Otro día, otra pelea. Esa era la vida del joven rubio, se encontraba sangrando. No hace mucho se había peleado con unos delincuentes. Se encontraba en el frio suelo de la solitaria calle. No podía moverse, le dolía todo el cuerpo.
-A la próxima que te metas en problemas, juro que no te ayudare.- La cantarina voz de la persona que se encontraba enfrente de el, hizo que levantara la mirada. El joven rubio sonrió levemente.
-Es como la quinta vez que me dices lo mismo, Rin.- La sonrisa del rubio se agrando. La niña de catorce años, se sonrojo levemente.
-¿No puedes dejar de meterte en problemas? Vamos… levántate.- La niña extendió su brazo y ofreció su mano como apoyo, para que el rubio se levantara.- Apúrate, tienes que llegar temprano. Hoy es el baile que tu padre organiza. Además yo tengo que llegar temprano para ayudar a mi madre con la limpieza de tu casa.- El joven tomo la mano de la rubia y se levanto. La abrazo, sorprendiéndola con ese acto.
-Quedémonos, por favor.- Dijo el rubio en tono de suplica.
-No me voy a ninguna parte, idiota.- La niña sonrió levemente. La rubia se separo del joven.-Vámonos.- Susurro la chica. Los dos rubios comenzaron a caminar a la casa del chico.
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-Aléjate de mi hijo.- Dijo con tono demándate, el señor de mediana edad.- No eres buena para él.
-Señor, por favor, pien…- El hombre la interrumpió.
-Si no te alejas de mi hijo. Tus padres perderán todo lo que tienen. Tú no sabes de lo que soy capaz de hacer.- El hombre la miro con ojos amenazadores.- Mañana te largas de aquí, espero que no te vuelvas a acercar a mi hijo.
-¿Despedirá a mis padres?- Pregunto en un susurro la joven.
-Si te largas, no los despediré. Ellos han trabajado para mí por unos diecisiete años. Pero si tú no te apartes de mi hijo, créeme que los despediré y les quitare todo lo que tienen.- Dijo con un tono de vos gélido. La rubia estaba a punto de llorar, pero no le daría esa satisfacción al hombre.- ¿Te quedo claro?- La chica simplemente asintió.
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Cuando la joven se encontraba en su cuarto. Lloro, todo lo que no había llorado en esos dos años. Lloro como nunca antes había llorado. Cuando por fin se pudo tranquilizar, comenzó a arreglar su maleta. Metió todo lo que era de ella. Cada regalo que él una vez le regalo, lo dejo afuera. No lo llevaría con ella. Mañana partiría, a formar una nueva vida, comenzaría desde cero. Lo trataría de olvidar, aunque eso implicara que tenía que olvidarse de lo que ella fue. Cuando toda su ropa estuvo guardada, la joven se acerco a su escritorio. Tomo una hoja de papel y una pluma, comenzó a escribir una carta para el rubio.
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La rubia que acababa de cumplir veintitrés años, estaba trabajando como siempre. Sonriendo a todos los clientes, hablando animadamente con sus compañeros de trabajo. Nadie sabía que cada sonrisa era falsa y que detrás de cada palabra había un doble significado. Trabajaba todos los días. Nunca faltaba, era la primera en llegar. Ninguna persona sabia que ella no debería estar trabajando, si no que ella debería de estar en hospital. Por esos fuertes dolores de cabeza que ella trataba de ignorar.
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Era martes, un día típico en la vida de Rin Kagamine. Un día de trabajo. Los clientes llegaban, se les atendía y después se iban. Miku, no había ido a trabajar, tenía que probarse vestidos de novia. Rin quería acompañarla pero no podía, tenía que trabajar. El gerente le ordeno que se encargara de la mayoría de las mesas. La joven rubia estaba hasta el tope de trabajo. Lo bueno es que la mantenía distraída y no pensaba tanto en el pasado. Aunque los dolores de cabeza iban en acenso, cada día eran más fuertes y duraban más. La joven rubia ya había tomado como unas tres aspirinas en todo el día y el dolor permanecía. Se encontraba mareada pero a la chica poco le importo y siguió con su trabajo.
La mesa siete era la más grande y con más personas en ella. Eran un total de ocho personas y era una mesa que Rin debía de atender. Cuando la joven tenía completa la orden era momento para servirla. La rubia tomo la primera bandeja de comida pero se detuvo. Una fuerte punzada de dolor en su cabeza, casi hace que se caiga. Rin hizo un gran esfuerzo para llegar a la mesa pero fue inútil antes de llegar a ella, se desplomo contra el suelo. Se había desmayado. Lo último que puedo observar fue al gerente dirigiéndose a ella.
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Al momento de abrir los ojos, la joven rubia podo distinguir la cara de Rinto, su mejor amigo. En los ojos del rubio se podía distinguir la preocupación y algo de desesperación. Rin se encontraba confundida, pasaron unos segundos hasta que puedo distinguir donde se encontraba. Estaba en el hospital.
-Rinto. ¿Qué paso? ¿Porque me encuentro aquí?- Pregunto con rapidez la chica.
-Te desmayaste. Les dije de tus dolores de cabeza y te hicieron unos analices.- Dijo el chico con un hilo de vos.
-¿Qué tengo?- Pregunto con temor la chica.
-No sé. No me han dicho nada.- Se podía notar el matiz de tristeza en los ojos del chico.- Me preocupe mucho.
-Perdón. Me dolía mucho la cabeza y me encontraba mareada. Creo que estos dolores se deben al estrés.
-Trabajas mucho. Deberías tomarte unas vacaciones.- El rubio le regalo una leve sonrisa a la chica. En ese momento llego el doctor con los resultados. Ambos rubios dirigieron sus miradas a la persona que había entrado.
-Señorita Kagamine. Qué bueno que ya haya recuperado la conciencia.- El doctor le dirigió una leve sonrisa a la chica. La cual Rin devolvió.- Tengo los resultados de sus analices. Señor…
-Rinto.- Contesto el joven.
-¿Podría dejarme a sola con la señorita?- Pregunto con un tono gentil el doctor.
-Este…- Rinto observo a la joven. La cual solo asintió.- Claro.- Rinto se levanto del asiento y se dirigió a la puerta. Antes de salir, dirigió una última mirada a Rin. La cual le dirigió una leve sonrisa.
-Señorita Kagamine.- Dijo el doctor, llamando la atención de la rubia.- Sus resultados fueron sorpresivos.
-¿Es lo que me temo? ¿Mis dolores de cabeza se deben a algo peor que estrés, verdad?- El Doctor simplemente asintió.
-Señorita, usted tiene…
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La joven rubia salió de la habitación del hospital. En la sala de espera se encontraba Rinto. El rubio al ver a Rin dirigiéndose a él, se levanto de su asiento y se dirigió a la chica. La chica tenía una expresión indescifrable. El rubio se preocupo.
-¿Qué te dijo el doctor?- Pregunto con curiosidad.
-Dijo que es simple estrés. Que debo de tomar un breve descanso.- Mintió la rubia.
-Te eh dicho que no trabajes tanto.- Dijo en un tono más animado el chico.
-¿Rinto, me podrías hacer un favor?- El rubio simplemente asintió.- No le digas a Miku. No quiero que se preocupe, suficiente tiene con lo de la boda.
-Se preocuparía más de la cuenta. Como siempre.- El rubio rio levemente.- Vamos a casa.
-Ve tú. Yo tengo algo que hacer.- El rubio, frunció el ceño ante lo que dijo la rubia.- ¿Por favor?- El rubio asintió.
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La rubia se encontraba en el muelle. Quería tomar un poco de aire y tratar de pensar en todo lo que pasó. Comenzó a llorar, por todo. Comenzó a pensar en todo lo que había hecho y en lo que no. Pensó en todo lo que dejaría. También pensó en el, ese chico en el cual se había prohibido pensar.
Lloraba como aquel día, hace siete años. Mañana trataría de disfrutar más la vida. Disfrutarla todo lo que pudiera. Pasar más tiempo con sus seres queridos y tratar de ser feliz. Ya que tenía miedo de morir en la mesa de operaciones. Pensaba en todo eso hasta que…
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Era martes. Otro día típico en la vida de Len Nakamura. Era un día de trabajo como cualquier otro. Todos en la oficina trabajaban en tranquilidad. El joven estaba hasta el tope de trabajo. Tendría como unas cuatro reuniones, tenía que firmar más de dieces actas de confirmaciones y tener que verificar los desarrollos de los juegos. Se encontraba estresado, pero sobreviviría. No podía esperar para tomarse unas pequeñas vacaciones, las cuales tendría en unos cuatro días.
Era la primera vez que su padre le ofrecía vacaciones, el siempre era el que las pedía. Pero esta vez su padre le ordeno que tomara unas para pasar un tiempo con Lily. Quería que la conociera mejor. En ese momento su secretaria lo interrumpe, anunciándole que su padre quiere hablar con él. Su padre entra a su oficina.
-Quiero que tomes las vacaciones antes de lo previsto.- Dice con su típico tono demándate.
-¿Por qué? Tú siempre dices que el trabajo es antes que cualquier cosa.- Dijo con tono de indiferencia el rubio.
-Lily, tendrá que irse por un tiempo. Quiero que pases unos días con ella y tu madre me trae loco. Dice que nunca descansas y otras cosas que honestamente no me importa.- Su padre observaba con dureza a su hijo.
-Me alegra tanto tu preocupación.- Dijo con sarcasmo el joven.- Solo te pide un favor. Deja de disponer de mi tiempo. Tienes suerte que trabaje aquí y no me haya largado.- Su padre frunció el ceño.
-Suerte, tienes tú. Te eh dado todo hasta mas.
-Pero me has quitado algo más importante.- Su padre pensó inmediatamente en el joven rubia, la hija de sus antiguos trabajados.
-Ella no te convenía.- Dijo con un tono de enfado.- Además, deja de pensar en el pasado. Tienes a Lily, ella te conviene.
-¿Me conviene o te conviene a ti?- Len le dirigió una sonrisa sarcástica a su padre.
-Como sea. Hice lo mejor al alejar aquella mujer de ti.- Su padre se dio la vuelta y salió de la oficina dejando a su hijo muy molesto.
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Al final del día, Len se dirigió al único lugar donde podía pensar con tranquilidad. El muelle, eran un lugar tranquilo y donde había una cálida pero refrescante brisa. Su padre quería que él fuera su marioneta, alguien a quien controlar.
Lily era una grandiosa chica. Inteligente, amable y muy bonita pero no fue la chica que lo salvo de sí mismo. Observo el hermoso mar y pudo notar a lo lejos del muelle una silueta de una mujer. Mientras se iba acercando a la silueta puedo notar que era una chica joven, pelo rubio. Se podían escuchar sus sollozos, el joven se acerco a más a la chica.
-¿Estás bien?- Pregunto con curiosidad el joven. Lo cual provoco que la chica levantara la vista. Len se petrifico, esos ojos él, los podría reconocer en cual lugar. Eran los hermosos ojos color zafiro, de ella. La chica se limpio las lágrimas y se levanto del suelo.
-Si estoy bien.- La chica comenzó a caminar. Pero el rubio tomo su brazo, deteniéndola.
-¿Rin?- La chica se sorprendió, pero no se dio la vuelta para ver al chico.- ¿Rin, eres tú?- El rubio estaba a punto de llorar.- Soy Len.- Los ojos de Rin se abrieron por la sorpresa, pero siguió dándole la espalda al chico.
-Creo que se está equivocando de persona.- Por fin Rin tuvo el suficiente valor para dar la cara al rubio. Len observo con más atención, a la chica. Estaba más que seguro de que era ella. El joven rubio sonrió de lado.
-Si… tienes razón, me equivoque de persona. Te pareces mucho a esa persona. Me llamo Len Nakamura. ¿Y tu cómo te llamas?- La joven rubia estaba más que sorprendida.
-No le digo mi nombre a personas desconocidas.- Dijo la chica seriedad.
-No es cierto. No puedes inventarte un nombre tan rápido. No has cambiado, no puedes mentir.- Rin estaba petrificada por la sorpresa.
-Se equivoca de persona.- La rubia trago saliva.
-Estoy cien por ciento seguro que eres Rin Kagamine. Además si no fueras ella no estarías tan nerviosa porque te pregunte tu nombre.- El joven rubio tenía un gesto burlón.
-Cualquier mujer estaría nerviosa si un desconocido la detiene en la noche y la trata de obligar a que le diga su nombre.- La rubia borro todo rastro de nerviosismos y le devolvió el mismo gesto burlo al rubio.
-Si tienes razón, no eres la persona que digo. Ella tenía menos… cuerpo.- La joven rubia se encontraba enojada por ese comentario, pero lo oculto.- Además era más bonita.
-Sí y se nota que tu eres el típico lolicon (1).- Al joven rubio se le dibujo una sonrisa burlona.
-Sí y se nota que tu eres la típica chica tsundere (2).- Dijo con tono burlón el joven.- Además Rin era más tonta que tu.- Esa fue la gota que derramo el vaso.
-Sí, Rin era tonta por juntarse con alguien como tu.- El rubio alzo una ceja.
-¿Alguien como yo?- Len había logrado su propósito.
-Sí, alguien que se pelea todos los días con los delincuentes del vecindario.- La sonrisa del rubio se ancho. Rin se dio cuenta de su error.
-Para ser alguien que no me conoce, sabes mucho sobre mí.- Dijo con tono burlón el rubio.- Admítelo de una vez, eres Rin Kagamine.
-Como sea. No discutiré esto con alguien tan estúpido que no se da cuenta de que se equivoca de persona.- La rubia respiro profundamente y cruzo sus brazos.
-En el dialecto de Rin seria, "Soy yo Rin, eres tan inteligente y guapo Len".- El rubio miro con burla a la rubia.
-Yo nunca diría e…- La rubia se detuvo inmediatamente.
-¿No que no? Como siempre te conozco tan bien que asusta aunque hayan pasado siete años.- El joven rubio había cumplido con su objetivo.
-Tu ego sigue igual de inflado.- Dijo la rubia con seriedad.
-Sí y tú sigues igual que antes. Solo que ya no eres tan plana.- La rubia estaba a punto de golpear al rubio.
-Muérete, idiota. Mejor me voy antes de que alguien termine en lo profundo del océano.- La rubia miro con un eje de molestia al rubia.
-Sí, claro yo te llevo.- Dijo con un poco de entusiasmo el rubio.
-Me voy, sola. No necesito a un idiota con migo.- Empezó a caminar y el rubio también. Rin se dio la vuelta.- Deja de seguirme.
-No te sigo, mi auto esta haya.- El rubio señalo a lo lejos.- Pero si quieres te sigo. Por mi no hay problema. Oye Kagamine, ¿Dónde vives?- El rubio regreso a hacer su gesto burlo.
-A ti que ti importa. Me voy, mañana tengo que trabajar.- La rubia se dio la vuelta y comenzó a caminar.
-Así que trabajas. ¿Dónde?- Los dos ya se encontraban en el lugar donde estaba estacionado el auto del rubio.
-No te lo diré, no te diré nada de mi vida. Estúpido idiota.- El rubio se dirigió a la puerta del piloto.
-Claro, claro. No es necesario ya lo averiguare por mí mismo.- El joven se metió a su auto y lo encendió. Abrió la ventana del asiento del copiloto.
-No me subiré.- Dijo con tono firme la rubia.
-No te estoy invitando a subirte. Solo quería decirte adiós.- El rubio miro con burla a la rubia.- Nos vemos, Rin.- Len puso en marcha el auto, dejando atrás a la joven rubia. La vería otra vez, estaba tan seguro de ello como que se llamaba Len Nakamura.
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1. Lolicon: Alguien que tiene ciertas preferencias por chicas un tanto pequeñas para la edad que tienen estos.
2. Tsundere: Una personalidad cerrada y combativa al principio, la cual luego, se vuelve modesta y amorosa. También se usa para describir una persona que tiene buenas intenciones, pero su actitud y acciones contradicen su verdadera naturaleza.
Ohayo! Perdón por la demora. Iba a subir este capítulo, hace como un mes si no me equivoco. Eh estado muy ocupada, Algebra me está matando -.-'' Pero ya eh vuelto, subiré los capítulos de mis historias entre estos días. Esta vez lo prometo, lo híper mega prometo que actualizare. Ya que estoy de vacaciones navideñas. Espero que les haya gustado este capítulo, el cual yo ame :P
Matta ne!
