Atención, atención...
Como siempre, hay más información y respuestas a vuestras preguntas en los reviews xD Advierto, que al final del capítulo hay sexo, por llamarlo de alguna manera. No es muy explícito, pero tiene una razón de ser... el sexo salvaje vendrá en posteriores capítulos xD Avisados quedais, si sois sensibles a estas cosas, no acabéis el capítulo, declino responsabilidades.
Amanda abrió los ojos, y no pudo evitar sonreír. Finalmente, había conseguido dormir bien, e intuía que algo tenía que ver la compañía. Con un poco de esfuerzo se incorporó sobre un codo.
Estaba abrazada a la cintura de Michelle, y hasta ahora había tenido su cabeza apoyada en el hombro de la vampira. Un brazo suyo le rodeaba los pequeños hombros, y con el movimiento de la chiquilla, resbaló suavemente, inerte, hasta quedar inmóvil sobre las sábanas.
A su vez, Michelle yacía en brazos de Alucard, que estaba acostado de lado acogiéndola contra su pecho. Uno de sus brazos pasaba por debajo de la nuca de Michelle, atrayéndola hacia si y rozando su mejilla, y el otro estaba apoyado sobre su cintura, pero rodeando también la cintura de Amanda.
Michelle cuidará de ti… y yo cuidaré de las dos.
Amanda sonrió al recordar las palabras del vampiro. Con la sonrisa aún en los labios contempló dormir a esas criaturas sobrenaturales, casi mágicas, que en el sueño parecían tan vulnerables e inocentes como niños, y tan frágiles e inexpresivos como muñecos de porcelana.
Echó un vistazo al reloj que yacía sobre la mesita de noche, y comprobó que estaba a punto de anochecer.
Dicho y hecho, Alucard empezó a moverse, desperezándose pero sin soltar a Michelle, mientras sus movimientos perdían progresivamente rigidez a medida que su cuerpo muerto abandonaba el Letargo.
La pequeña volvió a sonreír cuando vio que el vampiro, aún adormilado, besaba suavemente la mejilla de Michelle y después la acariciaba con los dedos. Su sonrisa se hizo más amplia cuando los ojos rojos de Alucard se fijaron en ella.
-Buenas noches, Conde.
-¿Siempre eres tan perspicaz¿Cómo lo supiste?
-Es fácil con darle la vuelta a las letras de tu nombre…
-¿Michelle lo sabe también?
-Por supuesto. No creerás que es idiota.
-No se me ocurriría pensar algo así. – él sonrió, aún adormilado, y se incorporó a medias. Amanda se sentó también, mientras Michelle seguía dormía. Ninguno de los dos se dio cuenta de que sus puños se cerraban y apretaban con fuerza la sábana.
-No parece tan mala cuando duerme¿verdad?
Alucard se levantó y cogió la camisa para ponérsela.
-No, nadie parece malo cuando duerme… Amanda, prepárate, que tenemos que ir a hablar con Lady Integra cuanto antes.
De los párpados cerrados de Michelle empezó a brotar sangre.
Amanda pasó por encima de ella, sin mirarla, emocionada con la idea de la previsible bronca que les iba a caer de la líder de Hellsing.
-Espero que no se enfade mucho… si le explico que es culpa mía, quizá…
Jamás terminó la frase. Sus palabras quedaron interrumpidas por un tremendo alarido, y Michelle se incorporó de un salto en la cama hasta quedar sentada, con los ojos fijos en la pared de enfrente y lágrimas sangrientas recorriendo sus mejillas, con expresión de puro terror. No parecía ver nada, sino que parecía seguir dormida, o atrapada en una pesadilla.
Amanda del susto prácticamente se cayó de la cama, y desde allí la miró horrorizada. Michelle volvió a gritar algo en gaélico, y se cubrió el rostro con las manos, temblando.
Alucard miró a la vampira con ojos desorbitados, antes de reaccionar y abrazarla con fuerza contra si, sosteniéndola con delicadeza para evitar movimientos bruscos, hablando con suavidad.
-Calma… Michelle, calma, tranquila¿qué te ocurre?
Ella no contestó, sino que forcejeó con él, cada vez más débilmente hasta quedarse quieta en sus brazos, muy quieta, hablando a borbotones en otro idioma desconocido para él. Alucard solo pudo entender un nombre, Patrick, y un destello de reconocimiento le iluminó. Patrick… ¿su escudero?
De improviso, ella susurró, en latín, algo que él tradujo inmediatamente como Perdóname…
Alucard la apretó más firmemente, sin importar que su camisa estuviera quedando manchada de sangre, acariciándole el cabello con suavidad, intentando calmarla, mientras le seguía hablando.
-Despierta, Michelle… es una pesadilla…
Amanda reaccionó por fin y se levantó del suelo, subiéndose a la cama de nuevo.
-Otra vez…
-¿Le pasa a menudo?
La chiquilla asintió, entristecida.
-Continuamente. A menudo la escucho gritar durante el día, y es cuando despierta y tiene miedo de volver a dormirse, para no tener esas pesadillas otra vez… Aunque nunca me ha dicho qué es lo que ve, y no entiendo lo que dice cuando está así…
Alucard se quedó en silencio, sin saber qué decir. Su mente estaba en estrecho contacto con la de Michelle, y podía sentir un dolor inmenso, vergüenza, asco, terror… un sinnúmero de emociones entremezcladas que le mareaban, pero aún así, siguió acariciándola, a la espera de que se calmara.
Amanda se acercó más y acarició el brazo de la vampira, susurrando.
-Michelle, despierta, por favor.
Poco a poco, los ojos azules enfocaron la mirada y Michelle apartó sus manos de su boca, mirando fijamente la pared. Seguía sin parecer muy consciente de donde estaba, de lo que decía… o incluso del año que era. Se miró las manos y susurró, quedamente.
-Soy un monstruo, soy un monstruo, soy un monstruo…
El vampiro la cortó antes de que siguiera, con firmeza.
-No eres un monstruo, vuelve en ti de una vez, vamos…
Amanda le miró, sorprendida por el autocontrol que se percibía en la voz de Alucard, y la firmeza de su mano al acariciar los rubios cabellos. Sin embargo, cuando él la miró, vio inquietud en sus ojos rojos. Ella misma se sentía muy asustada, aunque no era la primera vez que veía a Michelle así.
Michelle bajó la mirada y suspiró, aún mirándose las manos, con una expresión tan dolida que partía el corazón.
-Lo siento…
Alucard la abrazó con más fuerza aún, aliviado. Amanda decidió que ese momento era tan bueno como cualquier otro para bajarse de la cama, coger su ropa, e irse al baño del fondo del pasillo a vestirse. Cuando la puerta se cerró tras la niña, Alucard susurró en el oído de Michelle.
-Vaya susto me has dado… - acarició con suavidad su mejilla, pensando para sí lo irónico de la situación. Él, preocupándose por el dolor de otra Condenada. Para partirse de risa.
Michelle no respondió, pero se abrazó a él con fuerza, como buscando su consuelo. Él se animó a decir, con el momentáneo pensamiento de que siempre le estaba inquiriendo algo.
-Quizá quieras contármelo…
Ella suspiró. Por un momento, Alucard creyó que no iba a responder, pero finalmente ella empezó a hablar.
-Sueño una y otra vez con mi primera víctima. Yo le… le maté cuando logré salir de la tierra en la que me había enterrado mi Sire…
Alucard entendió, y preguntó con suavidad.
-¿Patrick?
Ella asintió, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Sólo era un niño… estaba inquieto por mí, debido a mi desaparición, los templarios cambiaron de lugar el campamento, pero él se quedó, y estuvo todo el día buscándome…
-¿Y cuando te encontró…? – él la animó a seguir, intuía que Michelle tenía que decirlo, desahogarse.
Ella parecía estar a punto de llorar.
-Yo estaba poseída… estaba enloquecida de miedo y de hambre, estaba aterrorizada, no entendía nada… Y tenía TANTA Sed… que cuando él me vio y corrió hacia mí, le ataqué… - las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, tiñéndolas de rojo – una parte de mí sabía lo que estaba haciendo, y gritaba horrorizada, pero otra parte de mí estaba asquerosamente encantada con ello… Le abrí la garganta, bebí de él y le desangré por completo… Y él sólo me preguntó que por qué, antes de morir…
Alucard la abrazó más fuerte cuando ella rompió a llorar, conmovido a su pesar. Muy pocas veces, por no decir nunca, había conocido a nadie, humano o vampiro, que lamentara tanto haber matado, y que le hiciera prácticamente morir cada día por los remordimientos.
-Tú no tuviste la culpa, Michelle… Cuando nos convertimos en vampiros, es nuestra Bestia interior la que nos controla en nuestros primeros momentos… No eras tú, no fuiste tú quién le mató… No fue tu culpa.
Ella sollozó quedamente. Su máscara de firmeza, auto confianza, ese muro que la hacía parecer invencible, se había caído a pedazos, y ahora se mostraba como una joven vulnerable, frágil, necesitada de cariño. Alucard se encontró deseando ser él el que le brindara ese cariño, y la abrazó con delicadeza, acunándola suavemente entre sus brazos, contra su pecho.
-Michelle, es un hecho del pasado… No tiene sentido que ocho siglos y pico después sigas auto castigándote por ello, no tenías ninguna opción de haberlo evitado, no eras tú misma… Donde quiera que Patrick esté, estoy convencido de que te habrá perdonado hace mucho, porque lo sabrá. Deja de torturarte, por favor…
Ella se quedó quieta entre sus brazos, y lentamente asintió. Cuando alzó la cara, sus ojos tenían algo más de vida, e intentó sonreír.
-Gracias, Alucard… Perdona el numerito… desde luego, conocer a alguien, y que monte este circo…
Él sonrió algo burlonamente.
-Tendrías que haber visto el escándalo que montó Ceres en su segunda noche aquí, y por razones más nimias… además… - su voz descendió una octava, hasta convertirse en un susurro, mientras la miraba a los ojos – puedes acudir a mi siempre que quieras, Michelle. Me sentiré honrado de que confíes en mí.
Ella se sonrojó levemente, y se limpió la sangre de las mejillas.
-Lo mismo digo…
Alucard apoyó su frente en la de ella, y se inclinó un poco para besarla en los labios. Michelle le devolvió el beso con dulzura, y después suspiró.
-Mejor nos vamos… cuanto antes veamos a Integra, mejor…
-Vamos pues, mi bella dama.
Los dos ya estaban vestidos cuando Amanda regresó, tras haberles dejado un tiempo prudencial. Su alivio fue evidente cuando vio que Michelle sonreía como si nada hubiera pasado.
-¿Lista, renacuajo?
-No lo voy a estar más de lo que ya lo estoy, así que vamos.
Walter debía haber avisado a Lady Integra, porque la líder de Hellsing no demostró mayor sorpresa que el enarcamiento de una ceja al verles aparecer. Les dedicó una mirada más bien severa al ver a la niña.
-¿Qué¿Otra inquilina?
Michelle se llevó la mano a la nuca, buscando como empezar, con cara de circunstancias, pero Amanda se adelantó. Con paso firme se acercó a la mesa de despacho y miró directamente a Sir Hellsing.
-Buenas noches, Lady Integra. Mi nombre es Amanda Mulligan. Lamento las molestias que he causado y que pueda causar en un futuro, pero mi supervivencia depende de que esté cerca de Michelle. Y como seguro comprenderá, estar en peligro no es algo que me agrade demasiado, señora.
Integra enarcó aún más las cejas, sorprendida, y estudió a la chiquilla con renovado interés.
-Personalmente estar cerca de un vampiro no me parece lo más adecuado para sobrevivir, precisamente… ¿No tiene ninguna otra persona que cuide de usted, señorita?
Amanda siguió sosteniendo su mirada, muy digna.
-Agradecería que no ofendiera a mi protectora, señora Hellsing. Mis padres fueron asesinados por un vampiro, el cual estuvo a punto de matarme a mí también, pero Michelle me salvó. Dado que mis padres eran huérfanos, no tengo más familia en el mundo. Durante dos años me ha cuidado, y me ha protegido como si fuera mi madre o mi hermana mayor, así que, por favor, no la trate muy mal por mi culpa…
Integra se echó hacia atrás en su sillón. Su expresión era dura, casi pétrea, pero en sus ojos parecía aletear la sombra de una sonrisa, casi nostálgica. Walter, tras ella, sonreía abiertamente, recordando a otra niña pequeña poniendo en jaque a toda una mesa de caballeros de la Reina con sus discursos educados y contundentes.
Finalmente, la líder de Hellsing miró a Michelle a los ojos, y tras unos segundos estudiando a la vampira con renovado respeto, preguntó.
-¿Se compromete entonces a garantizar la seguridad de la señorita, y responsabilizarse de su comportamiento?
Michelle sonrió cálidamente.
-Sí, señora.
-Bien. Ahora, todos fuera. Quiero hablar con Michelle a solas.
Walter se acercó a Amanda.
-Ven, voy a presentarte a Ceres, y a los mercenarios…
Los dos siguieron a Alucard, que ya se dirigía a la puerta. Una vez que abandonaron el despacho, Lady Integra abrió la caja de puros, tuteándola por primera vez.
-Sírvete. Y siéntate.
Michelle obedeció ambas órdenes, y las dos encendieron sendos puros. Integra miró fijamente a su interlocutora.
-¿Y bien?
Michelle enarcó una ceja mientras hacía un anillo con el humo.
-¿Y bien qué?
-¿Es cierto lo que ha contado la chiquilla?
-En su mayor parte, sí. El vampiro que la atacó no iba a matarla. Iba a convertirla en vampiro, para obligarla a luchar conmigo.
Lady Hellsing se cruzó de brazos, interesada.
-¿Y eso por qué¿Cómo puedes estar tan segura?
-Porque le conozco bien. Sabe que yo jamás mataré a un niño si no es estrictamente necesario, y a lo mejor, ni siquiera si lo es.
Integra la estudió atentamente, digiriendo lo que acababa de decirle, antes de hacer la siguiente pregunta. A su pesar, y a regañadientes, su respeto por Michelle estaba creciendo varios enteros.
-¿De qué le conoces?
Michelle apartó la mirada y exhaló el humo lentamente por la nariz antes de contestar.
-Él fue el que me hizo vampiro a mí.
-Entonces¿es tu Amo?
Sin poder evitarlo, Integra se echó hacia atrás con algo de alarma. Los ojos de Michelle se encendieron en un furioso tono violeta, casi llameante, fijos en ella. Tan rápido como lo vio, pasó, y sus ojos volvieron a la normalidad. Su voz sonó tranquila, como siempre, pero el puro estaba fuertemente apretado entre los dientes.
-No es mi Amo. Él me convirtió en vampiro, pero jamás le llamé Amo, y jamás lo haré. Una cosa es que Ceres consintiera en convertirse en vampiro, y que Alucard sea su Maestro, por lo que ella le llame Amo, o Sire. Yo NO consentí, y me hizo vampiro por la fuerza, y el único título que yo le puedo dar es el de hijo de puta.
-Entiendo. – Integra se sorprendió al sentir una corriente de simpatía hacia ella. Otra que había acabado siendo algo que no deseaba ser – Entonces, debo suponer, que aunque no desearas ser vampiro, te dedicas a cazarlos por venganza. ¿No es así?
-En parte – Michelle sonrió dulcemente, aunque su sonrisa resultó tan peligrosa como la de una pantera. – Si le soy sincera, señora… antes, solo buscaba a alguien lo suficientemente fuerte como para ser capaz de acabar conmigo.
-¿Y ahora?
-Ahora, mis prioridades han cambiado.
Las dos se miraron fijamente a los ojos durante un largo minuto en silencio. Finalmente, Integra asintió y sonrió secamente, aunque con algo de simpatía.
-Eso es todo, Michelle. Puedes retirarte.
La vampira se levantó elegantemente del sillón, y se inclinó levemente ante la mesa.
-Buenas noches, Lady Integra.
-Buenas noches, Michelle.
Hacía ya rato que llovía. Alucard estaba apoyado en la pared, cerca de uno de los enormes ventanales de la biblioteca del segundo piso, junto a Walter. Los dos juntos, en silencio, observaban el agua caer del cielo negro y lleno de nubes.
-Alucard¿puedo preguntarte algo?
-Adelante, Sanguinario.
-¿Quién sangró ayer en el cuarto de baño del sótano?
El vampiro dejó de apoyarse en la pared, y miró con sorpresa mal disimulada al mayordomo.
-¿Cómo?
-Cuando fui esta mañana a comprobar que todo estuviera en orden, había restos de sangre en el desagüe del lavabo.
-Yo no entré en el baño, ni tampoco… un momento. – Alucard se quitó las gafas de cristales rojos, turbado. – Michelle sí entró antes de acostarnos, al alba. ¿Estás seguro de que era sangre?
-Alucard, creo que tengo experiencia en saber qué es sangre y qué no lo es. Era evidente que lo habían limpiado, pero quedaba lo suficiente.
-Pues no lo entiendo… ella no tenía ninguna herida ni…
Alucard se calló cuando el recuerdo de los ojos hinchados y enrojecidos de Michelle acudió a su memoria. ¿Habría estado llorando? Pero no parecía triste cuando regresó, sino…dolorida.
-Cuando averigüe lo que pasó, te lo diré, viejo amigo.
-De acuerdo – Walter volvió a mirar por la ventana – Demonios, como llueve… me dan hasta pena los muchachos de Bernardotte. Montar guardia con este clima es infame…
-No creo que vayan a encoger…
Los dos rieron entre dientes. Por extraño que pareciera, eran buenos amigos desde hacía más de 50 años, y ni la diferencia de edad ni de condición les había importado a la hora de buscarse mutuamente para confesarse, o simplemente desahogarse.
-Por cierto, Alucard… ¿dónde está Michelle?
El vampiro miró de reojo al aparentemente inocente shinigami.
-Ser un viejo cotilla no te queda bien, Walter. No es muy inglés.
-Oh, pero no puedo evitarlo. Es una jovencita preciosa, y encantadora. Y a ti se te ve enamorado como un cachorrillo.
Walter se echó a reír por la mirada ofendida del vampiro, que miró a su alrededor para comprobar que nadie les hubiera escuchado.
-Si no fuera porque lo has dicho tú, viejo, ahora mismo estarías en el suelo sin cabeza. ¡Haz el favor de no hablar tan alto!
-Ya, claro. Tienes una reputación que mantener. Tienes que seguir siendo el mismo bastardo sin escrúpulos, a ver si vamos a pensar que todavía tienes algo que se pueda llamar alma… Te recuerdo que te conozco, Alucard, y mejor de lo que crees. ¿O lo has olvidado?
Los dos se miraron, y finalmente Alucard sonrió, susurrando, con una extraña mezcla de afecto y ternura en la voz.
-No podría.
-Se que te afectan las cosas más de lo que quieras admitir.
-Walter, déjalo ya.
-Pero admítelo, hombre. Que te he visto llorar.
-¡Eso fue hace mucho¡Cállate ya, viejo!
-¡No me da la gana, murciélago sarnoso!
Ambos, vampiro y humano, se echaron a reír de nuevo, perdidos en sus recuerdos, en la II Guerra Mundial… Tras un rato en cordial silencio, Alucard se apartó de la pared.
-Voy a buscar a Michelle. Quiero hablar con ella.
-Ah¿vas a dejar las cosas claras de una vez?
El vampiro le señaló con un dedo, intentando parecer amenazador. Para cualquiera que no le conociera, tendría un aspecto aterrador, pero Walter le conocía demasiado bien.
-Ojito con andar burlándote de mí, vejete. Que conozco tus puntos débiles.
-Y yo los tuyos. Como por ejemplo, ella.
-Ah, no… en eso te equivocas – Alucard sonrió ampliamente – ella es mi punto fuerte.
Y se desvaneció en las sombras. Walter sonrió y siguió mirando por la ventana. Era extraño, pero no sentía celos, ni nada parecido, por compartir a Alucard con nadie. Es más, a él también le gustaba Michelle, quizá demasiado… Y estaba encantado con que Alucard hubiera hallado a alguien afín a él. Suspiró. Los años empezaban a pesarle. Si fuera más joven, aún podría volver a salir de caza con Alucard… Estaba convencido de que los tres harían un equipo formidable. Eso le recordó la idea que había tenido y que le había comentado a Alucard hacía días… Sus dedos casi ardían ante la expectativa de crear armas nuevas, esta vez para Michelle.
Su rastro le llevó al tejado. Cuando las sombras se fueron, y él se quedó completamente empapado por la lluvia, la vio. Estaba sentada en el borde, balanceando las piernas como una niña, mirando el cielo. No parecía importarle que su ropa estuviera completamente mojada y pegada a su cuerpo como una segunda piel, ni que la lluvia le cayera directamente en la cara.
Se acercó a ella sin hacer ruido y se sentó a su lado.
-¿Sabes? A veces me pregunto si realmente hay alguien allá arriba…
-Yo no lo creo… - ella susurró suavemente, sin sorprenderse. Era evidente que había sabido que estaba allí desde antes de que él apareciera – Nuestra misma existencia es prueba de que no existe nadie allá arriba.
Los dos se quedaron en silencio. Lentamente, ella se acercó más a él y enlazó su brazo con el de Alucard.
-Anoche empezaste a explicarme lo que se perdería si no exteriorizara mis sentimientos… y ahora no está Amanda…
Alucard la miró de medio lado y sonrió. Se olvidó completamente de lo que Walter le había dicho sobre la sangre en el baño, y se lanzó con entusiasmo por el nuevo tema de conversación. Tenía intención de averiguar si ella también sentía algo o solo era algo físico lo que les unía.
-Bueno, para eso necesito tiempo y un sitio más cómodo… Pero podemos empezar aquí… - con la agilidad de un gato se arrodilló en el tejado, a su lado, y la miró – Si ahogas tus sentimientos y te conviertes en una fría máquina de matar, el mundo perderá a una de las personas más hermosas que lo han habitado… Porque te aseguro que no hay vuelta atrás.
-Tú me estás demostrando que sí la hay… - ella ladeó la cara para mirarle y le sonrió con dulzura. Él sintió que en ese preciso momento, si ella le sonreía, sería capaz de abrir la tierra de un puñetazo. – A menos que todo esto sea para ti un juego, y no sientas nada…
El corazón de Alucard repicó como una campana. Prácticamente ella estaba admitiendo que sentía algo por él, y tenía miedo de que él no lo sintiera. Por un momento, el Rey No Muerto se sintió estúpido, y con ganas de salir corriendo y ahorrarse problemas. Pero sabía que ya no podría vivir sin ella.
-Aún siento, puedes verlo cada vez que me miras a los ojos, se que puedes verlo… Pero no creas que es fácil que mis sentimientos traspasen el caparazón que me he creado con los siglos.
Casi sin darse cuenta, su rostro se acercó más al de ella.
-¿Y cómo es que lo han traspasado…? – Michelle le miró a los ojos con cierta ingenuidad, que le hizo sonreír.
-Parece que unos ojos azules lo han perforado hasta estar haciéndolo pedazos con su luz…
Por sorpresa, ella también se arrodilló en el tejado, mirándole, quedando ambos frente a frente.
-Hay varios ojos azules en esta casa que no son los míos…
Alucard casi soltó una carcajada de puro nerviosismo al ver que ella también estaba nerviosa. Tenía ganas de preguntarle si se sentía tan ridícula como él, pero algo le dijo que no sería muy buena idea hacerlo. Demonios, él nunca había sido bueno para estas cosas. Recordó la conversación con Amanda y sonrió, inclinándose más hacia ella a medida que hablaba.
-Ceres es mi Chiquilla, y no siento nada por ella en ese sentido… e Integra es mi protegida, mi Ama, y la mortal a la que más respeto, aparte de Walter… - con suavidad le apartó el cabello de la oreja para susurrarle al oído - Pero mi amor, y la que se ha adueñado de mi alma, eres tú, Michelle. Solo tú.
Se apartó unos centímetros, para calibrar su reacción. Ella tenía los ojos muy abiertos, mirándole como si no se creyera lo que le había dicho. Diablos, si no se lo creía ni él.
Cuando empezaba a temer que ella hubiera sufrido un shock, por fin habló, temblorosa.
-Pero… me conoces desde hace apenas una semana… - a pesar de sus palabras, él era capaz de ver la alegría y la esperanza haciendo brillar sus ojos. A sus ojos estaba más hermosa que nunca.
-Los días o los años es irrelevante para nosotros, Michelle. Se reconocer los síntomas, sobre todo cuando los siento por quintuplicado, o más fuerte aún. No es algo sólo físico… aunque he de admitir que me muero por hacerte el amor ahora mismo…
Michelle se sonrojó violentamente, aunque parecía encantada con toda la situación. Alucard sonrió, con renovada confianza.
-Cuando dos almas afines se encuentran, su destino es quedar unidas. Y yo no quiero separarme de ti, Michelle. Si te marcharas, a pesar de las restricciones, o de mis lazos con Hellsing, te seguiría a donde fuese. Incluido el Infierno.
Michelle sintió que su corazón iba a partirse, pero ésta vez no de dolor, sino de pura felicidad. Aún no había asimilado que Alucard también estaba enamorado de ella, y saber eso la llenaba de contento.
-Alucard…
-Espera. Hay algo que quería decirte desde hacía días… Hace mucho, mucho tiempo que nadie me llama Vlad… y me gustaría oír como suena en tus labios.
Michelle le miró a los ojos, conmovida por la inesperada vulnerabilidad que era capaz de ver en sus ojos rojos como la sangre, y sonrió.
-No me has preguntado si yo siento lo mismo… Vlad.
Él sonrió, reconociendo el tono de broma, y le siguió el juego. La rodeó con sus brazos mientras se levantaba, obligándola a incorporarse a su vez, hasta quedar los dos de pie en el tejado, abrazados y empapados, mientras el agua seguía cayendo sobre ellos.
-Mmmm… pero tus ojos lo dicen todo. No obstante¿qué sientes, amada mía¿Me he precipitado al revelarte mis sentimientos? - no estaba dispuesto a admitirlo aún, pero adoraba como sonaba su verdadero nombre en esos labios rojos y sensuales. Sin poder reprimirse la besó justo cuando ella abría la boca para contestar, y la envolvió aún más con las sombras de las que era dueño.
Cuando la oscuridad se desvaneció, se encontraban en el cuarto de baño del sótano. Michelle miró a su alrededor con sorpresa, pero después sonrió y le miró de nuevo.
-Estaba a punto de decir… - comenzó, con cierto retintín – que sí, Vlad… Creo que me enamoré de ti en el instante en que te puse los ojos encima.
En cierto modo, casi parecía tímida. Esa dualidad le volvía loco de pasión, tan pronto era una experta cazadora, dura e indomable, como una chiquilla dulce y cariñosa.
Se preguntó qué demonios sería lo que ella había visto en él.
-No eres tan malo como quieres parecer, Vlad.
Se sobresaltó cuando escuchó su respuesta, y comprendió que debía haber pensado en voz alta. La miró en silencio mientras se quitaba la chaqueta empapada y la dejaba caer al suelo. Ella siguió hablando, desanudándole la corbata.
-Es cierto, eres duro, y frío, y muy malvado de puertas para afuera… Pero en esta semana me has demostrado como eres en realidad, Vlad, y lo que en un principio fue atracción a primera vista, se ha convertido en algo mucho más fuerte… Al menos, para mí.
Sus ojos azules se prendieron de los de él, interrogantes, mientras la corbata caía al suelo.
Alucard sonrió, y alargó sus propias manos para empezar a desabotonar la camisa negra ajustada que ella llevaba, mientras Michelle hacía lo mismo con la suya blanca. Hasta ahora, siempre que se habían acostado lo hacían llenos de pasión animal, hambrientos de deseo, quizá porque ninguno se había decidido a hablar claro hasta esta noche.
-Michelle…
Ella alzó la mirada hacia él, pero no se detuvo.
-¿Sí?
Él terminó de desabotonar su camisa, y la empujó sobre sus hombros para quitársela. La prenda cayó al suelo, y al poco, la siguió la camisa del vampiro.
-¿Te imaginas la cara de Integra si se entera?
Ella le miró con sorpresa, pero después empezó a reír a carcajadas. Ahora cada uno estaba ocupado desabrochando los pantalones del otro.
-Sería como para sacarle una fotografía…
Alucard la rodeó con sus brazos cuando terminó de desabrocharle los pantalones, y la besó apasionadamente. La deseaba, anhelaba poseerla, hacerla suya, pero no quería que fuese solo sexo. Quería hacerle el amor, como no lo hubiera hecho con mujer alguna más que ella. Michelle debió adivinar lo que estaba pensando, ya que alargó una mano y abrió el grifo de la ducha para que el agua fuera calentándose.
Los dos siguieron desnudándose, entre besos y caricias, tocándose como si fuera la primera vez. Cada prenda de ropa que caía, cada beso, cada roce, parecía algo nuevo, mágico, desconocido, como si ahora que sabían lo que cada uno sentía, las cosas fueran diferentes.
Michelle miró al vampiro, SU vampiro, desnudo ante ella, que la miraba con la misma admiración deseosa que se reflejaba en sus ojos. Los dos volvieron a besarse, y Alucard le rodeó las caderas con sus brazos para levantarla levemente y llevarla a la ducha.
Las sombras cubrieron el cuarto de baño, atrancando la puerta, y cerrando la mampara tras ellos. Michelle se apoyó contra la pared lánguidamente, recorriendo con sus manos el ancho pecho del vampiro, que se encontraba muy ocupado besando cada centímetro de su cuello, bajando hasta su hombro derecho.
Los labios de Alucard rozaron el inicio de la cicatriz, y ella se tensó, apretándose contra él. El vampiro casi gimió al sentir sus pechos apretados contra el suyo, y sus manos subieron desde su cintura para apoderarse de ellos, acariciándolos y apretándolos con pasión, aunque con mimo.
De repente sintió las manos de Michelle recorriendo su espalda, y sus labios en su cuello, esos ardientes labios rojos que le traían de cabeza y que ahora recorrían el ángulo de su garganta con tal suavidad que sentía que se le estaban erizando el cabello.
Se apretó más contra ella, bajo el cálido chorro del agua caliente, y buscó sus labios. Ansiosa, ella no dudó en besarle, mientras una de sus manos vagaba por las caderas masculinas hasta perderse entre sus piernas. Alucard le mordió el labio inferior, sin clavar los colmillos, y la imitó, una de sus manos se internó entre las piernas femeninas, explorando con la yema de los dedos, sintiendo su tacto húmedo y caliente.
Michelle cerró los ojos y gimió al sentir la atrevida exploración, y sus dedos se tornaron más osados, acariciando el miembro del vampiro con lentitud embriagadora, hasta que él apartó su mano y la volvió a besar, apasionadamente, mientras cogía sus caderas de nuevo.
Ella rodeó el cuello de Alucard con sus brazos y se abrazó a él cuando la levantó hasta acomodarla en su cintura, apoyándola contra la pared. Michelle abrazó las caderas del vampiro con sus largas piernas, esperando a que él la acomodara a su gusto, y le besó con ternura en la frente. Alucard no pudo evitar una sonrisa, y la volvió a besar, igualando su ternura con más ternura, fundiéndose los dos en un beso largo, apasionado y dulce, como si fuera el primero y el último que se dieran.
El vampiro separó sus labios de los de Michelle para poder mirarla a los ojos, y se internó entre sus piernas con lentitud, muy lentamente, deseaba ver el placer reflejado en ese hermoso rostro, en la cara de ángel de su amada vampira, y no se vio defraudado. Michelle cerró los ojos y gimió al sentirle entrar en ella, y sus dedos se clavaron levemente en la espalda de Alucard cuando éste halló en su camino cierta resistencia, que cedió rápidamente.
Alucard no se sorprendió, ya que cada vez que habían hecho el amor, había ocurrido lo mismo… Ella había muerto virgen, y sería virgen todas las noches, por toda la eternidad, para siempre.
Se amaron lentamente, alargando el momento todo lo que pudieron, besándose y acariciándose, mirándose a los ojos entre beso y beso. Cuando sintieron que estaban llegando al final, se besaron apasionadamente, apretándose con más fuerza como si no quisieran separarse nunca. El éxtasis final les llegó sin gritos ni grandes aspavientos, solo con mucho amor…
Alucard suspiró, aún sosteniéndola en brazos, y hundió su rostro contra su cuello mientras ella le acariciaba.
-Creo que ya está bien de ducha… ¿no crees?
-Sí… creo que podemos ir a presentar nuestros respetos a tu cama.
Ella soltó una risita, y él acabó riendo con ella.
Sus carcajadas, felices y esperanzadas, resonaron con fuerza en el cuarto de baño.
