Harry Potter pertenece a J.K. Rowling. Yo escribo fanfiction por simple placer, de tal modo que este fic no tiene fines de lucro. Simple y puro pasatiempo.
Este fic fue creado para "La Gala del Dragón 2015" del foro Draco Dormiens Nunquam Titillandus
Título: Encuéntrame en Rumania.
Capítulos: 5/10
Personajes: Draco Malfoy/Harry Potter/Charlie Weasley.
Advertencias: Slash/Lemon/EWE/Trío. Este fic narra una relación homosexual que, conforme la trama avance se centrará en tres personas. Hay malas palabras, poca coherencia, ignoración monumental del epílogo, y cosas varias que podrían resultar incómodas para algunas personas. Si eres parte de ella... ¡huye! Sino, bienvenido seas. Dicho está. Sobre advertencia no hay engaño.
Encuéntrame en Rumania
Por:
PukitChan
Capítulo 5
La soledad del thestral
«Tu amor es el más planeado de mis accidentes,
la resaca que no se cura, la oración que no se eleva,
el último lugar donde buscar consuelo…»
―Edel Juárez.
A causa de sus heridas, Charlie tuvo que permanecer en su cabaña durante más días de los esperados. En ese tiempo, Marietta se vio obligada a suspender el conteo de los nidos mientras Harry, junto con el resto de los dragonolistas que no habían sido heridos en el incidente del dragón enloquecido, se dedicaban a hacer el recuento de los daños.
Ninguna cabaña fue destruida y nadie, de los que permanecían en el campamento cuando todo ocurrió, resultó herido. Sin embargo, cuando el dragón había caído aturdido por los hechizos, se había llevado consigo los árboles más altos que escondían el campamento y, además, el establo fue destruido. Si bien no habían demasiadas criaturas que lo utilizaban, todos sabían que eran mejor reconstruirlo. Por seguridad. Además, se encontraron con el dilema de cómo transportar al dragón hasta su territorio antes de que despertara y sin llamar la atención de otras criaturas en la reserva.
Al final, y gracias a una de las jaulas donde anteriormente habían sido transportados los dragones para el Torneo de los Tres Magos, consiguieron moverlo, aunque hicieron falta más veinte dragonolistas para poder dividir las actividades: diez mantendrían hechizos Desilusionadores, otros levantarían un Protego y los que restaban mantendrían aturdido al dragón. En este último equipo era donde se encontraba Malfoy. Al parecer, estaba tan enojado porque hubiera lastimado a Charlie, que se sentiría satisfecho por estar lanzándole a la criatura hechizos, aun si estos no la lastimaban en realidad.
Harry fue uno de los que ofreció a reconstruir el establo y cuidar, mientras tanto, a los animales que ahora no tenían dónde hospedarse. Afortunadamente el clima era fresco por esos días, así que unas cuantas noches a la intemperie no les afectaría demasiado. Aun así, Harry se ocupó de encontrar un lugar donde pudieran dormir, y así fue como se terminó ganando la confianza de dos aves aurgurey, un cangrejo de fuego, un rechoncho diricawl, un adorable porlock que al parecer amaba locamente al único thestral de la reserva, y un molesto pero tierno puffskein llamado Cuky que no paraba de seguirlo, pidiéndole de comer.
Por primera vez en su vida, Harry se alegró de que Hagrid los hubiera educado con bichejos tan peligrosos. Los de Rumania, contrario a lo que podía creerse, solo eran molestos, pero necesarios en un lugar como ese.
Seis días después, cuando la construcción había avanzado a grandes pasos, el thestral de Draco, Izar, se acercó a Harry cuando este intentaba terminar su parte izquierda del establo.
―Ey, compañero ―dijo Harry cuando sintió que el thestral tocaba su hombro con el hocico. Para ese momento, él ya se había acostumbrado a hablarle a las criaturas y se alegraba que nadie lo viera como un demente a causa de ello―. ¿Tienes hambre? Deja termino esto. Además, creo que pasaré a visitar a Charlie. Debe sentirse solo y aburrido, sobre todo porque Malfoy salió ayer con otros dragonolistas a detener una pelea.
Inmediatamente después de que terminara su monólogo en voz alta, Harry concluyó con sus actividades, justo antes de la puesta del sol. La temperatura había disminuido para esa hora del día, pero aun así se sentía acalorado por el ejercicio físico. Palmeó el lomo del caballo y lo animó a seguirlo hacia el refugio temporal que había creado. Una vez allí, repartió la comida a todas las criaturas en una actividad que no era suya, pero que había asumido con gusto. Aunque siempre le había gustado la soledad y la tranquilidad, se sentía cada vez más animado cuando cuidaba de esos animales. Cuando llegó el turno de alimentar a Izar, Harry le dio varios trozos de carne fresca, sonriendo suavemente cuando el caballo se acercó a comerlos en su mano.
―Tú también debes extrañar a Malfoy, ¿uh? ―musitó, mirándolo masticar―. No he visto que alguien más te monte por decisión personal, además de él. Tampoco se te acercan muchos dragonolistas.
Una vez que se aseguró de que todas las criaturas estuvieran satisfechas, Harry se lavó las manos y la frente, para quitarse el sudor de encima. Atravesó el campamento y se detuvo frente de la cabaña que tenía una serpiente en la puerta. Había visto a Charlie un par de veces, pero siempre habían sido visitas fugaces, más que nada para evitar que él o Malfoy se percataran de la incomodidad que le producía el tenerlos, a cualquiera de ellos, tan cerca.
Nervioso, dio unos golpecitos en la puerta. No tuvo tiempo para pensar que era una mala idea, porque Charlie abrió casi al instante, mirándolo divertido, como si su presencia frente a la puerta de su cabaña fuera un chiste que alguien le había contado más veces de las necesarias.
―Harry ―saludó el pelirrojo, moviendo ligeramente su cabeza para invitarlo a pasar. La estructura base de las cabañas en el campamento eran iguales, por lo que Harry se sabía de memoria el camino hacia la sala de estar, algo que le ayudó para tratar de ignorar el hecho de que Charlie lo había recibido vestido únicamente por unos pantalones holgados. También estaba descalzo y traía una cerveza en la mano. Lo que no pudo dejar de notar, por más que lo intentó, fue que a Charlie aún le costaba caminar adecuadamente y que procuraba no mover demasiado el brazo que se había roto, cuyos huesos aún se recuperaban del todo―. ¿Puedo preguntar qué te trae a esta cabaña? No es que me moleste, pero pareciera que te da alergia estar aquí por la forma tan rápida en la que huyes siempre que pones un pie en su interior.
Harry tuvo la decencia de sonrojarse. Oh. Al parecer, sus estratégicas huidas no habían resultado tan discretas como creía.
―No es que me incomode ―balbuceó, intentando explicarse. Ya habían llegado a la sala de estar, así que Charlie se sentó en un sofá, animado a Harry a imitarlo. El pelirrojo no podía negar que aquello tenía su parte divertida: el auror, más que sentado, parecía un cachorrito tembloroso que se acurrucaba hasta el fondo del sofá para no ser atrapado. Hacía varios días que se había dado cuenta de que algo ponía nervioso a Harry, y si bien no podía asegurar qué era, creía darse una idea desde que lo vio morderse el labio mientras se comía a Draco con los ojos―. Malfoy salió ayer con otros dragonolistas y como tú aún no te recuperas, pensé que quizás sería buena idea que prepara la cena para ti, pero si te incómoda me puedo ir de inmediato. Seguramente Marietta no le importara que…
―Harry. ―Charlie detuvo su perorata colocando su cerveza en la rodilla del otro, quien pareció darse cuenta de que no tenía motivos para estar tan nervioso. Se calmó visiblemente y una sonrisa a modo de disculpa se extendió en sus labios―. Me gustaría que prepararas la cena. Normalmente la hago yo, pero con el brazo lastimado…
No fue necesario explicarlo dos veces. Harry asintió y se puso de pie, caminando hacia la cocina mientras le preguntaba qué le gustaba en particular. Charlie rio por lo bajo ante la actitud del moreno y lo siguió, apoyándose en el marco de la puerta para no estorbarle a Harry mientras se entendía con su cocina y lo que sería la cena de ese día. A decir verdad, le sorprendía que Harry supiera cocinar a la forma muggle y que se adaptara tan bien a la vida de Rumania. Sabía que su familia muggle no había sido precisamente encantadora con él y era lógico que no sintiera un apego especial hacia ello. No era como Draco. Al rubio le había costado demasiado acostumbrarse a ese lugar.
―¿Cómo va el establo? ―preguntó al fin Charlie. Harry se había quitado su chaqueta y ahora que tenía los brazos libres, se lavó con mayor cuidado. Sin mirarlo, respondió:
―Creemos que estará listo en tres o cuatro días. Sinceramente, quisiera que fuera en tres porque Izar se está impacientando. Ese thestral se parece demasiado a Malfoy…
Charlie rio por lo bajo.
―Se ha encariñado contigo.
―¿Malfoy? ―preguntó Harry, sobresaltado. Charlie levantó una ceja y negó.
―Izar, el thestral ―aclaró, reprimiendo una carcajada ante el evidente sonrojo que Harry trató de ocultar al buscar en la alacena más cercana―. He visto que se acerca mucho a ti y permite que le des de comer con tu mano. Normalmente, solo a Draco le permite hacer tal cosa. Ni siquiera conmigo es así.
―Es amable ―dijo rápidamente Harry, aunque más bien sonaba como si intentara justificarse―. Además…
―¿Además? ―preguntó Charlie, animándolo a continuar. El semblante de Harry se endureció y el pelirrojo supo que no era la primera vez que el otro pensaba lo que estaba por decir.
―Es solitario. Te tiene a ti y a Malfoy, pero… es una criatura solitaria. ¿Cómo decirlo? Es casi como si este no fuera su lugar.
Charlie bajó su mirada hacia el botellín vacío de cerveza que tenía entre sus manos. Durante unos minutos, ninguno dijo nada, así que solo se escuchó el sonido de los movimientos de Harry al preparar la cena. Al final, Charlie suspiró y se sentó en la silla más cercana.
―Los thestral viven en manadas ―comentó el dragonolista. Harry se tensó, pero no dejó sus movimientos en ningún momento―. Creo que has notado que Izar es muy joven aún. De hecho, no es de aquí, de Rumania. Era miembro de la manada que habita en Hogwarts.
―¿Qué hace…?
―¿…tan lejos de casa? ―Al ver que Harry asentía y que realmente estaba interesado en eso, se animó a continuar―: Hace cuatro años, pocos meses después de que Draco llegara a Rumania, Hagrid me mandó una carta. Encontró a un pequeño thestral llorando al lado de su madre, que había sido atacada y asesinada por alguna criatura del bosque. El resto de la manada rechazó al pequeño, así que Hagrid lo acogió en su cabaña. Los primeros meses resultaron bien, pero conforme crecía, Izar se volvía más agresivo y solitario. Hagrid dice que se estaba dejando morir. Me pidió traerlo a Rumania, con la esperanza de que aquí alguien lograra adoptarlo y salvarlo. Lo dudé, ¿sabes? Incluso aquí, hay muchos que piensan que las thestral son criaturas peligrosas y que atraen a la muerte.
―Pero algo te hizo cambiar de idea ―aseveró Harry.
―Draco se enteró de la historia. Esa tarde se acercó a mí por primera vez, y por su propia voluntad, desde que llegó. Él quería al thestral. Él prometió mantenerlo con vida.
―¿Por qué aceptaste? ―preguntó Harry en voz baja. La comida hervía a fuego lento.
―Creo que tú lo sabes tan bien como yo, Harry, ¿no es cierto? Te viste involucrado hace unos años en el caso de los Malfoy.
Harry suspiró.
Sí, lo sabía.
―Es como si al salvar a ese thestral, Draco se hubiera salvado a sí mismo, ¿no? ―murmuró Harry―. Sus historias son parecidas. Fueron rechazados por su semejantes. Se fueron lejos del lugar donde nacieron para que pudieran vivir… sus madres murieron asesinadas, para proteger a sus pequeños.
―Draco no habla de Narcissa, ni de su asesino ―dijo Charlie, apretando los puños―. Pero siempre hay una rosa blanca en la mesa cuando es el aniversario de su muerte.
―El caso de los Malfoy fue cerrado por el Departamento de Aurores cuando no hubo posiblidad de encontrar al asesino. Con Lucius en Azkaban, Narcissa muerta y su único hijo fuera del país…
Un amargo silencio se instaló entre ellos.
―Cuando Draco recién llegó a Rumania ―contó Charlie―, parecía un niño perdido. Estaba asustado y no sabía qué hacer. No lo decía, pero era evidente que odiaba estar aquí. No se adaptaba. Por supuesto, alguien que había usado siempre magia y fue atendido toda su vida… debió ser muy complicado. No hablaba con nadie y se ocultaba en su cabaña. Algunos quisieron echarlo, porque solo ocupaba una cabaña innecesariamente y no hacía nada aquí. Sin embargo, el Ministro nos informó que no era posible: se estaban donado grandes cantidades de dinero al Ministerio para financiar la reserva. Algo que se necesitaba con urgencia.
―¿Ese dinero era de los Malfoy? ¿Cómo si Draco estuviera comprando su libertad para estar aquí?
―Algo así. Prácticamente les pertenece la reserva ―admitió Charlie con una mueca―. En fin. Pasaron los meses y parecía que Draco no sobreviviría a la vida de Rumania. Entonces, llegó la carta de Hagrid y el thestral abandonado…
―Y Malfoy lo cuidó. Lo salvó.
―No fue solo eso. Izar ayudó que Draco aprendiera a hacerse cargo de sí mismo y de otra vida. Aprendió a defenderlo de quienes lo creían un mal augurio. Le enseñó a cazar para obtener sus alimentos. Gracias al thestral, Draco logró adaptarse a la vida de Rumania. Crecieron y se hicieron fuertes juntos. Sobrevivieron juntos. Es por eso que están tan encariñados el uno con el otro.
―Pero hay algo que no termino de entender ―dijo Harry, buscando en qué serviría la cena―. ¿Por qué Rumania? ¿Por qué no Francia o cualquier otro lado donde pudiera vivir como estaba acostumbrado? No es como si le faltaran recursos…
―¿Quizá necesitaba alejarse de todo lo que le había hecho daño?
Harry no contestó. Se concentró en la cena, en servirla, incluso se esforzó en hacerla parecer bastante presentable. No tenía motivos, por supuesto. Estaba seguro de que sin importar cuán horrible fuera la apariencia de la cena, Charlie la comería si tenía buen sabor.
No obstante, ese silencio no podría prolongarse por mucho más tiempo. Harry no sabía morderse la lengua, un hecho que le había traído innumerables problemas. Además, estaba esa duda palpitando en su pecho, esa pregunta que empezó a formularse en su mente desde que los vio hacer el amor.
―Después de eso… ―La voz de Harry emergió antes de que él mismo pudiera darse cuenta de lo que estaba haciendo. Sabía que era demasiado tarde para arrepentirse―, ¿fue cuando decidieron ser pareja?
Existían muchas formas en las que Charlie podría responder esa pregunta. Quizá lo golpearía por interrumpir en su vida privada y lo echaría a patadas de la cabaña. Tal vez ignoraría la pregunta y cambiaría de tema. Harry estaba preparándose mentalmente para estas posibilidades, que serían de las más catastróficas. Sin embargo, Charlie simplemente se puso de pie, buscó otra cerveza y al final se recargó cerca de la estufa, mirando a Harry, quien pasó saliva, en una obvia señal de los nervios que lo estaban carcomiendo.
―¿Por qué te interesa saberlo? ―preguntó el pelirrojo, sin apartar sus ojos de los verdes. Harry reunió su valor para no desviar la mirada y poder admitir, más para sí mismo que para Charlie, que los había estado mirando durante más tiempo del que se consideraba normal.
―Porque me parece extraño ―admitió Harry, con la boca seca―. Draco aquí, contigo. Ahora lo comprendo un poco, claro, pero… ¿tanto cambió? ¿O era solo yo el que no había visto esa parte de él?
―¿Estás celoso de que esté con Draco? ―preguntó Charlie, perspicaz. Harry se tomó unos segundos para analizarlo. Sí, había sentidos celos, pero no precisamente por algunos de ellos. Había sentido celos por su amor. Por no poder tener algo que se asemejara un poco a lo que ellos vivían.
―No realmente ―musitó. La cena estaba lista. Solo hacía falta llevarla a la mesa, pero con Charlie a su lado, sus ganas de moverse se habían desaparecido. El pelirrojo sabía cómo imponerse. Sabía doblegar la voluntad más férrea sin decir palabras. Y eso, aunque Harry no lo admitiera, le gustaba.
―¿Sabes por qué te conté todo esto, Harry? Acerca del thestral, de Draco…
―He estado preguntándomelo ―admitió, riéndose sin humor―. Es extraño que dos personas que valoran tanto su privacidad, me permitan inmiscuirme en ella.
―Te lo conté ―retomó Charlie con una inesperada suavidad―. Porque he visto cómo miras a Draco. Cómo nos desnudas con la mirada, deseando que cualquiera de nosotros, o quizás ambos, te toquemos aunque sea un poco…
―Creo que estás malinterpretando todo, Charlie ―dijo Harry, tomando bruscamente la comida para dejarla en la mesa y así poder escapar de la, repentinamente, asfixiante presencia del otro―. Yo nos los miro de alguna manera en especial. Simplemente, tenía curiosidad por su historia, eso es todo.
Para Harry, aquello sonaba exactamente como lo que era: una mentira. Charlie, que debía estar de acuerdo con él, no le permitió escapar porque, sin esperarlo, el auror sintió un cuerpo, caliente y musculoso, acomodándose detrás de él. Harry se sobresaltó, pero no tuvo tiempo para reaccionar, porque las callosas manos del pelirrojo se colocaron encima de las suyas, que se sujetaban a la mesa como si fuera su tabla de salvación.
El aliento de Charlie rozó la nuca de Harry, haciéndolo estremecer. Lo sintió sonreír en su piel cuando su pelvis se empujó hacia su trasero, meciéndose con suavidad: una sensual invitación al placer.
―Tú en verdad sabes de lo que te estoy hablando ―susurró Charlie roncamente, un sonido que a Harry se le antojó terriblemente erótico. Intentó decirse que no era correcto, que, de hecho, aquello era lo más inmoral del mundo, pero las cadera del pelirrojo, que no dejaban de empujarse contra él, solo le recordaban aquella noche, cuando hacía gemir a Draco en un movimiento similar a ese―. ¿En serio crees que estamos ciegos?
―Yo no…
―Te imaginas ―musitó Charlie, depositando breves y hermosos besos en su lóbulo y cuello―, a Draco besándote despacio mientras sus manos te quitan la ropa. Le ayudo, por supuesto. Ambos queremos tenerte desnudo, suplicando por nosotros…
Cuando su erección comenzó a pulsar, el pánico se apoderó de Harry. Recordó todo lo que había aprendido y empujó a Charlie para liberarse, sintiéndose culpable cuando el pelirrojo soltó un gruñido de dolor. Quiso disculparse, pero dudaba que de su boca saliera algo que no sonara como un gemido, así que apretando sus labios, lo miró y empezó a caminar velozmente hacia la salida.
Agradeció a todos los magos que Charlie aún estuviera herido, porque de esa manera no podría seguirlo tan rápidamente. Sin embargo, su buena suerte no era tanta, porque cuando abrió la puerta, todavía sonrojado y con una maldita erección que necesitaba urgentemente atención, se encontró a Malfoy a punto de entrar a la cabaña.
Draco parecía cansado, pero ni siquiera eso evitó que ignorara el aspecto de Harry. Por eso, en el momento en el que sus miradas se cruzaron y el rubio levantó su ceja, pidiendo silenciosamente una explicación, Harry deseó que se lo tragara la tierra, porque el verlo solo había hecho que las susurrantes palabras de Charlie tuvieran más forma en su mente. Merlín, ¿cómo volvería…?
―Lo lamento ―declaró antes de que Draco pudiera decir algo, escabulléndose de la cabaña. Draco siguió con la mirada la huida de Harry y resopló cuando Charlie apareció en la entrada, no tan sonrojado, pero sí divertido.
―Pensé que bromeabas cuando hablamos de esto ―murmuró Draco. Charlie rio y lo miró cariñosamente.
―Cuando hablamos de esto, te encontrabas jadeando mientras te contaba cómo lo haríamos con Harry. No parecías molesto. Me dijiste que sí, que lo deseabas. Inclusive ahora, no pareces molesto.
Draco se encogió de hombros y comentó:
―Porque no lo estoy.
Continuará…
Autora al habla:
¡Ey, aquí estoy de vuelta! xD Eh, eh, ¿qué les pareció este capítulo? Me moría por escribirlo, porque esta la idea "base" que me animó a escribir este fic. El hecho de Charlie contandole a Harry el pasado de Draco y del thestral, a causa de sus heridas. Me encantó y de verdad espero a que ustedes también. :D
Shades; ¡creo que si pudieran observar un poco, muchas personas también lo harían xD! ¡Gracias!
¡Muchas gracias a sinideas, Shades, Kuroneko1490, mellitacullen, xonyaa11, Paulinafujoshi, jess Granger s, seremoon, AnataYume, Annilina, Nais24, Bea1258 por sus reviews!
¡Muchas gracias por leer y más gracias si les nace un review!
¡Os quiero! ¡Excelente fin de semana!
