Harry Potter pertenece a J.K. Rowling. Yo escribo fanfiction por simple placer, de tal modo que este fic no tiene fines de lucro. Simple y puro pasatiempo.

Este fic fue creado para "La Gala del Dragón 2015" del foro Draco Dormiens Nunquam Titillandus

Título: Encuéntrame en Rumania.

Capítulos: 9/10

Personajes: Draco Malfoy/Harry Potter/Charlie Weasley.

Advertencias: Slash/Lemon/EWE/Trío. Este fic narra una relación homosexual que, conforme la trama avance se centrará en tres personas. Hay malas palabras, poca coherencia, ignoración monumental del epílogo, y cosas varias que podrían resultar incómodas para algunas personas. Si eres parte de ella... ¡huye! Sino, bienvenido seas. Dicho está. Sobre advertencia no hay engaño.


Encuéntrame en Rumania

Por:

PukitChan

Capítulo 9

El último pétalo del narciso

Esa tarde, al llegar a la Central Internacional de Trasladores de Londres, Harry supo de inmediato que si no había ningún reportero rondando cerca de ellos, era gracias a Hermione. De alguna manera estaba convencido de que su amiga había hecho todo lo posible para mantener la mayor discreción sobre lo que estaba ocurriendo. Después de todo, así habían sido todos los movimientos que giraron en torno Draco: silenciosos, casi inexistentes.

En Rumania, Harry había tenido el tiempo suficiente para sacar algunas deducciones. No tardó demasiado en comprender que no fue casualidad el haber sido enviado a la reserva al mismo tiempo que su jefe retomaba el caso de los Malfoy. Visto en retrospectiva, y si consideraba que había atestiguado a favor de Draco luego de la guerra, parecía que lo habían alejado de Londres a propósito mientras conseguían armar un nuevo juicio.

—¿Ocurre algo? —preguntó el hombre a su lado. Harry negó con la cabeza, intentando asimilar que ya no estaban en Rumania. Que, de hecho, en Inglaterra más de uno los miraría con curiosidad y desconfianza, porque se trataban de Malfoy y él, y casi todos parecían tener un concepto distorsionado del pasado.

—Es todo tan extraño —musitó mientras recogía su equipaje. Draco inspeccionó el suyo, pero era obvio que lo estaba escuchando—. Aquí hay tanto ruido.

—Entiendo a qué te refieres —aceptó Draco, mirando hacia los letreros para ignorar a las personas que caminaban a su alrededor—. Nunca me han gustado las grandes ciudades ni las multitudes. Es todo tan… agobiante.

Es lógico, pensó Harry, después de cuatro años viviendo en Rumania, esto debía ser desesperante para él.

—Nos esperan hasta mañana en el Ministerio, aunque debo permanecer contigo. —Harry sintió su boca seca. La compañía de Draco, claro, no le molestaba, pero sí las órdenes de su jefe. Malfoy no era ningún prófugo, maldita sea—. Perdona. Supongo que ahora que regresaste, quisieras…

—No me molestas, Harry —replicó el rubio levantando una ceja. La frase no dejaba de tener su ironía, sobre todo porque durante seis años se molestaron el uno al otro. Draco debió darse cuenta de lo mismo, porque en sus labios se dibujó el atisbo de una sonrisa, aunque la alegría no alcanzó a su mirada—. Pero eso nos deja con una interrogante. ¿Dónde pasaremos la noche?

—Podemos ir a mi casa, en Grimmauld Place —sugirió rápidamente—. Es un poco tenebrosa y oscura, pero podemos utilizarla esta noche. —Luego, con un poco más de cautela y suavidad, Harry añadió—: A menos de que quieras ir a tu mansión.

Se detuvieron en la entrada principal de la Central de Trasladores. Afuera, Londres tenía uno de sus días más hermosos, con el sol en lo alto del cielo y una agradable temperatura. Las personas se paseaban sonrientes, ajenas a su angustia, y Harry casi sintió envidia de ellas. Hacía mucho tiempo que había olvidado lo que significaba caminar con esa ligereza.

—La mansión Malfoy —pronunció Draco y por la cuidosa forma con la que lo hizo, Harry supo de inmediato que había pasado mucho tiempo desde la última vez que ese nombre había emergido de sus labios—. Es difícil creer que hubo un momento en el que cerré todas las protecciones.

—¿Es allí donde quieres estar? —preguntó. Si bien a Harry podría resultarle incómodo estar allí, no quería ni imaginarse qué significaba para Draco volver al lugar donde, indudablemente, había pasado los mejores y peores años de su vida.

Draco asintió, aunque Harry pudo ver sus dudas. Al final, y tras unos segundos de silencio, se dirigieron a la zona de apariciones, donde un tembloroso rubio tomó su mano y la entrelazó mientras cerraba los ojos para realizar una aparición conjunta. Por alguna razón, el movimiento tomó desprevenido a Harry, quien sintió su estómago revolverse al viajar de una manera que siempre le había parecido incómoda, pero a la cual se estaba acostumbrando luego de tantos años.

Cuando el viaje terminó y él pudo volver a abrir los ojos, sintiendo un aire fresco golpear sus mejillas, Harry se descubrió de pie frente a una enorme e imponente mansión que, vista en un día tan hermoso como ese, revelaba solo un fragmento de su belleza.

Sin soltar su mano, Draco lo guio a través de largo pasillo flanqueado de bonitos helechos. Tal vez los Malfoy habían dejado su mansión, pero era evidente que sus elfos no. Todo lo que debía ser cuidado se mantenía perfectamente, e inclusive Harry podía detectar el olor del césped recién podado. Draco los había aparecido lejos de la entrada principal, pero en un camino que, si juzgaba por su modo de andar, le parecía más familiar y cómodo.

Era extraño, y ambos lo sabían. Rumania era un lugar neutral, un paraíso perdido en el que era fácil comprender que algunas veces la vida necesitada ser reconstruida. Pero allí, en Inglaterra, los temores y las acciones del pasado parecían tener alma propia; un alma que estaba dispuesta a atormentarlos. Harry empezó a comprender por qué Charlie le había dicho que era un buen momento para que Draco y él profundizaran su relación: porque allí recordarían quienes fueron y lo que vivieron; las innumerables peleas en las que participaron y así descubrirían si en verdad estaban dispuestos a formar una relación en la que aceptaran el pasado del otro.

—Casi puedo escucharte pensar —dijo Draco. Harry dio un ligero respingo que lo hizo sonreír—. Creo que nunca te has dado cuenta de tus expresiones cuando las piezas del rompecabezas están encajando en tu mente. Eres tan fácil de leer, Potter.

Harry ni siquiera intentó mostrarse ofendido porque sabía que era verdad. Hermione, Remus, Dumbledore, Bill… todos ellos le habían dicho, en algún momento de su vida, algo similar. La decisión en sus ojos, la forma en la que sus labios se fruncían y su gesto adquiría mayor severidad. No era sorprendente que alguien tan observador como Draco lo hubiera notado también.

Cruzaron un bonito jardín y cuando estaban cerca de una puerta lateral, Draco soltó su mano y se detuvo para clavar sus ojos en él. Y aunque no era el momento (al menos no por la forma en la que Malfoy cruzó sus brazos y tensó su cuerpo), Harry no pudo dejar de pensar que Draco se veía muy bien. Allí, rodeado de pura elegancia, resultaba evidente que ese era su sitio; que fue en una enorme mansión llena opulencia donde había sido criado.

—Si quieres irte, adelante —dijo Draco con seriedad—. Aún puedes renunciar a todo esto.

Entendió que Draco se refería, no solo a los juicios, sino a todo lo que implicaba estar con él y Charlie. Pasado, recriminaciones absurdas, inseguridades, peleas. Indudablemente, llegaría un punto en el que quizá sería demasiado para él. En ocasiones podría ser difícil. Pero ¿no era así para todo el mundo? Además, ¿quién era él para adelantarse a los hechos que aún no habían llegado? Inclusive si las cosas se tornaban complicadas, Harry solo tenía que aferrarse a ellos, ¿no?

—No seas idiota —murmuró, dando un paso hacia adelante. Estiró su brazo para sujetar la cintura de Draco y atraerlo hacia él en un beso suave y tierno. Harry había descubierto que le encantaba hacer eso. Adoraba cerrar sus dedos alrededor de la cintura de Draco mientras sus labios se movían pausadamente sobre su boca, sintiendo cada detalle, percibiendo cada sabor y dejándose arrastrar por los movimientos de su lengua. Adoraba juguetear con su cabello largo y escucharlo suspirar porque, para su sorpresa (una muy agradable), Draco era terriblemente táctil. Al alejarse, sonrió y recargó su frente en la del otro, riéndose bajito de lo enfurruñado que parecía estar—. Vamos adentro. ¿Crees que tus elfos puedan preparar algo de comer? Me estoy muriendo de hambre.

Los elfos de la mansión Malfoy, Harry tenía que admitir, sí sabían cómo cocinar. Al ser fieles servidores de Draco, recibieron al joven amo con una curiosa algarabía, y aunque al principio miraron con desconfianza a Harry, unas palabras del rubio fueron suficientes para que fuera tratado con la misma devoción. Prepararon una comida que Harry nunca antes había probado, pero que lo había conquistado totalmente. Al final, tras retirarse los elfos para preparar las habitaciones, Harry se permitió mirar la mansión con mayor atención, intentando imaginarse a un pequeño Draco corriendo entre esas paredes llenas de retratos que no paraban de mirarlo con desaprobación. Curiosamente, en lugar de sentirse incómodo, Harry se descubrió pensando en sus tíos. La última noticia que había tenido de ellos había sido en las Navidades pasadas, cuando Dudley le mandó una postal…

—Es mi bisabuelo —aclaró Draco al darse cuenta de que Harry se había quedado estático mirando el más grande de los cuadros.

—Es raro ver un retrato tan silencioso —dijo con una risita—. En Grimmauld Place todos me odian y me insultan.

—¿Y así querías llevarme a pasar la noche allí? —Draco levantó una ceja y sonrió de lado cuando Harry se sonrojó y desvió la mirada hacia el florero del siglo pasado más cercano que encontró.

—No está tan mal como lo haces sonar —musitó cohibido.

—Es extraño regresar aquí, contigo —admitió Draco tras un rato de silencio en el que el retrato no hizo otra cosa que lanzarle miradas desdeñosas.

—¿Nunca pensaste en regresar? Es decir, para siempre. Vivir aquí.

—Durante casi cuatros años me negué a esa posibilidad. Sin embargo, tengo que admitir que en la última semana ese ha sido el único pensamiento que ha rondado en mi cabeza.

La afirmación cortó la respiración de Harry, a pesar de que él mismo la había sugerido. ¿Draco, dejando Rumania, los dragones, su thestral… dejando a Charlie? Era inconcebible.

—Pero cuando pienso en eso —continuó Draco, ajeno a la muda sorpresa del moreno—, en regresar, recuerdo a mi madre muerta y a mi padre en Azkaban. Recuerdo la guerra, el pasado y todas esas ideas a las que no quiero regresar. ¿Qué sentido tendría entonces? Sin embargo, y a pesar de todo eso, estoy aquí esperando por un estúpido juicio en el que personas a las que nunca conocí pueden hacer lo que les plazca con mi vida. ¿No es acaso ridículo?

Lo era, pero Harry no encontraba las palabras adecuadas para hacérselo saber. Tenía ganas de decirle que era una de las personas más valientes que había conocido, no solo por su pasado, sino por su presente. Quería sujetarlo por los hombros y gritarle que, maldita sea, tenía que continuar luchando por Charlie, que estaba esperándolo en Rumania.

Al final, solo tomó su mano y la apretó.

Esa noche durmieron juntos, aunque al principio Harry intentó rechazar la oferta. Había sido Draco, su ceja levantada y su «Vamos, Potter. ¿Acaso me tienes miedo?» lo que terminó por animarlo. Draco se acurrucó entre sus brazos mientras el auror recordaba las palabras que le había dicho estando en Rumania: no le gustaba dormir solo. Y por alguna razón, Harry tuvo la extraña sensación que a partir de ese momento, él tampoco lograría descansar si no estaban Charlie y Draco en su cama.

La mañana del juicio, Draco fue el primero en despertar. Harry lo encontró en el balcón, mirando hacia un precioso jardín que sin duda alguna debió haber pertenecido a su madre. Los elfos de la mansión habían hecho lo posible para mantenerlo tal y como a Narcissa le hubiera gustado, pero inclusive Harry, que nunca antes había estado allí, supo que era una hazaña imposible.

—¿En qué parte del Ministerio tenemos que presentarnos? —preguntó Draco mientras desviaba la mirada hacia la elegante túnica que portaba. Había sujetado su largo cabello de una manera muy pulcra, similar a la antigua forma en la que Lucius lo hacía, pero con un resultado totalmente opuesto. Simplemente no existía un punto de comparación entre ellos por más que trataras de buscarlo.

—En los tribunales. El juicio inicia a las once, pero tenemos que estar una hora antes. Al Wizengamot le encanta jugar con los horarios.

—No creo que ese grupo de ancianos tengan mucha compasión conmigo.

—Intervendré si intentan hacer alguna estupidez.

—Mi héroe —se burló Draco, colocando melodramáticamente una mano en pecho y fingiendo un desmayo. Harry le dio un empujoncito con su brazo y rio. Le alegraba que el rubio al menos tuviera el humor suficiente para hacer una broma como esa.

—Aunque no lo creas, ser Harry Potter tiene sus ventajas.

El rubio entorno los ojos, sin poder creer que el auror hubiera tardado tantos años en comprenderlo.

—Siempre ha sido así, Potter.

Su llegada al Ministerio, en opinión de Draco, fue demasiado rápida a causa de las antiguas conexiones que aún se mantenían en la chimenea de la mansión. Le hubiera gustado tener el tiempo suficiente para comprender lo que estaba ocurriendo y aquello que estaba a punto de enfrentar. Sin embargo, mientras más caminaban ignorando los cuchicheos y las miradas incrédulas, Draco se mantuvo firme e inexpresivo. Su orgullo nunca les daría el gusto de verlo humillado.

—¡Harry!

Hermione fue la primera que apareció, aunque Harry no supo si sentirse alegre o enfadado al reencontrarse con ella. Su amiga debió notar sus dudas porque, tras mirar a Draco de soslayo, colocó una mano en el hombro de Harry, buscando su mirada.

—Perdóname, Harry —murmuró con suavidad—. En realidad no sabía que de alguna manera estarías involucrado en este juicio, pero…

—Pero sí sabías algunos detalles —exclamó, frunciendo el ceño—. Pudiste habérmelo dicho, Hermione, maldita sea. ¡No soy idiota! ¡Puedo manejar situaciones así!

—Harry —dijo con cautela, aunque era evidente que la presencia de Draco no le era cómoda para hablar. No obstante, el rubio no tuvo problemas para ignorarla. Se quedaría allí porque se suponía que Harry lo estaba acompañando—. Mira, quizá debamos tratar algunos detalles en privado.

—Draco se quedará aquí—gruñó Harry.

Para alguien como Hermione, que de inmediato notaba las cosas, no pasó inadvertido el hecho de que lo llamara por su nombre. Una mirada más atenta y analizándolo todo con un poco más de cuidado pareció bastarle para darse cuenta de que, de alguna retorcida manera, ellos habían logrado entablar una tregua en Rumania. Sin embargo, Hermione no tenía tiempo para sorprenderse o regañar a Harry sobre si aquello estaba bien o mal, así que al final solo se sobó el puente de su nariz y asintió.

—De acuerdo, están ocurriendo muchas cosas al mismo tiempo, todo es demasiado confuso y ahora mismo no necesitamos que se complique aún más. ¡Y entiendo perfectamente tu enojo! —añadió al ver que el auror pretendía quejarse—. Pero ahora eso no ayudara en nada, ¿verdad? Tienes que tranquilizarte. El Wizengamot necesita tener una buena impresión de Malfoy cuando inicie el juicio, ¿de acuerdo? Es importante.

—¿Una buena impresión? —repitió Harry, mirando hacia Draco, cuya atención finalmente había sido atraída por las palabras de Hermione—. ¿Exactamente a qué te refieres?

Esta vez fue el turno de Hermione de mostrarse confundida. Buscó en ambos algo que le diera una respuesta concreta y al no hallarla, murmuró:

—Si les avisaron que el juicio…

—Potter —Una voz lo interrumpió. Por inercia, Harry volteó hacia el auror que lo llamaba. Su compañero de escuadrón permanecía serio mientras se dirigía hacia ellos, pero al final se detuvo justo a un lado de Draco—. Tengo que llevar a Malfoy a una de las oficinas. Revisión de rutina.

—Pero yo podría…

—Déjalo, Potter —murmuró Draco y asintió al otro auror, para seguirlo. Cuando desaparecieron de su vista, Hermione resopló al ver la expresión de Harry, pensando en que precisamente por eso lo habían apartado del caso: porque pretendía siempre hacer cosas innecesarias cuando se trataba de Draco. ¿Alguna vez se había dado cuenta de eso?

—Harry, él va a estar bien —intentó, aunque sabía que era en vano. Nunca la escuchaba si su mente estaba centrada en el rubio—. No entiendo por qué te preocupas. Es decir, sé que para Malfoy debe ser incómodo regresar de Rumania solo para un juicio como este, pero no es como si fuera algo malo. Después de todo, el juicio es sobre Narcissa.

Si Harry hubiera volteado más rápido, quizá se habría desnucado.

—¿Qué?


El auror que lo llevó hasta los tribunales no parecía demasiado interesado en él. En realidad, Draco notaba que estaba aburrido y fastidiado, como cualquier empleado que realizaba un trabajo que sabía, era inútil, pero que tenía que hacer porque así lo establecía un cuidadoso protocolo de seguridad. Le pidió su varita para examinarla y mientras esperaba los resultados del hechizo que indicaría todos los detalles de esta, miró a Draco con una sonrisa resignada.

—Lo lamento. Supongo que para ti debe ser aún más fastidioso. Debes estar ansioso por ver cómo resultará el juicio, ¿eh? Aunque no creo que existan muchas posibilidades para ellos. Escuché que fue el mismo Robards quien los interrogó. Si se convocó tan rápidamente al juicio, debe ser porque quieren que ya termine todo.

Draco, naturalmente, no comprendió nada de lo que le había dicho el auror, pero él no deseaba que todo acabara tan rápido. No quería imaginarse siendo juzgado mientras deliberaban si debía ser mandado a Azkaban. Si pudiera, hubiera aplazado para siempre de eso, pero…

—Está todo en orden —añadió el auror, devolviendo su varita. Aunque en Rumania había dejado en gran medida de usarla, sentir su tacto le infundió una dosis de valor y calma. No le sería útil estando rodeado por aurores y los más de treinta miembros del Wizengamot, pero era un pequeño consuelo. Además, Harry estaría allí también, ¿no? Tendría a San Potter de su lado—. Vamos, Malfoy.

Draco, que ya había estado antes en los juzgados, sintió una especie de dèjá vu al ver abrir las enormes puertas y ser recibido por cientos de miradas. No obstante, y tratando de ignorar aquello, buscó entre las filas a Harry, encontrándolo sentado a un lado de Hermione, en una de las hileras delanteras. Por alguna razón sonreía abiertamente y sus ojos brillaban entusiasmados. Draco frunció su ceño, queriéndole gritar que no era el momento para lucir esa expresión, pero lo detuvo la extraña y novedosa sensación de que debía confiar en él mientras se imaginaba a Charlie, diciéndole lo mismo.

«Draco, aunque Harry te detestara, te aseguro que él jamás sonreiría de esa manera si fueras a ser condenado. Él realmente debe estar entusiasmado por algo. ¡Solo mirarlo! Nunca ha sido bueno para disimular. Las cosas estarán bien.»

Inhaló pausadamente, intentando que una parte del entusiasmo de Harry consiguiera calmar el temblor de sus manos. Al final, fue la incredulidad la que lo consiguió. El auror, en lugar de guiarlo a una de las dos sillas ubicadas en el centro de la sala (¿por qué había dos?), fue llevado a una esquina, muy cerca de Harry. Desde allí, presenció cómo el líder del Wizengamot pedía orden y silencio, llamando a dos hombres desconocidos que entraron a la sala con un aspecto deplorable pero malicioso, acompañados por el Jefe de los Aurores.

No entendía qué estaba ocurriendo. No recordaba que alguna vez en su vida esos hombres se hubieran cruzado en ella.

—El caso 04935 ha sido reabierto debido a las contundentes pruebas mostradas semanas atrás por Gawain Robards, actual jefe de la Oficina de Aurores. Se ha solicitado la presencia de Draco Lucius Malfoy, en calidad de testigo de la fallecida madame Narcissa Malfoy, víctima de los acusados, ahora presentes en la sala. ¿Son estos datos correctos?

Draco palideció mientras veía a los hombres. Por fin lo entendía. Ahora la sonrisa de Harry tenía sentido. Él mismo, si no fuera un Malfoy, se hubiera puesto a saltar de emoción, lloriqueando como un bebé por las palabras que había escuchado. Ese juicio, que tantos pensamientos e inquietudes le había causado, no era para condenarlo a él. Necesitaban su presencia para encerrar a los malditos imbéciles que habían asesinado a su madre.

Mamá.

Draco sintió un nudo deshacerse en su estómago que, poco a poco, y a medida que transcurría el juicio, las condenadas y las declaración, se convertía en un alivio que parecía decirle que sí, después de tanto tiempo, por fin podría derramar las lágrimas que le faltaron llorar por la muerte de Narcissa. Dejaría de tragarse la rabia y la impotencia que le había causado el no poder hacer justicia por su propia cuenta. Además, estaba el pensamiento de que más allá de lo que su familia había representado en la guerra, los asesinos habían sido atrapados y, en nombre de la memoria de su madre, serían condenados.

Al parecer, volver a Inglaterra no había sido tan terrible como Draco llegó a creer.


Harry miró hacia el cielo nocturno, suspirando pesadamente. Había sido un día muy largo y cansado, pero satisfactorio. El juicio de los Malfoy había durado más horas de las que creyó posible, pero había valido la pena: los asesinos de Narcissa estarían pronto en Azkaban pagando por su crimen. Además, había quedado claro que aunque algunos no se mostraran de acuerdo con ello, Draco era considerando como un miembro más de la sociedad mágica británica. Inclusive Marietta, desde Rumania, había mandado una carta dirigida a demostrar aquello. Y ahora el rubio era libre de regresar a Inglaterra, a su mansión, cuando quisiera.

Sin embargo, él sabía que Draco volvería a Rumania. No lo habían hablado, pero mientras celebraban una improvisada y maravillosa cena en la mansión, resultó ser evidente. Y era grandioso, porque de esa forma Draco ya no tenía que estar en la reserva como si fuera un delincuente que había escapado de algún lugar tras cometer el más terrible de los crímenes, sino que ahora en verdad lo hacía con esa maravillosa sensación de tener la libertad absoluta de escoger lo que quisiera. Para ellos, que gran parte de su vida había sido medida con una cuidadosa exactitud, era increíble.

Y ahora solo podía esperar por el día en el que Draco decidiera regresar.

Harry había mandado una larga carta a Ron y Hermione contándoles lo que había ocurrido, no porque se lo hubieran exigido, sino porque necesitaba aclarar sus ideas y confiaba en sus amigos. Ron le devolvió pergamino aún más largo que el suyo lleno de incoherencias, pero en el que al final admitía que no se sorprendía por lo que había ocurrido, que lo intentaría entender, y terminó quejándose de Charlie por no haberle dicho nada a la familia («¡No me agrada nada Malfoy, pero no somos unos malditos!»). Hermione fue más comprensiva, aunque también lo regañó más. Ambos habían coincidido en que Harry tenía derecho a buscar la felicidad de la forma que fuera… de la manera en la que él sintiera correcta.

«Si esa es tu felicidad, compañero, ¡ve por ella! ¿Qué estás esperando, idiota!»

—¿Harry?

El aludido volteó y miró hacia la cama. Un suspiro, profundo y lento, emergió de sus labios cuando miró a Draco entreabrir sus ojos al buscarlo.

Tenía que tomar una decisión.

Caminó hacia la cama y se colocó encima de Draco, apoyando sus manos en el colchón para no aplastarlo con su peso. Aquella inesperada posición despertó totalmente a Draco, quien lo miró cuidadosamente, como si quisiera grabar en sus mentes todos los rasgos de Harry que nunca antes había notado. Al final, el rubio levantó sus manos y acarició el cabello desordenado de Harry, que por esos días había comenzado a crecer mucho más.

—¿Qué ocurre? —preguntó en un susurro. Los labios de Harry dibujaron una pequeña sonrisa, porque sabía que de inmediato el otro se daría cuenta de las cosas y, de alguna manera retorcida, lo comprendería porque siempre, incluso cuando eran rivales, lo había hecho.

—Me voy a quedar en Inglaterra, Draco.

Hubo silencio. Los movimientos desparecieron, y por un instante Harry quiso arrepentirse de lo que había dicho, pero sabía que por el bien de ellos, no debía hacerlo.

Luego, sin fallarle, Draco lo abrazó y asintió.

—Lo sé.


Autora al habla:

Ow, cerrando todas las ventanas de la casa antes del capítulo final TwT. De verdad quería resolver esto; quería que los asesinos de Narcissa aparecieran para que Draco pudiera comprender que él en el pasado ya había sido juzgado y que no fue necesario ahora temer por ello. A fin de cuentas, la guerra ya había pasado. Y... sobre el final del capítulo... ¡No, no me maten aún! Les aseguro que todo estará bien entre ellos. Además, les debo una escena muy importante, ¿no es cierto? ¡Juajuajua! ¡Un capítulo para el final, no puedo creerlo!

¡Por cierto, chicos! ¡Muchas gracias por los más de 100 reviews! ¡No puedo creer que hayamos llegado a esta cantidad de tantos bonitos comentarios con esta historia! TwT ¡Muchas gracias, un beso enorme y un abrazo de oso gigantesco!

Dolce; ¡Bienvenida seas, me da mucho gusto que la historia haya sido de tu agrado! ¡Un beso!

Catzeruf; ¡ey, espero que el capítulo te haya dejado en un buen punto, jeje! ¡Gracias!

¡Muchas gracias a Kuroneko1490, Seremoon, AnataYume, Annilina, I'm Dreams of a Violet Rose, Morrigan Black13, DarkPotterMalfoy, xonyaa11, Dolce, chiquita05, sasuhinas fan, catzeruf, dragon mala fe por sus reviews!

¡Muchas gracias por leer! ¡Os quiero!