Yo: volví! De nuevo aquí con el capítulo tres… Estoy contenta porque me he inspirado más rápido de lo que pensaba… Quiero aprovechar para avisar que estoy trabajando en otro fanfic, pero ésta vez de Yugi-Oh GX… Va a estar basado en una película, que sería Wreck it Ralph o Ralph el Demoledor, si les interesan mis fanfics, léanlo… Ahora no los jodo más, disfruten el cap.
Traiciones
En Egipto:
–Señor… –habló uno de los sirvientes –El Príncipe Atem se fue de nuevo… Lo lamento, no sé a dónde…
–Hhmm, hace mucho que está muy distraído… En qué estará pensando? –preguntó el Faraón en voz alta.
–Señor… –dijo una voz entrando –Creo que tengo la respuesta a esa inquietud… –dijo el hermano del Faraón dando señales al otro sirviente para que se retirara de la habitación.
–Habla, Aknadin… Qué es lo que tiene a mi hijo tan distraído? –preguntó Aknamkanon mientras su hermano continuaba con su actitud despreocupada, como si no fuera importante.
–Qué te dice que un joven, de su edad y sin ningún compromiso, encargue una anillo de compromiso hecho de oro y con arreglos de plata? –le respondió con una pregunta, dejando al Faraón sorprendido y con la respuesta claramente ante sus ojos.
–Una mujer… –susurró el hombre mientras miraba pensativo a nada en particular.
–En mi opinión… La mujer debe ser una plebeya, como para que no se haya preocupado en presentarla ante nosotros… Creo que es una muy mala situación… Alguien como él no puede andar con una mujer de clase baja… Hay tantas mujeres de buena familia, no debería dejar que haga su vida con una plebeya… Usted simplemente de no debe… –más fue interrumpido.
–Silencio, Aknadin… –ordenó el Faraón –Mi esposa tampoco tuvo la mejor familia… Yo creo que una plebeya es quien sabe exactamente lo que necesita el pueblo… Y me alegra que al menos piense un poco en su felicidad, pues también se lo merece… Esa muchacha será bienvenida a mi hogar desde el momento en que Atem decida traerla, hasta la eternidad…
Aknadin frunció el ceño… Si Atem no se casaba y no tenía hijos, cuando Aknamkanon se muriera él podría tomar su puesto… Pero no! Ahora el mocoso quería jugar a los enamorados… Tendría que averiguar mucho más de esa mujer y eliminarla cuanto antes… No podía ni imaginarse a alguien como Atem en el trono. Él merecía estar en el trono! No su tonto sobrino con una torpe plebeya, que no harían nada más que estorbar en sus planes… Ahora que su hijo había vuelto, haría lo que fuera para ponerlo en el trono, así tuviera que matar a la mitad de la población de Egipto, lo daría todo con tal de tener su trono…
El día siguiente:
El Faraón y su hijo comían tranquilamente en una enorme mesa con mucha comida sobre ella, Atem se miraba distraído, feliz y triste al mismo tiempo y, como padre, no pudo resistir más la tentación de preguntar sobre lo que le había dicho su hermano el día anterior, pues era un tema que le intrigaba bastante… Quería saber mucho más sobre su futura nuera…
–Atem, hay algo que desees decirme? –preguntó sorprendiendo a su hijo, quien creía que no estaba siendo tan obvio, pero evidentemente, estaba equivocado.
–No, padre… –se apresuró a negar, demasiado nerviosos como para que su padre no lo notara, por lo que soltó un suspiró de resignación y comenzó a hablar –Bien yo… conocí a alguien interesante… –dijo recibiendo una mirada de interrogación por parte de su padre –Una joven, en realidad…
–Ya veo… Y qué tiene de interesante esa joven? –preguntó el Faraón mirando a su hijo, quien se notaba que no encontraba las palabras para describir a Kiria –Ella te atrae? –Atem casi escupe el refresco que había bebido al escuchar esto último.
–Pues… Sí… –Aknamkanon se sorprendió, nunca pensó que su hijo lo aceptara tan abiertamente, haciendo que lo volviera a mirar de manera interrogante –Ella es, terriblemente hermosa… Es amable, divertida, inteligente, tierna e incluso algo traviesa… –dijo sonriendo ligeramente recordando cada una de las cualidades de la chica.
–Nunca creí que te enamorarías de esa forma… –dijo el hombre mientras miraba a su hijo con una sonrisa –Me recuerdas tanto a mí cuando conocí a tu madre… Y se puede saber el nombre de la mujer que tiene a mi hijo hechizado? –preguntó algo divertido ante la mirada ida de su hijo cada vez que pensaba en aquella hermosa joven.
–Su nombre es Kiria… –dijo Atem –No tiene padres, solo tiene dos hermanos mayores…
–Kiria? –preguntó el Faraón pensativo –Ese nombre me parece conocido… Pero no importa! Me gustaría conocer a esa joven!
–Le dije que viniera, pero ella insiste en que no es buena relacionándose con las personas y se niega a acompañarme… –dijo Atem –Bueno, aunque eso no era lo que quería hacer inicialmente… –susurró ganando una mirada curiosa y sorprendida por parte de su padre –Sentía que ella debía estar a mi lado toda la vida… Pensé en pedirle que se casara conmigo, pero ahora mismo ella necesita estar con su familia… No puedo arrebatarle algo como eso, y alejarla de su familia sabiendo que tener a alguien como ella en la familia debe ser lo más maravilloso del mundo…
–Hay hijo… En este momento eres un caso perdido… –comentó el Faraón algo divertido ante la actitud de su hijo y la manera en que describía a la chica haciéndola lucir casi perfecta –Entiendo muy bien la razón por la cual no le pediste matrimonio, pero es una lástima… Si ella en verdad es como dices, podría llegar a ser una estupenda gobernante para este reino…
–Padre, no te importa que no sea de la realeza o algo por el estilo? –preguntó el oji-violeta impresionado ante lo bien que su padre estaba tomando la situación.
–No me importa… Tu madre tampoco era de una familia muy adinerada ni nada de eso… Y fue una de las mejores reinas que éste lugar ha tenido… Y me parece importante que encuentres a alguien con quien ser feliz… Muchos de tus antepasados no pudieron hacer algo como eso.
–Te lo agradezco mucho padre… –dijo Atem mucho más relajado y feliz al ver que cada vez tenía mayores oportunidades con Kiria –En verdad significa mucho para mí…
–Lo sé, hijo, lo sé… –dijo el hombre antes de levantarse –Bueno, debo irme, hay algunos asuntos que debo atender… Ah y si hoy vas a verla… Dile que venga, insiste hasta que acepte, dile que de verdad quiero conocerla y que no aceptaré un no por respuesta…
–Haré lo que pueda… –le respondió su hijo con una sonrisa.
Lo que ninguno de los dos sabía, era que alguien los estaba escuchando, alguien que estaba a punto de tomar las cartas en el asunto…
Tiempo después:
Esa tarde, Atem salió de su hogar con el motivo de ir a ver a Kiria, como se le había hecho costumbre de todos los días… Aknadin, quien había escuchado la conversación que el joven tuvo con su padre, decidió seguirlo para averiguar cómo podía matar a esa chiquilla y sacarla del camino de una buena vez. Fue tras Atem e hizo en su mente un mapa al punto de reunión en el que siempre se veía con la muchacha, para ver donde debía atacar y como… Llegó al oasis y pudo ver a una mujer de cabellos negros con franjas rojas dándoles la espalda mientras se dedicaba a jugar con las aguas que estaban frente a ella. Pudo ver como su sobrino se acercaba sigilosamente a ella y la sorprendía abrazándola por detrás… En ése momento ella se volteó bruscamente y Aknadin vio algo que le iba a facilitar las cosas aún más e hizo que quisiera saltar de alegría.
–Es una atlantiana! –exclamó feliz, pero susurrando –Su piel la delata… Es por eso que no ha dejado que el maldito mocoso la lleve al reino! Esto hará las cosas mucho más sencillas! Solo debo recordarles la enemistad entre ambos reinos y todo acabará, ninguno podrá con el otro… Por fin podré tener mi trono!
–Sé que suena tonto, porque nos vimos ayer pero… Te extrañé… –dijo ella algo sonrojada mientras se dejaba abrazar con fuerza por él.
–Lo sé… Yo también te extrañé… –terminó separándola un poco de él –Mi padre se dio cuenta de nuestros encuentros… –continuó él sacando una mirada de preocupación en el rostro de la joven –Pero todo está bien, él no se opuso a que nos estuviéramos viendo ni nada por el estilo, de hecho está de acuerdo y quiere que vayas a verlo… –dijo esto último esperando cualquier tipo de respuesta negativa.
–Me encantaría y lo sabes… Pero no es una buena idea, al menos no tan pronto… –dijo y contestó, de una vez, a la interrogativa que Atem le haría –Yo… Soy muy distinta las otras personas de éste lugar… Hay muchas partes en donde no soy bien recibida, ni yo ni mi familia, y no quisiera meterte en problemas porque seas amigo de alguien como yo…
–Kiria… –pronunció él en voz baja –No me importa lo que pueda acarrear, y a mi padre tampoco… Eres mi amiga y siempre serás bienvenida en mi hogar… –terminó abrazándola.
–Kiria? –se preguntó Aknadin a sí mismo – Es el nombre de la reina del Nuevo Atlantis… Eso quiere decir que… Esa muchacha es una reina? –se preguntó mirando a la joven que tenía una mirada consternada en brazos de su amigo –Ahora sé exactamente lo que tengo que hacer… –pensó antes de retirarse dejando a los jóvenes solos.
Un poco más tarde:
–Señor, necesita algo? –preguntó uno de los soldados a Aknadin, quien acababa de llegar al lugar.
–Sí… –pronunció lentamente –Hay dos aldeas a las orillas del reino, que están repletas de invasores contra la corona… Sé que están lejos por ahora, pero me temo que en cualquier momento que quieran, podrán avanzar y atacarnos sin que nos demos cuenta… No quiero arriesgarme, pero puedo apostar a que en esas aldeas no hay ningún habitante egipcio, tal solo debe haber invasores… Temo por la seguridad de mi hermano y mi sobrino, por favor, destruyan esas ciudades… –el soldado lo miró con curiosidad y luego asintió firmemente con la cabeza –Se lo agradezco tanto! El pueblo se lo agradece a usted y a sus hombres, además de a mi hermano, claro, que es quién lo ha ordenado…
–La palabra de mi Faraón se cumplirá… –anunció con decisión –Considere para mañana esas dos aldeas de invasores destruidas… Tiene mi palabra, así como yo tengo la de mis hombres y la suya pertenece al Faraón…
–Me alegra oír eso –continuaba fingiendo gran preocupación –Pero, temo por la seguridad de mi hermano… No quiero que si algún invasor logra escapar, ataque directamente al palacio… Es mejor que quemen las aldeas y que nadie los vea… Que parezca un desafortunado accidente… Y regresen tres días después de que hayan cumplido su trabajo… –dijo esto último con una enorme sonrisa interna, el soldado no pudo hacer más que asentir con la cabeza, sin importar cuan rara fuera esa última petición.
Esa misma noche, ambas aldeas se quemaron… Innumerables inocentes murieron, pues nadie fue avisado de la masacre, a penas el quince por ciento de la población de cada aldea logró escapar y no precisamente en muy buenas condiciones, si no con heridas graves y quemaduras de cuidado. Todos corrieron durante casi toda la noche al palacio del Faraón en busca de protección y ayuda, todos llenos de miedo intentando buscar un refugio donde pudieran quedarse con sus familias y llorar a los perdidos en el fuego ardiente, nunca nadie supo la causa del fuego, nadie vio nada excepto el destello de luz ardiente que los amenazaba y cuando lo hicieron, ya era tarde… El incendio era demasiado grande como para apagarlo y las personas menos prevenidas murieron inevitablemente…
–Pueblo! –grito Aknadin en la entrada del palacio cuando ya hubo bastante gente frente a él –los atlantianos han roto el acuerdo! Nos han atacado con furia y ardor! Nos han deshonrado y humillado! –continuó –Muchos murieron, madres, esposas, esposos… Nos perseguirán por siempre los gritos de las personas ardiendo! Los cuerpos de los niños quedarán en nuestra mente! Nos han proclamado la guerra de la forma más cruel que se les pudo ocurrir! Y lo vamos a permitir?
Un gran no vino de la multitud, quienes daban a entender su descontento ante la situación por la que estaban pasando. El Faraón y el Príncipe observaban desde uno de los balcones del palacio todo el espectáculo. Atem podía ver como el ceño de su padre se fruncía y sus nudillos se ponían blancos por la fuerza con la que apretaba sus puños.
–Padre, quiénes son esos atlantianos? –preguntó el joven una vez que se hubo llenado de valor para hablarle a su padre, quien parecía inmerso en la ira.
–Son los habitantes de un reino vecino… No te dejé saber de ellos pues son muy peligrosos, estuvimos en guerra durante años… Ellos mataron a tu madre… –contestó el Faraón ganando una mirada sorprendida por parte de su hijo –Nosotros asesinamos a su rey y a su mano derecha… Pero no pudimos con la reina, no había ido a la batalla y yo no pensaba ser tan maldito como para matar a una mujer embarazada… Ya habíamos hecho bastante con dejar a los herederos sin su padre… Pasaron varios años y decidí acabar con la guerra… Le dije a la reina que detendría mis ataques a cambio de que ella enviara a tres de sus hijos aquí y que una de las menores sería su heredera, pues tenía la esperanza de que no recordara nada sobre la guerra, no como sus hermanos mayores… Pero nos han traicionado! Debí escuchar a Aknadin… Esa mujer es una traidora.
–Ahora no, hermano… –pronunció Aknadin entrando a la habitación –Lo importante ahora es el hecho de que ellos han roto el pacto… Tenemos todo el derecho de atacarlos con todas nuestras armas… Para esto creé los artículos del milenio… Además, la reina murió hace un tiempo… Quién está al mando es su princesa.
–Qué son esas cosas? –preguntó Atem frustrado refiriéndose a los artículos del milenio, al parecer le habían ocultado demasiadas cosas y comenzaba a sentir que sobraba en la habitación.
–El rompecabezas que cuelga de tu cuello es uno… Hay otros siete y todos tienen ese símbolo –dijo su padre señalando en símbolo del ojo en el rompecabezas. Atem miró al ojo de su tío y entendió y porque era de esa manera –Tú también vendrás… Es hora de que veas cómo son las verdaderas batallas y necesitamos el poder de los ocho artículos.
–Un momento, cómo sabré si estoy en presencia de un atlantiano? –preguntó el príncipe.
–Son completamente diferentes a nosotros… –le contestó Aknadin fingiendo seriedad cuando en realidad trataba de no reír ante la situación que había provocado –Tienen la piel horriblemente blanca, son los seres más pálidos que he visto en estas tierras y ni siquiera el sol hace que sus pieles se oscurezcan… –Atem abrió mucho los ojos ante la descripción –Hace tiempo que no veo a ninguno, pero un informante me dijo, antes de morir, que su princesa era terriblemente poderosa y que resaltaba porque su cabello era negro como el de su madre y los ojos azules como los de su padre, creo que su nombre empezaba con K, cuidado con ella.
Después de decir esto Aknadin se retiró junto con su hermano dejando a Atem completamente solo y hundido en sus pensamientos mientras buscaba entre sus ropas un anillo de oro y lo apretaba con fuerza entre sus manos.
–Ella me mintió? –pensaba consternado –Todo lo que me dijo fue mentira? Ella sabía quién era yo antes de que todo esto comenzara? Es una reina? Esas sonrisas, los abrazos, todo… eran falsos? –se preguntaba mientras sentía como su mundo se deshacía poco a poco –No, ella no es capaz de algo tan malvado, ella nunca caería tan bajo… Lo sé… Pero y si de verdad me estuvo engañando todo el tiempo? No me podría creer…
Flash Back:
Atem aún sostenía a la chica entre sus brazos, algo decepcionado por las negativas que le daba la chica cada vez que le pedía acompañarlo a ver a su padre, pero no le importaba porque en la mirada de ella se notaba que tenía miedo de como pudieran tratarla allí, por lo que él intentó reconfortarla.
–Lo lamento mucho Atem… Me hubiera encantado ir, pero no puedo… Solo espero que no te vayas a enojar conmigo por esto… –dijo Kiria levantando el rostro para mirarlo a los ojos.
–Kiria… Yo no podría enojarme contigo… –le dijo él lentamente mientras una ligera sonrisa cruzaba por su rostro –Yo… simplemente no podría… –comenzó a susurrar mientras se acercaba a ella lentamente y rozó sus labios con los de ella separándose casi al instante –Kiria! Yo… no quise… –fue silenciado cuando sintió un dedo de Kiria en sus labios indicándole que hiciera silencio, poco después ella lo había besado.
Atem abrió sus ojos con sorpresa ante el tacto cálido de los labios de Kiria contra los suyos y pudo ver las mejillas sonrojadas de la chica que resaltaban más debido a la blancura de su piel, cerró sus ojos poco a poco y se dejó llevar por el contacto devolviendo el beso de una manera torpe, tal como ella lo daba pues no tenían ninguna experiencia en ese tipo de temas. Se separaron poco a poco ambos con una sonrisa tímida en el rostro.
–Te veré mañana? –le preguntó él mientras ella caminaba hacia atrás sin perderlo de vista para irse a su hogar.
–Sabes que sí… –contestó ella aún sonrojada y desviando su mirada a otro lado –Te espero aquí mañana –terminó tiernamente antes de, prácticamente, salir corriendo del lugar antes de que comenzara a inventar un nuevo tono de rojo.
Fin del Flash Back:
–No, eso no pudo ser mentira, ella no pudo estar fingiendo! –pensaba Atem dolido ante la sola posibilidad de que todo aquello fuera un engaño y que Kiria nunca tuvo ningún interés en él –Ella se portó tan dulce que… No creo posible que estuviera fingiendo… No resisto más, tendré que averiguarlo por mí mismo… Intentaré demostrar que Kiria es inocente y que no tuvo nada que ver con los ataques… Aunque de verdad fueran los atlantianos, estoy seguro de que ella no ordenaría un ataque… –comenzó a caminar hacia la salida encontrándose con su padre y su tío esperándolo para partir.
–Nunca lo olvides, hijo… Son muy poderosos, en sus almas se encierran seres peligrosos… Nunca he visto pelear a su ahora reina, pero ten cuidado con ella… No tengas piedad en ningún momento, no importa lo que te digan, a partir de ahora la guerra ha comenzado.
Yo: bueno ése fue todo el cap! Bueno, desde el fanfic pasado he tenido la costumbre de contestar los reviews que me van dejando, pero como éste fanfic está empezando a tomar fuerza hasta ahora, no había recibido hasta el capítulo pasado, solo uno pero no importa, aquí está la respuesta:
ReijaZ: Jaja, no te preocupes va a haber acción. Gracias por los cumplidos y en cuanto a la pregunta… Sinceramente no tengo idea, pero para efectos del fanfic, vamos a suponer que sí XD.
Ahora sí, ya son libres! Nos leemos después.
