Capítulo beteado por Pulpi Mortensen, Beta EFF.
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primero que nada disculpas por tardanza en actualizar.
todo se debe a que me aconsejaron que me consiguiera una beta, lo cual como podrán ver lo hice, pretendo no demorar mucho el próximo, espero que el capitulo se a de su agrado...
como ya saben los personajes no me pertenecen, aunque la historia es completamente de mi autoria y propiedad.
Capitulo X:
Reunión.
Después del incidente de la oficina, Edward no había dejado nuevamente sola a Bella. Sabía que James no se rendiría, era como un sabueso, una vez que olía a su presa, jamás la dejaría de lado o la olvidaría hasta que la tuviese. Por eso, llevaba consigo a Bella a supervisar a las fábricas, sabía que no estaba bien hacerlo, pero no podía dejarla y ella no tenía objeciones. Caminaba en silencio a su lado, en un pacto implícito entre ambos en el cual no mediaban palabras, porque no eran necesarias.
Esa semana Edward, había estado demasiado ocupado, como para poder realizar trabajos voluntarios en la enfermería, Auschwitz Monowitz, el tercer campo del complejo de Auschwitz, y en el cual se encontraban todo el complejo industrial, llevaba solo sólo algunos meses separado del campo principal y presentaba diariamente grandes bajas, a este paso iban a quedar sin mano de obra en poco tiempo.
Edward había enviado una misiva con sus preocupaciones al comandante directo de todo Auschwitz, pero sus estas cayeron en saco roto, y solo obtuvo como respuesta, que "la muerte de los prisioneros en Auschwitz, fuesen o no judíos, no era una preocupación, porque todo aquello se enmarcaba dentro de la "Solución final", "que no se preocupase de la mano de obra, ya que a medida que Alemania avanzara en territorio extranjero esta sobraría".
Ante la respuesta del comandante, Edward pensó que todo aquello definitivamente se estaba escapando de las manos, y que él no era más que un peón en ese juego de ajedrez.
Dejó la misiva y levantó la vista, para encontrarse con su tortura personal, Isabella Swan, quien estaba tipiando en la máquina de escribir.
La observó, su pelo había crecido en esos meses, le llegaba un poco más arriba de los hombros, lo tenia recogido en una coleta, cubierto por una fea pañoleta de color gris reparo reparó en sus espesas y oscuras pestañas, en su nariz respingada, para detenerse finalmente en sus labios rojos, ella arrugó la frente y se mordió el labio inferior y se concentró en el papel que tenía enfrente, siempre hacia hacía ese gesto cuando no entendía algo o tenía alguna duda.
Su aspecto había mejorado bastante, aunque aun aún estaba demasiado delgada, y los surcos negros bajo los ojos le daban un aspecto de enferma
Pero aun así era hermosa.
Ella levantó la vista y su mirada se encontró con la suya, le sonrió, una corriente le recorrió la columna vertebral y el día dejo dejó de ser grisáceo, porque su sonrisa trajo consigo el sol.
Le devolvió la sonrisa.
Los ojos de la chica brillaron.
Bella se había prohibido así misma, volver a sentir cualquier cosa por el Oficial de la SS que tenía en frente, y no solo sólo porque era su enemigo natural, sino porque era un hombre casado.
Ella se había enterado el lunes de esa semana, cuando la mujer, había llegado a la enfermería, para hablar con Aro. Le había indicado a una de las guardias quien quién era y a quien quién buscaba. Era la mujer aria perfecta, no solo sólo en lo físico, sino que también con su actitud, había entrado al recinto, con una mirada altiva, como si todos los que estaban en el lugar no fueran más que escoria, el asco y el desprecio se reflejaban en su ario rostro. se habían encerrado en la oficina con Aro, solo sólo para salir una hora más tarde y marcharse del lugar.
Bella lloro lloró esa noche y la siguiente, prometiendose a sí misma, que dejaría de lado, cualquier tipo de sentimiento que tuviese hacía Edward, excepto el agradecimiento.
Promesa que se iba al lugar a más alejado de su conciencia cuando él le sonreía de esa manera torcida, provocando que su corazón se acelerara, amenazando con salirse de su caja torácica, de vuelta a la vida.
El golpe en la puerta la saco sacó de sus cavilaciones, Bella volvió rápidamente toda su atención a la máquina de escribir. Edward alzó la vista, para encontrarse con Alec, hacía días que no sabía de su amigo.
—Hey, ingrato. ¿Cómo estás?, si yo no vengo a verte, tú no te dignas a pasar por mi oficina.
—Ya sabes los problemas que ha presentado Monowitz, la verdad que he estado bastante ocupado. —le dijo tendiéndole la mano a su amigo a modo de saludo.
—¡Oh, sí! También supe lo de la misiva y la respuesta del comandante. En serio no puedes ser tan iluso de creer que se interesarían por las bajas, cuando están dando saponificación por los judíos muertos. —le respondió Alec en tono alegre.
Bella se tensó en su asiento, apretando fuertemente el papel que tenias tenía en sus manos, la La imagen de su padre se vino a su mente. Elevó una plegaria para que, estuviera donde estuviese, se encontrara bien. por que por mas que leyera fichas y mas fichas con nombres de personas destinados a las fabricas nunca aparecía el nombre de ningún conocido de ella. eso la frustraba.-
—Mi lógica era correcta. —le respondió retrucó Edward.
—Pero no aplica al problema. Vamos, Edward, sabes que las cosas no son justas, pero no nos toca a nosotros decidir. Todo es por una nación mejor.
—Eso lo sé, Alec, pero sigo creyendo que mi lógica es acertada. En algún punto y bajo las condiciones actuales, la mano de obra se va acabar.
—Bueno, cuando eso suceda, si es que sucede, quizás sea buena idea que nos reproduzcamos con las razas inferiores. — dijo esto último mirando a Bella y moviendo sugestivamente las cejas a Edward. - Yo puedo ser un abnegado voluntario, para tal labor.
A Edward la sola idea de pensar en esa escena le revolvió el estomago, . últimamente Últimamente esos sentimientos lo estaban perturbando, no sabía que qué era peor, si imaginar a otro con su judía o a él.
Miró a Isabella, la chica seguía observando los papeles que tenía enfrente, como si ellos no estuviesen ahí.
—Ya lo creo. – le respondió.
—Supongo que mi buen amigo, no está de acuerdo con esos menesteres.
—Quizás. – Alec estaba muy equivocado, últimamente solo sólo podía pensar en eso.
—Pero bueno, no vine a hablar de la irreprochable conducta de Edward Masen. —El hombre sonrió.
—¿Qué te trae por mi oficina?
—Te traigo una invitación y no te puedes negar. —Edward lo miró y sólo negó con la cabeza.-
—¿Conoces a Victoria? —Él solo solamente asintió –
—Nos invito a una reunión en su casa.
Claro que sabía quien quién era esa mujer, como la mayoría en el campo, había oído hablar de las reuniones que organizaba en su casa. Aunque nadie podía asegurar si eran una realidad o un mito.
—Pensé que esas míticas reuniones solo sólo eran una invención.
—Creo que ahora lo comprobaremos.
Los hombres habían seguido conversando por un buen rato más, hasta que Alec se marchó, con la promesa de pasar por él antes de las 6.
Negarse no era una posibilidad para Edward.
Se resignó.
Bella había oído historias sórdidas sobre las reuniones, que se llevaban a cabo en la casa de la Victoria y no sabía si sólo eran inventos o una realidad, pero siempre había agradecido, el no ser mu atractiva para que la oficial no se fijara en ella.
La oficial, era una contraposición de belleza, maldad y crueldad; tuvo la suerte o desdicha de conocerla en Birkebau,
Victoria era una de las oficiales de mayor rango del campo, y la más despiadada, podía tenerlas por horas a la intemperie, haciendo flexiones, y aquellas que dejaban de hacerlas, eran azotadas por el látigo que siempre cargaba con ella.
Alice le había enseñado a no llamar su atención, a mezclarse entre las presas del campo, la multitud era su unica arma. para pasar desapercibida siendo una más del montón, el sobre salir por lo que fuese podía significar terminar muerta, o recibir una buena golpiza.
Aun recordaba el miedo que sentía al verla caminar entre ellas, cuidando de siempre mantener la vista en el suelo, esperando que la revisión terminara luego, para tener la esperanza de ver un nuevo día.
Edward no dijo nada, permaneció en silencio, sentado en su escritorio, hasta que Alec, puntualmente, paso pasó por él.
Bella lo vio marcharse y le dedico dedicó una mirada al salir, pero él no la miró.-
Los dos hombres se dirigieron caminado a la casa de la oficial, la que estaba ubicada a poco más de medio kilómetro del campo principal.
Si bien eran muchos los rumores que corrían acerca de las reuniones que secretamente celebraba Victoria, eran pocos los que habían concurrido a una de ellas.
Al llegar habían una oficiales, compañera de victoria, James y otro oficial.
Edward saludó a los presente, dedicándole una mirada fría a James, quien le sonrió mostrándole todos sus perfectos dientes, y una mirada burlesca.
Pudo sentir la animadversión entre ellos, James no había olvidado.
El ambiente era el de cualquier reunión con amigos, habían algunas cosas para comer, vino, vodka y mucha cerveza.
La conversación era amena, más que nada respecto a las rutinas diarias de cada uno, las ideologías nazis y la guerra.
A medida que la noche iba avanzando y el cuerpo empezaba a mostrar los primeros signos de la embriaguez, los ánimos también se exaltaban, el himno de la juventud hitleriana era entonado a viva voz por los presentes, y el saludo a su führer era constantemente realizado-
La noche era fría, el invierno europeo estaba en su apogeo máximo en En la casa de la oficial, la alegría daba paso a la lujuria, todos los presentes esperaban secretamente vivir la experiencia de perder el control.
Victoria estaba sobre las piernas de James y se reía fuertemente de los comentarios de Alec, quien bromeaba respecto a las expectativas de la noche.
Fue la misma Victoria quien finalmente interrumpió las conversaciones y pidió silencio, para ir corriendo a una de las piezas para salir acompañada de cuatro mujeres desnudas.
Era sencillo, podían escoger a la que les gustara y hacer con ella lo que quisiese, no había reglas ni limites.
si Si bien en el campo principal había un prostíbulo, en el nadie podía dar rienda suelta a sus instintos, todo era reglado.
Edward observó a las mujeres, de seguro ninguna de ellas estaba ahí de forma voluntaria, quizás debería elegir a una de ellas, y saciar sus ganas de follar, .
La idea le cruzó sus pensamientos, después de todo no era tan descabellado, él sabía a lo que había ido.
Alec eligió a dos chicas y se las llevo llevó a una de las habitaciones de la casa; Victoria había vuelto con James y una de las oficiales al sillón; el otro oficial tomó a una de las mujeres y se la llevo al sillón donde estaban los demás; solo sólo queda una mujer y era obvio que era para él.
La chica lo miro miró con miedo en los ojos, estaba en un momento crucial de su vida y tenía que decidir que qué hacer.
Se tomo al seco el contenido del vaso que tenía en la mano, y se levanto levantó de la silla en que estaba, se dirigió hacia donde estaba la mujer y la toma de la mano y se la llevo lleva en busca de una habitación,
Ya había decidido.
espero que les haya gustado...
nos estamos leyendo.-
