Los personajes de Harry Potter no me pertenecen. Son obra de Jk Rowling.
Pov Hermione
Hacía ya una semana de mi encuentro con Malfoy y me estaba volviendo loca. El saber que tenía mi ropa interior, y yo su corbata, me estaba poniendo histérica. No entendía el mensaje que escondía la tela, salvo una posibilidad: que quizás no fuese la última vez.
Si era así… ¿Cómo es que me había ignorado durante estos últimos días? Todas las mañanas dirigía mi mirada hacia la mesa de los Slytherins, y veía a Malfoy desayunando impasible mientras Blaise parloteaba sobre cualquier cosa. No entendía nada. Aunque desde hacía tres días me fijaba en que Theo tampoco me quitaba ojo, como si fuese el espía de Malfoy y eso me preocupaba. ¿Sabía algo por sí mismo, o Draco se lo había contado? Bueno, a decir verdad yo me había callado, pero no tardaría mucho en contarle a Ginny lo sucedido.
Sabía que necesitaba de su consejo, puesto que Ginny tenía soluciones para todo. Ella no se sentiría dolida por haberme acostado con Malfoy, las heridas de la guerra nos habían dejado secuelas a todos, y ella demostró haber aprendido más que nadie de tantas peleas siendo más amable con los Slytherins, y sobre todo con Blaise. No es que estuviese engañando a Harry, pero sí que había encontrado un buen amigo en el chico. Desde entonces, Blaise nos acompañaba a menudo en nuestros paseos por el lago y resultó ser un personaje de lo más divertido.
Cuando rompí con Ronald, me sentí extremadamente desolada. Nos dimos cuenta, antes de volver al colegio, que nuestros sentimientos eran más bien fraternales, como lo que sentíamos por Harry. Nos percatamos de ello cuando, a una semana de volver a Hogwarts, Ginny y Harry no dejaban de besarse en todos los rincones posibles y nosotros preferíamos evitarlo. Aun así me sentía triste por haber perdido a la familia Weasley, quienes me acogieron con tantísimo cariño. No obstante, tanto Ginny como Ron me aseguraron que siempre serían mi familia y podría estar en la casa tanto tiempo como quisiera. Di un fuerte abrazo en mi último día a Ron y a Harry, y me separé de ellos por primera vez en 7 años.
Desde entonces, me carteaba a menudo con ellos, y venían a visitarme a Hogsmade cuando teníamos permiso. Pero nunca me atreví a confesarle aquellos sentimientos que me había hecho despertar Draco, desde que lo vi de vuelta en el expreso de Hogwarts. La alegría que me produjo saber que cursaría el último año, me hizo mirar a fondo mis sentimientos y descubrí, con sorpresa, que algo estaba sintiendo por aquel que había considerado mi enemigo durante tanto tiempo.
Por eso cuando conseguí uno de mis sueños, sentirlo tan cerca, me di cuenta de que necesitaba más. De ese modo supe que, al igual que él había dado el primer paso, yo debía dar el siguiente. Esperé a que saliera de su sala común y atraje su atención con la prenda que él me había dado. La puerta del aula se abrió lentamente, y pude ver que entraba con una sonrisa torcida y la corbata en la mano, el objeto de mis deseos.
Pov Draco
Salía de mi sala común, como de costumbre, para dar una vuelta por el lago. Desde que comenzó el curso, me gustaba pasear a solas mientras la oscuridad me escondía de las miradas de mis compañeros.
Pero cuál fue mi sorpresa al torcer por uno de los pasillos y ver mi corbata anudada en una de las puertas. La abrí temeroso, esperando encontrarme un embrujo que me hiciera pagar por mi descaro de la semana anterior y en su lugar encontré a la insinuante Granger sentada en un pupitre, esperándome con una mueca nerviosa. Sonreí ladinamente y me acerqué a ella cogiéndole el mentón suavemente con mis manos.
- De modo que la leoncita quiere repetir.
- No te hagas el duro Malfoy, sé que me dejaste la corbata por una razón.
- ¿Ah Sí?
- Sí. Y quiero mis bragas de vuelta.
- Tendrás que convencerme para ello.
De pronto, comenzó a besarme tan enérgicamente como yo lo hice la semana anterior. Sus besos no me dejaban respirar, por lo que me tuve que aguantar el aire que luchaba por salir de mi cuerpo. Entre beso y beso, sus gemidos me volvían loco metiendo pronto mi mano bajo su falda. Cuál fue mi sorpresa al ver que no llevaba bragas, por lo que no podría robárselas esta vez. Reí para mis adentros, puesto que me había ganado este asalto. Ella no se dejaba tocar, parecía que quería llevar toda la iniciativa, así que la dejé a su antojo. De pronto, tomó mis manos mientras con su otro brazo se desataba su propia corbata, y la usaba a modo de soga para inutilizarme y dejarme a su merced.
Le dejé hacer algo que jamás le había permitido a nadie: doblegarme a los deseos de otro. Me sentó en uno de los pupitres, mientras agachaba su cabeza, liberando mi miembro entre agitados tirones de mi pantalón. Acercó su boca y siseé de puro placer, no lo hacía nada mal. Poco a poco la hundió más en su boca, haciéndome estremecer. Pero al estar a punto de llegar al clímax, dejó momentáneamente su tarea. La miré con furia, por un escaso segundo pensé que su intención era dejarme a medias y de ese modo vengarse. Pero a continuación vi que lo que realmente quería, era no quedarse con su parte. Se sentó a horcajadas sobre mí y comenzó a moverse a un ritmo que no creí posible en una principiante, dejándome loco y aturdido. Me fui antes de lo que hubiese querido, pero esta mujer no dejaba de sorprenderme.
Mientras mi respiración se normalizaba, se tumbaba a mi lado orgullosa. Hizo un amago de desatarme, pero de pronto lo pensó mejor y se volvió a tumbar, riéndose. Su risa era tan dulce… Quise intentar abrazarla, pero mis manos me lo impedían, de modo que intenté negociar con ella mi liberación.
- ¿No me vas a soltar, Granger?
- De este modo, no volverás a escapar.
- Sobre eso… no sabía si querrías…
- ¿Qué, hablar de ello? Claro que lo hubiera hecho.
- Yo…lo siento.
Me miraba entre seria y asombrada. Sin duda no se esperaba que yo, el grandioso Draco Malfoy, se disculpara con una mera sangre sucia, pero tenía que demostrar que había cambiado y este era el comienzo.
- ¿Le contaste a alguien sobre esto?
- No. ¿Tú?
- Tampoco, pero he observado que Theo no deja de mirarme, como si supiera algo.
- A él nunca se le escapa nada. Seguramente lo averigüe pronto.
- ¿Significa eso que vamos a continuar con nuestros encuentros?
- Desde luego, pienso cobrarme la de hoy, Granger.
Ella volvió a reír, y me desataba al fin. Nuestros cuerpos se unieron en la misma respiración, mientras el viento golpeaba las ventanas como un cántico que sólo nos pertenecía a nosotros.
El tiempo pasó y nuestros encuentros se volvieron cada vez más lascivos. Pronto no pasaba una sola noche en la que no encontrara mi corbata mágicamente colgada de manera que solo yo pudiera verla en algún rincón de la escuela. Me quedé su corbata para mandarle los mismos mensajes, por lo que los encuentros se doblaban. Hermione le pidió a la profesora Mcgonagall un aula libre dos veces por semana, diciendo que lo necesitaba para trabajar hechizos. Bueno, no mentía del todo, practicar practicábamos aunque no eran precisamente encantamientos. También existían noches en las que simplemente hablábamos, aunque todavía nos costara hacerlo sobre el pasado. Pero poco a poco cogimos la confianza necesaria para hablar sobre todo, sobre qué fue de nosotros en ese último año que estábamos separados y cómo sobrevivimos a la guerra. Supe de ese modo que era gracias a Hermione que Potter siguiera vivo, ya que sin duda era ella quién los había sacado de los peores apuros.
Y llegó junio, siendo el último mes de nuestras vidas en el colegio. Me encontraba en la terrible tesitura de invitarle a pasar parte de las vacaciones en Malfoy Hall, o dejarla ir a Australia en busca de sus padres. Su actitud había cambiado, se mostraba más taciturna y su sonrisa no me la regalaba tanto como antes.
- ¿Ocurre algo?
- No es nada, estoy agobiada debido a los exámenes.
- ¿Quieres que vayamos a estudiar a la biblioteca?
- ¡No! Es decir, si vamos no podré estar a tu lado –dijo mientras me abrazaba-.
Y me quedé a su lado, a pesar de notar como gruesas lágrimas salían de sus ojos. El último día de curso, hicimos el amor como nunca. La armonía que nos había complementado tanto durante estos meses se vio en su máximo esplendor, siendo tan triste la despedida, que decidimos dormir juntos esa noche en uno de nuestros escondites.
A la mañana siguiente, nos separamos durante el viaje en tren. Necesitábamos contarlo a nuestros amigos. Blaise y Theo lo comprendieron, incluso me confesaron que lo llevaban sospechando durante mucho tiempo, pero no habían querido forzarme a decirlo ya que pensaban que debía ser yo quien lo hiciera. Antes de pasar por la pared mágica que nos separaría para siempre, Hermione se volvió. Me dijo adiós con la mirada y se marchó. Pero yo ya había tomado una decisión.
Pov Hermione
- Ginny, tengo algo que contarte.
Durante la primera hora del trayecto, le conté a Ginny todo lo que le había estado ocultando por meses. Al principio ella me escuchaba boquiabierta, luego pasó al enfado por no haberse enterado, y más tarde a la congoja intentando consolarme mientras yo no dejaba de llorar.
- ¿Pero no haréis nada?
- Pertenecemos a mundos distintos, Ginny. No podemos dejar que uno de nosotros se aparte de su familia y dejarlo todo atrás.
- Escucha, Hermione. Eso podría haber sido antes, pero ahora las cosas han cambiado. Desde luego sois muy diferentes, pero si habéis podido llevar esto en secreto durante tanto tiempo, quizás sea hora de contarlo y ver en que puede acabar.
- Sabes que ahora mismo mi prioridad debería ser encontrar a mis padres. No quiero estar sin ellos por más tiempo.
- Pues ve, y búscalos. Si él de verdad te quiere, entonces te esperará.
- No se lo digas a Ron ni a Harry, por favor. Aún no me encuentro preparada y menos cuando no sé cómo acabará esto.
- Descuida.
Me despedí del andén con una mirada triste. Al voltearme, pude sentir como alguien me miraba. Era Draco, quien se había quedado estático con su baúl a unos metros de mí. Sin tener el coraje de decirle nada más, lo miré y salí al mundo muggle.
Ya habían pasado dos meses desde que me marché de Londres. Hacía escaso tiempo que había dado con el paradero de mis padres, y desde entonces me había intentado ganar su confianza mientras secretamente les daba las pócimas necesarias para que recuperaran su memoria poco a poco. Vi buenas expectativas en mis preparaciones e intuía que pronto volveríamos a casa, aunque eso me asustaba. ¿Qué sería de mí una vez volviera? ¿Me estaría esperando? Sin querer pensarlo mucho más me metí en el agua, dejando que las olas me relajaran el cuerpo. Entre brazada y brazada, notaba como mis músculos respondían al esfuerzo, dejándome con un dolor placentero, similar al que sentía cuando Draco me mordía la piel o cuando sus fuertes manos me agarraban.
Salí empapada y me dirigí a mi sitio. Mi impoluta toalla se encontraba llena de arena y arrugas y aquello me extrañó. Pude ver que en una de las esquinas dobladas, asomaba algo dorado. Sin poderlo creer, me agaché rápidamente y saqué mi antigua corbata de Hogwarts, aquella que usaba Draco para indicarme que quería que nos encontráramos. Giré la vista buscándole y al verlo se me paralizó el corazón. Caminaba por la orilla, como una maravillosa visión, mientras el atardecer se abría a su espalda, dándole a su melena rubia una luz casi reflectante.
Corrí hacia él, que me abría sus brazos con una sonrisa y me abrazó. Cómo había echado de menos su olor a menta. Mientras intentaba preguntarle cómo demonios me había encontrado, me trababa puesto que no podía dejar de sollozar. Él simplemente me acariciaba la cabeza, mientras besaba mis sienes. Y supe que, al fin, había encontrado mi sitio.
Dos años pasaron desde nuestro encuentro en la playa. Nuestra luna de miel la celebraríamos en esa misma isla, para aclamar que fue allí dónde por fin encontramos nuestra felicidad. Ahora mismo me sentía en la gloria, ya que era la nueva señora de Malfoy.
No es que hubiésemos tenido las cosas fáciles. Por supuesto, al principio hubo problemas con nuestro compromiso y sus padres, pero poco a poco me gané el frío corazón de los Malfoy. Mis amigos no fueron menos. A pesar de tolerarle, sus rencillas pasadas no habían terminado de ser olvidadas, pero se alegraban por mí y eso era suficiente.
Lo que más deseaba en estos momentos, era la noche de bodas, para enseñarle mi sorpresa. Al haber entrado esta mañana en el jardín de la mansión dónde celebrábamos la boda, pude ver que Draco me sonreía dulcemente, pero con un brillo divertido en los ojos. Al ver que la corbata que usaba en su elegante traje era la misma que nos había unido tantos años atrás, me hizo reírme fuertemente mientras caminaba por el pasillo, cosa que no pasó desapercibida por los invitados, que pensaban que se debía a mi estado de nervios.
La boda fue una delicia, todos mis amigos se encontraban tan a gusto, que incluso pregunté la posibilidad de alargar la boda unas horas más, a lo que Draco se negó en rotundo ya que quería tenerme solo para sí lo antes posible.
Nos dirigimos a nuestra nueva habitación, decorada exquisitamente con colores azules, ya que ninguno quería torcer en usar el color de la casa del otro. Mientras me besaba, cogí su corbata y la desanudé de su camisa, notando como sonreía por mi acto. Lo que no se esperaba era que, al quitarme el vestido, no había ninguna liga que sostuviera mis medias blancas. En su lugar se encontraba su corbata, atada a mi muslo, dejando al descubierto el emblema de su casa.
- Siempre sabes cómo sorprenderme, señora Malfoy.
- Lo mismo digo, Señor Malfoy.
Nota de la autora:La verdad, no esperaba que esta historia tuviera tan buena recepción, ya que la escribí casi sin pensar. Debido a los comentarios de que la intentara seguir, hice caso y la continué, dándole esta vez un final más cerrado. Muchísimas gracias a todos aquellos que me escribieron un review pero que no les puedo contestar de vuelta. Gracias, Gracias, gracias!
