Rin tenía ese punzante dolor de cabeza otra vez, pero como siempre la rubia lo ignoraba. Ella sabía que debía de cuidarse ya que si no lo hacia su enfermedad podría agravarse. Desde la noche que se volvió a encontrar con Len, no había dejado de pensar en el. El rubio se encontraba más atractivo que antes, se encontraba más musculoso. El chico que antes usaba camisetas de algodón y un jean descuidado, se había vuelto un hombre que usaba traje formal. ¿Pero porque? ¿Por qué lo volvió a encontrar cuando ella se encontraba en ese estado?

-¡Rin! Esta tan bueno volverte a ver.- Dijo una voz cantarina, sacándola de sus pensamientos. La rubia voltio la vista hacia donde provenía la voz. Se encontró a Luka que le sonreía dulcemente. Rin sonrió de alegría.

-Luka, bienvenida.- La rubia se acerco a la peli rosada.- Pensé que no volvías hasta en una semana.- Rin abrazo fuerte mente a su amiga.

-Volvimos antes. Gakupo tenía cosas que hacer. Además, ya habías disfrutado lo suficiente de Hawái.- Rin observo a la peli rosada, la cual había regresado de su luna de miel.- ¿Dónde está Miku?- Pregunto Luka con curiosidad.

-Está haciendo planes para su boda. Meiko la está ayudando.- Luka observo con confusión a la rubia.- Yo no puedo ayudarla, tengo trabajo.- Contesto Rin a la pregunta que Luka se estaba formulando en su mente.

-Rin, tienes que divertirte más. Deberías de tomar vacaciones.- Rin se entristeció pero lo oculto.

-En realidad esta es mi última semana de trabajo.- Luka se sorprendió.

-¿Renunciaste?- La rubia asintió.- ¿Por qué?

-Ya tengo el dinero suficiente. Quiero hacer un viaje al extranjero.- La peli rosada se encontraba más que sorprendida.

-Me alegro por ti. Hoy Gakupo, un amigo y yo vendremos a cenar aquí. Espero que seas mi camarera.- Rin sonrió.- Honestamente sirviendo eres la mejor. Porque Gumi siempre se equivoca de mesa.- La rubia rio levemente.

-Ha mejorado. Últimamente no ha cometido errores.- Luka miro con confusión a Rin.- Es verdad créeme.

-Hasta que no lo vea, no lo creo.- La rubia rio.- Bueno, me tengo que ir. Vendré a las cinco y espero que tú seas la que nos atienda.

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-¿Vendrás con nosotros a cenar?- El peli morado le pregunto a su amigo.

-No me queda de otra. Lo más seguro ya hiciste la reservación.- Dijo Len con indiferencia mientras revisaba unos papeles.

-Si ya la hice. Vamos Len alégrate tal vez conozcas a una chica.- Len observo con frialdad a su amigo. El cual se dio cuenta del error que había cometido.- Perdón por mencionarlo. ¿Ya conociste a Lily?

-Sí. Es bonita pero…

-No tan bonita como ella.- El peli morado termino la oración del rubio.- La cena es a las cinco, pasaremos por ti a las cuatro.

-Yo mismo puedo ir al lugar, Gakupo.- Dijo el rubio que continuaba revisando los papeles.

-No me quiero arriesgar a que no aparezcas.- El peli morado se encontraba en la puerta, a punto de salir de la oficina del rubio. Gakupo giro la cabeza y observo a su amigo.- Deberías dejar de trabajar tanto.- Len observo a su amigo.

-Ya sabes lo que me haría el viejo, si me tomo vacaciones.- Gakupo suspiro con resignación.

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El rubio y sus amigos llegaron al restaurante. El rubio se encontraba absorto en sus pensamientos. El rubio pensaba en trivialidades, como siempre. Gakupo y su esposa peli rosada hablaban animadamente.

-Entonces, Len. ¿Qué tal has estado?- Pregunto la peli rosada.

-Bien. ¿Qué tal les fue en su luna de miel?- El rubio observo a una chica de pelo verde. Que se encontraba nerviosa, al parecer se había confundido de mesa.

-Bien. Hawái fue hermoso.- Contesto con una sonrisa la peli rosada. Ella observo a su amiga que se acercaba para tomar la orden de los tres.

-Buenas noches. ¿Han decido que ordenaran?- Pregunto Rin con un tono de voz cortes. El rubio que se encontraba de espaldas a la chica, se sorprendió y giro su cabeza para observar a la mesera. Era ella, Rin, se la había encontrado otra vez. La chica observo al rubio y se sorprendió, trato de ocultarlo, pero fallo.

-Yo ordenare el Udon. Rin, una pregunta. ¿El cocinero sigue siendo Kaito?- La peli rosada hablo con tanta familiaridad a la rubia, lo cual provoco que el rubio se sorprendiera.

-Sí, es… este, bueno si.- La rubia se encontraba más que nerviosa. El rubio sonrió levemente sabiendo que él era el causante de los nervios de la chica.

-Yo pediré lo mismo que Luka.- Dijo el peli morado, mientras observaba el menú.

-¿Podrías traerme Soba?- Pregunto el rubio con tranquilidad.

-Enseguida.- Dijo la rubia que se alegro de alejarse del rubio.

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Luka y Gakupo había finalizado su comida pero el rubio seguía comiendo lentamente. Cuando termino el Soba, los esposos creyeron que ya era la hora de retirarse. Para su mayor sorpresa el rubio, llamo a la rubia y le dijo lo que todos menos esperaban.

-¿Puedes traerme Ramen? ¿Chicos ustedes quieren algo más?- Pregunto el rubio a la pareja.

-Len ya estuvimos aquí más de tres horas. Todo porque te tardaste en comer.- Dijo el peli morado con enojo.

-Yo disfruto la comida. Ustedes se pueden retirar. Yo me quedo por mi Ramen.- El rubio se comportaba de forma infantil.

-Yo pediré un pastel de fresa.- La peli rosada trato de aligerar el ambiente.

-Yo solo pediré agua.- Dijo con resignación Gakupo.

-¿Ustedes sirven Onigiris?- Pregunto el rubio, mientras observaba a la rubia. Rin simplemente asintió.- También tráeme diez Onigiris.- Gakupo observo con incredulidad al rubio.

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Len había ordenado unos diez platos de comida y seguía ordenando más. La pareja se encontraba cansada y arrepentida de haber traído al rubio con ellos. Rin corría de un lado para otro con los platos que el rubio ordenaba. Cuando la chica tomo la doceava orden del rubio, su vista se nublo y perdió el balance. La chica cayó al suelo inconsciente. El sonido de los platos contra el suelo hizo que todos en el restaurante se voltearan para observar la fuente del ruido. Len se sorprendió y rápidamente se levanto. Se dirigió donde la rubia se encontraba y la tomo en brazos. La sacudió levemente tratando de que la chica reaccionara.

-Gakupo llama a la ambulancia.- Ordeno el rubio a su amigo.

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El rubio y su amigo se encontraban en la sala de espera del hospital. Gakupo había llevado a su esposa a su hogar, ya que era pasada la media noche. El rubio se encontraba nervioso. El peli morado observaba a su amigo que se encontraba sentado a su lado.

-Así que ella es, tu ex novia.- El rubio asintió.- Pensé… pensé que era diferente.- Len observo con interrogación a su amigo.- Creí que era peli negra o algo parecido. No pensé que te gustaran las rubias.

-No me gustan las rubias, me gusta ella.- El rubio esperaba con impaciencia al que un doctor se dirigiera hacia ellos.

El rubio observo con un doctor de mediana edad se acercaba. Len rápidamente se levanto de su asiento. El doctor detuvo su andar.

-¿Familiares de Rin Kagamine?- Pregunto el doctor, mientras observaba a Len.

-Soy su…- El rubio no sabía que decir. El doctor observo al peli morado.

-Es el novio de Rin.- Dijo el peli morado. El doctor volvió su vista al rubio, el cual simplemente asintió.

-¿Qué fue lo que le paso? ¿Se encuentra bien?- Dijo el rubio tratando de sonar lo mas serenamente que podía.

-Ya se encuentra consciente. Pero tendrá que quedarse, parece que su leucemia era más grave de lo que se pensaba.- El rubio se congelo. ¿Leucemia?

-¿Leucemia?- Pregunto Gakupo.

-Si la señorita presenta un caso de leucemia mieloide aguda. A eso se debían sus dolores de cabeza y mareos.

-¿Puedo verla?- Pregunto el rubio con la mirada perdida.

-Claro. Se encuentra en la habitación 213 del segundo piso. Si me permite, me retiro tengo que atender una emergencia.- El doctor se retiro. El peli morado toco el hombro del rubio, el cual cayó pesadamente en la silla. Gakupo observo a su amigo el cual tenía la mirada perdida. Lagrimas cayeron de sus ojos, por primera vez el peli morado vio a su amigo llorar.

-Tiene cáncer.- Dijo el rubio con un hilo de voz.- Justamente cuando la encuentre.- El rubio lloraba como nunca lo había hecho. Gakupo observo con tristeza a su amigo.

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Rin observaba por el ventanal de la habitación. El cuarto se encontraba silencioso, era relajante. La chica miraba la vista nocturno. Las luces de Tokio se encontraban iluminando toda la cuidad. El único sonido que la chica podía percibir era el de los autos, los cuales se escuchaban lejanamente. La chica se encontraba completamente perdida en sus pensamientos, que no se dio cuenta de la presencia del chico.

-Rin.- La chica dirigió su mirada a su lado izquierdo, donde se encontraba el rubio sentado en una silla.- ¿Cómo te sientes?- Pregunto el joven con un hilo de voz.

-Bien.- Dijo sencillamente la rubia.- ¿Y tú? ¿Qué tal tu vida, Len?- Rubio sonrió levemente.

-Es un asco.- Dijo con tono leve de burla.- ¿Qué tal la tuya?

-Genial.- Dijo la rubia con una sonrisa.- Ahora que tu estas aquí.- El rubio rápidamente abrazo a la chica. Siete años habían pasado desde que no abraza a la chica que amaba. Su olor no había cambiado, seguía con ese olor a naranja. Ese olor que lo hacía sentir en casa y en paz.- ¿Qué tal tu vida, idiota?

-Ahora, estupenda.- El rubio se alejo un poco de la chica hasta que sus rostros estaban a pocos centímetros. Se observaron durante unos segundos. Hasta que el rubio acerco a su boca hacia la frente de la chica y planto un leve beso en ella.- Sigues oliendo a naranjas.

-Y tú sigues siendo un idiota.- La rubia sonrió con alegría y el rubio rio alegremente por primera vez en siete años.

-Pero sigues amando mi idiotez.- Dijo el rubio con una sonrisa.

Esa noche hablaron de todo, menos del futuro. Esa noche trataron de no pensar en la leucemia que la chica sufría. Hablaron de los amigos que hicieron en esos años. Revivieron viejos recuerdos, que antes les dolía recordar. Nunca mencionaron al padre del chico o a la nueva prometida de Len. Esa noche hablaron como si esos siete años nunca hubieran pasado. Esa noche solo existían ellos dos. Hablaron hasta que la chica se quedo dormida y el rubio muy a su pesar tuvo que irse, pero no sin antes asegurarle a la rubia que volvería.

Porque no importaba que el siempre la volvería a encontrar. No importaban los años o las circunstancias. Él, la seguiría amando y si tenía que renunciar a todo por ella lo haría. Porque ella era lo único que necesitaba en este mundo.