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Los personajes no son míos, son de S.M, yo solo me adjudico la historia, que es una locura de mi mente.
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No hay escusas lo sé….
Espero le guste…
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Capítulo XVIII.-
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Camino a la libertad.
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"Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos."
- Juan Donoso Cortés
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Maneja con cuidado, tiene un nudo en el estómago, esta rígido, el miedo recorre sus venas, intenta buscar ese autocontrol del que siempre se ha sentido orgulloso, pero le es difícil, su vida depende de lo que suceda en los siguientes minutos.
A pocos metros divisa la línea de puesto de guardia, sabe que ese es el último obstáculo que tiene para alcanzar la tan anhelada libertada, está ansioso y temeroso, no hay espacio para equivocaciones, lo sabe, esto es a todo o nada, vivir o morir, pero los beneficios que obtendrá si logra su cometido valen la pena… valen esto y mucho más.
Mira a su acompañante, se ve tranquila y segura, su imagen, produce el efecto de un bálsamo relajante, ella le sonríe y es lo que necesita para seguir adelante, suelta el aire que no era consiente que estaba reteniendo y comienza a bajar la velocidad.
Se encomienda a su Dios… a ese que no está seguro si existe.
Un impecable soldado lo recibe, su rostro refleja el orgullo que siente por poseer los deseados rasgos, que lo salvan de ser una paria, tiene la altanería típica de alguien que nunca ha tenido nada, pero que de la noche la mañana tiene el poder de decidir sobre la vida de otros, altanería e ignorancia, mezclada con esas ansias de demostrar que se es alguien, le brinda un y ensayado saludo Nazi, no debe tener más de 20 años, espera que su juventud sea una ventaja para él… solo espera que todo salga según lo planeado.
El soldado analiza el pase que le muestra, luego lo mira detenidamente, como analizando, se lo muestra a su compañero, dicen algo que por la distancia en la que se encuentra no alcanza a escuchar, solo algunas frases parciales, luego analizan su carga y a su acompañante, ve la duda en sus rostros y eso lo inquieta, se pone nervioso, las manos le sudan, pero saca fuerza de donde no sabía que tenía y decide enfrentarlos, sabe que es la única manera.
-¿Algún problema soldado? – les pregunta con despotismo, las medallas que porta en su uniforme, son lo único que puedo salvarlo y por ello se aferra a ellas, como a una tabla de salvación, debe mostrar seguridad y eso es lo que hace, mira al soldado a los ojos, con autoridad y superioridad y su actitud surge el efecto esperado.
El soldado no dice nada, le hace un gesto a su compañero de guardia y este levanta la barrera de seguridad, Jasper aprieta el acelerador y Auschwitzpoco a poco va quedando atrás.
Su cuerpo por fin se relaja y una sonora carcajada escapa de sus labios, esta eufórico, su plan da los resultados esperados, por fin logra dejar el infierno, sabe que lo que se viene no será fácil, conseguir lo que se propone será una muy difícil, pero tiene esperanzas de conseguirlo.
Alice ríe con él, se siente feliz, el viento roza su rostro y la sensación de libertada le recorre el cuerpo, por primera vez en mucho tiempo, no solo tiene esperanza, sino que también fe… fe de que cualquier cosa que venga será mejor, que lo que ha vivido en los últimos meses de su vida.
-¡Lo logramos! –le dice al rubio con una gran sonrisa en su rostro.
-Somos libre Alice… por fin libres. – le responde el rubio.
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12 horas antes.
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El silbato del tren a los lejos anuncia su pronta llegada, es de noche, pero para Auschwitz, es un nuevo día que comienza.
La rutina es la misma, que se sigue hace muchos meses, un nuevo grupo de presos desciende de los vagones, son hombres, mujeres y niños, cada uno de ellos con rostros asustados, todos hambrientos y sedientos, esperando su destino. Ellos no lo saben, pero serán muy pocos los que verán un nuevo día.
Una nueva selección comienza, para quienes la realizan es una trivialidad, sin importancia, para quienes la sufren, se trata de vivir o morir, pero quizás morir sea mejor que sobrevivir y ser trasladado al infierno mismo.
Luego de ello se siente el inconfundible fétido olor dulce de la cremación de cuerpos, mezclándose con la humedad y el roció de la noche, las cenizas se mesen al son del viento y caen como copos de nieves, cubriendo los suelos a varios kilómetros a la redonda, ya nadie se sorprende con ellas, son simplemente el último eslabón de un ciclo que comienza con ese silbato que anuncio la llevada de un nuevo tren, no son más que rutina, es otro día normal en Auschwitz.
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Jasper se limpia el último vestigio de los seres humanos reducidos a cenizas, que queda en su abrigo, lo hace de manera monótona, como si se tratara de nieve, con él tiempo ha perdido el nivel de asombro, es consiente que en lugar que ocupa en este lugar, es muy poco lo que puede hacer para cambiar el destino de esas personas, él es como ellos, quizás debe agradecer a su astucia, suerte o a su aspecto caucásico, el que su destino no fuera igual que el de ellos, es consciente de que se ha rodeado con las personas correctas y ha tenido la buena fortuna de ser unos de los protegidos de Aro. Espera que con el paso del tiempo los rostros de esos seres sin nombre, se pierdan en las brumas de su mente, pero hay algo que Jasper ignora y es que esos rostros se aparecerán en sus pesadillas una y otra vez, negándole la paz que tanto anhela.
Mira hacia el cielo y a través de las luces de los diferentes puntos de vigilancia, puede ver la lluvia de ceniza que cae sobre el campo, otorgándole al paisaje un aspecto lúgubre, que viene a combinar con la sensación de muerte y destrucción que rodea este lugar maldito.
A Jasper la suerte le ha sonreído otra vez y goza de un tiempo que no esperar tener, "El Ángel de la muerte" ha desviado su atención a una familia de enanos, que ha arribado en este tren, conociéndolo como lo conoce sabe que serán su nuevo foco de atención, dejando incluso a su más reciente experimento de crear siameses de lado, siente pena por esos pobres seres, que ahora llaman la atención del doctor, sabe que lo que les espera es horrible e inimaginable.
Pero la mala suerte de algunos, es una suerte para él, el destino es cruel y hasta injusto por momentos, solo agradece que esta vez, la suerte este de su lado, Aro le ha encomendado ver el estado de su experimento, es un voto de confianza que le otorga, es una oportunidad que no piensa desaprovechar. Se mueve lo más rápido que puede siendo sigiloso, intentando siempre pasar desapercibido, sabe que el tiempo que tiene, no es mucho, por lo tanto debe ser rápido.
Camina unos pasos y por fin la ve, se ha desviado de su camino, pero es que no lo puede evitar, la mira a la distancia, se ve bien, no en perfectas condiciones, pero mejor que antes.
Alice está guiando al grupo de presas seleccionada para trabajar en el campo, la mira moverse con delicadeza, como sopesando cada paso, sabe que al igual que él. Ella intenta pasar desapercibida, son las reglas para permanecer con vida en este lugar, y Alice ha aprendido a hacerlo con maestría.
Como si ella presintiese que alguien la observa, se gira hacia donde se encuentra él, y le brinda una sencilla sonrisa, que es todo lo que Jasper buscaba, y es que ella es luz dentro de tanta oscuridad, el rayo de sol que ilumina su vida, lo único agradable de ese fatídico lugar, por inercia le devuelve la sonrisa hay algo en ella que le caliente el alma y le hace palpitar el corazón que creía muerto.
A la distancia ve que Alice es reprendida por una de las oficiales, que se da cuenta que se ha distraído, rápidamente se refugia entre las sombras de la noche y evita ser visto, aprieta con furia los puños y se odia por ser el responsable de que la morena reciba un golpe, pero también se odia por no poder hacer nada para evitarlo.
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Camina con cierta libertad por el campo, ese es uno de los beneficios que tiene, el haberse transformado en el ayudante principal de un demente, los soldados con los que se cruza no le dice nada, basta con ver el pase que lleva en su mano, por eso aprovecha la oscuridad que otorga la noche, para desviarse nuevamente de su camino a las baracas.
Los perros ladran a los lejos y el frio se cala en sus huesos, se aprieta contra el escaso calor que le otorga su paleto, pero no lo consigue. Lleva más de un mes preparándolo todo, debe atar cada cabo, no puede haber nada al azar o la suerte, debe actuar sobre seguro, no puede fallar, lo que tiene por perder es mucho, trata de no pensar en aquellas posibilidades, no puede mostrarse intranquilo o inseguro, debe pasar desapercibido, cualquier llamada de atención puede significar su muerte… o peor, puede significar la muerte de ella.
Espera en las sombras que se dé la oportunidad, pasan varios minutos hasta que no se ve nadie a los alrededores, la noche es su aliada, en sus sombras de desliza con tranquilidad, hasta llegar a la puerta de su oficina, toca, esperando encontrarlo solo, sabe que ha llegado un par de horas antes de lo acordado, pero no cree que la atención de Aro se desvié tanto como lo hacho esta noche.
El hombre se ve sorprendido al verlo, pero rápidamente se corre de la puerta para dejarlo entrar, no sin antes ver rápidamente a su alrededor, en busca de ojos curiosos, que sean testigos de esta visita.
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No llovía, pero el uso del limpia parabrisas era absolutamente necesario, la caída constante de ceniza, dificultaba la visibilidad, por lo que Edward debía manejar a escasos 20 kilómetros por hora, la noche anterior había sido igual que las anteriores y es que su matrimonio, era eso una monotonía constante de discusiones, silencios e ignorancia mutua.
Las cosas con Tania, seguían el mismo parámetro de siempre, en una cómoda indiferencia recíproca, la llegada de Irina fue un calmante a la indisposición constante de su esposa, era como si de pronto, se encontrara más feliz y serena, menos irritable y propensa a comenzar discusiones, Edward suponía, que el tener a su institutriz como compañía, era la razón de esa calma aparente, quizás todo se debía que se sentía sola, y es que era comprensible, él nunca estaba con ella, no podía dejar de sentir cierta culpa por ello, y es que él era mucho más feliz en Auschwitz, aunque pareciera loco, pero en ese lugar estaba Isabella, y su sola compañía era una razón para ser feliz, sonrió al recordarla.
Hacía más de un mes que tenía una relación con Isabella y era muy complicado para él, aparentar que ella no significaba nada, sobre todo cuando lo único que quería era protegerla, pero tenía una lucha interna consigo mismo, por una parte quería sacarla del campo y por otra solo quería tenerla a su lado, era egoísta lo sabía, pero es que ella era lo único bueno que tenía su vida.
Porque su hijo no era algo cierto, era solo una expectativa y le costaba imaginárselo como una persona real, en más de una ocasión se había quedado mirando el redondo y grande vientre de Tania, y había sentido la inquietud de tocarlo y saber si era verdad, lo que decían algunos hombres, que se podía sentir la criatura moverse, pero Tania jamás lo dejaría comprobar aquello, cada vez que el intento acercarse a ella, se encontró con una negativa. Solo esperaba que el tratamiento de radiación que le estaba aplicando Aro fuera beneficiosos para su bebe.
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Auschwitz le dio la bienvenida con su típica frase de "El trabajo os hará libre", piensa que es una frase ambigua, se podría llegar a pensar que para quienes trabajan en este lugar el trabajo es el camino a la libertad, pero si eres un oficial de la SS, es mejor pensar que el trabajo os hará libre de seres indeseados, es lo que él pensó hasta un tiempo atrás, no es que ahora le importe mucho lo que pase con ellos, es solo que ahora la tiene a ella, y por mucho que piense que los judíos y los comunistas son una lacra para la sociedad, no puede pensar lo mismo de ella, no de ella.
Bella es especial, es única, y algo aterrador en saber aquello, en volverse dependiente de una persona, porque es una debilidad, hay algo que esta ocultando, y una parte de él, sabe que está mal, pero ya no quiere pensar en aquello, no cuando están feliz teniéndola entre sus brazos, no cuando sabe que entre sus piernas se encuentra el paraíso.
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Llega a su oficina esta oscuro, pero para Edward eso no es problema, su oficina le es conocida y puede andar a oscuras en ella, prende la lámpara a gas para iluminar el ambiente, en Auschwitz, aun no amanece, pero el día a comenzado hace mucho, a las 4 de la mañana los presos, son sacados de las barracas para la primera revisión del día.
Bella aun no llega, supone que debe estar en la revisión o desayunando, deja en su escritorio la merienda que le a traído, y es que la comida que le dan, es insípida e insuficiente, nadie se mantiene saludable con ella, ni siquiera con la mejora introducida por encontrarse inserta en el experimento de Aro.
Recordar aquello le hizo apretar los puños, amaba estar con Bella, pero no de esa manera, no cuando se le era impuesto, como una obligación, no cuando era vigilado y supervisado, cuando era en un lugar frio e incómodo.
Recordó la primera vez, fue en cuarto especialmente acondicionado para ello, en un barracón destinado exclusivamente para los Experimentos del Aro, fue a media tarde, Isabella estaba extremadamente nerviosa, para ella fue su primera vez, él trato de hacerla agradable, aunque duda que haya tenido existo, sabe que ella no disfruto en esa oportunidad, no cuando Aro estaba tras la delgada puerta vigilando toda la situación, no era una cuestión de placer, era una cuestión de método y resultado, para él había sido agradable, no era la mejor experiencia que había vivido en su vida, pero el sentir su calor, su calidez era algo que recordaría por siempre.
Para Edward, Bella era su mujer, y el tenerla día a día, se había vuelto una verdadera necesidad, era egoísta lo sabía, pero la quería para él, de la forma que fuera, ella sacaba lo mejor de él. Quiere protegerla, sabe que debiese hacer todo lo posible para sacarla de ese lugar, pero aún no está preparado para dar ese paso, ni siquiera para intentarlo, es demasiado riesgoso, se justifica.
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La puerta se abre y Edward sabe que es Bella la que ha llegado, nadie más tiene ese toque delicado para entrar en un lugar, se gira y se encuentra con su sonrisa, es imposible no devolvérsela, ella provoca eso en él, que esa parte buena que tiene bien oculta, salga a flote.
Su pelo ha crecido, peo no tiene el brillo que siempre le llamo la atención, pero eso no le importa, para él, ella es perfecta, observa la horrible pañoleta que lo oculta del resto del mundo, camina hacia ella y suelta el nudo de ese pedazo de género, una de sus manos se mete entre su pelo y lo toca, hacer eso lo hace sentir bien.
La besa, es un acto reflejo, pero absolutamente tranquilizador, tocarla se ha vuelto como catalizador de sus problemas y frustraciones. Ella le responde el beso y Edward se siente en paz, que Bella le responda le da la tranquilidad de saber que ella también siente algo por él, y que no son solo las circunstancias, las que la obligan a amarlo, pero es egoísta, sabe que si las cosas fueran diferente, no le importaría en lo más mínimo, con tal de sentir lo que siente en estos momentos… esa parte malvada la prima… esa parte que todos los seres humanos tenemos y que solo bajo circunstancias sale a flote.
Tener la oportunidad de poder besarla y tocarla sin la vigilancia de un enfermo, sin tener que estar en un lugar inhóspito y sucio, sin la necesidad de tener que controlar sus emociones y sensaciones, lo hace sentir que son una pareja normal, que no están rodeados de alambrado electrificado, que afuera no nieva ceniza de seres humanos olvidados, que su vida no pende un hilo solo por hecho de amarla y desearla, que ella no es un número y que él no es su enemigo, que son solo dos personas que se atraen, dos personas en mundo lleno de otras personas, que a nadie le importa que ellos se quieran, que no sea un delito hacerlo.
La sube a su escritorio y se pone entre sus piernas, una de sus manos baja hasta su rodilla y poco a poco va subiendo, toda ella es frágil y delgada, su piel se pega a sus huesos y no tiene mucha grasa, pero aun así, para Edward, ella es lo que siempre ha deseado, su miembro esta inhiesto y anhelante de fundirse en su calidez apretada y húmeda.
No es la primera vez que la toma en algún lugar de su oficina, es más, a él le gusta hacerlo en este lugar, no es que tengan mucho donde elegir, estos pocos metros cuadrados, son el único lugar en el que pueden ser ellos mismos y en el que están los dos solos. Se deja llevar por las sensaciones que siente junto a ella
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Para Bella estar con Edward le produce una mezcla de emociones, es como romper muchas cadenas, dejar de ser completamente quien fue y transformarse en una mujer completamente nueva y alejada de lo que siempre espero ser, pero es que las cosas tampoco son como ella espero que fueran, se suponía que debería estar casada, quizás con un hijo en camino, al que llamaría Daniel si era varón o Ana si era una niña y no siendo la amante de un oficial de la SS, no preocupándose si él se acostaba cada noche con su mujer, y que ella solo era una vagina, en la que se desquitaba las ganas, las que no podía satisfacer al tener a su mujer embarazada, dejando de dormir por esa incertidumbre, muriendo de celos solo con imaginarlo.
Se suponía que ella no tenía que conformarse con tan poco, que su vida sería diferente, pero es que nada era como debía ser, y eso que era tan poco, era lo único que tenía, lo único que la volvía una persona, era su secreto, uno que la ataba a la vida y le daba fuerzas para seguir, tener a Edward saber que para él, ella era importante, aunque solo fuera para fallársela, era lo que la transformaba en quien era ahora, y eso era su nueva realidad.
Querer a este hombre de uniforme, con medallas colgadas en su paleto, medallas obtenidas por matar a su gente, personas igual que ella, este hombre casado, con un hijo en camino, un hijo que no era el de ella, con una mujer que no conocía, pero que suponía que debía ser todo lo que ella no era y no sería jamás, un hombre con poder para acabar con su vida, si le daba la gana, un hombre que la besa y cuyas caricias la hacían sentir vida, mujer, persona. Era lo único real que tenía. Y que importaba si se iba al infierno, por fornicar fuera de matrimonio, por pecar de lujuria, por ser la otra, que importaba cuando ella estaba segura que no podía ser peor que esto.
Se dejó llevar porque eso era lo que le nacía hacer en ese momento, ser la otra, ser lujuriosa y atrevida, dejarse tocar y amar por un hombre al que no amaba del todo, pero al que quería y deseaba, el hombre que la alimentaba, cuidaba y protegía, arriesgando su propia vida, el que se robaba sus pensamientos y el que había accedido a tener un hijo con ella, un hijo que sería diferente e inferior, solo porque ella se lo había pedido.
Siente sus manos metiéndose entre sus muslos y no puede evitar soltar un gemido, sabe que no puede ser ruidosa, la oficina de Edward es su lugar, pero aun así es riesgoso, si alguien los encuentra no sabe qué tipo de problemas podrían tener, sabe que para un Nazi el mezclarse de esa forma con una judía es un delito, pero es sabido por todos que este tipo de relaciones se da, no sería la primera judía que es tiene relaciones sexuales con un miembro de la SS, aunque la mayoría de las veces no es consensuada.
Ella no lleva mucha ropa, una delgada falda que conoció mejores días, unas medias que le quedan grandes y debe atar a mitad de sus muslos y una enagua que hace las veces de ropa interior, un chaleco y un abrigo demasiado grande. Es ropa uniforme sacada, de las pertenencias de otras mujeres, que como ella, llegaron a Auschwitz y fueron despojadas de todo lo que traían con ellas.
Sentirlo en su interior es una experiencia alucinante, no es como nada que hubiese sentido antes, son sensaciones adictivas, que la llenan de cierta euforia, placer recorriendo sus venas, transformando su piel sensible en un campo abierto para explorar y descubrir.
Ella quería más, tomar todo lo que fuera posible, mañana podría estar muerta, por lo que no había tiempo para arrepentirse o retroceder, para cuestionarse o sentirse culpable.
El pecado se siente jodidamente bien y por unos pocos minutos siente que toca el cielo con la punta de sus dedos y se encuentra en el paraíso.
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Aun esta entre sus piernas, sumido en la vorágine descendente del placer que deja un orgasmo, cuando alguien llama la puerta, maldice por lo bajo, se separa rápidamente de ella, se acomoda la cremallera de su pantalón y el cabello alborotado, volviéndolo a su lugar, ve a Isabella hacer lo mismo rápidamente.
En su cabeza busca las escusas que deberá dar, se supone que por la hora que es, nadie debería buscarlo aún, tendrá que dar explicaciones, para salir de este problema, no es un secreto que algunos hombres cogen con judías, pese a ser un delito, frente algunas cosas muchos simplemente hacen como si no viesen nada, siempre y cuando no puedan sacar algún provecho de ello, si el que busca se dio cuenta de lo que sucedía dentro de estas paredes y es un imbécil que esta información le puede servir para algo, el estará en jodido problema.
Le da un último beso en los labios a Bella y va a abrir la puerta, ver a quien esta fuera lo sorprende y enfurece a la vez.
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Jasper mira al hombre que tiene en frente y no sabe si ha sido una idea venir a verlo antes de lo acordado.
-¿Qué haces tan temprano? Se supone que nos reuniríamos a medio día. – le dice el cobrizo, irritado.
-He tenido un espacio de tiempo antes, era mejor venir ahora… llamaría menos la atención.- le explico.
- Espera aquí. – le dice, antes de desaparecer dentro de la oficina.
Jasper mira a todos lados en busca de alguien que pudiese estar observando, pero todo Auschwitz, esta tranquilamente oscuro. A los pocos minutos Edward vuelve y le entrega unas carpetas y se las entrega, él las recibe y se apronta partir.
-Si algo sale mal… - empieza a decir Edward, pero no alcanza a terminar la frase, porque Jasper lo detiene.
-Esto nunca sucedió.
Edward asiente serio.
-Éxito y estamos en contacto. – y sin más se da la media vuelta y cierra la puerta.
Jasper toma la carpeta y rápidamente se dirige a su oficina, cuando ha cerrado la puerta, y ha revisado que no hay nadie más que él, en la oficina, se atreve a abrir la carpeta, dentro y amarada a un hilo se encuentra dos llaves, un pase falso con su nombre y una dirección. Es todo lo que necesita.
Se guarda todo en la costura interior de su chaqueta y sale hacer su trabajo, se dirige a uno de los cuartos de la baraca, abre la puerta y un fuerte olor a pudrición lo recibe, en una cama y sumido en sus propias secreciones, se encuentra el fallido experimento de Aro, de crear siameses, dos niños, gemelos de no más de 4 años, se encuentran unidos y cosidos desde su espalda hasta su muñeca, incluso en las venas, ya no lloraban, la fiebre ha calmado en parte su dolor y los mantiene lejos de la realidad, ya no hay nada que hacer por ellos, solo acelerar su muerte y darles la paz que no encontraron en este mundo, es algo que ahora puede hacer, cuando la atención del doctor se ha dirigido a otra parte, cuanto otra cosa ocupa su mente.
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La música suena en la sala y alto se escucha la cantar una canción en Alemán, Aro ríe con diversión, aplaudiendo efusivamente, en la esquina un improvisado escenario sirve para acoger a la familia de enanos recién llegados a Auschwitz, que se esmera por entretener al médico.
Aro está satisfecho son su nuevo hallazgo, con esta familia tendrá para investigar en los próximos 20 años, quizás ellos sean la clave, que le falta para poder entender la compleja genética, que conlleva mejorar la raza, ellos son engendros deformes e inferiores, una abominación, solo concebible en la imperfección de las razas inferiores, seres que no merecen vivir o respirar su mismo aire, pero que él podría utilizar, hacerlos útiles y darles algún significado a sus miserables vidas.
Jaspe lo mira desde una esquina, oculto e invisible a sus ojos, se acerca el cambio de guardia y muchos de los oficiales de la SS, disfrutan de su descanso observando el espectáculo, el destino le ha dado otro chance, que él piensa aprovechar.
Con cuidado y en silencio abandona la sala y se dirige a la barraca que guarda el vestuario de los oficiales con una de las llaves, que le dio Edward, abre la puerta y entra vigilando que nadie lo ve, dentro se cambia ropa rápidamente dejando oculta su ropa de campo, y con seguridad abandona el lugar, se dirige a los estacionamientos, en ese lugar lo espera Alice, infundada en un uniforme de enfermera, ese es el plan se supone que es el un oficial de la SS, que va al pueblo más cercano a buscar insumos médicos, ella es su compañera, es una excusa creíble por si preguntan, al menos eso es lo cree.
Cuando Alce lo ve lo abraza, pero Jasper está demasiado nervioso, para ser efusivo, hay demasiado en juego. Tenía demasiado miedo y ansiedad, debía saber si Alice estaba completamente segura de hacer esto.
-Alice aun estas a tiempo para no ir, debes ser consciente de que el riesgo que corres es demasiado grande, si no descubren…
Pero no alcanzo a terminar por que Alice lo corto.
-Lo estoy… no dudes de eso, quiero hacerlo.
-Entonces, ¿Estas listas? – le pregunta.
-Más que nunca.- le responde ella.
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Chicas no hay por ahora…. Nos estamos leyendo y espero sus comentarios.
