hola aquí les traigo un nuevo capitulo:
Antes de partir con este capítulo quiero entregar una información para su mejor entendimiento: es sobre el proyecto Lebensborn, que consistía en recoger niños huerfanos y niños de zonas ya ocupadas por el nazismo, y de ellos seleccionar los que pudieran tener un aspecto mas "ario", para ser mandados a residencias de las SS donde eran adoctrinados en su ideario belicista y supremacista racial.
Por otro lado, también se seleccionaban mujeres alemanas y volkdeutsch por su aspecto físico, las que considerasen que se acercaran mas al ideal estético del nazismo, y ofrecerles la posibilidad de tener hijos de padres también previamente seleccionados, que acreditaran un arbol genealógico en las tres generaciones anteriores.
Los hijos que tenían, pasaban también a ser parte de las SS para sus planes de creación de una raza superior que fuera la élite del estado.
también algunos miembros de la SS eran integrantes de este proyecto.
También en sus comentarios he leído que muchas de uds habían al igual que yo buscado historia de esta época, sin éxito, bueno quiero informarles que yo encontré una y que esta termina se llama dueño de mi destino, se las recomiendo porque soy de la idea de cuando algo es bueno hay que leerlo y por lo menos a mí me gusto.
Bueno eso como ya saben LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, LA ÉPOCA HISTÓRICA TAMPOCO, PERO LAS VIVENCIAS DE LOS PERSONAJES SON DE MI LOCA IMAGINACIÓN.
Sin más preámbulos les dejo el capítulo, que lo disfruten XD
Capitulo XI.
Celos.
Cuando Edward despertó la cabeza y el cuerpo le dolía, lo bebido la noche anterior le paso la cuenta, se movió incomodo en el sillón que le sirvió de cama, fuera aun estaba oscuro, no tenían que ser mas de las 3 de la madrugada, miro su reloj de bolsillo, marcaba las 2:40 AM, se levanto y busco su chaqueta, miro a la cama la mujer dormía, estaba acurrucada y su chaqueta la cubría, ni siquiera sabia su nombre, no se lo habia preguntado ¿para que?.
Tendría que despertarla para que se la devolviera, se dirigió a la cama, e intento sacarla, la mujer se despertó bruscamente:
- No me haga nada. – le suplico.
- No soy un maldito violador, te lo dije anoche.- el tono denotaba molestia, tomo su chaqueta, y se apresto a irse, antes de salir se dirigió a la mujer y le dijo. – si preguntan ya sabes lo que debes decir. – ella solo asintió.
Edward era muchas cosas, pero no era un maldito sádico ni un violador, de niño había tenido que ver como la hermana menor de su madre, sufría las consecuencias de un acto semejante, el nunca se transformaría en uno.
Alec no se veía por ninguna parte, de seguro aun estaba en alguna habitación, cuando llego a la estancia principal, no había nadie, no se quedaría a esperar a que despertaran, tendría que volver al campo principal por su automóvil, las luces de las torres de vigilancia lo guiarían.
El campo estaba en silencio, tuvo que despertar al vigía de la puerta de acceso, ellos podían darse ese lujo, después de todo el campo principal estaba rodeado de un cerco eléctrico, por lo que los intentos de fuga eran reducidos y los que se llegaban a producir tenían poco éxito, pero aun así se habían quienes corrían ese riesgo.-
Edward se dirigía al sector de estacionamiento, cuando un ruido llamo su atención, se detuvo y busco de donde provenía, se oculto en las sombras del barracón, y observo intentando ver en la oscuridad, no estaba preparado para lo que sus ojos le mostraron, de entre las sombras salió SU judía, acompañada de un tipo rubio, al que creía haber visto en la enfermería, pero no estaba seguro, una ira que desconocía y que nació en su columna vertebral extendiéndose, por todo su cuerpo, haciéndole apretar fuertemente no solo los dientes, sino que también sus puños.
El hombre la llevaba de la mano, se movían de manera furtiva, refugiándose en la obscuridad de la noche. Los siguió. No pudo evitarlo, a cada paso que daba, su odio aumentaba, quería matarlos a ambos, cuando llegaron hasta el barracón en que se alojaba Isabella, ella lo abrazo y le dijo algo al oído, Edward quería salir de donde se encontraba y aplastar sus cráneo, contra la pared, estaba planeando como hacerlo, cuando Isabella entro al barracon y el hombre se marcho rápidamente.
Edward no tuvo tiempo de reaccionar, se quedo estático por minutos que le parecieron horas, dejándolo con todos esas sensaciones que no había experimentado antes y que no sabía cómo manejar, le tomo un tiempo reaccionar, cuando lo hizo, se prometió que ambos se la pagarían, nadie se reía él.-
Manejo a la velocidad máxima que su Maybach SW42, le permitía, la odiaba, el había sido bueno con ella, la había protegido, alimentado, dejo a su mujer de lado, sus ideales, todo, ¿Para qué?, para que se fuera con el primer idiota que encontrara. Golpeo fuertemente con su puño el volante ¿Porque?.
Cuando llego a su casa Tania lo estaba esperando, por la expresión de su rostro supo lo que le esperaba, ¡más mierda!, no estaba de ánimos para discutir con ella, y eso era indudablemente lo que le esperaba, ya sabia de memoria como se desarrollaría la escena y el siempre terminaría siendo el culpable, no había otra opción, estaba cabriado de todo aquello.-
Miro a la mujer que tenía en frente, se suponía que ella tendría que ser su Lebensborn su fuente de vida, pero para el solo era una desconocida.-
Tania estaba impaciente, había esperado al hombre que era su esposo todo el día y cuando no llego a la hora que generalmente llegaba, se desespero.
El día anterior había visitado Aro, y el estado de estrés que en ese momento la aquejaba se debía en gran parte a esa visita, sobre sus hombros cargaba una gran peso y cada minuto que pasaba la angustia se apoderaba de ella.
Aro le había repetido, lo que su padre incansablemente le decía, "La mujer aria, alta, rubia de ojos claros… debía ser la guardiana de la raza superior, de la virtud doméstica, y las buenas costumbres.", ella estaba orgullosa de cumplir con los cánones que exigía la organización que su padre había ayudado a fundar, Lebensborn, cuyo objetivo era expandir la raza aria, la cual debía convertirse en la nueva raza de Europa.
Creció en una familia muy estricta y rígida, que se pegaba a la en todo a las buenas costumbres y la moral, su educación había sido entregada totalmente a institutrices, y solo veía a su padres en contadas ocasiones, las que se habían reducido aún más cuando su padre se integró al proyecto Lebensborn.
Siempre le había tenido cierto temor reverencial a su progenitor, desde niña se había esforzado por que este estuviera orgullosa de ella, sin embargo su padre era difícil de agradar y sorprender, había velado porque su familia se adecuara y formara parte de los nuevos ideales que regirían en Alemania y más aún en el proyecto en el que él trabajaba, tenía que dar el ejemplo.
En su infancia no vio muestras de cariños entre sus padres, sus dos hermanos mayores fueron enviados a temprana edad a internados y con sus dos hermanas mayores nunca tuvo mucho contacto, la brecha etaria era muy evidente para que dos adolescentes se preocuparan por la niña tímida que en esa época era Tania, por lo creció en una gran mansión, rodeada de soledad, pero con nadie que realmente se preocupara por ella o le mostrara interés, pero eso cambio cuando entro a las juventudes hitlerianas, sus aspecto ario era perfecto para no pasar desapercibida y ella adopto rápidamente los ideales, a tal nivel que en poco tiempo era una fanática que vivía y respiraba por el nazismo.
Su felicidad era máxima cuando paso al igual que las mujeres de su familia y el resto de sus amigas de las juventudes Hitlerianas, a formar parte del proyecto Lebensborn, que ayudaba a dirigir su padre. Si bien era cierto que cualquier mujer, que fuese aria y que se probase su linaje estaba limpio hasta 3 generaciones atrás, podía formar parte del programa y traer niños arios al mundo, ya sea que fuera para conservarlos para sí o para entregarlo a una familia aria se hiciese cargo de él. Tania formaba parte de una rama del proyecto mucho más compleja, la nobleza de su cuna y su intachable linaje, la volvían una candidata perfecta, no solo para concebir niños arios perfectos, sino que uno que en un futuro, formase parte del gobierno que dirigiese no solo Alemania sino que el mundo entero y eso la hacía sentirse orgullosa.
Cuando tuvo la edad suficiente para formar por si sola una familia, se aboco por completo a la búsqueda del hombre perfecto para dar cumplimiento al plan que estaba trazado para ella.
Pero no fue ella quien lo encontró sino su padre, quien le aconsejo a Edward, ella estuvo de acuerdo, lo conocía de las reuniones de las juventudes hitlerianas, tenían algunos amigos en común y tenía que reconocer que siempre le había llamado la atención, lo encontraba muy atractivo, aunque nunca se había atrevido a reconocerlo, por temor a defraudar a su padre, por eso cuando fue este quien se lo aconsejo, se sintió bendecida, Edward era el prototipo de hombre, que siempre había deseado, es mas era el hombre que quería para dar cumplimiento a su labor en el mundo, si bien no era el estereotipo ario de los panfletos, era caucásico y no se podía decir nada de su linaje y de la limpieza de su sangre, ella no había tenido que hacer nada, su padre se había encargado de todo. Ella solo había tenido que realizarse los exámenes obligatorios, que la habilitaran como apta, para poder contraer matrimonio.
Lamentablemente su matrimonio no resulto como ella planeo, el primer problema fue el que no le resulto sencillo embarazarse, por eso cuando lo logro, fue la mujer mas feliz del mundo, su padre estaba orgulloso de ella y sus familiares y amigas les enviaron cartas para felicitarla, por fin estaba dando cumplimiento a su labor en el mundo, las inagotables reuniones y charlas, donde le habían inculcado los deberes de una perfecta ama de casa aria, habían surtido efecto, ser parte de todo el proceso y contribuir de primera fuente al mejoramiento de la raza, era el mayor de los éxitos de su corta vida, por primera vez formaba parte de algo, pero cuando su cuerpo no pudo albergar a su hijo y aborto, la vergüenza y la desdicha se apoderaron de ella, su padre no oculto su decepción y se lo hizo saber, le dijo que no quería tener noticias de ella, hasta que estuviese nuevamente embarazada.
Lo segundo que no resulto como ella planeo fue el comportamiento de Edward, no lo entendía y ya no intentaba hacerlo, nunca tuvieron nada en común, ella creía ciegamente en los postulados del nazismo y se mostraba interesaba en todo lo referente a ello a un nivel de fanatismo extremo, mientras que su esposo, no mostraba su mismo interés y solo se abocaba a lo estrictamente necesario y eso la frustraba, ella tenía las cosas claras solo quería traer niños al mundo, el sexo solo era para eso, por ello le calzaba cuando en los primeros meses de su matrimonio Edward buscaba abrazarla o besarla para intimar, las cosas debían ser claras, el sexo era obvio si buscaban que el la embarazara, no había para que disfrazar las cosas.
Le molestaba que fuera de carácter blando, no entendía como podía trabajar todo el día con una judía, eran esas cosas las que hacían que ella quisiera mostrarle la realidad del mundo y lo beneficioso que era que esa gente desapareciera. ¿Cómo él no podía entenderlo, si a sus ojos era todo tan claro? Pero por otra parte envidiaba a esa mujer, esa maldita judía tenía todo lo que ni en sus mejores sueños tenia, la atención de Edward, sabía que sus celos eran injustificados, Edward jamás se fijaría en nadie del campo, ellos tenían un plan superior trazado, pero no podía evitarlo. Sabía que en el campo se había instalado un prostíbulo y eso era una presión extra que la torturaba todo el día.
Sabía que Edward, como hombre tenía necesidades fisiológicas, que ella no estaba satisfaciendo, le había planteado su opinión respecto del tema a su hermana, cuando esta le informo de la apertura del prostíbulo, y el consejo que esta le dio no le gusto, como podían los hombres buscar fuera lo que no tenían en casa, y no lo entendía, el sexo tenía un fin y ellos lo habían alcanzado por que insistir.-
Llevaba días con la idea en la cabeza Aro, no había hecho más que confirmarle lo que ya sabía, sino que también le había hecho ver que la misión de todo hombre ario era embarazar al mayor número de mujeres arias posibles, no teniendo mayor importancia la legitimidad de los niños, después de todos esas eran las recomendaciones que venían del gobierno y de la organización que su propio padre integraba.
Miro por la venta a lo lejos podía ver las luces del campo, recordó lo difícil que le había sido controlar sus celos delante de Aro cuando este le había informado que Edward tenía desganado un papel importante es los proyectos que el planeaba llevar acabo con ese fin, no podía imaginar a su esposo de una manera tan poco decorosa, ella era esposa perfecta, todo el mundo se lo decía y ella así también lo sentía.
Aportaba a que sus nervios estuviesen a flor de piel el difícil y complejo embarazo que estaba viviendo, sufría de mareos, fuertes dolores de cabeza, su cuerpo estaba cambiando, los pechos le dolían, y las nauseas eran cosas de todos los días, odiaba a Edward, por que el no tenia que sufrir los malestares que la aquejaban a ella, cada vez que él se paseaba frente a ella en un perfecto estado, mientras ella se sentía morir y solo deseaba que el tiempo pasara rápido y el niño naciera, no podía dejar de pensar en lo que hacía cuando estaba en el campo, imágenes tórridas, lujuriosas y sórdidas de el con otras mujeres procreando hijos ilegítimos por montones, mientras ella no podía retener en su estómago el desayuno del día.-
Además vivía con la presión constante de defraudar a su padre y sufrir nuevamente un aborto, había algo en su cuerpo que estaba mal, ella lo sabía, sus hermanas y sus amigas no habían tenido que sufrir en sus embarazaos tantos malestares como ella o por lo menos eso era lo que decían.-
Edward tendría que darle muchas explicaciones, ya no podría negarle lo que ya sabía. El ruido de la puerta abriéndose la saco de sus pensamientos, aun le dolía la cabeza, miro el reloj que estaba en el mueble que tenía enfrente eran las 3:15 AM, cuando lo vio entrar, le era difícil controlar rabia que amenazaba con brotar de cada poro de su cuerpo.
Sus emociones se desbordaron completamente cuando Edward entre al vestíbulo la ignoro.
- ¿Donde estabas? – pregunto la mujer tratando de controlar su histeria.-
- ¿Dónde crees tú?- le respondió con tono mordaz.-
- A estas horas dudo que vigilando las fábricas. No te atrevas a mentirme. Ya se que se que opera en el Bloque 24. ¿estuviste ahí?... lo se…. Mi intuición no me falla… - Tania se paseaba de un lugar a otro intentando controlar su ansiedad.-
- Si tu intuición no te falla, para que me preguntas, si según tú ya sabes la respuesta. – Edward la observo, sabia lo que vendría luego, gritos y mas gritos, en verdad no estaba de ánimos.- Tania en verdad hoy no tengo ganas de discutir… además le puede hacer daño al niño…
Solo tuvo que pronunciar esas últimas palabras para que la mujer perdiera el control.
- Lo único que te importa es esto ¿cierto?...- le dijo apuntando con su mano su levemente pronunciado vientre. – tener seguro un maldito hijo legitimo mientras vas dejando tu semilla por el mundo. ¿De eso se trata verdad?... yo tengo que soportar todos los malestares, mientras tú te abocas de lleno a ese propósito.-
Edward se paso la mano por el pelo en señal de frustración. – Tania no sé de qué estás hablando. – le dijo de la manera mas calmada que pudo.
- No tienes que fingir conmigo, Aro ya me informo sobre tu nueva obligación, y déjame decirte que no estoy de acuerdo.-
- En serio Tania, vengo cansado y no tengo ganas de discutir contigo de algo de lo que no se me ha informado. - Guardo silencio -. A demás no entiendo a qué viene todo esto tu sabias muy bien cuando nos casamos como serían las cosas y si no me equivoco no te importo en ese entonces y no te importo hacerlas diferentes en su momento, fuiste tú la que quisiste apegarte al pie dela letra y que este matrimonio solo se tratase de engendrar niños… no me vengas con reclamaciones, fuera de lugar.
Edward no había podido evitar enrostrarle parte de sus frustraciones, se paseaba impaciente, solo quería irse a dormir y olvidarse de todo, había sido un error no poder controlar su frustración con Tania, pero ni siquiera sabía de qué le estaba hablando, estaba agotado, era un maldito día de mierda, y todo se le estaba saliendo de las manos. Pero estaba muy equivocado si pensaba que nada mas podía empeorar, no vio venir cuando su mujer se le abalanzo para pegarle con sus puños en el pecho mientras le gritaba.-
- Soy tu esposa, tengo todo el derecho del mundo, no puedes faltarme el respeto de esa forma.
Tania era consiente que lo que le decía Edward era cierto, ella había querido que las cosas se ajustaran al pie de la letra a los postulados de la Lebensborn, pero los celos, la ira y la rabia la dominaban y no los podía controlar.
La noche anterior, Edward no había dormido absolutamente nada, luego de la discusión con Tania, le costó mucho lograr que esta se calmara y se durmiera.
Esa noche vio con claridad, lo que no quería ver hasta ese momento, casarse con Tania había sido un error, ahora solo tenía que velar por el hijo que ella le daría, respecto a Isabella y el tipo rubio, ya pensaría que hacer con ellos, después de todo en Auschwitz no habían reglas, él ponía sus propios límites y en ese momento no lo tenía.-
Que les pareció?
