Bueno aquí les traigo un nuevo capitulo de mi historia.
Creo que ya comienzo a trazar las ideas principales de ella.
Quiero hacer una aclaración respecto de los experimentos que ha realizado el malvado de Aro durante el desarrollo de la historia y que seguirá realizando a medida que esta avance, son experimento que según leí realmente se llevaron a cabo en el campo de concentración donde se desarrolla mi historia.
Gracias por leerme
La historia perteneces exclusivamente a mi imaginación los personajes como ya sabrán no.
CAPITULO XII:
Trazando líneas.-
Aro estaba contemplaba feliz la hoja de papel, que contenía la respuesta a la solicitud realizada a la fundación alemana de investigación, sabia de antemano que la respuesta seria positiva y que le otorgarían su anhelada subvención para llevar a cabo su propuesta, pero lo que lo extasiaba era la carta que tenia en sus manos y que contenía la opinión personal de su fuhrer hacia sus investigaciones.
Lo felicitaba por su inagotable inquietud científica en la búsqueda de mecanismo para obtener el mejoramiento de la raza aria.
La opera El cazador furtivo de Carl María von Weber, sonaba en su mente, los acordes se expandían por todos los rincones de su oficina, dándole color y alegría al ambiente, una sonrisa se dibujo en sus labios, el éxito lo excitaba lo incitaba.
Nada podía mejorar su situación actual, tenía la venia de fuhrer y carta blanca para experimentar.
Guardo la carta con extremo cuidado en su diario y con paso firme se dirigió a la guardería, que no era más que una oficina de su barracón de experimentación, especialmente acondicionada para albergar a los niños objeto de sus diferentes y macabras investigaciones, inclusive tenía una sala de juegos, cuando llego algunos niños, internos recientes, se acercaron a saludarlo, les entrego caramelos, no había nada como ganarse la confianza de esas pobres almas indefensas, su excitación aumento.
Aro tenia esperanza en que si todo salía como el esperaba, la guardería muy pronto debería expandirse para albergar el producto del experimento que esa misma tarde comenzaría a llevar a cabo.
El día concordaba con su estado de animo, la primavera llegaba a ese recóndito lugar de cracrovia, los acorde de la opera aun sonaba en su cabeza, nada como la música, para inspirar y hacer que las ideas surgieran, el era un creador…. ¿Cómo dios? Quizás. Rió ante su ocurrencia.-
Después realizo su visita de rutina diaria a su mayor orgullo; sus gemelos, constato que el ultimo de sus experimentos no evolucionaba como él esperaba, los siameses que el había creado, se habían infectado en todo el sector de la unión, pero tenía fe que pronto la infección retrocedería y su experimento seria todo un éxito, que importaba el dolor, si se obtenían los resultados esperados.
Cuando termino consu revisión se dirigió nuevamente a su oficina, tenía que trazar los últimos detalles para poner en marcha su experimento, buscar a los prototipos adecuados, aunque ya tenia a la mayoría en mente, duda que alguno se negara. Volvió a reír ante su ocurrencia. No podían.
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Bella despertó esa mañana, con el ya conocido sonido de la trompeta. A fuera ya sonaba los típicos himnos alemanes.
La cabeza le picaba, había ciertas ventajas de tener el pelo corto, ventajas que ella había perdido.
El tener pelo en la cabeza, aunque fuera poco significaba que los piojos habían encontrado un nuevo hogar donde alojarse, aquello era normal, las condiciones higiénicas no eran las mejores.
Pensó que quizás sería bueno que le cortaran nuevamente el cabello como a las presas de Birkebau, pero nadie le había dicho nada. Ella tampoco preguntaría. En el campo principal las reglas eran distintas.
Tenía sueño y estaba cansada, había dormido poco, producto de las pesadillas que tuvo durante toda la noche.
La tarde anterior Esme le había pedido ayuda para un procedimiento y ella no se había negado le gustaba poder colaborar en algo, ingenuamente pensó que practicarían otro aborto, pero se había equivocado.
Cuando llegaron a la enfermería no era Carlisle, quien las esperaba, sino otro hombre, Esme se lo presento como Jasper, un preso de nacionalidad inglesa y ayudante de Aro.
Él las guio a un barracón cuyo acceso era restringido, y cuya entrada debía ser expresamente autorizada por el médico a cargo. Pero que esa noche extrañamente estaba sin vigilantes, según les dijo Jasper, estos se habían ido a una reunión a la casa de una las oficiales, por lo que habían dejado a cargo a un oficial que en ese momento dormía borracho en una de las oficinas.
¿Como Jasper se había conseguido las llaves?, Bella no lo sabía.
Ella no estaba preparada para los horrores que guardaba ese lugar.
Esa noche no practicaron abortos, mientras Esme vigilaba el sueño del oficial, ella y el hombre, habían hecho algo terrible, yendo contras las normas de la vida, había ayudado a Jasper a aplicar Eutanasia, a dos hermanos gemelos, eran dos niños polacos que no tenían más de 12 años, y que se encontraban unidos atreves de cosiduras por el costado, las heridas estaban infectadas, provocándoles gran dolor, fiebre y delirios.
Jasper les dijo que pese a los esfuerzos, que él había realizado para que superaran la infección, ellos no sobrevivirían, por lo que lo mejor era acabar con su sufrimiento, y así lo habían hecho.
Bella no había podido retener las lagrimas, y aun en ese momento sentada en el camastro de su barracón, no tenia claridad de cómo había vuelto, solo sabía que Jasper la acompaño hasta su barracón y antes de dejarla la había abrazado y le había dicho que todo estaría bien. Ella lo dudaba, nada estaba bien, todo estaba mal, muy mal.-
Se removió incomoda, tenía una sensación acuosa entre en las piernas, no te tomo mayor importancia, hasta que deslumbro de que se trataba, su periodo había regresado, no recordaba cuando fue la ultima vez que se indispuso, creía que fue unos días después de llegar al campo, luego de eso no recordaba, aunque en cierto punto se alegro de que no volviese a bajarle, una preocupación menos con la que cargar en ese maldito lugar. Pero ahora la naturaleza le volvía a recordar no solo que seguía viva sino que era mujer.-
- Toma ponte esto.
La voz de Ángela la saco de sus cavilaciones sobre ser mujer, luego la mujer le había lanzado algo, al revisar de que se trataba descubrió que eran unos pedazos de telas.
- Son para que los uses… los conseguí con las chicas de las fabricas. Ahora muévete, todas ya se han levantado, no querrás enojar a algún oficial - Bella solo asintió. Las vivencias de las noche anterior aun la tenían en un estado letargo.-
Se dirigieron a la zona de los baños, no existían duchas en ese sector, solo hileras de llaves de mano, donde las presas tenían que asearse. Ella estaba como en un trance, había olvidado lo incomodo que era ser mujer.-
- Es una de las consecuencias de estar en este lugar. – le dijo de Ángela – Tu cuerpo vuelve a la normalidad. - Bella sonrió nada era normal.- tienes que cuidarlos y lavarlos para volver a utilizarlos… son difíciles de conseguir.
- Gracias.
- No hay de que… ahora vamos o quedaremos sin nuestro rico y nutritivo desayuno. – le dijo Ángela en tono irónico.
Cuando llego a la oficina, Edward aun no había llegado, por lo que se dirigió a su escritorio y comenzó con su trabajo, tenia cajas llenas de archivos con identificaciones de presos, destinados a las distintas fabricas de los tres campo que componían el complejo de Auschwitz. Y por más que ella, todos los días buscaba no encontraba a su padre o algún conocido entre ellas, eran solo nombres de personas desconocidas y sin rostro.- Su trabajo era interminable cuando creía tener en orden todo lo relativo a una fabrica, desde el contrato de arrendamiento de mano de obra, hasta el personal en ella destinada, una nueva caja con fichas de nuevos prisioneros llegaba y tenía que volver a organizarlos, era un trabajo de nunca acabar. Otra cosa muy distinta era las cajas con los archivos de las distintas bajas del campo, esos archivos eran una tortura a su salud mental, pero se alegraba cuando después de archivar las bajas que semanalmente se producían, no encontraba el nombre de su padre.- Una extraña sensación de ser observada la distrajo de sus deberes, al levantar la vista comprobó que era Edward, quien la observaba, no lo había sentido llegar, tenía un aspecto horrible, estaba pálido y tenía unas enormes ojeras. La estaba mirando fijamente. Una sensación que no pudo identificar, le recorrió la espalda. Se sintió como una pobre oveja frente a un enorme león, que planeaba como atacarla. Ella solo pudo sonreírle.
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Cuando abrió la puerta de su oficina, lo hizo de la forma más silenciosa que pudo, observo a la mujer que se encontraba hincada revisando los archivos que contenía una de las cajas, se veía frágil e inocente. Durante todo el camino al campo, había ido planeando su "venganza" aun no se decidía entre la gasificación, en una de las cámaras de gas del campo, esa era la forma más fácil y rápida, o si los enviaría a realizar trabajo físico a alguna de las fabricas de Monowitz, la mina era su mejor opción, esta última opción era la que más le gustaba. Pero verla, ahí hincada, perdida entre los archivos, hacia que sus planes perdieran fuerza, cuestionándose si lo que quería era hacerla sufrir hasta verla muerta, a lo mejor tendría que buscar otra forma de hacerla pagar. Respecto al tipo rubio aun no decidía que haría con él. Solo sabía que para él quería el peor de los males. Bella alzo la vista. La mujer se dio cuenta de que el la estaba observando, lo había quedado mirando y le sonrió, fue esa sonrisa la que echo abajo todos sus cavilaciones. Se había vuelto un débil. Pero esa sonrisa hacia que su vida fuese un poco mejor, que tuviese un poco más sentido. Y ese día ya no quería negarlo. Pensó que quizás debiese averiguar que estaba haciendo a esas horas, Bella con ese hombre y después ver su castigo. Esa era una buena opción. Y era la que seguiría.
La tarde transcurrió con tranquilidad, ambos habían trabajado en silencio.
Cuando el horario de oficina llego a su fin Bella se retiro en silencio, había buscado la mirada de Edward para decirle a dios, pero este siempre mantuvo la cabeza gacha, era mejor no insistir, el hombre había estado todo el día perdido en sus pensamientos y no le había prestado el más mínimo interés, se dijo que quizás era mejor así, pero esa opción no la entristecía, le gustaba conversar con él, le gustaba llamar su atención.
Edward sintió a la mujer marcharse, pero no dijo nada, ese mismo día comenzaba su misión, averiguar sobre Isabella y el hombre con el que la vio.
Se preparaba para salir a la enfermería, lugar donde encontraría a Isabella, para comenzar con su cometido, cuando Aro toco su puerta.
No estaba preparado para su visita, tampoco sabía que quería. Después del rutinario saludo, Aro le pregunto:
- Oh, mi querido amigo, dígame como esta su padre y su mujer por .
Edward le respondió de manera cortes.
- Tania está bien, pero con reposo no ha tenido un buen embarazo…. Y bueno mi padre en su última carta me comento su preocupación, sobre los avances del ejército rojo, pero tiene confianza en que Alemania puede revertir la situación.
- Tu padre tiene razón, ese solo fue un traspiés de nuestro ejército, que el Fuhrer se encargara de revertir, respecto a Tania, quizás deba hacerme una visita para revisarla, me preocupa su situación… pero no es solo para saber de Tania y de tu padre el motivo que me trae por aquí…
Edward lo observo, cada vez que ese hombre lo iba a visitar no eran buenas noticias y eso lo preocupaba. Solo asintió con la cabeza, dándole pie para que continuara.
- Estoy buscando prototipos para un nuevo experimento que estoy implementando y tú eres uno de ellos. – Aro vio el asombro en la cara del hombre, que tenía en frente, pero así es como debía ser, la sutileza para dar alguna noticia, no era una característica que lo definiera, el iba directo al grano.
Después de un momento de silencio Edward salió del asombro, sabio de los experimentos que Aro realizaba, y dudaba que él, se prestara voluntariamente para que el "Medico" experimentara con su cuerpo. Cuando aun no estaba seguro de si podía negarse.
Sabrás Edward que todo es para el mejoramiento de la raza aria.
Eso no lo dudo. – le dijo con cierta ironía camuflada.
El hombre le narro sus intensiones, las cuales eran bastantes simples, para las posibilidades que él se imagino, lo quería utilizar como semental, quería que fecundara a mujeres con distintos niveles de sangre aria, para ver que tan arios salían los niños que engendrasen ¡dios ese hombre no tenía limites! Y lo peor aun no sabía como podría negarse.
que les pareció?
