Como ya saben los personajes no pertenecen, la historia, es una loca invención de mi mente.
Chicas disculpen por la tardanza, pero la verdad es que nunca ha sido mi intención dejar inconcluso el fic, tiene final de eso estén segura, intentare actualizar cada vez más seguido, pero he de confesar que ha sido difícil escribir la historia, primero porque no he tenido el tiempo y segundo porque me he intentado apegar al máximo a la verdad histórica, por lo que he debido leer mucho y no siempre he tenido el tiempo para dedicarlo a esto. como se darán cuenta muchas cosas del fic son experiencia de diferentes personas que estuvieron en el campo de concentración.
Sé que la historia quizás puede ser un poco fuerte, pero por ahí dicen que muchas veces la realidad supera por lejos la ficción, creo en el holocausto, porque soy de la opinión que cuando las personas tienen poder absoluto sobre otras, es muy fácil que abusen.
He de confesar varias cosas, cuando se me ocurrió este fic nunca pensé que el personaje de Alice y Jasper iba a ser tan fuerte, y que iba a gustar tanto, pero poco a poco han ido adquiriendo protagonismo… y eso me gusta.
Encuentro a Edward bastante débil que como inicialmente lo planee, pero también tiene sus motivos, son ataduras que debe ir dejando poco a poco, ¿no se qué les parece a uds?
Bueno no las aburro mas con mi verborrea… le dejo el capitulo.
Capítulo XVI
Mi destino.
"Hay un lugar sobre la tierra que es un páramo desolado, un lugar en el que las sombras de los muertos son multitud, un lugar en el que los vivos están muertos, donde sólo la muerte, el odio y el dolor existen."
Giuliana Tedeschi
Era comienzo de marzo del año 1944, el frio comenzaba a menguar y las nubes siempre repletas de lluvia daban paso a los anhelados rayos de sol, llevándose consigo un poco de frio de los tullidos huesos de los presos de Auschwitz, pero no siempre lograban calentar el alma de esos seres harapientos y desafortunados, desarraigados de toda humanidad posible, hombres y mujeres errantes en un infierno terrenal difícil de comprender y apreciar en su totalidad, seres sin vida, sin sueños, sin identidad, sin libertad, sumidos en el barro, el hambre y las enfermedades, en el dolor y la miseria.
De Alice la niña francesa, la de ojos azules y trenzas interminablemente largas, la de piel clara y pelo negro, la rebelde que creció entre viñedos, arrancando de sus padres, de sus abuelos, la que invento travesuras, la que se oculto de su hermana, la que se durmió en suaves sabanas de lino y jugó con muñecas de porcelanas, la mujer que amo a un rebelde comunista, la hija, la nieta, la hermana y la esposa, de ella ya no quedaba nada, solo recuerdos que se confundían con sueños, con pesadillas, con horrores, esa mujer era una utopía perdida en la miseria de su día a día, la última de una larga dinastía de poetas e intelectuales, de bohemios y soñadores, todos muertos, todos olvidados.
Sus esperanzas, esas que la habían alimentado su espíritu, habían fraguado en el olvido de los días sin fin, de días interminables, duda de las palabras del soldado y las de la mujer de la enfermería, esas conversaciones entre murmullos que habían traído nuevas ilusiones a su alma, ahora solo se deslumbraban como invenciones de su mente para abstraerse, quizás su madre tuviera razón y el abstraerse fuese posible, ¿Su madre? ¿Había tenido madre alguna vez? O todo era una invención de su cerebro ¿Quién era ella? ¿Por qué estaba ahí? Demasiada preguntas sin respuestas, demasiadas interrogantes sin resolver.
- ¿Te comerás eso? – la voz chillona de una mujer a su lado la trajo al mundo real.
Alice miro su plato y vio el intento de comida que apenas había tocado, no tenía hambre, no quería comer, movió la cabeza en forma de negación, la mujer se lanzo sobre el plato devorándolo en poco minutos.
La muchacha rubia era nueva en el bloque 24 y aun no se acostumbraba a la mejora de las comidas, pero para Alice nada de eso tenía importancia, ya nada tenía sentido, poco a poco su espíritu rebelde y aventurero se estaba muriendo, ya no tenía fuerzas para luchar, para pensar que todo mejoraría, que aun había esperanzas, quería dejar de sentir, dormir y no despertar jamás.
Si el olvido de quienes consideraba su esperanza le había desgarrado el alma, su vida había dejado de tener sentido cuando una semana atrás habían transferido a la única persona que la trataba como un ser humano y que le tenía algo de consideración; Rosalie había sido transferida a Birkebau y desde entonces había quedado a merced de Victoria, la guardia tenía una fijación con ella y Alice no tenía la menor idea del por qué, evidentemente no la quería muerta, sino le hubiese disparado directamente y nadie se hubiese cuestionado o preocupado por una oficial hubiese disparado a quemarropa a una interna, en ese lugar eso era normal.
La oficial de la SS vestía con orgullo su uniforme, con su cabello limpio y fuertemente amarrado a un pulcro moño sobre su cabeza, sus facciones fuertes y tocas, sus ojos azules fríos, su caminar seguro, su personalidad enferma, toda ella destilaba poder absoluto, ella era el ideal del Nazismo y se enorgullecía enormemente de ello.
Siempre atemorizando a su rebaño, con su látigo en una de sus manos. Solía formarlas en línea a todas las presas desnudas, a media mañana antes que su jornada de trabajo comenzara, era como si se deleitara verlas humilladas, temerosas, débiles y sumisas. Se paseaba entre las mujeres temerosas y analizándolas, tocándolas con su látigo y de vez en cuando dejándolo caer sin piedad en su piel, marcándolas.
No era un secreto oculto que la oficial de la SS, tenia gustos diversos, circulaba el rumor que en su casa tenía una esclava Española, siempre se detenía mas tiempo frente a Alice y eso a la morena solía ponerle los pelos de punta, esa mujer tenía un aura de muerte y dolor que la abrumaba, sabía que la analizaba, que la presionaba psicológicamente, quería derrumbarla, estaba jugando y Alice sabia que día a día, ganaba una partida, ya casi no le quedaban fuerzas para seguir luchando, esta guerra poco a poco la estaba consumiendo, a ella que había luchado tanto por no volverse una "Musulmana" pero era imposible, cada día estaba a un paso de volverse un ser inerte que solo esperaba su muerte y ella quería morir.
Ese día era como todo los otros, no tenia conciencia si era lunes o martes, ¿Qué importaba en verdad? Podía ser sábado o domingo y las cosas seguirían igual para ella, días interminables, todos iguales, sucediéndose unos tras otro infinitamente.
Se vistió con ropa de una persona normal, ropa que le habían cedido las mismas oficiales, esa ropa era otrora su nuevo uniforme, esta no tenia líneas como los uniforme que llevaban la mayoría de los presos en el campo, una falda, una blusa y un sweater que de seguro habían pertenecido a alguna presa cuyo destino final al igual que ella fue Auschwitz. Su pelo había crecido varios centímetros, aun estaba muy lejos de ser como antaño, pero ese pequeño detalle le daba algo de humanidad, aun quedaba algo de ella.
Como de costumbre ese día el bloque 24 abrió sus puertas a las 6 de las tarde y estas se mantenían abiertas hasta las 10 de las noches, recibía a todo tipo de hombres, tanto oficiales como presos, todos sin embargo debían ganarse su estadía hay, los turnos eran de 21 mujeres por vez, en cuartos estrechos especialmente dispuesto para ello, en cada puerta una pequeña abertura por la cual las oficiales a cargo vigilaban que las reglas se cumplían a cabalidad, una campana colgaba en la entrada y cronológicamente cada 15 minutos era tocada anunciando el final de la estadía en el cuarto, dando paso a una nueva horda de hombres ansiosos por desfogarse, cada mujer estaba obligada a atender al menos 6 hombre por turno.
Ese turno de Alice, fue como todos los anteriores, durante esa semana no contaba con la protección de Rosalie, por lo que debía atender a cualquier preso político que requiriera sus servicios, a veces la vida era irónica, era increíble como las victimas fácilmente podían transformarse en victimarios, solo se necesitaba que tuvieran un poco de poder, que a su disposición tuvieran a alguien más desvalido que ellos y los papeles fácilmente se cambiaban, eso era lo que sucedía en los cuartos del bloque 24, hombres victimas abusando y violando a otras víctimas, el hombre un animal difícil de entender y comprender.
Alice sobrevivió con estoicidad su turno ¿Que importaba que sobre ella se encontrara un Ruso, un Polaco o un Francés? ¿Que importaba? si todos ellos eran hombres sin rostros, hombres sin importancia. Simplemente cerraba los ojos y e intentaba dejar de sentir, solo contaba los campanazos, ansiando desesperadamente llegar al sexto.
Esa noche durmió de manera intranquila, pesadillas horrendas atormentaron sus sueños, pesadillas de muerte, de dolor, de olvido.
A la mañana siguiente se despertó con los gritos de las oficiales, se levanto de manera autómata, como todos los días, se lavo y se dirigió con el resto de las mujeres al conteo de la mañana, las muchachas estaban intranquilas, pero Alice no presto atención, no tenía ganas de sociabilizar, sabía bien que en este lugar cada de las chicas velaba por su integridad, todas podían ser verdugo de las otras, si eso significaba obtener un beneficio por mínimo que fuera, soplonas eran las que sobraban, y ella no se arriesgaría.
Desayunaron con normalidad, luego debió formarse como todos los días para la inspección de rutina de Victoria, estaban las todas las chicas, pero a diferencia del día anterior no las hicieron desnudarse, eso la estaño, se puso alerta, algo no anda bien, lo sintió, ese sexto sentido que siempre la había acompañado desde niña se activo, previniéndola, algo se acercaba, automáticamente su cuerpo se encogió, intentando pasar desapercibida entre la multitud, sintió miedo de lo desconocido.
Fue ahí cuando lo vio.
Lo reconoció enseguida, los mismos ojos verdes como dos esmeraldas, el mismo hombre que se había llevado a Bella. Esta ahora frente al grupo de mujeres, todas cabizbajas, mirándolo de reojo.
Su corazón se acelero, palpitando desbocado, algo se avecinaba lo sentía, lo sabia, quizás había llegado la hora de su muerte.
El hombre las miro con detenimiento, como analizándolas, la vio detenerse en su persona, sus miradas se cruzaron, pero ella bajo rápidamente la mirada. Cualquier cosa que ella hiciera podía ser calificada como una desobediencia, lo que provocaría un castigo, que terminaría con ella de una sola manera, muerta.
Lo escucho hablar con la oficial a cargo de ellas, pero no logro escuchar lo que decían.
Luego los sintió aproximarse, recorriendo las filas de muchachas alineadas, deteniéndose frente a alguna analizándola, especulando sobre ellas, intento mantenerse tranquila, pero solo hasta que llegaron a ella.
Sintió la mirada del hombre sobre ella.
- Ella se ve enferma. – lo escucho decir.
- Está en perfectas condiciones, para ofrecer los servicios que se ofrecen en este bloque. – contradijo victoria.
- Eso es algo que decido yo, no tu. – corto el oficial.
Alice se sintió como el ganado en las ferias, siendo elegido para ser llevado al matadero.
La inspección continua hasta llegar a la última muchacha, cuando hubo terminado ella y tres mujeres más fueron sacadas de la formación y debieron seguir al oficial, lo hicieron en silencio, ninguna dijo nada.
A medida que avanzaban Alice, vio a la distancia los cercados de alambre de púas electrificados, que se paraban el campo con el mundo real, quizás debiera hacer como muchos otros y lanzarse a ellos para morir electrificada, acabando de esa forma con su agonía, quizás nunca tuviera la oportunidad nuevamente, como la tenia ahora de hacerlo, la idea se mostraba atractiva.
Caminaron por el camino principal, rodeados de los edificios de ladrillos rojos unos tras otros con sus respectivos números, hasta llegar al sector de las oficinas, su corazón aun palpita aceleradamente, y el miedo aun la acompañaba. Pero no tenía miedo morir, la muerte era quizás lo que esperaba, lo que temía era el dolor, el sufrimiento, la tortura, había escuchado historia horribles del sector de la prisión, hombres encerrados en espacios reducidos, condenados a morir de hambre, hombre y mujeres utilizados en extraños experimentos, congelados para probar la resistencia humana, personas utilizadas para estudiar los avances de enfermedades, infectados con gangrena siendo amputados solo en pos de la ciencia. Eso la atemorizaba el hombre con poder absoluto.
Finalmente se detuvieron frente al barracón administrativo. El hombre le indico que debían esperar fuera de su oficina y las hizo pasar una por una.
- Porque crees que estemos acá. – le pregunto Kate una mujer rubia, a la que Alice solo había visto un par de veces, pero por el triangulo de su ropa sabia que al igual que ella era prisionera política, solo que ella era Alemana.
- No lo sé… creo que estoy igual que tu…
- Bueno cualquier cosa será mejor que el bloque 24. - Le contesto la rubia. Alice solo asintió.
Después de pasar las dos primeras chicas, quienes a penas salir se marcharon sin decir una palabra, pero con una sonrisa en los labios, que le dio cierta tranquilidad, solo quedaba ella y Kate. La siguiente en pasar fue la rubia, estuvo poco más de 10 minutos y luego salió, pero a diferencia de las otras dos mujeres, Kate no se marcho se quedo fuera, indicándole con una sonrisa que era su turno.
Cundo Alice entro a la oficina, fue sorprendida por el abrazo que alguien le brindo. Al comienzo se asusto hacia tanto tiempo que no sentía la cercanía cariñosa de un ser humano, cerró sus ojos y se dejo abrazar, era una sensación reconfortante.
- Alice… estas bien… - escucho la voz de una mujer en su oído. Se le hizo familiar, pero no podía ser o ¿sí?
Abrió lentamente sus ojos y la vio, frente a ella estaba Bella… su hermana… la felicidad recorrió su cuerpo como una corriente que le devolvió la vida, las esperanzas.
- ¡Bella! - exclamo.
- Shh… nos pueden oír – se apresuro a decir la mujer.
- Lo siento, lo siento… ¡Dios estoy tan feliz! ¿Pero cómo has podido…? – le pregunto en voz baja y con incredulidad.
- Edward lo hizo.
- ¿Quién? – pregunto, reparando por fin en el hombre vestido con el uniforme Nazi que estaba parado en una esquina y que no era otro que él que la había sacado de Bloque 24 hace poco más de una hora. ¿Ha sido él?
- Es una historia demasiado larga y no disponemos de tanto tiempo. Jasper nos dijo dónde estabas. – Alice la quedo mirando con incredulidad y Bella le respondió con picardia. – Él ingles… – su corazón se acelero y su estomago se agito esta vez no de hambre. Sonrió por inercia. Tiene un plan para sacarnos de este lugar...
- Cuenten conmigo, - Se apresuro a decir, sin dejarla terminar de hablar.
El plan era arriesgado de eso no había duda. Pero la muerte era una constante y honestamente Alice prefería morir luchando, sus fuerzas, sus energías, sus esperanzas habían vuelto, otra vez tenía un motivo para seguir, algo a lo que aferrarse, no estaba sola.
Por fin se juntaron… ahora comienza el plan de escape del infierno…
espero sus opiniones... siempre es bueno saber que piensan.
