Harry Potter pertenece a J.K. Rowling. Yo escribo fanfiction por simple placer, de tal modo que este fic no tiene fines de lucro. Simple y puro pasatiempo.

Este fic fue creado para "La Gala del Dragón 2015" del foro Draco Dormiens Nunquam Titillandus

Título: Encuéntrame en Rumania.

Capítulos: 8/10

Personajes: Draco Malfoy/Harry Potter/Charlie Weasley.

Advertencias: Slash/Lemon/EWE/Trío. Este fic narra una relación homosexual que, conforme la trama avance se centrará en tres personas. Hay malas palabras, poca coherencia, ignoración monumental del epílogo, y cosas varias que podrían resultar incómodas para algunas personas. Si eres parte de ella... ¡huye! Sino, bienvenido seas. Dicho está. Sobre advertencia no hay engaño.


Encuéntrame en Rumania

Por:

PukitChan

Capítulo 8

La debilidad de todo Weasley

Aunque Harry era bueno descifrando enigmas, en general no le gustaban. Las pistas sutiles, las miradas que lo cambiaban todo, los detalles que parecían contestar las interrogantes… era complicado. Y eso, en cierta manera, se trataba de una ironía para alguien que era auror, porque en sus años de servicio Harry había aprendido que era justamente eso, los pequeños momentos, lo que ayudaba a resolver casos que parecían no tener solución.

Él sabía que la razón de su disgusto hacia los enigmas radicaba en la guerra, cuando Dumbledore lo había enviado por todo el país a buscar objetos que contenían trozos de un alma oscura. El director reveló tan poca información, y toda de una manera tan encriptada, que en más de una ocasión, Harry permaneció despierto mirando hacia el techo, preguntándose inútilmente qué hubiera pasado si Dumbledore hubiese decidido contarle todo antes de aquella estúpida pelea… antes de que tuviera que morir, para poder aparecer en King's Cross exigiendo una explicación.

Y Harry de verdad esperaba no tener que llegar a tales extremos para saber lo que Charlie y Draco intentaban decirle con sus sutiles miradas.

—Sí, recibí una carta del Ministerio —respondió Draco. Desde su posición, de pie, con los brazos cruzados y recargado sutilmente en un escritorio mientras miraba a través de la ventana, el rubio parecía un modelo esperando a que pintaran su retrato. Inclusive la manera en la que su largo cabello caía por sus mejillas y tocaba su pecho descubierto, le daba una apariencia etérea, pero salvaje. Eso, por alguna razón, era lo que más le impresionaba a Harry: que Draco pudiera conservar esa natural elegancia y al mismo tiempo poder revelarse contra ella; era la contradicción personificada.

—Bueno, sabíamos que tarde o temprano tenía que llegar —murmuró Charlie, quien estaba sentado al lado de Harry, muy cerca de él, al estar abrazándolo por los hombros. El contacto era curioso, porque no se trataba de algo insinuante, posesivo o incómodo; de hecho, era como si Charlie necesitara tocarlo para sentirse seguro.

—¡¿Cómo pueden estar tan tranquilos?! —cuestionó Harry, intercalando su mirada entre ambos. El pelirrojo lo observó, pero Draco solo frunció el ceño sin querer dejar de ver aquello que había llamado su atención en el exterior—. Estos juicios… ¡No sabemos para qué los están organizando! ¿Por qué ahora, después de tantos años? ¿Qué es lo que quieren?

Las histéricas interrogantes de Harry parecieron llamar por fin la atención de Malfoy, pues giró su rostro y sus ojos grises, ya exentos de temor, parecieron suavizarse cuando pronunció con tranquilidad:

—Potter, ni siquiera tú eres tan despistado para comprender lo que quieren. Es más, diría que en tu posición deberías saberlo. Quieren que regrese para que pague por los crímenes que se cometieron durante la guerra. Alguien tiene que hacerlo. Estos cuatro años han sido una pausa momentánea. Quizá la manera de hacerme más fuerte para sobrevivir a Azkaban.

—¡Eso no…!

Charlie rodeó su mano y la apretó, consiguiendo que Harry detuviera sus protestas. Si bien comprendía los motivos del pelirrojo (¿de qué les serviría gritar descontrolados?), se sentía frustrado e irritado; no ser capaz de ayudar a alguien importante para él era una de las cosas que más odiaba en su vida.

—¿Irás? —preguntó Weasley. Durante un instante, un atisbo de duda se reflejó en la expresión de Draco, pero al final asintió. Potter tuvo que reprimir sus ganas de gritar: «¡De acuerdo, fuguémonos! Encontraremos refugio en otro país. He escuchado que Finlandia es especialmente hermoso en esta época del año». No obstante, Draco, como si eso fuera lo que estaba esperando durante todo ese tiempo, se encaminó hacia las escaleras, dejando a los otros solos.

—Tengo muchas cosas qué planear antes de que regresemos a Londres —gritó desde el segundo piso. Harry escuchó cómo azotaba la puerta, demostrando indirectamente todo lo que no había podido gritar desde que había llegado aquel ridículo anuncio.

A su lado, escuchó a Charlie suspirar. Harry se animó a echarle un vistazo y se sorprendió al descubrirlo recargado hacia el frente, con una mano hundida en su cabello pelirrojo y la otra sobando el puente de su nariz. Una pequeña y vieja cicatriz que cruzaba su sien, pareció palpitar. Estaba tan encorvado y cansado, que Harry consideró recostarlo en el sofá y vigilarlo hasta que se hubiera dormido. No obstante, Charlie se adelantó a sus planes cuando se levantó, se perdió en la cocina y minutos después regresó con una botella de whisky y dos pequeños vasos de cristal.

—¿Te quedas esta noche? —preguntó con suavidad.

Instintivamente, Harry miró hacia la ventana y se sorprendió al descubrir que estaba oscureciendo: la primera estrella iluminaba ya el cielo nocturno.

—Claro —aceptó. Charlie, a cambio, le regaló una sonrisa que hizo que Harry lo mirara con mayor atención mientras le servía su bebida: Charlie siempre había tenido algo diferente entre los Weasley. No era su rostro lleno de pecas ni su apariencia indomable; tenía que ver más con la sensación que provocaba su compañía. Charlie no era excesivamente carismático, como Bill, ni tampoco tan arrogante, como Percy. Aunque solía hacer bromas, no era un genio en ellas como lo habían sido los gemelos. Tampoco poseía el temperamento explosivo de Ron, o la naturaleza apasionada de Ginny. Charlie era solitario y tenía sus ideas claras. Amaba a Rumania y a sus dragones, tanto como amaba a Draco; además era valiente. Todos en su familia lo eran, pero él… en verdad era diferente. La prueba de ello radicaba en la manera en la que consiguió que Draco abriera su corazón para él. Y tal vez Harry no conociera a Draco tanto como Charlie, pero si algo estaba seguro del rubio, es que él jamás habría depositado sus temores en alguien que no lo mereciera.

—Necesito pedirte un favor, Harry.

El auror aceptó la bebida. Miró su vaso y el líquido ambarino que se balanceaba en su interior. Era una noche hermosa y tranquila; inclusive los lejanos gruñidos de los dragones parecían más suaves y armónicos, como si estuvieran entonando la canción de cuna más hermosa del mundo. Charlie, por su parte, encendió la chimenea. Cuando el fuego comenzó a crepitar, Harry supo que una vez que iniciara esa conversación, no habría modo de frenarla. Tomó un trago de su bebida, que se sintió ardiente en su garganta, y murmuró:

—Dime.

—Tienes que proteger a Draco en Inglaterra —musitó, en cuclillas frente a la chimenea mientras movía el atizador. Visto así, con las llamas reflejándose en sus ojos azules, parecía el hombre más solitario del mundo—. Se ha vuelto fuerte, mucho. Ya lo era. Pero ahora debe enfrentar un pasado del que había estado refugiándose, y no me refiero a los errores que cometió durante la guerra… tampoco ha podido entender que su madre fue asesinada y que su padre, por sus crímenes, terminó en Azkaban. Hace tiempo eran demasiadas cosas qué asimilar para un adolescente, pero ahora está aceptando regresar a Inglaterra, cuando pudo escapar también de esto.

—A mí me parece que eres tú quien lo está sobreprotegiendo.

Charlie detuvo sus movimientos, sorprendido por la oración. Sin ser del todo consciente de ello, Harry había llegado a la conclusión correcta. Tras unos instantes en los que Charlie no hizo otra cosa más que mirar el fuego, soltó una inesperada carcajada que inmediatamente rompió la tensión del ambiente.

—Tienes razón —exclamó, levantándose para sentarse a su lado. Lo rodeó con su brazo izquierdo, atrayéndolo a su cuerpo para besar su cabello negro. Harry no se quejó, sino que se dejó llevar por el otro, sintiéndose nervioso por la ternura del gesto—. Me encanta tu sinceridad, Harry. —Luego, confirmando aquellas palabras, añadió—: No puedo evitarlo. Ustedes despiertan mis instintos de mamá dragón.

—No puedo creer que estés tan orgulloso de lo que estás diciendo.

—Está bien —aceptó, cerrando los ojos durante unos segundos—. Todos necesitamos sentirnos protegidos por alguien.

Harry bajó la mirada hacia sus manos al escucharlo, sabiendo perfectamente a qué se refería Charlie. Él era huérfano y sus tíos nunca habían sido cariñosos con él; hasta que conoció a Ron y Hermione, así como a todos los miembros del clan Weasley, supo lo que significaba ser recibido por alguien con los brazos abiertos. Sin embargo, siempre intentó cuidarse a sí mismo, sin preocupar a otros. Si bien sus amigos eran leales y optaron por acompañarlo hasta el final, si de Harry hubiese dependido, no hubiera involucrado a nadie durante la guerra. Su naturaleza era desconfiada; Harry no se había permitido ser cuidado por alguien, a pesar de que lo deseaba con desesperación.

—Lo sé —murmuró, animándose a recargar su peso en el pecho de Charlie, escuchando el palpitar de su corazón. Y en ese momento supo, que a pesar de todos esos conflictos, de alguna manera las cosas se solucionarían.

—Draco y tú necesitan convivir más. —Charlie jugueteó con el cabello negro mientras pronunciaba y buscaba las palabras adecuadas—. No puedo ir a Inglaterra con ustedes, porque eso solo crearía más conflictos innecesarios. Él no necesita más atención de la que ya recibirá a causa del juicio. Es por eso que tienes que protegerlo, Harry. Además, podríamos aprovechar esto para que tú y Draco se acerquen, no solo físicamente, sino sentimentalmente.

—¿Entonces esto es un retorcido plan de tu parte? Me parece que vivir con Draco está comenzando a afectarte…

—Solo quiero que confíen entre ustedes —murmuró, riéndose por lo bajo—. Se conocen desde hace tanto tiempo como enemigos, que me preocupa verlos enfrentados de esa manera.

—Nunca fue mi enemigo… solo nos detestábamos con mucha pasión.

—Qué manera más conveniente de decirlo.

—¿No deberíamos estar con él?

Charlie negó lentamente con la cabeza, mientras se inclinaba hacia la mesa de enfrente, sujetando la bebida olvidada por Harry.

—Está muy enojado y necesita estar solo, al menos durante esta noche. Le hará bien verte aquí mañana, durante el desayuno.

Antes de que el auror replicara aquella idea, Charlie bebió del whisky; el sabor endulzó su paladar mientras sujetaba la barbilla de Harry, para acercar su rostro hacia él y depositar un suave beso que lo hizo suspirar. Potter sintió cómo sus labios se humedecían, rindiéndose ante el pelirrojo, y en su boca se mezclaban el sabor de Charlie y el del whisky. El beso era suave y la lengua que acariciaba la suya, reconociéndolo, se movía con una vehemencia que no dejaba de impresionarlo.

«Te lo confío», parecía decirle. «Eres tan importante para mí, que te estoy entregando lo que más quiero.»

Harry se aferró a la ligera playera de Charlie, queriendo responder a su beso, deseando que eso bastara para tranquilizarlo, aunque sabía muy bien que el pelirrojo, al decidir quedarse en Rumania, estaba realizando uno de los esfuerzos más grandes.

Porque esperar también era difícil.

Harry suplicaba que las cosas salieran tan bien como Charlie tanto aseguraba que sucedería.

A la mañana siguiente, Harry despertó cuando el sol estaba en lo alto del cielo y con los dedos de Draco apresando y jalando su mejilla. El rubio tenía una sonrisa maliciosa dibujada en su rostro que no se desvaneció ni siquiera cuando Harry intentó liberarse de la tortura sin éxito alguno.

—¿Por qué no dormiste en la cama, con Charlie? —preguntó sin soltarlo. Harry estaba teniendo dificultades para despertar como una persona normal—. Este sofá es tan viejo que me sorprende que tu espalda resistiera o que no terminaras engullido por él.

—Dormí bien aquí—musitó, logrando que por fin Draco soltara su mejilla. De inmediato, Harry levantó su mano para tocar su rostro, sintiendo el dolor que aquel simple gesto le había provocado.

—Por supuesto —dijo, entornando los ojos—. Dirías lo mismo incluso si hubieras dormido sobre clavos afilados. No entiendo por qué pierdo el tiempo preocupándome por ti.

La frase consiguió despertarlo. Harry detuvo a Draco sujetándolo por el brazo. El rubio apenas tuvo tiempo para girar cuando Potter lo jaló hacia el sofá, logrando que cayera encima de él. Harry sonrió al observar la mirada enfurruñada que el otro le lanzó, porque inclusive en ese momento, tenía deseos de comérselo a besos. Pasó un brazo alrededor de su cintura para impedirle moverse mientras su mano libre tocaba su cabello largo.

Era oficial; Harry tenía una especie de fetiche con su cabello rubio. Cada vez que lo tenía cerca no podía evitar tocarlo. Inclusive, en sus sueños más salvajes, había imaginado escenas poco apropiadas que incluían a Charlie, una pared, una follada dura y ese precioso cabello siendo tocado.

—¿Querías dormir en medio de nosotros? —preguntó con la voz vuelta un suspiro. Contrario a lo que Harry esperaba, Draco no protestó ni peleó por separarse de sus brazos, sino que continuó sosteniendo su mirada, como si intentara descifrar algo que hasta ese momento nadie le había dicho.

—Aunque necesitaba estar solo, no estoy acostumbrado a dormir así.

Harry lo pensó un momento. A causa de sus años en Hogwarts, se acostumbró a las extrañas manías que sus compañeros de habitación tenían a la hora de dormir. También recordó su solitaria alacena y cómo a veces aún se sentía atrapado en ella, inclusive estando en Grimmauld Place. Él nunca había sido una persona que odiara la soledad ni tampoco buscaba acompañantes para que esta se fuera, pero creía comprender a qué se refería Draco. A veces, cuando llegaba del Ministerio y se dirigía a su habitación, echaba de menos que alguien estuviera esperándolo. Alguien que le dijera: «Ey, lo sé, ha sido un día espantoso, pero te prometo que mañana todo estará mejor».

—Es difícil acostumbrarse a ciertas cosas, ¿eh?

Draco mordió su labio inferior.

—¿Estarás allí? ¿En el juicio?

—Estaré.

—¿Al igual que la última vez? —dijo, sin poder evitar que su voz sonara divertida. Harry supo el porqué. La única ocasión en la que él y Draco habían coincidido en algo así, no había sido uno de los mejores momentos de Harry.

—Prometo hacerlo mejor.

—Oh, asegúrate de verlo muy bien, Draco. Conseguiré un pensadero exclusivamente para observar a Harry haciéndolo mejor.

Ambos levantaron la mirada. Charlie, que entraba a la habitación, los miraba bastante divertido. Tenía una toalla alrededor de su cuello y vestía ligero. Al parecer, recién había salido del baño. Draco apoyó sus manos a un lado del cuerpo de Harry y se levantó lo suficiente para que pudiera verlo mejor.

—¿Te sientes mejor? —preguntó el pelirrojo. Draco asintió—. Muy bien, porque pretendo aprovecharme de ustedes antes de que partan a Inglaterra. ¿Quieres tomar una ducha, Harry? Aunque ahora mismo no te duela el cuerpo, te aseguro que ese sofá es demasiado incómodo.

Draco le lanzó una sonrisita de «te lo dije» cuando se incorporó. Depositó un breve beso en la mejilla de Charlie a modo de saludo antes de desaparecer en la cocina. Harry se levantó, sintiendo de inmediato cómo su espalda le reclamaba en el proceso.

—Draco podría darte un masaje por la noche. Tiene unas maravillosas manos.

—No me hagas malpensar tan temprano —gruñó, sobando su cintura y estirando su cuerpo.

—Podrías tomar una ducha fría —replicó, arrojándole una toalla que Harry atrapó en el aire.

—Tengo que tomarla —musitó, cerrando los ojos—. Marietta está enfadada conmigo.

—Podríamos arrojarla al dragón que visitaremos hoy —comentó Draco, regresando con una taza de té entre sus manos—. Después de todo, será uno de los últimos días donde tendrás que cuidarla. Podría sufrir un desafortunado accidente.

—Deja de darle ideas tenebrosas a Harry, Draco.

—Es una buena idea.

Harry sonrió. Realmente lamentaba que el Ministerio se le hubiera ocurrido alterar su viaje a Rumania. Iba a echar de menos aquella paz, aquellas conversaciones absurdas, y la manera en la que sentía que sí, ese era lugar que durante tantos años había estado buscando.

Para desgracia de Harry, la semana pasó demasiado rápido. La noche anterior al regreso a Londres, estuvo en la cabaña de Draco y Charlie, donde pasaron muchas horas bebiendo y riéndose por las riñas que habían tenido durante la escuela. Fue uno de esos momentos que, Harry supo, nunca más se repetiría en su vida.

—¿Qué harás después, Harry? —preguntó Charlie.

—¿Hacer…?

—Después de que acabe el juicio de Draco, no tienes la obligación de regresar aquí, a la reserva. Habrá otro auror que cuide a Marietta, ¿no? Además, eres uno de los aurores más importantes del Departamento de Seguridad Mágica.

—¿Me están diciendo que ya no me quieren aquí? —susurró divertido.

—En realidad —intervino Draco—. Queremos que tomes una decisión. No ahora, aunque sabes que tendrás que tomarla tarde o temprano.

—Pero, Harry… —susurró Charlie—. Sin importar cuál sea el camino que escojas, ya sabes dónde encontrarnos. Estaremos aquí, en Rumania.

La mañana en la que Harry y Draco partieron hacia Inglaterra estaba cubierta por una densa niebla. Charlie e Izar fueron los que se despidieron de ellos. Harry no podía creer que en verdad estuviera a un lado de Draco, dispuestos a enfrentar a un juicio carente de todo sentido. Sin embargo, al mismo tiempo, deseaba con desesperación que las cosas avanzaran cada vez más rápido, porque así sabrían qué era lo que tenían que hacer para poder librarse de una maldita vez del Ministerio. De esa manera, si Draco necesitaba también cerrar ciclos, lo ayudaría a que todo resultara a su favor.

No era necesario que Charlie le pidiera que cuidara a Draco, porque Harry lo haría; siempre, de alguna u otra forma, lo había intentado hacer, aunque no siempre con los resultados esperados.

—¿Estás listo? —le preguntó a Draco, segundos antes de tomar el traslador.

—No. —El rubio parecía más pálido y estaba temblando: de verdad estaba asustado. Entonces, tratando de tranquilizarlo, Harry levantó su mano y la entrelazó con la otra, ofreciéndole silenciosamente su apoyo. Draco suspiró y apretó sus dedos, asintiendo.

—Vamos. Te prometo que las cosas saldrán bien.

Harry solo esperaba que de verdad pudiera cumplir esas palabras. No podía desaparecer el pasado, nadie jamás podría, pero realmente quería, al igual que Charlie, que Draco construyera el futuro que deseara, y no porque estaba huyendo de algo.

3… 2… 1.

El traslador los llevó fuera de la reserva, lejos del lugar que había sido el hogar de Draco durante cuatro años…. llevándolos de vuelta al país del que había huido. A Inglaterra.

«Pero, Harry… sin importar cuál sea el camino que escojas, ya sabes dónde encontrarnos. Estaremos aquí, en Rumania.»


Autora al habla:

¡Buenas noches a todos! :D Ey, ¿cómo están hoy? Espero que super genial. Tengo que decir que tengo algunos problemas con el módem y con el internet, así que ha sido un lío esta semana. T.T Me disculpo por los retrasos que van a tener algunas actualizaciones por esto. ¿La parte buena? xD Ahora no tengo pretextos para distraerme y puedo escribir más rápido durante las noches libres, jajajaja xD. Una vez que el internet se estabilice, me tendrán atacando las historias. Mientras, seguiré robándome el internet de la biblioteca, xD.

Ahora, con respecto al capítulo: quería establecer el nivel emocional que se tiene en la historia en este momento. Charlie, Draco y Harry tienen que crear fuertes vínculos antes de que, ya saben, se dejen llevar por la pasión, juajaua. Además tendrán que cerrar algunos líos, pero creo que todo resultará bien para ellos. ¡Muchas gracias por leer y más gracias por estar siempre aquí, acompañándome! ¡Un beso enorme!

Catzeruf; ¡muchas gracias! ¡Saludos!

Lizbethshawol; es hora de crearle un poco de drama a esta historia, aunque prometo que no puede durar tanto como parece ser juajuajua xD. Tienes razón en decir que Charlie y Draco rompen todos las ideas que creía Harry respecto al amor, pero no creo que nuestro auror favorito se esté quejando mucho al respecto; al parecer sí que lo está disfrutando, jajaja xD. ¡Gracias, cielo, un abrazo y beso enorme! :D

¡Muchas gracias a I'm Dreams of a Violet Rose, Catzeruf, mellitacullen, dragon de mala fe, Seremoon, lizbethshawol, Paulinafujoshi, Annilina, Morrigan Black13, AnataYume, sinideas, jess Granger s, Fran Ktrin Black, Kuroneko1490, xonyaa11 por sus reviews!

¡Ya saben que os quiero! ¡Excelente semana, chicos! \0/