-Ah, por fín llegas, Capitán.
Hans Günsche cerró la puerta tras de sí en absoluto silencio, mirando con su habitual expresión inexpresiva al Mayor, sentado orondamente en su cómodo asiento.
-Deseaba discutir contigo los detalles del asalto a Hellsing. Quiero darte instrucciones privadas, que ya le he dado a Gunter.
El licántropo ni siquiera cambió su expresión, pero su desagrado ante ese nombre fue evidente para su superior, que conocía las pequeñas señales casi invisibles que delataban los estados de ánimo del hombre lobo.
-Se que te desagrada el aprendiz del Doctor, pero deberás hacer una excepción... Puede que sea la única manera de capturar 'vivos' a los vampiros de Hellsing, y no nos sirven hechos pedazos... ¿Comprendido?
El Capitán asintió secamente. Max Montana continuó, jugueteando ociosamente con una pequeña reproducción de un dirigible.
-Quedas encargado de la misión, y espero que sea fructífera... Quiero al menos uno de los vampiros de Hellsing para continuar nuestra experimentación, preferiblemente que sea Alucard, o la nueva, ya sabes...
Hans asintió de nuevo. Interiormente estaba ansioso por ir a Londres y volver a encontrarse con la descarada hembra que se había mostrado más que competente en la lucha contra él. Por otro lado, no tenía ningún deseo de perder un enemigo tan formidable en los laboratorios del Doctor.
Pero él solo obedecía órdenes.
El licántropo abandonó la habitación sin pronunciar palabra ni hacer ningún ruido, como era su costumbre, y el Mayor siguió jugueteando con su dirigible en miniatura, hasta que una vocecita estridente e irritante le sacó de su ensoñación.
-¿Y por qué no envía al resto de hombres lobo, jefe? Unos vampiros no son rival para nosotros...
El Mayor bajó la vista hasta el suelo ante su sillón, donde como por arte de magia había aparecido un niño de unos catorce años, vestido con un uniforme de las Juventudes Hitlerianas. La única nota discordante eran unas curiosas orejas de gato que el niño mesaba melosamente.
-Ah, Schröedinger... Ya te he dicho que tenemos archivos, tanto de Alucard como de la señorita de Cameron... y ambos son expertos cazadores de hombres lobo... No quisiera quedarme tan pronto sin mi infantería más útil.
-¿Entonces por qué envía al Capi? – el niño señaló con la cabeza la puerta cerrada por donde había desaparecido el licántropo.
El Mayor sonrió mientras se ajustaba las gafas.
-Pues porque él, a diferencia de los demás hombres lobos de mi ejército, es un experto cazador de vampiros... ¿No es emocionante? Tengo curiosidad por saber como se presentará el panorama... Queda poco para poner en práctica nuestro plan, y arrasaremos Hellsing hasta sus cimientos. Capturaremos a sus vampiros y experimentaremos con su sangre ancestral para volvernos más poderosos, ¡y nadie podrá detenernos!
El sargento Schröedinger observó con una sonrisa feliz a su Mayor, que exaltado se había puesto en pie mientras recitaba su discurso. Desde luego, el panorama era emocionante... Quizá hasta se escabullera a la mansión Hellsing para ver como iba todo... Solo para ver si el Capi ganaba o no.
