¡Hola! ¡Estoy de vuelta! Sé que tardé mucho pero les pido que, en cuanto terminen de leer el capítulo lean las notas que voy a dejar al final, ahí explico todo y voy a explicar cómo voy a manejar de ahora en adelante mis historias. Bueno, por ahora, disfruten del capítulo (este está un poco intenso pero es que el final se va acercando)


Derrumbe

En Egipto:

Al día siguiente de la muerte de Aknamkanon, Atem había sido coronado Faraón… Las personas del reino habían escuchado sobre las cualidades del joven príncipe por lo que se alegraban de tenerlo como Faraón ignorando completamente que el joven sufría tanto por la muerte de su padre como por los sucesos ocurridos con Kiria…

En unos tres días sería su celebración personal junto con su corte, en la cual se encontraba Seth… Seth continuaba actuando extraño después de que Kiria se fue, esto no hacía nada más que levantar sospechas que mantenían a Atem confundido y triste todo el tiempo por no poder aclarar las cosas, por no poder aclararles a todos que Kiria y Seth no tenían nada que ver el uno con el otro pero simplemente no podía porque no tenía pruebas… Pero sí sabía que Kiria era inocente del asesinato de su padre… Se veía realmente mal cuando la acusaron de haberlo cometido que no creerle le habría parecido una atrocidad…

Se levantó de su cama luego de dejar que sus pensamientos divagaran mientras miraba hacia el techo con gesto pensativo. Debía concentrarse en cualquier otra cosa o iría hasta el Nuevo Atlantis solo para llevarse a Kiria con él y esa no era una buena idea…

En el Nuevo Atlantis:

Los días habían pasado desde la muerte de Aknamkanon… Atem había sido coronado como Faraón mientras que Kiria cedía temporalmente su puesto como reina a su hermano Armin bajo la excusa de encontrarse indispuesta; cosa que no era una mentira, al menos no del todo… Estaba muy mal después de los eventos en Egipto, no podía hacer nada más que encerrarse completamente y rechazaba muchas de las comidas que sus hermanos le enviaban.

Kiria se encontraba en su habitación, estaba sola y se había cansado de llorar… Se acercó a su tocador y, tomando la llave que colgaba de su cuello, abrió el joyero en donde había guardado el Broche del Milenio… No lo había tocado desde aquel día pero sentía que debía superarlo de alguna forma y no se lo ocurría otra… Lo tomó con cuidado entre sus manos y lo colocó de modo que mantuviera varios cabellos apartados de su rostro volviendo a mirar luego al espejo. Mientras miraba a su propia imagen en el espejo, las puertas de su balcón se abrieron de golpe provocando que saltara en su sitio y se pusiera en guardia. Por el balcón entró un hombre de cabellos blancos, ojos púrpura claro y piel morena; claramente un egipcio.

–¿Qué haces aquí, egipcio? –preguntó ella entre dientes mientras miraba con ojos de ira al joven –No tienes ningún asunto aquí… ¡Vete! –advirtió ella con furia.

–¿Por qué la hostilidad, mi reina? –preguntó con sarcasmo –A diferencia suya, yo no soy un asesino –habló con sorna viendo como la seguridad en los ojos de la joven comenzaba a flaquear –No creerá que la forma en la que obtuvo el Broche fue olvidada, ¿o sí?

–¡Lárgate! Vete a ahora y vuelve a tu pueblo, si no lo haces me encargaré de que tu existencia sea miserable en las mazmorras del palacio –habló intentando tranquilizarse a sí misma.

–¿Y qué hay de lo que le hizo al Faraón Aknamkanon? –ella no pudo evitar abrir los ojos como platos ante esta pregunta –¡Usted lo mató! ¡No es más que una asesina!

–¡Basta! –gritó ella pero no sirvió de nada pues él siguió hablando.

–¡Usted es una buena para nada que no puede hacer más que bañarse en la sangre de otros para gusto propio! –Kiria apretaba cada vez más los ojos cada vez que Bakura abría la boca para hablar, continuó insultándola y maldiciéndola por minutos que parecieron horas a ojos de la peli-negra –¡Cree que tiene el derecho de controlar la vida de otras personas! ¡Solo es una maldita cobarde que se esconde tras su familia mientras acaba con vidas inocentes! –para este punto, Kiria tenía una mirada sombría y una lágrima recorría su rostro –Es usted quien merece la muerte! –habló corriendo hacia ella dispuesto a llevar a cabo lo dicho y arrebatarle el Broche.

–¡Cállate! –gritó ella interceptando el ataque y amenazando a Bakura con su daga –A tus ojos merezco la muerte… Es una verdadera lástima que no puedas llevarlo a cabo… –habló ella con voz sombría provocando una sonrisa por parte del peli-blanco, había reaccionado exactamente como él necesitaba que lo hiciera.

–¡Adelante! ¡Máteme ahora y demuestre lo que en realidad es, una asesina! –Kiria soltó la daga debido al impacto que esa última frase tuvo en ella. Seguidamente, calló de rodillas al suelo dándose cuenta de lo que estuvo a punto de hacer y temblando con impotencia.

Bakura se acercó a ella con la intención de terminar lo que había venido a hacer: asesinarla y robar el Broche; pero fue detenido por un brillo cegador y un estruendo.

–¡Ángel Guardián! –se escuchó un grito y la criatura entró en la habitación cegando a Bakura con su luz. En cuanto el ladrón pudo volver a ver, Ikki cubría a Kiria y lo miraba con ira dispuesto a atacarlo si se atrevía a dar un paso más hacia la reina.

–¡Maldición! –fue lo único que dijo antes de desaparecer por donde había venido. De inmediato, Ikki envió a docenas de guardias a perseguirlo mientras se arrodillaba al lado de su hermana. Unos segundos después, Armin y Kisara aparecieron en la habitación.

–¿Qué pasó? –preguntó Armin alarmado.

–No lo sé… Alguien intentó atacarla, no sabemos donde está pero los guardias ya lo están buscando –habló sin mover su mirada de Kiria quien parecía estar destrozada tanto por dentro como por fuera y no quería escuchar razones…

–Tenía razón… –susurró ella llamando la atención de sus tres hermanos –No soy más que una asesina… Soy yo la que debe morir… –susurró ella ganando miradas sorprendidas por parte de los presentes quienes de inmediato intentaron calmarla.

–¿Qué crees que estás diciendo? –preguntó Armin –No eres una asesina y te necesitamos aquí! –habló intentando convencerla pero Kiria no hacía más que llorar y negar con la cabeza…

La mirada de Kisara se volvió sombría y varios recuerdos de la vez que le pidió que la llevara a Egipto para poder agradecerle al joven que la salvó invadieron su mente y no la dejaban pensar en nada más que en todo eso y en como Kiria se había dejado atrapar para que ella pudiera escapar sin muchos problemas o en como trataron a su hermana como una asesina que solo pensaba en venganza y en sí misma cuando ella estaba segura de que su hermana era buena…

Salió corriendo de la habitación con lágrimas en los ojos. Escuchó a sus hermanos mayores gritar su nombre y luego a varios sirvientes llamándola pero nada de esto le importó, ella solo siguió corriendo… Fue a su vieja habitación y rebuscó entre sus cosas encontrando el pequeño vestido que había traído cuando escapó de Egipto… Se despojó de su ropa fina y de su corona para ponerse el vestido viejo, malgastado y maltratado.

Todo esto es mi culpa… –pensaba ella mientras las lágrimas recorrían su rostro –Si yo no le hubiera pedido que me acompañara ella no estaría en ésta situación ahora mismo… –continuó mientras salía de su habitación corriendo. Se sentía culpable por todo lo que le pasaba a su hermana últimamente… La depresión por la que estaba pasando, la disminución de sus poderes y la sensibilidad que tenía ante muchos comentarios que las personas hacían sobre ella… Estaba muy lastimada y era su culpa… No podía quedarse, no importaba que sus hermanos no la culparan por nada, ella sentía el peso del estado de su hermana en sus propios hombros, la había hecho daño y ya ni siquiera merecía llamarse su hermana… Ya no tenía lugar… Volvería a Egipto y aguantaría lo que tuviera que aguantar por ser atlantiana, todo para dejar a su hermana vivir en paz en su propio reino… Se fue… Evadió a los guardias y se fue…

Cuatro días después:

Al fin había conseguido acercarse a los pueblos que rodeaban el palacio del Faraón… Tenía que hacerle saber a Atem por lo que Kiria estaba pasando en ese momento así que no quería detenerse por nada en el mundo… Incluso, con tal de llegar más rápido invocaba al Dragón Blanco durante las noches, cuando sus fuerzas eran mayores, había conseguido llegar hasta allí sola sin necesitar ayuda de nadie… Pero ahora sentía que no tenía escapatoria…

Todo era igual que antes, tal vez incluso peor… Las personas le temían y la despreciaban por ser diferente y ese día, las piedras no se hicieron esperar… Antes de darse cuenta estaba siendo rodeada por muchas personas que le lanzaban piedras… Estaba débil debido a la energía que había consumido la noche anterior y lo único que pudo hacer fue lanzarse al suelo y cubrir su cabeza para protegerla de algún golpe fuerte… No duró mucho antes de que sus energías terminaran por desvanecerse y se desmayara quedando completamente desprotegida ante las personas que la miraban con desprecio y lo demostraban en las piedras que le eran lanzadas.

Con Atem:

–¡Faraón! –lo llamó Solomon mientras corría hacia él –Una aldea junto al Nilo fue atacada hace unos momentos –dijo mientras el joven lo miraba sin creerlo –¡Mire! Es uno de nuestros santuarios –dijo mirando los escombros que se alzaban en el destruido santuario.

–¿De quién es? –preguntó preocupado al ver que estaba completamente destrozado y que difícilmente quedaría algo intacto.

–De Aknadin –le contestó Solomon.

Con Kiria:

Sus ojos se abrieron bruscamente al sentir una extraña energía en su interior. Una sensación de inquietud llenó todos sus sentidos sintiendo las palpitaciones de su corazón mientras su cabeza se volteaba rápidamente hacia la derecha en donde divisó el Broche del Milenio colocado cobre la pequeña cómoda al lado de su cama. No sabía que era lo que pasaba, pero era el artículo el que estaba provocándole tanta inquietud.

Se levantó con cuidado y tomó el objetó entre sus manos sintiendo como su corazón latía más fuerte, tanto que casi podía escucharlo como si lo tuviera en frente. De repente, recordó todo lo que había pasado sintiéndose mareada.

–¡Kisara! –fue lo único que cruzó por su mente en ese momento y el Broche del Milenio comenzó a brillar –Siento su energía… Está muy débil y lejos… –pensó mientras miraba por la ventana hacia afuera.

Tomó el Broche del Milenio caminó fuera de su habitación mientras lo colocaba en su cabello. Caminaba con gran velocidad y con paso firme a pesar de que el mareo continuaba presente en su cabeza; ella no pensaba detenerse hasta llegar a la sala del trono.

–¿Cuándo planeaban despertarme? –preguntó en cuanto abrió las dos enormes puertas provocando que las miradas de sus hermanos mayores se posaran en ella –No quiero que me expliquen nada, ya sé que Kisara no está y también sé que está en Egipto… ¿Cómo pudieron dejarme dormir mientras ocurría algo así?

–Caíste exhausta… Tuviste un disgusto enorme en cuanto ese tipo apareció así que consideramos que no sería bueno preocuparte –Explicó Ikki.

–Estás bromeando? Ahora lleva varios días en Egipto, casi de milagro puedo decir que está viva, ¿y crees que no estoy preocupada ahora? –gritó antes de comenzar a caminar hacia la puerta.

–¿A dónde vas? –preguntó Armin.

–A Egipto –le contestó duramente –Ikki, por favor ven conmigo; Armin, el reino está a tu cargo, si algo llegara a pasar tú tienes el trono –habló con seriedad sin dejar de caminar para prepararse.

Los hermanos se quedaron atónitos ante la actitud de su hermana pero ambos sabían que no cedería fácilmente, estaba decidida a traer de vuelta a Kisara y ellos también así que se limitaron a hacer lo que ella les había dicho, después de todo, la Reina era ella. Sin más que decir Ikki le dio una palmada en el hombro a su hermano que le decía que todo estaría bien y salió de inmediato hacia su habitación a prepararse para lo que de seguro iba a convertirse en una verdadera batalla.

En Egipto:

Fue despertada de manera brusca siendo tirada de la cama hacia el suelo. Todo estaba pasando muy rápido y con costos pudo notar que aquella no era su habitación habitual, sino que estaba mayormente construida en piedra y era mucho más calurosa. Se vio forzada a ponerse en pie por dos personas que la mantenían sujeta de los brazos con sus pies apenas tocando el suelo. Para ése momento, logró recobrar un poco la conciencia para poder ver a un hombre parado en frente a ella… Se veía mayor, casi un anciano y en vez de su ojo izquierdo había una especie de ojo dorado con un símbolo muy similar al que su hermana Kiria tenía en su broche.

–Llévenla al campo de batalla subterráneo, no la dejen escapar incluso si intenta oponerse –ordenó el hombre y tan solo unos segundos después fue arrastrada hacia el mencionado campo de batalla y unos minutos más tarde fue bruscamente lanzada en una jaula…

No pensaba… El pánico era lo único que podía recorrer su mente en ese momento.

Con Ikki y Kiria:

Iban cada uno en su criatura, en completo silencio. Ikki iba varios metros atrás de Kiria viendo como ella estaba usando todo su poder y seguramente se agotaría dentro de poco pero sabía que detenerla no ayudaría en nada además de hacerla enojar más… Fue entonces cuando vio que ella abrió sus ojos como platos y tocó su broche.

–Kiria, ¿qué ocurre? –preguntó preocupada ya que no sabía si aquello significaba que algo malo le había pasado a Kisara.

–La presencia se Kisara, se ha vuelto mucho más fuerte… Debe haber invocado al Dragón Blanco… – al menos eso significaba que estaba viva pero que estaba en problemas. Además, invocar a una criatura como aquella en un reino enemigo no era un buen plan de escape y Kisara lo sabía. Sin duda, estaba en peligro de muerte como para intentar salvarse haciendo uso del gran poder que escondía su alma –¡Debemos ir más rápido! –comandó la oji-roja sujetándose de la espalda de su Ángel antes de subir la velocidad antes de que su hermano comenzara a seguirle el paso con miedo de usar todo su poder en el momento. Ella mordió su labio inferior con un deje de enojo, entendía que Ikki quisiera guardar poder por si alguna batalla complicada se les presentara pero la seguridad de Kisara era más importante que cualquier otra cosa en ése momento.

–Escucha, sé que estás preocupada por Kisara, yo también lo estoy pero no podemos usar toda nuestra energía antes de llegar allá, cada vez estamos más cerca del palacio y creo que no es necesario que te explique por qué las cosas se pondrán complicadas si ponemos un pie en ese lugar –le dijo Ikki esperando que su hermana lograra razonar y al menos guardar un poco de su energía –Si te agotas ahora no podremos ni defendernos ni volver…

–Lo sé –le contestó ella abruptamente –Pero también que no quiero perder a mi hermana… Ikki… Kisara lleva muy poco tiempo con nosotros… Además… De no ser por mí ella no estaría allí… Tengo que traerla de vuelta… –dijo con la voz un poco más calmada –Y tengo presente que algo podría salir mal allá por eso, si algo llegara a suceder, quiero que saques a Kisara de ése lugar de inmediato, déjenme atrás si es necesario –su hermano estuvo a punto de objetar pero fue detenido –Y ésa no es una sugerencia por parte de tu hermana, es una orden de tu Reina –terminó con tono severo sorprendiendo a Ikki.

Algunas horas más tarde:

–Ikki, lamento que las cosas tengan que ser de esta forma, pero Kisara está dentro del palacio, y eso no es todo… El tipo que me atacó también está allí dentro… –dijo la oji-roja mirando a su hermano quien mordía nerviosamente su labio inferior –Está junto con Atem y varios de los miembros de su corte, la mayoría están débiles… No sé dónde está Kisara… Su presencia está dentro pero no sé en dónde… Me atrevería a decir que está a salvo pero no sé por cuánto tiempo… –terminó acariciando su Broche del Milenio.

–Hay que entrar… –le constestó su hermano comenzando a descender en su criatura antes de llegar al palacio asegurándose de que no había nadie cerca, Kiria hizo lo mismo –Encontraremos una manera de pasar desapercibidos y haremos que nos digan dónde está Kisara…

–No te preocupes… Sé exactamente a quién preguntarle… –dijo un tanto pensativa.

Dentro del Palacio:

Ambos hermanos observaban detrás de una pared todo lo que pasaba en aquella sala… Como todos los presentes excepto uno yacían petrificados y el que no lo estaba tomaba uno a uno todos los artículos del Milenio y los colocaba en la estatua para por último, sacar el Ojo del Milenio de su rostro y colocarlo… La estatua comenzó a brillar pero el brillo decayó después de unos segundos provocando ira en aquel hombre.

–¿Qué? –gritó Aknadin –Porqué no funciona? –continuó golpeando el suelo con ambas manos. Kiria no resistió más, esto también podría afectar a su reino, no podía quedarse en silencio.

–Debe ser porque hace falta uno –habló con firmeza acercándose hacia el centro de la sala mientras levantaba el Broche del Milenio en sus manos –Tenía curiosidad así que investigué… Este artículo fue el resultado de los sacrificios restantes, no era necesario en el momento y es el menos poderoso de los ocho artículos, de seguro pensaste que por eso no era importante pero te equivocaste… También se derramó sangre para su creación y eso lo vuelve crucial… –continuó mientras miraba el artículo en sus manos.

–¡Maldita seas! –le gritó Aknadin levantó su mano buscando que quedara petrificada pero el Ángel Guardián apareció detrás de ella y la cubrió con sus alas de modo que el ataque no le afectó en lo más mínimo.

–No sé qué clase de magia usas pero de aseguro que en mí no tendrá éxito –le aseguró.

Una vez dicho esto miró hacia donde Ikki continuaba escondido y asintió con la cabeza mientras miraba a los demás en la habitación, ordenándole que los liberara y les devolviera su libertad de movimiento de una vez por todas. Por lo que en Ángel Guardián soltó un gritó mientras extendía sus alas enviando una fuerte corriente de aire por toda la habitación que liberó a los demás de inmediato.

–¡Ikki, mantenlo a raya! –gritó Kiria a su hermano quien se encargó de lanzar al Ángel Guardián hacia Aknadin sin dudar ni un segundo. La oji-roja volteó inmediatamente hacia el sacerdote quien, al igual que todos los demás en la sala, la miraba expectante –¿Seth, dónde está Kisara? –preguntó de repente sorprendiendo a los demás en la sala –Sé que está aquí pero no sé exactamente dónde… Quiero que me digas en dónde está –continuó apretando los dientes.

–Kiria… Yo sé dónde está Kisara pero… Ahora no es seguro mostrártelo –contestó mirando de reojo hacia donde Aknadin intentaba quitarse de encima al Ángel de Alas Negras para volver a lo que estaba haciendo antes, pero la criatura no parecía ceder ante sus esfuerzos.

–Escúchame… – dijo suavemente mientras se acercaba hacia él para susurrarle al oído provocando que Seth se agachara un poco al ser ella varios centímetros más baja que él, incluso estando en puntillas –Llévame hacia dónde está o dime en dónde es… La llevaré a casa dónde pertenece y me iré junto con el Broche del Milenio… –le susurró –No podrá tener acceso a él y no podrá completar su plan… –dijo antes de comenzar a alejarse lentamente –Lo que sigue será asunto únicamente de Egipto así que no nos inmiscuiremos –habló un poco más fuerte mientras levantaba los brazos en señal de que no intentaba nada para luego bajarlos lentamente –Sólo pido que me dejes llevarme a mi hermana a casa…

Atem mordió su labio inferior con fuerza mirando fijamente a las dos personas que permanecían a unos pocos metros lejos de él. Sentía rabia, rabia porque, por alguna razón, Seth entendía a la perfección de lo que Kiria estaba hablando y sentía celos de sólo pensar que ella le tuviera más confianza al sacerdote que a él. Aunque claro, con todo lo que había ocurrido entre ellos dos no era de extrañar que ella prefiriera la compañía del oji-azul. Estuvo a punto de intervenir, diciendo que esa decisión no le correspondía a Seth pero fue detenido por un fuerte estruendo para luego ver al Ángel Guardián derrotado en el suelo.

–¡Ikki! –chilló Kiria volteando hacia la entrada del lugar tan solo unos segundos antes de ser lanzada hacia una de las paredes por la fuerza de Aknadin provocándole un gritó de dolor.

–¡Maldición, Kiria! –se escuchó al nombrado gritar intentando correr hacia dónde estaba su hermana antes de resultar petrificado al igual que todos en la habitación excepto claro, Aknadin.

–Esto mantendrá tu boca cerrada –dijo el anciano con desprecio mientras tomada bruscamente el Broche del Milenio de Kiria antes de acercarse a la estatua y colocarlo en ella. La estatua comenzó a brillar y una especie de espejismo oscuro apareció –¡Maestro Zorc, ahora te ofrezco los ocho artículos! –gritó a la criatura.

–Ya no tenemos mucho tiempo –contestó la criatura mientras todos en la sala intentaban reaccionar de diferentes maneras siendo completamente detenidos por la extraña magia que estaba usando Aknadin –Sé que estás aquí por el contrato porque té eres el responsable de la creación de éstas reliquias –continuó hablando –Aknadin, para conseguir hacerte el esclavo de las almas yo puedo concederte un deseo –terminó dando espacio al anciano para contestar.

–Mi único deseo es que se nombre un nuevo Faraón; deberá ser: ¡mi querido y amado hijo, Seth! –contestó Aknadin gritando con fervor en cuanto el nombre de su hijo salió de sus labios.

–He escuchado tu deseo –le contestó la criatura con la misma voz monótona –¡Acepta mi poder, Aknadin! –dijo enviando una especie de rayo violeta directamente hacia el hombre que yacía arrodillado frente a él entregándole parte de su poder. Tan solo unos segundos más tarde, Aknadin estaba completamente transformado en una criatura horrible incluso comparada con muchas de las criaturas que vivían en las almas de las personas. –¡Ahora, Mago de las Tinieblas, envía al Faraón al Reino de lo Oscuro para que tu hijo pueda tomar su lugar! –con esto, se fue.

–Esto es lo que siempre he querido para ti, Seto, desde que eras un niño –habló la criatura –Hay otra cosa que debes saber, hijo mío. El último Rey, Aknamkanon, era mi hermano. Significa que si algo le ocurre al actual Faraón eres el siguiente en la línea para heredar el trono –dijo antes de soltar una risa estruendosa –¡Seth, hijo mío! ¡Nunca más viviremos a la sombra de mi hermano! Llegó el momento de salir y reclamar nuestro derecho al trono de Egipto. Oye mis palabras: ¡La era del Rey Seth ha comenzado! –gritó levantando sus brazos provocando una gran acumulación de energía oscura en ellos –Adiós Faraón! –terminó atacando directamente al Faraón.

–¡No! –era lo único que Kiria quería gritar pero yacía completamente petrificada en el suelo.

De repente, una extraña figura se plantó frente a Atem desviando el ataque hacia los lados y protegiéndolo.

–¿Quién osa interponerse en mi destino? –preguntó con ira Aknadin –Identifícate! –habló con fuerza al ver que su plan no estaba resultando del todo bien.

–Soy Hassan, protector de los Faraones –comenzó a hablar la extraña criatura que protegía a Atem –Por siglos he defendido a los reyes de Egipto. No tema alteza, lo protegeré de la oscuridad, así como protegí a su padre y al padre de él… –terminó.

–Si en verdad eres protector de los Faraones, entonces debes proteger a mi hijo Seth ya que él es el verdadero Rey de Egipto, no a ése impostor agazapado tras de ti –insistía Aknadin mientras continuaba con el ataque.

–¡Oscuridad, vete! –volvió a hablar la criatura mientras ignoraba por completo las palabras dichas por Aknadin mientras desviaba por completo el ataque fragmentando las fuerzas oscuras. Esto provocó que uno de los pequeños ataques golpeara a Aknadin provocando que el efecto que su magia tenía sobre todos se rompiera y pudieran volver a moverse.

–¿Qué? –preguntó Aknadin con voz confundida al ver a los demás presentes completamente liberados –Pero si dejé a esos tontos inmóviles, eran prisioneros en sus cuerpos –exclamaba sin poder entender del todo la situación, creyó tenerlos a todos justo donde los quería.

–Ya no más –habló de nuevo el Protector de los Faraones –Tu hechizo oscuro ha sido roto –continuó moviéndose ligeramente a un lado dejando ver a los demás presentes libres y en guardia, listos para defenderse.

–Solo es cuestión de tiempo para que las tinieblas reclamen tu alma, Faraón, para que todo lo que tú amas se desborone –habló Aknandin sintiendo la ira recorrer su nuevo cuerpo por completo antes de sentirse un tanto poderos al ver que Atem de inmediato miró de reojo a Kiria quien luchaba por mantenerse en pie después del golpe que había recibido y de lo agotada que había terminado gracias al viaje. –Seth, obedece a tu destino y quédate a mi lado para gobernar a Egipto como padre e hijo –dijo inmediatamente dirigiendo la atención a su hijo.

–Yo no soy tu hijo –contestó Seth sin duda alguna mientras caminaba al frente –Mi padre nunca habría traicionado así al Faraón… Tú mientes y nunca me quedaré a tu lado –terminó con firmeza en su voz pero sus ojos aún se mostraban sorprendidos al saber que él era su padre.

–Entiendo tu ira, hijo mío, pero debes entender que ése impostor no es el Faraón. ¡Tú eres quién debe ser rey! –dijo mientras lo señalaba con aquellos dedos oscuros y largos –Debes tomar control del trono del Faraón! –terminó.

–Yo juré proteger al Rey, no remplazarlo –continuaba Seth sin estar dispuesto a ceder. Él sabía qué era lo correcto y no dejaría que aquella horrible criatura que hacía llamar su padre cambiara su opinión de ninguna forma.

–Seth, es verdad que eres el hijo de Aknadin –habló el Protector de los Faraones provocando que el oji-azul volviera quedarse en una especie de shock –Sin embargo, él ha perdido su identidad en las tinieblas así que la criatura que está frente a ti ya no es tu padre –dijo volteando a verlo.

–¡No es cierto! –interrumpió Aknadin –Tú eres mi carne y mi sangre, Seth. Perteneces a la realeza… ¡No dejes que estos tontos te nieguen el poder que mereces! –habló con desprecio hacia Atem y a Hassan.

–Seth, tu padre eligió un camino de odio y avaricia, pero te lo suplico, no cometas el mismo error –habló Atem –Pelea a mi lado y juntos podremos reestablecer la paz en Egipto –continuó mientras le ofrecía su mano.

–Ah, de tal palo, tal astilla. ¡Yo escuché las mismas palabras de mi hermano cuando era Faraón!

–Tal vez debiste haberlo escuchado! –habló Atem intentando contener su ira.

–No lo entiendes, mientras el pueblo adoraba a su Faraón por mantenerlos a salvo, yo era el verdadero responsable de su seguridad –habló Aknadin –De haberme escuchado, el Reino de esa mujer ahora no sería nada más que cenizas y no tendríamos que lidiar con ella ni con sus molestos hermanos… –continuó mientras señalaba a Kiria –Después de todo, ella fue quien asesinó al Faraón, no estaríamos aquí si el Faraón hubiera vivido, ¡pero gracias a ella por fin mi hijo puede tomar el trono!

–No puede ser… –susurró Seth después de pensar durante tan solo unos segundos en las palabras que acababa de decir Aknadin –Tú asesinaste al Faraón Aknamkanon esa noche y decidiste culpar a Kiria –lo acusó Seth –Todo por tu sed de poder… –susurró mientras bajaba su cabeza decepcionándose de su propia sangre.

–Te equivocas –se apresuró en corregirlo –Lo hice por ti… Sabía que, si yo la acusaba, tú saldrías a defenderla cuando todos los demás le dieran la espalda –continuó mirando como un par de ojos rojos lo miraban con una mezcla de furia y confusión –Llevo tiempo pensando que, si tú vas a ser el Faraón, una mujer lo suficientemente digna para reinar a tu lado y darte herederos es ésa –terminó señalando a la peli-negra.

–No puedo creerlo… –susurró Kiria llevando las manos a su espalda para tomar sus dagas –¡Es suficiente! ¡No soy ningún tipo de ficha en un tablero! –gritó mientras se preparaba para atacar a pesar de que su cuerpo continuaba adolorido –¡No te saldrás con la tuya! –terminó antes de correr hacia él con las dagas en mano sin pensar en que era imposible derrotarlo sin el Ángel de Alas Negras…

–¡Mocosa tonta! –gritó Aknadin en cuanto Kiria estuvo encima de él para luego lanzarla hacia el suelo con fuerza provocando que su labio se rompiera. No podía herirla si de verdad quería que ella fuera la Reina de Seth pero tampoco permitiría que lo volviera atacar así que se preparó para golpearla lo suficientemente fuerte como para dejarla inconsciente antes de ser detenido por la criatura de Ikki.

–Te lo advierto… Te estás metiendo con la "mocosa" equivocada –gruño Ikki en voz baja acercándose a donde estaba su hermana tirada en el suelo –¡Ella no está sola! –gritó con rabia antes de atacarlo.

Habiendo dicho eso, El Ángel Guardián comenzó a atacar a Aknadin buscando defender a su hermana, pero estaba claro que Aknadin había ganado demasiado como para ser derrotado por una sola persona. Ése combate perduró varios minutos, ninguno de los demás presentes se atrevía a intervenir por miedo a salir lastimados.

En tan solo un segundo, el Ángel Guardían fue tirado al suelo y Aknadin tomó a Ikki del cuello antes de atacarlo… El mismo ataque que iba a usar contra Atem lo había usado directamente contra Ikki…

El cuerpo del joven cayó al suelo, inerte siendo inmediatamente sujetado por los brazos de su hermana quien gritaba su nombre esperando que despertara pero en el fondo sabía que todo era inútil… Ikki había muerto…


Muy bien, primero que nada, voy a contestar Reviews, luego les explicaré toda la situación…

Solange's: Lamento haberte tenido esperando durante tanto tiempo, pero aquí está la actualización… No te enojes, te lo ruego …

ReijaZ: Te juro que me rompe el corazón volver a ver tu review después de tanto tiempo y darme cuenta de que te deje colgando sin la actualización hasta ahora… Y principalmente quiero agradecerte porque has estado conmigo desde el comienzo de la historia y eres de las lectoras más fieles que he tenido, nunca falta tu review y eso es algo que me motiva mucho.

Ok, ahora al anuncio…

Sé que he tardado mucho en actualizar pero tengo buenas razones (bueno, a mí me parecen buenas)…

La última vez que actualicé fue en Setiembre y una semana antes de Noviembre noté que estaba dejando mucho de lado mis historias por pensar en proyectos que tenía para más adelante. Claro que para las ideas que tuve después esto resultó ser más ventajoso que perjudicial. ¿Por qué? La respuesta es que tengo varios proyectos que publicar para cuando termine las historias en las que estoy trabajando ahora… Pero sobre eso hablaremos más tarde…

Actualmente tengo tres historias que continuar… "Amor Eterno", "Memorias" y "Si me quieres sabrás quién soy". Normalmente, estas historias me nacen mientras estoy viendo la serie o me obsesiono con los personajes o algo así; esos momentos de obsesión se pasan rápido y pierdo el interés por la película o serie por lo que continuar las historias me cuesta más trabajo.

Pero les aseguro que ahora me comprometo a continuar todas mis historias regularmente…

En cuanto a "Memorias" en particular, intentaré publicar capítulo cada dos semanas como mínimo, si surge algún problema tendrá ya sea un aviso al final del capítulo anterior o una nota donde explique las razones, todo dependerá de la magnitud del problema…

Si les interesan más de mis historias, voy a publicar un anuncio más general en mi perfil.

Eso es todo por ahora y, ¡nos leemos después! ¡Feliz Año nuevo!