Harry Potter pertenece a J.K. Rowling. Yo escribo fanfiction por simple placer, de tal modo que este fic no tiene fines de lucro. Simple y puro pasatiempo.
Este fic fue creado para "La Gala del Dragón 2015" del foro Draco Dormiens Nunquam Titillandus
Título: Encuéntrame en Rumania.
Capítulos: 7/10
Personajes: Draco Malfoy/Harry Potter/Charlie Weasley.
Advertencias: Slash/Lemon/EWE/Trío. Este fic narra una relación homosexual que, conforme la trama avance se centrará en tres personas. Hay malas palabras, poca coherencia, ignoración monumental del epílogo, y cosas varias que podrían resultar incómodas para algunas personas. Si eres parte de ella... ¡huye! Sino, bienvenido seas. Dicho está. Sobre advertencia no hay engaño.
Encuéntrame en Rumania
Por:
PukitChan
Capítulo 7
Un café al amanecer
«La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.»
Oscar Wilde.
¿Cómo había terminado en ese punto, cuando todo había empezado tan bien? Cerró los ojos intentando recordarlo pero su mente, nublada por lo que estaba ocurriendo (por lo que le estaban haciendo), se negaba a darle una pista sobre lo que había ocurrido. No estaba allí para eso. ¡Él quería hablar! Era algo importante lo que tenía que decirles, estaba seguro. Pero ¿qué era…? Era… Era…
—Mueve más rápido tu mano, Harry… nosotros también queremos verte.
Comenzó durante el desayuno. Por alguna razón, Harry estaba convencido de que resultaría tan incómodo que ninguno tendría ánimos de repetir la experiencia; para su sorpresa, no fue así. Draco y Charlie lo trataban con una naturalidad que en ningún momento pareció forzada o exagerada. De hecho, Draco estaba tan ocupado quejándose de los desperfectos de la reserva, que ni siquiera tuvo tiempo para pensar que eso, estar desayunando con Harry mientras Charlie aseguraba que ya podía cocinar decentemente («Me subestimas, Draco. ¿De quién crees que soy hijo?»), era, cuanto menos, curioso.
—¿Quieres té, Harry? —preguntó Charlie, sin mirarlo—. Tenemos de muchas variedades.
—En realidad —musitó, sin poder creer lo que estaba por decir—, ¿tienen café? —Al notar la ceja levantada de Draco y la mirada divertida del pelirrojo, Harry se sonrojó y añadió balbuceante—: ¡El té me encanta!
Charlie entornó los ojos y se movió por la cocina buscando el café. Desde que había llegado a Rumania, este se había vuelto parte de su vida cotidiana, porque se consumía todos los días. Sin embargo, no habían sido las palabras de Harry las que lo habían impresionado, sino la sensación que le causaban. Minutos después, cuando acercó el café al avergonzado moreno, decidió que sería mejor aclararlo, para que no saliera huyendo de allí.
—No te juzgamos… bueno, Draco sí, pero eso lo hace con cualquiera que ame el café.
—¿Qué clase de ingleses son ustedes que prefieren el café al té? —masculló el rubio mientras mordía una tostada como si la pobre tuviera la culpa de todos los crímenes del mundo.
—El café sabe muy bien —se defendió de inmediato Charlie, cuando regresó sus manos hacia el desayuno—. Como te decía, Harry, me sorprendiste al pedir café porque aún no hemos pasado la noche juntos.
Harry se atragantó con su bebida, quemándose la lengua en el proceso. Draco, que había estado siguiendo sus movimientos en todo momento, soltó una risa burlona al notar su exagerada reacción. Charlie, por su parte, decidió explicar lo que quería decir porque, de lo contrario, Harry nunca más querría desayunar ellos. Por eso, cuando todos tuvieron su platillo (delicioso, por cierto), él lo miró y dijo:
—El café y el desayuno son en realidad el final del día.
Harry mordió su labio inferior, mirándolos a ambos cada cierto tiempo. Al final, más nervioso que asustado por lo que ocurría, se atrevió a decir lo que había rondando en su mente desde hacía varios días.
—No entiendo cómo pueden manejar este tema con tanta facilidad —balbuceó—. Me hacen sentir como si no pudiera manejar el hecho de que ustedes… me… gustan.
Draco bajó su taza de té y le dedicó una de sus sonrisas favoritas; la que mostraba ironía y que le quedaba asombrosamente bien. Harry no podía explicarse cómo alguien que físicamente tenía una apariencia tan etérea, pudiera lucir como un verdadero cabrón cuando se lo proponía.
—No sabes manejarlo —aseveró Draco, apoyando su rostro sobre la palma de su mano, logrando con esa posición ladear su cabeza para que su cabellera rubia cayera por su costado izquierda. Harry se maldijo a sí mismo por mirarlo tan embobado. De verdad, necesitaba más control sobre sus emociones y lo que ellos provocaban en él—. En cierta manera, es adorable molestarte. Pierdes el control, te mueves de un lado otro, te sonrojas como todo un púber... inclusive hay destellos de tu magia. Es evidente que aunque aceptas que ambos te gustamos y lo que deseas, no sabes cómo manejarlo.
—Bueno, discúlpame por preocuparme, ya que esta es la primera vez que me gusta una pareja —gruñó, sin darse cuenta de que Charlie, desayunando, se reía de la pelea de ambos. Al parecer, la estaba pasando bastante bien en ese momento—. Quizá tú estés acostumbrado a tríos salvajes y desbocados pero…
—Eres el primero —interrumpió de pronto el pelirrojo, callando así a Harry—. El único, si todo sale bien o si no te aburres de nosotros…
—¿El primero?
—Por supuesto, tanto Draco como yo, y supongo que tú también, hemos tenido otras parejas. Es la primera vez que deseamos formar una relación de esta manera. Hemos estado juntos pocos años, en un lugar apartado del mundo. ¿De verdad crees que vamos a algún pub y conseguimos una pareja diferente cada fin de semana?
Harry se sonrojó. En verdad no esperaba eso, aunque las palabras de Charlie tenían bastante lógica si las analizaba con cuidado. Se sumergió tanto en sus cavilaciones y en su desayuno, que apenas notó la conversación que Draco y Charlie mantenían sobre algo de la reserva.
—¿Y aun así se sienten cómodos? —preguntó, mirándolos expectante—. Si soy el… primero, ¿no les resultará extraño? ¿De verdad estará bien que otra persona toque a su pareja? Draco, tú siempre has sido una persona recelosa de su intimidad. ¿Qué pasará cuando Charlie me bese… por ejemplo?
—Los acabo de ver y de hecho me excitó bastante —comentó, poniéndose de pie para buscar algún dulce que pudiera encontrar, ignorando la carcajada de Charlie y el monumental rubor del auror.
—Deja de darle tantas vueltas, Harry —animó el pelirrojo—. Te prometemos estabilidad si tú puedes prometérnosla a nosotros.
—¿Estabilidad?
—Promete que serás solo nuestro. Si lo intentamos y esto fracasa, se hará de la manera más limpia. No nos interesa entrar en melodramas, ¿a ti sí?
Él suspiró.
—…Está bien.
Después… ¿qué había ocurrido luego de eso? Terminaron el desayuno y Harry tuvo que regresar a su propia cabaña, aunque Charlie, con un asentimiento de aprobación de parte de Draco, le dijo que siempre podía regresar, a la hora que quisiera, a esa cabaña.
Después del conteo de nidos podría ser una buena idea, había dicho el pelirrojo. Y Harry se prometió pensarlo, aunque en realidad no había nada que pensar, sobre todo cuando sus bolas se sentían tan pesadas y su cuerpo tan ansioso. Aun así, resistió valientemente y se preguntó, mientras caminaba hacia su cabaña, cuánto ejercicio más tendría que hacer ahora que su mente no se sentía tan culpable por fantasear con Charlie y Draco. De hecho, al parecer le ponía que ellos supieran que cada vez que se masturbaba, lo hacía en su honor.
Intentó (suplicó, más bien) no tener una expresión de frustrado sexual cuando llegó a la cabaña. Se asomó primero a la cocina, descubriendo (gracias al desorden que imperaba) que Marietta ya había desayunado y hasta se había tomado la molestia de guardar un platillo para él bajo un hechizo que lo mantenía fresco. Harry sonrió con ternura ante el gesto, tomándolo como la declaratoria definitiva de paz; de que Marietta ya no lo detestaba tanto como el día en el que se reencontraron.
—¿Marietta? —gritó Harry, y luego apretó los ojos por su torpeza. Ella detestaba que le gritara cuando la quería localizar; sin embargo, aliviado comprobó que ella no pareció percatarse de su presencia. Quizá se estaba bañando. Luego de comer lo que Marietta le había dejado (siempre había espacio en su estómago para algo así), Harry decidió buscarla.
La encontró escondida en su habitación, protegida por un fuerte hechizo de privacidad, y demasiado tarde comprendió cuán inapropiado de su parte era tocar la puerta cuando resultaba evidente que bajo ninguna circunstancia Marietta quería recibir una visita. Decidió huir, pero cuando estaba caminando por el pasillo rumbo a su propia habitación, escuchó los pasos de Marietta y el familiar chillido de la puerta al abrirse.
—¿Harry? —llamó, deteniéndolo. El auror se tomó unos segundos para tomar aire e inventar su mejor excusa y método para disculparse, aunque no consiguió pronunciar palabra. Al voltear, se encontró con una Marietta tan cansada que inclusive sus cicatrices quedaban opacadas por las profundas y oscuras ojeras debajo de sus ojos. Más que enojada, parecía tan contrariada que ni siquiera le importaba estar descalza y tener una blusa tan ligera que inclusive Harry sintió la necesidad de quitarse la sudadera y obligarla a usarla.
—¿Qué sucede? —preguntó con suavidad. Tenía la sensación de que se desmayaría en cualquier instante. ¡La noche anterior, antes de la cena, lucía normal!—. ¿Puedo ayudarte en algo? Quizás hoy deberías descansar del trabajo…
Ella levantó su rostro y lo miró. A pesar de todo, Harry llevaba mucho tiempo siendo auror y por la forma en la que ella mordía sus labios y desviaba varias veces la mirada, supo que estaba pensando si era correcto o no decirle algo que le parecía importante. Después de unos segundos, Marietta tomó una decisión, porque murmuró:
—Llegaron anoche algunos informes del Ministerio. —Harry permaneció quieto mientras la veía cruzarse de brazos. Cada ciertos días, ella recibía informes, así que no entendía qué tenían de especial aquellos—. Están muy satisfechos con nuestro trabajo y el conteo de nidos, pero…
—¿Sí?
—Quieren que vuelvas a Inglaterra la próxima semana.
Harry intentó asimilar lo que acababa de escuchar. ¿Volver? Sabía que algún día tendría que hacerlo, pero cada vez sentía menos deseos de hacerlo. Él había postergado ese pensamiento a posta, porque recién habían cumplido un mes estando en Rumania, y le quedaban dos meses por delante para tomar una decisión definitiva. Además, estaban Charlie y Draco, y… y él simplemente no sabía cómo…
—¿Por qué? —preguntó, sin darse cuenta de que su voz se había endurecido. De que en ese momento, con la espalda recta y la mirada severa, era el auror ante el cual muchos se intimidaban. Marietta, en cambio, notó de inmediato aquello, pues se había acostumbrado al risueño y despreocupado Harry que la había acompañado durante tantos días.
—De acuerdo con lo que me dijeron, son asuntos primordiales del Departamento de Seguridad Mágica. Además, eso no es todo.
Él levantó su rostro, sin poder entender qué más querían en el Ministerio. Detestaba cuando las órdenes se contradecían de esa manera tan absurda.
—Quieren que regreses junto con Draco Malfoy.
—¿Seré su escolta? —cuestionó, frunciendo el ceño cuando un pergamino cerrado flotó hasta las manos de Marietta. Harry de inmediato reconoció el sello y el color del listón que lo envolvía: era una orden directa de la Oficina de los Aurores. Suspiró y extendió su mano, para recibir el pergamino.
—Habrá un juicio que está relacionado con él. —Marietta resopló pesadamente y añadió—: No me dijeron nada más, por supuesto.
Harry desenrolló el pergamino, tratando de que su mente, que pensaba en cientos de cosas, se concentrara solo en las letras de color azul. Le fastidió la formalidad de la misiva, donde amablemente le decían que a causa de razones mayores, su asignación debía ser cambiada.
«Es vital la presencia del señor Malfoy durante los juicios que se realizarán en los Tribunales del Wizengamot el próximo martes 23, antes del mediodía. El status actual del señor Malfoy requiere la presencia de un auror para permitirle entrar al país sin los problemas que puedan sucitar…»
—¿Malfoy lo sabe? —preguntó Harry, buscando a Marietta, quien parecía dispuesta a encerrarse en su habitación hasta el día siguiente. De cualquier manera, no cualquiera estaría dispuesto a soportar el mal carácter que solía tener Harry cuando algo lo hacía enfadar.
—Tiene que saberlo —murmuró como si fuera evidente—. Supongo que hoy habrá llegado una carta donde le informan esto y el hecho de tú tendrás que escoltarlo.
—No es un asesino serial, por favor —masculló Harry. Marietta entrecerró sus ojos y pronunció las palabras que él había ignorado en toda esa conversación.
—Pero fue un mortífago.
—Marietta…
—Saldremos a hacer el conteo de nidos en media hora. Espero que estés listo.
Harry sabía que Marietta no tenía la culpa de nada. Demonios, ni siquiera trabajaban en el mismo departamento en el Ministerio; inclusive, si Harry de verdad quería culpar a alguien, sin duda se tendría que regresar a un pasado que no tenía deseos de rememorar en ese momento. Aun así, cuando la hora que ella le indicó llegó, no pudo evitar comportarse distante con ella, especialmente al salir de la cabaña y descubrir que su guía, que debía ser Malfoy, había sido cambiado por otro de los dragonolistas de la reserva.
—Malfoy tuvo que salir de la reserva hace un rato, así que yo los llevaré a los nidos de la zona sur.
Aquello no sonó bien para Harry. Tuvo que reunir toda su voluntad para no salir corriendo en dirección hacia la cabaña de Charlie y Draco, y averiguar si podía ayudarlos en algo. Luego entendió lo que aquel dragonolista había dicho: Draco había salido de la reserva, y aunque él lo buscara, no iba a encontrarlo en ningún lado. Aun así…
Le hubiera gustado que confiaran en él.
El conteo de nidos, que era una actividad que normalmente Harry disfrutaba, ese día la encontró tan desesperante que inclusive el dragonolista que los acompañaba lo regañó porque su magia empezaba a descontrolarse y en ese lugar, tan cerca de una dragona, solo implicaba una sentencia de muerte. Tuvo que hacer uso a todo su autocontrol, el que había mantenido vivo en los tiempos más difíciles, para poder cumplir con la supuesta labor a la que había sido enviado a Rumania.
Si puedo ayudar en algo, se dijo con un rastro de humor negro al regresar al campamento, será mejor que esté completo. Y vivo, si es posible.
Sin embargo, cuando tocó la puerta de la cabaña, Charlie y Draco aún no se encontraban en ella. Frustrado, y sabiendo que permanecer en la cabaña sin nada que hacer solo lo alteraría más, Harry se dirigió al establo para ver cómo estaban todas las criaturas a las cuales había estado cuidando. Sonrió cuando Izar salió a recibirlo, acercando cariñosamente su cabeza hacia sus manos para que lo acariciara.
—Tengo que irme, Izar —murmuró Harry, entrecerrando los ojos. Solo hasta ese momento, con el caballo alado cerca de él, el auror por fin dejó salir todos los pensamientos que habían estado atormentándolo desde que Marietta le entregara aquella carta. Sinceramente, y si lo pensaba con cuidado, tenía más motivos para quedarse en Rumania que para regresar a Inglaterra, donde no lo esperaba nada más que una casa derrumbada y fea que, por cierto, no le gustaba en nada porque le traía viejos recuerdos—. ¿Debería llevarte conmigo para conservar un poco de este lugar?
Además, estaba el juicio de Draco.
Harry intentó pensar en los absurdos motivos que podría tener el Ministerio para tener que solicitar otro juicio referente a los Malfoy. Sabía, claro, que Draco no tuvo que pasar tiempo en Azkaban, pero en realidad Harry nunca llegó a conocer cuáles fueron los términos, que sin duda lo obligaron a tomar, tras su liberación. ¿Le habían restringido su magia? ¿Y si estaba en Rumania por algo más que una simple casualidad? Charlie le había dicho que quizás necesitaba alejarse, pero ahora que lo pensaba…
—¿Qué dices, Izar? —dijo en voz baja, temiendo ilógicamente que alguien pudiera escucharlo—. ¿Quieres volver conmigo, ver Hogwarts y olvidarnos de Charlie y Draco?
El caballo lanzó un relinchido ante sus fatalistas oraciones y empujó más su cabeza, en un gesto que Harry interpretó cómo de ánimo. Sonriente, acarició su lomo mientras miraba a su alrededor y se daba cuenta de que había sido en ese mismo lugar donde había visto a Draco siendo deliciosamente follado por Charlie.
Entonces, sin poder creer el rumbo que sus propios pensamientos habían tomado, Harry se sonrojó mirando a todos lados intentando olvidarlos sin éxito; al contrario, cada vez que intentaba sacar aquellas imágenes de su mente (las que en más de ocasión había usado para mastubarse), lo único que conseguía hacer era recordarlo todo con más fuerza, hacerlo más vívido: los sonidos del cuerpo de Charlie al penetrar a Draco, los gemidos… las súplicas de más, más.
—¡Deja de pensar en eso! —se recriminó, y si hubiera podido golpearse la cabeza con algo, seguramente lo hubiera hecho. Sin embargo, no encontró nada a la mano, así que tuvo que conformarse con regañarse a sí mismo, y sintiéndose abochornado porque, de hecho, el thestral en ningún momento se había perdido de sus melodramas—. Será mejor que vea si… si ya llegaron a la cabaña… y así pueda hablar…
En realidad, Harry no comprendía por qué estaba dándole explicaciones a un caballo, pero aun así insistió en decir todo aquello en voz alta, convenciéndose, por enésima vez, de que sus pensamientos no eran tan extraños como se escuchaban. Malhumorado, salió del establo y caminó por el campamento mientras se repetía en silencio sobre los verdaderos e importantes temas de los que necesitaba hablar con ellos. Necesitaba saber si Draco había recibido una carta de parte del Ministerio, de los planes de Charlie, de lo que pensaban hacer y si…
¿…Y si él, de alguna manera, también formaba parte de esos planes para el futuro?
Cuando llegó a la cabaña que tenía dibujada una serpiente, Harry apenas tuvo tiempo de tocar, porque de inmediato la puerta se abrió y un brazo, delgado y blanco, lo jaló hacia el interior con tanta fuerza que el auror no pudo reaccionar. Entonces, el mismo cuerpo que lo había jalado, lo empujó y apretó contra la pared del pasillo.
Potter, entrenado para reaccionar ante situaciones inesperadas, sintió que decepcionaba a todo su escuadrón cuando apenas consiguió levantar los brazos para sujetarse al cuerpo y no perder el equilibro. A su atacante, no obstante, le importaba un pepino los rangos de los aurores, porque bajó sus manos hacia el trasero de Harry y lo oprimió con tanta lasciva que el moreno solo atinó a jadear de una manera bastante indecorosa.
Al alzar el rostro, Harry descubrió a Draco mirándolo enojado, como si deseara castigarlo, y quizás debería sentir miedo pero en realidad solo estaba terriblemente excitado por el inesperado asalto. Draco le arrebató las gafas y las tiró, callando de inmediato sus protestas con un beso, pero no uno dulce o inocente. Ese era un maldito beso salvaje… violento y agresivo.
Harry se alegró de haberse sujetado de Draco, porque cuando lo forzó a abrir la boca y dominó su lengua, estaba seguro de que nada le hubiera impedido dejarse caer en el suelo, y estar simplemente a la merced del rubio, quien aprovechó ese momento para empujar su entrepierna, haciéndole sentir su dureza.
Potter gimió dentro del beso y se empujó contra Draco. No sabía por qué estaba actuando así, pero maldita sea, simplemente no podía rechazarlo, no cuando lo oprimía de esa manera y le besaba como si quisiera solo con eso, arrancarle un maldito orgasmo. Y, demonios, si seguía moviendo su lengua y sus manos de esa manera, lo conseguiría. Sin embargo, y para su completa frustración, Draco se separó tan rápido como lo había atrapado. Sonrojado, apoyado en la pared y jadeando desesperado, Harry estaba seguro de que lucía más bien patético, pero el rubio, que le sonrió de lado (su sonrisa de "soy el puto amo del universo") y se relamió los labios de una manera voluptuosa, parecía estar disfrutando del espectáculo.
—D-Draco… —musitó con la voz enronquecida. Malfoy dio otro paso hacia atrás, y solo así Harry fue capaz de apreciar que cuando Draco estaba enojado se veía terriblemente sexy. Estaba a punto de formar una oración coherente cuando escuchó un silbido y unas pisadas que se detuvieron a un lado de Draco. Charlie, con las manos ocultas en los bolsillos de su pantalón, también lo examinó. Harry, avergonzado por la mirada de ambos, intentó recuperar su dignidad, pero el pelirrojo no se lo permitió al decir:
—Parece que necesita más, Draco.
Y esta vez, Charlie fue quien lo tomó. Al contrario que Draco, fue más suave y tranquilo, como si estuviera pidiéndole disculpas con sus labios por lo agresivo que había resultado el otro apenas unos momentos antes. No obstante, y Harry descubrió eso muy pronto, Charlie tenía la habilidad de su pareja de hacerle delirar de placer. Casi lloriqueó cuando el mayor bajó su mano para apretarle la entrepierna, sonriendo sobre su boca cuando comprobó que estaba más que listo para cualquier cosa que ellos desearan.
—Ven, Draco, ayúdame a desvestirlo —susurró.
Vagamente, Harry se dijo que tenía que detenerse, porque de verdad estaba preocupado por las cartas del Ministerio, pero rápidamente descubrió que ese pensamiento estaba siendo programado para otra hora cuando Charlie lo jaló hasta la sala de estar y se agachó, quedando de rodillas frente a él. Draco, por su parte, se acercó para abrazarlo por la espalda, depositando besos en su nuca y moviendo sus manos para quitarle la playera mientras el pelirrojo hacia lo mismo con su pantalón.
Harry era incapaz de pronunciar palabra. Temblando por la excitación, solo era consciente de las manos pequeñas y blancas que recorrían su abdomen y apretaban sus pectorales mientras otras manos más gruesas y calientes recorrían sus muslos para quitarle la ropa y luego volvían a ascender buscando su trasero y separando sus nalgas. Desesperado, ladeó el rostro buscando un beso que Draco no dudó en corresponder mientras sentía cómo Charlie se inclinaba hacia su entrepierna, aspiraba su aroma, masajeaba sus testículos y apenas rozaba la punta de su excitado miembro con la boca cerrada, como si quisiera escucharlo suplicar.
Entonces, Charlie se incorporó y su rostro quedó frente a Harry, quien alejó su boca de la de Draco para mirar al pelirrojo, gimiendo largamente cuando las manos del rubio buscaron sus testículos y su miembro mientras Charlie le acariciaba el rostro.
—Hace unas semanas, Harry —dijo Draco en su oído, obligando en todo momento a ver los ojos del otro—, Charlie y yo follamos en el establo y teníamos un espectador. ¿Lo recuerdas?
El auror abrió sus ojos desmesuradamente y trató de balbucear una excusa, en el momento exacto en el que el pelirrojo se inclinó para morder su cuello y decir:
—A nosotros también nos gusta mirar.
Harry no comprendió la expresión hasta el momento en el que Draco lo empujó, haciéndolo caer frente al sofá. Desnudo, cachondo y dispuesto como estaba, Harry entendió qué era lo que ellos querían cuando se sentaron frente a él, mirándolo… aguardando.
—Si ya tuviste el placer de vernos… creo que es justo que nosotros también te miremos, ¿no es así?
—Muéstranos como te tocas pensando en nosotros, Harry.
Y él, que solía actuar antes de pensar, aceptó. Apoyándose mejor en el sofá, Harry separó más sus piernas y se mostró descaradamente ante ellos. Tragó saliva, pero sin dejar de mirarlos, lamió su mano y la bajó hasta tocar su necesitada erección, gimiendo cuando sintió la humedad de su mano. Jugó con la punta y esparció el líquido preseminal por todo el glande. Dejó caer su cabeza hacia atrás, moviendo sus caderas al mismo ritmo con el que su mano subía y bajaba. En algún momento sus labios empezaron a llamar a Charlie y Draco, quienes continuaban quietos, sonrojados y comiéndose con la mirada a Harry, quien nunca en su vida se había sentido tan deseado como en ese momento. Imaginarse a Charlie follándolo mientras Draco penetraba su boca… Su mano libre viajó por sus pectorales y apretó las sensibles tetillas. Su cuerpo comenzaba a sentirse húmedo y su miembro no dejaba de rezumar líquido.
—Mueve más rápido tu mano, Harry… nosotros también queremos verte.
Así lo hizo. Cerró su palma sobre la palpitante y caliente erección, sin dejar de retorcerse en el sofá. Cuando su otra mano buscó sus testículos, escuchó unos pasos y su mente, nublada por el placer, apenas entendió lo que ocurría hasta que Charlie se sentó en el brazo del sofá y buscó la boca de Harry; Draco lo imitó, lamiendo su cuello y bajando su mano para buscar, no sus testículos, sino el perineo. Lo masajeó con tan habilidad que cuando las manos de Charlie ya buscaban sus pectorales, Harry se derramó violentamente, sintiéndose apabullado por un orgasmo intenso, crudo y delicioso.
—Ahora sí podemos hablar… —susurró Charlie en su oído.
Aunque ahora era Harry quien no tenía ganas de hablar.
Autora al habla:
MUAJAJAJA, no sé qué parte es peor, si el hecho de que aún no lo hacen totalmente o que esté dispuesta a alejar a Draco y a Harry de Rumania, MUAJAJA -me siento malvada hoy xD-. Vale, la verdad me divertí con este capítulo, ya me dirán ustedes que les pareció ;)! ¡Gracias por todo, chicos!
¡Muchas gracias a dragon de mala fe, Yessenia Sss, sinideas, Kuroneko1490, jess Granger s, seremoon, Nais24, xonyaa11, Paulinafujoshi, mellitacullen, Fran Ktrin Black por sus reviews!
