Duermes. Dormís las dos, la adulta niña y la niña adulta.

Las dos habéis sufrido, aunque tu vida ha sido mucho más larga, y la suya más corta. Quizá eso es lo que os ha unido. Pero dejemos que Amanda duerma en paz.

Michelle…

Siento tu cuerpo entre mis brazos, siento tu cabello contra mi mejilla, siento el roce de tu piel blanca y suave contra la mía, y me inquieta pensar lo bien que me siento teniéndote cerca.

Pero, ¿qué esperabas, Conde? Has estado solo desde hace demasiado tiempo, una eternidad sumido en las tinieblas, y ella es pura luz.

Maldigo al perro que te hizo tanto daño, y juro que lo mataré si tengo ocasión, pero a pesar de todo, a regañadientes debo admitir que ha creado una vela en la oscuridad, un ángel que trae paz a mi alma atormentada…

Mi vida era un túnel sin tu luz, Michelle.

Y no podría soportar perderte ahora que te he encontrado.

Me he encaprichado de muchas mujeres a lo largo de mis siglos, aunque solo a dos llegué a amarlas de verdad. Sin embargo, lo que empiezo a sentir por ti es algo distinto, más puro, más fuerte, más intenso, e inamovible como una montaña.

No es tu belleza.

No es tu hermoso cuerpo que tanto deseo, que me hace enloquecer de pasión y hace que anhele poseerte a cada minuto.

No es la forma en que te mueves, tu forma de caminar que tanto me excita.

No son tus pequeños gestos, esos que haces inconscientemente, como peinarte con los dedos apartando una y otra vez ese mechón rebelde que cae sobre tu ojo derecho, o cuando te miras las uñas con los puños cerrados, como un hombre, o cuando acaricias tu cuello con los dedos, pensativa. Esos gestos me vuelven loco por ti.

No, no es algo físico, aunque eres con diferencia la mujer más bella que he visto jamás.

Eres tú.

Tu dulzura, tu pasión, tu sarcasmo, tu forma de ser, siempre con una palabra amable a punto para todos, para levantar el ánimo, una broma, un chiste… Tu eficiencia a la hora de luchar, tu completa falta de piedad para con tus enemigos, y tu extrema misericordia para con el resto.

Siento que me traes esperanza, renuevas mis fuerzas, siento que me devuelves la vida.

Cada vez que me besas, siento que mi corazón late de nuevo, desbocado.

Cada vez que rozo tu piel siento que vuelvo a respirar, porque se me corta el aliento.

Por ti, siento que aún estoy vivo, Michelle.

No se cuanto tiempo me queda aún por delante, amada mía, pero lo que sí se es que, sea el tiempo que sea, quiero pasarlo a tu lado. Para siempre.

Dios mío, eres tan bella que duele mirarte.

Quiero que ya anochezca.

Quiero ver tus ojos azules como el cielo abrirse y mirarme.

Quiero verte sonreír, con esa sonrisa dulce y cálida que me regalas.

Quiero sentir tu abrazo, tu cuerpo, tu calor, tu piel…

Necesito el consuelo que me dan tus besos.

Mi compañera, mi igual, mi amada, mi luz en las tinieblas.

Mi dulce Templario, mi dama de pálida piel, mi ángel de la noche.

Mi Condesa.

Amor mío.