Aquí estoy nuevamente, antes que nada pedir disculpas por los errores ortográficos de capitulo anterior... gracias también por hacérmelos ver, personalmente me molestan, y por ello los corregí, intentare que no se vuelvan a repetir. gracias por leer...


Como ya saben los personajes no me pertenecen... pero la historia si.


Capítulo VII.

Encuentro.

Esa noche Bella se escabullo sigilosamente por el barracón, su corazón le palpitaba velozmente, amenazándola a cada segundo con salírsele del pecho, temblaba de miedo, sus sentidos estaban al cien por ciento.

A la salida estaba Esme esperándola oculta en las sombras de las noches, cuando la vio la tomo de la mano y se apresuro a guiarla por el sendero que ella conocía. Bella conocía el pan principal, que consistía básicamente en llegar a la enfermería y prestar ayuda médica a las presas, desconocía la naturaleza de esta, pero eso no importaba, se había comprometido a colaborar con los planes de la mujer mayor, para que esta a la vez la ayudara a ella a ver a Alice.

Cuando llegaron el lugar estaba obscuro, pero Esme tenía copia de las llaves, dentro estaba Carlisle esperándola, entraron a una pequeña sala que esa noche les serviría de consulta, pero que de día eran las dependencias de la administración del recinto hospitalario.

No fue hasta que llegaron las primeras dos mujeres, que Isabella, fue informada del papel que ella jugaría esa noche, que no era otro que el servir de guardia y de turnarse con Esme para ayudar a Carlisle en la pequeña sala que acondicionaron precariamente para el fin planeado.

La primera guardia le toco a ella, y comenzó cuando la primera mujer llego. Era una chica desgarbada, que no tendría más de 20 años, la miro por un segundo, para bajar la vista al entrar rápidamente donde la esperan los dos hombres mayores, después siguieron algunos murmullos, Bella estaba con sus sentidos alertas, vigilando. No sabía que estaba sucediendo en la pequeña sala y cuando la mujer salió, siendo afirmada por Esme, quien la guio, hasta que dejaron la enfermería, ella ayudo a Carlisle a limpiar el lugar, apenas habían terminado con la limpieza, cuando la mujer volvió con otra chica. Esta vez seria Bella quien ayudaría a Carlisle y Esme vigilaría, fue en ese momento que comprendió la real magnitud del plan, en el que ella estaba participando.

Su primera reacción fue de incredulidad, en una situación normal ella jamás se prestaría para algo como aquello. Tener que sujetar a una mujer en una cama mientras esta se retorcía de dolor, cuando Carlisle extraía de sus entrañas, lo que en otro momento debió ser una razón de felicidad, era lo peor que había hecho en su vida. Era participe de un asesinato, ayudaba a ese hombre a matar a un ser que no podía defenderse.

Carlisle y Esme le explicaron cuando hubieron terminado esa noche, que esa era la única manera de salvar a la mujer, el aborto era necesario para que la madre tuviese una oportunidad de vivir, de lo contrario ambos, la madre y el bebe morían, el campo no era un lugar propicio para que nacieran niños y si Aro se enteraba el futuro que le esperaba era más horrible aun que la vida que ya llevan. Tuvo que suprimir sus creencias y principios. Ellos tenían razón, y si la madre estaba de acuerdo, ayudaría a que se hiciera en las mejores condiciones. Aunque ella prefiriese morir si estaba en una situación similar.

A la mañana siguiente tenia sueño y estaba cansada, dormirse no había sido fácil y cuando por fin lo había logrado, había tenido que levantarse.

Cuando llego a la oficina Edward no estaba, suponía debía estar en algún lugar del campo supervisando a los trabajadores, hacia un tiempo que ella ya no lo acompañaba en esas labores, se dirigió a su escritorio y encontró unas cuantas carpetas y un pan con el jamón mas delicioso que recordase haber comido, sonrío instintivamente, sabía perfectamente quien lo había dejado, se lo comió con ansias y guardo la mitad, alguien en la enfermería lo necesitaría más que ella.

Casi a media mañana Edward aun no regresaba, por ello cuando se abrió la puerta ella había dirigido su mirada alegremente a la puerta, pero no era Edward el que entro, era un hombre casi tan corpulento con él, pero este tenía unos ojos de un fuerte color azul y una mueca dura plasmada en el rostro, cuando la vio sonrío de una manera tan espeluznante que una corriente recorrió la espalda de la chica, poniéndola en alerta, conocía esa sensación, era miedo puro, se sintió insignificante, el hombre la recorrió con la mirada y cuando hubo terminado con el escrutinio que le realizo, le ordeno, que se levantara y fuera hasta donde él se encontraba.

Algo dentro de la chica, se activo, algunos lo llamarían sexto sentido, quería salir corriendo, no le gustaba como la miraba, se levanto lentamente de su asiento, sopeso sus posibilidades el estaba, obstaculizándole la salida, no podía huir, camino lentamente hasta quedar de pie frente a él, como le había ordenado, bajo la vista, estaba temblando, él la observo y seguidamente le pregunto;

- ¿Edward no está?

- No señor.

- Qué suerte tengo entonces – le respondió- cuando esta mañana se presento la necesidad de venir acá, no estaba en mis planes encontrarme con alguien tan…. Como decirlo… tan apetecible- le dijo tomándola de de la cintura, y olisqueando el cuello de la muchacha, quien se congelo en el lugar- Mmm… hueles bien,

Isabella intento soltarse de su agarre, pero el hombre la sujeto con más fuerza a su cuerpo, su respiración se acelero, sabía que no tenía muchas posibilidades, resistirse no era la más inteligente.

- No te resistas o será peor para ti – le dijo mientras introducía su lengua en la boca de la chica. Bella no previo la intrusión y por mero instinto lo mordió. El hombre la soltó, llevándose la mano al labio, donde una tenue línea de sangre se deja ver. Una fuerte cachetada mando a la chica al suelo. – nunca más vuelvas a hacer eso maldita perra judía- fue la respuesta verbal del hombre, acompañada de dos patadas en las costillas, que la dejaron sin aire por lo que pareció una eternidad, la tomo del pelo y la obligo a ponerse de pie, empujándola violentamente contra la pared. - A mi nadie se me dice que no, ¿entiendes?

Las manos del hombre recorrieron el cuerpo de la mujer, deteniéndose en sus senos, para apretarlos con fuerza, mordiéndola en la parte de atrás del cuello. Ella solo atino a llorar, mientras se mordía el labio, intentando a silenciar los gritos y suplicas que amenazaban a cada segundo con salir de sus labios, sabía que nadie la ayudaría y por el contrario solo lograrían que él hombre que la estaba ultrajando se enojara más.

- No tienes derecho a decir nada, ¿entiendes?, eso quiere decir que si yo quiero follarte, tu solo tienes que abrir las piernas y recibirme… - una mano se metió bajo su ropa y la otra se mantuvo en sus senos alternándose para apretárselos, hasta que jadeos de dolor emanaron de la chica. – ¿ves como te gusta? Podría apostar que lo estas desenado tanto como yo. Podría apostar que estas lista para mí. – guio su mano por el borde de su pantalón, donde un precaria cuerda de tela, era la única resistencia hasta su intimidad, sus pantalones cedieron rápidamente cayendo al suelo. La mano del hombre se poso en su zona más intima y la comenzó a masajear, hasta que un dedo se introdujo en ella.

Isabella no era estúpida, sabía que era el sexo, su abuela materna tuvo la anhelada charla con ella cuando viajo a Inglaterra al cumplir los 16 años, le había dicho que una mujer debía tener cierta información, así era menos probable que un hombre se aprovechara de su estupidez, después que la vergüenza inicial, se atrevió a realizarle preguntas, siempre había tenido curiosidad por ese tema, su abuela respondió sus dudas, le dijo que era algo que debía guardar para quien fuese su esposo, nadie más podía acceder a ella de esa forma, que podía doler si el hombre con el que se casaba era brusco o poco delicado, pero que también podía ser algo muy placentero. El recuerdo de los consejos para la noche de bodas que le había dado su abuela, hicieron que sus lagrimas se intensificaran, el consejo de Ángela se vino a su mente "Cierra los ojos e imagina que estas en otro lugar".

El hombre tenía la respiración agitada, le respiraba en entre cortadamente en el cuello, lamiéndola de vez en cuando y susurrándole lo excitado que estaba, seguía con sus dedos el vaivén dentro de ella, era incomodo y doloroso. Y por más que intentara trasladarse a otro lugar, no podía estaba anclada a esa oficina.

Su corazón estaba desbocado, su rostro empapado de lagrimas, sus dientes fuertemente apretados contra su labio inferior hasta el punto de hacerlo sangrar, lloraba por su mala suerte, por su padre, por abuela, por Alice, por ella y por lo que nunca seria, ya no habría una noche de bodas, en que vestiría la camisa bordada por las mujeres de us familia y donde ella sería un mar de nervios esperando la consumación del vinculo matrimonial, porque deseaba vivir ese momento, quería saber qué era eso, que sucedía en la alcoba de los esposos y que provoca que las mujeres se sonrojaran cuando ella preguntaba por sus experiencias, ahora ya sabía cómo era y no le gustaba, era algo sucio, doloroso y repugnante, solo recordaría la lengua del hombre recorriéndole el cuello, mordiéndola, sus manos apretándola sin contemplaciones, sus dedos introduciéndose en su interior de forma brusca.

- Ahora me toca a mí – le dijo mientras se desajustaba el cinturón y se baja los pantalones, con las rodillas intentaba separarle las piernas. Bella estaba rígida, con sus manos sujetándola a la pared, ni aunque quisiera podría colaborar, quizás finalmente había logrado trasladar su mente a un lugar mejor. Ángela tenía razón. Solo esperaba que fuera rápido.

Un ruido la saco de su nirvana personal y la trajo bruscamente a la realidad, las manos del hombre ya no la sujetaban. Se giro y miro a su alrededor buscándolo, quería huir lo más lejos que sus piernas le permitiesen. Lo localizo Edward lo sujetaba del cuello, aun tenía los pantalones abajo y su miembro erecto.

- Sabes que en este maldito lugar no hay reglas… - le decía calmadamente el hombre a Edward - por lo que sí quiero cogerme a una judía lo hago… - tomo las manos que le sujetan y las soltó de su cuello – aunque entendería que la judía fuese tuya… - comenzó a subirse los pantalones. - es bastante apetecible… - le dijo mirando a bella, quien se subió los pantalones rápidamente ajustándolos con la cuerda, para terminar abrazándose a sí misma. – está bastante bien para estar en este lugar… y yo no tengo problemas en compartirla… - Edward lo miro fríamente. – bueno supongo que tú no quieres… y también lo entiendo….no me gustaría tener problemas contigo… y no creo que tú los quieras tener conmigo – tomo sus pantalones y los ajusto – bueno ahora me voy, tengo más cosas que hacer. – camino hacia la puerta - ya sabes Edward cuando te canses de ella yo estaré esperando. – se giro hacia bella y le dijo- tuviste suerte, pero soy paciente y sé que no los volveremos a ver. – con esa promesa, la que personalmente se juro cumplir, finalmente salió de la oficina.

Edward estaba fuera si, hubiese matado al imbécil y fue algo que no solo pensó, sino que estuvo a punto de hacer, pero es que cuando había regresado del la fábrica de caucho, para encontrar a James sobre su judía, la cordura que tenia se escapo y sus instintos más básicos habían tomado el control, tenía que proteger a la chica, solo eso tenía en mente.

Cuando James salió de su oficina, intento calmarse para no ir detrás de él y dispararle en la cabeza, era eso lo que se merecía. Cuando por fin logro serenarse dirigió su mirada a Bella, esta temblaba y no se había movido del lugar en que se encontraba, la sangre corrió por su boca, se preocupo.

Bella aun lloraba silenciosamente, no podía dejar de hacerlo, Edward caminado hasta ella y le pregunto como estaba, la chica se aferro a él y solo entonces su llanto se volvió sonoro, él le devolvió el abrazo y solo atino acariciarle la espalda, buscando reconfortarla.

- Gracias. – le dijo después de que se hubo calmado. El la siguió abrazando, ella lo calmaba, le gustaba la sensación de tenerla en sus brazos, se sentía bien.


Que les pareció...