Yo: Hola! Soy yo de nuevo…En fin, lamento haber tardado tanto, pero necesitaba terminar con el otro fanfic y ahora que está a punto de terminar, puedo seguir con los demás… Solo puedo decir que espero que lo disfruten!

Y te vi Llorar

Después de la muerte de su madre, Kiria fue coronada cómo reina del Nuevo Atlantis a sus 14 años... Se hacía la fuerte para mantener a su reino en calma y demostrar a su reino que ella era perfectamente capaz de gobernar sin ninguna falla, pero no pudo resistir más de una semana... Ahora cenaba sola, en su habitación, no tenía ningún caso ir al comedor si no tenía con quién charlar... Ya no le dedicaba tanto tiempo a sus estudios, se dedicaba a entrenar para liberar toda la frustración que tenía con ella en esos momentos... Pero cualquiera que se quiebra cuando ha perdido a alguien cercano... Encontró una especie de pasaje que la llevaba fuera del castillo, era largo pero valía la pena... Llevaba a Egipto, probablemente eran los pasajes que su reino usaba para atacar al otro reino durante la guerra... Se llegaba a un oasis, era muy hermoso... Le encantaba ir allí, ya que estaba sola... Ahí podía ser ella misma, aunque esos últimos días había ido allí para llorar mientras recordaba a su madre.

Una tarde estaba sentada a la orilla del oasis, las lágrimas bajaban por sus mejillas sin que ella pudiera evitarlo... De repente, alguien tocó su hombro... Sin voltear a ver se dedicó a escuchar lo que aquella persona tenía para decir.

-Te encuentras bien? -preguntó un joven de penetrantes ojos violetas, que debía ser un año mayor que ella... A pesar del buen trato del joven, Kiria no estaba para mantener una conversación.

-No, y si no te molesta preferiría que me dejaras tranquila -contestó ella aun dándole la espalda (sorprendida de que no hubiera preguntado por el color de su piel), a pesar de que trató de sonar convincente, su voz se quebró cuando estuvo a punto de terminar la oración.

-No me parece que vayas a estar bien tú sola... -comentó él -Me llamó Atem... -se presentó sentándose a su lado.

-Soy Kiria... -dijo ella de manera tímida sin dirigirle la mirada.

-Quieres contarme que es lo que te pasa?

-Te acabo de conocer... No creo que sea buena idea -respondió ella desconfiada.

-Muy bien... Tengo 15 años, vivo en Egipto, mi color favorito es el rojo y me gustan los lugares tranquilos para poder pensar... -dijo él -Ahora es tu turno...

-Tengo 14 años, vivo en... Egipto -mintió -mi color favorito es el violeta y también me gustan los lugares tranquilos...

- Ahora ya nos conocemos... Ya puedes decirme que te pasa? -volvió a preguntar con voz calmada.

-Digamos que estoy pasando por un momento difícil... O bien, mi familia está pasando por un momento difícil y yo... tengo la obligación de mostrarme fuerte, ya que ahora soy... El soporte de esa familia... -dijo luego de soltar un suspiro completamente resignada.

-Ya veo...

-Además, ni siquiera sé dónde están mis hermanos! Me siento... completamente... sola... -terminó ella.

-Y cada vez que te sientes sola vienes aquí? -dijo Atem.

-Eso es lo que hago, pero de todas maneras... Sigo estando mal...

-Tienes algún día libre...?

-Sí... -respondió ella confundida -tengo dos horas todos los días, en la tarde...

-Bien... Ven aquí todos los días a las dos... Así podrás contarme lo que te pasa cada día y ya no te sentirás tan sola al tener alguien con quién hablar... -dijo él mirando fijamente a la chica quién estaba anonada.

-Supongo que... no estaría mal, que tú me apoyaras... -dijo Kiria devolviendo la mirada al chico.

-Lo ves? Ahora, pronto terminará tu tiempo libre... Es mejor que te vayas... Y te veo mañana a las dos en éste mismo lugar... -dijo él levantándose y extendiendo su mano hacia Kiria para ayudarla.

-Sí. -dijo ella con una ligera sonrisa -Adiós...

Las siguientes semanas transcurrieron normal... Ambos se veían todos los días sin falta y él la escuchaba... Aunque ya casi no hablaban sobre los problemas que tenía Kiria sobre su madre, ahora hablaban de cosas más personales bromeaban entre ellos cómo si fuera una reunión normal entre amigos... Habían olvidado por completo el objetivo original de sus visitas al oasis.

-Oye, cómo se llaman tus padres? -preguntó ella. Atem no quiso revelar nada.

-Yo... Mi padre nos abandonó hace mucho y... nunca conocí a mi madre... -mintió, temía que si Kiria supiera quién era se alejara de él. -Y, qué hay de los tuyos?

-Yo... jamás conocí a mi padre y... -dijo pausadamente cuando Atem se dio cuenta de su error.

-Lo siento! No quise hacerte recordar malos momentos... -dijo él tomando su mano. -También me extraña que no estés casada –dijo él recordando que nunca había visto un anillo en el dedo de la joven y las personas tendían a casarse a edad temprana.

-Ah... yo... no he dejado que me comprometan, por más que lo intenten... -respondió ella incómoda -No me gusta la idea de tener que casarme sólo porque alguien lo dice, además, tener hijos de una persona a la que no amo sería horrible...

-Nunca dejas de sorprenderme, Kiria... -dijo él -Lo mejor es que nos vayamos... Te veré mañana...

-Adiós- dijo ella despidiéndose con la mano.

En el Nuevo Atlantis:

-Su majestad, hay alguien que quiere verla -anunció un sirviente.

-Hazlo pasar por favor... -dijo ella sentada en su trono.

Entraron dos chicos uno de cabello negro y ojos rojos y otro de cabello blanco y ojos azules.

-Vaya cuánto has crecido, Kiria -dijo el de cabello negro.

-Lo siento, estoy confundida... -dijo ella entrecerrando los ojos.

-No nos recuerdas? -preguntó el otro.

-Debería? -pronunció ella con cuidado.

-De verdad no sabes quiénes somos? -preguntó el oji-rojo, mientras Kiria negaba con la cabeza. Se acercó a ella lentamente y la miró a los ojos -Kir... somos nosotros...

-Les ruego que me expliquen, no logro entender nada... -decía la chica cada vez más confundida.

Ambos chicos se voltearon a ver tristes.

-Me llamo Ikki y él es Armin, su majestad... -dijo el oji-azul de una manera más formal -No puedo culparla de que no nos recuerde... Era muy niña cuando nos separaron.

-Estamos aquí para presentarnos cómo sus sirvientes... -terminó Armin.

-Esos nombres... -pensó la chica tratando de recordar -Me ayudaría más si me dijeran de dónde me conocen o lo que saben de mí...

-Pues... usted es la reina... -dijo Ikki.

-Me refiero, a la razón por la que yo debería recordarlos... Quiénes son? Y quiero la verdad -dijo Kiria de manera severa.

-Majestad, usted tiene o tuvo hermanos... Cierto? -dijo Armin a lo que ella asintió con la cabeza -Sabe en dónde están?

-No entiendo, qué tienen que ver mis hermanos con la pregunta que les acabo de hacer? -decía ella perdiendo la paciencia.

-Sólo... conteste, por favor... -dijo el oji-azul.

-No, no lo sé... -dijo ella resignada.

-Sé que será muy difícil de creer pero... somos tus dos hermanos mayores... -dijo Armin, ya que prefería ir directo al grano.

Kiria cerró los ojos para pensar bien las cosas... Si bien, era posible que se aprovecharan de que su madre había muerto y de que ella aun era muy joven, también era posible que no mintieran... Recordaba a su hermana... ya que pasaron mucho más tiempo juntas debido a que ambas eran mujeres y tenían la misma edad, no recordaba su nombre pero si su apariencia, de ojos azules y cabello blanco, muy parecida al chico llamado Ikki y Armin tenía los ojos rojos y el cabello negro, al igual que ella. Además, nadie le podía decir nada sobre sus hermanos ya que, si el Faraón Aknamkanon se daba cuenta, volvería a atacar el reino por traición y ella no estaba preparada.

-Qué edad tienen? -preguntó Kiria buscando una manera de aclarar la situación.

-Somos mellizos... Tenemos diecinueve años... -dijo Ikki.

Todo calzaba, tenían diecinueve años, por lo que le llevaban cinco años, además del parecido que tenían con ella y su hermana... Pero no podía confiarse, no era para nada tonta y sabía que, debido a su edad, muchos podían intentar aprovecharse de ella y apoderarse de su reino. Lastimosamente, su situación la había obligado a convertirse en una persona muy desconfiada con las demás y no sólo por los locos que había en su reino, si no también por las personas de Egipto que aun guardaban rencor hacia la familia real del Nuevo Atlantis. Ciertamente, sólo había una persona en quién confiaba; pero cada vez que ese pensamiento cruzaba por su mente, sus mejillas de tornaban rosadas, por lo que lo mantuvo lejos estando en presencia de esos dos jóvenes que la miraban expectantes por su respuesta, al darse cuenta de esto, salió del ensueño.

-Espero que entiendan que no puedo creerles... -dijo ella -Y no es porque yo no quiera, daría lo que fuera por volver a ver a mis hermanos, pero tengo un reino que cuidar, la situación no es tan sencilla... Es más, es terriblemente complicada.

-Pero debe haber alguna señal de que somos sus hermanos... -habló Ikki temeroso de no ser reconocido por su pequeña hermana.

-Las hay... -dijo ella dando esperanzas -Su edad corresponde, también sus apariencias... El parentesco que tienen el uno con el otro, también... Y no cabe duda de que alguna vez fueron ciudadanos del Nuevo Atlantis, ya que su piel es bronceada y no morena de nacimiento cómo la de los demás egipcios, lo que quiere decir, que alguna vez tuvieron la piel tan blanca cómo la mía. -los chicos esbozaron una sonrisa al ver a su hermana darle vueltas al asunto -Pero no puedo estar segura... Pero descuiden, sé que es lo que hay que hacer... Vengan conmigo! -ordenó ella adentrándose en el palacio.

-Elizabeth! -dijo ella entrando en una habitación.

-Sí, su majestad? -preguntó una mujer de unos 50 años inclinándose ligeramente ante la presencia de su reina.

-Hay dos jóvenes aquí, que dicen ser mis hermanos mayores... -dijo ella mientras ambos chicos esperaban afuera -Sabes muy bien que no puedo dejarlos entrar al palacio y proclamarlos cómo parte de mi familia sin verdaderas pruebas...

-Sí, majestad -volvió a responder la mujer mirando a la joven con una sonrisa maternal.

-Por los relatos de mi madre, sé que fuiste tú quién los cuidó cuando yo y mi hermana acabábamos de nacer y nuestra madre no podía separarse de nosotras... -dijo ella -Quiero que veas a los dos jóvenes e intentes reconocer a mis hermanos en ellos...

-No será problema... Recuerdo cada cosa de sus hermanos. -dijo Elizabeth con la esperanza de que sí fueran ellos.

-Por favor, pasen... -dijo la chica a Armin e Ikki quiénes entraron y se pararon en frente a la mujer con una mirada cálida al recordar quién era -Su edad coincide y, cómo puedes ver, su parecido conmigo y mi hermana, también... Pero aun así no puedo estar segura.

La anciana analizaba los rostros de los jóvenes buscando algo que les dijera que era de la familia real, cuando lo vio, el anillo que perteneció al padre de los niños, lo único que se pudo rescatar de él cuando murió. La reina lo entregó a sus hijos antes de que se fueran, lo vio en el dedo del peli-plata.

-Mi niño… -dijo la mujer tocando el rostro del joven, quien le dio un efusivo abrazo, su hermano se unió luego.

Kiria miraba sin poder creerlo…

Al día siguiente:

-Atem! –decía la joven llegando al oasis donde el oji-violeta la esperaba.

-Kiria, tengo algo que decirte… -dijo antes de que la mencionada lo abrazara efusivamente.

-Mis hermanos, han regresado! –dijo ella separándose de él quien la miraba con impresión.

-Lo ves? Ahora no solo me tienes a mí… Tienes a tus hermanos contigo… -dijo él admirando la sonrisa de la chica.

-Qué es lo que querías decirme? –dijo Kiria sin borrar su sonrisa viendo que Atem aún mantenía una mano tras la espalda.

-Mi padre lo permitirá? –se preguntó a sí mismo sosteniendo un anillo en su mano izquierda -Ella se ha reunido con su familia… No puedo arrebatarle eso… -dijo escondiendo el anillo disimuladamente entre sus ropas – Quería decirte que… Me gustaría presentarte a mi padre…

-Oh… -dijo ella algo incómoda borrando su sonrisa, si bien, Atem en ningún momento había preguntado por su tono de piel, su padre lo haría, se daría cuenta de donde era y la obligarían a irse o la matarían –Lo lamento, Atem… Pero no soy muy buena relacionándome, no es una buena idea…

-Entiendo… -dijo él sin decepcionarse, de todos modos no era eso lo que quería preguntarle desde un principio.

-Debo irme, mis hermanos se van a preocupar… -dijo la oji-roja recuperando su sonrisa, se acercó a él y plantó un beso en su mejilla antes de irse.

Atem se quedó ahí durante unos minutos, se sentó en frente de las aguas y sacó el anillo… Lo que daría por tenerla en ese momento con él! Porque ella llevara ese anillo en su dedo en señal de su unión! Pero ahora tenía una familia más completa y no podía alejarla de ella… Es más, ni siquiera sabía si ella lo iba a aceptar, pero no pensó en eso cuando salió del palacio con el anillo en su mano, ni cuando la vio llegar y trató de decírselo de una vez por todas… Hasta ahora repara en ello. Pero con ella nunca había sido capaz de pensar en nada, nunca había podido pensar en sus acciones, todo eso desde que la vio llorar…


Yo: Bueno eso es todo por ahora, espero que les haya gustado, yo estaré por lo pronto, trabajando en el siguiente cap!