Aquí les dejo un nuevo capitulo de mi historia.

Para las chicas que preguntan sobre las actualizaciones les informo que intento hacerlo una vez por semana.


Como ya saben los personajes no me pertenecen yo solo juego con ellos poniéndolos en situaciones difíciles.


CAPITULO XIII:

Conclusiones.

Solo podía oír la risa de la niña entre los viñedos, sabía que solo la separaban unos pocos metros, pero no quería encontrarla si lo hacía el juego terminaba ahí, se detuvo cerró los ojos y respiro, podía sentir el aroma de la uva maduras, la tranquilidad era solo quebrantada por la risa de su hermana y el canto de los pájaros, un lugar perfecto pensó, cada año solía esperar con ansias aquel viaje a casa de su abuelos, las viñas que estos poseían eran el lugar perfecto para jugar al escondite con su hermana menor, se mantuvo en silencio escuchando el lugar de donde provenían las risas y se dispuso a sorprenderla, se desplazo con máximo cuidado, podía sentir el sol calentando su piel, era primavera y los colores adornaban la campiña francesa, dando el aspecto de un oleo recién pintado. Las risas se sentían cada vez más cerca, ella reprimió la suya, cuando su hermana la vio acercarse, salió disparada cruzando los viñedos, conocía ese juego, ella tendría que atraparla.

– No me atrapas Ali. – dijo la niña.

Ella corrió tras su hermana, riendo fuertemente.

No quería abrir los ojos, quería seguir en su paraje perfecto, una vez su madre le había dicho, que una forma de no sufrir era trayendo a la mente un recuerdo feliz, nunca pensó que aplicaría aquel consejo. Solo que su madre no le dijo que a veces la realidad, eran difícil de evadir y abstraerse, la mente no era tan manipulable, al menos no para ella.

La risa de su hermana, se perdió entre los quejidos del hombre que tenia sobre su cuerpo y que bombeaba dentro de ella, fijo la vista en el techo, solo pedía que fuera rápido.

Después de unos minutos que para ella, fueron interminables, el hombre acabado, se levanto de la cama, se vistió y toco la puerta para que abriesen, no la miro.

Alice mantuvo la vista en el techo, aun después de que sintió la puerta cerrase, su mente se mantuvo en blanco, solo el ruido proveniente de las habitaciones colindantes se colaba en su mente, no dejándola alcanzar la paz que tanto anhelaba, recordándole en lo que se había convertido… en una puta.

Espero en silencio, quizás tuviese que atender a alguien más, y si ese era el caso, estaba preparada para cerrar los ojos, e intentar nuevamente abstraerse con algún recuerdo, no solía prestar el mayor interés en quienes requerían sus "servicios", no es que se pudiese charlar con ellos, era lo más impersonal posible, así debía ser, esas eran las reglas, aunque a ella tampoco le interesaba conocer o saber a quién tenía entre sus piernas. Aquello no se trataba de placer, solo un servicio que su cuerpo prestaba a personas sin rostro y sin nombre.

Alguien la tomo del brazo, ella no presto mayor atención.

Alguien la obligo a sentarse sobre la cama, ella no se negó, que importaba si no quería sentarse.

Escucho que alguien le hablaba, pero solo eran ruidos que ella no logra analizar y por lo tanto entender, intentaba estar lejos de ahí, en la campiña francesa, en casa de sus abuelos, jugando con su hermana…

Su hermana – pensó – no era posible estar con ella, porque su pequeña Lilian se había colgado en una casa de acogida francesa por que fue incapaz de sobrellevar la realidad y ella no solo no estaba en casa de sus abuelos sino que estaba muy lejos de la campiña francesa, para ser más precisos a cientos de kilómetros, en cuarto pequeño donde prestaba servicios como puta.

La realidad la golpeo abrumándola. Como la compuerta de una represa que acumulo demasiada agua y que ahora se rompía en mil pedazos, haciendo que lagrimas incontrolable se derramaran por sus mejillas, sin que ella fuese siquiera consciente de ello.

Sintió unos brazos que le rodearon y se abandono al llanto. Lloro por Lilian, por Garret, por Bella, por ella y por todos los que estaban en ese maldito lugar, lloro porque la vida era injusta, lloro por todo lo que no había llorado, desde que ese infierno comenzó, lloro porque quería y podía hacerlo.

Cuando por fin logro calmarse, pudo apreciar que quien la abrazaba era Rosalie, la oficial no dijo nada, y con pedazo de tela húmeda la limpio, con la mayor delicadeza que pudo y cuando hubo termino y en el mismo silencio la vistió.

- Tomate esto. – le dijo la oficial – te hara dormir toda la noche y podrás descansar.

- Gracias – le respondió Alice.

Esa noche durmió como hacía mucho tiempo no lo hacía, no hubo sueños, ni pesadillas, solo descanso.


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Jasper tomaba nota de lo que Aro le iba dictando, medidas, pulsaciones, rasgos etc, frente a él un soldado perfectamente ario, era sometido a un examen minucioso de todas sus características físicas, mientras Aro lo interrogaba;

¿Soltero o casado? ¿Con cuanta regularidad te masturbas? ¿Con que frecuencia mantienes relaciones sexuales? ¿Pareja única o múltiples? ¿Hijos? ¿Sabes si has dejado a alguna mujer embarazada? Ect.

Esas eran alguna de las preguntas que tenían que responder, los hombres que estaban siendo estudiados por Aro, pobres idiotas, - pensó- de seguro nada bueno salía de ello o por lo menos, eso le decía su experiencia. Sabia de ante mano que Aro tenía una imaginación volátil, digna del mejor dramaturgo frances.

Cuando Aro hubo terminado de revisar a James, lo quedo mirando fijamente y le dijo:

- Tu mi querido Jasper serias un candidato mucho más apto que los especímenes que hasta este momento hemos revisado… si tan solo no estuvieras en contra de la ideología que se apronta a regir el mundo…

Jasper no dijo nada, esperaba que Aro estuviese equivocado y el nazismo fuera prontamente suprimido.

Cuando el siguiente hombre entro Jasper, estaba concentrado revisando sus anotaciones, al levantar la vista se encontró con par de ojos verdes, que lo miraban con odio y desprecio, pero no era la típica mirada que le brindaban los oficiales, esta era mucho más profunda e intensa, como si en cualquier momento fuese a saltar sobre él, para golpearlo contra la pared, que tenía a su espalda.

Aro rompió el contacto visual que mantenía con el hombre, le tendió la mano y le dijo:

- Edward que alegría tenerte por aquí, que bueno que tu formes parte de mi investigación, obtendremos grandes beneficios para el mejoramiento de la raza aria.

Jasper se dispuso a tomar nota de los antecedentes que Aro le iba entregando.

No pudo obviar durante todo el tiempo, que duro el examen las miradas de odio que el hombre le otorgaba. Las que solo se detuvieron cuando el oficial se marcho.

Cuando Aro termino con los exámenes a sus voluntarios, Jasper estaba agotado y aun le intrigaba aquel soldado, intento recordar si lo había visto antes, quizás sabía algo de su misión, dentro del campo, pero aun ni siquiera era contactado, no podía ser eso. ¿o sí?

Pensó en ello, le preocupaba el que aun no fuera contactado, había pasado más de un mes desde que se encontraba en el campo principal, tiempo más que suficiente para se pusiesen en contacto con él, pero hasta el momento no habían indicios de que eso fuese a suceder.

Era posible que los planes hubiesen cambiados y contactarlo se hubiese vuelto peligroso, analizo sus posibilidades, él no podría dejar el campo, pero si podía intentar contactarse con alguien afuera y enviar información, pero para ello primero debía encontrar a alguien que pudiese ayudarlo, y eso era lo difícil, no conocía soldados con material para convertirse en futuros traidores.

Aro lo saco de sus cavilaciones.

- Quizás…. – le dijo – te premie y te permita visitar el bloque 24.

Jasper solo asintió, no es que no tuviese necesidades y echase de menos el calor de una mujer, pero no estaba seguro de querer acceder a los servicios prestados ahí.

- Pero por ahora – continuo Aro, pasándole unas carpetas– tu misión será localizar y traerme aquí a estas presas.

Jasper tomo las carpetas y se apresto a cumplir con la orden.

Las candidatas de Aro, eran todas reclusas del campo principal, era obvio pensó, las reclusas de los otros campo no cumplían con las condiciones físicas para ello, eran en total 15 candidatas, 5 de ellas destinadas al sector de Kanada, 4 a la cocina, 5 a la limpieza y la última de ellas al sector de la administración, grande fue su sorpresa a descubrir que a esta ultima el la conocía y que no era otra más que Isabella.

Lo lamento por ella, si Aro la tenía en la mira era imposible que saliera de su radar,

Al transcurso de una hora, había logrado reunir a todas las mujeres, solo le faltaba Bella.

Iba acompañado de dos soldados de la SS, quienes vigilaban a las asustadas mujeres que los seguían en silencio, cual ganado que es conducido al matadero. Se dirigieron con el sequito al sector de las oficinas de la administración, un soldado golpeo la puerta y sin esperar que le respondieran, abrió la puerta y le indico que entrara, Jasper así lo hizo.

Cuando estuvo dentro, lamento haberlo hecho, la escena con la que se encontró, era como sacada de cualquier obra teatral romántica, el hombre que estaba, sentado en el escritorio miraba con tal intensidad a la mujer que tenía en frente, que se le erizo la piel, se sintió un voyerista, y responsable de que el cuadro perfecto se rompiera.

Cuando la chica reparo en su presencia, se volvió a mirarlo, pudo apreciar el rubor, que cubrió sus mejillas, como si hubiese sido sorprendida en algo….

¿y eso no podía ser? O ¿si? Salió de sus dudas cuando el hombre se volvió a mirarlo y al verlo pudo reconocer esa mirada de odio sin límites, era la misma que había recibido hace dos horas atrás.

- Disculpe…- fue lo único que salió de su boca, luego respiro y agrego - mi nombre es Jasper, soy el ayudante del Dr. Aro…

- No me importa quién seas, pero no puedes llegar y entrar a mi oficina, tienes que esperar a que te lo indique. – le reprendió el hombre – hay quienes han muerto por mucho menos.

- No fue mi intención interrumpir, pero el soldado toco la puerta y fue el que me indico que entrase. – se defendió, supo que habían sido las palabras acertadas cuando el hombre se paso las manos por su ordenado cabello, mostrando su nerviosismo.

- No interrumpes nada, pero tienes que saber cuál es tu puto lugar en el campo. – le espeto un poco más calmado – ahora dime de una maldita vez a que te mando Aro, que tengo trabajo que hacer.

- Vengo por Isabella – le dijo Jasper, tentativamente quería ver la reacción del hombre.

- ¿Isabella? – le respondió con sarcasmo, Jasper pudo ver la ira o ¿celos? en sus ojos.

- Eh…. Si…. Isabella Marie Swan, la interna 21.863 o por lo menos eso es lo que dice aquí. – le indico la carpeta que tenía en sus manos, sintió ganas de reír, si ese hombre no estaba celoso, él se encontraba en los campos elíseos y no en el infierno.

Pero porque sentía celos de él, su mente comenzó a trazar posibilidades y solo había una posibilidad y era; que los había visto juntos, hacia un par de días atrás, cuando Bella lo ayudo con los siameses de Aro, pero si eso era así, ¿Por qué el hombre no había dicho nada?, eso es obvio pensó, si me delataba a mí, necesariamente también tenía que delatarla a ella y fue eso lo que lo detuvo, porque la quiere.

Se sorprendió con la conclusión a la que llego. El hombre que tenía en frente estaba enamorado de Isabella, de una judía. Wuau! Tenía en frente a un traidor. Y fue con este ultimo pensamiento el que lo hizo sonreír, eso era lo que el necesitaba un traidor.

Bendita fuera su suerte, encontrarlo había sido mucho más fácil de lo que pensó, ahora solo tenía que buscar el momento para llegar a él.

Se dirigió con el grupo de mujeres a la enfermería donde era esperado por Aro. No pudo hablar con Bella, para prepararla a lo que la esperaba. Vio su rostro desfigurado cuando Aro le informo, la razón por la que habían sido mandas a llamar.

Las cartas de ella ya estaban echadas el no podía hacer mucho para ayudarla.

Estaba pasando en limpio sus anotaciones cuando Aro, lo llamo, quería que fuera urgentemente a buscar a James, no le importaba donde se encontrara, pero debía llevarlo a su presencia, Aro estaba furioso.


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Alice despertó aquella mañana con los gritos de la oficial, abrió los ojos y los volvió a cerrar, sentía el cuerpo adolorido y sus extremidades no le respondían, quería seguir durmiendo.

El bloque 24, donde estaba destinada actualmente, era totalmente diferente a Birkenau, las habitaciones de las reclusas tenían camas con sumieres, era de una calidad precaria, pero sin duda mucho mejores que los tablones adosados de paja, en los que ella dormía hasta hace poco.

Las reglas también eran diferentes, ellas podían vestir ropa normal y no el tipico uniforme de reclusa del campo, y podían trasladarse sin restricciones por el bloque, aunque siempre bajo la atenta mirada de las oficiales.

Sintió unos golpes en su espalda.

- Levántate no estás en un hotel. – le espeto la oficial. – que hoy tienen control de natalidad, no queremos bastardos, sin sangre aria.

Embarazarse sería lo último que le faltaba. - Pensó Alice. – se vistió como autómata. En el desayuno busco a Rosalie con la mirada, pero no la encontró, quería agradecerle por lo de la noche anterior.

Había sido su primer día como prestadora de servicios sexuales y había sido mucho peor de lo que ella pensó, el acto en si era insípido y sin emociones, pero la sensación de estar siendo usada, manoseada y ultrajada, le generaban nauseas, incluso ahora con solo recordarlo. Sacudió su cabeza, intentando borrar los recuerdos de su mente. Ella era fuerte y no se rendiría hasta que estuviese muerta.

Rosalie fue la encargada de guiarla a ella y otras 3 reclusas a la enfermería, fue en ese momento en el que por fin le pudo agradecer el gesto que había tenido con ella. La rubia le respondió:

-Quizás el día de mañana tú seas la que me tienda una mano a mí, la vida da muchas vueltas… quien sabe.

Alice le sonrió y le dijo:

- No lo dudes.

Cuando llegaron a la enfermería la misma matrona de pelo color caramelo y ojos amables, que siempre la atendía, la estaba esperando.

El examen fue rutinario, las mismas preguntas, le sacaron sangre, la revisaron en cada milímetro de su cuerpo, prestando mayor atención a sus partes íntimas, querían verificar que no presentaba enfermedades de transmisión sexual. Luego le indico que se recostara en la camilla, Alice obedeció, la mujer comenzó a palparle la panza, era obvio que buscaba si estaba embarazada, pero ella sabía que eso era imposible, si estaba embarazada era muy pronto para detectarlo.

- ¿Tú eres Alice? – le pregunto la mujer en un susurro.

Alice se extraño con la pregunta- en ese lugar ella era conocida por el número que le habían asignado al llegar al campo, no por su nombre, asintió lentamente, la mujer le sonrió.

- Lo sabía. – le dijo en un murmullo – hay alguien que está buscando.

- ¿Quién? – pregunto con asombro.

- Bella.

-¿Bella está viva? Oh dios! ¿está bien? ¿Dónde está?- le pregunto intentando controlar su alegría y emoción, ante tal noticia, ya que ella creía que Bella estaba muerta. la mujer movió la cabeza de manera afirmativa. La alegría la invadió. - ¿pero cómo?

- Está prestando servicios en la planta administrativa, está muy preocupada por ti. – le dijo mientras le palpaba el vientre. – quiere verte, es muy insistente y testaruda cuando se lo propone. – Alice sonrió. – te extraña.

- Oh! Dígale que yo también la extraño mucho.

- Sin duda se lo diré.

Los días que siguieron fueron una rutina constante,

Rosalie cumplió su palabra y le designaba constantemente homosexuales, atender a uno, significaba fingir un coito y no es que eso a ella le molestara.

Como ella no era alemana, no atendía oficiales, no es que ellos tuviesen prohibido requerir sus servicios, pero era mal visto, la reglas generales eran evitar las mezclas de razas y eso ella lo agradecía, las reclusas Alemanas que estaban en el bloque y que atendían oficiales, lo pasaban mucho peor que el resto, generalmente eran golpeadas y obligadas a ir mucho más allá de la pose del misionero, que era la única a la que ella estaba obligada, pero a los oficiales de la SS, no se aplicaban las normas, por lo general hacían lo que ellos querían.

Alice estaba sentada en la cama, lista para irse a dormir, su turno por ese día había terminado, solo faltaba que Rosalie fuera por ella. Cerró los ojos por más que fingiera no escuchar, no podía dejar de oír los ruidos que provenían de la habitación de al lado. Los gritos y el llanto de Hanna, se colaban en su mente y le erizaban la piel, estaba siendo golpeada. La pobre chica tenía la desdicha de no solo ser alemana, sino que también atractiva, por lo general muchos requerían sus servicios.

Escucho golpes en la puerta de la habitación de al lado. Mientras la voz de una mujer que ella reconoció como la de Rosalie, llamaba al hombre que estaba dentro.

- James, debes salir…

- No me jodas, perra frígida, que estoy disfrutando de esta pequeña puta. . fue la respuesta del hombre.

- James, te mandan a llamar de la enfermería urgente, debes salir ahora. . insistió la mujer.

- Puta madre, que ni coger tranquilo se pueda…

Alice escucho como el hombre se vestía, escucho un golpe en su puerta y en seguida la puerta de la habitación se abrió y vio a Rosalie

- Vamos. – le dijo la rubia.

Alice se levanto rápidamente de la cama, quería salir de ese lugar.

Cuando estuvo en el estrecho pasillo, la puerta de la habitación contigua se abrió y un hombre rubio y muy fornido salió, abrochándose su uniforme.

- ¿Quién me busca? – espeto

- Yo. – dijo la voz de un hombre, que ella no había visto. – mi nombre es Jasper y soy ayudante de Aro… - la voz del hombre de detuvo de manera abrupta y sus miradas se encontraron, su corazón latió con fuerza, era el chico, con quien ella cruzaba miradas en Birkebau, bajo la vista avergonzada.

- Habla o te comieron la lengua los ratones, maldito ingles – le escupió el soldado a Jasper, que bello nombre pensó Alice.

- Aro lo llama a su despacho de manera urgente – dijo de manera calmada Jasper..

- Bueno no lo hagamos esperar y vamos. – comenzó a caminar a grandes zancadas, los soldados que acompañaban a Jasper los siguieron.

Alice no quería levantar la vista, no quería ver a Jasper, su situación actual la avergonzaba enormemente, sintió al hombre ponerse en movimiento y cuando paso a su lado le susurro:

- Te sacare de aquí, lo prometo. – Alice levanto la mirada, y lo vio a los ojos, se perdió en ellos, su corazón se desboco, estaba asombrada. – solo promete que resistirás. – ella solo asintió, él le otorgo la mirada significativa, llena de promesas, para luego marcharse.

Alice lo vio marcharse, y solo reacciono cuando bajo las escalera y lo perdió de vista, no estaba segura de que lo que había escuchado fuese verdad, quizás lo hubiese soñado, o imaginado, como método de abstracción de la realidad, después de todo eso llevaba intentando hacer hace días, pero no ella estaba segura que era verdad, dios tenía una esperanza a la que aferrarse.

Miro a su alrededor, y se dio cuenta de que estaba sola, Rosalie estaba en la habitación ayudando a Hanna.

Sonrió como tonta, estaba feliz.


¿que les pareció? las cosas ya comienzan a delimitarse y los personajes a mezclarse.