Disclaimer: Digimon no me pertenece.

La luz y los vidrios rotos

La espuma del mar le cubría los tobillos y luego descendía. Pronto la arena se ablandó y sus huellas se borraron.

El vestido negro de mangas transparentes desentonaba con todo el entorno. Con las nubes blancas del cielo y el agua infinitamente cristalina. Era como ver un punto oscuro en medio de un mundo de gamas blancas.

Se alzó de puntitas, extendiendo los brazos lo más alto que pudo. Sonrió cuando el listón atado a su cabello rozó sus mejillas congeladas. Sonrió cuando los dedos poco a poco iban en declive y se enterraban en la tierra mojada, transformada en lodo.

A ella, más que a nadie, le gustaba caer.

Porque así se sentía más viva que nunca y, al abrir los ojos, con el cuerpo adolorido, percibía el mundo de una forma distinta. Un lugar mucho más humano.

Girando sobre sus talones torpemente, de espaldas, alargando unas manos que tocaban paredes invisibles, siniestras para ella, cayó al suelo.

Sintió la misma frialdad con la que siempre era recibida por el mar.

Antes de que las olas arrastraran su cuerpo entre murmullos, se puso de pie, mirando embotadamente al horizonte… A lo lejos capto un destello plateado, pequeño pero visible. Se agitó con emoción.

Una botella nadaba hacia ella.

٭٭٭

Cuando escuchó la voz suave filtrándose en sus sueños, proveniente de afuera, apenas estaba abriendo los ojos. Su cuerpo, doblegado aún al sueño, actuaba a un ritmo lento. Todo lo contrario a ese brillante cerebro suyo, que trabajaba día y noche.

La voz se hizo más cercana hasta que muto en leves golpes contra su puerta.

—¡Koushiro!

Reconoció, y no reconoció, a quién lo llamaba con un atisbo de impaciencia.

—¡Koushiro!

La persona que gritaba su nombre parecía haber percibido los pensamientos del chico, porque volvió a llamarlo, como si quisiera reafirmar su identidad.

Arrastró los pies escalera abajo, bostezando de cuando en cuando.

Quizá el cerebro no le funcionaba correctamente, quizá se había atrofiado en un momento del sueño, cuando en lugar de girar a la izquierda había girado a la derecha.

Fue lo primero que pensó al ver frente a su puerta una botella de vidrio, con un papel amarillento en su interior. Tenía un corchete en la boca para que el agua no entrara. Ahí estaba la botella, sola, el rayo de sol que la atravesaba hacia que un tenue brillo se reflejara en el suelo. Su cuerpo todavía deseoso de arrellanarse en la cama quería regresar, pero sus ojos curiosos tuvieron la necesidad de descubrir de dónde venía esa botella.

—¡Ah, Koushiro! Buenos días. —Lo asaltó por sorpresa, y aunque el corazón casi se le salía por los oídos, permanecía aparentemente tranquilo—. Disculpa por venir a esta hora. Veo que ya viste la misteriosa botella, la encontré flotando en el mar, no se me ocurrió otra persona más que tú para ayudarme a desvelar el misterio que yace en su interior. Regresé corriendo a casa por esto. —Señaló con una sonrisa la cámara colgada a su cuello.

Hikari Yagami hablaba mucho cuando le apetecía y era misteriosa si los días se sentían melancólicos. Koushiro lo sabía, pero de igual forma sabía negar.

—¿No tienes que estar en casa? —Con cada palabra las ojeras de su rostro se hacían más oscuras.

—Mamá me dio el día libre porque es mi cumpleaños —sonrió, sin la intención de hacer sentir mal a nadie— y no quiero pedirle ayuda a Taichi, si regreso a casa me pedirá ayuda y no podré negársela. —Hikari se azoró, Koushiro seguía pensando en la palabra con ce.

Era el cumpleaños número diecisiete de Hikari.

٭٭٭

Llevaban cerca de una hora caminando a la orilla del mar. No tenía ningún sentido, sin embargo la chica se empeñaba en encontrar el sitio donde había encontrado el mensaje en la botella, y Koushiro no se sentía con el poder de llevarle la contraria. Por lo menos no después de que, gentilmente, le había prestado el sombrero que originalmente ella portaba.

—No encontraremos el lugar, si tan solo se pudiesen dejar marcas en el agua. —Frunció el ceño.

—Hikari, tienes una memoria de nido —refutó, recibiendo una carcajada a modo de respuesta.

—Es cierto.

Eran vacaciones de verano, el sol quemaba la piel, y Hikari no parecía sentir los rayos. Quizá ese era un súper poder, porque en esencia, no era capaz de distinguir los cambios de estación.

Koushiro también sabía eso.

—Escuché sobre tu problema en la escuela —finalizó con un bostezo.

—¿Te refieres a mis notas? —aligeró el golpe en cada palabra, restándole importancia. Su corto cabello castaño se adhería a todo su rostro.

—Tal vez no deberías dedicarle tanto tiempo al onsen٭ de tus padres.

—No es eso, me gusta ayudarles… ¿Has tenido uno de esos sueños donde caes al vació? Yo me he sentido así últimamente.

—Los sueños no dicen nada. Si te encuentras triste por algo, deberías decirlo. —De un momento a otro, comenzó a sentirse incómodo.

—He perdido a alguien.

En los días que la tristeza la embargaba y alguien preguntaba qué tenía, ella respondía, sin excepción: «he perdido a alguien». Nadie sabía realmente si lo que decía era cierto, mucho menos sabían, suponiendo que fuese verdad, quién era la persona a la que se refería.

Utoro٭ no es buen lugar para los jóvenes.

—Suenas a un anciano.

—Lo digo en serio. Deberíamos llevar una vida a nuestro propio ritmo, aquí todos viven a un ritmo acelerado, sin cambios.

—El problema no es Utoro, somos nosotros y el futuro que nos aterra. La ciudad sólo tiene la culpa de ser moldeada por el tiempo.

Koushiro deseó regresar.

٭٭٭

El atardecer dejaba a su paso un camino naranja sobre el agua.

—No has abierto la botella —dijo, ocultando el sueño que lo embargaba.

—Tengo miedo de hacerlo.

Y la culpa que no resintió en todo el día, llegó de un sorbo, cuando vio esos ojos llenos de vidrios rotos.

Tomó una posición incómoda, irguiéndose sobre la arena.

Usar las manos para escribir, era algo tremendamente extraño. Debía mover las muñecas de una forma que olvidó. Prácticamente toda su vida había tenido las manos atadas al teclado de una computadora.

Finalizó cuando la primera estrella se alzó en el firmamento.

Hikari, que había visto atenta lo que su acompañante hacía, observó cada línea que conformaba la palabra «felicidades», sonrió sin disimulo con el tosco y vistoso «17».

—Creo que has olvidado cómo usar las manos.

—Feliz cumpleaños —susurró, carraspeó, suspiró, todo al mismo tiempo. Si Taichi hubiera estado ahí, no habría perdido la oportunidad de decirle que parecía damisela enamorada.

Pero estaba de suerte porque Taichi no estaba, de otra forma, no habría tenido la oportunidad de tocar los labios con sabor a sal de Hikari.

٭٭٭

Abrió sola la botella, inmediatamente después de llegar a casa, con el pulso perdido.

Todo estaba sumido en una niebla oscura,.

El trozo de papel amarillo crujía en sus manos, «te amo», eran las palabras que tenía grabadas con cuidado.

Koushiro, debemos dejarnos caer.

De pie, sintió que caía al vacío, más y más profundo. Más y más oscuro. Más como ella.

No detuvo el impulso momentáneo de arrojar la botella contra el suelo. Crack. Cada trozo de vidrio roto reflejaba sus facciones iluminadas por la luna.

Dejo de importarle de dónde venía el mensaje, quién lo había escrito y a quién iba dirigido.

Había perdido a alguien. Nadie lo entendía. Y Koushiro no dejaba de aparecer en su mente, tan desfragmentado y colorido, igual a los rompecabezas que él tanto amaba.


Sirelo, perdón que esto no haya continuado en Joumi, así lo tenía planeado y, como te gusta el Koukari (¿o me equivoco? Ahhh), decidí hacer un extraño experimento. Ni yo sé a veces qué escribo, tampoco sé si esto tiene relación o no con el Joumi, muajaja XD Ok, lo siento, lo siento.

¡Gracias por leer!

PD: no he podido corregir, ¡perdón!