Chicas disculpen la tardanza, pero la verdad estaba falta de inspiración.
Aquí les dejo un nuevo capítulo, espero sea de su agrado.
Solo me queda decir que este capítulo no está veteado, por lo que si se encuentran con alguna falta ortográfica, háganmelo saber para mejorar en la próxima entrega.
Gracias por leer.
Y por ultimo como ya sabrán los personajes no me pertenecen, son de propiedad de S.M, yo solo creo historias ficticias en mi mente donde ellos son los protagonistas.-
CAPÍTULO XV:
Cadenas invisibles.
Jasper se paseo intranquilo por la habitación, en la que esa última semana se había desarrollado su vida, detuvo su caminar errático frente a la ventana, fuera la vida se desarrollaba con normalidad, los oficiales paseaban de un lado a otro, cumpliendo con sus quehaceres diarios, impartiendo ordenes, golpes, insultos, arreando a los hombre o mujeres bajo su cargo, cual grupo de animales dispuesto al matadero o al trabajo sin descanso, uno que otro preso caminaba cabizbajo ajeno a todo, soportando, sobreviviendo a un día más, cumpliendo con la labor encomendada sin reclamar, en silencio.
A lo lejos pudo ver las chimeneas expulsando el ya típico humo negro, no se inmuto eso era algo tan normal que ya no lo impresionaba, concentro sus pensamientos en el horizonte que se extendía sin fin al otro lado del cercado, en la libertad que fuera de los perímetros del campo disfrutaría, tenía que salir de ahí, debía cruzar el cercado.
Había pasado demasiado tiempo sin que su contacto se comunicara con él y no podía seguir esperando, tenía que hacer algo, sentirse útil, participar de alguna manera, dejar de ser un testigo pasivo de cómo el mundo seguía girando, de cómo la guerra seguía adelante, desarrollándose en el frente, en batallas en las que él no participaba, en las que no tenia incidencia, siempre había sido un hombre ágil, incapaz de quedarse tranquilo frente a los hechos o situaciones, necesitaba participar, formar parte, no podía quedarse sentado esperando que otros decidieran por él.
Los días se sucedían uno tras otros, transformándose en meses y no habían cambios, eso lo desesperaba, la guerra continuaba y él se encontraba de encubierto, pero su labor no tenía ninguna finalidad, porque en verdad no tenía ninguna misión a la que ajustarse, se encontraba a la deriva no tenía información de cómo se desarrollaban las cosas en el frente, de si el Nazismo definitivamente aplastaba y se imponía sobre las demás naciones de Europa o si se debilitaba y había esperanza de un futuro pacífico, necesitaba conectarse con el mundo.
Tenía un plan en mente, era riesgoso y pondría su vida como garantía en el, era todo o nada, no había más posibilidades, llevaba dos noches hilando sus ideas para darle un final satisfactorio, había barajados las posibilidades y como siempre corría riesgos, pero para él era simples variables, había analizado los pro y los contras y llego a la conclusión de que siempre existía la posibilidad de fracasar, eso lo sabía y a conciencia correría el riesgo, nunca le había gustado planear sobre manera sus acciones, porque siempre existía el factor sorpresa. La voz de Aro lo saco de sus cavilaciones y lo trajo a la realidad.
Mañana a primera hora, quiero los resultados de los exámenes de compatibilidad en mi escritorio.
- Ya están listo. – Respondió de manera segura. – si quiere puede revisarlos ahora.
- Oh no… - le dijo el médico, mientras una sonrisa sardónica se dibujaba en su rostro. - En este momento no puedo, me acaban de llegar mi pedido especial de lámparas, quiero apreciar con mis propios ojos la belleza del arte.
Y sin decir más salió de la oficina.
Jasper sabia a que arte se refería, había podido apreciar la llegada de las tres primeras lámparas forjadas de cobre y recubierta con piel humana, la primera vez que las vio sintió nauseas, olían a muerte, a miseria humana, la pantalla era de un color ocre claro, que reflejaban lo que fue la epidermis de un pobre y olvidado hombre, que nadie nunca recordaría.
Los oficiales de mayor rango en el campo podían tener una lámpara en sus casas, era una demostración del poder absoluto, de la victoria de la raza aria por sobre todo aquello que no encajara con sus planteaminetos.
En esa oportunidad Aro no recibió una lámpara, por lo que se encargo personalmente de pedir una, con un diseño que se ajustara a su personalidad y sus gustos exigentes y ese día habían llegado.
Jasper supo que esa era la oportunidad que él estaba esperando, era el momento perfecto para echar a andar su plan, no podía esperar, el as que tenia bajo la manga tenía fecha de caducidad, sin duda era una jugada riesgosa. "todo o nada" se dijo y con ese pensamiento salió de la oficina.
Edward miro a Bella y no podía creer lo que le estaba pidiendo.
- Por favor. – le suplico.
Tenía los ojos aguados y lo sujetaba de su chaqueta, desde hacía dos días Isabella se comportaba rara, específicamente desde la entrevista con Aro, él sabía porque la habían mando a llamar, pero no se había atrevido a preguntarle ni decirle nada, guardo silencio como siempre.
Dos días en que la vio nerviosa, distraída y ajena a todo.
Dos días en lo que no le hablo.
Dos días de silencio.
Dos días en que sus propias preocupaciones y miedos lo invadieron torturando, el futuro se mostraba como algo incierto y en que él cual no tenía ni la más insignificante arma para defenderse o alguna idea remota de cómo dominar su futuro, encausándolo correctamente de acuerdo a su sueños y metas.
Dos días en que analizo su fría realidad, su vida era algo que no le pertenecía, donde él era un simple espectador ajeno a las decisiones que en su futuro se tomaban.
Primero fue su padre, desde su infancia había decidido cuál era el camino que debía seguir y en su adolescencia delimito su futuro, sus sueños, sus metas, lo había forzado a entrar a formar parte de las filas de jóvenes de las juventudes hitlerianas, mas tarde lo presiono para ingresara a formar parte del ejercito, su padre trazo los caminos de su vida, según sus propios parámetro, eligió a la que era su esposa según lo que su padre creía que era correcto, siempre se sintió como un mero espectador, había vivido su vida hasta ese momento en silencio, en las sombras, siempre atento a lo que su padre quería o esperaba de él.
Ahora menos que nunca era libre, era una persona adulta, tenía edad para sufragar, para manipular un arma, se desempeñaba diariamente en un trabajo que no le gustaba, pero aun así su vida no le pertenecía, porque él, era parte del régimen, tenía que vivir y actuar de acuerdo a los ideales del nazismo, no tenia elección, no podía elegir, era una simple hormiga de un gran hormiguero, moviéndose en silencio sobre un plan ya trazado para él, una marioneta cuyos hilos eran movidos por otros, entes ocultos en las sombras, que delimitaban su vida, su felicidad y sus sueños.
En dos días se dio cuenta de que todo lo que alguna vez pudo planear para su vida o su fututo, no era más que un lejano sueño de juventud, metas que nunca alcanzaría, porque alguien más vivía y elegía por él, alguien más tomaba las decisiones por él, utilizando para fines que cuyos ideales ya no compartía, en los cuales ya no creía.
Dos días para darse cuenta de eso, para entender que ya no era parte de este proyecto de nación, porque él ya no encajaba con sus ideales. Quería vivir, elegir, soñar.
Miro a la mujer que tenía en frente, a veces en esos dos días intento forzar a las palabras, que tenía en su mente y que se negaban a salir de su boca, quería preguntarle ¿cómo se encontraba?, decirle que confiara en él.
Dos días en que él también estuvo en el limbo, nervioso, preocupado, vagando a ciegas con los ojos vendados en la cuerda floja de una realidad que lo abrumaba y de la cual aun no podía salir.
Dos días en su yo rebelde, ese ente silencioso que habita en todo los seres humanos rompió las cadenas que lo amarraban y se libero de aquel cuarto oscuro en que lo ocultaba, surgió desde lo más profundo y secreto de su alma y se negaba a desaparecer y a cada segundo tomaba un poco más las riendas de su vida.
Dos días hasta ese momento, en que simplemente no aguanto más y el rebelde que ahora dominaba su fuero interno salió en su máximo esplendor y la encaro, quería saber cuáles eran sus miedos, no quería seguir esperando, se negaba a guardarse para si, lo que pensaba y sentía.
Y ahora que sabía cuáles eran sus miedos, no podía creer lo que ella le estaba pidiendo.
- Por favor. – insistió la castaña.
Movió la cabeza en forma de negación y con desesperación se paso una mano por el pelo.
- Sé que lo que te estoy pidiendo es difícil para ti… sobre todo cuando tienes una esposa a la que debes amar… - la voz se le quebró.- y créeme no te estaría pidiendo esto, si no supiera que tu tampoco te puedes negar a esto…
Edward la miro, quería abrazarla, decirle que tenía razón, él al igual que ella era un prisionero, un peón más en ese juego de ajedrez y que ambos tenían cadenas invisibles distintas las unas de las otras, pero cadenas al fin y al cabo.
Bella llevaba dos días planeando como superar la prueba que tenía por delante, sabía de ante mano que solo la muerte podría librarla de ella y esa no era una posibilidad, ella era una luchadora.
Pero cuando en la mañana del día anterior había concurrido a la enfermería, para realizarse exámenes, se entero que él oficial que por poco casi la viola y del cual Edward la salvo, también era parte del proyecto, entro en pánico y se desespero, había pasado el resto del día anterior llena de miedo, temblaba y su mente la torturaba con recuerdos del oficial lamiéndola, tocándola, esa noche no había podido pegar un ojo y en la mañana no había podido comer su desayuno.
Cuando el médico le comunico cuáles eran los planes para ella, pensó que podía soportar cargar en sus entrañas con el hijo de algún Nazi, o al menos ella creía eso, un niño era un ser inocente, no había planteado asumir en esas condiciones la maternidad, pero ya nada era como debía ser.
Su mente no había analizado como llegaría a su vientre un hijo y la realidad de lo que significaba e implicaba quedarse embarazada cayó sobre sus hombros de manera violenta, cuando vio al oficial que por poco la viola, jactándose mientras las analizaba cual pedazo de carne que pronto planeaba engullir y les lanzaba comentarios soases respecto de quien elegiría y de lo que les haría, Bella sintió nauseas, no podía siquiera pensar en que ese hombre la tocara, prefería morir.
Por eso cuando esa mañana, le echo un vistazo a la hoja que sigilosamente le mostro Jasper y que contenía la lista de los oficiales que participarían en el proyecto del médico, vio el nombre de Edward y supo que tenía una oportunidad, era evidente que ninguno de los dos podía negarse al experimento, pero si él tuviese la oportunidad de elegir y la eligiese a ella, podría soportarlo.
Ella conocía a Edward, aunque a veces no lo entendiese y él se mostrara poco amable y comunicativo, tenían cierta confianza, él siempre había sido justo con ella y la había ayudado, mejor dicho aun la ayudaba, dejándole algo de comida en las mañana y después de almuerzo, solo que no sabía cómo plantearle su problema.
Sabía que él era un hombre casado y quizás por eso se negase a ayudarla, pero no podía dejar de intentarlo, estaba siendo egoísta, no estaba pensando en su esposa y en algún lugar remoto de su conciencia y de su corazón sabía qué él, para ella no era un hombre cualquiera, no era normal las sensaciones que le producía cuando la miraba, o cuando por alguna casualidad le rosaba el brazo o la mano, sabía también que no era normal soñar con él y sobre todo si no eran cualquier tipos de sueños, si se trataban de sueños prohibidos, se sonrojaba de solo recordarlo, se iría al infierno por pecadora, deseaba al hombre de su prójima, pero la vida no era justa.
Por eso cuando esa mañana él le pregunto que le pasaba, no pudo resistirlo más y cual rio que reprimido por una represa que se rompe frente a un pequeño dique, sus sentimientos se desbordaron sin control, dejo salir todos sus inquietudes, era una mujer con miedos, desesperada y a atormentada, no tenía nada más que perder, solo su vida le queda y a eso era a lo que se aferraba, por ello insistió.
- Por favor… –le dijo, mientras unas lagrimas rebeldes que no pudo controlar corrían por su mejilla. – he oído cosas horribles de los otros oficiales, veo como nos miran y soy consciente de que lo único que los detiene es esto. – le dijo mientras tomaba el desgastado triangulo amarillo cosido en su chaleco. – y yo… yo… no puedo siquiera imaginar que el oficial de la otra vez, termine lo que empezó… - dijo mientras las lagrimas se transformaban en un torrente descontrolado de llanto.
Edward sabia a quien se refería Bella, a James, su temor era que fuera asignada a él, en el proyecto de Aro y honestamente él también lo temía, de solo imaginarlo la ira lo invadía.
- yo… - continúo la mujer. - yo no podría soportarlo, por eso quiero que seas tú… por favor… - le imploro.
Bella no pudo continuar con su monologo, porque los labios de Edward se lo impidieron.
La beso, porque quería hacerlo, porque llevaba meses imaginando el sabor que tendrían sus labios, porque no quería seguir imaginando como sería, quería sentirlos, saborearlos, dejar de soñar, dejar de planear, de imaginar. Su yo condescendiente había dado paso a su yo rebelde.
La beso, porque eso era lo quería hacer.
Y ¡Al diablo con todo y con todos!
Dos días para romper las cadenas invisibles que lo ataban, ya no había vuelta atrás, mordió la manzana prohibida y un mordisco no bastaría para saciar su hambre, para apaciguar sus pasiones, sus sueños, sus esperanzas, un mordisco era simplemente el inicio, la degustación que necesitaba para tomar la llave que abría la puerta a la libertad, a un futuro incierto y poco esperanzador, pero correría el riesgo porque estaba cansado de ser un mero espectador de los hechos que sucedían en su vida, quería tomar las riendas de su destino, elegir su fututo, equivocarse, aprender, elegir, vivir, soñar, amar sin culpas, sin miedos.
Ya no había vuelta atrás, porque algo en su interior se había liberado y ya no era posible volver a encadenarlo, porque le gusto como se sentía, como sabían sus labios, se dejo llevar y cuando ella se relajo y le respondió el beso, se perdió en el placer insípido, culpable.
A bella el beso la tomo por sorpresa, su primera reacción fue el quedarse quieta, su experiencia en ese ámbito era limitada, había besado a Jacob un par de veces con anterioridad, pero habían sido besos pacatos, simples roses de labios, nada parecido al beso posesivo y desesperado del hombre que la tenía entre sus brazos.
Siempre había sentido curiosidad de los hombres, de que se sentiría ser besada, ser amada, pero vivía en una sociedad demasiado apegada a las costumbres ortodoxas, donde las mujeres eran educadas para ser señoritas decentes, hacendosas, hábiles amas de casas, dóciles y con amplias facultades y dotes en las labores del hogar, alejadas de toda lujuria y pecado, de todo placer carnal, educadas para no sentir, para vivir en las sombras de sus esposos e hijos, para transformarse de adultas en mujeres silenciosas, sombras eficientes, que callasen sus deseos, sus anhelos, sus sueños, damas recatadas en la cama, donde su mayor labor era engendrar a la próxima generación, que perpetuaría la sangre y el apellido de sus hombres, mujeres que no debían sentir, que debían callar, ante la infidelidad y el maltrato del que fueren victimas, mujeres sin derecho a decir que no.
Bella fue educada para ser una de esas mujeres, el orgullo de su abuela, quien aboco en ella todas sus esperanzas, sus ideales, sus sueños frustrados y sus fracasos como mujer y madre.
Pero hacía mucho que esa educación había perdido importancia, porque las circunstancias de su vida habían cambiado y ella se había adaptado y había aceptado su nueva realidad el mismo día que fue obligada a dejar su corsé en las duchas del campo.
De esa mujer educada para callar y aceptar lo que se le diese, no quedaba nada, había muerto, dando paso a una luchadora, que cada día demostraba sobreviviendo lo fuerte que era, Alice le había dado las primeras herramientas para lograrlo, para tener existo y ella era una autodidacta nata, siempre aprendiendo, siempre adaptándose.
Se dejo besar, porque ya no tenía miedo, se dejo llevar porque no sabía cómo hacerlo y quería aprender, las sensaciones la invadieron, sus labios eran cálidos, húmedos, posesivos, fuertes, hambrientos, descubrió que ella también tenía hambre, que estaba hambrienta de sensaciones, de pasiones, abrió la boca y se dejo invadir, lo invadió, lo tomo, lo bebió, saboreo sus labios.
Lo beso, porque ella quería hacerlo, porque quería saber que se sentía, quería experimentarlo y lo que sintió le gusto, su cuerpo se volvió puras sensaciones, el calor la invadió tomándola por sorpresa.
Lo beso, porque ya no habían reglas que debiese seguir, porque en cierta medida ya estaba muerta.
El beso se volvió demandante, violento, desesperado, anhelante, ansioso, húmedo.
Sus pulmones necesitados de aire los hicieron regresar a la realidad, era una lástima que el respirar fuese vital.
Respiraciones agitadas, los labios y las mejillas sonrojadas.
Bella miro al hombre que tenía enfrente, sus ojos estaban oscuros, sus pupilas dilatados, el también la miraba a ella, su pecho subía y bajaba como si hubiese sido sometido a un gran esfuerzo físico.
- Yo… yo… yo. – Bella, intentaba articular palabras, pero su mente se negaba a hilar alguna frase coherente.
- Shhh… no digas nada. – le dijo Edward y la abrazo,
Respiro su olor, se dejo envolver por su calor, se sintió tranquila en sus brazos, porque ese era el lugar donde quería estar.
Él tenía la frase en la punta de la lengua, quería decirle lo que sentía, no podía retener por más tiempo sus sentimientos, necesitaba expresarle lo que ella significaba para él, era ahora o nunca, por ello deshizo el abrazo, la miro a los ojos y le dijo:
- Te quiero… desde el primer momento que te vi… te quiero amas de lo que quisiera quererte, más de lo que debiese quererte… he intentado en vano reprimir mis sentimientos, porque sé que en este momento estamos en bandos distintos…. Que lo siento es una traición a mis ideales, a mi familia, a mi nación… pero no me importa… porque no quiero y no puedo luchar contra lo que siento… - la beso, esta vez no fue un beso voraz, hambriento y desesperado, fue un beso tierno, amoroso que intentaba transmitirle todo lo que sentía, lo que significaba para él. – Te quiero… más que eso, en verdad…. Yo te amo.
A Bella el corazón le latía desbocado. Estaba en las nubes, levitando, mariposas en su vientre revoloteando, llenándola de emoción, de alegría, de paz, de amor.
Ella también lo amaba, pero estaba muda, imposibilitada para comunicarse, entendió que ello se debía a que las palabras sobraban, no era necesario hablar, quería demostrarle lo que sentía, por eso se puso en puntillas y sus brazos fueron a su cuello, atrayendo hacia ella, lo beso, porque quería volver a sentirlo, a saborearlo.
Sensaciones nuevas, calor desbocado, anhelos, pasión.
El se aferro a su cintura y la apego a su cuerpo, no quería separarse de ella, necesitaba sentirla junto a su cuerpo, junto a él.
No sé como lo vamos a hacer pero todo saldrá bien… te lo prometo. - Le dijo mientras la besaba en el cuello, el rostro y nuevamente en los labios.
El resto del día transcurrió con normalidad, entre miradas cómplices, besos furtivos, pequeños roses inocentes.
¡El amor es la maldita esperanza del mundo!
Al terminar la tarde Edward tenía dos cosas en mente, la primera de ellas, podía afirmar con toda seguridad que ese había sido el día más feliz de su vida, amaba a esa mujer y haría lo que estuviera en sus manos para ser feliz con ella y la segunda cosa era que tenía que ver como terminar las cosas de forma pacífica con Tania, debía hacerlo por el bien de su hijo nonato, aunque eso era algo que no se veía fácil.
Jasper espero con paciencia a que la mujer dejara la oficina. Cuando la vio alejarse junto a las otras presas, supo que el momento había llegado, se encomendó a su Dios, siempre dispuesto a ayudar.
Cuando llego a la puerta toco dos veces y espero a que el hombre que estaba dentro lo invitara a entrar, cuando consiguió la venia esperada, giro la manilla de la puerta y entro.
Pudo ver la sorpresa del oficial al verlo. Era la reacción que él esperaba, su plan estaba en marcha, ya no había vuelta atrás.
- ¿Qué quieres? – le pregunto el oficial.
Era ahora o nunca, todo o nada.
La información que tenía debía servirle de algo. Por ello se quedo mirando al oficial, necesitaba que él lo ayudara, era su única esperanza, la llave a la libertad.
- Quiero hablar con usted. – Respondió Jasper
Edward a la última persona que esperaba ver en ese momento era al hombre que tenía en frente, controlo la rabia y los celos que hasta hace pocos días lo carcomían, todo estaba bien, Isabella lo quería a él, se lo había demostrado durante todo el día. Aunque era inevitable que la curiosidad no se hiciera presente, no podía negar que también se moría por saber qué tipo de relación existía entre ellos.
- ¿Aro te envió? – le pregunto. Jasper negó. - ¿Entonces qué tienes que decirme?.
Jasper tomo aire, todo o nada, se dijo.
- Necesito que me ayude a salir de Auschwitz.
Edward se quedo mirando al hombre, sin creer lo que le estaba pidiendo, el hombre era estúpido o suicida no habían más posibilidades, nadie en su sano juicio pediría ayuda para escapar del campo a un oficial de la SS.
- ¿Me estas pidiendo ayuda para escapar? – pregunto. – Tenía que confirmar las intenciones del hombre, Jasper asintió con un movimiento lento de cabeza. – y ¿Por qué yo abría de ayudarte?.
- Porque yo también lo puedo ayudar a usted.
que les pareció?
