Géneros: Romance/Drama.
Autor: SamMeiTukusama.
Pareja: SasuHina [Yuri]
Advertencias:
―Universo alternativo.
―Yuri sexual e explícito.
―Lemon.
―Lenguaje vulgar u ofensivo.
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Naruto no me pertenece, si no al gran Masashi Kishimoto.
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:*: ~ Noche silenciosa ~ :*:
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Era como una sobredosis, las manos en su piel recorriéndola y fundiéndose en un sentimiento de placer enloqueciendo cada parte de su alma. Quería olvidarse de sus ideales y sentirse por primera vez amada; y no importaba que una mujer le brindará todo lo que necesitará. Un mundo perfecto en una noche silenciosa.
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Para poder conocerla, primero tuve que conocerme a mí misma.
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Sasuko miró al cielo, entrelazando sus piernas extendidas y recostarse en el pasto, sus manos recostadas en su estómago, y su figura descansada de un arduo día de trabajo. El moño de su uniforme se hacía de lado, la falda se hacía más corta y sus piernas más largas y níveas. Estaba sola, siendo escondida por la sombra de un árbol viejo y alto.
Escuchaba el sonar del viento, cantando una melodía pequeña y corta, pero melodiosa y dulce. No dudo en cerrar los ojos, dándose el placer de descansar armoniosamente y en paz.
Frunció el ceño de repente, mostrando una pequeña línea entre las cejas por la molestia. Abrió los ojos de un parpadeo, y se encontró con la figura de un chico, mirándola directamente y sus labios extendidos a los de ella. Con una mano, lo alejo y se sentó aun molesta, sin dejar de ver al chico que se levantaba ante el repentino rechazo.
―¿Qué quieres?
―¿Que no puedo ver a mi novia?
Sasuko ladeo la cabeza desinteresada.
―No cuando estoy sola ―dijo desviando la mirada―. Eres muy mandilón, Suigetsu.
―¡Claro que no! ―exclamo con fuerza―. Yo no soy de esos que quieren verte feliz en todo momento, Sasuko.
Ella volvió a mirarle, para después suspirar.
―Vete, quiero estar sola.
Volvió a recostarse, como la pose inicial. No obstante, el cuerpo de Suigetsu se sentó al lado de ella, que no dudo un alzar la ceja. Estaban en silencio, cosa extraña ya que su "novio" nunca lo estaba. Hablaba de muchas cosas, y el idiota la mareaba en su muchos temas de conversación, ¿Qué si se divertía con él? Claro que no, ella estaba con Suigetsu porque su padre, Fugaku, así lo quiso.
Todo por el bien de su empresa… ¡Patrañas! Ella no quería el bien de la empresa, ni siquiera quería casarse, ni tener hijos, ni ser la heredera ―aunque muy en el fondo si la aceptan, se sentiría orgullosa de sí misma―. Dinero le sobraba, y no específicamente porque su padre se lo daba.
Estaban al principio bien, pero fue entonces que Suigetsu comenzó hablar.
―¿Alguna vez has pensado en…?
Sasuko abrió los ojos para mirarlo desde su lugar. Él se encontraba serio, probablemente no hablaba, y eso era malo… MUY malo. Pero también bueno…
―¿En qué?
―¿En ser libre?
Ella cerró nuevamente los ojos, y volviendo al cielo viendo las hojas cayendo con lentitud hacia su cuerpo. El silencio reinaba, y Suigetsu solo esperaba la respuesta con la poca de su paciencia.
Parpadeo.
―Sí… todo el tiempo.
Claro que quería ser libre. Su padre la utilizaba como si de una muñeca se tratara, y ella no quería ser como un títere, ella quería cortar los hilos y correr, correr lo más rápido que pueda olvidándose de todos, de absolutamente todos.
La situación de Suigetsu era distinta, él tenía sus sueños e ideales, y Sasuko estaba en ellos. Probablemente él también tenía mucha presión en la empresa―la libertad que quería no era buena y responsable, más bien más caprichosa e infantil que la de Sasuko―, y quería irse lo más pronto posible. Pero el matrimonio forzado de los dos no era relevante, ni tampoco la emocionaba tanto como una mujer se emocionaría.
Ella no estaba interesada en nadie, más que en sí misma.
―Igual yo ―susurro―… Quiero irme de Japón ―le dijo serio, ahora sí, mirándola con presión en los ojos. Sasuko solo le miró serena―. Ven conmigo.
Abrió los ojos con sorpresa, imaginándose todos los problemas que dejaría atrás si se iba con él. Sintiéndose al fin libre, independiente. Todo se le vino a la mente de repente, sintiendo ansiedad en sus manos que apretaba con fuerza en la falda. Solo faltaba una palabra, solo una.
Pero…
―No.
Si iba a ser libre, sería sola, y no con él.
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Tres días para viernes. Sería cansado ese día en especial, y mientras más se lo repetía, se daba cuenta de que no debió de dar una respuesta concreta de su asistencia en aquella fiesta.
Suspiraba fuertemente, diciéndose a sí misma que es lo que llevaría ese día. No le importaba no ir mal vestida, pero la insistencia de Ino la hacía querer mandar todo al demonio y encerrarse en su habitación para no poder salir nunca de ahí. Quería quedarse en casa, y realmente los cursos de Neji y Hanabi los viernes no le molestaban, pero de algo a escuchar a su padre diciéndole a semejantes rasgos su inutilidad le daban ganas de huir de la casa para siempre.
Una de las razones por las que no quería ir era porque se enteró, por medio de las chicas que cuchicheaban por ahí sobre chicos guapos y chismes o rumores era que, Uchiha Sasuko iría a la fiesta por cuestiones de aburrimiento.
¡Por supuesto que Dios no la quería ni en lo más mínimo!
Todos esos días que aguanto no encontrársela, le surge sabiendo que igual la vería en ese viernes en la casa de Karin. Claro que esta la invito, pero nunca pensó que aceptaría después de tanto tiempo de anticipación.
No quería verla ni por nada del mundo, después de aquel encuentro en la enfermería, masturbándola con su pierna, chupando sus pezones hasta hacerlos botones rojos y acariciarla en lugares no debidos le hacía arder en vergüenza extrema y peligrosa. Hinata quería morirse en ese momento, pero mientras más lo pensaba, más le daban ganas de agarrar un pan, y cortarse las venas.
Miró a la ventana, ignorando a las chicas que hablaban animadamente entre sí. Ino y Sakura hablaban sobre la belleza de productos cosméticos, y Tenten solo escuchaba aportando de lo poco que sabía de eso. Hinata, sin embargo, se mantenía distante, deteniéndose un momento a pensar.
¿Qué si debía ir a la fiesta? Por supuesto que sí, porque un "no" como respuesta jamás será escuchado por los oídos de su rubia amiga.
¿Un pretexto? ¡Ella era mala haciendo pretextos! No sabía mentir, y por lo menos en algo Sasuko tenía razón.
Alguna idea se le ocurriría, si, algo se le ocurriría.
Desvió su mirada al no ver nada interesante, volviéndola a sus amigas perdiéndose de la gran parte de la conversación. Una mano rebosaba en su rostro recargando su codo en el pupitre y el otro descansado cerca de este. Tenía unos ojos serenos y calmados, con su típico color rosáceo en las mejillas y una mueca pequeña en sus labios carnosos. Miraba sus piernas extendidas, rozando las cercanas a las de Sakura que se encontraba más cerca de ella. Sonreía y hablaba, la de cabello rosa cerraba los ojos y sonreía con una falsa curva.
Algo le sucedía, y no quería decírselo. Ni a Ino, ni a Tenten.
Después de unos momentos, Sakura se desvió y la miro por accidente. Después su sonrisa se borró a pesar del ambiente animado de las demás. Hinata parpadeo confundida, alzando su mejilla de la mano esperando algo de Haruno. Le dedicó una mirada triste para después apretar con fuerza la punta de su falda. Ino le agarro del hombro empujándola riendo, y Sakura solo respondió con falsedad en su rostro divertido.
―Hinata ―Al final, Ino tomo en cuenta su presencia captando su atención―, saliendo de clases te llevaremos al centro comercial.
La peliazul parpadeo continuamente, para después volverse roja.
―P-p-p-pero… ¿Por qué?...
―¡Necesitas de un vestido! ―respondió―. Tenten también vendrá con nosotras.
―¡¿Qué?! ―Tenten no estaba ni por enterada―. Me niego, tengo clases con el club de artes marciales, no debo faltar ―Se cruzó de brazos con las mejillas infladas.
―Y-yo tengo q-que ir a ca-casa tem-tem-temprano… ―Hinata parecía avergonzada, mirando al suelo jugando con dedos.
Ino bufó.
―Bien ―dijo al fin―, al final Sakura me acompañara. ¿Verdad?
Sakura asintió sonriente, pero sus ojos jade tenían un mirar distante. Todo iba mal, y Hinata no podía evitar pensar en lo que realmente sucedió aquel día en que Sakura fue a buscar a Sasuko.
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Las conversaciones animadas y galantes de las personas, las miradas continuas con rumores burlescos y los vestidos elegantes de las mujeres más bellas del mundo empresarial. Sasuko caminaba conforme sus zapatillas danzaban por los pasillos, mirando al frente sin importar los ojos envidiosos de las mujeres en su figura.
No tenía tanto busto―un tamaño mediano y razonable―, pero si un buen trasero, una cintura pequeña y unas caderas anchas, y porque no olvidar sus largas y blancas piernas que eran sus armas para matar, sin ni siquiera alzarlas para disparar. Su vestido bugambilia, largo cortado de lado izquierdo para mostrar su fina pierna, seduciendo a cualquier hombre que pasaba y la miraba sin despejar sus ojos. El escote no era tan revelador, pero la pedrería que formaba su busto destellaba con las luces del salón.
La familia Uchiha estaba disuelta por el momento, encontrando futuros socios del cual se beneficiarían en cierto tiempo. Al detenerse, se llevó del brazo a Suigetsu que parecía hablar hace momentos atrás con un empresario importante. Suigetsu tomo lo restante de su copa y la dejo en la bandeja. Arregló su corbata y su cabello que despejaba toda su frente con aceite milagroso.
Por lo menos se veía apuesto mostrando sus ojos violetas, digna para un Uchiha en sentido físico.
Se detuvieron los dos, mirando por los lados. Suigetsu se giró para verla, y Sasuko solo se cruzaba de brazos sintiendo el brazalete frío en su muñeca rozar son su cuello descubierto al pasarla por su cabello de un movimiento ágil.
―Vaya ―Después silbo coqueto―, hoy estás deslumbrante.
―Una mujer como yo siempre será brillante ―respondió serena―. Mi padre e Itachi se fueron en busca de socios, dejándome sola ―chasqueo la lengua―, malditos desagradecidos.
―¿Por eso fuiste a mi búsqueda? Yo pensé que ibas a aceptar mi propuesta de ―Se acercó lo suficiente para que solo ella escuchara―… huir de este maldito mundo.
Sasuko ladeo la cabeza, mirando hacia el alejándose e impulsándose de una pierna en una pose correcta y sensual. Suigetsu parecía comerla con la mirada, y al parecer no era el único.
―La respuesta sigue siendo la misma.
―¡Oh vamos! ¿Quieres seguir siendo la niñita de papi?
―No realmente ―dijo―. Solo espero la oportunidad perfecta, todo a su tiempo, y como veo que esa palabra no existe para ti, no me preocupo de lo que pueda pasarte.
Parecía herido. Desde el principio sabía que ella no lo quería, ni siquiera lo apreciaba como alguien importante en su vida, solo era un conocido y ya. Aquello le dolía, pues era la mujer de la que se había enamorado de solo verla una vez, con esa rebosante mirada de serenidad y tranquilidad. Como todos los demás…
Se negó a ir con él, y eso que se había imaginado un futuro con ella.
Suspiro sin decir nada.
Sasuko miraba su alrededor, en silencio sin tomarle importancia a Suigetsu que hablaba de lo muy maldita que era su familia y empresa, solo observaba a las personas que tomaban y reían de cualquier chiste ridículo y sobre los cuchicheos de su persona sobre lo muy hermosa que se veía.
Entonces, después de mirar a la enorme puerta de cristal donde daba entrada al jardín trasero, unas personas caminaron a sus mesas dejando un camino directo a esta, la vio, tímida y tranquila, con un vestido largo y risueño ante sus ojos.
Su cabello levemente recogido, entrenzado con una cebolla y unos mechones rebeldes azulinos que marcaban su fino y alargado rostro. Ojos perlas entrelazados, mostrando sus pestañas enchinadas largas con toques azules como su cabello, el fino manto de noche. Sus labios regordetes y rosados, con una pose serena y solitaria ante las personas a su alrededor, que reían y hablaban sin descansar. El vestido largo y liso color hueso, llegando hasta sus pies sin tocar el suelo, con encaje negro de espirales decorativos en su busto que se prolongaba en su manga larga y hasta el final de su cintura, marcando su pequeñez con ese listón negro.
Era hermosa, y no dudaba en apartar sus ojos en ella.
Suigetsu miró hacia donde estaba la chica, que se arreglaba inútilmente su cabello, pensando que tendría su larga melena de lado. Por dios, sí que era hermosa, y a los ojos de Suigetsu también lo era.
―Hyuga Hinata ―dijo Suigetsu, con seriedad. Hasta su nombre era bello―. Es la hija de Hyuga Hiashi, dueño de la empresa Byakugan, ¿Si la has escuchado?
―Por supuesto que sí, mi padre tiene negocios con Hyuga Hiashi.
―Pues felicidades, acaban de ganarse a un socio muy leal y comprometedor como él. Su empresa es más tradicional…
―Eso ya lo sé ―Interrumpió en un gruñido―. Solo quiero saber… ¿Qué hace alguien como ella aquí?
Suigetsu alzo una ceja.
―Lo mismo que tú ―respondió―, acompañando a su prometido, ¡Yo que sé!, esa mocosa no me interesa.
El de cabello blanco la llevo de la mano, de forma obligatoria y posesiva. Parecía haber visto egoísmo en sus ojos violetas de no compartirla, y a Sasuko le desinteresaba eso, solo miraba atrás a la oportunidad perfecta, embelleciendo su mirada con esa figura perfecta de aquella chica de vestido tierno y fogoso.
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Era el toque de salida, Hinata suspiro con fuerza cerrando su casillero y poniendo sus zapatos para salir de la escuela. Ino y Sakura fueron al centro comercial―cómo tenían previsto―; quizá y eso ayudaría a la chica sacar todos sus pesares con Yamanaka. Tenten, como había dicho, se quedó tarde para entrenar junto con Lee. Kiba había previsto acompañarla a casa junto con Neji, pero al parecer Shino apareció para recordarle por enésima vez que tenían un trabajo pendiente y que no había excusa ni pretexto para pasarlo de largo. A regañadientes se fue, pero con la promesa de que los dos irían a la fiesta del viernes.
En conclusión, estaba sola.
Miro a su alrededor al ver todo desierto.
Completamente sola.
Odiaba los días de limpieza.
Dio el primer paso, colgando su maletín de su hombro, su celular sonó con una melodía suave y dulce como tono de mensaje. Lo sacó con rapidez deteniéndose para buscarlo, lo encontró hasta el fondo y desbloqueo la pantalla abriendo el mensaje recibido.
Suspiro con más fuerza odiando al mundo.
Neji saldría tarde del entrenamiento.
Si antes se sentía sola, ahora estaba más sola que todo lo solitario del mundo. Su primo era su ruta de compañía, ahora simplemente se desaparecía dejándola sin ningún escape.
No le gustaba irse sola a casa, si decía que temía que le sucediera algo era obvio, tenía corazón de pollo y se moriría de un infarto al primer ataque. Comenzó a caminar con prisa, guardando su celular en su maletín nuevamente, y al detenerse al no tener fortuna por la desesperación se le resbalo de las manos.
Quizá gritar a los vientos por su mala suerte.
Se arrodilló para cogerlo, pero al momento, otra mano hacía el mismo procedimiento, tomándolo con fuerza levantándose con pereza entregándole el celular desde su posición. Alzo la mirada temiendo lo peor. Esos ojos oscuros parecían comerla, y podía delinear con su vista esa piernas largas y delgadas mostrando lo muy blancas que se veían.
Tenía la cabeza ladeada, esperando la respuesta de esta. Tragó grueso incorporándose, tomando con miedo su celular. No dudo en bajar la mirada.
―¿Vas rumbo a casa? ―La respuesta era clara, pero no quería decirla. Y al ver su silencio, ella comenzó a caminar―. Camina, te acompañó.
―N-no es ne-necesario…
―Yo quiero hacerlo ―dijo tangente―. Nadie me obliga a no hacer lo que quiero.
Era tan fría que no dudo en hacerla temblar. ¿Cuánta dureza había en sus palabras? ¿Acaso así se dirigió con Sakura? Ahora que lo pensaba, debía de preguntarle sobre lo que le dijo a su amiga aquel día, y por su culpa su amiga estaba herida. ¡Era obvio que se sentía culpable! Y si Sasuko no se sentía así, era porque era un moustro.
Después lo pensó al cruzar la calle, el silencio se hacía incómodo y al parecer a la Uchiha no le molestaba. Tenía las manos de cada lado, dándole la espalda, con su maletín cruzado en su pecho colgando hasta su cintura, caminaba con serenidad y lentitud al igual que ella. Su figura resaltaba en cuanto pasaba por la personas, tanta belleza para ella era mucha, y se odiaba estar al lado de ella.
Y después sintió esas miradas y palabras hirientes en su persona. Otra vez, día a día; como aquel día en que Neji la acompañó a pasear, y la primera vez que la vio a ella.
Lo recordó, su primo se había quedado a entrenar, según había escuchado que el equipo femenil también estaba allí en las mismas. ¿Por qué ella no?
―U-usted debería de es-estar en-entrenando… ¿no?
Sasuko le miro por el rabillo de su ojo, para después mirar al frente.
―Me salte el entrenamiento.
Qué respuesta tan directa. Hinata le miró horrorizada.
―¡¿Por-porque?!
―Porque quise ―Nuevamente cortante. Así no llegaría a nada.
Hinata suspiro. Ni ella sabía porque se interesaba en asunto como esos, no era como si le importara, y realmente no le importaba. No se había dado cuenta hasta ahora, pero ahora Sasuko no caminaba frente a ella como hace unos minutos, si no que a su lado, acompañándola en un pequeña y corta conversación.
Después miró al suelo sintiéndose más cómoda por el silencio, y al detenerse en el semáforo en verde para los autos, pudo sentir la brisa del frío en sus piernas haciéndola temblar del frío. Era muy friolenta, y con solo un viento pequeño parecía estar en una nevada.
Se abrazó así misma buscando calor, abrió los ojos lentamente y se encontró con el suéter del equipo de la escuela. Se volvió a Sasuko, que miraba en frente con la mano extendida hacia ella, esperando a que aquel pequeño rastro de nerviosismo se notara al ver el ligero temblar de su ceja.
Hinata sonrió para coger el suéter y ponérselo.
Le quedaba grande pues era más pequeña ella por estatura, pero era cálido. Todo su aroma se impregno en sus fosas nasales. Era reconfortante y delicioso, no era dulzón pero tampoco seco, era tan natural que deseó tenerlo en todo su cuerpo.
Reanimaron la caminata hasta cruzar una esquina, entrando a avenidas de casas enormes y ricas. Sasuko no era curiosa, por aquella razón no miraba las casas de sus vecinos, pero más que probable era porque su residencia era más grande que todas estas juntas. Llegaron a la entrada de un enorme portón, tenía una "H" situada en medio de un enorme círculo de color bronce. Se detuvo girándose hacía la Uchiha, que miraba la casa con serenidad.
Hinata miró el suelo sonrojada, pensando en que decirle, pero por supuesto, no se negó a decirle lo primero que se le vino en mente.
―G-gracias por acompañarme… Y por su su-suéter, por pres-prestármelo.
―Uhmm.
Se volvió a ella, acortando los pasos cogiendo con suavidad su mano. En sus mejillas se notaba un arrebol fuerte, dejando en claro su timidez y pena. Sasuko sonrió de lado, cogiendo la otra y acercarse a ella para sentir los cosquilleos de su fleco azulino en su nariz.
―¿Que voy hacer contigo? ―murmuro sintiendo su aliento en su rostro, fue tan rápido que la dejo temblorosa en las piernas, dejando un manto húmedo entre sus muslos―. Cada vez que te veo, eres más hermosa de lo usual.
―D-deje de de-decir eso… p-por favor…
Se mordió el labio con fuerza, temblando entre sus manos. Sasuko llevó una mano en su mejilla, sintiendo la suavidad de esta.
―Es la verdad ―dijo alzando su rostro para que la mirara directamente a los ojos―. Día a día me gustas más, y más. No sabes lo desesperante que es enamorarme cada día de ti.
―P-p-por favor…
Temblaba y mucho. Eso la hizo sonreír.
―Me gustas… ―susurro, acercándose a su rostro, con más determinación. Entrecerró los ojos haciendo que Hinata cerrará los suyos con fuerza―. Y nadie, ni siquiera tu familia o la mía, me hará cambiar mis sentimientos.
Fue tan rápido, como junto sus labios con los suyos. Dejándola absorta y mareada al sentirlos por primera vez en sus belfos. Era suave, tierno, pero después tomo fuerza a una dominante y determinada. No quería moverse, pero era tan difícil no hacerlo. Delineaba con su lengua su labio inferior, para meterlo y saborear sus dientes entrelazando con fuerza su lengua con la suya.
Era tan caliente que no dudo en aferrarse a su espalda, jalando su camisa blanca para no caerse. Parecían olvidarse de todo su alrededor, ni siquiera les importaba que el dueño de la casa, o el de las demás se acercará por la ventana y las viera compartiendo un beso impuro. Había recalcar que eran mujeres, y en esa avenida solo habían familias prestigiosas y antiguas, veían eso como pecado y blasfemias.
Pero esos labios, que mordían los suyos con fuerza haciéndola soltar un gemido absorto y pegándose más a su pecho la hacía querer quedarse así por siempre. Hinata nunca había sentido eso en su vida, su primer beso con una chica, y no se arrepentía, pues era tan gentil y posesivo a tal manera que todo su ser reclamaba por más.
Le hacía falta el aire, y al no sentir sus labios chocando con los suyos, abrió los ojos para mirar a la chica de tan profundo pecado.
Estaba igual o menos sonrojada que ella y acariciaba su cabello despojando su frente chocando la suya con la de ella. Hinata podía sentir su respiración alterada, como su corazón, obvio, en las mismas, solo que con más intensidad.
Había sido hermoso.
―Es hora de irme…
Hinata asintió desviando su mirada de los ojos oscuros que la penetraban por completo. La cogió del mentón, llamándola nuevamente concediendo ese deseo. Le dio otro beso, más pequeño y tierno, para después darle otros que la dejaban aturdida sin poder corresponder a uno con tiempo.
―S-si sigue a-así… ja-jamás podrá ir-irse…
Dejó de besarla, para mirarla directamente a los ojos.
―Tienes razón ―Se separó de ella, no sin antes darle un último beso, dejándola como hace momentos atrás―. Buenas noches.
―B-buenas no-noches…
Y después de dirigirse al portón, miró atrás de su hombro, viendo como la figura de su cómplice iba desapareciendo entre la oscuridad.
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―¡Sasuko! ―gritó Naruto, saltando hacía ella y llevando un brazo a sus hombros. Sasuko frunció el ceño tratando de alejarse, pero fue presionada por su amigo en un fuerte abrazo―. ¡Hace tanto que no te veo!
―¡Suéltame idiota, me asfixias!
De un solo golpe con su propia cabeza en la frente del Uzumaki, este la soltó comenzando a llorar internamente con un chipote en su cabeza por un manotazo por parte de ella. Miro al frente, arreglando su falda y la coleta de su cabello ante el brazo travieso de su amigo.
―No debiste de ser tan agresiva…
―Y tú de ser tan bruto ―respondió malhumorada―. No estoy de buen humor Naruto, quiero estar sola.
―¿Ya vino Andrés? ―Sasuko le miró de reojo. Naruto sonrió―. Sabes que no me iré… ¿Verdad?
Suspiro cansada, recargándose en el barandal de la azotea, sintiendo el aire fresco rebosar en su rostro, con un escalofrío lento en su cuello. Las mejillas se le volvieron rojas, y la garganta más seca. Naruto se acercó a ella, en la misma posición. Le miraba, esperando la explicación de su enorme pesar.
En ese momento, Sasuko frunció el ceño.
―Es odioso…
―¿Qué? ―Naruto parecía confundido.
Ella guardo silencio, mirando el gran jardín de la escuela, y enganchando sus ojos nuevamente en esa figura. Al principio, antes de que Naruto llegará, estaba en silencio, observando cada parte de ella. Como reía con una melodía suave y educada, con una sonrisa iluminada por el sol, haciendo que su luna se volviera levemente cálida en solo verla. Era perfecta, hermosa, y no sabía porque.
Por esa razón era odioso, odioso que la molestaran cuando la veía en silencio, y odioso cuando todos esos sentires se volvían cada vez más fuertes de solo verla por un segundo.
Frunció más su ceño, chasqueando la lengua.
―Nada ―dijo al fin―… Yo sola me entiendo.
Volvió su mirar, encontrándose con sus amigas que hablaban animadamente entre ellas. Las recordaba, cada una. Yamanaka Ino, la segunda más bella de la escuela―pero para ella, Hyuga Hinata se llevaba el primer lugar―, seguía después de Sasuko, pues también era buena en todo, hasta en las materias como en los deportes. Haruno Sakura, la había ayudado una vez cuando unas chicas la molestaban en secundaria, evitando que se llevará el peor corte de pelo de su vida, desde ese entonces no había dejado de perseguirla profesándole amor eterno―y en esos tiempos no estaba interesada de nadie de su mismo o distinto sexo―. Tenten―cuyo apellido era desconocido para ella―, la chica que había visto entrenar en su club de artes marciales, y que en una ocasión se habían enfrentado, y como usualmente pasaba, Sasuko había ganado sin ninguna fuerza en especial.
Pero Hinata… Nunca la había visto, ¿Por qué hasta ahora la había percibido? Cuando era apenas en la fiesta y con atuendos que a leguas se veía no querer portar. La primera vez que la vio en su escuela su corazón dio un brinco enorme, emocionándose estúpidamente por ella, pensando que en algún momento se acercaría y le hablaría como cualquier otra.
Pero no pasó… Y eso la emocionaba.
Se la había imaginado de distintas formas, y en ellas, sin ningún tipo de prenda. ¡Dios bendito! Quería tenerla en sus brazos y besarle cada parte de su cuerpo. Masturbarla como nunca antes lo habían hecho, meter su lengua en su apreciada entrada y succionar su clítoris con fuerza para sentir su mano en su cabeza moviendo sus caderas al vaivén de su lengua.
¡De solo pensarlo ansiaba tenerla entre sus manos! Su excitación era sin igual, quería hacerla suya como diera lugar.
Sonrió con malicia, siendo percibida por Naruto, que observaba cada expresión en su rostro que profesaba.
―¿Qué piensas? ―preguntó.
―En algo muy interesante…
Ella no tenía ningún interés en alguien, ella solo se importaba así misma. Pero apareció esa chica y hecho todo a perder… Quizá si se había enamorado, y de la forma más cruel y pecaminosa que se pudo imaginar.
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Aferró con fuerza el suéter en sus manos, con las manos temblorosas y el respirar alterado. Sasuko estaba entrenando junto con chicos de otra clase. El entrenador no decía nada, solo sonreía orgulloso de ver como ella se mostraba más fuerte que cualquier chico del club. Trago grueso al ver a su primo a lo lejos, preparándose para ir a los vestuarios y apuntando a estos para indicarle que le esperará. Indecisa, asintió.
Miró nuevamente la cancha, guiándose a la figura de la chica que mantenía contacto con la canasta y la pelota con concentración. Estaba segura que no la había visto, Sasuko parecía estar más centrada en el partido que en ella, sonrió ligeramente.
Al principio pensó que era tenebrosa, peligrosa y malvada; y aunque de cierta parte lo era, tenía un lado tierno y reluciente en sus acciones. Se sonrojo furiosamente escondiendo su rostro en el suéter, ¡Debería de estar loca pensando eso! Su primer beso fue con una mujer, y no cualquier mujer, sino más bien Uchiha Sasuko, la chica que es deseada por todos los varoniles y femeniles del instituto, ¿Quién diría que ella se convertiría en su juguete luego de encontrarse frente a frente? No se lo hubiera imaginado.
Era hermosa, como saltaba y alzaba sus brazos impulsando con sus manos la pelota, encestando tan elegantemente. Su mirada perlada parpadeo, sorprendida por lo muy habilidosa que era, mostrando agilidad al moverse entre los varones, pasando y engañando, con unos ojos luminosos y divertidos por muy serena que era su expresión.
Se mantuvo seria, sintiendo unas grandes fuerzas de volverse a ella y preguntarle muchas cosas. ¿Por qué no podía contenerse? Desde aquel día que la vio se volvió curiosa, con la intención de querer saber más de ella.
La muñeca de ojos vacíos, y triste corazón.
Bajo su mirar, mordiéndose el labio, sin dejar de aferrarse a la prenda de la chica que se había atrevido a buscarla, tocarla y amarla… ¿Realmente la amaba?
―Hey ―Hinata levanto su rostro, encontrándose la figura alta de Sasuko, que se inclinaba para verla de frente―, ¿me estabas esperando?
―B-bueno… ―murmuro, jugando con la punta de sus pies.
Sasuko sonrió, levantando su mano al nivel de su mejilla. Hinata no dudo en sonrojarse, mostrando un color rojizo en su pómulo esperando aquel roce, pero inmediatamente Sasuko la bajo, mirando de lado. Eso hizo a Hinata hacer lo mismo, viendo como su Neji caminaba hacia ellas con una expresión seria.
Trago grueso.
―Neji–Niisan…
―Hyuga ―dijo Sasuko.
―Uchiha ―respondió sereno.
El aire se volvió tenso, dejando a la peliazul completamente preocupada. Había escuchado que unos Hyugas y Uchihas no se llevaban bien―pesé a la relación de negocio que tienen―, pero nunca se imaginó que su preciado primo odiaba a la chica que le profanaba amor.
Eso era serio, muy serio.
―Y-yo…
―No puede seguirla todo el tiempo ―dijo al fin Neji, sorprendiendo a sobre manera a su prima―. Mucho menos cuando yo estoy con ella.
―No puedes obligarme a separarme de lo que es mío ―demandó, potente y fría―. Puedo estar con ella con o sin tu presencia.
―¿Está segura de que su padre aceptará ese tipo de confesión, Uchiha?
―Lo que diga mi padre me importa menos.
―¿Pero y el de Hinata–sama? ―Sasuko arrugo su ceño, apretando con fuerza sus puños. Hinata los miró a ambos, procesando todo lo que dijeron. Neji continúo―. Usted es fuerte, pero Hinata–sama es débil, jamás logrará enfrentarse a su padre de la manera en la que usted lo hace.
―Eres molesto…
―Lo soy cuando intentan ensuciar el futuro de mi prima.
Su garganta se volvió seca, intentando hablar, abriendo la boca sin parar y encontrar el momento exacto en el cuál dar su opinión. Estaban hablando de ella, peleándose por ella, no debía dejarlos hacerlo.
No podía.
―No la busque.
―¿Piensas darme ordenes, estúpido Hyuga?
―No pienso pelear con una mujer, sucia Uchiha.
―No te contengas, no eres el único hombre con el que me he enfrentado.
―¡Ya basta!
El gritó de Hinata se escuchó tan fuerte que los detuvo, Sasuko la observaba levemente sorprendida, y Neji solo cerraba los labios con fuerza impactado al verla tan valiente de esa forma. Mientras tanto, Hinata solo abría los ojos, decidida, pensando en lo muy bien que se veía obteniendo la palabra.
Nadie podía decidir por ella, ni siquiera su primo, ni su mismo padre.
―Neji–Niisan ―Empezó, dirigiéndose a él―, no puedes protegerme para siempre, al igual que tú, yo también tengo mis propias decisiones y si quiero seguir viendo a Sasuko–san es porque yo lo he querido, sin importar tu opinión o la de mi padre ―Las palabras resonaban en la mente de su primo, que se inquietó de inmediato al ver como ella se dirigía a Sasuko, que esperaba pacientemente―. Sasuko–san, vengó a dejarle esto. Se fue antes de que se lo diera…
Le dio su suéter, extendiéndosela con una sonrisa. Sasuko la cogió, poniéndosela con rapidez y cerrar cierre, aspirando dentro suyo, deleitándose por cada aroma que profanaba su prenda. Olía delicioso, a los jazmines de su patio trasero, al pequeño dulzón de vainilla impregnada.
La miró, con una sonrisa dulce en su rostro, enseñando a poco una comisura cerca de su mejilla.
―Gracias, Hinata.
Asintió con fuerza, con sus mejillas ardiendo y temblando de arriba abajo. Se sentía tan pequeña y frágil junto a ella, más débil de pensamiento y menos fuerte de sentimientos. Sabía que Neji la miraba, y no importaba eso, no le importaba.
Quería conocer a Uchiha Sasuko.
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―¡Esto es malo, muy malo!
Naruto exclamó con fuerza, llevando sus dos manos en su cabellera rubia, haciendo sus ojos azules más grandes.
¿Acaba de escuchar lo que dijo Sasuko?
Bufaba, con fuerza, mirando a la chica de cabello rosa que hablaba animadamente con la Hyuga, tomándola de la mano, sonrojada diciendo cosas que eran demasiado ruidosas y tontas. No las escuchaba, pero las observaba, fijándose en los movimientos de Sakura que rozaban la piel de Hinata.
Fruncía el ceño, enojada.
―¡¿Hablas en serio Sasuko?!
―Cállate idiota ―dijo, casi gruñendo―. No grites cerca de mis oídos, si estas solo molestando mejor lárgate.
Naruto miró a las chicas que hablaban, tan contentas y sonriendo. Entonces se volvió a Sasuko, que apretaba con fuerza sus manos entrelazadas hechas puño, su frente se volvió levemente arrugada y su mandíbula se apretaba con fuerza. ¡Dios! Sasuko se veía furiosa.
―Es solo que… No puedo creerlo…
Sasuko asintió, con lentitud. Entendía a su amigo, que dijera de un día a otro que su orientación sexual cambió hacia las chicas le perturbo mucho. Aun recordaba cuando le dijo que Suigetsu se fue de Japón y terminaron su relación, su rostro de auténtico asombro, pero ahora, el parecía estar más perdido que nunca.
No tenía pensado decírselo, pero cuando habló de Hinata―sin saber su nombre, y aun sin conocerla ni un poco―diciendo que era muy rara, pero que su actitud y su persona eran lindas, marcó su territorio.
Oh sí, Hyuga Hinata le pertenecía.
No ahora, pero si, era suya.
Naruto aun parecía aturdido, mirando hacia la Hyuga, que reía a pesar de las miradas que le daban sus personas. Entonces, Sasuko habló:
―Me gusta… ―confesó, llamando su atención de nueva cuenta―. Así que… ―Lo miró de reojo―. Yo la vi primero.
El trago grueso, ante esa mirada intimidante que le profanaba de manera tan brutal. Marcaba lo que era suyo, los de signo dominante como ella era tan posesivos, y no extrañaba que después de verse enamorada por primera vez y de una mujer―eso la vuelve más celosa―, se volviera así de intimidante con las amenazas que surcaban con marcarla como suya.
Asintió, tangente, para después suspirar a lo alto. El timbre del receso había acabado, Sakura y Hinata junto con las demás salieron del patio, caminando a su salón. Sasuko relajo su gesto, soltando aire de la boca y llevando sus dos manos en los bolsillos de su chaqueta, recargándose en el barandal con los ojos cerrados.
Naruto también los cerro, alzó la mano, y la deposito en la cabeza de su mejor amiga sin ninguna protesta.
―Enamorándote de quien no debes, Sasuko ―dijo, pero después sonrió―. ¿Pero qué más da? Te apoyo, hermana.
Sasuko sonrió, aun con la paz del momento, y la aceptación de su mejor amigo, no, de su hermano la hizo aceptarse más a sí misma. Era afortunada, de tener a alguien como Naruto a su lado.
―Gracias, hermano.
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Faltaba un día, solo un día y sería la famosa fiesta saliendo de clases en el anochecer. Las chicas se veían emocionadas, al contrario de ella, que se mantenía serena y nerviosa. El movimiento de sus dedos se volvió más rápido y rítmico, jugaban con su lápiz de vez en cuando, y después lo soltaba tranquilizando esa ansiedad.
En un momento, en un simple pestañeo, estaba frente a ella Sasuko, que se recargaba en sus brazos cruzados, mirándola fijamente, sin dejarla trabajar. Ino, Tenten y Sakura habían salido a comprar sus alimentos, sin embargo, ella se había quedado para terminar una tarea que se le olvido hacer―como usualmente se le olvidaban las cosas, era común que le pasaran la tarea de una materia olvidada―. No supo ni cuando, pero Sasuko se había sentado frente la banca de su compañero de clase.
¡Por dios! ¡Tenía que dejar de mirarla de esa forma!
En algún momento vendrían las chicas, y Sasuko no se movería incluso si aparecieran o no. Tenía las intenciones de hablar con ella, después de que se fue tan rápidamente dejándola sola y siendo seguida por su primo, parecía no dejar atrás lo que estaba pensando en decir.
¡Pero que la distraía! ¡Eso no era del señor!
―Ese problema está mal ―Hinata se sobresalta, mirándola de repente―. El resultado no es ese ―Volvió a decir, ahora con aburrimiento―, vuélvelo hacer.
Hinata miró su resultado, para después volverse a su ecuación con la intención de empezar de nuevo. Se sintió tonta al ver su error, sintiendo las ganas de pegarse tan duro la frente con su palma, y como si su deseo fue cumplido, el pequeño golpe que Sasuko le propino fue tan pequeño pero doloroso a la vez que hizo su cabeza atrás.
Llevo sus manos a la frente, mirando a la chica que la golpeo. Esta tenía su mano cerca de su rostro, con una media sonrisa.
―¿P-por qué es así conmigo?
Sasuko parpadeo, para después volver a cruzarse de brazos y recargarse en su banco. Era extraño, a ella no le importaba abrir sus piernas como cualquier chica, era diferente y especial.
―Por qué es divertido ―dijo, para después sonreír―. Y me encanta verte de esa forma…
Se sonrojo a sobre manera. Los acosos que le daba eran cada vez más relevantes. La seguía en el receso, la acompañaba como ahora, y le decía de mil formas que la deseaba ver como aquella vez en la enfermería otra vez―y no solo una, sino muchas veces―. Hinata no negaba que se sentía perturbada, pero a la vez deseada. Y ningún hombre la deseaba de esa manera.
―¿Por qué viene a buscarme?
―Me gustas, que no es obvio.
―N-no, no eso… ―Se mordió el labio, con su rostro ardiendo―. Usted me viene buscar todo el tiempo, como si quisiera decirme algo…
Sasuko suspiro, haciéndose atrás para recargarse en el banco. Tenía una mirada inexpresiva. A veces las leía, siempre estaba seria y tranquila, después venía con sus comentarios subidos de tono para después volverse fría y calculadora, como esta vez.
La escuchó recargarse de nuevo, para acercar su rostro a unos centímetros de ella. Estaban solas, no había nadie en el salón―cosa extraña ya que aunque sean pocos, había por lo menos un grupo de cinco dentro del aula―. Cerró los ojos con fuerza, esperando la unión de labios más o menos esperada, pero después abrió s ojo izquierdo, temiendo lo imposible.
Se la encontró tan cerca, sonriendo tan maliciosamente, hasta podía olerlo en el aire.
―Ahora que lo pienso, es mejor esperar hasta el momento en que vaya a ocurrir ―Se levantó, dejándola aturdida por el delicioso aroma que dejo proporcionarle con solo acercársele de manera tan seductora―. Así podre buscarte hasta que te lo diga.
Tenía la intención de irse, pero la voz de la Hyuga la hizo detenerse.
―Su padre y usted…
―¿Qué tratas de decir? ―preguntó de repente, haciéndola encoger de miedo por su cambio de voz alto y potente.
―N-no ti-tienen bue-buena relación… ¿Verdad?
Sasuko se volteó, para mirarla recargándose en una banca. Sus dos manos rebosaban los bolsillos de su chaqueta, y sus ojos mirándola desde su altura extrema femenina. Mantenía su expresión serena, tranquila e indiferente.
―No ―dijo, con voz neutra―. El me odia por ser mujer, y yo por ser su títere favorito entre su colección.
Hinata parpadeo, confundida e inexplicablemente interesada. Por alguna razón lo sentía familiar, como si un pequeño lugar solitario se agrietara.
―No quería mujeres en su familia…
―La tradición son los varones que pueden hacerse cargo de todo lo referente al negocio.
―Todo el peso decayendo sobre tu espalda ―Se mordió el labio, llevando una mano en su corazón, apretando su camisa―. Al final solo te usan, para el "bien" por la empresa…
No lo había visto de esa forma, pero ahora lo aceptaba. Su padre la usaba para solo contraer matrimonio y traer bienes con la empresa socia. Odiaba admitirlo, pero era cierto. Esa manera cruel en la que la utilizaba, era tan espantosa, ¡Ella no quería casarse! Quería casarse con amor, no por compromiso.
Entonces la miro, Sasuko la leía con sus ojos, sabiendo que las dos eran casi iguales. Sasuko era la vengativa chica que se volvió fría gracias a su padre, y ella, la tipa tímida que apenas puede hablar, enfrentarse a su padre y ser tan sumisa por el gran acoso de su familia que la criticaba.
Sasuko no le tenía miedo a su padre, pero ella sí.
Sasuko la estaba ayudando a abrir los ojos, a conocerse a sí misma…
Ahora lo entendía.
El silencio se volvió sepulcral, el corazón de Hinata se volvió rítmico, casi tanto como el color rojizo de su rostro. Pero el giro de su acompañante la sorprendió.
Sasuko se encaminó al salón, jalando la puerta corrediza sin mirar atrás. En unos momentos después, las chicas entraron, mirando hacia la dirección donde Sasuko se había ido. Sakura tenía la mirada abajo, mordiéndose el labio, para después mirar a Hinata. Esta la desvió, sintiéndose más culpable que de costumbre.
Quería estar con Sasuko, de alguna forma siempre la atraía, pero estando Sakura de por medio se sentía mal y arrepentida.
Pero… Ella no quería dejarla, no después de lo que descubrió.
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―No sé ustedes ―Ino llevó sus manos en las caderas, sonriendo―, pero se ven D-I-V-I-N-A-S.
Hinata se sonrojo, con tal de que el vestido se le hiciera más corto. Estaban frente a la casa de Karin, el olor a alcohol se olfateaba con solo estar lejos, y el humo de cigarro de las personas que se encontraban tomando afuera se llenaba como pipas soltando aquello tan poco saludable.
Meneo su mano cerca de su rostro al pasar cerca de estos. ¡Era repugnante, y eso que se hacían llamar profesionales en todo! ¡¿Y sus pulmones?! ¡Morirían de cáncer!
Su vestido voló levemente al viento, deteniéndose apretando su olan con fuerza. Era tan ligero y liso, de un color azulino zafiro que tenía con pequeños olanes en sus hombros formando pequeñas rosas. Ino lo escogió especialmente para ella―antes tenía pensado darle uno rojo muy "sexy" y corto para su gusto―. Tenten no se salvaba, también llevaba un vestido a pesar de no saber usarlo, y Sakura radiaba con su vestido rojizo que contrastaba bien con su piel blanca, cabello rozado y ojos jades como dos diamantes.
Todas se veían bien, a comparación de ella que apenas y se retoco el rostro―con polvo y brillo en sus labios bastaba―, cepillar su cabello dejándolo suelto y unas zapatillas de tacón medió que apenas y se notaba un poco de su altura.
Suspiro entrando llenando sus oídos de una música tan ruidosa y poco discreta. Todos bailaban juntos, pegados centímetros con un leve junto de labios. Se sonrojo al ver a unos compañeros suyos besándose en medio de la pista.
Se sobresaltó al sentir unas manos en sus hombros, girándose con brusquedad, soltó un suspiro de alivio.
―Lo siento, no quería asustarte…
―N-no te preocupes Kiba–kun ―Sonrió, de forma amable―. Es bueno verte, pensé que no vendrías.
―Pues como ves, estoy aquí ―Llevó una mano a su cabello alborotado, sonriendo mostrando su colmillo diestro. Hinata rió, llevando una mano a sus labios―. Lo que me sorprende es que tú vinieras, Tenten me lo dijo.
―A-ah, es solo que quería salir de casa…
Mentira, ¡Si tuviera la oportunidad de irse, la tomaría sin dudarlo! Asistir a la fiesta es lo peor que le ha pasado. Suspiro cuando Kiba se distrajo, saludando a un amigo cercano. Se sintió un poco intimidada, las personas la miraban como un bicho raro, poco común y para nada especial. Estaba tan sencilla a diferencia de todas las mujeres del lugar―vestidos cortos, ajustados, maquilladas y zapatillas largas―. La gran diferencia es que su vestido no era de noche, solo era un vestido casual, pero aun así, las habladurías no se hicieron esperar.
¡Quería irse, y ya!
―Chicas entrometidas, no saben nada ―Kiba sonaba molesto, al igual que Neji cuando hablaban mal de ella. Siempre la protegían, como una hermana menor.
―K-Kiba–kun ―Llamó, captando su mirar―, no te pre-preocupes, s-solo hablan y ya…
―Pero de ti ―dijo―, y eso me molesta.
Asintió, un poco confusa. Se sentía excluida de aquel lugar, Ino y Tenten se metieron a bailar, y Sakura… ¿Dónde estaba Sakura?
La buscó con su mirada, y la encontró sentada, con un mirar triste a pesar de su gran luminosidad y radiante personalidad. Se mordió el labio, y después llevo su perla mirada a Kiba, que le correspondía confundido.
―T-tengo que irme, nos vemos luego Kiba–kun.
Sin más, dio un paso, para después dar otro y acercarse a su amiga que esperaba tranquilamente. Esa no era ella, ¿Qué le sucedía?, no quería saberlo, pero a la vez debía. Sakura era su amiga, y debía apoyarla―incondicionalmente de lo que pase entre Sasuko y ella―. Estaba tan distraída que no la sintió a su lado, Hinata tuvo que agarrarla del hombro, asustándola un poco yéndose para atrás.
Sakura desvió sus ojos jades, mirando el suelo.
A pesar de la música, el silencio entre ellas era tan tenso que no sabían de qué hablar. Hacía mucho que no se comunicaban, a pesar de que se juntaban, Sakura ya no le contaba sus historias alocadas, ni tampoco le decía las cosas ni temores que padecía. De alguna manera la extrañaba, en tan corto tiempo.
―Sakura–san…
―Hinata ―Interrumpió, cerrando los ojos―, realmente te envidio.
Hyuga parpadeo confundida.
―No entiendo.
―Sasuko–san ―Miraba ahora el techo, mostrando una leve sonrisa al nombrarla―, ella realmente va en serio.
―O-oh… ―Hinata se sonrojo, jugando con sus dedos en su regazo―. Y-ya me lo ha dejado claro… T-todos los días.
Sakura rió, un poco, para después mirarla. Sus ojos estaban llenos de dolor, tristes por la pérdida de su primer amor. Hinata se sentía mal, no quería hacerle daño pero ya estaba todo decidido.
―Has podido ver lo que nadie ha visto, incluida yo, nunca pude conocerla de la manera en que tú la conoces.
Se sonrojo, más de lo debido. Ella no la conoció tanto, pero si un poco para entenderla. Sonrió.
―Primero tuve que conocerme a mí misma ―dictó, aun con esa sonrisa tonta en sus labios―. Fue… raro ―Empezó con la mirada gacha―. Al principio no sabía qué hacer, y estos tres días… Me di cuenta de lo que realmente quiero ―Alzo su cabeza―. Quiero olvidarme de mis ideales, y sentirme por primera vez amada ―Se giró a Sakura―. Y no me importa, que Uchiha Sasuko sea quien me haga sentir de esa forma, porque de cierta manera… Yo quiero hacerla sentir igual.
Sus palabras no se trababan, la hacían más segura de sí misma que antes. La había conocido en poco tiempo, como ignoraba a las personas que les disgustaba, como era tan amante de ese fruto rojo que la hacía poner una minúscula sonrisa, además de ese talento innato que hasta odiaba de cierta forma.
Era tan vacía… Pero que estaba dispuesta llenar de amor; de su amor.
Sakura le sonrió, cogiendo su mano con fuerza. Podía percibir esas lágrimas a punto de salir de sus ojos, pero parecía mantenerlas ahí. Era fuerte, era muy fuerte; a diferencia de ella, no se podía defender por algo ni por nadie, ni siquiera podía protestar, pero de algo si estaba segura.
Lucharía por estar con Sasuko, quiera su padre o no, ni siquiera él ni su familia se interpondrían entre ellas. Ya no sería la misma chica sumisa ante las personas que hablaban mal de ella, ahora sería diferente. Diferente por sí misma, y diferente por Sasuko.
Apretó con fuerza su mano con las suyas.
―Cuídala, ¿sí?, se ve rota, pero nunca pude entender porque. Solo… Hazla feliz.
Ella sonrió, asintiendo.
―Sí, Sakura–san.
Un carraspeo, pequeño y suave, las hizo voltear. Sasuko se encontraba recargada en los brazos del sofá, con las piernas extendidas y cruzadas entre sí. Las miraba, con detenimiento. Sakura soltó a Hinata al momento, sonrojándose al verse de esa forma ante su primer amor. Ella se encogió en su asiento, sintiendo los ojos de Sasuko en su persona.
Miraba sus piernas largas con unos vaqueros negros ajustados, con unas botas de tacón grueso. Las manos dentro de sus bolsillos de esa chaqueta que uso aquel día en que la conoció. Tan hermosa como era, con ese cabello azabache en coleta, lacio y sedoso. ¡Dios bendito! Quisiera tenerlo entre sus dedos para acariciar esas bellas hebras, volviéndose locos esos sentimientos no medidos que estaba teniendo.
¿Cómo tendría el cabello suelto? ¿Sería realmente largo como parece? ¿Se vería linda? Cada vez le daba curiosidad toda, toda de ella. Era hermosa, seductora y candentemente sexy, odiaba admitirlo, pero le gustaba.
Le gustaba Uchiha Sasuko.
Había caído, como una tonta chica enamorada.
Sasuko la cogió de la mano que Sakura antes había agarrado, y la llevo en sus labios. Se sentían tan cálidos, húmedos… Ya quería sentirlos en los suyos. Los quería ahora, y no podía aguantar ni un poco más.
Sonrió, sabiendo que la había leído. La levantó, llevándosela lejos de los demás y encerrándola en una esquina, Sakura se había ido a otra parte, dejándolas solas. Sentía sus brazos cerca de su cintura, pero lo que más sentía era su respiración agolpando la suya. Debía besarla, tenía que hacerlo, deseaba que lo hiciera.
Entonces se acercó al oído.
―Qué noche tan silenciosa… ―dijo, sonriendo de lado―. Es el momento ―Oh si, ya lo entendía, quería decirle lo que nunca le pudo decir en el salón. Ya era el momento indicado―. Hinata… duerme conmigo.
Se sonrojo, a niveles extremos.
¡¿Qué hiciera qué?!
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Su respiración acortada, sus labios entreabiertos soltando aire pesado. Se estiro, alzando su abdomen al sentir esos dedos traviesos en su vientre. La atrapó con sus labios, sintiendo su lengua merodear por toda su boca, chupando sus labios y mordiendo con fuerza hasta dejarlos rojos. Se sentía bien, como su pierna la estimulaba de forma coherente y grandiosa.
―Ah…
Llevo sus dos manos en sus senos, masajeándolos y tocándolos con suavidad. Sasuko susurraba su oído, de manera erótica y ronca. La humedad de sus piernas se sentía, la pierna de su amante la seguía meciendo sin poder controlarse.
―N-no…
―Levántate… solo un poco.
Hinata obedeció sin protestar. El vestido se fue retirando de su cuerpo, poco a poco, hasta dejarla solo en ropa interior. Sasuko la miraba de una forma tan lujuriosa, perversa que la hizo sonrojarse. ¡No debía de mirarla así!
―Desde aquella vez, no he podido olvidar todo de ti ―Sasuko la acostó, de igual forma, desabrochando su sostén y quitándoselo al instante―. Nos interrumpieron, pero ahora ―Sonrió, de manera perversa, pellizcando sus pezones haciendo que se mordiera la lengua con fuerza, alzando sus caderas al muslo de Sasuko―… ya no escaparas de mí.
Se lanzó hacia sus pezones, chupándolos, amatándose de ellos con fiereza. Hinata no dudo en soltar un gritillo al ser descubierta de sus bragas, metiendo sus dedos sin autorización ni permiso.
Por dios, sus dedos tocaron su clítoris, moviéndolos en forma de círculos. La temperatura de la noche era muy fría, pero subió de manera drástica con tan solo encimarse a ella. Hinata gimió, alzando sus caderas, con los dedos moviéndose tan tremendo, aun por mucho que quería detener ese ruido tan vergonzoso, Sasuko sonreía por su fuerza de voluntad.
Chupo la areola, hasta terminar en su pezón mordiéndolo con fuerza. Hinata jadeo, alzando su espalda moviéndose de lado. Quería escaparse de esos dedos, de esa boca que estimulaba sus pechos, pero era más fuerte que ella. Apretó las sábanas, cerrando los ojos con fuerza, emitiendo más sonidos de los que debería de hacer.
Era oscura, esa sonrisa de lado. ¡No debía de sonreírle así! La humedad crecía, más por esos dedos expertos que sabían perfectamente lo que hacían, invadiéndola por completo sintiendo esa humedad.
Sintió su interior apretándose, estaba a punto de llegar al éxtasis, de ese placer que tanto le proporcionaba.
―¡S-Sasuko!
Gritó con fuerza, temblando sus piernas y estirándolas sin poder escapar. Respiro con fuerza, dificultosamente, con la imagen borrosa de Sasuko encimándose a ella y sellar sus labios de un lento y apasionado beso.
Llevó sus manos a su cabello, acercándola a ella lo más pronto posible, deshaciendo toda su coleta hasta dejar su cabello suelto. Sintió un pequeño cosquilleo en su nariz, soltando sus labios para verla. Estaba sonrojada, acercándose a su cuello saboreando su piel y tocando toda su cintura. Gimió por sus manos tocar sus nalgas, apretándolos fuertemente.
De un momento, Sasuko se levantó quitándose su chaqueta y su camisa, dejando solo su sostén en la vista. Hinata no dudo en acercarse, levantándose hasta quedar sentada, haciendo el mismo procedimiento que ella.
Toco sus senos y los masajeo, sus manos temblaban, pero cuando Sasuko la comenzó a guiar para seguir su propio ritmo, Hinata alzo esa tela y chupo con miedo su pezón. Miro hacia arriba, encontrándose con la mirada penetrante y oscura de su compañera. Succiono, juntando sus dos pechos y amamantando los dos pezones a la vez, quitándole lentamente sus pantalones hasta dejarla en bragas. Sasuko le acariciaba la cabeza, acercándola más a sus pezones, sacando su lengua y moverlas para que las cogiera con su boca.
Podía percibir esa maldad, claro que sí, pero las quejas no estaban incluidas a lo que estaban haciendo, y menos cuando la empujo cogiéndola de las muñecas lambiendo su cuello hasta llegar a sus labios en un tierno ronroneo.
Comenzó a descender, pasando por su vientre y llegar hasta su vagina. Recorrió con su lengua sus muslos, de una forma exquisitamente provocativa, lenta y tortuosa. Hinata tenía una gran presión en sus piernas, tratando de cerrarlas por la vergüenza, pero después bajo su mirar perlado, dejándose envolver por aquel cosquilleo que inundo todo su ser.
La lengua de Sasuko comenzó a moverse a su interior, dándole una cálida sensación y embriagador placer recorriendo cada parte de ella. Ella no sabía cómo, pero de forma inconsciente, y por culpa de ese placer real guiándole, enterró sus manos en su cabeza, acercándola más a su sexo que necesitaba la atención inmediata de su musculo para calmar ese clítoris palpitante en su vagina.
Tan exquisita era la sensación, que las manos de Sasuko se enterraron en sus muslos, acercándose más moviendo su lengua hasta meterla en su entrada. Cada vez los movimientos eran más rápidos, su cadera se movía al vaivén de su lengua, avergonzándose de la clara dominación entre las dos.
Estaba a punto de llegar, ya lo sentía cerca. Ese sería su segundo orgasmo, y vaya que lo esperaba.
―Ngh… Ahh…
Su interior exploto, corriéndose de inmediato en la boca de su amante de forma automática. Hinata temblaba, aun por la sensibilidad de su sexo ante la lengua aun ferviente de deseo de Sasuko. Esta se levantó, quitándose su ropa interior de un movimiento ágil. Comenzó a gatear hasta llegar el rostro de la chica, que esta no dudo en percibir el mensaje ante la llamada de atención del hirviente clítoris de Sasuko.
Toco con la punta de su lengua su entrada, siendo invadida por la humedad de su amante. La escuchó gemir, moviéndose ante la clara lentitud de ella. Era un vaivén acompasado de lentitud al principio, para después llegar a rapidez extrema.
―B-buena niña… sigue así…
Se aferró al respaldo de la cama, escuchándola rugir ante los movimientos de su cadera. Eran fuertes y tolerantes, llegando hasta la punta de su nariz y terminar hasta su barbilla. Chupo los labios, metiendo su lengua en la entrada y succionando su clítoris como ella lo hizo en la suya. Era salada y abundantemente deliciosa.
Jamás pudo imaginarse tal sabor.
Las piernas le temblaban, se aferró a sus piernas para acercarse más a su vagina, teniendo más vialidad a su entrada sin importar que tanto se movían sus caderas en el movimiento de su inexperta lengua.
―H-Hinata… Me v-voy a venir…
Y como fue dicho, Sasuko exploto en su boca, soltando un ronco y largo grito de placer. Por dios santo, sus oídos se complacieron al oírla tan provocativa y satisfecha por su acción.
Por primera vez se sintió poderosa.
Las pequeñas convulsiones que tenía la obligo a tirarse a un lado, pero jalando todo su cuerpo para acostarse encima de ella. Tenían la necesidad de probarse, de que sus sabores se mezclasen en un beso apasionado y subido de tono. Era como una droga, o una botella de alcohol, que sin ninguna queja se volvería adicta. Aquellos labios la aprisionaban, volviéndose superiores que los suyos.
Sasuko la abrió de piernas, acortando el beso que tenían, para luego posicionarse entre ellas.
―Siempre quise hacer esto contigo ―dijo, chupando toda su palma, y ponerla en todo su coño meciéndose levemente en la de su compañera que suspiraba de placer―… Q-quiero llegar contigo… Las dos juntas…
Un vaivén lento, chocándose entre las dos de manera tortuosamente placentera. Hinata cerró los ojos, con fuerza, gimiendo apenas por el choque de vaginas que tenían. Sasuko enterró sus uñas en la pierna de su amante, empujando sus caderas a las suyas y meciéndose de tal forma a que se volvieran rápidas y fuertes.
Grito, siguiendo el mismo ritmo provocativo de su compañera.
―M-más rápido…
Sasuko sonrió, volviendo su vaivén más rápido y acompasado. Claro que quería que fuera más rápido, era demasiado exquisito tener sus dos coños juntos hirvientes de deseo carnal y chocándose con violencia. Los gemidos de Hinata eran como cantos en sus oídos, y esa forma en que jadeaba con el cuerpo lleno de sudor la hacía mecerse más rápido.
―E-eres tan deliciosa ―Cerro los ojos―. M-me vengo… ¡Córrete conmigo, Hinata!
―¡Ahh!
El grito mutuo de las dos las hizo caer ante la explosión de sus sexos juntos, cayendo en una convulsión propia del deseo. Hinata respiro hondo, sintiendo su clítoris arder ante la masturbación vaginal. Al igual que Sasuko, está aún se movía, hasta dejarse caer en el cuerpo de su compañera.
Suspiro deleitándose ante los mimos de Hinata, acariciando su cabello largo pegado a su espalda, los besos cariñosos a su frente y labios que radiaban ternura.
Si así serían las sesiones de sexo que tendrían, la repetiría las veces que faltan.
Un mundo perfecto para ellas, en solo una noche silenciosa.
Notas de la autora:
¡Tarde pero bueno, hice mi intento!
¡Gracias por leer, este es el final de este Two-Shot!
Agradezco a las personas que leyeron, pusieron en favoritos y siguieron este corto fic, realmente las amo :3
Tengo pensado hacer un fic Yuri SasuHina, solo que cuando acabe con todos los que tengo pendientes, lo subiré sin excusa ni pretexto. ¡Espero les haya gustado!
¡Un abrazo y agradecimiento a Daisuke-37 y ZaRiiTa-chan!
Perdonen mis horrores ortográficos :v
Únanse al lado oscuro, las quiero, Bye-Bye (owo)/
19/12/2015
