He vuelto xD Por problemas variados (estudios, problemas médicos, defunción del ordenador y casi de los archivos, etc etc) he tardado tanto, pero aqui estoy, calma xD Se que es un capitulo cortito, pero prometo que el proximo será más largo

Mediodía. El pesado avión de carga surcaba el gris cielo británico, rumbo al Norte. En la cabina, Pip Bernardotte, sentado junto al piloto, escuchaba atentamente las órdenes de Lady Integra por la radio.

-Nos han informado de que hay actividad de Millenium en las Tierras Altas, en Pictland. Es posible que haya un laboratorio oculto en la región, el satélite nos ha dado una imagen bastante clara de un edificio reciente, cercano al punto donde estableceréis la base. Asegurad el lugar, y en cuanto caiga la noche, Alucard y Michelle cumplirán las órdenes.

-¿Y esas órdenes son…?

-Buscar y destruir.

-Roger, jefa. Corto y cierro.

Pip apagó la radio y se recostó en el sillón del copiloto, mientras Clive dirigía el avión.

-Bonitas tierras.

-Y que lo digas…

-¡Hola!

Ambos mercenarios suspiraron al escuchar la vocecita infantil y emocionada que se escuchaba tras ellos. Amanda se había negado a quedarse en Londres, insistiendo en acompañarles en la misión, y ni siquiera la amenaza de encerrarla en las mazmorras la había hecho desistir. Finalmente, cuando había hecho levitar todo el mobiliario del salón, se accedió a su presencia, bajo condición de no estorbar.

La pequeña se subió al tercer sillón libre para atisbar por encima del panel de mandos.

-¡Cuántas nubes!

-¿Cómo estás llevando el viaje, pequeñaja?

-Muy bien, pero hasta que no despierten los bellos durmientes, es aburrido. ¿A dónde vamos exactamente?

-Al norte de Escocia, a Pictland. Al parecer hay rastros de Millenium por la zona. ¡Por fin vamos a tener diversión! Aunque no se como te han dejado venir… puede ser peligroso.

Amanda balanceó los pies alegremente, en absoluto preocupada y mirando los nubarrones que presagiaban tormenta con interés.

-No me preocupa. Michelle cuidará de mí. Por cierto, ella nació en Escocia, en Inverness… ¿Pictland queda cerca de Inverness?

-Ni idea, pero creo que es más al Norte… ¿Clive?

El piloto, sin apartar los ojos de los instrumentos, contestó.

-Creo que sería mejor que le preguntaras a McAllan. Pero creo recordar que Inverness está al lado del lago Ness, y Pictland está varios kilómetros más al norte, cerca de la costa.

-No le puedo preguntar a McAllan porque se quedó en Londres – Amanda refunfuñó un poco, recordando al fornido escocés, mercenario de los Gansos Salvajes, y después sonrió - ¿Qué vamos a hacer?. ¿Será emocionante?

Pip se rió, girando el sillón para mirarla.

-Nada, lo normal… estableceremos una base en algún pueblecito, montaremos el equipo sin llamar la atención, aseguraremos la zona, y cuando sea de noche… - bajó la voz como para contarle un secreto, tapándose la boca a medias con la mano. Amanda se inclinó hacia él, interesada – cuando sea de noche nos quedaremos en la base sentaditos mientras esos dos salen de caza. Y lo de quedarnos sentaditos te incluye a ti.

La señaló con el dedo, intentando parecer amenazador, y la pequeña asintió.

-Ya se, ya se… si no, Michelle es capaz de encadenarme a una pared…

-Bueno… sí, es capaz. Pero de todos modos, parece que quiere protegerte.

Amanda sonrió y soltó una risita.

-Lo se. Se comporta como si fuera mi hermana mayor. La quiero muchísimo…

Clive tosió brevemente para captar su atención, y señaló con la mano un punto inconcreto delante de ellos.

-Ahí está la pista de aterrizaje.

-Perfecto – Pip se desperezó y después sonrió a Amanda mientras se frotaba el parche – será mejor que vayas a sentarte y a ponerte el cinturón. Aterrizaremos en breve.

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La noche tendía ya su manto sobre la campiña escocesa, mientras el Sol empezaba a ponerse en el horizonte, entre las nubes, y jirones de brumosa neblina recorrían la tierra, envolviendo con su fantasmal apariencia las casas del pequeño pueblo donde los Gansos Salvajes habían establecido su base temporal.

En el sótano de la casa en cuestión, el inmenso ataúd negro reposaba en mitad de la estancia. Con su sola presencia, el aire parecía enrarecido, helado, y en cierto modo aterrador. Las letras grabadas en su tapa brillaron levemente cuando la luz de las velas tembló antes de apagarse.

Y la tapa empezó a moverse.

Una voz profunda, cargada de diversión y veneno, ronroneó desde las tinieblas del interior.

-Llegó nuestra hora, amor mío…

En las sombras se abrieron dos pares de ojos, unos intensamente rojos, los otros, intensamente azules.

Alucard se incorporó hasta quedar sentado, sosteniendo a Michelle en sus brazos aún y acunándola como había hecho durante el largo viaje dormidos en el ataúd. Con delicadeza devolvió un rubio mechón a su lugar, y sonrió con ferocidad a su amante. Sus colmillos destellaron en la oscuridad.

-¿Qué te ha parecido el viaje?

Michelle sonrió a su vez, e hizo un vago gesto con la mano. Las velas apagadas se encendieron de nuevo, y ella frotó mimosamente su nariz contra la del vampiro, con la misma sonrisa feroz y cruel reflejada en ambas bocas.

-Soporífero. Y tengo hambre…

-Yo también.

La vampira se levantó y salió del ataúd con lentitud, desperezándose como un gato, y le miró con la misma sonrisa hambrienta.

-Va a ser divertido… - casi se relamió de anticipación.

Alucard la observó, complacido, aún sentado dentro de su ataúd y tamborileando ociosamente con sus dedos sobre la pulida madera negra. Sólo llevaba los pantalones y la camisa, con los botones del cuello desabrochados descuidadamente, sin corbata. Con el pelo revuelto y esa sonrisa, Michelle sentía ganas de devorarlo. A besos, obviamente.

El vampiro captó el pensamiento y le tendió los brazos con una amplia sonrisa.

-Presiento que va a ser una gran noche… pero puede esperar un ratito…

Ella asintió, sonriente, y dio un par de pasos hacia él…

Fue en ese momento cuando empezaron a escuchar los disparos.

Michelle corrió hacia la escalera, sin detenerse siquiera para buscar alguna de sus armas. Alucard se incorporó rápidamente y la siguió, pero él si tomó sus pistolas. Rió en voz queda mientras la seguía hacia la escalera. Si que va a ser una gran noche.