Hola! Lamento haber tardado tanto pero… He tenido algunos problemas, primero emocionales, luego familiares, luego escolares y pues… Todo eso me ha atrasado, es probable que tarde bastante en actualizar todas mis historias a partir de ahora, TODAS, estoy atravesando una situación no muy favorable, pero haré lo que sea para mantenerme en pie y seguir trabajando en estas historias que tanto me gusta leer y escribir… Sin más:

Regreso y Venganza

Dos años habían pasado lentamente desde aquella batalla… Kiria nunca volvió a ser la misma… Su sonrisa parecía perdida en el tiempo y el espacio, junto con el dulce corazón que alguna vez tuvo. Ikki miraba con el ceño fruncido la expresión perdida de su "hermana" culpando a Atem por el estado en que ella estaba en ése momento… Aunque, al menos, él la veía hermosa con la mirada perdida en el horizonte… Pero extrañaba su sonrisa… Las advertencias de Armin eran cada vez mayores, le recordaba cada vez que podía, que ellos eran hermanos y que no permitiría que tocara de ninguna manera a Kiria, pero siguió sin importarle… De todas maneras, él no había hecho… Ni siquiera había intentado algo tan simple como tomarla de la mano, solo se había dedicado a entrenarla, pues ella dijo que ya no quería ser débil y su otro hermano se negó rotundamente a entrenarla… El día en que les pidió que la entrenaran había sido uno de los días más duros de su vida…

Flash Back:

–Porqué? –preguntó ella en voz baja, pero sus hermanos escucharon claramente –Por qué no me dejaste morir ahí? –dijo al fin mirando a Armin con ojos tristes y al borde del llanto –Él era… la única razón por la que yo llegaba sonriente después de mi descanso… –continuó bajando la mirada, Ikki apretó los puños con fuerza.

–No puedes decirme que hubiera sido mejor que te dejara morir… Sabes que ninguno de nosotros hubiera podido soportarlo… –respondió Armin tratando de mantener la calma y no angustiarse por las palabras dichas por su hermana anteriormente –Además… Eres joven y bella, no necesitas de alguien como él para ser feliz… No me digas que prefieres morir, te lo ruego… –terminó abrazándola con cariño.

–Entrénenme… –pidió ella en voz baja sorprendiendo a su hermano –Ya no quiero ser débil, no quiero permitir que alguien más me engañe o se burle de mí de ésa manera… Quiero ser más fuerte… –dijo ella más que decidida.

–No, Kiria… –respondió rotundamente el oji-rojo –No creo que sea buena idea… Sé que quieres ser fuerte, pero no es necesario que lo seas ahora… Fortalécete mentalmente, si lo logras, te ayudaré… –su hermana lo miró suplicante, pero él no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, por más que adorara a su hermanita.

–Yo sí lo haré… –dijo Ikki sorprendiendo a sus dos hermanos, Armin le dirigió una mirada reprobatoria –Ella tiene algo de razón… Necesita entrenarse, si no aprende a controlar su espíritu podría causar una catástrofe, pero solo tiene dieciséis años, no puede hacerlo sola… –Kiria miró al oji-azul agradecida, mientras que Armin lo miraba con un deje de desconfianza y enojo, mucho enojo.

Fin del Flash Back:

Desde entonces, comenzaron los entrenamientos de Kiria volviendo a ella y a Ikki mucho más cernas, haciendo que Armin se anduviera cada vez con más precauciones hacia su mellizo, pues sabía que éste no pudo olvidar en ningún momento lo que sentía por Kiria, ni siquiera cuando ella dijo abiertamente que amaba al Príncipe Atem, y sabía que no lo olvidaría pronto… Pero no quería que esos dos terminaran por casarse, eran familia, estaban unidos por lazos de sangre que eran más que sagrados… Ellos tres habían salvado al reino de un ataque de los egipcios y sus súbditos estaban más que agradecidos por eso y si ellos dos quisieran casarse, el pueblo no se los negaría y aceptarían la relación como si fuera lo más normal del mundo… Pero él no podía hacerlo… No quería que Kiria sufriera con Ikki, no es que el oji-azul la hiciera sufrir, pero sabía que alguno de los dos iba a salir lastimado de ésa relación y temía que fuera Kiria…

–Me retiro a mi recámara… –dijo la joven reina mientras se levantaba lentamente de su trono interrumpiendo los pensamientos de sus dos hermanos, para luego salir por uno de los pasillos a su habitación, siendo seguida por sus hermanos… Después de todo, ya era algo tarde, lo mejor era que los tres se fueran a dormir.

Varias horas después, Ikki daba vueltas en su cama, no dejaba de pensar en su hermanita y en lo hermosa que se veía, sin importar si su mirada era melancólica o alegre, de todas maneras siempre sería hermosa a sus ojos… Sin darse cuenta, había atravesado la puerta de su habitación y ahora estaba frente a la de Kiria… Abrió la puerta con cuidado para no hacer ruido, se acercó a la cama en donde yacía la chica dormida. Un segundo después, estaba sobre ella, con sus rodillas a ambos lados del cuerpo de ella. La miró desde su posición, vio que el hermoso rostro de ella estaba húmedo debido a las lágrimas que había derramado hace poco… Puso su mano derecha sobre su mejilla y secó las lágrimas con su dedo pulgar, lo que provocó que ella despertara algo confundida al sentir una caricia tan dulce.

–Ikki? –preguntó ella confundida al ver a su hermano, sin embargo, no le tomó importancia a la posición en la que encontraban –Qué es lo que pasa? –volvió a preguntar mirando a su hermano con ojos de preocupación… Qué había pasado para que él llegara a su habitación de manera tan repentina…

–Kiria… –dijo él mirándola completamente embelesado, casi inmediatamente, acomodó su cabeza en el pecho de la chica, sorprendiéndola bastante, pero aun así, ella no dijo nada, simplemente se sobresaltó un poco por la repentina acción de su hermano, pero recuperó la compostura y con su mano derecha comenzó a acariciar los cabellos de su nuca para calmar lo que sea que tuviera Ikki…

Él la abrazó con más fuerza, pasando sus manos por la espalda de la chica… Por un momento, ella se sintió completa… Tanto que el regresó el abrazo con mayor fuerza… Estaba muy necesitada de cariño… Demasiado, tal vez… Tanto, que no reaccionó cuando Ikki acercó su rostro al de ella y la besó… No se opuso, ni le regresó el beso… No reaccionó de nuevo hasta que encontró de nuevo sola en su habitación, siendo que Ikki acababa de salir por la puerta, cerrándola detrás de sí, avergonzado por lo que acababa de hacer.

–Ikki… –volvió a pronunciar ella al tiempo que se llevaba dos dedos a sus labios. Por qué la había besado? Acaso intentaba solo consolarla o había algo más? Se sentó en su cama mirando a la puerta por la que su hermano acababa de salir… Su confusión era demasiada, no pudo ir tras él y no pudo volver a dormir en toda la noche… No dejaba de pensar en el beso y se sintió mal por haber tenido a Atem en su cabeza en todo momento… Aunque, los lazos de sangre eran sagrados… A Ikki más le valía tener una buena explicación, pero la conseguiría ella misma, no necesitaba ayuda de nadie.

A la mañana siguiente, en el Antiguo Egipto:

–Vete de una vez! –le gritó un hombre a una pobre chica al tiempo que le lanzaba un piedra, la cual le dio en el hombro con suficiente fuerza para dejar marca –No perteneces aquí!

La pobre chica, vestida con harapos, pero de una gran belleza; con piel pálida, cabello blanco y un par de ojos azules… Era considerada maldita por tener las mismas características que los atlantianos… Ella no recordaba el rostro de su madre, pero sabe que si estuvo con ella, aunque fuera por un corto período de tiempo… Fuera de ahí, no recuerda nada… Los malos tratos hacía ella habían aumentado desde el supuesto ataque de los atlantianos a las aldeas vecinas, no quería soportar más piedras o varas chocando contra su cuerpo, sabría que no podría… Desde siempre había sabido que no era precisamente normal y desde que algunos soldados contaron la historia de la horrible criatura que posee la Reina del Nuevo Atlantis en su alma… Supuso que ella podría tener algo parecido, ni siquiera ella misma sabe por qué lo sospechó, pero eso era lo que le parecía más probable. Ésa noche, se iba de ese lugar… No sabía por qué había nacido en un lugar como ése, si solo servía para aguantar la ira de sus habitantes… Esa misma noche, tomó una pequeña bolsa y la llenó con la poca comida que tenía, pues tampoco los vendedores eran muy amables con ella y no podía permitirse el comprar mucha comida… Salió del pueblo y corrió los más lejos que pudo.

Seis días corriendo fue lo que le esperó a la pobre chica, buscaba algún lugar en dónde pudiera vivir sola, sin molestar a nadie y que ella no fuera molestada. Pero no encontró ningún lugar apto… Se dio cuenta de que estaba llegando a la frontera, pues poco a poco el clima se refrescaba, dando lugar a la sensación de congelación de su cuerpo, pues estaba acostumbrada al calor de Egipto… Llegó a la frontera… El sol no era tan pesado como en su antiguo hogar, esto la calmó un poco, pero llevaba tres días sin probar bocado y justo antes de poder llegar a los puentes del Nuevo Atlantis, perdió el conocimiento.

Dentro del castillo:

Los tres hermanos estaban en la sala del trono, Kiria estaba en medio de ambos… Algunas miradas cruzaban entre Ikki y ella, afortunadamente, Armin no lo notó. Ella aún quería saber sobre el beso de la otra noche y sus miradas eran interrogantes y algunas veces suplicantes, pero seguía sin conseguir nada más que un gesto de silencio por parte de su hermano, que le decía que por favor no le mencionara nada a Armin sobre el beso y no lo haría… Después de todo, ella no lo había rechazado y… Tampoco fue como si no le hubiera gustado…

Un guarda del castillo entró de repente con una chica en brazos, los tres hermanos se voltearon a ver entre sí y caminaron hacia el soldado.

–No sabemos quién es… La encontramos tirada a las afueras del reino… Estaba inconsciente cuando la hallamos… No ha reaccionado desde entonces –informó el muchacho recostando a la joven con cuidado en el suelo del salón.

Los tres hermanos se acercaron a ella con curiosidad. Kiria la miraba con los ojos entrecerrados, como si sintiera que había mucho más en aquella chica de lo que saltaba a la vista. Armin e Ikki se miraban entre ellos con intriga… Creían saber quién era esa chica y por qué no se veía como una mujer egipcia… Ikki volvió su mirada al frente nervioso, de no ser por la situación actual, Armin se habría cansado y le habría preguntado, el por qué estuvo actuando tan extraño los últimos días, pero no era ni el momento ni el lugar para preguntarle, así que también volteo su vista hacia su hermanita.

–Kiria… Creo que sé quién es… –dijo Armin tocando el hombro de la pelinegra…

Entre Ikki y Armin procedieron a contarle a su hermanita sobre Kisara, su melliza, ella dijo que recordaba que su madre la había mencionado pero que los detalles no llegaban a su mente de ninguna manera… Sus hermanos recuerdan que a los cuatro tuvieron que inyectarles una especie de droga para mantener sus almas bajo control durante la infancia… Recuerdan que a Kisara la maltrataron mucho cuando se la pusieron, lo que ocasionó que quedara una horrible cicatriz en su hombro izquierdo… Procedieron a revisar… En efecto, había una cicatriz ahí, se podría decir que se veía como la aguja se había movido bruscamente, pues había quedado una línea del grosor de una aguja…

–Yo me quedaré con ella hasta que despierte… –dijo Armin una vez que la chica fue trasladada a una de las habitaciones –Creo que será mejor si soy yo quien le explique la situación… –se justificó.

Los otros dos hermanos salieron… Ikki intento irse lo antes posible, pero fue detenido por la mano de Kiria que lo sostenía por la muñeca.

–Ikki… Por qué? Por qué me besaste? –le preguntó ella mientras mantenía el agarre en el brazo de su hermano, pero éste no contestaba –Dame un respuesta y no insistiré más, pero necesito saber… Quiero saber, qué te llevo a hacerlo?

–Tú… –contestó su hermano bajando la mirada al suelo, Kiria le dirigió una mirada llena de duda –Fuiste tú! Yo te recordaba como si fueras tan solo una niña a la que debía proteger con mi vida, una niña por la que no me importaba morir… No eres ésa niña indefensa que yo recuerdo con cariño, ya no… –dijo mientras la acorralaba contra la pared –Ahora eres una mujer hermosa a quien deseo tener a mi lado el resto de mi vida! Sé que está mal, sé que somos hermanos, pero me enamoré de ti y no puedo cambiarlo, Kiria… –dijo antes de abrazarla con fuerza –Te amo… De verdad te amo… –terminó sorprendiendo a su hermana aún más que con el beso –Solo quiero que sigamos siendo como hermanos… Te aseguro que no busco más…

–Ikki… Yo… Lo lamento… Pero en verdad, no puedo corresponderte… –dijo ella bajando la mirada –Créeme que lo que menos me importa, es el lazo de sangre que compartimos… Lo que de verdad importa, es que no quiero volverme a enamorar… De nadie… La última vez salí muy lastimada y sé que tú no me lastimarías… Pero yo a ti sí… –dijo ella con mirada triste –Eres mi hermano… Y no puedo verte como algo más… En verdad lo siento… –se disculpó ella antes de intentar irse, pero el brazo de su hermano mayor la detuvo y en un segundo estaba de nuevo contra la pared.

–Lo sé… –le aseguró él acariciando los cabellos de la chica –Pero… Al menos… Déjame… –dijo pausadamente al tiempo que acercaba su rostro al de ella –Una última vez… –terminó al tiempo que cerraba sus ojos para besarla.

Ella le devolvió el beso, sabiendo que ése sería el último y que luego volverían a ser los hermanos de siempre. Ikki se separó de ella poco a poco al tiempo que abría los ojos y acariciaba su mejilla con ternura y tristeza al mismo tiempo, mientras ella solo abrió los ojos para examinar su rostro después de aquel beso. Él la miraba enternecido, mientras ella apenas era capaz de mantenerle la mirada. No pudo más y dirigió su mirada a una de las esquinas del lugar, intentando en lo posible el no lastimarlo.

–Odiaré éste beso más que a nada en el mundo… –dijo Ikki sin dejar de acariciar la suave mejilla de su hermana –Un beso de despedida… Quisiera volverlo a hacer, pero sé que está mal… –dijo con la cabeza abajo –Te amo, Kiria… –dijo por último antes de apartarse de ella con brusquedad e irse a paso acelerado sin querer escuchar la respuesta de ella, puesto que ya se la imaginaba.

Más tarde:

–Qué demonios crees que hiciste? –dijo Armin acorralando a su gemelo contra la pared con ira y violencia.

–Nos viste… –aseguró al oji-azul.

–Con toda claridad! Cómo se te ocurre hacer algo como eso? Sabes que ella no se ha repuesto de lo que pasó hace algunos años! Ikki… Ambos son mi familia… De esa relación alguno de los dos va a salir lastimado, no quiero que pase… Y sé que estás furioso por el hecho de que ella se enamoró de alguien como el Príncipe Atem, pero eso no te da derecho a hacer lo que quieras con ella…

–Lo sé… Armin, te aseguro que no volverá a pasar… Ella es mi hermana y nada más que eso… –contestó Ikki con la cabeza gacha y bastante desanimado.

–Además… Ella quiere venganza… –dijo el peli-negro cruzándose de brazos –Atem la traicionó… Quiere que pague y los diez capitanes y yo estamos dispuestos a seguirla… Te iba a ofrecer que vinieras, pero en tu estado no te concentrarás en la batalla… Y quiero dejar a Kisara bajo el cuidado de alguien en quien pueda confiar… Lo harás? –Ikki simplemente asintió con la cabeza.

En otra habitación:

–Su Majestad, no dejaremos que vaya sola a la batalla… Nosotros la acompañaremos y no dejaremos que salga lastimada –Habló una mujer de cabellos rubios y ojos púrpuras.

–Como esperaba de ti, Tercera Capitana… –dijo Kiria con una sonrisa ladina –Planeo partir ésta misma noche… Podrán estar listos para entonces –Habló a las diez personas presentes justo frente a ella.

–Por supuesto, Majestad… Luchar junto a usted será el mejor honor que se nos haya concebido –Kiria miró al joven que le había contestado, para luego mirar a los otros nueve con seriedad… Ninguno pasaba de los veinticinco años, pues habían ganado los cargos hace poco debido a sus habilidades en combate.

–Bien… Octavo… Pero ninguno lo olvide… El Príncipe Atem morirá ya sea por mis manos, mi espada o mi Dios… Entendido? –dijo con severidad la joven, todos sus capitanes asintieron con la cabeza al tiempo en que se inclinaban ante ella –Y otra cosa… Los atlantianos hemos desarrollado una técnica que los egipcios no… Controlar a nuestros dioses… Con nuestras propias manos… Ellos lo han intentado, pero no se dan cuenta de la oscuridad que los controla y no los deja desarrollar todo su poder… Usaremos eso como ventaja… Y quiero uno de esos Artículos del Milenio con los que pelearon aquella vez… Así no se atreverán a acercarse a nuestro reino… –terminó con una sonrisa un tanto retorcida.

Esa misma noche la Reina y los Capitanes de la Guarida del Nuevo Atlantis partieron, tardarían cinco días en llegar al palacio. Armin los acompañaba cuidando de su hermana menor mientras avanzaban por un territorio que les estaba completamente prohibido… La cuarta noche, antes de llegar al lugar, se reunieron a trazar un plan, no eran un grupo muy grande por lo que no les era muy difícil escabullirse por el lugar.

–Escuchen… Si nos abstenemos mucho, acabaremos derrotados… –comenzó a ordenar Kiria –Liberaremos a nuestros dioses lo más pronto posible... Pero antes… Quinta, disfrázate como una ladrona, conseguirás que te encierren, entonces ya tendremos a alguien dentro… –la joven de cabellos ligeramente azulados y ojos verdes asintió –Tercera, la puerta principal y las paredes a su alrededor… Destrózalas… Décimo, los pilares deben ser de piedra, úsalos como armas contra los guardas y si no resulta deja que Octavo del dispare… –los tres mencionados se sonrieron cómplices entre sí –Quinta, en cuánto escuches las explosiones de la Tercera, envía una señal y haznos saber que vendrás a donde estamos… Libérate de tu prisión y mátalos a todos y destroza las paredes y pilares que te rodeen… Séptima, todo lo que encuentres a tu paso, quémalo y abre un pasaje hasta la sala del trono… En seguida pasaré por él… Segundo, tu irás por los dueños de los artículos y los mantendrás inmovilizados, tortúralos si quieres, no es algo que me importe… Primero, encárgate del Faraón, mátalo si es necesario, ambos entrarán por la abertura que la Quinta debería haber hecho… Noveno y Sexta, consigan algunos rehenes, solo por si el plan falla y no pueden traer ni niños, ni ancianos… Cuarta, mantén el pasadizo de la séptima intacto, hasta que yo pase por ahí… Armin, sobrevolarás la zona y si hay algún intruso avísanos de inmediato, si tienes que matarlo, hazlo. Cuando yo haya llegado a la sala del trono, la Tercera, la Séptima y la Cuarta entrarán conmigo, el Primero y el Segundo ya estarán allí… Los demás vigilarán que nadie interfiera… No me fallen… –terminó la oji-roja.

La noche del día siguiente, en Egipto:

–Su Majestad! Hemos capturado a una ladrona tratando de entrar en el Palacio, llevaba varias joyas que parecen ser robadas –dijo un guarda llevando a una chica tomada fuertemente por el brazo. –Al parecer tiene descendencia atlantiana… –dijo haciendo referencia a la piel blanquecina de la chica.

Atem, quien estaba al lado de su padre, miraba a la chica cuyo color de piel le recordaba a Kiria… Habían pasado dos años de la última vez que la vio… Aunque tal vez, ella no quería verlo de nuevo… Su padre de seguro notó su expresión algo triste, pues ni siquiera interrogó a la prisionera cuando la envió inmediatamente al calabozo.

–Hijo… No puedes seguir así por culpa de ésa atlantiana… –dijo Aknamkanon preocupado por su hijo –Hay muchas jovencitas bonitas por éstos lugares, que de seguro darían lo que sea porque tú las cortejes… –la expresión de Atem no cambió, ni los guardas, ni los portadores de los artículos se atrevieron a decir una palabra –Sabes que en realidad no me importa la posición económica de la chica a quien elijas como esposa… Tu madre hubiera querido verte enamorado, así que no te forzaré a casarte con alguien a quien no amas… –dijo tratando de alentarlo.

–Si vas a seguir prensando así, entonces lo mejor sería que me fuerces… –respondió el oji-violeta con tristeza –No hay mujer o joven que me haga sentir igual que ella… No puedo olvidarla a pesar de que ella debe estar deseando el verme muerto en éste mismo momento… Iba a pedir su mano… –recordó Atem.

–Lo sé… Pero ahora tienes una nueva oportunidad de buscar a alguien más… No puedes estar así toda tu vida y esos son el tipo de sentimientos que te acompañan hasta la tumba y no te abandonan ni estando allí… Prométeme que al menos harás un esfuerzo por olvidarla… –terminó el Faraón con un cansado suspiro al mismo tiempo que miraba a su hijo con un deje de súplica, a ningún padre le gusta ver a su hijo sufrir o bueno, no a uno que se llamaría a sí mismo un buen padre…

–Lo intentaré… –dijo Atem, aun sabiendo que no podría… Era mejor tranquilizar a su padre para que no se preocupara y dejara de lado sus deberes… Casi nunca pasaba algo como eso, pero siempre era mejor prevenir que lamentar…

Antes de que alguno de los dos pudiera decir otra cosa, un horrible estruendo resonó haciendo eco en las paredes del lugar. Los guardias se movilizaron de inmediato a la puerta principal del palacio, de donde venía el ruido, para encontrarse con una joven, con una gran sonrisa en su adornando su rostro severo y sentada en el lomo de un gran perro (el doble de un gran danés) que lanzaba bolas de fuego por su hocico

En los calabozos:

La Quinta Capitana sonrió maquiavélicamente al escuchar las explosiones. Colocó lentamente una mano en su pecho y sus ojos brillaron con intensidad. Una criatura pequeña de color verde musgo y cubierta de lianas apareció ante ella, ninguno de los guardias lo notó, estaban muy ocupados tratando de averiguar qué fue aquel sonido. La criatura conectó una de sus lianas al suelo de piedra, enviando la señal a los demás capitanes, unos minutos después, recogió la liana y se escabulló por entre las rejas.

–Señor… –llamó la joven a uno de los guardias, quien la miró sorprendido, pues ella no parecía para nada sorprendida con el estruendo de hace un rato, pero aun así, se acercó –Qué pasará conmigo?

–Lo más probable es que seas ejecutada… O podrías pasar encerrada por el resto de tu miserable vida… –dijo el hombre de manera socarrona y con sorna –Si tienes suerte, serás exiliada.

–Oh… En serio? –preguntó ella con un indetectable tono de burla. Se escuchó el ruido de las armas de los otros tres guardias caer al piso, al tiempo en que éstos exclamaban sorprendidos… La criatura había crecido… Ahora era del tamaño de un hombre adulto. El guardia trató de ir a ayudar a sus compañeros, pero la oji-verde sacó su brazo por la reja y lo tomó del cuello, la criatura hizo los mismo tomando a los demás soldados por el cuello usando sus lianas –Preferiría morir ahora en vez de estar otro segundo en éste inmundo reino… –susurró al guardia antes de apretar su cuello con fuerza, hasta ahorcarlo… La criatura repitió el movimiento.

En un movimiento de brazo de la joven, la criatura ya había sujetado las rejas de la prisión con lianas, ella retrajo su brazo con fuerza y la criatura hizo lo mismo con las lianas, liberando a la Quinta de su prisión.

En la entrada:

–La Quinta ya viene! –dijo la Tercera –Resistan un poco más, Décimo, Octavo.

–En serio? Pero si apenas estaba comenzando… –dijo el Octavo con su brazo al frente, controlando a una criatura con forma de hombre, pero con piezas de armadura plateadas y un brazo completamente artificial que arrojaba plasma.

El Décimo sonrió socarronamente al ver a los guardias que tenían planeado enfrentársele, su Dios, el Gigante Hitotsumi, repitió los movimientos de él cuando sujeto una pequeña piedra que había caído debido a la batalla y la lanzó hacia ellos… La única diferencia fue, que Hitotsumi lo hizo con la mitad de un pilar, asesinando a media docena de guardias.

–Séptima, ahora! –ordenó Kiria, a lo que la joven de cabellos rojos y ojos azules asintió.

–Dios, Hechicera de Fuego! –dijo colocando las manos sobre su pecho, haciendo que dicho monstruo apareciera.

La joven corrió por el salón estirando los brazos, la hechicera hizo lo mismo detrás de ella y con sus brazos extendidos, fue capaz de quemar todo lo que había a su paso… Así fueran piedras o humanos, ninguna de las dos quitaba su mirada de determinación y desinterés ni siquiera ante los desafortunados que se veían envueltos en las llamas. Kiria iba justo detrás de ellas sin perder la mirada de su objetivo, mientras la Cuarta se dedicaba a asesinar a todo el que buscaba una forma de entrar por el pasadizo dándole oportunidad a su Reina y a su amiga de avanzar.

En la sala del trono:

–Quiénes son ustedes? –preguntó el Faraón nervioso al ver a dos jóvenes frente a él con miradas decididas.

–Somos el primer y segundo capitán de la Reina Kiria y nosotros, sus diez capitanes, sus hermanos y ella misma, coincidimos en la idea de que… Los muertos no pueden romper sus promesas… –Los portadores de los Artículos del Milenio, salvo Atem, se apresuraron a atacar, pero fue inútil pues, ambos jóvenes esquivaron todo.

El Segundo Capitán colocó sus manos en su pecho, invocando a una criatura esquelética con los ojos mal vendados y unas manos enormes con garras del doble de su tamaño*. Antes de que los portadores de los artículos pudieran invocar a sus respectivos monstruos, el joven, mirando a los portadores alzó sus brazos, la criatura hizo lo mismo al tiempo que un horrible rugido salía de su boca… Los cuerpos de los portadores se retorcieron y algunos gruñían o gemían por el dolor… Fácilmente se podía notar el hecho de que a Isis le estaba apretando el cuello, no lo suficientemente fuerte para ahorcarla, pero sí para provocarle dolor, también, que a Mahad le había quebrado un brazo y a Seth una pierna… Mientras el Faraón y su hijo no hacían más que observar perplejos a los jóvenes sonriendo a sus seguidores retorciéndose de dolor.

–Qué tipo de magia es esa? –preguntó Atem con nerviosismo y enojo en su voz.

–Ustedes saben bien, de la existencia de oscuridad en el alma de las personas… Aquí eso es un problema –dijo el Primero –Pero en el Nuevo Atlantis es una ventaja… –el Príncipe iba a preguntar cuando una voz le respondió mientras la dueña de esa voz entraba a la habitación con paso lento y elegante.

–Porque… Nosotros somos luz que sobresalió de un pasado oscuro… Nuestros antepasados de hundieron y nosotros nacimos aquí… Aislados de todos… Diferentes… Y considerados malditos. Nuestra propia inocencia es nuestra arma… La oscuridad no nos controla a nosotros, controlamos a nuestras rebeldes almas con una maestría a la que ustedes no podrán llegar… Y por eso requieren de esos brazaletes que llevan todos en los brazos –Atem abrió los ojos como platos al ver a Kiria entrar, junto con su Ángel de Alas Negras, el cual ahora era del tamaño de un humano. Ella levantó un brazo y el ángel levantó un ala –Lo ven? Siguen nuestras órdenes sin necesidad de una palabra o un gesto. Lo que hagamos, ellos lo harán, a menos que sean invocados involuntariamente, si no ellos seguirán nuestros pensamientos… Como aquella vez.

–Por qué haces esto? –preguntó Atem apretando los puños ante la impotencia… Ella se veía hermosa… Sus ojos rojos resaltaban debido a la blancura de su piel y ahora, franjas rojas se habían comenzado a formar a través de sus cabellos negros, ligeramente ondulados que caían junto con las curvas que había adquirido su cuerpo… Pero, su mirada era sarcástica, divertida y malvada… Su sonrisa era retorcida y burlista… Había cambiado y no precisamente para bien.

–Ah, extraña pregunta para quien desearía saberme enterrada en la arena –dijo ella como si no le importara al tiempo que tomaba su cuchillo y tocaba la punta de éste con su dedo índice como si fuera lo más interesante en todo el mundo –Lamento que tu deseo no se cumpliera, pero tengo una familia que sí me es leal… –dijo haciendo énfasis en ésa última frase.

–Vete de aquí! No queremos luchar y no tienes derecho a atormentarnos más! –exclamó el Faraón. Kiria dirigió una orden con la mirada a su Primer Capitán y éste inmediatamente corrió hacia el trono, empujando a Atem y amenazando a Aknamkanon con una daga envenenada –D-dónde está tu monstruo? –preguntó provocando una carcajada limpia por parte de Kiria.

–No necesita de uno! –dijo la joven tratando de calmar su risa –Es mi Primer Capitán por que se defiende mejor que los otros nueve y no requiere un monstruo… Es incluso más fuerte que yo o cualquiera de mis hermanos… No puedes siquiera tocarlo… Además, no puedes culparlo, solo está siguiendo órdenes –respondió la oji-roja con una sonrisa socarrona.

–Por qué? Tú no eras así, Kiria! –exclamó Atem intentando traer a su Kiria de vuelta, pero parecía que nada serviría.

–Tienes razón… Yo no era así… Creo que el hecho de que te abandonen para morir entre montones de arena y rocas te cambia aunque sea un poco, no? –preguntó ella con sarcasmo e inocencia fingida ante la pregunta del Príncipe –Creo que ya te quedó claro que en mí no cabe el perdón o la idea de perdonarte, pero no tienes otra opción… Mis diez capitanes están aquí y todos y cada uno de ellos están autorizados para matar… Te propongo algo… Lucharas contra mí. Si pierdo, seré tu prisionera, puedes tomarme como sirvienta o ejecutarme… Si yo gano, tomaré lo que yo quiera de éste lugar y te devolveré el favor de la última vez… –claramente no era un buen trato, pero Atem no estaba en posición de negarse, siendo que su padre estaba amenazado, así que simplemente asintió con la cabeza –Será una batalla con armas… Ninguno de los dos puede usar a su Dios… –dijo ella colocando una mano en su pecho y el Ángel de Alas Negras desapareció –Elige el arma que tú quieras…

El optó por una espada, la tomó con firmeza mientras se acercaba a ella lentamente, ella mantenía el cuchillo en su mano, dirigió su otra mano a su espalda y tomó otro cuchillo un tanto diferente al que tenía en ése momento en su mano, solo que éste tenía la hoja negra. Se quitó la capucha dejando ver el top de color negro que traía y los pantalones abultados de color rojo al tiempo en que se colocaba en posición de ataque. Ella dio el primer golpe atacándolo de lado, él bloqueó al ataque con agilidad al tiempo en que veía como Kiria chasqueaba su lengua ante la molestia de no haber podido conectar el golpe… Esto lo hizo sentir mal… Ella lo odiaba tanto que no estaba dudando ni un solo momento en sus intentos de matarlo…

No podía seguir lamentándose por el odio que ahora ella le profesaba, menos si su vida y la de su padre estaban en juego, así que también atacó con fuerza usando sus piernas para intentar hacerla perder el equilibrio, pero ella saltó e intentó proferirle una patada en el rostro, él se movió antes, pero en consecuencia casi cae por la pérdida de equilibrio al esquivar la patada por unos pocos centímetros, unos segundos después, solo pudo mirar el techo del palacio, sorprendiéndose para luego llevarse un golpe en la espalda… Todo le había parecido tan lento… Pero ella había pateado sus piernas dejándolo tirado en el suelo. Antes de que ella diera el golpe final, él la tiró y cayó a su lado dándole el tiempo justo para levantarse y quitarle los cuchillos de las manos y tomarla por los hombros para evitar que escapara.

–Kiria… Vuelve a ser la de antes… –suplicó, pero ésta parecía no escuchar, pues estaba empeñada en liberarse de su agarre y alcanzar los cuchillos para luego matarlo –Escúchame! –dijo exasperado –Tú no eras de ésta forma… Sé que talvez puede ser mi culpa, pero ya deja esto… Es más, si no quieres perdonarme está bien, pero detén esto y te liberaré del trato… Serás libre y podrás volver a tu reino en completa paz… Pero te lo ruego, no me obligues a matarte…

–No puedo hacer eso… –respondió ella con ira en su voz –No voy a caer en tus trucos de nuevo, estoy atrapada, no puedo alcanzar mis armas, es más no me puedo mover, mátame y acaba con esto de una vez por todas! –terminó sintiéndose destrozada por dentro, pero su sed de venganza era más fuerte que esos sentimientos que había intentado reconocer y rechazar desde hacía tiempo. Sintió como Atem alzaba la espada sobre su cabeza dispuesto a terminar con su vida, cerró los ojos con fuerza para esperar el golpe final pero…

–Yo no lo haría si fuera tú… –dijo una voz entrando. Ambos voltearon a ver y vieron a un joven sosteniendo por el cuello a una chica morena y de cabellos castaños algo alborotados que estaba bastante nerviosa y asustada, Mana… –teníamos más rehenes, pero ella se comenzó a regodear diciendo que era amiga del Príncipe y que no podíamos hacerle nada… No resistimos la tentación y la trajimos a ella –dijo amenazándola con una daga.

–Suéltenla! –gruñó Atem sin soltar la espada.

–Primero suelta a nuestra reina… Luego veremos –dijo la chica que estaba con él. Atem obedeció y la peli-negra se levantó vigorizada.

–Odio tener que jugar sucio, pero no tengo intenciones de morir… –dijo con una ligera sonrisa –Pero después de todo, tengo un título de traidora al que tengo que hacer honor, así que, por qué no ahora? –terminó encogiéndose de hombros para luego voltear a ver a Mana – Pobre chica, no puede hacer más que temblar… Parece que solo traes desgracia a las personas que te aprecian, Atem… –dijo señalando con sus brazos a todos los que estaban en la sala –Sin duda no estoy equivocada… Yo no soy la única que estaría mejor si tú no existieras –dijo con mirada sombría –Voy a hacer lo que debía haber hecho hace dos años cuando te di esa cicatriz que tienes en tu pecho –terminó sosteniendo las dagas con firmeza frente a su pecho, todos miraban expectantes antes las acciones de la chica, cuando todo falló.

La puerta se abrió estruendosamente la Tercera entró corriendo al lugar, bastante tarde y algo herida.

–Fallamos… Derrotaron al Octavo y derribaron a su hermano, no sabemos si está bien –dijo con pesadez provocando una mirada de miedo en el rostro de la chica –El Décimo está agotado, no puede seguir atacando, pero está haciendo su mayor esfuerzo… –Kiria comenzó a respirar de manera agitada.

–Segundo, suéltalos! Noveno, libérala!–ordenó la oji-roja aproximándose a los portadores de los artículos que cayeron inconscientes inmediatamente –Primero, déjalo… No puede hacer nada contra mí… –se acercó lentamente a los portadores y dirigió su vista a una chica, tan morena como todos, de cabello negro ondulado y ojos castaños. De repente, cientos de guardias irrumpieron en la habitación.

–Kiria Atlantis! –dijo el Faraón recuperando sus fuerzas –Tus crímenes contra mi reino no tienen perdón… Serás ejecutada mañana al salir el Sol… Tus propias acciones te han condenado y no tienes ningún tipo de escape…

–En serio? Tercera! –gritó e inmediatamente, el perro de la Tercera Capitana disparó, alejando a varios guardas y derribando varios pilares provocando que varios soldados fueran aplastados y que varios de los capitanes presentes tuvieran que esquivarlos.

–Majestad, éste lugar colapsará! Debemos salir ahora! –dijo la Quinta entrando a la habitación sintiendo todo el palacio temblar bajo sus pies.

–Corran! –ordenó la Reina –Llévense el cuerpo del Octavo, no lo dejaremos atrás aún después de muerto, busquen a Armin y marchen al Nuevo Atlantis, yo los alcanzaré en cuánto pueda… –dijo la peli-negra. Sus capitanes, aunque estuvieron en contra, siguieron las órdenes, pues habían jurado obedecerla a pesar de todo.

Ella tomó una de sus dagas con firmeza, guardó la otra, tomó aire profundamente y comenzó a correr hacia adelante esquivando a los soldados que querían detenerla… Los pilares derrumbados y los soldados supusieron un gran obstáculo, en especial cuando estuvo a punto de llegar a su objetivo cuando los soldados parecieron decididos a no dejarla pasar… Se agachó tan rápido que pareció que había caído, cuando de la nada apoyó su mano libre en el piso y se impulsó hacia arriba dando un salto mortal, saltándose a los guardias que impedían su paso, sin darles tiempo de usar sus armas contra ella. Una vez que aterrizó, invocó a su Ángel de Alas Negras para que mantuviera a los soldados al margen mientras ella yacía de pie justo frente a la portadora que había contemplado… Tomó su daga y sin dudarlo ni un solo segundo le cortó el cuello de lado a lado baja la pasmada mirada de Mana, Atem y Aknamkanon. Un poco de sangre manchó su mejilla, pero no se molestó en limpiarla, simplemente se acercó al cuerpo inerte de la muchacha y arrancó con brusquedad el Broche del Milenio que llevaba en los cabellos sosteniéndolo entre sus manos, llevándose consigo algunos cabellos de la joven, que removió con asco de dicho objeto, para luego ponérselo ella en su propio cabello, recogiendo los mechones que quedaban en sus rostro, tapando su ojo. Se acercó al trono, donde Atem había corrido para estar al lado de su padre y susurró socarronamente.

–Mi hermana ha regresado… –dijo tranquilamente –Después de todo, ambos rompimos la promesa que había entre nuestros reinos y ella ya no tiene la obligación de estar aquí… Pero… cuando llegó tenía varias marcas de golpes, piedras, para ser exacta y parecían haber sido hechos recientemente… Tu gente solo me da más razones para querer acabar con éste inmundo lugar, Aknamkanon… Podrán haber derrotado a mi Octavo Capitán, pero ahora estamos juntos, el par de Dragones y el par de Ángeles**. No pueden competir con nosotros de ninguna forma… Así que… Hasta pronto Faraón…

Cuando la chica estuvo a punto de salir de la habitación, un fuerte temblor la hizo caer de rodillas al suelo, una roca calló sobre su pierna izquierda provocando un ligero gemido de dolor, al tiempo que veía como uno de los pilares se le venía directamente encima y no podía moverse de ninguna manera.

–Kiria! –gritó Atem corriendo a una velocidad sobrehumana para luego tomarla entre sus brazos de una forma brusca, provocando que ambos rodaran por el suelo quedando él sobre ella, evitando por poco el golpe.

Ella quedó sorprendida por un momento perdiéndose en los ojos violetas de Atem, pronto agitó su cabeza y volvió en sí, agitando el brazo con fuerza haciendo que su Ángel de Alas Negras hiciera los mismo con su ala, lo que generó una corriente de aire lo suficientemente fuerte como para quitar a Atem de encima de Kiria. Luego chasqueó los dedos y el ángel la tomó en sus brazos y salió volando por uno de los hoyos que había en el techo, claro que antes de irse, Kiria dijo algunas cosas…

–Eso no cambia nada, Atem! El hecho de que me salvaras luego de querer matarme no tiene ningún valor para mí. La próxima vez que nos veamos, tendrás mi cuchillo enterrado en tu cuello, lo juro! –acabó para luego irse.

Más tarde:

–Su Majestad, se encuentra bien? –preguntó la Quinta al tiempo que Kiria llegaba al lugar en donde estaban.

–Sí… Discúlpenme, todo esto ha sido mi culpa…. –dijo ella cabizbaja –Me dejé llevar por mis intereses personales y no pensé en ustedes o en el reino… Me comporté como una mocosa egoísta…

–No es su culpa… –dijo el Noveno –Usted también merece felicidad… Y solo se ha comportado como la adolescente que nunca tuvo oportunidad de ser… –la chica sonrió ligeramente antes ése comentario –Por cierto, el lugar no se desplomó… Sufrió unos daños pero sigue en pie.

–Lo sé… –dijo la Tercera –No lancé las bombas con suficiente fuerza para destruirlo del todo… No podía dejar a la Reina atrás de esa manera tan estúpida.

–Su Majestad! –dijo una voz entrando, la de la Séptima, quien cargaba a Armin –Sigue vivo, pero está algo herido y agotado…

Kiria tomó el cuerpo de su hermano y colocó la cabeza en su regazo moviendo los cabellos que le cubrían el rostro, al tiempo que suspiraba aliviada al ver que su hermano mayor aún respiraba y conservaba la temperatura de su cuerpo y los latidos de su corazón.

–Ya no tenemos nada que perder… La batalla ya se dio, ahora solo nos queda volver a casa… Los que tengamos fuerzas, usaremos a nuestros dioses para llegar, yo llevaré a Armin, alguien tiene que llevar el cuerpo del Octavo para que pueda tener un entierro digno de un héroe… Si usamos los monstruos, llegaremos en dos días.. No quiero tardar más de lo necesario, además mi hermana ya debe haber despertado de su sueño y estoy ansiosa por conversar con ella sobre todo lo que ha pasado durante estos años –dijo la chica al tiempo que ordenaba a su ángel que cargara a su hermano en la espalda y que a ella la tomara en brazos.

Cinco días después:

–Kiria! –despertó un chico agitado, sintiéndose confundido por el lugar donde se encontraba, cuando de repente sintió como unos brazos lo envolvían.

–Al fin despertaste, hermano! –escuchó la voz de su hermana menor, que sonaba renovada y contenta… No mucho, pero más que antes.

Se sentó en la cama para ver a sus tres hermanos mirándolo expectantes… Se sorprendió al ver a la joven de ojos azules y cabellos blancos mirarlo con ternura y acercarse a él con cuidado.

–Te recuerdo… –dijo ella con nostalgia, provocando que él la abrazara.

–Qué fue lo que me pasó? –preguntó él una vez que hubo abrazado a su hermanita.

–Quedaste inconsciente cuando alguien te derribó en plena batalla… –comentó Kiria –Los dos días de viaje que pasamos, los pasaste durmiendo… Estaba asustada…

–Pero… Ustedes dos… –trató de decir mirando a Kisara y a Kiria alternativamente.

–Jaja, después de todo somos hermanas… –contestó la oji-roja –Hemos hablado bastante desde que llegamos y se podría decir que avanzamos en la tarea de recuperar los trece años que estuvimos separadas… –terminó enganchando su brazo con el de su melliza.

–Me alegra que me aceptaran como parte de la familia… –dijo Kisara tímidamente sonriendo –Además de que creí que me había olvidado de todo esto hasta que volví… Después de los malos tratos que me daban allá, no pensé que tuviera un futuro en otro lugar… Por eso es que me encanta la idea de quedarnos juntos; como familia –terminó abrazando a sus hermanos con alegría y fuerza.

–Ahora, lo mejor será que descanses, Armin… –dijo Kiria –Te vas a reponer… Y más te vale, extraño tenerte a mi lado en el trono, por más que la compañía de Ikki sea muy buena.

Más tarde, en la habitación de Kiria:

–Podrías decirme otra vez el nombre y la apariencia del joven que te salvó? –preguntó la oji-roja cepillando con cuidado el cabello blanco de su melliza, como si en vez de ser su hermana fuera su madre

–Si la memoria no me falla… Su nombre era Seth… –recordó ella mientras veía en el espejo el brillo que el cepillo dejaba en su cabello –Tenía ojos azul oscuro, muy profundos y era castaño… Porqué lo preguntas?

–Seré directa, Kisara… –dijo ella dejando el cepillo en el tocador para hablarle de frente a su hermana –Los egipcios nos han hecho mucho daños… Ellos fueron los que mataron a nuestro padre… No me gusta juzgar a las personas en general, sé que no todos deben ser malvados en esas tierras, tú tuviste suerte de encontrar a una persona buena… Yo en cambio, lo único que he conseguido es salir lastimada, muy lastimada… Por eso no estuve contigo cuando despertaste, por eso Armin está lastimado… Estábamos en Egipto, quería vengarme contra la persona que me hizo sufrir tanto… –dijo Kiria con pesar, sorprendiendo a su hermana –Por eso tengo esto… –dijo tomando de un joyero el broche del milenio y mostrándoselo a la oji-azul –conseguirlo no era mi plan al principio, pero es muy probable que, si los cuidan con tanto esmero, tengan mucho poder y no podía permitir que lo usaran en nuestra contra… Hay otros siete, pero basta con el hecho de que sepan que yo tengo uno para que se abstengan a atacarnos… Yo tampoco lo usaré en su contra, si es que eso te tranquiliza… Lo que quiero… Es no lastimar a personas buenas… Entre las que yo conozco no hay tales personas… Pero gracias a ti sé al menos de una…

–No lo dañarás? –preguntó la peli-blanca esperanzada, a lo que su hermana negó con la cabeza.

–De no ser por él, probablemente no estarías aquí… Ambas le debemos mucho, no podría matarlo, no tengo un corazón tan frío a pesar de todo lo que ha pasado… –respondió la peli-negra provocando que su hermana la abrazara como agradecimiento.

–Pero, no entiendo… Qué fue lo que te paso hace poco con los egipcios? Es obvio que estés enojada por la vieja guerra, pero también me hablaron de una razón más reciente…

–Pues… Después de la muerte de mamá, yo estaba destrozada, pero tenía que mantenerme firme, ahora era una reina y tenía que mantener al pueblo… Cuando mi voluntad se quebró, salí a caminar por el castillo… En el jardín descubrí una entrada, llegué a Egipto, cerca de un oasis… Desde entonces, lo visitaba todos los días, ahí podía desahogarme, en ese momento ni Armin ni Ikki estaban conmigo, entonces tuve que valerme sola… Un día encontré con un joven en ese lugar… Fue muy amable conmigo, confié en él muy pronto… Todos los días iba a verlo al oasis –recordó ella al borde de las lágrimas –Me enamoré de él, creí que él también me amaba, pero resultó ser el Príncipe Atem… –esto sorprendió mucho a su hermana –Me sentí traicionada y me armé de valor para decírselo… Pero me llamó traidora, me enojé y mi parte oscura*** intentó destrozarlo… No me escuchó cuando traté de explicarle y prefirió dejarme morir…

–Vaya… Por qué nadie me lo dijo? –preguntó su melliza.

–Porque no es algo de lo que a ninguno le guste hablar… Ese día estaba más que dispuesta a matar, pero aparentemente no a morir… Ambos nos sentimos traicionados ese día, sé que no debí reaccionar de esa forma, pero no he podido controlarlo… Cuando él me llamó traidora yo… Me quebré…

–De verdad lo amabas… Cierto? –preguntó la oji-azul mirándola con tristeza.

–Para mí él fue… De las mejores cosas que me ha pasado en la vida… Pero parece que el destino está más que dispuesto a arrebatármelo todo… –se lamentó ella con la cabeza gacha –No podré volver a confiar en nadie como lo hacía antes…

En Egipto:

–Fue mentira… El palacio no colapsó… –dijo Aknamkanon caminando entre los escombros con cuidado, al tiempo que se acercaba en donde yacían los cuerpos de los portadores de los Artículos del Milenio –Pobre Akira… Apenas comenzaba a controlar el Broche del Milenio a su voluntad… Aunque pareciera que nunca lo iba a controlar a la perfección, no merecía morir de una forma tan cruel… –dijo mirando al cadáver de la muchacha que fue dueña del Broche del Milenio, al tiempo que los guardas se llevaban a los otros portadores a un lugar donde pudieran tratar sus heridas… –Le organizaremos un entierro digno pero rápido, ahora la Reina Kiria tiene uno de los Artículos del Milenio, si lo usa en nuestra contra, muchos podrían morir… Incluso podría llegar a ganar…

Tengo un título de traidora al que tengo que hacer honor… Esas fueron las palabras que usó… Es mi culpa… Ella cambió tanto por mi culpa… No creí en ella cuando tuve que hacerlo… Aunque, era factible que ninguno confiara en el otro, pero debí haber aclarado las cosas antes de llamarla traidora… –pensaba Atem mirando los pilares destrozados y todos los escombros que cayeron cuando la Tercera Capitana usó a su monstruo.

–En qué piensas tanto, hijo? –preguntó el Faraón sorprendiendo al joven a su lado –No me digas que es… –insinuó el hombre. Sus sospechas se confirmaron al ver que su hijo bajaba la cabeza –Basta… No puedes seguir pensando en ella, menos de esa forma… Mira todo lo que nos ha hecho! Y aun así la amas? –preguntó alzando los brazos señalando todo a su alrededor –Asesinó a una portadora, sin dudar y a sangre fría en frente tuyo… Y a pesar de todo eres incapaz de abrir los ojos y ver que, lo único que hay en su mente desde hace dos años es destrozar y matarte! Por más poderosos que seamos, ella tiene a diez personas excepcionales a su lado, además de sus hermanos… Y creo que te diste cuenta de que no tiene ni la más mínima intención de morir…

–Ella es así por mi culpa… –interrumpió Atem con algo de ira –La llamé traidora por el dolor que sentí cuando ella me llamó de esa forma… No le expliqué nada y, a pesar de que debería poder hacerlo, no puedo imaginarme pidiéndole explicaciones… Siento que yo tenía el deber de dárselas… La amo, padre… A pesar de todo lo que ha hecho, sigue siendo la única para mí.

–No creo que volvamos a saber de ella en mucho tiempo… –dijo Aknamkanon –Tiene un reino del cual encargarse y, en comparación a sus soldados, se nota que no ha completado su entrenamiento… Si vuelve a venir una vez que lo haya completado, tal vez haya olvidado todo o, con suerte, tendremos una muerte rápida y casi indolora… Acéptalo Atem… Parece que nada es peor que la furia de una mujer con el corazón roto… Y tú encontraste a una bastante peligrosa…


Yo: hola de nuevo! En otra de mis historias, etiquete a uno de los capítulos como "El más largo que había escrito" Pero éste lo mandó a la mierda XD. En fin, eso es todo por ahora, espero que les haya gustado, intentaré continuar en cuanto pueda, pero no prometeré nada… Vamos a las aclaraciones y luego a los reviews:

Aclaraciones: *: Algo así como la criatura de la segunda prueba en "El Laberinto del Fauno

**: Con "El Par de Dragones y El Par de Ángeles", Kiria se refiere a ella y a sus hermanos. Ella controla al Ángel de Alas Negras, Ikki al Ángel Destructor, Kisara al Dragón Blanco de Ojos Azules y Armin al Dragón Negro de Ojos Rojos.

***: Me nació de la nada XD. La creencia de los atlantianos, habla de que hasta en la más pura luz hay oscuridad, por lo tanto todos tienen una parte oscura, que con entrenamiento logran controlar fácilmente. Kiria tenía tan solo catorce años durante la primera batalla, le faltaba mucho entrenamiento, pero con el deseo de vengarse de Atem, avanzó mucho con su entrenamiento en dos años y aprendió a controlar su parte oscura a la perfección.

Reviews:

RejiaZ: gracias por el cumplido n.n, pero cada quién tiene sus gustos, me gustaría que más gente lo leyera, pero no se puede obligar a la gente, me alegra tener a alguien que aprecia lo que hago! En fin, probablemente quieras ahorcarme al ver como termina este capítulo... Pero me arriesgaré XD.

Eso es todo por ahora, nos leemos después!