LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, YO SOLO JUEGO CON ELLOS.-
Capítulo II:
Desde el otro lado de la moneda.
Cuando la judía salió de su oficina, se quedo largo rato pensando, para luego tomar sus cosas y dirigirse al estacionamiento de las barracas, donde había dejado su automóvil, esa noche tendría la visitas de sus padres, su casa estaba aproximadamente a 5 km, del campo de concentración, vivía en ella junto a Tania su esposa, la conoció en la reuniones de la juventudes hitleriana y era el prototipo de mujer aria perfecta, rubia de ojos azules, alta y de gran belleza. Se había casado con ella siguiendo el consejo de su padre, y luego de pasar el exhaustivo estudio de la SS, para determinar la pureza de su sangre y el que eran aptos para traer niños arios sanos al mundo, les habían autorizado para contraer matrimonio.
Eso hacía ya un año, y aunque Tania había resultado embarazada una vez, el embarazo no hay llegado a término, y pese a los intentos posteriores no se había vuelto a embarazar, lo que había ocasionado un gran estrés en ella, ya que los altos mandos de la SS, exigían a los hombre casados integrantes de sus filas un mínimo de cuatro hijos, pudiendo incluso declarar como no valido el matrimonio si no se reproducían, por lo que Tania no había dejado la casa al lado del campo de concentración, por miedo a las críticas de su familia y amigos por no poder concebir.
La relación de pareja era fría, no tenían nada en común, y solo se veían por las tardes cuando Edward volvía del campo, habían dejado de compartir la cama cuando Tania había tenido que guardar reposo luego del aborto espontaneo que sufrió, luego de eso solo habían tenido encuentros sexuales esporádicos donde el único fin era el de concebir, en donde era Edward el encargado de buscar a Tania y donde no había otra posición que el misionero, posición por lo demás recomendada ´por el medico de campo, ya que según su opinión era la mejor para embarazar a las mujeres. No había palabras de amor.
Edward tenía 25 años, sus padres eran alemanes, pero sus abuelos paternos habían llegado desde Gran Bretaña, a comienzo del siglo pasado, su padre había marcado su espíritu y su forma de ser, y integrándolo en 1935 cuando cumplió 14 años de edad a la juventud hitleriana, para moldear su carácter y educarlo como un líder del futuro, destacando en las misma, por su perseverancia y resistencia militar, paralelamente había realizado estudios de medicina, donde descubrió su pasión por esta rama de la ciencia, pero al comenzar la guerra había debido abandonarlos, para ingresar como voluntario en la limpieza de ruinas y la reconstrucción de instalaciones bombardeadas, donde destaco por su aptitudes de organización de grupo de trabajos, planificación y distribución de los recursos asignados, lo que llevo a que a principios de 1943, fuese llamado a formar parte del escuadrón de protección o más conocidas como las SS, siendo clasificado y pasando a a ocupar el cargo de teniente, siendo asignado a auschwitz, a la oficina D IV- sección 1, sobre asuntos de presupuesto, administración de caja y de sueldos. En el área destinada al campo de concentración y exterminio de Auschwitz birkenau, Agradecía que la oficina de estuviese Auschwitz I, y no Auschwitz birkenau, porque esa forma y debido que la labor que realizaba en el campo era mas administrativa, no tenia que ver ni mezclarse con la miseria humana del día a día de los campos de concentración,.
Los primeros días fueron realmente estresante, podía respirar el miedo en el aire, sentir la muerte rondándole en la espalda, escuchar a los sargentos a la hora del desayuno o del almuerzo, jactarse de las golpizas otorgadas, o de cómo iban sucumbiendo los presos, le quitaban el hambre y el sueño, había perdido peso, y no dormía en las noches, despertaba sudando y con pesadillas, se había vuelto apático.
Había crecido escuchando como los judíos habían traicionado a Alemania en la primera guerra mundial, apoyando a Inglaterra, y como habían sacado partido de la crisis económica en que cayó el país luego de la pos-guerra, odiaba a los judíos, se eso creía estar seguro, los odiaba al igual como odiaba a los comunistas, gitanos, homosexuales y en general a todo aquel que no fuera ario y estuviera en contra de la idea de nación que su führer, buscaba construir. Pero una cosa era creer que sin ese tipo de razas el país sería mejor y otra cosa muy distinta era ver el sufrimiento humano, cara a cara todos los días, el cómo hombres y mujeres eran masacrados día a día, trabajando hasta a que sus cuerpos colapsan, como soldados de la SS, los golpeaban o azotaban por la pura dicha de demostrar que eran ellos quienes tenían el poder de decidir por sus miserables destinos, como niños eran asesinados sin contemplación por qué no eran aptos para el trabajo.
Alec kahler había sido su compañero y amigo en la juventud hitleriana, y era actualmente coronel mayor de la SS, y fue quien lo recluto y designo a Auschwitz, le había dicho que no había reglas en el campo en lo referente a los presos, que l incluso podía dictar sus propias reglas para el mejor adiestramiento de los internos, pero que lamentablemente por el cargo administrativo que el desempeñaría no podría estar en el campo adiestrando a las razas inferiores, pero que caso de que se aburriese y no tuviese trabajo que hacer, podría solicitarle permiso para ayudar en alguna actividad del dia a dia. Edward no entiendo inicialmente a lo que se refería, pero a la semana fue el mismo Alec, quien lo fue a buscar para mostrarle un poco el lugar, fue al atardecer cuando los presos del campo judío húngaro, volvían de minas y canteras, fue ahí cuando comprendió y entendió el verdadero alcance de la solución final, al problema judío, no eran hombres lo que vio, eran esqueletos que deambulaban, sucios, mal olientes, llenos de costras, sus ojos no tenían brillo y su piel no era más que papel que se descascaraba lentamente.
Los kapos, que no eran mas que presidiarios alemanes, se paseaban entre las filas de hombres, alineados en filas de 10, para pasar revista, no entendió porque, pero en ese atardecer algo había sucedido, que los presos habían sido dejados sin cena y castigados a permanecer en la misma posición de alineación por seis horas. Después de esa hizo todo lo posible por no volver a pisar de ese lugar, aunque no siempre le fue posible zafarse, y cada vez que Alec, lo iba a buscar para que lo acompañara ver los barracones, aludía que tenía muchos contratos atrasados, o documentos que revisar o traducir, por lo que no le era posible acompañarlo.
Pero de lo que no se había podido escapar era de la selección de los presos que llegaban en tren a Auschwitz, después de todo su labor también consistía en los contratos de arrendamiento de mano de obras a diferentes empresas, y era esa mano de obra era la que el tenia que ayudar a seleccionar, el miedo en los ojos de los niños y de las mujeres, y el posterior olor que emanaría de las chimeneas de los crematorios, sería algo que lo torturaría hasta el ultimo día de sus vidas. Pero no estaba en sus manos cambiar las cosas él era solo un peón mas de ese juego de ajedrez, y todo fuera por una nación mejor.
La vida continuo así, en una interminable rutina de contratos, traducciones, pagos, distribución de recursos y elección de personas aptas para trabajar, intentaba elegir el máximo de ellas, sin importar su edad, todos servían, nadie era muy viejo o muy joven, esta forma evitaba mandarlos a las cámara de gas, otorgándoles una oportunidad más de vivir, aunque eso nunca lo reconocería.
Fue una mañana especialmente soleada de Septiembre, que la vio descender del tren, junto a su padre, la reconocería en cualquier parte del mundo, aunque hasta ese momento creía que su memoria la había desterrado al olvido. Su pelo brillo al sol, con ese extraño color café con mechones mas claros y algunos de color rojo, sus ojos grandes azules, vestía un abrigo color azul marino largo con una estrella amarilla sobre su corazón, cuando el acompaño al teniente encargado de llevar a cabo la selección, pudo ver que pese a las penurias pasadas en el largo viaje que la llevo Auschwitz, y a lo demacrada que estaba, aun conservaba su belleza, ella no lo reconoció, como podría hacerlo si la ultima vez que lo había visto, tenía 13 años, sus padres habían sido invitados a un matrimonio de la hija del embajador ingles, ella no se había despegado del lado de su abuela, y él la había mirado a la distancia, embobado, le recordaba las muñecas de porcelana que tenía su madre, no se había atrevido a hablarle, pero no le había quitado los ojos de encima, le pareció perfecta y se prometió que algún día se casaría con ella. Se rio en silencio eso nunca podría ser pensó, de partida el ya estaba casado y en el caso hipotético de que no lo estuviese, ella era judía y los matrimonios entre un alemán y una judía estaban totalmente prohibidos, hasta las relaciones extramatrimoniales con judíos eran un delito, y lo más importante de todo ella ahora era su enemiga a la que tenía que destruir.
La había vuelto a ver cuando el tenia 20 años, antes de que empezara la guerra, ella caminaba junto a una amiga por la plaza de la universidad donde el realizaba estudios de medicina, no pudo evitar seguirla hasta la biblioteca y la vio por 2 horas desde la distancia leer libros, hasta que se marcho con un hombre de su edad, ese día prometió olvidarla.
Y ahora la vida la volvía a poner en su camino, la había seguido hasta las barracas de desinfección, había visto desnudarse entre las otras presas, pero el solo la miraba a ella, su largo pelo que le llegaba hasta la cintura, se la imagino sobre él con el pelo sobre us pechos y esa sería una imagen que no sacaría fácilmente de su mente, seria esa imagen la que más tarde esa noche rememoraría en la cama con Tania, noche en que finalmente había logrado embarazar a su esposa. Sufrió cuando le cortaron su largo pelo, apretó los puños cuando la golpearon, y no la reconoció cuando finalmente marcho vestida con el uniforme de presa, a la barraca de cuarentena, instruyo a los carceleros para que no las golpearan mucho, bajo pretexto de necesitar la mano de obra para los trabajos en el campo agrícola, esos dos meses arriesgo su vida, como nunca antes lo había hecho, abusando del rango militar que tenia para impartir órdenes a sus subalternos, bajo pretexto de resguardar la mano de obra del campo, diciéndose a sí mismo que solo era porque la conocía, vigilaba desde lejos su estado, procuraba de que le diesen agua dos veces al día, para no llamar la atención se había dedicado hacer los mismo con los otros grupos de presas, que iban llegando al campo de concentración, hasta que finalmente la habían enviado Auschwitz birkebau, último destino de la mayoría de las mujeres que llegaban. Desde ese momento ya no era mucho lo que podía hacer más que mirarla a la distancia, cuando hacia rondas por birkebau, ahora su supervivencia dependía de ella y de su suerte.
En noviembre de ese mismo año, los campos de Auschwitz birkebau y Auschwitz monowitz, se independizaron de Auschwitz I, siendo designado el a Auschwitz birkebau, aunque su oficina principal seguiría estando en Auschwitz I, también tendría una sucursal en el birkebau. La que prácticamente la había vuelto su sede principal, la veía todas las mañanas por su ventana partir a los campos de trabajo, extrañaba su pelo, ya aunque se veía cansada y demacrada, aun era ella, pudo ver que tenía una amiga, tener un apoyo dentro del campo era vital para sobrevivir.
Al cabo de unos meses le toco volver al campo principal, su escribana una alemana aspirante a ser miembro de la SS, enfermo de tifus y murió, debiendo retornar a su oficina principal en Auschwitz I, aunque la distancia de birkebau, no era mucha, ya no podría verla tan seguido, pero no podía hacer nada mas sin llamar la atención,
Fue el mismo Alec, quien ante la necesidad de una persona que la ayudara con transcripción de documentos y otras labores, quien le llevo la ficha de la presa numero 21.863, de Isabella Swan, había sido puro descarte, no había nadie mas capacitada que ella en el campo, las presa políticas podían ser un problema, y después de todo Isabella Swan no dejaría viva ese lugar. Edward pensó que definitivamente el destino jugaba en su contra, tendría que tenerla cerca, cuando aun no lograba explicar y entender que significaba ella para él. Solo una cosa tenía clara, ella era judía y por lo tanto tenía que odiarla, era su enemiga.
Al día siguiente Isabella había sido conducido a su presencia, se mostro indiferente abocándose a unos documentos que tenía pendiente, cuando ella entro se detuvo en lo que hacía, busco la carpeta con sus datos, aunque no la necesitaba sabia quien era, le había preguntado en Alemán si ella era Isabela Swan, le pregunto si era cierto que dominaba 5 idiomas, y le pregunto e francés si eso era verdad, y ella le había contestado en Ingles que si, pretensiosa pensó, había caminado hacia ella, la había inspeccionado detalladamente de pies a cabeza, estaba en los huesos, y el traje que usaba le queda grande, lo llevaba amarado con una cinta en la cintura, se detuvo en el triangulo amarillo que la identificaba como judía, hizo una mueca de hastió. Se detuvo en su rostro, los huesos de sus pómulos sobresalían, tenía unos surcos negros bajo los ojos, un moretón en el ojo derecho, bajo a sus labios estaban secos al igual que su piel que tenía algunas costras, su pelo estaba corto, se pregunto que se hubiese sentido al pasar los dedos por su pelo largo, volvió a sus ojos, se encontró con su mirada, por un momento se perdió en ella, ¡Dios estaba moribunda!, y aun así quería besarla. Definitivamente se había vuelto loco. Se odio así mismo. Ella bajo rápidamente su mirada y la clavo en el suelo, y de su boca solo salió un insulto. Se odio mas y es que eso era posible.
Necesita calmarse se le estaban escapando las cosas de las manos, camino hacia a la ventana. Necesita pensar. Quería salir de ese lugar. Le explico él para que estaba ahí, y por que la habían considerado par el puesto siendo judía. La vio nuevamente ella aun tenia la vista en el suelo, necesita comida y bañarse, no soportaba verla así. Se giro y se paso la mano por su pelo, fue a su escritorio y escribió un permiso para poder acceder al área de desinfección, necesita asegurarse que no sería enviada a las cámaras de gas, y con su apariencia era lo más probable que sucediese si iba a esa área sola. Le explico para qué era el papel. Le pregunto si entendía. Y le había dicho que se fuera. ¡Dios necesita aclara sus ideas! Desde mañana la tendría cerca. Y esa noche definitivamente no podría aclarar nada, en su casa tenia visitas.
Cuando esa noche llego a su casa, su cabeza era un mar tormentoso de ideas y sentimientos, encontró a sus padres y Tania esperándolo para cenar, no tenía hambre, y menos estaba de ánimo para escuchar a su padre hablar sobre los males que ocasionaban los judíos y el gran trabajo que se realizaban en los campos de concentración exterminándolos, porque por más que el intentara ver la maldad de esa gente y que se dijese que eran una enfermedad que debía exterminarse, en sus rostros solo logra ver miedo y no entendía que mal podría causar un niño de tres años o de siete, o un anciano, solo podría verse a si mismo como un verdugo y por más que se repitiese como un mantra que todo era por una nación mejor, no sabía si esto últimamente estaba funcionando con su conciencia, por que las pesadillas que lo atormentaban parecían decir todo lo contrario. Mas aun cuando no lograba aclarar porque pese a todos sus intentos de odiar a Isabella Swan, no podía sacársela de la mente.
Su padre Edward Masen era un hombre corpulento, rubio y de unos enormes ojos azules, siempre le había inspirado respeto, de carácter hostil y frio, era miembro activo del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, y miembro de la SS, trabajaba para una rama de la SS, que buscaba preservar y aumentar la sangre pura alemana, su madre Elizabeth era una mujer menuda y de gran belleza de la alta sociedad alemana, que en algún grado lejano estaba emparentada con la monarquía inglesa, nunca habían sido muy cariñosos con él, y en cierta medida eso había moldeado su carácter reservado.
Después de cenar y escuchar en silencio como su padre relataba los avances del ejército alemán en el territorio enemigo y celebrar con un brindis que pronto la nación estaría libre de las razas inferiores, lo felicito por su trabajo en Auschwitz, para terminar con la infaltable pregunta de porque aun no había nietos. Tania lo había mirado con enojo y frustración. El sabia que con esa mirada le reprochaba que hacía ya más de un mes que no visitaba su recamara, pero la verdad era que no tenía ganas de pasar nuevamente por lo que significa coger con ella, si antes de casarse le hubiesen dicho que cogerse a su mujer le costaría tanto, de seguro se hubiese reído, después de la pérdida del bebe, Tania se había obsesionado con quedar nuevamente embarazada, transformado el acto sexual, en nada más que una acción monótona de mera reproducción, donde solo era permitido la posición del misionero, donde no habían caricias, ni palabras amorosas, influía en ello, el que ninguno de los dos sintiese algo por el otro, siendo la razón principal por el que estaban juntos, el mero hecho de reproducirse.
- Lo estamos intentando. Había respondido Tania.
- Bueno después del aborto que sufriste, es normal que a tu cuerpo le cueste un poco recuperarse, son una pareja joven no deben preocuparse. - Le dijo mi madre.
- Por lo mismo no debería ser un problema embarazarla, quizás sería bueno que consultaran una segunda opinión, medica, Edward, deberías consultarlo en el campo, me han dicho que tiene excelentes médicos. Comento su padre. Los de la SS, pueden cuestionarte, y eso no es bueno. Tú sabes que trabajo en esa área, lo ideal sería que mi hijo predicara con el ejemplo y le diera a este país niños arios sanos. ¿no crees?
- Lo estamos intentando. Había reiterado Tania.
- Sería bueno que lo intentaran con más ganas, tus padres Tania y nosotros como padres de Edward garantizamos a la SS, que estaban sanos y aptos para procrear niños.
- Padre Tania dijo que lo estábamos intentando, además ni ella ni yo tenemos la culpa, los médicos que nos examinaron para aprobar este matrimonio afirmaron que estábamos sanos y aptos, si las cosas cambiaron el camino, no es culpa nuestra. Así que solo ten paciencia pronto tendrás tu nieto ario.
Luego de esa discusión la cena transcurrió en silencio, esa noche tendría que visitar a Tania.
