Hola! He vuelto bitches! Bueno, primero que nada creo que debería disculparme por todo el tiempo que estuve ausente. Por si no lo han visto hay una nota en mi perfil que explica el por qué he estado ausente casi por un año. Esta nota la puse hace aproximadamente once meses y permanecerá en mi perfil los próximos dos días… Espero me disculpen y sigan disfrutando de este fanfic!

Celos y Planes

–Kisara… Estás segura de esto? –preguntó Kiria preocupada –Sabes que no somos bienvenidas allá…

–Lo sé… Pero quiero agradecerle por salvarme, nunca lo volví a ver pero con tu ayuda puedo buscarlo… Después de todo ya no tengo planeado volver más que para eso… –contestó su hermana. Había decidido que el chico que la salvó cuando era más joven se merecía un agradecimiento de verdad y con el poder que su hermana había adquirido en un año y medio con el Broche del Milenio, que le permitía sentir la presencia de una persona en específico, podría encontrarlo…

–Está bien… Pero nos iremos de inmediato si algo sale mal… –dijo nerviosa, apenas habían podido escapar de sus hermanos mayores.

Ambas se adentraron en terrenos de Egipto… Pero no sabían que algunos ciudadanos las habían visto y que estaban más que dispuestos a avisar a su Faraón pues pensaban que querían atacarlos… Uno de los aldeanos envió un ave inmediatamente con el recado para el Faraón, se asegurarían de que eliminara a esas dos atlantianas…

El día avanzó normalmente, el Faraón había enviado inmediatamente varias tropas a apresar a las jóvenes del otro reino… Cuando llego el medio día, las mellizas se estaban acercando peligrosamente al palacio, ambas mantenían la guardia, Kiria no quería ir por allá pero era en donde sus poderes le indicaban que debía ir… Se mantuvo cerca de su hermana vigilando por todos lados mientras caminaban por los techos de las casas para evitar ser vistas… Cuando lo notó ya era demasiado tarde… Las personas se estaban moviendo muy rápido en una sola dirección, lejos del palacio… De un pronto a otro las calles de la zona estaban desiertas y ambas hermanas estaban más que desconcertadas… Esto no podía significar nada bueno… Decidieron bajar de los tejados para que Kiria concentrara sus poderes en la zona…

Se agachó colocando sus manos en el suelo… Cuando sintió un ejército acercándose a ellas rápida y sigilosamente… Volteó a ver a su hermana con una cara de preocupación, estaban cada vez más cerca… Tuvo que reaccionar antes de que llegaron, invocó a su Ángel de Alas Negras en un tamaño humano e hizo que tomara a Kisara por los brazos para que pudiera escapar, le lanzó el Broche del Milenio al darse cuenta de que no era buena idea que ella lo tuviera estaban en ese lugar…

–Kiria! –gritaba su hermana esta le hizo una señal de que hiciera silencio y se calmara pero de la nada un soldado la tomó colocando sus manos en su espalda y empujándola de cara contra el suelo provocando un gruñido de dolor por parte de la peli-negra.

–Vaya… Miren a quién tenemos aquí… –dijo un hombre de unos cuarenta años, debía ser el líder de esos soldados –La Reina del Nuevo Atlantis… Preparando otro ataque, supongo… –Kiria se hubiera liberado de no ser porque había forzado su energía en el entrenamiento y la invocación del Ángel de Alas Negras consumía bastante… –Sabes? Tú mataste a mi hijo en tu ataque hace casi dos años… Ahora es mi momento para vengarme… –dijo alzando su espada.

–Alto! –se escuchó la voz de un tercero. Un joven morenos de ojos azules muy profundos y cabello café.

–Sacerdote Seth… –dijo el hombre abriendo paso al joven –No creo que haga falta explicarle qué hizo esta mujer para merecer la muerte. –dijo señalando a la joven en el suelo quien trataba con todas sus fuerzas de dirigir su vista hacia arriba para averiguar la identidad de esa persona.

–Lo sé… Pero también sé que es necesario llevarla ante el Faraón… No considero prudente tomar una decisión sin su consentimiento –dijo Seth tomando a la chica por los brazos manteniéndolos en la espalada y haciendo presión provocando que no pudiera moverse.

Comenzó a caminar aun sosteniéndola. Ella comenzó a pelear intentando liberarse cuando vio a su hermana en el tejado de una casa, vio que veía fijamente a su captor… Así que era él… Le hizo una señal con la cabeza para que no fuera con ella y se volviera al su reino. Dejó de luchar para que los soldados se fueran rápido del lugar y que su hermana pudiera escapar sin llamar la atención de nadie…

Seth sentía algo extraño con respecto a la chica… Sabía muy bien quién era ella y que hubiera podido asesinarlo hace año y medio si lo hubiera querido. También sabía que el Faraón de seguro la mandaría a ejecutar y que fue un desperdicio detener al soldado cuando quiso matarla… Pero su rostro se le hacía conocido y no como la chica que vio hace un año y medio destruyendo todo a su paso, si no como alguien a quien conocía desde hace tiempo, alguien a quien quería volver a ver, pero no recordaba de quién se trataba… Tal vez podría conseguir que el Faraón la dejara como prisionera o que al menos retrasara su ejecución para poder intercambiar palabras con ella y descubrir la razón del porqué su rostro se le hacía tan conocido. Al llegar al palacio, los guardas abrieron la puerta para él mientras miraban con desprecio y sorpresa a Kiria, a ninguno le importó y el continuó guiándola inmediatamente a la sala del trono. Hizo una pequeña reverencia en la entrada bajo las miradas sorprendidas de todos los presentes.

–Faraón, encontré a nada más y nada menos que la reina Kiria rondando por las cercanías del palacio… –dijo empujando a la chica ligeramente hacia adelante pero sin soltarla, esta mantenía la mirada en el suelo y sus cabellos habían comenzado a alborotarse poco a poco.

–Preparando un ataque, supongo… –dijo Aknamkanon mirando de reojo a su hijo quien era incapaz de articular palabra.

–Yo no… –comenzó a decir la chica con voz débil, era pleno día, era más calor del que su cuerpo podía soportar, además no había desecho la invocación del Ángel de Alas Negras para que su hermana pudiera escapar y Kiria no era una persona muy sana últimamente –No vine para atacar… Tengo otros asuntos que atender… –no era de extrañar que nadie creyera en ella.

–Cómo puedes demostrar eso? –gritó Aknadin señalándola de manera acusadora –Ya nos has traicionado y mentido en el pasado, qué nos garantiza que no lo estás haciendo ahora?

–Si yo hubiera planeado atacar… N-no habría venido sola y habría venido de noche… –intentó decir manteniéndose fuerte pero se sentía cada vez más adormilada y Seth podía sentir a la perfección como parecía estar a punto de desvanecerse en sus brazos; claro que los demás pensaron que era solo una actuación.

–Creo que sabes mejor que nadie que soy incapaz de creer ni una sola de tus palabras… –dijo Akanamkanon –Y creo que también sabes que lo único que te espera en este momento es la muerte… –sintió como su hijo se tensaba a su lado pero se calmó cuando no vio en él ningún ademán de intervenir en la situación –Serás ejecutada en una hora, ni un minuto más.

–Faraón, le pido que no se precipite en su decisión –dijo Seth con semblante serio sorprendiendo a todos los presentes, aún más a Kiria. –Sé que ella merece la muerte, es más, incluso sé que ella fue quien hizo que mis huesos se rompieran en la última batalla… No digo que no tenga razón en su decisión, ejecutarla es la mejor opción, solo digo que le dé más tiempo antes de ejecutarla… –el Faraón miró pensativo a Seth y a Kiria de manera alternativa intentando averiguar los motivos por los que el sacerdote hiciera tal petición… Lo habría engatusado como hizo con Atem? Bueno, si la dejaba vivir al menos un día tendría la oportunidad para averiguarlo.

–Has de tener tus razones… Está bien, será ejecutada mañana a esta misma hora… Pero, tú te harás cargo de su encierro hasta entonces… Quedó claro? –dijo sorprendiendo mucho más a los presentes, excepto a Aknadin quien había adquirido una mirada calculadora al ver tal escena…

En cuanto Seth se llevó a la joven, la mente de Aknadin comenzó a maquinar… Claramente la chica tenía una mirada llena de debilidad y cansancio en ese momento pero también se notaba el odio y rencor hacia Atem en su interior…

Tal vez esto no sea malo… –comenzó a pensar –Si ella odia al mocoso y a su padre tanto como yo, podría utilizarla y poner a Seth en el trono… Finalmente hijo, tendrás el lugar que te mereces… Aún mejor, los atlantianos son un pueblo fuerte… Ya que mi hijo parece estar mostrando interés en esa chiquilla no sería mala idea que ella se convirtiera en la reina de Egipto al lado de Seth… Y no solo eso, la descendencia de ellos dos sería prácticamente perfecta. Si quiero lograr todos mis objetivos a la perfección, necesito que ellos dos se casen…

En las celdas:

–No importa que… intentaste al retrasar mi ejecución… –dijo Kiria aún sonando cansada –Aquí no duraré más de dos horas… –dijo mirando las celdas en donde había mucho más calor que en los pisos superiores y Seth le interrogó con la mirada –El Nuevo Atlantis es… un lugar mucho más frío… Mi cuerpo no… no va a resistir mucho más… –dijo sintiendo extrañamente el estar al borde del llanto… La muerte no la asustaba tanto, pero sí la asustaba agonizar hasta la muerte y eso era exactamente lo que estaba pasando justamente en ese momento…

Seth se acercó a ella, la tomó por el mentón y la obligó a mirarlo a los ojos para asegurarse de que no estaba mintiendo. De nuevo la sensación de haberla visto antes llenó sus sentidos provocando un cariño extraño por la chica pero esto se detuvo cuando se dio cuenta de que su piel estaba demasiado caliente para un egipcio y que, para los estándares atlantianos, estaba en peligro de muerte. Inmediatamente la cargó hasta su propia habitación, en la planta más alta del palacio y en el camino le pidió a un sirviente agua fresca y trozos de tela, al llegar la depositó en la cama y se dedicó a esperar a que el sirviente llegara. Cuando tuvo el agua, inmediatamente remojó la tela y la colocó en la frente de la chica.

–Por qué haces esto? –preguntó ella con voz suave aun estando muy confundida ante la actitud de Seth.

–Tengo varias preguntas que hacerte… –dijo tomándose la confianza de tutearla. Ambos estaban surrando sin darse cuenta.

–Antes de que preguntes… Quisiera decirte algo… –dijo la oji-roja a lo que él asintió confundido –Gracias… –el castaño se confundió aún más, al ver esto, Kiria se vio en la necesidad de aclarar sus dudas –Tú… salvaste a mi hermana hace algunos años… De no ser por ti, ella no estaría en casa… Gracias… –los recuerdos vinieron a la mente de Seth tan rápido como rayos… Por eso era que el rostro de Kiria se le hacía tan conocido. Inmediatamente recordó a una joven de cabellos blancos y ojos azules que poseía las mismas facciones que Kiria.

–La recuerdo… Recuerdo a tu hermana…

–Ella no te ha olvidado… Ella quería agradecerte en persona, por eso estábamos aquí… Pero nos atacaron y yo hice que escapara… Al menos pude entregar su mensaje… –dijo la chica para repentinamente tomar la mano de Seth con suavidad en un extraño gesto de cariño –Te la debo… Le prometí que no te haría daño si decidía volver a atacar…

–Por qué te portas de esta forma conmigo? –preguntó el oji-azul –No tenías pensado destruir Egipto?

–Pues sí… Yo solo quería vengarme de Atem por haber roto mi corazón… Qué estupidez! Ahora que comienzo a pensar… Me doy cuenta de que no debo herir a las buenas personas solo porque hay personas malas… Ya no me interesa mi venganza… Por culpa de ella casi pierdo a mi hermano mayor… Mi hermana, Kisara… estaba conmigo hace poco tiempo… pero preferí que se fuera, no quise arriesgarme a la que capturaran… –dijo cambiando de tema repentinamente –Ella quería… pedirte perdón… Dice que fue ella la que… ocasionó la destrucción de tu pueblo.

Seth no encontraba palabras para hablarle a la joven que estaba casi agonizando frente a él. No debía siquiera haberla salvado pero ahí estaba hablando y cuidando de ella por la simple curiosidad que sintió cuando miró su rostro pero ahora que tenía la respuesta su duda, podía matarla sin más… Sin embargo, recordó que no todo estaba resuelto.

–Dónde está el Broche del Milenio? –preguntó Seth acorralando simbólicamente a Kiria que no tenía ni la menor idea sobre cómo responder a esa pregunta.

–Yo… No lo tengo conmigo… –decidió decir al menos un poco de verdad –No me sirve de nada… No sé controlarlo… –eso sí fue una mentira –No lo regresaré… Si es lo que estás pensando… –dijo aún con la voz cansada y sintiéndose débil.

–Ése Artículo le pertenece a nuestro reino… –dijo Seth cambiando de actitud de forma repentina.

–No lo hago por querer arrebatarles lo que es suyo… –aclaró ella con fuerza sintiéndose mareada al instante –Lo hago… Para proteger a mí reino… No lo puedo controlar pero sé que guarda un gran poder… No quiero saber qué es lo que… sucedería si utilizan los… ocho contra mi reino… Creo que ésa debería ser mi única preocupación… –dijo la peli-negra intentando relajarse –Solo quiero que mi familia y mi pueblo… estén a salvo…

Seth no podía creerlo, la chica a la que hace unos meses había visto como una asesina dispuesta a todo para conseguir lo que quería, era una persona compasiva que solo quería proteger a sus seres queridos… Y además, había ido hasta allí solo para darle las gracias por haber salvado a su hermana hace varios años… Ella no era como todos los demás la hacían ver…

En el salón del trono:

–Dime, qué fue lo que viste? –dijo el Faraón a uno de sus sirvientes, al que había enviado a espiar al sacerdote Seth y a la prisionera Kiria.

–Padre! –se quejó Atem estando más que disconforme con las acciones que había tomado su padre.

–Lo siento Atem pero debo saber qué es lo que hace a esa mujer tan especial… Porqué es que nadie es capaz de negarle nada? –preguntó el hombre en voz alta –Nunca descarté la opción de que ella te sedujo para atacar al reino… Qué nos dice que no está haciendo lo mismo con Seth en éste momento? –terminó haciendo una señal al sirviente para que continuara.

–No pude escuchar bien lo que decían, hablaban muy bajo… Pero, cuando el Sacerdote Seth la llevó a las celdas, ella le dijo algo y él inmediatamente se la llevó a sus aposentos… Ahí remojó un trozo de tela y lo colocó en la frente de la Reina Kiria. Después intercambiaron algunas palabras y… –el sirviente se detuvo por un segundo pensando en si debía continuar o no, pero las mirada del Faraón y del Príncipe le dijeron que sí –Se tomaron de las manos… Siguieron hablando pero no se soltaron en ningún momento…

Atem se sintió peor que nunca… Eso quería decir que Kiria sí lo había engañado desde el principio? No, no debía pensar así… Eso fue lo que provocó todo lo que estaba pasando en ese momento… Pero, qué significaba el hecho de que el Sacerdote Seth se portara tan amable con ella? y por qué demonios se tendrían que estar tomando de las manos? Eso, lejos de estarse volviendo sospechas, se estaba convirtiendo en celos… Horribles y espantosos celos…

Seth volvió tiempo después a la sala del trono con su mismo semblante serio de siempre, los presentes lo miraban atentamente como si esperaran una explicación, la cual nunca llegó pues él ignoró por completo las miradas y algunos murmullos que se presentaron en la sala. Hasta que el Faraón decidió hablar.

–Sacerdote Seth, no pienso hacer que cambies de opinión, pero me gustaría saber, porqué crees que es mejor posponer su ejecución a mañana? –preguntó. Los demás portadores de los Artículos del Milenio lo miraron de reojo esperando atentamente su respuesta. Atem se sorprendió cuando Seth lo miró a él de una forma extraña por tan solo un segundo.

–No hay ninguna razón en especial, mi Faraón –contestó confundiendo más a los presentes –Solo quería averiguar algo… –terminó susurrando.

Varios sirvientes pasaban por la habitación de Seth movidos por la curiosidad de ver a la joven atlantiana e intentar captar algún chisme o historia interesante. Pero de lejos se podía ver que la oji-roja tenía toda su ropa perfectamente acomodada y que no había ningún olor a actividades sexuales en la habitación, aunque ninguno se atrevía a entrar ya que cabía la posibilidad de la chica tuviera un sueño ligero y pudiera despertar en cualquier momento con solo que pusieran un pie dentro, algunos apenas se atrevían a mover la cortina que separaba la habitación del pasillo para ver dentro de ella y los que lo hacían solo alcanzaban a ver a la chica dormida en la cama con el trozo de tela en su frente y el agua justo al lado. No parecía que hubieran hecho… "algo", por lo que nadie obtuvo el chisme que estaba buscando pero el hecho de que el Sacerdote Seth hubiera salvado temporalmente a la Reina Kiria Atlantis daba mucho de qué hablar. Claro que muchos no se resistieron a crear falsos rumores sobre la relación de Seth y Kiria y se dedicaron a decir por todo el palacio que ella y el Sacerdote se habían acostado…

Normalmente, el Faraón, el Príncipe y los portadores de los Artículos del Milenio no acostumbraban a escuchar los rumores de sus sirvientes ni muchas de las historias que rondaban por el palacio, pero para Atem escuchar esas cosas sobre Kiria… Fue demasiado, tenía que averiguar por qué Seth la había salvado, sabía que lo que iba a hacer no era correcto y que ella ya no debía importarle pero simplemente no podía fingir que no se sentía incómodo con respecto a esa situación. Así que decidió no pensar más las cosas y se dirigió de inmediato a la habitación de Seth.

En el Nuevo Atlantis:

–Armin, Ikki! –entró Kisara agitada a la habitación con sus hermanos había tenido que correr una hora, pues la invocación de su hermana se había desecho hace poco tiempo. Sus hermanos la miraron expectantes –Yo… Le pedí a Kiria que me hiciera un favor y… N-no salió tan bien como esperábamos… Fuimos a Egipto y… La capturaron… –dijo con miedo a lo que sus hermanos pudieran pensar de ella.

–Qué? –ambos se levantaron por la sorpresa y la preocupación.

–Se la llevaron al palacio… Ella… ella me salvó y me ayudó a escapar antes de que me vieran… –dijo agachando la cabeza con vergüenza.

–Vámonos, no hay que perder tiempo –dijo Ikki tomando del brazo a su hermana y caminando con ella hasta la salida, Armin ya se les había adelantado.

–No están enojados?

–No, sabemos que no era tu intención… Fue peligroso, pero ella se dejó atrapar, si hubiera querido hubiera escapado contigo… Sé que Armin solo quiere salvarla, después de todo siempre ha sido como su guardián pero… Yo necesitó saber por qué se dejó atrapar… –dijo en un susurro sabiendo los poderes que había adquirido su hermanita… Y tenía razón, habían varias razones por las que ella se dejaría atrapar: podría simplemente cumplirle el favor a Kisara, podría continuar deseando su propia muerte o… Quería ver a Atem…

Ikki frunció el ceño al pensar en eso, no podía creer que su hermana siguiera pensando en Atem de esa forma… Lo hacía enojar y mucho, él no la merecía, ya la había lastimado y ella debería dejarlo atrás, después de todo eran muy jóvenes cuando se conocieron, porqué le seguía importando tanto? Se le hacía muy difícil comprender a su hermana pues, conforme iba creciendo, en lugar de olvidar a Atem parecía pensar aún más en él…

Los tres hermanos salieron de inmediato a Egipto, sin dar avisos ni nada… Querían recuperar a su hermana lo antes posible y no había tiempo para nada más.

En Egipto:

Atem se topó de frente con la habitación de Seth, su visión hacia el interior de esta era bloqueada por la cortina color carmesí. Con cuidado de no hacer ruido, entró en la habitación de manera rápida y silenciosa al mismo tiempo. Sintiéndose algo desconcertado al principio, buscó con la mirada a la joven encontrándola sobre la cama. Llevaba la típica ropa atlantiana, un top con mangas largas de color rojo, y unos pantalones que le llegaban diez dedos sobre la rodilla, además de una falda que solo cubría la parte de delante de color rojo y con adornos negros y dorados. Su ropa se veía algo destrozada por el trato que había tenido el soldado que la encontró pero ella, a sus ojos, seguía luciendo hermosa, en especial con la diadema atlantiana que portaba en su cabeza.

Se acercó a ella con lentitud para no despertarla, intentó ver más su rostro pero ella se comenzó a remover incómoda en la cama, estaba despertando y no estaba acostumbrada a esa cama ni a ese lugar… Decidió salir rápido de la habitación de que despertara por completo.

Con Seth:

No sabía por qué el repentino sentimiento hacia el Príncipe Atem lo asaltó de la nada… Pero dentro de él sentía que Kiria era tan dulce como lo fue Kisara cuando la rescató pero que por culpa del futuro Faraón ella se había convertido en una persona sedienta de venganza. Era extraño, estaba pensando que en realidad ella no debía estar allí como prisionera…

Con Aknadin:

Ahora, todo sería más sencillo… Su hermano se había retirado hace poco, quería hablar con su hijo sobre lo que estaba pasando y ese era el momento perfecto para trazar su plan… Primero que nada, Seth y la atlantiana solo necesitaban un pequeño empujón, de eso se encargaría luego… En cambio, el mayor obstáculo era Aknamkanon que seguramente iba a impedir que una boda se diera entre uno de sus sacerdotes y la reina traidora… El plan sería el mismo que tuvo antes de que naciera Atem, su primer movimiento sería asesinar al Faraón… Un momento…

Asesinaría a Aknamkanon esta misma noche… Arreglaría todo a la perfección para que se viera como si hubiera sido Kiria quien lo había matado… Se suponía que el mocoso debía ascender al trono en ese momento pero sabía que no se atrevería a matar a Kiria… Cuando ella estuviera prisionera y a entera disposición de las personas en el palacio, haría que Seth la tomara como esposa… Probablemente luego de eso sea ella quien se encargue de quitar a Atem del camino… Y al fin, su hijo tendría el puesto que merecía…

Con Kiria:

Despertó al sentir la mirada del alguien sobre ella pero al levantarse no vio nada… Se sintió mareada y débil al instante provocando que se tambaleara un poco y se apoyara en la cama. Al mirar bien el entorno que la rodeaba, se sintió desconcertada, aún estaba medio adormilada por lo que no podía ubicarse del todo. Sintió como alguien entraba a la habitación y la hacía recostarse de nuevo.

–No deberías hacer movimientos bruscos –dijo Seth manteniéndola recostada –Aún estás débil, si te esfuerzas, terminarás muerta antes de lo esperado…

–Cuál es el objetivo de todo esto si de todas formas voy a morir? –preguntó intentando zafarse y usar como escudo su típica actitud hostil. Si bien él había salvado a su hermana, ellas dos eran completamente distintas en lo que a personalidad se refería, no podía darse el lujo de confiar en él, después de todo, solo la salvó para interrogarla.

–No creo que seas el tipo de persona que todos creen que eres… –dijo Seth fortaleciendo su agarre para evitar que se levantara –No creo que alguien como tu hermana comparta sangre con una asesina…

–Ja, lamento decepcionarte, pero así son las cosas… –contestó Kiria de manera cortante –Le prometí que no te mataría y lo cumpliré, pero eso no significa que tenga que apreciarte… Ya te dije lo que tenía que decirte, no tengo nada más que hacer aquí, mátame de una sola vez y ahorrémonos todas éstas estupideces.

–No creo ninguna de tus palabras… Si viniste hasta aquí solo para darme las gracias, es porque aún queda bondad en ti… Pero… –dijo acercándose más a ella –No puedo saberlo del todo… Eres una buena mentirosa, lástima que ésta vez no conocías todos los factores que necesitabas.

–Qué? De qué estás hablando? –preguntó ella levantando una ceja. Él simplemente se alejó de ella y le mostró el Cetro del Milenio.

–Éste es mi Artículo del Milenio… Me permite crear una conexión con la mente de otras personas, puedo detectar maldad en ellos si es lo que quiero… Pero no puedo hacerlo con otros portadores y contigo no pude… –dijo el oji-azul con un tono un tanto burlista –No creo que sea una coincidencia o sí… –Kiria se sintió nerviosa, temía que la usaran como un arma al haber podido controlar el poder del Broche del Milenio –El Broche te eligió como su portadora pero… Porqué? A una atlantiana… Qué tienes tú de especial como para que el Broche de eligiera a ti? –dijo colocando el Cetro bajo la barbilla de la chica provocando que levantara el rostro.

–No lo sé… Solo sé que desde que lo tengo soy capaz de encontrar la presencia de quién sea… –respondió Kiria –No dejaré que me lo quites, se volvió algo preciado para mí –dijo poniéndose en pie de repente y alzando la voz provocando que cayera hacia adelante siendo atrapada por Seth.

–Recuerda que no debes esforzarte, aún te ves mal –dijo sujetándola con firmeza para luego recostarla, o más bien, obligarla a recostarse en la cama –No te he matado porque no quiero hacerlo, ya te dije que no creo que seas como los demás dicen que eres, por eso no te he matado, prefiero que mueras a manos de un verdugo a ser yo quien te mate… Pero si sigues forzándote así, morirás… Tienes la ventaja de que en tres horas se comenzará a poner el Sol, cuando eso pase ya no estarás débil y podrás volver a tu celda…

–No! –gritó la chica casi desesperada poniéndose de pie de nuevo y esta vez apoyándose en Seth ella misma poniendo una de sus manos en el hombro del oji-azul y la frente en su pecho mientras respiraba agitada –No me gusta estar encerrada… No me envíes ahí, por favor…

–Bien… Te dejaré quedarte si me dices la verdadera razón por lo que no quieres volver a la celda… –dijo tomándola de los hombros y separándola ligeramente de él –Si no te gustara estar encerrada, ya habrías entrado en un estado de desesperación ya que estás encerrada en el palacio…

–Yo… –comenzó ella al saberse atrapada –Yo le… le temo a la oscuridad… –admitió agachando la cabeza por la vergüenza mientras sentía como su sangre iba directo a sus mejillas tiñéndolas de rojo, Seth tuvo que hacer un esfuerzo para no soltar una carcajada.

–P-pero… –intentó decir pero se detuvo al sentir que iba a reír si abría la boca –Eres una gobernante que ha matado personas a sangre fría… Y le temes a la oscuridad! –dijo intentando no soltar la risa, en especial al ver el puchero de vergüenza que había adornado el rostro de la joven –Cómo has podido dormir todos estos años?

–Siempre dejaba una vela encendida y luego convencí a mi hermana de mudarse a mi habitación conmigo, entonces siempre que tengo miedo la despierto… –dijo abrazándose a sí misma y volteando su mirada hacia otro lado adquiriendo una imagen endemoniadamente tierna que dejó al castaño sorprendido.

–Bien… Puedes quedarte aquí… Pero sin intentas algo no me preocuparé por salvarte la próxima vez…

Kiria asintió varias veces con la cabeza de manera rápida, odiaba tener que mostrarse de esa forma frente a alguien, aún su propia familia. Pero la oscuridad era algo que no podía soportar ni un poco…

Lo que ninguno de los dos sabía era que una personas había estado observando todo, claramente guardando su distancia y eso podría traerles muy malas consecuencias…

Más tarde:

Aknadin caminaba por los pasillos intentando contener su felicidad, la escenita que acababa de presenciar entre su hijo y la atlantiana le decía que se le iban a facilitar mucho las cosas. En ese momento se dirigía a la cena, era casi seguro que Seth llegaría un poco después… Ahora solo le quedaba una cosa por hacer… No era tan difícil conseguir veneno por aquellos lugares, por unas simples piezas de oro un sirviente lo conseguía y además prometía silencio… Solo le queda envenenar la copa de su hermano antes de que la cena comenzara, el veneno haría efecto cerca de la media noche, con Kiria allí, nadie dudaría en que fue ella quien lo mató… Era un plan perfecto…

Llegó al comedor cuando los sirvientes estaban poniendo la mesa, había varios platillos en el centro de la mesa, además de los cubiertos y las copas que ya estaban servidas… Espero a que los sirvientes terminaran con sus labores uno a uno y en cuando la sala estuvo sola se adentró en ella y sin perder ni un segundo de su tiempo vertió el líquido en la copa que correspondería al Faraón.

Yo: bueno, eso es todo por ahora. De nuevo, perdón por haber tardado tanto en actualizar, en serio… Espero que en verdad puedan perdonarme y que, aunque sé que no muchos leen este fanfic, los pocos que lo leen lo sigan disfrutando… Gracias! Nos leemos después!