El duro artefacto en sus manos temblaba por la fuerza que él pelinegro aplicaba en él, haciendo que la punta de sus pálidos dedos se volviera de un rojizo tenue, aplicando un poco más de fuerza seguramente llegaría a romperlo, pero era lo que menos deseaba.
Su mirada, normalmente azulada, como el cielo en su apogeo máximo, no como el cielo de New York, si no como el de Idris libres del humo de las fabricas cercanas, o de los innumerables transportes que poseía el centro de la ciudad, reflejando aquel azul en las torres de cristal, y en el lago Lyin, o probablemente un azul como aquella agua del peligroso pero hermoso lago, azul, un azul ligeramente obscuro y brillante. Aquel azul, estaba ausente, en cambio, parecía un azul apagado, distante, y perdido.
Alec no se había sentido de esa manera, ni siquiera cuando Abbadon lo había atravesado, recuerda tan poco de aquel dolor, un dolor físico. En cambio ese dolor lo veía en carne propia (si es que eso era posible), lo vivía en carne propia, lo enfrentaba solo, en su habitación.
Cuando estaba con Magnus en batalla, había sentido que su corazón saltaría en cualquier momento de su pecho, no había estado seguro si quería que él estuviera ahí, expuesto ante el peligro.
«Pero ni siquiera lo pensé»
Salvar a Magnus no fue difícil de pensar, fue como si su cuerpo, mente, y alma, se sincronizaran para mantenerlo a salvo, Alec pensaría que las palabras (las absurdas palabras) que había dicho tan repentinamente habían sido un acto irracional.
— ¿Alec?
Aquellos ojos tan exóticos que le habían parecido tan curiosos a Alec desde aquella fiesta en su loft, lo habían mirado con tanto asombro, que estaba seguro que una sonrisa lánguida se había asomado de sus labios en ese entonces.
— ¿Acabas de… acabas de salvarme la vida?
«Ese es mi trabajo», había pensado en lo que hubiera dicho Jace, aun a pesar de estar en ese tipo de problemas, su parabatai formaba parte de los pensamientos de Alec, pero no solo él, Isabelle, Maryse e incluso Robert merodeaban en su cabeza, y Max.
Probablemente ese último, había sido el causante de que comenzara a hacer acopio de todos aquellos sentimientos y finalmente las palabras habían salido de los labios de Alec.
"Porque estoy seguro que para él, también eres su soldado"
Abrió los ojos como si acabara de descubrir un hallazgo, estando frente a frente con Magnus, —el cual ya había despachado al resto de los demonios— se dio cuenta que no era un soldado, no era su soldado, no con Magnus, quería ser aquella persona que no solo lo protegiera de demonios, si no también querer protegerlo de todo.
«Max, si tan solo me escucharas, estoy seguro que te enfermarías, ya que eso sonó estúpidamente cursi», Pensó Alec, planeando saltar esa parte para cuando se lo contara a Maxwell.
—Jamás me devolviste las llamadas— dijo, palabras distintas a las cuales tenía en la cabeza, incluso sonó de lo más irascible para sus propios oídos —, Te llamé muchísimas veces, y tú nunca me devolviste las llamadas
«Max, olvida lo anterior, esto sí que sonó estúpido»
Magnus miró a Alec como si éste se hubiera vuelto loco, y Alec no lo culpaba. Pero por un breve instante pareció ver cierto brillo extraño en aquellos ojos amarillo, verdosos.
—Tu ciudad está siendo atacada — dijo— Las salvaguardas no funcionan y las calles están repletas de demonios. ¿Y tú quieres saber por qué no te he llamado?
Alec apretó la mandíbula en una obstinada línea
—Sí quiero saber por qué no me devolviste las llamadas.
Las llamadas, los mensajes. Aquel celular le era inservible desde su llegada a Idris, pero antes de llegar a Idris había estado mandando, mensaje tras mensaje a Magnus, llamada tras llamada se había detenido un día antes de ir al portal y encontrarse con Magnus, unas diminutas manos se le vinieron a la cabeza.
Max, él tenía su teléfono en las manos, justo antes de salir a buscar a Isabelle, recuerda haber visto el reflejo de la pantalla en los cristales de sus lentes, también recuerda haber visto como movía sus dedos en la pantalla escribiendo.
—Hable con él…
Había dicho Max, tan seguro, sin mentir, porque Max no mentía, confiaba en todos, para Maxwell, la palabra todos significaba, los lightwoods, recuerda aquella vez que Isabelle, Jace, Max y él estaban reunidos en la misma habitación.
»Max había estado solo, Robert y Maryse habían estado hechos un lio por asuntos de la clave, Jace, Isabelle, y Alec, recién regresaban de exterminar a una horda de demonios no más que a dos cuadras de parque central de Brooklyn, estaban exhaustos; pero aún recuerda como Jace y él habían pasado a un lado del cuarto de Max, que en ese entonces estaba en la alfombra de su cuarto, con un montón de libros de dibujos animados —el cual, entre los tres iban comprando especial para el menor, la mayoría de veces era Alec quien escogía el titulo— miraba a Jace con tal felicidad, que fue inevitable que ambos no pudieran notar su mirada.
Jace y Alec, había pasado de largo, ambos saludando a Max, Jace con una sonrisa arrogante y cariñosa, y Alec con un movimiento de mano. Por supuesto tanto Jace como Alec, habían notado la expresión triste de Max al no ver que se acercaran, incluso pudo leer la expresión del pequeño en ese entonces "seguramente deben estar cansados".
No tardaron ni diez minutos en volver al cuarto de Max, cambiados, con varias iratzes en sus brazos, esta vez Isabelle se les había unido, los uniformes de combate mugrientos, fueron remplazados por ropas más cómodas.
Y Alec, en su mano tenía una historieta, con un búho dibujado en la portada.
—Esta vez no traje más de esos súper héroes, no quiero verte después colgado de las sabanas— había comentado Alec.
Max había sonreído de par en par, justo en cuanto se iba a levantar, Isabelle habló.
—Max, eres igual de desordenado que Alexander, ¡Jace!— Max y Alec habían mirado con cara de reproche a Isabelle, uno más que otro.
En cuanto Isabelle nombro a Jace, este con tanta facilidad había levantado en brazos a su hermano menor, y como si fueran en una fila, todos fueron a parar en el cuarto de Isabelle, Alec al final con una sonrisa burlona, mientras veía patalear a Max divertido, el cuarto de Isabelle tampoco se podría decir que era de lo más ordenada con la tienda de ropa que tenía esparcido por todo el pintoresco cuarto.
Se la habían pasado en la cama de Isabelle, Jace y Alec, intentando narrarle la historia (y riéndose) de los dibujos de aquel mundano creador de aquel comic, sobre un búho vanidoso que deseaba todo, mientras que Isabelle había tomado lo que parecía un peluche en forma de lobo narrándole a su vez alguna anécdota de aquella misión que llegaron a hacer en algún momento.
Fue cuando los tres habían escuchado la aguda vocesita de Max.
— ¿Saben? Ese búho es tonto, es decir ¡yo tengo todo!
—Oh por el ángel, Alec, eso es tu culpa, ahora va querer comprar un búho, y se va apoderar de la biblioteca, despojando a Hodge junto a Hugo, y será "la biblioteca de Maxie"
—Ah por… Jace no seas absurdo—Alec intentaba hacerse oír entre las risas de sus tres hermanos, y Max había vuelto hablar.
—No me refiero a eso, me refiero a que, para mí, todo mi mundo son los Lightwood, mamá, papá, Izzy, Jace, y tu Alec
Después de aquello, recuerda el cuerpesito de Max ser estrujado por Isabelle, Jace, riendo a carcajadas por la escena, y Alec, sonriendo
Alexander, pestañeo varias veces, despertando de aquel vago recuerdo, justo a tiempo para ver a Magnus levantar las manos en un gesto de exasperación, viendo como algunas chispas salieron de las yemas de sus dedos, como libélulas escapando de un tarro.
—Hable con él…
Pestañeo varias veces, siguiendo la dirección de aquellas chispas hasta que desaparecieran
—Hablaste con Max…—Eso había agarrado desprevenido a Magnus, el cual había abierto sus ojos sorprendido.
—Max, si, deberías enseñarle más a usar aquel aparato, en realidad, no hace mucho que acabo de mandarle un mensaje….dígame soldadito, ¿Por qué desobedeció?
Alec, dejo escapar una sonrisilla, aquella sonrisa después de la promesa que le dio a su hermano…Magnus tuvo que ver en aquello, y después enarco una de aquellas obscuras cejas.
—De tal modo, ¿qué decidiste hablar con mi hermano en vez que hablar conmigo?
—Eres un idiota
— ¿Por eso no me has llamado? ¿Por qué soy un idiota?
—No. — Magnus fue hacia él a grandes pasos. —No te he llamado porque estoy cansado de que sólo me quieres ver cuando necesitas algo. Estoy cansado de verte enamorado de otra persona…de alguien, por cierto, que jamás te devolverá ese amor. No como yo te amo
Magnus lo había dejado sin habla, abrió la boca y la cerró como pez fuera del agua.
— ¿Me amas?—Fue lo único que salió de sus labios
—Nefilim estúpido— dijo Magnus con aquel tono paciente— ¿Por qué otra cosa iba a estar aquí? ¿Por qué otro motivo habría pasado las últimas semanas remendando a todos tus imbéciles amigos cada vez que los hieren y sacándote de cada situación ridícula en la que te metes? Por no mencionar el ayudarte a ganar una batalla contra Valentine. ¡Y todo totalmente gratis!
Los ojos de Magnus lo miraban con intensidad, con todo aquel sentimiento que salía de sus labios, de aquellos labios que había acariciado con los de él, aun con la pelea a su alrededor, los colores subieron a sus mejillas.
—No son conocidos, ¿verdad?
—No.
—No son amigos
"Por su puesto que no eran amigos, es decir, los amigos no se miraban como si velaran por el amor no correspondido del otro" había pensado a regañadientes Alec, que era así como Magnus lo miraba. "pero no solo así, Magnus me mira como…como la gente loca de amor se mira, y yo mismo, me veo envuelto en aquella locura"
—No lo había considerado de ese modo—admitió Alec con un hilillo de voz más avergonzado que otra cosa
—Por supuesto que no. Jamás lo consideraste de ningún modo. — Los ojos de gato de Magnus, habían cambiado de expresión, brillaban con ira — Tengo setecientos años, Alexander. Sé cuando algo no va funcionar. Tú ni siquiera quieres admitir que existo con tus padres, incluso Max lo consideró más a fondo, y termino descubriendo solo una parte de la historia.
Alec lo miro sorprendido, mordisqueándose el labio inferior.
"Magnus, si tan solo supieras que por eso estoy diciendo estupidez y media, gracias al valor que me dio mi hermano menor"
— ¿Tienes setecientos años?
—Bueno — corrigió Magnus— ochocientos. Pero no parezco. De todos modos creo que no entendiste. La cuestión es…
Pero Alec no pudo averiguar cuál era la cuestión porque en aquel momento una docena más de demonios iblis llegaron en tropel a la plaza. Sintió que se le desencajaba la boca.
—Maldición
Por un momento, le hubiera gustado ser una persona, un mundano, y tener que arreglar sus problemas personales sin que los interrumpiera una docena de demonios.
Magnus siguió la dirección de su mirada. Los demonios se abrían ya en semicírculos a su alrededor, con los ojos amarillos refulgiendo.
—Antes que otra cosa, ¿Qué edad tiene Max?
Esta vez Alec fue el que lo miro como si el perdiera la cordura.
—Tenía nueve años cuando nació— dijo — y de verdad que quiere hablar contigo.
Magnus vio como los labios de Alexander se curvaban.
—Es el momento de cambiar de tema, Lightwood.
Alec, se mordió el labio inferior, cerrando los ojos por efímeros segundos.
— Te prometo que al volver, te presentare a Magnus Bane, y te contaré la relación que tengo con él
Max dejo de fruncir el ceño lentamente, viéndolo esta vez con una extraña decisión en su rostro.
—Trato hecho—
La mirada de Max en ese entonces se había iluminado, como cuando Alec, Isabelle y Jace le entregaban un nuevo comic.
—Te diré qué— Alec estiró la mano para sacar un segundo cuchillo serafín, con los ojos abiertos, y seguros. — Si salimos con vida de esto, te prometo que te presentare a toda mi familia, incluyendo al pequeño Max.
"Iban a salir con vida" se corrigió internamente, se lo había prometido a Max, a su hermano menor
Magnus levantó las manos; sus dedos brillaban con individuales llamas azules que iluminaron su amplia sonrisa con un ardiente resplandor. Alec pensó, en Max y en aquel brillo en sus ojos grises cuando había hecho aquella promesa.
—Trato hecho
La nueva habitación donde se habían instalado de forma tan improvisada, era tan vacía. Alec tenía los ojos hinchados, había aparentado tan bien no estar destrozado en apoyo a su hermana, Maryse y Robert. Jace, se había mantenido callado, pero de él era tan común que nadie descifrara lo que sentía, pero Alec había hecho un esfuerzo un esfuerzo tremendo.
Alec se llevó las manos al rostro con el celular en una de ellas, aún tenía el recuerdo como si hubiera pasado hace unas horas. Jace y él atravesando el salón de los acuerdo a empujones, sus manos temblaban en cuanto llego con Isabelle, Robert, Maryse
Y Max
Jace había soltado un jadeo, pareciendo entrar en un estado ausente, y Alec, por primera vez en mucho, se había mostrado tan vulnerable, hincándose aun lado de Max, todo su cuerpo dio una estocada, como si le hubieran quitado un órgano importante, Maryse e Isabelle había alzado el rostro del cuerpo de Max para verlo, el hizo caso omiso bajando la cabeza, e intentando no desmoronarse en ese instante, tomo la mano de Max. Fue la sensación más horrible que pudo sentir Alec, su mano no se movía, no había fuerza en esa diminuta mano, en esa mano que había tomado en la casa de los Penhalwow para darle ese soldado.
—Alec…—Era Jace
Alec no contesto, no quería hacerlo
Alec, se irguió, y en el celular, una sola foto estaba abierta. Una sola, de una conversación.
»"Mi hermano está realmente cansado"
Decía la imagen, y en él, estaba Alec, de espaldas dormido, y de un lado, la mitad del rostro de Max, con una sonrisa divertida.
Alzo el rostro al techo de la habitación con los labios apretados y las lágrimas cayendo hasta su barbilla y cuello, bajo nuevamente la cabeza y con dedos temblorosos, escribió en esa misma conversación.
»¿Magnus?
No hubo respuesta, la última vez que había visto a Magnus fue cuando Clary le había entregado un libro extraño, se había ido sin ninguna explicación, justo cuando se inclinaba nuevamente, la puerta se abrió con un chasquido, si Alec no hubiera estado tan destrozado había recordado perfectamente que había cerrado aquella puerta, no quiso voltear, probablemente puede ser Isabelle, o Jace…
—¿Alec?—Alec identifico la voz, irguiéndose de nuevo, y en aquella puerta, estaba Magnus…
