.
-Entonces, si te gusta, no me extraña que Michelle te atraiga – Amanda alzó los ojos apenas un segundo de las páginas de la revista antes de proseguir – Por lo que me han dicho, ella era, y es, exactamente como yo, tozuda como una mula. ¿Eres su novio?
Alucard no contestó, aunque su cara de circunstancias, y la mirada que le lanzó a la vampira, que hablaba acaloradamente por teléfono, lo decían todo. Amanda volvió a su revista.
-Vaya, interesante. Un caballero que prefiere no dar una contestación directa. No me extraña que a ella le gustes.
De fondo los dos escucharon a Michelle echándole una bronca monumental a alguien, aunque parecía hablar con varias personas por turno, haciendo incluso aspavientos con la mano libre. Finalmente, y con un bufido, cortó la conversación y guardó el móvil mientras regresaba junto a Alucard y Amanda.
La niña seguía ojeando la revista serenamente, sin inmutarse.
-¿Has terminado?
Michelle le dirigió una mirada que hubiera podido fundir el hielo.
-Ahora, señorita, me vas a explicar de manera CONVINCENTE qué demonios haces aquí y por qué te escapaste de casa.
Alucard volvió a sonreir, negando con la cabeza mientras se cruzaba de brazos, divertido por la situación. Aún así, no dejaba de estar atento a su alrededor… hacía rato que ambos vampiros se habían percatado de cinco hombres que les observaban desde un rincón.
-No es bueno que las señoritas anden huyendo de sus hogares así como así… Aunque sean tan maduras. ¿Qué edad tienes?
-Ocho años. Y mi explicación… - Amanda alzó la mirada de la revista de nuevo, con calma, la dobló mientras se levantaba, y la guardó en el bolsillo exterior de su maleta. – Desde que te fuiste han estado acechando por la casa, y una vez hasta intentaron asaltarla… pero Negro les disuadió amablemente.
-¿Negro? – sin comprender, Alucard miró a Michelle, que no había podido evitar una sonrisa.
-Es un perro, un enorme y afectuoso saco de babas, un mastín… es dócil como un cachorrillo con nosotras, pero fiero como un demonio con cualquier extraño. Pertenece a unos amigos que viven enfrente, prometieron echarle un ojo a Amanda… A ver¿qué más?
-Bueno, a pesar de eso, quisieron volver a intentarlo… y dos veces en la misma semana es demasiado para mi tranquilidad, es obvio que a ti te temen, pero a los demás no… Quiero mucho a Mario, a Bianca, a Zulema, a Xien Lin… y a Aristos también, aunque está tan ocupado que no podía cuidarme como es debido; pero a pesar de que les quiero mucho, como digo, no son tan letales como tú – Amanda miró fijamente a la vampira, aún seria y abrazando a Rolo con fuerza, aunque sus ojos grises eran algo más cálidos – Y verdaderamente, solo me siento protegida contigo. Así que decidí ahorrarles disgustos, y me vine a Londres…
-Ya veo – Michelle volvió a gruñir, y después suspiró con reticencia.
-¿No te parece bueno mi plan? – Amanda la miró con fingida inocencia, exagerando el parpadeo de sus pestañas. Michelle gruñó de nuevo.
Alucard escondió otra sonrisa, y se encogió de hombros levemente.
-Será mejor que nos la llevemos. Este sitio no es seguro, y aquí no podemos liarnos a tiros… Integra nos despellejaría.
Michelle asintió y se agachó para coger la maleta. En ese momento, Amanda se colgó de su cuello con una carcajada, todo el aire de seriedad desapareció y le dio un largo beso a Michelle en la mejilla, con expresión infantil, más acorde con su edad, mientras Michelle intentaba quitársela de encima, protestando y visiblemente nerviosa.
-¡No hagas eso, que hay gente¡Mierda, que tengo una reputación que mantener!
Amanda se rió más, y la vampira se rindió. Sonriendo, soltó la maleta para rodear a la niña con sus brazos y alzarla a peso para abrazarla con firmeza, dejando a Rolo entre las dos.
-Te he dicho que no hagas eso…
Amanda esbozó una sonrisita maliciosa.
-Seguro que si lo hace Alucard no te quejas.
El aludido cogió la maleta que Michelle había soltado, y se apresuró a abrir camino. El ala del sombrero ocultaba su expresión, aunque se le notaba una extraña inflexión en la voz al decir:
-Vámonos… Es tarde para que una niña pequeña ande levantada.
Mientras se dirigían a la puerta, decidieron cambiar de trayectoria y desviarse para salir por una puerta lateral. Los cinco desconocidos les siguieron, visiblemente inquietos y sin sutileza alguna, sin intentar ocultarse. Michelle los observó de reojo, y esbozó una media sonrisa que dejó al descubierto un blanco colmillo muy afilado.
-Creo que va a haber caña.
Amanda suspiró, con fingido aburrimiento.
-Qué poco elegante término. Y pensar que naciste en una familia de la alta nobleza escocesa…
Llegaron a una zona casi vacía, que separaba la terminal de un edificio adyacente, y que tenía una puerta que daba a la calle. La poca gente que allí estaba empezó a salir de improviso, con la mirada ausente, como dirigidos por una mano invisible, mientras los cinco perseguidores cortaban la retirada a los dos vampiros y a la niña.
Con gentileza, Alucard cogió a Amanda por la nuca como se cogería a un gato, y la ocultó tras la columna junto a la que estaban. Un pesado ambiente de incomodidad, casi palpable, impregnaba el aire, y poco después la zona quedaba vacía, exceptuando a los cinco magos, y a sus perseguidos. Con interés, Alucard miró a Michelle, sonriendo.
-Es un hechizo. Curioso.
Amanda se refugió tras la columna con su maleta, aunque atisbando con curiosidad. Michelle se encogió de hombros mientras se inclinaba y desenvainaba un largo wakizashi (arma de filo parecida a una katana, pero más corta) de una funda camuflada dentro de una de sus botas hasta la rodilla.
-Qué asco de tíos cansinos… No se rinden nunca.
-A ver si después de muertos son tan tenaces… - Alucard sonrió, saboreando la posibilidad de una matanza, mientras desenfundaba sus enormes pistolas.
La vampira soltó una carcajada, complacida también con la perspectiva. Se puso el wakizashi entre los dientes y clavó los dedos de la mano izquierda en la piedra que formaba la columna. Después, más arriba, clavó los dedos de la mano derecha, y así una y otra vez mientras trepaba hacia el techo, casi relamiéndose de anticipación.
El vampiro pudo escuchar la voz de Michelle en su mente, y sonaba divertida. Adoro matar magos…
Amanda miró su reloj de pulsera, en absoluto preocupada. Parecía tener una confianza ciega en Michelle.
-A ver si no tardáis mucho, que Rolo y yo tenemos hambre…
-Nosotros también. – el vampiro sonrió con crueldad, mientras los símbolos arcanos de sus guantes empezaban a brillar con una luz rojiza. Las sombras empezaron a arremolinarse, reptando y arrastrándose por el suelo y las paredes, cerrando toda salida o entrada.
Los cinco magos se detuvieron en seco, asustados e inquietos, y cada vez más aterrados vieron que multitud de ojos rojos se abrían en la oscuridad, observándoles con malicia.
Tras uno de los magos, y de entre las sombras, surgió uno de los brazos de Alucard, empuñando a Jackal… El hombre se giró de repente, pero… ¡BANG!
Los cuatro restantes se giraron rápidamente, dos de ellos sacaron sendas pistolas, pero los otros dos empezaron a recitar por lo bajo una serie de palabras…
Pero allí solo había oscuridad. Confusos, volvieron a mirar a su alrededor, cada vez más inquietos.
En ese momento, en absoluto silencio y con la agilidad de una pantera, Michelle saltó desde el techo sobre los dos magos que tenía más cerca, arrastrándolos al suelo con ella. Uno logró zafarse y rodar hacia un lado mientras la vampira le cortaba el cuello al que aún mantenía preso. El mago que se acababa de librar por los pelos apuntó con su arma a Michelle, pero en ese momento las sombras se agitaron, y Alucard apareció, salido de la nada, o mejor dicho de la oscuridad, interponiéndose entre ellos. Una mirada de esos ojos rojos como la sangre bastó para que el humano retrocediera un paso, aterrorizado. Ésta vez, Alucard disparó a Casull, prácticamente a quemarropa. El mago cayó fulminado.
Atreverse a apuntarte con su ridícula arma… ¡bah! Miserable despojo.
Michelle sonrió al captar mentalmente el pensamiento de Alucard, mientras veía ociosamente, de brazos cruzados, como otro de los magos intentaba huir y se internaba en la oscuridad. Terrible error.
Alucard volvió a desvanecerse en sombras, y de la oscuridad surgió un alarido. La vampira pudo vislumbrar a medias entre las sombras lo que parecía ser un enorme sabueso, con seis ojos rojos y las fauces ensangrentadas.
Las tinieblas empezaron a disolverse, y Alucard reapareció, caminando tranquilamente. Michelle sonrió mientras limpiaba la hoja del wakizashi y volvía a guardarlo en su funda.
-¿No queda uno más?
Amanda se asomó por el borde de la columna, curiosa, y en ese momento sintió una mano que la agarraba del brazo. Lentamente se giró para ver al último mago, el último de esa pandilla de inútiles que ni siquiera habían tenido tiempo para lanzar sus hechizos contra los vampiros. Los ojos grises de Amanda se clavaron en los del hombre, y fría y secamente, la chiquilla le espetó.
-Quítame las manos de encima¡cerdo! – con la última palabra, sus pupilas se dilataron levemente y el mago la soltó con brusquedad, empujado por una fuerza invisible tan violenta que le hizo retroceder varios pasos y estar a punto de caer. Michelle se acercó rápidamente para coger la cabeza del mago con ambas manos, y la hizo girar bruscamente hasta que le partió el cuello.
Alucard enfundó sus armas y se limpió las manos, satisfecho por el resultado, y gratamente impresionado.
-Así que tú también eres una maga. Creo entender por qué te persiguen… ¿acaso quieren entrenarte e incorporarte a sus hermandades?
Amanda asintió cansadamente mientras se apoyaba en la maleta. Michelle se arrodilló frente a ella y limpió con un pañuelo tiernamente un delgado hilillo de sangre que caía por una de las fosas nasales de la pequeña.
-Sabes que no debes hacer eso después de haber hecho un vuelo de doce horas.
La chiquilla le sonrió.
-Jo, podías haberme dejado matarlo…
-Preferiría que no mataras a nadie antes de que seas mayor de edad, si no te importa. Y por lo que a mí respecta, preferiría que no mataras a nadie nunca. – Michelle la riñó con suavidad mientras volvía a levantarse. Alucard siguió mirándolas con curiosidad.
-Supongo que eso significa que aún no controlas del todo tus poderes.
Mientras hablaba, miró a su alrededor, y agregó.
-Será mejor limpiar esto antes de que el hechizo se disipe y aparezcan testigos… - extendió las manos y de ellas surgieron sombras reptantes que se dispersaron por el suelo hasta engullir los cadáveres, extendiéndose como una oscura alfombra. Cuando las sombras se retiraron y regresaron a las manos del vampiro, todo signo de lucha había desaparecido.
-No, aún no los controla completamente… Nos enteramos hace un año escaso… En una rabieta hizo estallar toda la vajilla – Michelle volvió a coger a Amanda en brazos, mientras Alucard tomaba de nuevo la maleta.
-Como si no pudieses comprar cincuenta más… - la chiquilla rezongó por lo bajo, aferrando a Rolo con fuerza mientras se dejaba llevar.
El vampiro sonrió, y con un gesto poco habitual en él, y que le dejó bastante sorprendido, alargó la mano libre para revolver los oscuros tirabuzones. Después, los dos vampiros volvieron a dirigirse hacia la salida, aunque Michelle iba un poco preocupada.
-Integra me va a matar por esto.
-Mala hierba nunca muere, y estoy completamente segura de que ya le has hecho la puñeta a alguien en más ocasiones durante ocho siglos. – Amanda bostezó y apoyó su cabeza en el hombro de Michelle.
-Será gracioso ver su cara cuando vea a la nueva invitada… pero me temo que de la reprimenda no nos salva nadie – Alucard rodeó con el brazo libre los hombros de Michelle mientras la atraía hacia si para besar su cabello. Después, cuando llegaron junto al Jaguar, se adelantó para abrir la puerta trasera galantemente, dejando la maleta dentro.
Michelle dejó a la pequeña en el asiento trasero junto a la maleta y después dio la vuelta al coche para sentarse en el asiento del conductor con un suspiro.
-Me estoy viendo estacada y frita…
Amanda soltó una leve risita desde el asiento de atrás. Alucard no dijo nada mientras se subía al asiento del acompañante, pero su mano rozó la de Michelle cuando los dos se estaban abrochando el cinturón, un gesto que no le pasó desapercibido a la chiquilla.
Amanda sonrió mientras también se abrochaba el cinturón, y después se dedicó a sentar a Rolo a su lado para abrocharle también el cinturón de seguridad, con toda solemnidad. Michelle la observaba de reojo por el retrovisor, frunciendo el ceño, pensativa. Cuando vio que la pequeña terminaba y se aferraba al asiento, como si supiera lo que venía a continuación, arrancó.
A una velocidad desmesurada, el imponente vehículo prácticamente volaba por las calles de Londres. Alucard no dio muestras de sentirse inquieto en lo más mínimo, a pesar de que sus dedos estaban hundidos en los lados del asiento. En un tiempo récord, se plantaron ya en la finca de la Organización Hellsing.
Tras dejar el coche en el garaje, los tres bajaron, y Alucard volvió a coger la maleta con educación, mientras Amanda se acercaba para coger la mano de la vampira, suspirando.
-Y yo que pensaba que al estar en otro país ibas a cambiar tu modo de conducir… Pensé que tendrías problemas por conducir por la derecha.
-No es la primera, ni la segunda, ni la quinta vez que vivo en Londres, renacuajo.
En la entrada, un sorprendido Walter les dio la bienvenida.
-Buenas noches, Alucard – acto seguido se inclinó levemente ante Michelle y la niña – Señoritas…
-Walter – Michelle frunció el ceño.
-Perdón, Michelle…ya sabes, la costumbre – el mayordomo sonrió afablemente.
-¿Cómo es que sigues levantado, viejo amigo? – Alucard se quitó las gafas de cristales rojos para guardarlas en el bolsillo de la chaqueta.
-Las viejas heridas no me dejan dormir, ya sabes… - finalmente, los ojos del shinigami se centraron en Amanda - ¿Quién es la pequeña dama?
La chiquilla tendió su mano al mayordomo, con toda seriedad y muy dignamente.
-Soy Amanda Mulligan, la protegida de Michelle – con una sonrisita infantil, le mostró el peluche - ¡y este es Rolo! Por causas de fuerza mayor hemos venido a Inglaterra para ponernos bajo la protección de Michelle de nuevo. – agitó de nuevo las pestañas coquetamente, con un ademán impropio de su edad, mientras Michelle la miraba escandalizada al percatarse de que la estaba imitando descaradamente.
Walter estrechó con solemnidad la pequeña mano, secretamente divertido por el desparpajo de la chiquilla.
-Ya veo. Es un placer tenerla aquí, señorita Amanda, pero me temo que deberemos hablar con Lady Integra para ponerla al corriente. En cuanto se despierte, la informaré… Ahora, si me disculpan…
El mayordomo volvió a sus quehaceres. Michelle suspiró, paladeando mentalmente la bronca que se iba a llevar de parte de la jefa, y después apoyó su mano sobre la cabeza de la chiquilla.
-¿Tienes sueño?
Amanda negó con la cabeza, abrazando a Rolo.
-El jet lag me está matando, y preferiría estar más cansada para después dormir de un tirón todo el día.
-De acuerdo… aún faltan horas para el amanecer. Algo encontraremos para entretenernos. – sonrió mirando a Alucard, y el vampiro le devolvió la sonrisa.
-¿Dónde la instalamos hasta que Integra se entere? Creo recordar que hay habitaciones de invitados en el primer piso…
-Vamos a mirar.
Pero una vez más, el eficiente Walter se les había adelantado. Cuando llegaron al primer piso encontraron al mayordomo saliendo de uno de los cuartos del ala oeste con expresión satisfecha.
-Ah, iba a ir a buscaros… Creo que esta habitación es perfecta para la señorita Amanda.
La chiquilla entró corriendo en el cuarto, con curiosidad, y los tres adultos se asomaron para mirar. Era una habitación bastante grande, y con un enorme ventanal. Amanda dejó con solemnidad a Rolo sobre la cama y después regresó junto a ellos, sonriendo.
-¡Me gusta mucho, Walter¡Muchas gracias! – en un impulso, abrazó la cintura del anciano mayordomo, que tras un momento de sorpresa, sonrió.
-Me alegro de que le guste.
-Walter – Michelle volvió a fruncir el ceño.
-Michelle, ahora no te estaba tratando de usted a ti – el shinigami le guiñó un ojo, divertido.
-Lo se, pero no la malcríes, porque yo no pienso aguantar que me exija que YO la trate de usted.
Alucard entró para dejar la maleta a un lado de la cama, satisfecho.
-Aquí estarás bien.
Walter carraspeó levemente, mirando a Alucard.
-Alucard, querría hablar contigo… nos han llegado informaciones sobre un vampiro que está actuando cerca de aquí¿podrías ir a encargarte de él? Integra dijo que solo era necesario que fueras tú.
-Sí, por supuesto – el vampiro sonrió con anticipación, y se acercó a Michelle para rodearla con sus brazos - ¿Te importa?
Ella negó con la cabeza, con una sonrisa.
-Ve y diviértete. Luego nos vemos.
-Eso no lo dudes – Alucard volvió a sonreír y la besó brevemente antes de irse escaleras abajo con Walter. Amanda les observó irse y después miró a Michelle con suspicacia.
-¿Qué demonios está pasando aquí?
La vampira la miró con falsa inocencia.
-¿A qué te refieres?
-¿Qué a qué me refiero¡A todo esto! – señaló con una sonrisa la escalera – Cuando Aristos se entere de que te has echado novio, es probable que le de una embolia por la sorpresa.
-No es mi novio – Michelle refunfuñó, con poca convicción. – Venga, vamos…te enseñaré todo esto.
Amanda volvió a coger su mano y las dos descendieron la escalera para ir a explorar la mansión.
Proximo capitulo.: Pesadillas.
