Yo: Hola! Debo advertir que este es uno de los capítulos más tristes que tendrá el fanfic, no es como si espere que alguien llore, pero si conmueve aunque sea un poco… Los dejo de joder, para que comencemos:

Nuestro Adiós

–Majestad, los egipcios se están movilizando, vienen directo hacia nosotros! –anunció uno de los soldados a los tres hermanos sentados en la sala del trono.

–Qué asuntos podrían tener los egipcios con nosotros? –preguntó la Reina algo desconcertada ante el la marcha del reino vecino hacia ellos, pues no era capaz de recordar la guerra que se había librado cuando ella era tan solo una niña pequeña.

–Yo puedo contestarte eso, hermana –dijo Ikki, su hermana menor asintió con la cabeza dando la oportunidad de que prosiguiera con la explicación –Cuando solo eras una bebé, una guerra se estaba librando entre nosotros y Egipto… Poco antes de que tú y nuestra otra hermana Kisara nacieran, logramos invadir su palacio y uno de nuestros soldados asesinó a la Reina por accidente al intentar robar los Artículos del Milenio, pero al fin y al cabo, su Reina había sido asesinada y como venganza, ellos tomaron la vida de nuestro padre… Tiempo después, nacieron ustedes y nuestra madre no quería que creciéramos en un mundo de guerra y con el peso de las muertes de nuestros hombres en nuestras espaldas… Ella hizo un trato con Aknamkanon, el detendría sus ataques, si ella nos enviaba a tres de nosotros a su reino, para que no pudiera seguirnos entrenando… Mamá lo cumplió y nos envió a nosotros y a Kisara a Egipto, pero esos traidores… Solo estaban esperando el momento justo y qué mejor momento que cuando nosotros regresamos? –dijo el peli-blanco apretando sus dientes y puños con furia –No podemos quedarnos de brazos cruzados, Kiria! Hay que responder a su ataque, debemos pelear, ahora…

Atem… –pensó la chica preocupada –Qué tan malvado es su Faraón? –preguntó ella para saber si podía resolver el conflicto sin necesidad de luchar contra el pueblo del joven del que se había enamorado.

–Para su pueblo, es un ícono… Se supone que todo lo que quiere es paz, pero si nos ataca de ésa manera, quién se va a creer esa sarta de mentiras! –dijo Armin con ira –Siendo lástima por el mocoso del Príncipe Atem!

Kiria abrió desmesuradamente al escuchar el nombre del Príncipe del reino enemigo y se tapó la boca para evitar que un grito de sorpresa saliera de ella al tiempo que sentía como muchos pensamientos se derrumbaban dentro de ella como si un tornado hubiera pasado por su cabeza y destrozado cada cosa a su paso.

Él me traicionó? No, no es capaz de algo tan vil… Pero, cómo supo él quién era yo? Por eso nunca me preguntó por mi color de piel? Ya sabía de mi origen? –se preguntaba la hermosa joven mientras su corazón pesaba cada vez más por la angustia que estaba sintiendo –No puede hacerme esto… No cuando él es el dueño de mi primer beso y menos cuando estaría dispuesta a irme con él a dónde fuese… Él ya conoce mis sentimientos, no sería capaz de aplastarlos como si no tuvieran valor alguno. Él… él me demostró que me amaba… –pensó tratando de recobrar las esperanzas en el beso que ellos habían compartido ella y Atem hace algunas horas y pensando en cómo él había correspondido a su beso de una manera similar a la de ella.

–Kiria, todos están esperando tus órdenes… Solo dinos qué hacer y se cumplirá –dijo Ikki tomando la mano de su hermana suavemente al verla tan nerviosa por el ataque, o eso creyó él.

–Evacúen la zona límite, no dejen que esas personas corran peligro –ordenó ella –Nosotros mismos iremos a hablar con Aknamkanon, trataremos de acabar con el problema sin luchar, no tiene por qué morir tanta gente inocente…

–No funcionará! –dijo Armin sorprendido ante la actitud de su hermana –Kiria, tienen al ejército más fuerte de estos lugares, nos atacarán sin dudar… Además, Aknamkanon ya rompió una de sus promesas, romperá otra si se le presenta la oportunidad…

–Por eso iremos los tres… Nuestras almas son lo suficientemente poderosas como para acabar con doscientos soldados cada una en quince minutos… Si nos tacan… atacaremos… –dijo ella con un deje de dolor y preocupación al final, pues lo que menos deseaba era que a Atem le pasara algo malo –Es la primera vez que tengo que enfrentar algo como esto, pero les agradecería que me dejaran hacerlo… Sé que puedo manejarlo y no permitiré que el sacrificio de nuestra madre sea en vano, solo déjenme demostrarlo… –rogó la chica con la esperanza de que sus hermanos mayores fueran los bastante comprensivos para atender ese capricho.

–Está bien, Kiria… Estaremos a tu lado en todo momento y si hay necesidad de pelear, lo haremos con gusto y no dejaremos que te pase nada… –dijo Ikki acariciando una de las mejillas de su hermana –No hay nada que nos dolería más que perderte… –su gemelo le dirigió una mirada de advertencia.

–Yo estaré bien, Ikki… –no soy precisamente indefensa y sé que ustedes siempre estarán a mi lado… –dicho esto los abrazó a los dos con fuerza –Vamos, no debemos dejar que entren a nuestro territorio, el ejército irá detrás y que… que se preparen para atacar… –dijo esto último con algo de pesadez deseando que esa orden no tuviera necesidad de ser cumplida, por miedo de herir a su amado –Los estaré esperando afuera… –dijo avanzando hacia la entrada del palacio y un segundo después, Ikki era arrastrado por su hermano a un rincón apartado de la multitud.

–Qué crees que estás haciendo, Ikki? –le regaño con la mirada preocupada su hermano –Es nuestra hermana menor, la pequeña Kiria!

–Cuando me dijiste que volvíamos, yo también esperaba encontrarme con algo parecido a la niña de tres años que dejamos atrás algún día… Pero no fue así… Armin, hace cuatro meses que estamos aquí y he hecho lo que he podido para evitarlo pero… No puedo… No puedo ver a Kiria como una hermana… –confesó el oji-azul esquivando la mirada de su mellizo, que lo miraba sorprendido y enojado al mismo tiempo –Sé lo que vas a decir, y sí, conozco todas las consecuencias que esto acarrea y pienso enfrentar todas con el propósito de estar a su lado.

–Ikki… Es nuestra hermana pequeña… La misma a la que juramos proteger contra todo, desde que éramos tan solo niños… No puedes corromperla de ésa manera… –explicó Armin –Tanto Kiria, como Kisara, siempre fueron almas libres, poderosas y, sobre todo lo demás, almas muy puras… Imagina lo confundida que estará cuando su hermano mayor, al cual tampoco lleva mucho de conocer, se le proponga… O peor aún, si se llega a dar una unión entre ustedes... Por todo lo sagrado, Armin! Tendrías corazón para consumar esa unión? –preguntó cada vez más frustrado.

–Nunca le haría nada que ella no quisiera… –aclaró el peli-plata serio –Estás yendo muy lejos con ésta conversación, hermano… Yo solo dije que perderla significaría un gran peso… Nunca dije que planeaba casarme con ella… Lo único que quiero es protegerla de la manera que prometí cuando era niño… La amo, pero no estoy dispuesto a cometer ninguna locura, ni nada que se le parezca, te puedo asegurar que todo lo que pase entre nosotros dos, será por decisión de ella… –terminó antes de irse, dejando a su hermano con varias palabras en su boca y rabia por la última frase que había dicho… A qué se refería con "por decisión de ella? Eso quería decir que si decidían vivir bajo una relación incestuosa, pero ella lo aceptaba no debía importarle? Ja, vaya manera de consolarlo… En otro lugar, una relación incestuosa sería normal, pero allí no, las leyes eran muy claras, los lazos de sangre eran más que sagrados…

Armin salió del lugar intentando calmarse mientras caminaba a la entrada del palacio, en donde encontró a sus dos hermanos esperándolo. Kiria se veía angustiada y tenía la mirada perdida en el horizonte, mientras que Ikki la miraba embelesado por su belleza al estar tan distraída y concentrada a la vez, lo que hizo que la furia en Armin aumentara considerablemente… Bueno, al menos tenía oportunidad de desahogar su ira con los egipcios, pensando en la imagen mental que tenía de la escena que protagonizaban en ese momento sus dos hermanos…

Los tres empezaron la marcha hacia el límite con Egipto, mientras que varias personas iban en su dirección contraria, eran las personas que fueron evacuadas en caso de una batalla y miraban a los tres hermanos con curiosidad al ver sus rostros tan serios ante la situación, pues nunca fue fácil leer los rostros de sus líderes y ése momento no sería ninguna excepción para el pueblo… Pero entre ellos podían leerse como si fueran libros abiertos y los mellizos veían que su hermanita estaba a punto de desmayarse por los nervios, además de que su respiración era en exceso lenta, pues intentaba tranquilizarse… Se acercaron a la frontera y pudo ver a dos hombres de avanzada edad que parecían esperar por ellos. Kiria puedo ver, que al lado de uno de los hombres, estaba Atem, quién la veía sorprendido y en sus ojos se denotaba dolor… Los hermanos se acercaron al Faraón, ella algo cohibida bajo la mirada extraña de Atem, mientras que sus hermanos caminaban a paso decidido y sin ningún rastro de duda en sus rostros, una vez de frente, repararon el ejército que había detrás de los tres hombres, aunque parecía que les faltaban algunos hombres…

–Qué asuntos podría tener su reino con el mío? –preguntó directamente Kiria esquivando la mirada de Atem, quien aún no salía de su asombro.

–Qué descaro al preguntar semejante cosa! –dijo Aknadin fingiendo indignación.

–Calma, Aknadin… –dijo el Faraón –Así que… Parece que ustedes rompieron su parte del trato… No es así, Reina Kiria? –preguntó haciendo que la oji-roja apretara sus puños con furia al saber que no podía negar los hechos ante Atem por más que quisiera hacerlo –No solo atacó a mi reino, sino que también decidió reunirse con sus hermanos, a pesar de que ellos eran parte de mi convenio con su madre…

–Qué? –preguntó Kiria confundida –Yo no ordené ningún ataque… –se defendió ella con firmeza provocando que sus hermanos se pusieran en guardia por si alguien quería atacarla.

–Mentirosa! –gruñó Aknadin con fuerza –Yo vi claramente como sus soldados atacaban muchos de nuestros pueblos, los quemaron por completo y muchas personas inocentes murieron! –dijo fingiendo dolor –No son más que un montón de traidores… Además, estos dos jóvenes no deberían estar aquí… Era una parte vital del trato…

–Es verdad… –dijo Aknamkanon seriamente, Atem se dedicó a mirar como Kiria bajaba la mirada llena de ira e impotencia ante la situación, parecía que iba a decir algo, pero uno de sus hermanos se le adelantó.

–Ah, así que no le bastó con haber matado a nuestro padre, también quiere mantenernos alejados a nosotros, aún después de la muerte de nuestra madre! –dijo Armin lleno de furia –Dice querer paz, cuando no piensa en lo beneficioso que podría ser una buena relación entre ambos reinos… Solo piensa en sus riquezas, no piensa en el dolor de los demás… Ni siquiera nos dejó saber dónde estaba nuestra otra hermana y se hace llamar misericordioso? Usted no es más que un embustero! –gritó con rabia ganando miradas impresionadas por parte de todos los presentes, Kiria le tocó un hombro para intentar calmarlo mientras negaba con la cabeza, haciéndole saber que no siguiera con aquello –Solo váyanse, Kiria no sería capaz de ordenar un ataque, si se van ahora no lucharemos…

–Creen que eso les servirá de algo? –preguntó Aknamkanon –Han faltado a su promesa, la han roto y eso debe castigarse con la muerte –una sonrisa triunfal apareció en Aknadin, pero se borró con el siguiente comentario que hizo su hermano –Pero tienen razón… Tan solo son niños y han sufrido demasiado por culpa de ésta guerra… Pero no me arriesgaré a otro ataque… Entréguenme a la chica y todo acabará allí, si no lo hacen atacaremos con todas nuestras fuerzas… A pesar de su traición, les estoy dando la oportunidad de elegir… Elijan con cuidado…

–No veo razón para pagar por un crimen que no fue cometido… –dijo Ikki hablando por primera vez en el encuentro –Ninguno de nosotros ordenó el ataque, ninguno de nosotros tiene el deber de ir con usted… Y en todo caso, qué le haría si accediéramos a que ella se vaya con usted?

–Podría ser que se convirtiera en una sirvienta de por vida… O en prisionera… Hasta podríamos matarla… Pero de alguna forma, debe pagar –Atem miró a Kiria preocupado ante las palabras de su tío, ella se veía tan vulnerable y parecía que estuviese a punto de echarse a llorar.

A pesar de todo, Atem aún tenía muchas preguntas que responder… Aunque ella se viera completamente indefensa, no sabía si había estado actuando desde que lo conoció y no pudo evitar dirigir la mirada a los labios de la chica ante tal pensamiento, esto no pasó desapercibido por Aknadin. No podía concebir le idea de que ella fuera una traidora, ni siquiera le cruzaba por la mente, pero todo apuntaba a que ella lo había traicionado, lo que le provocaba nauseas de solo pensar que se había enamorado de alguien tan rencoroso.

–Usted no… Usted no fue el único traicionado… –dijo Kiria mientras su voz se quebraba –De verdad cree que voy a creer lo que usted me ha dicho si me encontré "casualmente" con su hijo hace unas semanas! Espera que crea que todo fue coincidencia? –dijo ella levantando el rostro mientras todos la miraban sorprendidos, en especial Atem quien ya no pudo más con la tensión del momento.

–Yo tampoco creo que fuera coincidencia, o sí Kiria? –soltó el Príncipe sin pensarlo haciendo que Kiria terminara por quebrarse y que Aknadin quisiera reír ante la situación, pues todo iba a su favor…

Al ver que ella bajaba la mirada dolida y se mordía tan fuerte el labio que comenzaba a sangrar, el oji-violeta quiso corregir su error, pero se dio cuenta de que ya era tarde cuando los hermanos de la chica se veían preocupados.

–Kiria... cálmate… No hagas algo de lo que te vayas a arrepentir… –dijo Ikki pausadamente mientras la tomaba por los hombros y limpiaba la sangre que había salido de su labio inferior.

–Ya no puedo… No puedo seguir con esto! –gritó la chica con furia mientras caía al piso quedando de cuclillas en el suelo mientras sus ojos y su cuerpo brillaban de un color rojo y los soldados egipcios miraban horrorizados como detrás de ella aparecía una criatura de cabellos negros, ojos rojos y uno de ellos estaba cubierto con vendas, pero lo que más llamaba la atención, eran las grandes alas negras que salían de su espalda.

La criatura no dio tiempo de pensar pues aparentemente respondía a los sentimientos de su propietaria, por lo que agitó sus alas creando una corriente de aire que mando a volar a muchos soldados. Pronto los soldados atlantianos comenzaron a atacar, pues sabían que su reina no tenía intención de herirlos y que sus ataques no les afectarían, o al menos no tanto como a los del bando contrario… Los soldados egipcios comenzaron a atacar con fuera para hacer frente a las ráfagas furiosas que utilizaba la criatura. Por la mente de Kiria vagaban miles de recuerdos que no hacían más que hacerla desear nunca haber conocido a Atem, el dolor era desgarrador y cuando volvió a llorar desconsoladamente, el extraño ángel lanzó un rugido al tiempo que varias de sus plumas salían disparadas con la fuerza de flechas hacia sus adversarios. Aknamkanon decidió invocar a Slifer, que le pudo hacer frente a la criatura y la detuvo para que sus soldados retomaran el ataque destrozando a varios soldados atlantianos en el proceso. Aknamkanon se concentraba en controlar a Slifer y Atem no prestó atención hasta ver como su tío tomaba una espada y se aproximaba peligrosamente a Kiria dispuesto a acabarla, más fue detenido por otra espada.

–Inténtalo y morirás –fueron las palabras usadas por Ikki al defender la vida de su hermana.

–Ella morirá, lo quieran o no! No es más que una sucia traidora! Además de todo eso, ella usó sus artimañas con el Príncipe, alguien como ella no hará falta en éste mundo –terminó comenzando a pelear contra Ikki mientras Armin se colocaba en frente a su hermana para protegerla, pues si bien ella era muy poderosa al invocar a su Dios, ella era muy vulnerable en ése estado, pues si la criatura salía herida, ella también lo haría y viceversa…

Atem caminó lentamente hacia adelante mientras Armin estaba ocupado luchando contra dos de sus soldados, el oji-violeta mantenía sus ojos en Kiria mientras avanzaba hacia ella, pero no pudo acercarse a más de un metro, pues el pelinegro colocó su espada en el cuello del moreno dispuesto a degollarlo, por lo que no encontró otra solución más que gritar.

–Kiria, por favor perdóname! –gritó el oji-violeta obteniendo una mirada sorprendida por parte de Armin, quien bajó la espada por la impresión, momento que Atem aprovechó para acercarse a Kiria con un solo paso, agacharse a su nivel y tomarla por los hombros mientras observaba las lágrimas que las manos de la chica apenas le dejaban ver –Kiria, no quise herirte, por favor… Te dije que no sería capaz de enojarme contigo y era cierto… –continuó hablando pero ella seguía sin reaccionar –Kiria, te amo, eres todo para mí, te lo ruego, solo te pido que me perdones, no recuerdo ningún día que fuera más feliz que el día que te encontré, no puedo dejar ir… Perdóname… –pidió en un susurro bajando su cabeza con las últimas esperanzas que tenía…

Parecía que el tiempo se hubiera detenido para los dos jóvenes y el padre de Atem, nunca se esperó algo como aquello, ahora recordaba que el nombre que le dio su hijo cuando le preguntó por la joven de la cual estaba enamorado, había sido Kiria… Qué tonto había sido como para no darse cuenta!

–Para qué? –se escuchó el susurro de la chica –Por qué habría de perdonarte, si lo único que hemos hecho es llamarnos traidor el uno al otro? –gritó ella con furia –No quiero que te vuelvas a acercar a mí, no quiero volver a verte nunca! –terminó tomando un cuchillo de entre sus ropas y moviéndolo a una velocidad de vértigo, provocó un corte superficial en el pecho de Atem, haciendo que se separara de ella inmediatamente al sentir el ardor de la hoja del cuchillo abriendo su piel dejando una pequeña abertura sangrante desde su hombro hasta el inicio de la barriga.

–Atem! –gritó Aknamkanon arrodillándose cerca de su hijo haciendo que la fuerza de la mordida de Slifer contra el Ángel de Alas Negras disminuyera considerablemente dándole algo de ventaja a la criatura de Kiria.

De un momento a otro, un terrible terremoto llegó de sorpresa, lo que provocó una grieta en el suelo dividiendo ambos bandos, o eso parecía al principio, hasta que por la grieta comenzara a caer toda la arena que había al borde de ésta llevándose a soldados sin importar su bando, haciendo que muchos se alejaran, sin duda, aquello era un castigo de los dioses por las horribles batallas que se llevaban a cabo en ese momento Atem logró sostenerse de una roca y pudo ver como Kiria era incapaz de sostenerse de algo y era arrastrada hacia la grieta, pero que logró saltar quedando frente a él a punto de caer debido a lo resbalosa de era la arena, su expresión había dejado de ser sombría y miraba al abismo que había bajo sus pies con gran miedo, cuando sus ojos lo divisaron a él y estiró su mano.

–Atem! –gritó ella intentando alcanzarlo pidiéndole, no, suplicándole con la mirada que no la abandonara mientras hacía esfuerzo para mantenerse sujeta a la grieta luchando contra las grandes cantidades de arena que amenazaban con arrastrarla. El oji-violeta se acercó a ella con cuidado para no caer mirándola desde su posición con resentimiento y dolor.

–Intentaste asesinarme… –recordó él con la voz llena de dolor y sufrimiento mientras veía como el semblante de ella se transformaba en uno de angustia.

–Esa no era yo! –y no pudo haber sido más cierto… Cuando ella invocaba al Ángel de Alas Negras, no era capaz de controlar sus emociones, por eso sus hermanos procuraban que no lo hiciera –Te juro que nunca quise que esto terminara así, Atem… También te amo! –confesó ella mientras las lágrimas volvían a recorrer su rostro.

–Yo no… No a ti… La Kiria de la que yo me enamoré no le haría daño a nadie y tú has asesinado a demasiadas personas como parecerte en un mínimo a ella… Tú no eres mi Kira –terminó saliendo del campo de visión de Kiria, quien lo miraba con los ojos abiertos y llenos de lágrimas.

–Atem! –gritó Kiria de una manera tan fuerte que se podía intuir que se había desgarrado la garganta. Bajó el brazo que tenía en el aire mientras esperaba a que Atem lo tomara… Había sido una estúpida, no podía creer todo lo que había hecho a la persona a quién decía amar… Ya no tenía nada… Se soltó.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Atem, provocando que volteara para ver como la mano de Kiria que la mantenía sujeta a la pared de roca se soltaba… Se preocupó y estuvo a punto de olvidar todo lo que había dicho para correr hacia la grieta para al menos intentar tomar la mano de la peli-negra y salvarla… Pero de pronto un dragón negro de ojos rojos hizo acto de presencia y entró en la grieta para luego salir con Kiria sobre su lomo y sintió como si su respiración volviera a medias al verla viva pero con lágrimas en su rostro y temblando de miedo.

–Lo lamento Kiria… Supongo que éste es nuestro adiós…


Yo: no se angustien, esto no va a terminar así… Qué creían que no iba a poner ninguna aparición de Kisara? Pfff, ahora vamos con los reviews, o bien el review

ReijaZ: Era obvio que no tendría mala intención XD. Si se te puso la piel de gallina en el capítulo pasado, no quiero ni pensar cómo te fue con éste… Morí con lo de HEPICO… Por último, lamento no haber contestado a tus preguntas, es solo que he estado algo ocupada, pues también estoy ayudando a otra persona con su fanfic y también tengo los míos, pero te prometo que las responderé lo antes posible!