Chicas estoy de vuelta…

70 años se cumplen este 2015 del final de la segunda guerra mundial. ¡70 años¡

Este es un capitulo de transición ya comienza a cerrarse el circulo y pronto viene los hechos que definirán el final de esta historia, espero me sigan acompañando con ella.

Como ya saben los personajes no me pertenecen son de propiedad de S,M, yo solo los hago participes de mis locuras.


Capítulo XVII

"Si existe Dios tendrá que rogar mi perdón"

(Inscripción hecha por un prisionero en un muro en el campo de concentración de Auschwitz)

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El fétido olor dulce de la constantes cremaciones, mezclado con ese olor a humedad que emana de la tierra al calentar el sol, se impregno en sus sentidos aturdiéndolo, intento apartarlo de su ser, tal y como llevaba haciendo desde que llego a Auschwitz, pero a pesar de los incontables meses no había perdido la sensibilidad y podía sentirlo nitidamente. El sol se deja ver de vez en cuando, a través de las grises nubes que cubrían el cielo del campo, las cenizas constantes que caían de las chimeneas, que desde un tiempo a esta parte estaban siempre prendidas, daban al paisaje una extraña imagen etérea, era como si nevase pero en vez de copos de nieves, el viento arrastraba los últimos vestigios de aquellas seres sin nombre y sin esperanzas que eran condenados a morir en las cámaras de gas. Alemania había invadido Hungría y una masa constante de seres humanos eran arrastrados hasta los campos de concentración como Auschwitz, el aumento de los presos era tan grande que inclusive se debió hacer una ampliación de las líneas del tren, para dar abasto con la docenas de vagones que llegaban diariamente. Las chimeneas estaban encendidas todo el día, siempre emanando humo, siempre dejando en el ambiente ese olor ya característico, la lluvia de cenizas era también una constante, cientos de hombres, mujeres y niños, desaparecidos a través de la incineración, sin dejar vestigios de sí mismo, como si jamás hubiesen existido y quizás fuera así, después de que familias enteras eran condenas a morir de esa forma, quien podía aseverar que ellos alguna vez vivieron, que tuvieron una rutina, que fueron al cine, que amaron, lloraron, celebraron, rieron, nadi.

No quería pensar en ello, porque después de todo, el mismo había sido responsable de enviar a ese lugar a más de alguna persona, ¿pero podía alguien culparlo por ello? Cuando ese era el ultimo rastro de humanidad que podía hacer por esos almas condenadas al sufrimiento y la miseria, al menos morir gaseado era menos doloroso, que morir producto de los efectos de algún experimento llevado a cabo por Aro.

Jasper, esperaba atento como una sombra al alero del doctor, el cielo de pronto se había nublado completamente, impidiendo totalmente a los rayos de sol traspasar esa gruesa muralla gris, la lluvia se veía venir.

El silbido típico del tren avisando su próxima llego a sus oídos, un nuevo cargamento, más vagones llenos de seres temerosos, la selección volvía a comenzar una vez más, como tantas otras veces, pero aun si para él cada una de esas selecciones era una tortura personal, se sentía tan inútil, tan inservible.

De cierta forma se alegraba por aquellos que morían de forma rápida, en las cámaras de gas, aquellos que hasta el último minuto de sus vidas, pensaban que vivirían, los nazis tenían una forma sádica de engañarlos, si inclusive les entregaban una toalla y una barra de jabón para hacerles creer que al meterse en esas cámaras, no lo hacían más que para darse una ducha. Las cámaras se cerraban y los encargados soltaban el gas zyklon B, que en poco más de 25 minutos no dejaba sobrevivientes.

Pero ¡ay! de aquellos pobres seres que detentaren alguna cualidad genética que los hicieran llamativos a Aro, que maldijeran a su destino que los había hecho enanos, jorobados, mellizos o demasiados altos, ¡no! ellos tenían que temer a algo mucho peor que la muerte, el dolor, la tortura, seres que en silencio le suplicaban a él, que acabara con su sufrimiento, y la muerte era la única vía de escape que el tenia para brindarles.

No se arrepentía.

No le temía al infierno, porque honestamente él creía que no podía haber algo peor que Auschwitz, no definitivamente, el infierno estaba aquí, ahora, cercado por alambrado electrificado.

El tren finalmente se detuvo y todo volvió a comenzar, las filas, con los hombres y mujeres, fueran jóvenes, adultos o ancianos, todos ansiosos y temeros, llantos al separarse de sus familias, rezos, las instrucciones de los oficiales de la SS, los enviados directamente a la muerte, los designados para el trabajo, los seleccionados de Aro, todo era una constante interminable de sucesos, cuya rutina el ya conocía de memoria, ¡la muerte se había vuelto tan malditamente rutinaria! Que a veces dudaba si el aun estaba vivo, o había muerto hace ya mucho.

Pero ahora no tenía un objetivo en mente, un plan trazado, debía salir de Auschwitz, solo faltaba que los supuesto para que este plan funcionara se dieran, aro debía ausentarse del campo en unos días, debía concurrir a un llamado de Berlín, ese era el punto de partida para su gran escape.

Miro al médico a su lado, los ojos de este brillaban de felicidad retorcida, ante él una familia de enanos, lo miraba expectante, Jasper solo maldijo la suerte de estos.

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Tania se sentía incomoda, pesada, grande.

Le dolía todo el cuerpo, los dolores de cabeza eran insoportables, odiaba su situación, el campo no le agradaba, se sentía inútil, echaba de menos a su familia, sus padres, sus amigos, su vida en Berlín.

Los días pasaban en una constante monotonía, escribiendo cartas a su madre y a sus amigas, en contadas ocasiones podía enviarlas y en menos ocasiones recibía respuesta de sus masivas, había intentado insertarse en la vida en el campo pero sin éxito, su actual estado de gravidez y lo complejo de su embarazo, se lo impedía, hubiese deseado que su padre no desease tanto un nieto ario y le hubiese permitido permanecer en su casa en Berlín, mientras Edward realizaba su trabajo en el campo y no ser arrastrada como mueble sin derecho a opinar.

¡Lo odiaba!

Odiaba a Edward por débil, por no imponerse a sus padres, por tener que verle cara todos los días.

Se odiaba a si misma por esa maraña de sentimientos que la confundían, en un principio pensó y o mejor dicho creyó que lo que sentía eran celos; celos de Edward de que él se involucrase con otras mujeres, de que tuviese hijos ilegítimos, pero con el correr de los días comprendió que ni remotamente eran celos, era envidia de su masculinidad, de su libertad, libertad que ella nunca detentaría, porque ella no solo era mujer, sino que además tenía cierta alcurnia, jamás podría desarrollar una labor como guardia del campo, no su deber para con el Nazismo era otro.

Y eso la enfurecía, frustraba y amargaba a la vez.

Porque ella había comprendido muy tarde, que lo quería no era un hombre, o mejor dicho ella no necesitaba un hombre, porque había entendido que definitivamente estaba muy lejos de ser lo que aparentaba, pelo largo rubio, alta, tez clara, senos grandes, la imagen perfecta del ideal de mujer Nazi, pero Tania siempre supo que bordar, o saber de buenos modales, tales como saber sentarse de manera correcta, a comportarse en sociedad, saber del manejo de una casa, eso no era para ella.

Le aterro su descubrimiento, llevaba días muerta de miedo, intentando volver a suprimir esos sentimientos y esconderlos en lo más profundo de su inconsciente, para volver a ser lo que era, desterrando definitivamente lo que estaba mal en ella. pero la soledad en la que se encontraba día a día, le dejaba demasiado tiempo para pensar, para cuestionarse, para soñar y dejarse llevar.

Seguía envidiando a su esposo, y cada día que pasaba ese sentimiento se intensificaba, pero ya no lo celaba, estaba demasiado asustada con eso que tenia dentro y que se negaba a volver a ser reprimido y ocultado.

Todo se le había escapado de las manos, y como siempre Edward era el responsable, al día siguiente de la discusión con él, se había puesto como meta averiguar en que andaba su flameante esposo y para ser sincera no le había costado mucho hacerlo, descubrió lo de las fiestas, lo que sucedía en ellas, cuando tuvo la información se armo de coraje y fue a reclamar a la oficial a cargo, nunca logro cumplir la misión que se había impuesto, esa mañana cuando salió de su casa no sabía que su vida cambiaria para siempre.

Ella siempre había estado apartada de todo el campo de concentración, a lo mas había realizado unas cuantas visitas al campo principal, siempre recluida en su casa, por lo que no tenía ni la más remota idea del engranaje del campo, de cómo este funcionaba, de cuáles eran las zonas que en el existían, había podido desplazarse sin problemas, su padre y su esposo eran hombres conocidos y respetados, sumado a su apariencia y forma de vestir, le daban cierta ventaja por sobre los demás mortales de ese lugar.

Le informaron que victoria estaba en el bloque 24 y se había dirigido a ese lugar, no sabía con que se iba a encontrar y la verdad es que tampoco sabía bien que eras lo que iba a hacer, actuaba por inercia, impulsada por algo que no lograba dilucidar con claridad.

Cuando la vio comprendió muchas cosas, imágenes, sensaciones, sentimientos que ella había reprimido por años, emergieron desbocados, como agua que rompe una represa y corre libre inundando todo a su paso, destruyendo todo lo construido y no dejando nada en pie, en el caso de Tania, su integridad, su seguridad, lo que ella era, lo que hasta ese momento había logrado erigir, su vida, su destino, lo que creía, por lo que había luchado, por lo que se había sacrificado.

Entendió lo que no quería entender, lo que se negaba aceptar, lo que ella era, lo que estaba mal, porque ella no era igual a sus hermanas, a su madre, a sus amigas, al resto de las mujeres. Las respuestas llegaron claras ante sus ojos, ella no era igual a otras mujeres, porque ella había llegado a este mundo con un envoltorio equivocado.

Su intento por ser normal, su ingreso a las Juventudes Hitlerianas, el adoptar como suyas todos las proclamaciones, todos los principios que en las reuniones se ensalzaban y que ella con tanto fanatismo y efusividad había interiorizado, fracasaron ante la visión de aquella mujer, la mujer que tantos años antes había dejado atrás.

Todo se clarifico, fue como si de pronto el mundo dejara de girar en la forma que lo hacía, deteniéndose por lo que parecieron horas, para luego volver a girar nuevamente pero esta vez en el sentido correcto, sus pies de anclaron a la tierra y su existencia tuvo sentido, entendió porque odiaba su matrimonio, la repugnancia que le producía compartir el lecho con el hombre que era su esposo, porque no le gustaba que la tocara, que la besara.

Todo contra lo que había luchado estaba ahora frente a ella, desmoronando su perfecto castillo de naipes.

Tania se había quedado en blanco, no había hecho nada, había sido su ex institutriz quien dio el primer paso y la saludo con emoción, como si de una vieja amiga se tratase, ignorando o fingiendo no conocer lo que producía en ella, la había abrazado, le había respirado en el cuello.

– Estas hermosa, más de lo que recordaba pequeña mariposa. – le dijo al oído, lanzando un torrente de calor a su cuerpo, descolocándola, haciéndola estremecerse de una que ella desconocía, incendiándola, llenándolo de una vitalidad, de una fogosidad que ignoraba se podía experimentar.

Recuerdos olvidados, suprimidos y ocultos en las viejas paredes de piedras de la misión en la creció, vinieron a su mente como un torrente de lava de un volcán que acaba de hacer erupción, sorprendiéndola.

Irina su antigua institutriz, otrora Oficial de la SS, nuevamente a pareció en su vida, dándole un vuelco de 180 grados, como la primera vez, como siempre, ella ya nunca volvería ser quien fue. Porque la mujer que había sido hasta ese día murió en el abrazo y la frase llena de significado que su amor platónico le dijo.

Porque ella siempre fue y seria una pequeña mariposa.

La misma que revoloteaba al alrededor de Irina con apenas 7 años, recordó su infancia solitaria, entre paredes húmedas llenas de moho, sola acompañada de la Irina, la de modales correctos, la que la amaba y cuidaba, la que la acompaña mientras sus padres de ausentaban por tiempo que ella era incapaz de contar.

Recordó la primera vez que ella se escabullo a la cama de su institutriz, tenía miedo de los relámpagos y truenos y como el escabullirse a su cama se volvió mas que una costumbre, una necesidad. Recordó las primeras caricias que se otorgaron bajo las pesadas mantas de la cama, lo que sintió, ese calor en su piel, el hormigueo en su vientre.

Recordó como admiraba su belleza, como esperaba con ansias y nerviosismo las lecciones de la Irina, la conexión especial que sentía, lo que provocaban sus sonrisas, el latir de su corazón, las mariposas en su estomago, las caricias secretas en los rincones oscuros y llenos de soledad de la gran mansión.

Hasta que le atemorizaron su emociones, sus sentimientos, sus sueños, sintió miedo de lo que sentía, de lo que quería, de lo que esperaba, no era normal, había algo mal con ella, algo no estaba bien en su naturaleza, no le llamaban la atención los hombre, cuando sus hermanas estaban en casa suspiraban o esperaban ansiosas alguna fiesta, para ver al chico de sus sueños, ella en cambio quería estar con Irina extrañaba a su institutriz, quería tocarla, acariciarla, dormirse en sus brazos.

No era normal soñar con besarla, despertar agitada con sueños indebidos, no estaba bien espiarla cuando se bañaba, tenía que hacer algo, insertarse en el mundo, ser como el resto, ser normal.

Por ello ingreso a las juventudes hitlerianas, suprimió lo que sentía, pidió a su padre que despidiera a su institutriz, y se aboco cien por ciento al nazismo, tuvo éxito, al poco tiempo estaba tan inserta en ese mundo que realmente creyó que Irina había sido una invención de su mente.

Hasta ese día.

Los días que siguieron, fueron una nebulosa estaba en constante alerta, se acostaba antes que Edward llegara, no quería que el hombre sospechara y la descubriera, su paranoilla la tenia al límite.

Cuando Irina toco su puerta ella se sorprendió, no se lo esperaba, pero no pudo negarse, la sola presencia de esa mujer la hacía sentir viva, era como si su sangre volviese a circular por sus venas, como si su corazón volviese latir y eso le gustaba, era como una droga, una dosis de adrenalina.

Pensó que no había nada de malo con que una vieja amiga la visitara en su casa, , después de todo entre ellas nunca había habido nada extraño, siempre habían tenido un trato normal y cordial de amigas, las cosas podían seguir así.

Estaba feliz.

Los días siguientes su ex institutriz la siguió visitando, Irina se mostro amable, la felicito por su embarazo, por su matrimonio, conversaron de como ella había llegado a ser oficial de campo, de las labores que tenía a su cargo.

Se sentía tranquila, en paz.

Se olvido de Edward. Dejo de importarle lo que hiciera o dejara de hacer con su vida.

Todo estaba bajo control hasta que una tarde Irina la beso, al principio ella no respondido solo se puso regida, pero el fuego que como lava corrió por sus venas la obligo a reaccionar, se sintió extraño, algo en su cabeza le decía que eso no estaba bien, pero el deseo fue más fuerte y se dejo llevar, y al poco tiempo quería más, mucho más, le gusto como se sintió y ya no pudo parar, no quería parar.

Cuando dejo de besarla, Irina le pedio disculpas, ella respondió besando nuevamente, no le importo porque lo hizo, solo le importaba que no dejara de hacerlo, las palabras sobraban, estaban de más.

Por fin era libre.

Por fin podía ser quien era.

Al marcharse Irina le prometió que volvería, le dijo que la había extrañado y no soportaría estar separada de ella nuevamente. Esas palabras dichas por la oficial eran la esperanza que la mantenía con vida, la luz de su mundo.

Sola en su casa analizo la situación, ella quería mas, ya no era una chiquilla inexperta que no sabía nada de sexo, quería probar, experimentar, saber que sentía. Irina no había querido llegar más allá de besos y caricias, no le dijo nada pero ella sabía que se debía a su estado gravitacional era una limitante.

¡Si Dios existía que la perdona! Pero en esos momentos no podía dejar de odiar al ser que llevaba en su vientre, le estorbaba, ella nunca realmente había querido embarazarse, había tenido que hacerlo, no tenía más opción.

No era nada personal contra el bebe, era contra la naturaleza que la había hecho mujer, que le había dado útero en vez de testículos.

Solo una cosa la preocupaba; su padre.

Esperaba que con el nacimiento de su hijo la dejara en paz.

Respecto a Edward, maldecía que no estuviera en el frente de batalla y muriera, si fuese viuda todo sería más fácil para ella. Podría llevar una vida tranquila, nadie criticaría la amistad entre dos mujeres, por ello todas las noches pedía al cielo que lo llamaran a la guerra.

Se removió incomoda en su asiento. Miro al hombre que tenía en frente, su esposo hacia días que tenía una sonrisa en el rostro, en otro momento le hubiese molestado enormemente, pero en ese momento no, ella también estaba feliz, siguió ignorándolo como siempre, entre ellos no había conversaciones amenas, ni siquiera palabras de cortesía, no había nada y así seguiría.

Al día siguiente visitaría a Aro, para decirle que estaba de acuerdo con que él probara en ella el tratamiento experimental con radiación que le había ofrecido, para que su hijo naciera antes y más fuerte y por fin poder dar rienda suelta a todos sus sueños.


gracias infinitas por sus R,R, son un combustible inesperado para mi inspiración.