-Pues… yo… bueno, mi amor verás- y ahora ¿que hare? –Ser padre no es solo un nombre ¿Lo sabes verdad?-

Me miró confundida.

-Por ejemplo… tu sabes que tienes un padre ¿cierto?- asintió –Pero si él viniera un día, tu no le dirías papi- afirmé. Negó. -¿Por qué?-p

-Po'que no lo conozo- sonreí.

Renesmee sabía que ella tenía padre, pero también sabía que él no estaba con nosotras, le había explicado lo esencial, prometiéndole que cuando fuera mayor sabría todo y a diferencia de ahora, eso no le molestó.

-Ser padre es más que solo…- Ouch que tonta –Digo… ser padre es quererte, criarte, estar contigo cuando lo necesites… -

-¿Qué es cliar?-

-Bueno…- Ay Dios ¿Esto no terminaba? –Es… decirte lo que está bien o está mal, enseñarte cosas nuevas, todo eso.-

-Pero Eddy nos quele a las dos, y podlia cliarme-

-Si, pero ser padre es un muy grande sacrificio-

-¿Eddy no quele?

-No es eso cariño, pero no podemos solo preguntarle y ya, es una pregunta importante, no se toma a la ligera-

Suspiró.

-Mami, mi papi de verdad ¿no me quería?- ladeé mi cabeza con tristeza. Le tomé la mano y la senté en mi regazo poniendo mi mano en su cabeza para que se acomodara en mi pecho.

-Lo que pasa bebé, es que cuando uno sabe que va a tener un hijo se presentan muchas complicaciones, en ese tiempo, yo estaba estudiando y él también, es un gran sacrificio criar a un hijo en ese tiempo – por no decir "circunstancia"

-¿Y por qué me tuviste?-

-Porque tu tenías derecho a ver las maravillas del mundo y si Dios quería que nacieras ¿cómo negárselo?- se alejó de mi pecho mirando sus manos mientras le acariciaba el cabello –Y no me arrepiento- sonrió

-¿Tú me queles?- me preguntó nerviosa.

-Mucho más que eso, te amo con todo mi ser- le besé la cien. –No es tan importante un papi ¿o si? Nos divertimos juntas-

Le comencé a hacer cosquillas y ella se reía con ganas.

-Si mami- me abrazó por el cuello. –Yo tambem te amo- suspiré, mi pecho se infló de pura emoción.

-¿Hiciste tus deberes?- le pregunté, al borde de las lágrimas. Negó.

-Bueno ve, si necesitas ayuda me llamas ¿bien?- le palmeé el trasero para que caminara a las escaleras.

Me recosté en el sillón.

-Mami- uf.

-¿Qué pasa?- se acercó otra vez.

-No me respondiste- me dijo con cara de "¿Crees que soy tonta?"

-¿Qué cosa mi amor?- Que no sea lo que estoy pensando

-¿Te gusta Eddy?- Dios ¿Qué quieres de mi?

-Eso es complicado-

-No es velda', los adutos lo hacen compicado-

-Son cosas de mayores- se me acababan las frases clichés.

-Eso es un "si"- la miré con confusión –Tia Ali me dijo que cuando dejeras eso es porque es un "si" especialmente si es un niño-

¡Alice a la ORCA!

-No creas en lo que te dije Tia Alice, la mayoría son mentiras-

-Pelo mami, en el palque tú te pon'ias lojita lojita- me dijo tocándose las mejillas.

-Si, puede que si, pero no es porque me guste- hizo una mueca –Y no trates de evadir los deberes- se sonrojó –No son tan malos, Te gusta pintar ¿no?- asintió –Bueno, entonces ve-

Se fue un poco más emocionada que antes.

Suspiré, mi hija era muy observadora, desde pequeña, tenía que ser más cautelosa desde hoy.

Me levanté del sillón y comencé a ordenar todo el despelote que teníamos en el salón, los juguetes de Nessie se esparcían como si fuera juguetería, y como la mayoría eran pequeños, básicamente el sillón estaba compuesto por vestidos y zapatos de barbies. Ordene todos los juguetes y los puse en la pequeña caja rosada que estaba a un lado del sillón, limpié la capa de polvo que se había formado arriba del pequeño televisor, de la mesa y luego me encaminé hacía la cocina, donde comenzaba otra vez a limpiarlo todo. Cuando el piso inferior estuvo listo, puse mi delantal del jardín a lavar, un niño había vomitado hoy y tenía que usarlo mañana.

Para cuando terminé y todo quedó aceptable, fui a preparar algo para comer. Le hice una leche a Renesmee y un té para mi, puse varias galletas en un plato, puse todo en una bandeja y subí, cuando iba a mitad de camino, Nessie me llamó. Como cada vez que lo hacía, me puse nerviosa, ojala todo estuviera bien.

Para mi alivio, así era, mi hija estaba sentada en su cama a lo indio, con su libro del jardín en sus piernas y muchos colores por todos lados.

-¿Qué pasa cariño?- sus ojos brillaron al ver lo que traía en mis manos. –Pensé que tendrías hambre- asintió enérgicamente. –Bueno, ordena esos lápices-

Los puso todos en su estuche a la velocidad de la luz y yo me senté junto a ella, poniendo la bandeja en frente, le di su leche (Renesmee solía tomar en vaso, pero usualmente cuando se despertaba en la noche, yo se la daba en mamadera para que fuera más cómodo), tomó un trago y cogió una galleta.

-¿Has avanzado algo?- pregunté.

-Si, ya pinté el pato, el gato y el chanchito, pelo el pato es banco, fue abulido-

Sonreí.

-¿Y para que me llamabas?-

-No podo leer las intuccones-

-¿Te parece si descansas un rato?-

-Si, po' favo-

Comimos tranquilamente mientras ella me contaba las mil y un historias que Aiden tenía para ella y cuando terminamos, parecía adormilada así que tomé una manta y la puse sobre nosotras mientras ella se acurrucaba en mi pecho.

Besé su cabeza y me quedé dormida sin proponérmelo.

El timbre me despertó, abrí los ojos como platos ¿Cuánto había dormido? El pequeño reloj de Ren decía que eran las siete, bastante tarde. Volvió a sonar el timbre, salí con cuidado de debajo de mi hija y le besé el cabello antes de salir.

Abrí la puerta y una sonrisa involuntaria se posó en mi cara.

-Hola-

Edward estaba del otro lado de la puerta, se veía nervioso y un poco sonrojado, lo que le daba un aspecto de niño.

-Yo… lo siento… quise…-

-Hola Edward, pasa- me hice a un lado y él entró.

-¿Renesmee?- preguntó un poco menos nervioso.

-Está dormida, iré a despertarla-

-No tienes que hacerlo-

-No te preocupes, de todos modos, dormimos demasiado, ahora no dormirá bien en la noche.-

Subí tranquilamente y cuando llegué intenté acariciarle el cabello mientras susurraba.

-Ness, cariño- se removió gimiendo –Sh… bebé, Edward está aquí-

Abrió sus ojos y se los refregó con sus manos.

-¿Eddy?-

-Si, está abajo, quiere verte. Baja enseguida- le dije antes de salir y bajar, Edward seguía en el mismo lugar en frente de las escaleras.

-Ahora viene-

Ahora que lo observaba mejor, estaba de traje, seguramente venía de trabajar.

-¿A esta hora sales del trabajo?-

-Depende del trabajo que tenga en realidad… hoy, salí un poco antes- se sonrojó.

-¿Por qué?-

-Quería verlas e imaginé que Ness se acostaba temprano, no me serviría venir a las 8 –

Asentí, afirmando su suposición.

-Así es, pero no tendrías que haberlo hecho- lo reprendí. Suspiró.

-¿No te gustó que viniera?- se entristeció, lo que me partió el alma.

-Claro que si- le tomé el brazo.

Me miró y comenzamos a acercarnos pero nos separamos abruptamente cuando sentimos pasos apresurados.

-Eddy- dijo mi hija lanzándose a los brazos del chico, quién la sostuvo. Ahora caía en cuenta de lo que traía en una de sus manos, era la muñeca.

-Encontré una intrusa en mi auto y pensé que podría ser tuya- le pasó la muñeca y Ness le rodeó el cuello.

-Gracias po' traera, Eddy-

-De nada, cariño-

-¿Por qué no te quedas a comer?- dije eso embobada por su cariño mutuo.

-No creo que pueda… tengo…-

-Po' favo' Eddy- le dijo mi hija agarrándole el cuello de su camisa y jalándolo.

Edward la miró.

-Un ratito así… así- dijo juntando sus dedos índice y pulgar dejando solo unos centímetros entre ellos.

-Te aprovechas de tu poder sobre mí- le recriminó Edward y mi hija sonrió victoriosa.

-Tengo que cocinar todavía, asique pueden hacer lo que quieran.-

-Mami, ¿Puede Eddy ayuda'me con los deberes?-

-Si fueras tan amable- le pedí a Edward.

-Claro- dijo más que dispuesto y Renesmee lo jaló hasta su habitación.

Fui a la cocina y me puse a cocinar, puse arroz y agua en una olla, y en un sartén puse 3 pedazos de bistec y piqué un poco de cebolla junto con un poco de ajo para agregarlos. Corté lechuga y repollo. Cuando al arroz le faltaba bastante poco, subí las escaleras.

-¿Eddy? Cuándo va a la playa ¿Qué país es?- sonreí.

-Es el mismo país… pero no la misma ciudad-

-¿Las ciu-da-des…– dijo con dificultad – …tán dentro de los países? –

-Si- dijo felizmente Edward.

No tenía idea de como habían llegado a parar en ese tema pero sabía que Renesmee tenía tantas dudas… lo que era normal a su edad. Tomé aire

-Está listo- dije. Ambos se voltearon a verme y sonrieron. -¿Me ayudas a poner la mesa, cariño?-

Le dije a Ness y ella asintió bajando las escaleras. Una mano se cerró entorno a mi muñeca, haciéndome girar. Edward me sonrió.

-No pude saludarte adecuadamente- se acercó rápidamente y tocó sus labios con los mios.

-Te he extrañado-me dijo poniendo su boca en mi mejilla, para besarla y avanzar así hasta mi frente, para luego juntar nuestros labios una vez más.

-Y yo a ti- me abrazó besando mi cabeza. –Como me gustaría salir unas horas antes y venir todos los días- sonreí.

-Me viste en la mañana- dije alejándome, no podía dejar a Renesmee sola en la cocina.

-Fue una eternidad- me dijo trágicamente.

Bajamos las escaleras, Renesmee ya tenía el mantel puesto y esperaba pacientemente sentada en una silla, se levantó cuando nos vio y fue a la cocina, seguida de nosotros. Edward y Ness hacían un buen equipo poniendo la mesa mientras yo servía los platos.