Como siempre, dudas y preguntas a los reviews... y las contesto en los reviews, aviso! por cierto, aprovecho para revelar que esta historia tiene padre además de madre xD Gracias Daran por tu inestimable ayuda, que sin tí esto no sería posible xD y deja un comentario, jodío!

Faltaba quizás una hora y poco para el amanecer cuando finalmente Alucard regresó al cuartel general de Hellsing. En absoluto cansado, sino más bien exultante, se apareció en el hall para ver a Walter atareadísimo.

-¿Ya has vuelto? Perfecto. Lady Integra ha sido convocada a palacio, la Reina ha requerido su presencia…

Alucard observó con interés al mayordomo, con una media sonrisa.

-Vaya. Entonces deberemos dejar la conversación sobre Amanda hasta por la noche.

-Sí, no es probable que regresemos antes de la tarde. Debemos irnos ahora mismo¿te encargas de dejar al mando a Bernardotte? Está con los muchachos en el campo de entrenamiento.

-Por supuesto. Ve tranquilo.

Walter asintió y se dirigió al garaje donde ya le esperaba Integra, presuroso. Alucard se quitó las gafas de cristales rojizos y las guardó, intentando captar mentalmente a Michelle. Estaba también en el campo de entrenamiento.

Su primera reacción fue ir allí, para divertirse un rato a costa de los mercenarios, pero antes, su mirada reparó en la puerta de la biblioteca. Sin vacilar, se dirigió hacia allí. En la última semana no había tenido tiempo para buscar como es debido, pero ya tenía más o menos localizado el libro que quería.

Tras apenas unos minutos de búsqueda lo encontró, sin preocuparle el polvo que el ajado libro tenía acumulado. Recopilación de expresiones habituales del día a día en el idioma gaélico escocés. Aunque el libro tuviera cerca de ciento cincuenta años, tendría que servir.

Se sentó en una de las amplias butacas para buscar detenidamente, y tras otros pocos minutos, encontró lo que buscaba. Y sonrió. M'eudail significaba mi amor.

Sin perder la sonrisa, devolvió el libro a su lugar y se encaminó a la zona de entrenamiento.

Al llegar, vio a Bernardotte sentado en el suelo con Amanda en sus rodillas, mientras los mercenarios hacían un corrillo alrededor de Michelle y Ceres que parecían estar… ¿peleando? El vampiro aceleró el paso, pero Amanda giró la cara para mirarle, sonriendo.

-Les están mostrando como se mueve un vampiro verdadero.

En ese momento, Ceres se abalanzó sobre Michelle con un corto grito, pero la otra vampira la esquivó con agilidad y sin aparente problema.

-Mira, tú… pelea de gatas – los mercenarios se reían entre dientes, divertidos. Michelle, al escucharlos, frunció el ceño.

-Muy bien, nenazas. Os voy a enseñar lo que DE VERDAD significa ser un verdadero vampiro. – a grandes pasos se acercó a un árbol y rompió una gruesa rama. Mientras regresaba junto a Ceres, fue rompiendo pedazos hasta crear una burda estaca.

-Señoritas, quiero que me escuchéis muy bien. La ÚNICA manera de detener a un vampiro, SIN acabar con él definitivamente, es atravesarle el pecho con una estaca. – apoyó la punta sobre el pecho de Ceres, sin presionar. – Se quedará completamente paralizado, y no podrá moverse hasta que se le retire la estaca. Será vulnerable a cualquier ataque.

Uno de los mercenarios alzó un dedo, dubitativo.

-Pero… ¿no se supone que una estaca en el corazón acaba con ellos definitivamente?

-Has visto demasiadas películas, chaval. Haz caso de lo que te digo. Tiene que ser justamente en el centro del pecho, porque si no, os vais a encontrar con un vampiro ciertamente cabreado. ¿Entendido?

Un coro de asentimientos a media voz respondió a su pregunta, y ella suspiró.

-De acuerdo, veamos la demostración práctica. – le entregó la estaca a Ceres – Quiero advertiros de antemano que es mejor que el enemigo sea abatido a distancia, con las balas especiales que se os están proporcionando. Espero que no tengáis que llegar al extremo de llegar al cuerpo a cuerpo con un vampiro decente.

La joven vampira estaba mirando alternativamente la estaca y a Michelle.

-¿Y qué hago yo con esto?

-Atácame. Que vean como se mueve un vampiro viejo – Michelle se cruzó de brazos relajadamente, esperando.

Aún dudando, Ceres atacó, con la velocidad que su nueva condición otorgaba, y la afilada estaca trazó un recorrido dirigido directamente al corazón de la vampira más vieja. Pero, de repente, Michelle ya no estaba allí. Sintió una mano que la cogía del brazo y se encontró rodando por el suelo.

Michelle miró fugazmente a Pip y asintió. El capitán mercenario sonrió y alzó la voz.

-¡Atacad, muchachos¡Demostradle lo que valen los Gansos Salvajes!

Todos a una, los mercenarios presentes (los que no estaban de guardia) se lanzaron a por la vampira. Y en pocos minutos, ella se libró de todos ellos, con preciso golpes que les dejaron jadeando en el suelo, sin el mayor daño.

-¿Cómo demonios lo ha hecho?

-Joder, qué vergüenza…

-¡Es increíble!

Alucard se cruzó de brazos, sonriendo. Amanda volvió a alzar la vista hacia él.

-¿Orgulloso, Conde?

El vampiro prefirió no responder. Ceres y los mercenarios se incorporaron entre quejas y maldiciones, mientras Michelle sonreía.

-Bueno, ya habéis visto que para trabajar en esto hay que ser muy bueno… Os felicito. Sois mejores de lo que esperaba.

Ceres refunfuñó por lo bajo, algo avergonzada del bochornoso espectáculo ante su Amo. La otra vampira le rodeó los hombros con el brazo.

-En especial tú, Ceres. Muy bien. Tienes velocidad, y también agilidad suficiente. Es un gran comienzo – le guiñó un ojo alegremente, y la neonata se sintió algo mejor.

Alucard bajó la vista hacia el capitán Bernardotte.

-Lady Integra y Walter han tenido que salir. Es probable que no regresen hasta bien entrada la tarde. Quedas responsable de la protección de la finca.

Pip se levantó apresuradamente, con Amanda en sus brazos, y el jovial joven sonrió.

-De acuerdo. ¡Muchachos!

Los mercenarios dejaron de rezongar y quejarse para mirar a su superior.

-¡Id a relevar a los que están montando guardia y cubrid el perímetro! Quedamos encargados del fuerte hasta que la jefa regrese. ¡Ar!

-¡Roger! – todos los curtidos soldados saludaron militarmente y después salieron corriendo en pos de sus obligaciones. Bernardotte les vio partir con evidente orgullo.

-Son buenos chicos.

-Cierto. – Michelle se rió, aún rodeando los hombros de Ceres con el brazo. Después, un destello malicioso cruzó por sus ojos – Oye, Pip… ¡te la cambio!

Con una risita empujó con suavidad a la sorprendida Ceres en dirección del capitán, que se rió y dejó a la niña en el suelo para sostener a la vampira que llegaba.

-Trato hecho. Mignonette, ¿te he dicho esta noche lo preciosos que son tus ojos?

Amanda no pudo evitar una carcajada ante el tono meloso que el mercenario había adoptado, y vio como se alejaban él y Ceres, que intentaza librarse de él, escandalizada. Después, la chiquilla tendió los brazos… a Alucard, con una sonrisa inocente.

-Conde, estoy cansada…

Alucard la miró por un momento y después negó con la cabeza. Era evidente que la niña era perspicaz a pesar de su corta edad. Pero de todos modos se inclinó para coger a la pequeña en brazos.

-No te acostumbres.

-Desde luego – Amanda le miró, muy seria. Michelle ocultó una sonrisa y se acercó.

-¿Qué tal la caza?

-Divertida. Pero hubiera preferido que tú también participaras. – el vampiro echó un vistazo al cielo – Va a amanecer dentro de un rato. Deberíamos ir a acostarnos… y a acostar a esta señorita.

Los dos empezaron a caminar hacia la casa, y una vez dentro de ella, empezaron a dirigirse a las escaleras.

-Michelle… ¿puedo dormir contigo? – la chiquilla la miró por encima del hombro de Alucard, con inocencia – No molestaré… por favor, dejadme dormir con vosotros…

Michelle abrió la boca para replicar, pero la pequeña se le adelantó.

-Me portaré bien, pero es que con vosotros estaré más segura… Bájame, Conde, por favor.

Obediente, el vampiro la dejó en el suelo, y desde allí la niña siguió mirando a Michelle, implorante. La vampira suspiró, mientras Alucard ponía cara de circunstancias.

-Bueno, podríamos acostarla en mi habitación… - sonrió con malicia, imaginándose a la niña en su ataúd. – Pero lo mejor es que duermas en el primer piso.

Los ojos grises de la pequeña se llenaron de lágrimas y bajó la cabeza, enfurruñada.

-No quiero dormir sola… he tenido pesadillas casi todas las noches esta semana…

Michelle la miró largamente y después hincó una rodilla en el suelo para apartar los oscuros tirabuzones de la pequeña carita, con un suspiro.

-Sube a buscar tu pijama.

-¿De verdad puedo? – Amanda la miró, emocionada y aún con lágrimas en los ojos. La vampira asintió.

-Solo por esta noche… mi cama es lo suficientemente grande como para albergar a media docena de personas. – ladeó la cabeza para mirar a Alucard, con algo parecido a una disculpa en sus ojos. Era obvio que meditaba las consecuencias de lo que iba a decir a continuación, pero, finalmente, dijo con toda sencillez – Tiene pesadillas horribles muchas noches. ¿Quieres ayudarme a mantener a raya a sus monstruos?

Alucard miró fijamente a la vampira a los ojos, muy serio, recordando algo… Finalmente, con solemnidad, asintió.

-Por supuesto. No permitiremos que se acerquen.

Michelle le miró en silencio y esbozó una leve sonrisa, agradeciendo el gesto. Después se giró hacia la llorosa chiquilla.

-Sube a coger el pijama… te esperamos aquí.

Amanda asintió y subió corriendo las escaleras sin esperar más, con una sonrisa a pesar de las lágrimas. La vampira se quedó observándola hasta que desapareció tras la esquina, y después volvió a mirar a Alucard. Él sostuvo su mirada, en silencio, con solemnidad… pero un pensamiento suyo se coló en la mente de Michelle.

Integra también tenía pesadillas…

Ella asintió, haciéndose cargo, y empezó a hablar.

-Lleva conmigo dos años. Un vampiro al que yo estaba persiguiendo entró en su casa y asesinó a sus padres. Yo llegué cuando estaba a punto de convertirla en vampiro… aunque ella cree que iba a matarla también, agradecería que no la sacaras de su error…

-¿Intentó convertir a una niña tan pequeña? – Alucard parecía levemente ofendido por la mera idea, y alzó la vista hacia el descansillo del primer piso – Menuda basura… ¿Lograste cazarlo?

Ella negó con la cabeza con violencia, y el vampiro volvió a mirarla, con algo de sorpresa. Los colmillos habían asomado bruscamente entre los rojos labios, y sus ojos habían cambiado de su tono azul claro normal a un violento rojo… Y tan rápido como lo vio, esos rasgos desaparecieron, y volvió a su rostro perfecto de ángel.

-No. No lo cacé. Lleva ocho siglos dándome esquinazo.

-¿Llevas ocho siglos intentando cazarlo¿Por qué ese ensañamiento?

Michelle le dedicó una larga mirada, con ojos de hielo.

-Porque es el hijo de puta que me convirtió en vampiro a mí.

Alucard se quedó mirándola, con oculta sorpresa. Debería haberlo supuesto. Tanta rabia contenida, tanta tristeza escondida tras esos ojos azules, y el dolor que a veces dejaba traslucir su voz tenían que tener un origen… Por alguna razón recordó a Ceres, en el momento en que consintió que él la transformara en vampiro, y sintió un acceso de rabia asesina por el estúpido despojo que no le había dado elección a Michelle.

Con delicadeza, alargó los brazos y la abrazó, atrayéndola hacia si, sintiendo como el cuerpo femenino estaba en tensión, y temblando levemente, quizás por algún amargo recuerdo…

No podía saberlo, porque la mente de Michelle ahora estaba cerrada para él.

Una de sus manos se posó en su nuca, bajo los rubios cabellos y apretó con suavidad.

-Le darás muerte, ya lo verás…

Michelle intentó permanecer estoica e indiferente, pero tras unos tensos segundos su coraza se rompió y se refugió entre los brazos del vampiro, ahogando un quedo susurro.

-Aún no lo sabes todo de mí…

Alucard sonrió mientras la estrechaba con firmeza contra su pecho, aún acariciando su nuca.

-Tampoco tú lo sabes todo de mí. Pero tenemos toda la eternidad para conocernos… m'eudail. – trató de pronunciar la palabra en gaélico sin sentirse idiota, y casi lo logró. Pero el sonrojo en las mejillas de Michelle cuando ella alzó la cabeza y le miró, sorprendida, fue recompensa suficiente.

En ese momento, Amanda bajó las escaleras a saltitos, llevando su pijama pulcramente doblado en la mano. Llegó junto a ellos justo cuando los dos vampiros se separaban.

-Ya estoy.

Michelle bajó la mirada hacia ella y sonrió.

-¿Y Rolo¿No lo traes?

Amanda la miró con seriedad, como si acabara de decir la mayor tontería del mundo.

-Rolo nunca tiene pesadillas y no tiene miedo de dormir solo.

La vampira alzó los ojos al techo, cómicamente.

-¿Por qué me siento como una idiota hablando contigo?

La pequeña sonrió angelicalmente mientras le tendía los brazos. Michelle acabó cediendo y la alzó, para después dirigirse los tres hacia los sótanos, sin hablar.

Cuando llegaron junto a la puerta de la habitación de la vampira, ésta dejó a la niña en el suelo.

-Anda, entra a cambiarte.

Amanda asintió, sin decir nada, y entró. Michelle cerró la puerta tras ella y se giró para apoyarse en la pared, mirando a Alucard. El vampiro le devolvió la mirada.

-Michelle.

Ella ladeó la cabeza hacia un lado, en muda pregunta, y él continuó.

-Cuando todo esto acabe, cuando derrotemos a Millenium… te prometo que buscaremos y atraparemos a tu Sire… los dos juntos. No podrá seguir escapando de ti.

La rubia vampira se quedó mirándolo, perpleja, y hasta después de unos segundos no pudo contestar, con voz ahogada.

-¿Harías eso por alguien a quien conoces desde hace una semana? – interiormente, Michelle pensaba ¿Harías eso por mí?

Sus mentes estaban ya tan profundamente unidas que cada uno era capaz de escuchar los pensamientos del otro.

Para sus adentros, Alucard pensó Por ti haría más que eso.

-Por alguna razón, siento que te conozco desde siempre. – avanzó un paso hacia ella, hasta arrinconarla contra la pared, y besó su frente – Además no me perdería esa cacería por nada del mundo… Algo que te ha sobrevivido tanto tiempo debe ser excepcional.

Ella sonrió, aún algo tímida por su revelación, dado que podía leer la mente del vampiro tan bien como él leía la de ella. Lentamente acercó su rostro al de Alucard y le besó, durante un rato que pareció eterno, y cuando finalmente volvieron a mirarse, susurró.

-Gracias. He estado tanto tiempo sola que es un agradable cambio encontrar a alguien como tú…

El vampiro sonrió, nostálgico.

-Es difícil encontrar a alguien afín con este modo de vida… te comprendo perfectamente. – dudó quizá unos segundos, pero finalmente, preguntó. - ¿Quieres contármelo?

Michelle bajó la mirada, pero no se separó de él. Tras un momento de duda, asintió, pero en vez de hablar, lo pensó.

-Yo tenía 19 años y estaba en un campamento cerca de Jerusalén, con mis hermanos Templarios. Hacía un par de meses que venían ocurriendo muertes extrañas, caballeros que aparecían muertos sin heridas aparentes, salvo dos pequeñas punciones en el cuello. Los rumores se extendieron por el campamento, los siervos creían que eran demonios, pero los caballeros creíamos más bien que era cosa de los sarracenos…

Aún así, a mí me extrañaba, ya que no parecía propio de los infieles. En aquel momento, no le di más importancia, bastante preocupada estaba ya con mis problemas para mantener la ficción.

Por el campamento rondaba un francés, otro caballero… aunque jamás supe exactamente a qué orden pertenecía, desde luego no era Templario. Creo que se hacía pasar por un Hospitalario, pero no podría asegurarlo. El caso es que durante más o menos dos semanas, estuvo persiguiéndome por todos lados, viendo mis entrenamientos, siguiéndonos cuando salíamos de misión… Intentaba por todos los medios estar siempre presente cuando yo luchaba. Estudiándome.

Yo le esquivaba todo lo que podía cuando trataba de hablarme, porque me producía mala sensación, hasta que, una noche, mi escudero entró en mi tienda para decirme que Philippe de Montrasse me había desafiado a un duelo. Yo me enfadé mucho, muchísimo, y salí con tanta prisa que olvidé ponerme el mono de cuero con relleno bajo la cota de malla y la túnica. El relleno servía para ocultar la forma de mi pecho y mis caderas, así como para ensanchar mis hombros. Se que Patrick salió corriendo detrás de mi, advirtiéndome, pero estaba tan furiosa que le ignoré.

En fin, llegué a la linde del bosquecillo donde se disputaban los duelos… y allí estaba él. Esperándome. Silbando esa maldita melodía estridente que me ponía los pelos de punta. Y sonriendo mientras retorcía la punta de su ridículo bigote.

No voy a extenderme en relatarte los insultos que intercambiamos, así que me limitaré a contar lo esencial para mi historia. Él se dio cuenta de que era una mujer. Luchamos. Durante mucho rato, y cada vez que yo lograba herirle, se reía con complacencia. Al poco, me di cuenta de que tan pronto yo le abría una herida, ésta se cerraba. Pero seguía tan enfadada que no le di mayor importancia.

Mi única prioridad en ese momento era matarlo.

Pero él venció. Me desarmó limpiamente, con un movimiento tan rápido que no fui capaz de verlo, y se rió de mí, diciendo que al fin había encontrado a alguien digno de ser su esclavo.

Tampoco me voy a extender en lo que fue mi Abrazo en sí. Yo estaba herida, e indefensa, y él se aprovechó. Me atravesó el corazón con su espada mientras bebía mi sangre, y después me forzó a beber la suya. El dolor era insoportable.

Muchas veces me han descrito lo placentero que resulta el Beso de Sangre, el acto en que un vampiro bebe la sangre de su víctima. También me han explicado lo placentero de un Abrazo consentido. Yo jamás he conocido esas cosas. Tampoco me he librado de ese dolor hasta el día de hoy. Y se que lo sentiré por siempre.

El caso es que no recuerdo nada a partir de que probé su sangre. Y cuando volví a abrir los ojos, se me llenaron de tierra. Aterrorizada, empecé a dar manotazos, pero apenas podía moverme. Poco a poco, y con una fuerza que no era en absoluto normal, pero que en ese momento no razoné, logré ir haciéndome hueco, apartando tierra y piedras, hasta que logré salir a la superficie.

El muy cabrón me había enterrado viva. Solo que yo ya no estaba viva. Cuando pude salir, jadeando y casi llorando de terror, y con las manos sangrando por haber estado cavando, me di cuenta de que ya no respiraba. Mi corazón tampoco latía. Y las lágrimas que estaba llorando eran de sangre.

Ese fue el momento que Amanda escogió para volver a abrir la puerta, y se encontró a los dos vampiros en silencio, mirándose a los ojos.

-Ya estoy.

Michelle parpadeó y la miró, y Alucard también bajó la mirada hacia la pequeña, aparentemente tranquilo, aún asimilando todo lo que Michelle le había contado hasta el momento.

La vampira se apartó de él con suavidad y rozó el cabello de la chiquilla.

-Id entrando. Yo voy un momento al baño. – sin esperar respuesta de ninguno de los dos se dirigió a la puerta del fondo del pasillo sin mirar atrás. Ninguno vio como su mano derecha subía hasta posarse sobre su pecho izquierdo, sobre su corazón, como si algo le doliera. La puerta se cerró tras ella en el mismo momento en que Alucard y Amanda entraron en la habitación.

El vampiro cerró la puerta y después se acercó a la mesa mientras se quitaba los guantes para dejarlos allí. Después fueron las gafas y el sombrero, y colgó su abrigo del perchero junto a la gabardina de cuero de Michelle.

Amanda se subió a la cama. Estaba realmente adorable vestida con un pijama azul celeste con pequeños dibujos de osos de peluche. Muy seria, se quedó mirando al vampiro en silencio, hasta que él se sentó a su lado.

-Tengo curiosidad… Amanda¿cómo es vivir con Michelle?

La chiquilla se quedó pensativa un momento y después sonrió, mirando al vampiro.

-Es difícil a veces. Tiene un mal genio terrible… Además, tiene dos caras, tan diferentes entre si como una moneda. Por un lado, es encantadora, muy cariñosa, protectora, fiable, dulce… me cuida como si fuera mi madre o mi hermana mayor, es muy divertida y muy ingeniosa, y sabe una cantidad de cosas increíble. Aristos me dijo que en ochocientos años y pico se ha dedicado sobre todo a estudiar y a entrenar. Pero…

Alucard la miró en silencio, esperando, y Amanda continuó, con un suspiro.

-Pero a veces, cuando cree que estoy dormida, o cuando piensa que nadie la ve… sus ojos se vuelven más tristes, y a veces la he escuchado llorar a solas, o simplemente se queda callada mirando el vacío, recordando cosas, supongo… Pero jamás se queja de nada, nunca la he oído quejarse por nada, y los demás me han dicho que siempre es ella la que anima a todo el mundo aunque sea con amenazas, y nunca, jamás se rinde.

El vampiro sonrió de medio lado, pero aún no dijo nada. La chiquilla siguió mirándolo con inocencia.

-¿Por qué lo preguntas?

-Por nada… - él se giró, quedando de espaldas a la pequeña – Curiosidad, supongo…

Amanda se arrodilló detrás de él y alargó las manos sin miedo para acariciar el cabello negro del vampiro. Sin una palabra, los mechones crecieron de repente hasta crear una verdadera melena que la niña empezó a desenredar, encantada.

-Es un buen truco… Alucard… ¿puedo preguntarte algo?

-Puedes preguntar lo que desees. Otra cuestión es si yo respondo o no.

-¿Estás enamorado de tu jefa?

La pregunta fue tan inesperada que el vampiro incluso se giró para mirar a la pequeña, con genuina sorpresa.

-¿Cómo has dicho?

-Lo leí en la mente de Michelle… puedo leer la mente de la gente, pero normalmente no lo hago, por educación – Amanda siguió acariciando el largo cabello de Alucard, sin inmutarse por su sorpresa – Y leí en su mente que cree que estás enamorado de tu jefa, la tal Lady Integra… y no lo admitirá aunque la maten, pero siente celos.

Alucard sintió para sus adentros una salvaje alegría al enterarse de que Michelle estaba celosa, y no pudo evitar una sonrisa que dejó al descubierto sus colmillos. Para ocultarlo, volvió a darle la espalda a la pequeña.

-Mi relación con Integra es bastante complicada… pero no es amor. Walter y yo hemos cuidado de ella desde que tenía trece años hasta ahora, y por ello la aprecio. También ha demostrado ser una líder respetable y una auténtica guerrera, y se ha ganado mi respeto. Pero no la amo… al menos no en el sentido en el que estás pensando.

Amanda sonrió, contenta. Intuía la alegría del vampiro, y se sentía feliz por Michelle. Su protectora llevaba tanto tiempo en soledad…

-Pues espero que se lo digas cuando salga el tema, antes de que decida irse… Tiene un código de honor muy arraigado, y si se convence de que hay algo entre vosotros dos puede desaparecer para no interponerse – la chiquilla suspiró, resignada – A veces es un engorro, parece anclada en la Edad Media en algunas ocasiones…

El vampiro no pudo evitar una carcajada por el tono de resignación de la pequeña, como si la adulta fuera ella y no la ausente vampira. Sin rendirse, Amanda volvió a preguntar.

-¿Y tú qué sientes por ella?

Alucard se inclinó hacia atrás por sorpresa, sentado en el borde de la cama, hasta tumbarse, mirándola con una maliciosa sonrisa.

-Eso, señorita, tendrás que averiguarlo por tu cuenta… si es que puedes.

Amanda soltó una carcajada y cerró los ojos mientras se concentraba, intentando unir su mente a la del vampiro. Pero se encontró con unas defensas muy fuertes, demasiado fuertes para ella, y aún teniendo los ojos cerrados, supo que el vampiro estaba conteniendo la risa.

Los abrió y le dio un manotazo en el hombro, en absoluto enfadada, mientras se reía.

-¡Eso no vale!

En ese momento se escuchó en el pasillo una puerta cerrarse, y unos pasos, mientras una dulce voz cantaba en voz baja. Amanda se calló y miró hacia la puerta cerrada de la habitación, mientras Alucard también miraba hacia allí.

Who wants to live forever…?

Who wants to live forever…?

Forever is our today…

Who waits forever anyway?

El dolor que transmitía esa voz era indescriptible. Alucard sintió de nuevo ese acceso desacostumbrado de ternura, y deseó levantarse, abrir la puerta y estrechar a Michelle entre sus brazos hasta hacer que olvidara su pena. Pero se quedó donde estaba, mirando en silencio la puerta, a la espera de que se abriera.

Michelle abrió la puerta y la cerró después de entrar en la habitación, ahora en silencio. Al verles expectantes, sonrió con suavidad y se acercó hasta la mesa donde reposaban el sombrero, las pistolas y las gafas de Alucard para dejar sus armas sobre ella también.

-¿De qué hablabais?

El vampiro se incorporó, sonriendo, e hizo un vago gesto con la mano, quitándole importancia.

-Oh, nada… Amanda me contaba que echa de menos a su novio.

La aludida agarró la almohada y la emprendió a golpes con Alucard.

-¡Mentiroso¡Yo no he dicho nada de eso!

Michelle sonrió, aunque parecía distraída. El vampiro mientras tanto intentaba encajar los golpes de almohada con dignidad, pero no lo consiguió y acabó riendo. Para sus adentros cada vez estaba más y más sorprendido. Si Walter, Ceres, o incluso Lady Integra lo vieran en ese estado, peleándose con una almohada con una niña de ocho años, le perderían el respeto definitivamente.

Finalmente, Michelle pareció despertar y se sentó en la cama junto a Alucard para quitarse las botas.

-Eres demasiado joven para andar con novios, niña…

Amanda dejó la almohada en su sitio y se metió bajo las sábanas, en el lado más cercano a la pared, como decidida a dejarles algo de intimidad a los vampiros.

-Buenas noches.

-Buenas noches, tesoro – Michelle se inclinó y besó la mejilla de la chiquilla con suavidad – Dulces sueños.

Al retirarse, con el mismo movimiento apoyó su cabeza en el hombro del vampiro durante un momento.

Alucard no dijo nada, y también empezó a quitarse las botas. Tan solo le dirigió una media sonrisa, y su mano rozó la espalda de la rubia vampira sentada a su lado, en una fugaz caricia.

Ella sonrió sin mirarle, y echó un vistazo por encima de su hombro. Amanda ya estaba profundamente dormida.

-Ya está en trance… eso es bueno. Podrá descansar sin pesadillas hasta mañana por la noche.

-¿En qué consisten sus pesadillas¿Tienen que ver con la muerte de sus padres?

Ella asintió y se puso en pie para quitarse la camiseta, y después los pantalones. En ropa interior se acercó al armario para coger un camisón negro corto. El vampiro estuvo a punto de preguntar, pero finalmente desistió, con una sonrisa recordó que para dormir, últimamente ninguno de los dos utilizaba ropa. Obviamente, en esa ocasión no podía ser así. De todos modos también se levantó y empezó a desabotonarse la chaqueta, mirándola.

Michelle seguía pensativa, ausente mientras ordenaba la habitación. Alucard se decidió y se acercó a ella tras dejar la chaqueta y la camisa sobre la mesa, quedando con los pantalones.

-¿Por qué fuiste al baño¿A quitarte el maquillaje?

-Si… pero también necesitaba estar sola un momento. – desde tan cerca, el vampiro vio que esos ojos azules estaban levemente enrojecidos, a pesar de su sonrisa.

Sin pensarlo, alargó el brazo y le rodeó la cintura con él, acercándola hacia si. Ella se dejó llevar sin oponer resistencia, casi deseosa, y él tomó su barbilla con la mano libre, acariciando su rostro con suavidad mientras la miraba a los ojos.

No hablaron ni una palabra mientras se miraban, pero sus ojos lo decían todo. La inmensa afinidad que hay entre los dos… la soledad y el vacío que ambos comparten… la innegable atracción que existe entre ellos…

Después de un minuto que pareció un siglo, Alucard se inclinó levemente y la besó con suavidad en los labios, notando con sorpresa que ella estaba temblando. Cuando el beso acabó, Michelle se refugió entre los brazos de Alucard, ocultando su cara contra su pecho.

-Es que la pobre si no, no puede dormir bien, sin ese trance… - tímidamente regresó a la conversación anterior, y suspiró agradecida cuando Alucard la meció suavemente entre sus brazos.

-Tendríamos que aprender nosotros esa técnica… ¿no crees? Para poder descansar sin gritos…

Michelle alzó la cabeza para mirarle.

-¿Tú también…?

Él asintió, serio.

-Creo que todos nosotros. Solo que algunos sienten más remordimiento que otros.

Michelle suspiró y volvió a apoyar su cabeza en el pecho del vampiro.

-Yo… lo intenté, pero… creo que me merezco mis pesadillas…

-Lo dudo mucho… - Alucard susurró suavemente mientras la guiaba de vuelta a la cama, se sentó, e hizo sentar a la vampira sobre sus rodillas – Las mías son pesadillas merecidas, al in y al cabo, soy un monstruo… Pero me parece imposible que tú tengas pecados que debas pagar de esa manera.

-¿Por qué te parece imposible?

-Es una impresión que tengo. No creo que hayas matado por capricho como hice yo – pensativamente volvió a rodearla con sus brazos – No creo que nunca haya habido maldad en tus actos.

Ella negó con la cabeza.

-No… pero… eso no alivia mi remordimiento. Cuando aún estaba viva, me ordenaron liderar la masacre de todo un pueblo de infieles… pero allí solo había niños, mujeres y ancianos…

Alucard acarició su mejilla con suavidad.

-Por obediencia…

-… Y mi primera víctima, de la que me alimenté, fue un niño indefenso… mi propio escudero… - la vampira reprimió un sollozo. Él pudo escuchar, tan bien como si lo hubiera pensado él mismo, un nombre, pensado con un dolor y una culpa indecibles. Patrick…

-Por hambre… Michelle, yo ordené empalar a dos monjes solo porque no me gustaron sus respuestas. Y eso es un ejemplo, nada más… Cualquier libro de historia medianamente decente te dirá la clase de monstruo sanguinario que fui. Y que soy.

Ella negó con la cabeza y sonrió, tomando la cara del vampiro con ambas manos. No le hizo falta decir nada, su pensamiento lo dijo todo. No lo eres…

Pero Alucard siguió. Una vez que había empezado, se dio cuenta de que no podía parar, necesitaba que ella lo supiera, que ella supiera la clase de ser que él era, y necesitaba saber también lo que ella pensaría y sentiría después.

-Son muchos pecados añadidos a mi cuenta, Michelle… Y tras la muerte no mejoré precisamente. Ya ni recuerdo la cantidad de personas que maté o que ordené matar… Y lo que más me asusta…

Se calló, sorprendido. Era cierto. Estaba ADMITIENDO que sentía miedo de si mismo en ocasiones. La sonrisa de Michelle le animó a seguir… supo de repente que ella no le juzgaría.

-Lo que más me asusta es que si tuviera que volver a hacerlo, se que lo haría sin sentir el menor reparo…

Ella acarició su mejilla con ternura.

-Todos llevamos dentro de nosotros un monstruo, m'eudail… Lo que importa es que nos demos cuenta de ello y lo detengamos, tarde o temprano…

Alucard asintió sin decir nada, y por un momento se quedó quieto. Después, casi con brusquedad, la tomó en brazos y la sentó a su lado, apartándose un poco de ella. Michelle se sintió rechazada, por un momento, y un espasmo de dolor sacudió su corazón muerto, haciendo crecer el dolor que siempre anidaba en él, pero se las arregló para disimularlo.

-¿Siempre eres tan comedido con lo que sientes? Quizá deba ser así…

-¿Comedido? – el vampiro la miró, y no pudo evitar una sonrisa mientras negaba con la cabeza – No te aconsejo ser así, mi dama. A veces es duro no compartir lo que sientes con el resto de la gente… No, nunca seas así. Se perdería mucho.

Sin poder contenerse, se inclinó hacia ella y la besó con fuerza y largamente. Cuando pudo hablar, Michelle suspiró.

-¿No puedes hacer una excepción conmigo? Me duele que seas así…

-Lo intentaré. Pero creo que mi coraza ya está bastante agujereada desde que te conozco – con galantería tomó una de sus manos y besó los delicados dedos, escuchándola reír.

-Y… ¿qué se perdería, según tú?

El vampiro sonrió con malicia, y tiró de su mano, haciendo que ella cayera entre sus brazos de nuevo.

-Pues… un temperamento increíble – la besó en la mejilla – una conversación divertida – volvió a besarla, pero en el punto en que su mandíbula se unía a su cuello – una compañera amena e interesante… - dejó sus labios apoyados en su cuello.

Michelle suspiró al sentir sus labios ardiendo contra su piel, y le abrazó.

-¿Y qué más?

-Oh, hay más… te lo diría todo, pero nos llevaría todo el día, y… - el vampiro echó un vistazo a la dormida Amanda, sonriendo – y no queremos pervertir a una criatura¿verdad?

Ella se rió y se zafó de sus brazos.

-No, tienes razón… ¡pero mañana me lo dirás!

-Como ordenes – Alucard rió con ella y esperó a que se metiera bajo las sábanas para seguirla, dejando a la vampira entre él y la pequeña. Notó con indescriptible contento como ella se acurrucaba entre sus brazos, como una niña confiada, y la abrazó con ternura mientras la volvía a besar.

Afuera, el sol ya estaba saliendo, y al poco rato, el sopor invadió a los dos vampiros.