Harry Potter pertenece a J.K. Rowling. Yo escribo fanfiction por simple placer, de tal modo que este fic no tiene fines de lucro. Simple y puro pasatiempo.

Este fic fue creado para "La Gala del Dragón 2015" del foro Draco Dormiens Nunquam Titillandus

Título: Encuéntrame en Rumania.

Capítulos: 6/10

Personajes: Draco Malfoy/Harry Potter/Charlie Weasley.

Advertencias: Slash/Lemon/EWE/Trío. Este fic narra una relación homosexual que, conforme la trama avance se centrará en tres personas. Hay malas palabras, poca coherencia, ignoración monumental del epílogo, y cosas varias que podrían resultar incómodas para algunas personas. Si eres parte de ella... ¡huye! Sino, bienvenido seas. Dicho está. Sobre advertencia no hay engaño.


Encuéntrame en Rumania

Por:

PukitChan

Capítulo 6

La curiosidad mató al Gryffindor

Charlie sabía perfectamente que su romance con Draco Malfoy era uno de los chismes que, aún después de tanto tiempo, daba de qué hablar en la reserva.

En realidad, no podía culparlos. Si se trataba de vidas personales, en Rumania no había demasiado de qué cotillear porque, por lo general, la mayoría de los que habitaban allí eran personas más bien ermitañas, de esas que solían disfrutar la soledad y que habían cambiado a las personas por los dragones. Pocas veces se presentaban distracciones como esas, en las que no se tenía que indagar demasiado para conocer el famoso historial de peleas y riñas que existía entre las familias Malfoy y Weasley.

Siempre había sabido que los secretos en Rumania no podían mantenerse de esa forma durante mucho tiempo, así que era cuestión de tiempo antes de que alguien se diera cuenta de lo que ellos pretendían con Harry.

A Charlie, por supuesto, esto lo tenía sin cuidado. No estaban en Inglaterra, y aún si lo estuvieran, él tenía la maldita libertad de hacer lo que le viniera en gana. Si Draco y él quisieran follar enfrente de todo el mundo, lo harían, así de simple. Si querían compartir cama con El Puto Elegido, entonces así sería y nada ni nadie podría entrometerse en ello. Aunque, por supuesto, y tal y como Draco se lo había señalado, existía la posibilidad de que el mismo Harry fuera el que los rechazara.

«¿Rechazar?» pensó Charlie, divertido ante la idea, mientras buscaba entre los bolsillos de su pantalón un cigarro; un vicio que, se suponía, estaba intentando dejar. «Draco, Harry se muere porque le hagamos el amor». Pero tampoco se trataba solamente de eso. El pelirrojo conocía a Harry de sus tardes en La Madriguera y sabía perfectamente que se trataba de una persona solitaria que anhelaba encontrar el amor y el apoyo de alguien que lo quisiera intensamente. Y por la forma en la que había huido cuando lo acorraló entre su cuerpo y la mesa, solo confirmaba lo que ya sabía: que Harry deseaba algo más que un simple y caliente revolcón.

Y ellos, por supuesto, podían dárselo.

—Abre la maldita ventana, Weasley. Detesto que el aroma de tu cigarrillo esté flotando por la habitación.

Charlie sonrió de lado y miró hacia la cama, donde un desnudo Draco, acostado bocabajo, escondía su rostro bajo la almohada. No sabía cómo se había dado cuenta de que estaba por prender un cigarrillo, pero prefirió dejarlo sobre la mesita más cercana y, perezosamente, arrastró sus pies de vuelta a la cama. Cuando esta se hundió por su peso, el rubio cambió su posición y buscó el cuerpo de Charlie para abrazarlo y volver a dormirse. Acarició su cabello rubio con ternura y besó su frente, sabiendo que estaba cansado, porque últimamente el trabajo en la reserva había aumentado. Draco no solía quejarse porque en Rumania debías aprender a ser fuerte. Sin embargo, cuando lo miraba dormir de esa manera tan relajada, Charlie no podía evitar recordar la figura infantil y temblorosa que alguna vez había sido Draco. Recordaba las manos delicadas y blancas, que ahora se habían vuelto callosas. Incluso el color de piel de Draco había cambiado; sí, seguía teniendo una piel blanca, pero el clima de Rumania la había curtido un poco, lo suficiente para que quien sea que lo mirara se diera cuenta de que ya no era ese mocoso que esperaba llorando que alguien lo salvara, porque había aprendido a salvarse a sí mismo.

Si alguien le hubiera dicho a Charlie que se enamoraría de un Malfoy y que este le correspondería apasionadamente, no le hubiera creído y quizás hasta hubiera contestado con un comentario irónico. Sin embargo, dicen por ahí que si quieres hacer reír a Merlín, tienes que contarle tus planes; ahora comprendía el porqué de esa expresión.

—¿Draco?

—¿Hmm…? —contestó en un murmullo, más dormido que despierto.

—Te quiero.

—Ahora no, Charlie, es demasiado temprano para follar —murmuró, acurrucándose más entre sus brazos. El pelirrojo no tenía sueño, pero permaneció en esa posición, sintiendo la suave y tibia respiración de Draco acariciando su cuello. Quizá la mayoría de las personas pensara lo contrario, pero el rubio era alguien muy mimoso a la hora de dormir. Weasley lo pensaba. Claro que aquello cambió cuando comenzaron a salir.

Draco había llegado a Rumania cuatro años atrás. Charlie no lo supo de inmediato, porque cuando el rubio llegó y le fue asignada su cabaña, él estaba atendiendo a un joven dragón que estaba enfermo de gravedad. Tuvieron que pasaron algunos días antes de que notara la presencia de Malfoy en la reserva. Cuando lo hizo, fue porque encontró a Malfoy mirando los límites del campamento; parecía estar decidiendo si debía adentrarse a las montañas. Sin embargo, lo que más llamó su atención fue el hecho de que parecía más muerto que vivo. Draco estaba tan delgado que su madre hubiera olvidado todo y, sin dudarlo, lo haría comer hasta que viera algo de carne alrededor de esos huesos. También parecía aterrado, y quizá fuera solo la impresión de Charlie, pero parecía que Draco estaba dejándose morir. Se preguntó si de verdad había estado comiendo algo, pero no pudo indagar más allá porque el rubio, seguramente sintiendo su mirada, había volteado y escapado en dirección a su cabaña.

A veces lo veía todos los días, cuando caminaba por la noche, siempre deteniéndose en la entrada del campamento. Otras veces, no aparecía en días y Charlie tenía que indagar para descubrir si seguía vivo. La primera vez lo que defendió, fue cuando otros dragonolistas empezaron a quejarse del espacio que ocupaba alguien que no aportaba nada a la reserva.

—Todos los que estamos aquí fuimos sometidos a pruebas exhaustivas para ver si éramos lo suficientemente competentes para vivir aquí. ¡Y Malfoy simplemente llega como si fuera el puto dueño del lugar! ¿Acaso olvidaron de qué maldito bando era en la guerra?

—Ese niño no les ha hecho nada hasta ahora —había mascullado Charlie y algunos lo miraron como si estuviera completamente loco—. Ustedes estaban aquí cuando estalló la guerra en Inglaterra. ¿Qué pueden saber? Él la vivió. Él perdió a sus padres a causa de ella. Y sí, tal vez estaban en el bando equivocado, pero eran sus padres, maldita sea.

Para Charlie todo eso fue verdad. Como era natural, algunos de sus compañeros dejaron de hablar con él, pero eso no tenía demasiada importancia. Los meses fueron pasando y con ello, la actitud de los otros hacia Draco; quizás algunos se resignaron a su presencia, pero hubo otros más que fueron sinceros al intentar alejarlo de su soledad. Sin embargo, el cambio más radical que Malfoy sufrió fue cuando llegó el thestral que Hagrid mandaba y, junto con él, la noticia de que la Oficina de Aurores había cerrado el caso donde se investigaba el asesinato de su madre.

Sin duda, debió ser un golpe muy duro para él. Pero al mismo tiempo, pareció ser la señal que había estado esperando para levantarse y volver a enfrentar la vida. Charlie comenzó a notar, cada vez más, su presencia en el campamento. Lo vio cuidando a Izar, guiándolo por la zona. Empezó a preguntar rutas, direcciones, cuidados y formas de cazar. En menos de un año, aprendió a conocer la zona y los dragones que habitaban en ella. Empezó a ayudar en la reserva y, para sorpresa de muchos, se volvió una persona necesaria.

Fue en uno de esos momentos cuando Charlie se acercó a él. Por supuesto, habían intercambiado algunas palabras, comentarios y consejos, pero no una conversación de amigos. Era de noche y Draco había decidido llevar a Izar al río más cercano. Weasley lo había atrapado cuando estaba por entrar a la zona montañosa.

—Eh, ¿puedo acompañarlos? —preguntó.

Draco se había tensado y colocado su palma en el lomo del thestral, pero se había detenido para mirarlo. No parecía desconfiado, aunque sí sorprendido. Charlie se tomó el tiempo de mirarlo y descubrió a un hombre jodidamente atractivo. Quizás antes no había querido percatarse de lo guapo que era, pero esa noche lo hizo. Al final, Draco se limitó a encogerse de hombros y asentir con la cabeza.

Fue un romance lento, un verdadero cortejo, como le gustaba decir a Charlie. De hecho, pasaron cinco meses antes de que se dieran su primer beso, en la entrada de la cabaña de Draco. No obstante, esos meses le sirvieron a Charlie para aprender a conocerlo. Y la noche en la que hicieron por primera vez el amor, Draco sollozó, pero no lloró entre sus brazos, mientras le contaba sus miedos, sus pesadillas y como le dolía no haber podido hacer nada por sus padres, incluso a pesar de sus decisiones equivocadas. Malfoy se entregó tanto a Charlie, que muy a menudo solía hacer bromas que eludían a su propio pasado y como había jurado odiar a los Weasley.

—Charlie, si no vas a dormir, deja de mirarme —murmuró malhumorado Draco, entreabriendo sus ojos grises, nublados por el sueño—. Algunos tenemos cosas qué hacer dentro de unas horas.

—No es mi culpa que mis heridas tarden en sanar —susurró, besando su frente e incorporándose una vez más de la cama. Draco le arrojó una almohada, pero Charlie la evitó fácilmente—. Creo que acompañaré a Harry en su ejercicio matutino.

—Ojalá te hechice las bolas por acosador —dijo, antes de volver a esconder su rostro bajo la almohada. El pelirrojo rio entre dientes y terminó de vestirse. Al bajar por las escaleras y abrir la puerta, la densa neblina que cubría el campamento le dio la bienvenida al exterior. Charlie no tuvo que esperar demasiado para que Harry apareciera corriendo frente a las cabañas. De hecho, apenas tuvo que moverse para llamar su atención, porque el auror de inmediato se percató de su presencia y, aunque se detuvo, sus mejillas ya sonrojadas por el ejercicio aumentaron su color.

—B-buenos días —tartamudeó Harry, tocándose nervioso la nuca. Charlie sonrió de lado, mirando cómo intentaba controlar su respiración agitada, apreciando el cuello musculoso y la ligera capa de sudor que lo cubría. Se sintió tentado de morderlo, solo para molestarlo.

—Siempre me he preguntado por qué haces tanto ejercicio —comentó con calma, cerrando la puerta. Aquella frase pareció tomar desprevenido a Harry, porque lo miró confundido y luego desvió la mirada, claramente avergonzado.

—Necesito liberar magia y… energía.

Charlie sonrió ampliamente y bajó uno de los escalones de la entrada para acercarse a Harry, quien inmediatamente pareció estar dispuesto a huir ante el primer movimiento que lo asustara.

—Suena como si estuvieras frustrado sexualmente.

Harry regresó su mirada hacia los ojos de Charlie y, para su sorpresa, suspiró pesadamente y pasó una mano por su cabellera negra. Parecía estar cansado de su constante variación emocional. Sinceramente, no podía culparlo.

—Pues sí, lo estoy —admitió al fin Harry. Charlie aguardó, porque ese era el momento que había estado esperando. Sabía que cuando el auror se diera cuenta de que nada ganaba con evitarlos, sencillamente los enfrentaría. Así era su naturaleza Gryffindor—. ¿Cómo pretendes que no lo esté, cuando haces… eso? Todas las malditas noches, pensando…

Harry se contuvo, mordiendo sus labios, sin embargo, eso no podría durar mucho tiempo, sobre todo porque, cuando se lo proponía, Potter podía desahogar su mal humor en la primera persona que encontrara.

—¿En qué, Harry? —animó Charlie, con su voz enronquecida—. ¿En la manera en la que lo haríamos? ¿Fantaseas con tener a Draco bajo tus brazos mientras yo te hago mío?

—Lo hago —murmuró—, pero también pienso en lo que eso podría causar… problemas contigo y él, recelos, miedos… que alguien salga herido. Los he visto, Charlie. Sé que se aman. Y yo no quiero interponerme en algo así. Nunca fue mi estilo. Tal vez te parezca estúpido, pero realmente creo en el amor. Aunque me guste alguien, si esa persona no quiere estar conmigo o si ama a alguien más…

Hubo un incómodo silencio. Harry estaba dispuesto a irse, pensando que con eso había acabado todo. Era lo mejor, ¿no es así? Ahora que había puesto las cartas sobre la mesa, sin duda dejarían de intentar llevárselo a la cama. Claro que estar con ellos sin duda sería una experiencia increíble, pero…

—¿Eso era todo…? ¿Por eso nos evitabas tanto? Menuda idiotez…—cuestionó una fastidiada voz. Harry levantó su rostro, dispuesto a reclamar, pero cualquier insultó murió en sus labios cuando se dio cuenta que, desde la puerta de la cabaña, Draco lo miraba con una expresión somnolienta. De hecho, estaba vestido solamente con una playera, que sin duda debía ser de Charlie. Se ruborizó y buscó al pelirrojo con la mirada, pero este simplemente negó con la cabeza.

—Necesitas tener más tacto, Draco —dijo, riéndose y suavizando su mirada—. Harry, si intentamos seducirte fue porque sabíamos todo lo que implicaba. Si quisiéramos simplemente acostarnos con otras personas durante una noche, créeme que tú no serías una de ellas.

Harry se mordió su labio, pensándolo. Antes de que llegara a una conclusión, notó que Draco estaba mirándolo con detenimiento; como si quisiera descubrir en él algo que hasta entonces no había visto. Si Harry tenía que admitir algo, era que ellos siempre se habían atraído el uno al otro, solo que nunca antes le habían puesto un nombre. Entonces, Harry notó que el rubio se estremecía por el frío de la mañana, y considerando su escasa ropa, se preocupó de que se resfriara. Frunció ligeramente el ceño y murmuró:

—Creo… que deberían regresar a la cabaña. Yo también…

Draco fue quien lo detuvo. Había bajado unos escalones, estirando su mano y atrapando su sudadera. Charlie asintió y se adentró en la cabaña mientras Draco jalaba a Harry.

—Vamos, Potter —susurró con esa voz suave, adormilada, que le sentaba muy bien y que hacía que Harry tuviera el deseo de sentarlo entre sus piernas y acunarlo hasta que se hubiera recuperado—. Charlie puede ser un verdadero fastidio a estas horas de la mañana. Y no está cocinando bien.

—¡Tú quemas la comida! —replicó Charlie, desde el interior. La familiaridad de la conversación relajó a Harry y le permitió sonreír con sinceridad mientras tomaba la mano de Draco para que soltara su sudadera, pero al mismo tiempo confirmarle que sí, se quedaría al menos un momento.

Aceptando ello, un somnoliento Draco guio a Harry a través del pasillo para dirigirse a la sala, donde por fin lo soltó para dejarse caer en el sofá.

—Ven —murmuró el rubio, confundiendo a Harry hasta que Charlie apareció una vez más y le dio una palmadita en su hombro.

—Siéntate, anda —indició con tanta amabilidad que al auror no le quedó más remedio que obedecer. Cuando lo hizo, por fin comprendió qué era lo que quería el otro: el rubio se acomodó en el sofá, estirándose como un gato y apoyó su cabeza en el muslo de Harry, para casi de inmediato cerrar sus ojos.

—Me está usando como almohada —balbuceó, mirando a Charlie, quien levantó una ceja por su expresión.

—Semejante tragedia —murmuró divertido—. ¿Te incómoda?

Harry relajó todos los músculos que no sabía en qué momento se tensaron tanto. Bajó su mirada hacia Draco, quien al dormir parecía más joven de lo que era. Su cabello largo caía desordenadamente por su rostro y tocaba las piernas de Harry, quien, por primera vez se animó a hacer algo que había anhelado desde el momento en el que se reencontraron: tocó su cabello. Con cuidado, hundiendo sus dedos en la cabellera rubia, deslizó y acarició su cabeza. Draco emitió un suave suspiro ante el contacto y movió ligeramente su rostro hacia Harry, animándolo a seguir con los movimientos.

Nervioso, el auror levantó la mirada hacia Charlie, quien ahora estaba sentado frente a ellos, mirándolo todo con una sonrisa dibujaba en sus labios. El pelirrojo asintió, y más que darle permiso de tocar a su pareja, Harry se dio cuenta de que estaba animándolo a hacerlo. Sus dedos comenzaron a trazar el atractivo rostro de Draco, que nunca había estado tan cerca de él como en ese momento. Delineó sus mejillas, su frente, su nariz y terminó acariciando los labios con una timidez que parecía impropia en alguien como él, pero que hacía suspirar al otro. Cuando Draco abrió sus ojos y le sonrió ligeramente, Harry supo que lo que sentía en ese momento ya no tenía solución. Estaba nervioso, su corazón latía velozmente y lo único que podía hacer era ver los ojos grises y después desviarlos hacia los carnosos labios. Draco debió notar sus dudas, porque levantó su brazo y rodeó con la mano la nuca de Harry, inclinándolo hacia abajo, en su dirección.

Sus labios se encontraron en una caricia ansiosa. Fue un contacto suave que estremeció por completo a Draco. Los labios de Harry se movían lento, como si temiera espantarlo; como si temiera que en cualquier momento ellos pudieran cambiaran de opinión respecto a toda aquella locura. Sin embargo, Draco lo tranquilizó al sujetarse más fuerte y mover con más vehemencia su labios. Cuando se separaron, ambos agitados y sin poder dejar de verse, fue cuando Harry sintió que alguien sujetaba su barbilla para levantar su rostro: Charlie estaba una vez más frente a él y estaba dispuesto a no dejarlo ir, porque se inclinó y lo besó tan impúdicamente que claramente escuchó un dulce gemido de Draco al presenciar la escena. Harry estaba temblando por el placer cuando Charlie se alejó y le sonrió.

—¿Quieres quedarte a desayunar? —preguntó y de inmediato Harry se dio cuenta de que hablaba en serio. De que se refería a un desayuno, donde quizás podrían hablar de todo eso con mayor profundidad.

—¿Por qué no? Aún no he desayuno.

—¿Marietta no te extrañará?

—Se alegrara de que no esté para fastidiarla.

Draco, sin moverse, gruñó desde su posición.

—Y hoy tengo que guiarlos.

—Entonces, adelante —animó Charlie, caminando hacia la cocina—. Tenemos un día bastante ocupado.

Cuando Draco se incorporó y pasó frente a él, Harry sintió temor. ¿Y si todo terminaba mal? ¿Y si no funcionaba? Aquello era posible. Pero también existía la posibilidad de que funcionara.

Tal vez, solo tal vez… debía darse la oportunidad.

«Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no».

—Gabriel García Márquez.


Autora al habla:

Awwww, porque esta historia también puede contener capítulos ñoños, juajuajua. Además de que me gusta escribir de Draco adormilado, porque pienso que es puro amor en ese estado, juajuajua. ¿Qué opinan, chicos? ¡Cada vez más cerca del meollo del asunto! xD Aunque aún nos quedan unas cositas qué averiguar, juajua. ¡Gracias! :D

Lizbethshawol; ¡Harry es todo un loquillo! xD La verdad es que más que sentirse atraído por alguno, tiene que ver con que se lleva mejor con Charlie que con Draco; ellos aún están limando asperezas, así que poco a poco están empezando a comprender lo que pasa, sobre todo porque ante Harry, Draco no ha dejado las cosas del todo claras, pero ya mejorará, lo veremos pronto, jujuajua. ¡Gracias!

Luz; ¡la sigo, la sigo, palabra! Jajajaja, me encanta narrar a Draco físicamente de esta manera, es bastante divertido, qué duda cabe. Espero que lo sigas disfrutando. ¡Gracias!

¡Muchas gracias a seremoon, mellitacullen, sinideas, Yessenia Sss, Paulinafujoshi, AnataYume, jess Granger s, xonyaa11, lizbethshawol, Kuroneko1490, Nais24, dragon de mala fe, Luz por sus reviews! :D

¡Excelente fin de semana! ¡Os quiero!