Harry Potter pertenece a J.K. Rowling. Yo escribo fanfiction por simple placer, de tal modo que este fic no tiene fines de lucro. Simple y puro pasatiempo.
Este fic fue creado para "La Gala del Dragón 2015" del foro Draco Dormiens Nunquam Titillandus
Título: Encuéntrame en Rumania.
Capítulos: 2/10
Personajes: Draco Malfoy/Harry Potter/Charlie Weasley.
Advertencias: Slash/Lemon/EWE/Trío. Este fic narra una relación homosexual que, conforme la trama avance se centrará en tres personas. Hay malas palabras, poca coherencia, ignoración monumental del epílogo, y cosas varias que podrían resultar incómodas para algunas personas. Si eres parte de ella... ¡huye! Sino, bienvenido seas. Dicho está. Sobre advertencia no hay engaño.
Encuéntrame en Rumania
Por:
PukitChan
Capítulo 4
La danza con la muerte
«Nunca supe esperar, nunca quise.
Yo amaba sin negociaciones previas;
nunca aprendí a cuidarme.
Amo todas mis cicatrices.»
—Edel Juárez
Los siguientes días en la reserva pasaron como un suave y tímido suspiro. Cada mañana, Harry se sorprendía de la facilidad con la que estaba adaptándose a las tierras altas de Rumania, donde todos los días escuchabas sobre dragones, heridas, contratiempos y bromas. Era difícil echar de menos al Ministerio, aunque Harry pensaba muy seguido en Londres a causa de Marietta y sus eternos reportes repartidos sobre la mesa. Su relación con ella, por cierto, había pasado de ser tensa a un trato distante, pero cordial. Mientras él no arruinara ni desordenara nada en sus hábitos diarios, ella podía ser una buena compañera, de esas que se metían en tu vida solamente cuando era necesario o estuvieras muy desesperado.
Harry trató de ser un buen compañero también. Sin darse cuenta, habían creado una rutina que incluía desayunos hechos por Marietta y cenas preparadas por él. A la hora de la comida, se fue volviendo una costumbre comer cerca de los sitios donde encontraban los nidos, por lo que en ese momento contaban con la ayuda de un dragonolista experto en el arte de sobrevivir. Harry, naturalmente, consideró que era una vida agradable y apacible en donde podría establecer su nueva zona de confort. Inclusive se había convencido a sí mismo de que lo que había presenciado con Charlie y Draco había sido un momento de morbosa curiosidad y que no tendría más trascendencia en su vida; estaba seguro de que si se esforzaba, podría llegar a ser como Marietta y aprender a no meterse en la vida de los demás. No era de su incumbencia cómo Malfoy había llegado a Rumania ni por qué terminó con Weasley, ¿cierto? Eso eran asuntos que no le concernían. Y como ya habían pasado cinco días adoptando esa filosofía de vida, entonces no sería tan difícil asumirla por el resto de su existencia, ¿verdad? ¿Verdad?
Harry, por supuesto, había olvidado (o fingía no darse cuenta) que su naturaleza básica difícilmente podía ser cambiada. Sobre todo cuando se trataba de ayudar a los demás; nunca había sido de esas personas que preferían mantenerse al margen. No sabía fingir indiferencia.
—¿Marietta?
Ella detestaba ser interrumpida cuando leía, Harry ya lo había aprendido. Sin embargo, no pudo evitarlo, sobre todo porque necesitaba saber la hora en la que partirían ese día hacia los nidos. Marietta, no obstante, levantó la mirada en un acto que a Harry le pareció más por inercia que por real atención, pero aun así lo miró y murmuró:
—¿Vas a hacer ejercicio?
—Nop —dijo rápidamente, señalando con el pulgar hacia la chimenea—. Nos estamos quedando sin leña. Ya pregunté dónde puedo cortar algunos troncos. Al parecer hay una zona especial para ello y está a media hora de distancia de aquí, porque no podemos cortar cualquier tipo de árbol y…
Marietta, sin apartar su vista de Harry, levantó una ceja en un gesto que el otro entendió como una advertencia previa; las mañanas no eran muy buenas para hacerla extender su paciencia. El auror sonrió a modo de disculpa y rápidamente añadió:
—¿Iremos a los nidos durante el mediodía, como ayer?
—Hoy no iremos. Tienes la tarde libre, Harry, así que puedes regresar a la hora que desees. —Él se sorprendió, principalmente porque en ningún momento sentía que estuviera trabajando. En realidad, parecía más un turista que estaba conociendo todas las áreas de Rumania con la ayuda de muchos guías expertos.
—¿Por qué? Es decir, ¿ocurrió algo? ¿Puedo ayudar?
Marietta entornó los ojos, pero sonrió, sin poder creer la actitud tan solícita de Harry. Seguramente, si alguien le pidiera atender a los ancianos, él lo haría con mucho gusto.
—No te preocupes, es solo que hoy no hay ningún dragonolista disponible para que nos guíe. Al parecer, anoche hubo una pelea entre dos dragones hembra y un macho por el territorio, y casi todos están atendiendo ese asunto.
—Entiendo —dijo, asintiendo aunque aún parecía preocupado. Sin querer interrumpirla por más tiempo, Harry le sonrió mientras se despedía con un movimiento de su mano. Marietta solo exclamó un murmullo que para Potter fue suficiente; realmente, Marietta podía ser bastante recelosa de su espacio personal cuando se lo proponía.
Aun así, las palabras de Marietta adquirieron sentido cuando descubrió las pocas personas que había en la reserva esa mañana. Harry saludó a unos magos alemanes de los que se había hecho amigo dos días antes. Ellos le confirmaron, con su fuerte acento y unos detalles adicionales, lo que Marietta le había dicho: al parecer, hubo una batalla de territorios entre tres dragones, donde todos habían salido heridos luego de que, accidentalmente, un huevo había sido aplastado en la riña. Cuando fue el turno de Harry de informar sus actividades del día, uno de los magos le pidió recolectar una planta medicinal, cerca de la zona donde podían cortar leña.
—Tienes que caminar unos treinta metros por el sendero que hemos creado —dijo, entregándole un pergamino donde estaba dibujada la planta en particular—. Es un sembradío que hemos creado bajo condiciones especiales, porque no crece naturalmente aquí.
Al tener el día libre, Harry aceptó gustoso el poder ayudar, además de que tendría algo más que hacer para entretenerse y así no pensar demasiado. Después de unas instrucciones más, se encontró caminando, y gracias a un Oriéntame, que debía ser el encantamiento más útil para sobrevivir en la reserva, llegó al lugar que estaba buscando, sorprendiéndose cuando encontró varias hachas esparcidas en el suelo, cerca de algunos largos troncos que parecían tener poco tiempo de haber sido tirados.
Nunca antes Harry había cortado leña, pero supuso que no sería algo tan difícil. Hizo levitar uno de los troncos para separarlo del resto y tomó el hacha, intentando recordar alguna escena de esas viejas películas muggles, donde el leñador de barba vestía siempre una camisa roja de cuadros y un gorro de lana. Cerró los ojos, dejando caer toda su fuerza en el hacha para partir el tronco por la mitad, sintiendo de inmediato cómo la madera apenas y se inmutaba ante su toque.
De acuerdo, tal vez cortar leña no era tan fácil como parecía.
Tras un rato intentando comprender el arte de cortar troncos, Harry tenía que reconocer que era una persona bastante simple si se divertía tanto con una actividad como esa. Cuando juntó la suficiente leña para que la chimenea funcionara por una semana más, Potter buscó en sus bolsillos el pergamino doblado para poder recolectar la planta que le habían pedido. Encontró con relativa facilidad el sendero que le indicaron, por lo que dedujo que no tardaría en hallar el sembradío. Efectivamente, así fue.
Harry agradeció por primera vez en mucho tiempo, a las clases de Herbología donde había prestado atención, porque estuvo a punto de confundir una planta medicinal, sencilla y sin peligro alguno, con una mandrágora madura, que sin duda lo hubiera desmayado a causa de su llanto. Se arrodilló sobre la tierra, sintiendo el sol matutino entibiar todo su cuerpo; a lo lejos, se escuchaba el bramido de unos dragones. Si bien aquel sonido era tan común allí como el ulular de las lechuzas, Harry no pudo evitar sentir un escalofrío recorrer su columna; donde sea que estuviese ese dragón, sin duda alguna estaba enojado. Al preguntarse vagamente si esa era la criatura de la que había escuchado hablar en la mañana, Potter no se percató de que sus dudas se resolverían en cuestión de minutos.
Al principio, no comprendió lo que estaba ocurriendo. El rugido que había creído un eco lejano, se intensificó con tanta fuerza que, instintivamente, se cubrió los oídos con las manos al intentar protegerse y sentir temblar el suelo; luego, todo se sumergió en un sepulcral silencio que bajo ninguna circunstancia podría considerarse como un buen presagio. Antes de que Harry pudiera incorporarse, una manchas oscuras atravesaron el cielo con tanta rapidez que una persona inexperta los hubiera confundido con unas aves; Harry, en cambio, supo de inmediato que eran dos magos en escobas. Frunció el entrecejo y se levantó, guardando a tiempo las plantas que había recolectado, porque una inesperada ráfaga de viento sacudió los árboles, seguido de otro rugido, esta vez más cercano.
Fue como si su alma cayera a sus pies.
A lo lejos, un enorme dragón, de ojos púrpuras y puntas afiladas en el lomo, se acercaba volando mientras arrojaba llamas a sus lados, claramente con el deseo de matar a lo primero que se atravesara en su camino. Impresionado por la imagen, Harry tardó unos segundos en ver las motitas que giraban alrededor del dragón: eran domadores que volaban en escobas, todos arrojando hechizos para desviar su vuelo que, a cada segundo que transcurría, se acercaba más y más al campamento. Y si lo encontraba, aquello sería un total desastre de terribles proporciones. El puñetazo de aquella realidad tan peligrosa le devolvió a Harry los instintos que no desconocían las situaciones de vida y muerte.
Marietta, pensó de inmediato, está sola en la cabaña.
Corrió hacia el campamento, suplicando que los dragonolistas pudieran desviar al dragón o detenerlo el tiempo suficiente para que las personas que estaban en el campamento tuvieran tiempo para desalojarlo. Estaba sin aliento cuando vio pasar otros magos y un thestral encima de él, mientras el hombre que lo montaba, que no era otro sino Draco, gritaba hacia todo el que pudiera escucharlo:
—¡No nos dará tiempo! ¡Oculten el campamento! ¡Rápido, lancen hechizos de protección y desilusionadores! ¡Cierren el paso! ¡No permitan que lo vea!
El dragón y los domadores que lo atacaban alcanzaron a Harry mucho antes de que él llegara al campamento; una enorme sombra oscureció el cielo y unas llamas elevaron la temperatura cuando el dragón intentó defenderse de otro ataque masivo de hechizos que debieron tener algún efecto, porque la criatura perdió el equilibrio en el aire, pero no cayó. Aun así, aturdido, en uno de sus encolerizados movimientos agitó la cola y golpeó violentamente a uno de los magos, destrozando su escoba y haciéndole perder el conocimiento mientras caía rápidamente hacia el suelo. Harry supo enseguida que ese hombre moriría si no lo detenía. Avanzó lo más rápido que pudo, y maldijo a todos los magos existentes en el universo cuando reconoció la cabellera roja de Charlie Weasley.
Un nudo en su estómago le cortó la respiración cuando esquivó exitosamente unos árboles y levantó su varita, gritando el hechizo que disminuiría la velocidad de su caída; piadosamente, Charlie aterrizó sobre un arbusto que, aunque lo lastimó, no le hizo perder la vida. Harry, con el corazón desbocado, tuvo que murmurar un desesperado «Accio, Charlie» que empujó a ambos hasta unas rocas lo suficientemente grandes para protegerlos cuando el dragón, ya más aturdido, lanzaba débiles pero peligrosas llamaradas hacia todas las direcciones posibles, por ser forzado a aterrizar.
Aunque aún estaban lejos, cuando el dragón finalmente cayó desmayado (llevándose consigo muchos árboles y el establo que estaba al inicio del campamento), la tierra tembló, anunciándole a Potter el fin de los problemas inmediatos. La terrible experiencia había durado unos cuantos minutos, pero para Harry fue una eternidad que se prolongó en el momento en el que, tras acomodar a Charlie en el suelo, buscó su pulso. No se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento hasta que sintió su fuerte corazón latir.
Recordando sus clases de primeros auxilios en la Academia de Aurores, Harry se apresuró a buscar heridas graves en Charlie. Encontró su pierna sangrando, un corte profundo en la mejilla y un roce en el abdomen. Tenía el brazo roto, pero nada de eso lo llevaría a la muerte, así que se dejó caer al suelo, respirando aliviado por estar vivo y, al mismo tiempo, suplicando que nada le hubiera pasado a Marietta. Intentó quitarse el sabor amargo que le producía el pensamiento de que estuviera lastimada, confiando en que habían detenido al dragón antes de que llegara al campamento.
Esperó unos minutos, tranquilizando su acelerada respiración y tratando de escuchar con atención, para asegurarse de que todo había vuelto a la normalidad. Lo último que necesitaba era verse atrapado en un conflicto de criaturas que tenían la capacidad de matarlos mucho más rápido y doloroso que con un Avada Kedavra.
La relativa calma habitual de Rumania animó a Harry a continuar. Las heridas de Charlie no estaban sangrando abundantemente, pero debía detener el flujo porque podía empeorar su estado. Potter, que no estaba preparado para una eventualidad así, extrañó a Hermione: su amiga siempre sabía qué hacer en situaciones así. No obstante, y siguiendo a su instinto natural de sobrevivencia, el auror sujetó el cuchillo que estaba enfundado en la cintura del pelirrojo para cortar su capa en varios trozos. Antes de que colocara el improvisado vendaje, una chispa de inspiración llegó a su mente: tras hurgar en sus bolsillos, encontró la planta medicinal que había recolectado. Aplastó las hojas en sus manos, lo suficiente para que la hoja liberara un poco de líquido y, tras un instante de vacilación, lo colocó directamente sobre la herida sangrante de la pierna para luego vendarla. Charlie soltó un gemidito de dolor, pero Harry no reculó. Repitió el mismo proceso con el resto de sus heridas y sonrió aliviado cuando vio que el cuerpo de Charlie se relajó visiblemente.
Pero su victoria se esfumó tan rápido como llegó, porque Harry pronto se dio cuenta del nuevo problema que tenía entre sus manos: no sabía cómo trasladar a Charlie. ¿Por qué siempre tenía que enfrentarse con situaciones así desde que había llegado a la reserva? ¿Acaso los demás no podían desmayarse cerca de alguien que tuviera más conocimientos en sanación? Si eso seguía ocurriendo, se dijo con un toque de humor negro, tendría que conseguirse una camilla pronto.
Inhaló profundamente para poder aclarar su mente. Tras el ataque del dragón y la subsecuente cantidad de magia que se había utilizado para proteger el campamento, Harry no sabía cuán seguro era trasladarse de esa manera. Además, en medio del caos, había escuchado a Draco gritar las órdenes de colocar hechizos de protección alrededor, así que también estaba la posibilidad de terminar incinerado por una barrera que, sin duda, debería ser lo bastante fuerte para atrasar a un dragón durante unos segundos. Claro, podía hacerlo levitar hasta el campamento, pero si eso de alguna manera aumentaba sus heridas…
—Tendrás que disculparme por esto, Charlie —dijo Harry, tomando al fin una decisión: caminarían. Después de todo, sentado allí mientras su mente divagaba, no resolvería nada. Además, comenzaba a preocuparle que el pelirrojo no diera señales de despertar pronto.
Se concentró para efectuar el hechizo con toda la suavidad posible. Obedientemente, tras pronunciar las respectivas palabras, el cuerpo de Charlie flotó a su lado, al parecer sin lastimarlo. No podría caminar rápido y tenía que tener cuidado de que en ningún momento se golpeara con algo, pero Harry se llenó de paciencia. Tenía que llegar pronto, además de que, probablemente, Draco estaría preguntándose dónde se encontraba su pareja. Y si bien no se imaginaba a Malfoy estallando en pánico, Harry prefería no comprobarlo sobre todo porque se suponía que su meta era no inmiscuirse más en su vida.
—Maldición, Charlie —masculló, comenzando a caminar mientras miraba el cuerpo del pelirrojo flotar a su lado—. No estás ayudando en mis nobles propósitos. No quiero verlos más, ¿entiendes? Me hacen pensar en esa noche que los vi follando. Se supone que estoy aquí para cuidar a Marietta y…
Antes de que pudiera seguir divagando en voz alta, un familiar sonido llamó su atención: era un aleteo que cortaba el aire a causa de la velocidad. Harry se detuvo y levantó la mirada hacia el cielo, dándose cuenta de que, al parecer, sus pensamientos habían invocado a Draco y a su thestral. El auror levantó sus brazos, agitándolos para señalar a Charlie. El rubio debió notarlo, porque de inmediato el caballo disminuyó su velocidad y comenzó a descender en su dirección.
Mucho antes de que el thestral tocara tierra, Draco ya lo había desmontado y corría hacia Charlie con una expresión tan pálida y asustada que ninguna máscara de frialdad habría podido ocultar. Solo hasta ese momento, Harry se percató de que la escena en la que estaba no debía ser muy esperanzadora, y se sintió mal por asustar a Malfoy de esa manera. Sin embargo, no tuvo tiempo de expresarlo, porque el rubio rápidamente bajó a Charlie al suelo y, con una desesperación que no era natural en él, se inclinó lo suficiente para que su oreja tocara el pecho de su pareja, ansioso por escuchar el latido de su corazón: la prueba irrefutable de que él estaba vivo.
Harry desvió la mirada. Todos esos días había creído que verlos teniendo sexo era un momento íntimo que no debió presenciar, pero ahora comprendía su inmenso error. Lo que ahora veía, la expresión asustada de Draco buscando la vida de su pareja era un instante que Harry no tenía derecho a presenciar, sencillamente porque él nunca antes había estado tan enamorado de alguien para sentir ese terrible miedo de perderlo para siempre.
—Está vivo —dijo Harry en voz baja, incómodo. Vio cómo los hombros de Draco bajaban y cambiaba la postura para colocar su frente en el pecho del pelirrojo, con los ojos cerrados, con su cabello largo cubriendo la belleza etérea de su rostro. Asintió en silencio, más para él que para Harry, pero sus labios no dejaban de temblar.
—Merlín… —murmuró Draco, tras recomponer su voz—. Cuando logramos hacer caer al dragón antes de que llegara a las cabañas, me dijeron que el imbécil de Weasley había sido atacado y que nadie en ese momento lo ayudó y yo…
Harry quiso huir. No le gustaba a ver a Draco tan vulnerable y entregado. No quería verlo tan humano, porque sabía que si seguía conociéndolo de esa forma, saber cómo era con otros, Harry simplemente no podría evitar enamorarse sin remedio.
—Detuve su caída —explicó rápidamente, buscando la manera de cambiar de tema—. Y… le coloqué algunas vendas para sus heridas. Yo pienso que estará bien, no… no te preocupes. Charlie es fuerte.
Draco levantó su rostro y sus hermosos ojos grises, por primera vez desde que se conocieron, miraron a Harry sin resentimiento o desdén. Entonces, el rubio esbozó una pequeña sonrisa que se llenó de sinceridad al murmurar:
—Gracias.
Harry no quería enamorarse.
Mucho menos de un hombre que ya tenía a quien amar.
Autora al habla:
Disfruté muchísimo escribiendo este capítulo, principalmente porque hay acción dragonil, de la que quería escribir desde hace mucho. xD Además de que muestro una parte más humana en Draco y eso hace que haya más dudas en torno a él. Les diré que en el siguiente capítulo por fin conoceremos la historia de Draco gracias a que Harry consiguió salvar a Charlie hoy. ¿Ves, Harry? ¡Las acciones buenas tienen su recompensa! xDDD ¡Muchas gracias!
Annstein; ¡hola, gracias por el review! Lo terminaré, no te preocupes por ello. Son diez capítulos y aquí ya vamos cuatro, así que lento, pero seguro. ¡Así que habrá un final! ¡Gracias! :D
¡Muchas gracias a mellitacullen, AnataYume, xonya11, Paulinafujoshi, Nais24, seremoon y annstein por sus reviews!
¡Espero que hayan disfrutado de este capítulo!
¡Excelente inicio de semana, os quiero!
