ENTRE EL NEGRO Y BLANCO, MEJOR GRIS

Capitulo III


Después de un rato de búsqueda Nobuo caminaba serenamente por las calles, su limpio y blanco uniforme mojado de la parte del pecho donde hace apenas unos minutos una joven chica había recargado su rostro derramando lágrimas de dolor. Él tenía las manos metidas en sus bolsillos, miraba a sus costados haciendo intentos por ubicar a cierta persona que, para él, había terminado por ganarse su odio.

Pese a su mirada llena de serenidad, sus pensamientos parecían fragmentos sacados de una película de terror llena de sangre, tripas y sadismo. Pero no le importaba, él era un asesino, no es algo malo agregar un número más a su lista de muertes, sobre todo cuando ese número llevaba por nombre Okita Sougo.

Entonces pudo verlo...

Sus pasos se aceleraron, en pocos segundos ya estaba frente a él, sus rojizos ojos parecían los de un tiburón cazando a su presa. Okita lo encaraba, miraba fijamente aquellos ojos y cuando apenas iba a pronunciar una palabra, Nobuo se inclinó hacia delante, levantó la pierna izquierda apoyándose sobre la derecha para girar sobre su eje y propinarle una patada directamente al estómago a Okita.

El golpe fue realmente doloroso, los ojos de Okita se pusieron en blanco, su estómago se estremecía dejándolo sin aire y finalmente cayó de rodillas colocando sus manos en su parte dolorida debido aquella patada.

—Basta...—. Intentaba pronunciar con el poco aire que poco a poco recuperaba.

Nobuo no dijo nada, como en un destello desenvaino su espada acomodándola justo en el cuello de Okita, tan pegado que podía pensar que con moverse un milímetro su cabeza se desprendería de su cuello.

—Ya perdí la cuenta de cuantas personas he matado, no podre asignarte un número —decía Nobuo.

Okita giro su vista a aquellos rojizos ojos que reflejaban imponencia.

—Aunque bueno, será mejor trofeo si digo que mate a Okita Sougo—. Termino de decir Nobuo.

Okita rio

—Adelante, Vice-Comandante, quiero ver que el policía de elite se atreva—. Reto Okita

—Perdona, no hago esto como policía... Lo hago por cierta persona—. Dijo Nobuo

Con solo hacer esa mención, Okita entendió que "cierta persona" no era más que aquella chica...

—Nobu... ¿Qué estás haciendo?—. Interrumpió Sasaki

— Limpiando mierda —. Respondió ese chico como si nada a su superior

—Nobu —. Lo reprendió —. Entiendo que sean perros de mierda, pero... ¿No quieres manchar tu uniforme? La tintorería los maltrata más y sabes que los policías de Elite no ha...

— No hacen eso, lo sé, pero se me antojó pasarme todo eso por el trasero—. Desenvainó sus dos katanas, quienes estaban en busca de sangre, la sangre de ese sádico —Así que Sasaki... Retírate que no será mi culpa si llego a manchar tu uniforme de rojo

Sólo dijo eso y las katanas de ambos colisionaron emitiendo una chispa por la fricción de ambas. Los dos se asesinaban con la mirada.

— Entonces ella se fue a quejar contigo... Espero no haya entrado en detalles—. Dieron un brinco hacia atrás, alejándose

Una sonrisa burlona se formó en los labios de Sougo, y ambos esquivaban el ataque del otro, que llevaban marcado el instinto de matar.

— Que débil esta tu determinación...— Se burló ese sádico— ¿Te doy más razones para odiarme? ¿Quieres saber si aún es virgen? Bueno...

Antes de que continuara, el filo de la katana de Nobuo logró cortar una parte de su uniforme donde estaba el pecho, y la sangre brotó como una herida no tan profunda.

— Así está mejor—. La mirada de Sougo se volvió totalmente la de un desquiciado. — Pero te advierto que no serás el único que deje lleno a su oponente de sangre

— Inténtalo—. Lo retó seguro de sí mismo

Okita río. Y de nuevo volvieron a mover sus armas, en busca de la vida del otro, eso querían, y para ellos mismos, eso haría.

— Kagura tiene porque ser maltratada por ti, y para que se sienta segura de que ya no vas a volver a hacerlo, le mostraré tu cabeza— Aseguró Nobuo

— ¿No crees que estas siendo un poco extremista?— Preguntó Okita mirándolo con ojos de pez muerto

— Si la hubieras visto, pensarías lo mismo que yo...

La expresión de ese sádico cambio con brusquedad a una de total incertidumbre y un remordimiento distante.

— Lloró en mi pecho, y cuando me rodeó con sus brazos pude sentir su tristeza...

Continuaban esquivando los golpes del otro, mientras Isaburo esperaba a su subordinado en una banca, con una cara de aburrimiento, y una que otra vez revisaba su celular.

— ¿Haces eso para molestarme? —Sougo soltó una carcajada sin gracia

— No realmente, pero veo que estas comenzando a molestarte— Nobuo logró llegar a una abertura y cortarle unos cabellos

Este sólo se limitó a sonreír, lastimó en el brazo a su "enemigo", dejándolo con una sola Katana.

Respiraban con dificultada. Sus pechos subían y bajaban, demostrando que estaban exhaustos. No dijeron ni una palabra y se dirigieron al otro, listos para matar. La mano de un samurái de cabellera plateada, los detuvo.

— ¿Que mierda hacen? — Preguntó, deteniendo el filo de la katana de Sougo con dos dedos

Y la de Nobuo, la de él... Estaba en el lugar más recóndito y oscuro de un samurái…

Cuando Gin ya se había sacado la espada de Nobuo del trasero decidió arreglar las cosas entre ese par de sádicos.

—Bueno ¿se podría saber por qué había una pelea de perros del gobierno? —pregunto Gin mientras se tallaba su dolorida retaguardia.

—Jefe, nada en especial —dijo Sougo —Un entrenamiento vespertino.

—Oh ya veo, pues yo sentí mucha sed de sangre, más de tu parte policía blanco.

—Me llamo Nobuo, y es porqué el policía negro hizo llorar a Kagura.

— ¿Qué le hiciste a mi pequeña niña para que llorara? —preguntó Gin con un aire de amenaza más que de pregunta.

— ¿Esa chiquilla anda llorando? —se rio Sougo, — se supone que yo soy el que debería andar llorando, si ella fue quien me termino

— ¿Terminar? — preguntaron confundidos al unísono Gin y Nobuo.

—Mínimo si vas a matar a alguien entérate de lo que pasó —dijo Sougo envainando su katana. — ¿No te conto nada tu A-MI-GA? —dijo Sougo con un tono burlón. —Bye jefe, nos matamos luego tragadonas —se despidió Sougo mientras caminaba.

Okita solo chasqueo la lengua mientras caminaba alejándose de aquel par de hombres. Las heridas que ese oficial blanco le había causado era realmente dolorosas y aún así él en ningún momento se quejó.

Su corazón y sus huesos ardían pareciendo que nada en el planeta pudiera curar ese dolor sofocante que nadie había causado más que pensar en aquella chica derramando lágrimas por él.

"Que basura". Fue lo que pensó.


Por otro lado, había un joven chico de azulados cabellos que sentía no poder respirar, su corazón se contraía y culpaba a la impresión después de haber escuchado a ese tipo que odia pronunciar las palabras "terminar" involucrándola a ella, su amiga, su amiga tan importante.

—Tú —. Rompió aquel abrumador silencio ese hombre de rizados cabellos. — ¿Tu lo sabías cierto?, eres amiguito de Kagura... ¡Lo sabías!

Gritó el hombre sosteniendo al chico del saco de forma amenazadora. Era normal que se pusiera así. Estaban hablando de una chica que el bien podría considerar su hija.

—Estoy tan sorprendido como usted—. Contestó Nobuo.

—No lo aparentas—. Contestó Gintoki suspirando y liberando por fin al chico. —Pero creo que voy a creerte, sobre todo después de este desastre

—Me disculpo por eso —. Dijo él.

—Si como sea...—. Contestó Gintoki. —Pero te diré una cosa, a Kagura no le hubiese gustado que mataras a Souichiro, ella necesita un hombro donde llorar, no a un idiota asesino así que hay que aguantarnos

—Bien —. Contestó Nobuo. —Le dije que la visitaría en la Yorozuya...

—Pues ve si quieres, ella acaba de echarme de la casa, entra bajo tu propio riesgo —. Contestó Gintoki

Nobuo sonrió levemente.

—Lo haré —. Afirmo girándose para tomar su camino a la Yorozuya.


Fue rápido cuando llegó, incluso parecía que había volado.

Estaba parado frente a la puerta con una especie de duda en su cabeza sobre tocar, no tenía sentido, no cuando le había dicho a la chica que iría a buscarla. Al final, sus pulmones aspiraron el aire necesario para darle el valor de adentrarse a la pequeña casa.

—¿Kagura? —. Preguntó al vacío buscando con la mirada a la pequeña chica.

—Aquí —. Respondió

Fue cuando la vio, levantaba su mano izquierda para hacerse ver mientras permanecía recostada en el sofá.

Él se acercó a ella, ella parecía no prestarle atención, su mirada estaba perdida en la pésima señal de un canal de televisión que ni siquiera conocía. Con sigilo él se acomodó en el sofá quedando sentado justo a su lado mientras ella seguía recostada.

— ¿Ya te sientes mejor? —. Preguntó.

—Sí, el helado ayudó —. Mintió ella y él lo supo.

—Me estas mintiendo —. Afirmó el apretando suavemente la nariz de la chica.

—Claro que no —. Contestó dejando escapar una risita, ese gesto del chico le había causado gracia. —No te preocupes por mí

—Lo hago... Sobre todo cuando me encontré a cierta persona y me dijo cosas—. Insinuó Nobu

— ¿Eh?—. Preguntó Kagura con confusión.

—Me dijo... Que tenías, no, que tuviste una relación con el —. Dijo Nobuo

—Así que al final fue él quien lo dijo, vaya, quien más quería mantenerlo en secreto, lo termino diciendo —Y al concluir su dialogo, las mejillas de Kagura se enrojecieron y sus orbes azules se inundaron de lágrimas. Él se arrepintió por haberlo mencionado.

—Lo siento, no debí decirlo—. Intento arreglarlo.

—No importa —. Dijo ella. —Esta bien que sepas, confío en ti...

Al pronunciar aquellas palabras una lágrima se dejó salir rodando libremente por su mejilla. A él le dolió es imagen.

Ella se cubrió el rostro rápidamente con su antebrazo y sus labios se curvearon tratando de contener el llanto.

No más... No quería seguir viendo más.

Su mano se acercó lentamente, sostuvo su brazo con extremo cuidado suavidad como si al tocarla la rompiera y el no quisiera que eso sucediera. Su mano la sostenía alejando su brazo de su rostro.

Esa imagen, esos ojos inundados en lágrimas con sus mejillas y nariz pintadas de un rojo tenue... Tan bonito.

No podía evitar lo que pensaba...

Él se inclinó lentamente, acercando su rostro al rostro de la chica, sintió como su respiración tocaba más su cara y la besó...

Besó sus ojos buscando secar sus lágrimas.

Y Kagura no sabía por qué en ese instante todo parecía tan confuso. De parte de Nobuo, no tenía pensado soltarla, su cuerpo se negaba.

- Nob.- Pegó sus labios a ella, los buscaba con desesperación a cada instante

Ella forcejeaba un poco, pero al final cedió. No sabía si era por lo que cierto "sádico" le había hecho, o porque la ternura de ese chico estaba llenando de calidez su corazón. Las lágrimas siguieron brotando, llenado ese beso de ellas y de esa necesidad que absorbía a Nobuo segundo a segundo.

Entonces Kagura empujó a ese chico, dejándolo con ganas de más.

— No... No lo vuelvas a hacer —Le esquivaba la miraba, pero sus mejillas rojas la delataban

Pero el la abrazó, con tanto cariño que era un pecado rechazar tanto amor de esa manera, y con tanto cuidado que era muy obvio lo que el sentía por ella.

— Sólo déjame así un pequeño rato— Le susurró al oído — No lo entiendo, pero me molesta que ese bastardo haya hecho esto tantas veces contigo... Ni siquiera se merecía que le dedicaras una mirada

Lo apretó con los dedos con fuerza. Kagura tenía ganas de llorar, pero lo guardó todo para sí misma, no quería volver a hacerlo, pero sus pensamientos la hacían querer hacerlo. Sin embargo no pensaba en lo que había pasado con Okita, era el hecho de que ese brazo le recordará a él. Eso la molestaba de sobremanera. Y lo que menos quería hacer, sus labios lo hicieron moviéndose automáticamente:

— Esto lo hacia el

Pero Nobuo no se molestó, por el contrario, una sonrisa se dibujó en su rostro.

— ¿Eso quiere decir que me estoy ganando tu corazón?

Kagura sin pensarlo le soltó un puño en la cabeza y ella pensaba que se defendería, pero Nobuo se dejó golpear.

—Lo siento, lo hice sin pensar— dijo Kagura.

—Si fue porqué te bese, me merezco más —contestó Nobuo

—No fue porqué me deje llevar por el momento, usualmente solíamos pelear de juego.

Unas pequeñas lágrimas caían de los ojos de Kagura

—Nos vemos luego Kagura —dijo él mientras se levantaba del sofá —cuando te sientas mejor podemos hablar.

Kagura no emitió ningún sonido, cuando él chico ya había abandonado la casa, sus pensamientos empezaron a confundirla, ella de verdad quería a Sougo y le gustaba pasar tiempo con él y le encantaban sus típicas peleas; pero el cariño que le acababa de demostrar Nobuo se sintió tan bien que le hacía dudar.


El silencio comenzó a reinar en medio de donde ella se encontraba. Su cabeza comenzó a doler y ella culpo rotundamente a todos esos pensamientos que albergaban en su cabeza, sobre todo ese... En el que comparaba al su amigo el policía blanco y a ese chico sádico, el policía negro.

No eran iguales.

Ella no sentía lo mismo por los dos.

Entonces... ¿por qué se abrazaba a si misma a falta de la sensación de los brazos de su amigo quien recientemente se iba?


En otro lugar, las luces de un cuartel de policía ya se encontraban apagadas. Eran leves sonidos los que se escuchaban en ese cuartel, el Shinsengumi, posiblemente alguien veía algún programa nocturno

Y por eso él no podía dormir.

234 cabezas de Hijikata, 235 cabezas de Hijikata, 236 cabezas de Hijikata... Nada de eso parecía que funcionaría.

Sus ojos no podían cerrarse para darle ese momento de paz y descanso necesario para el cuerpo humano. Incluso, si lograba cerrar sus ojos aparecía esa imagen, esa jugarreta de su imaginación...

Donde una tierna joven derramaba lagrima y era su culpa...

¿Se había equivocado?, posiblemente si, fue un error poner en primer lugar su orgullo. Fue un error no darle la importancia a alguien a quien estaría encantado de presumir, a alguien que con solo mirar bastaba para desvanecer su mundo de cordura...

Debió gritar lo mucho que la amaba, porque eso era la verdad, la amaba. Daria cualquier cosa por ella, haría cualquier estupidez con ella y él se equivocó...

Quería ser un caballero para ella pero...

"¿Ya es tarde?, ¿ya se acabó?, ¿de verdad duró tan poco?" se preguntaba así mismo sintiendo como una parte de su pecho se estremecía y dolía.

Dolía como si le arrancaran ese pedazo de su piel.

"Ya no puedo hacer nada... Ella corrió a los brazos de ese idiota" pensó recordando aquellas palabras que el joven peli azul le había dicho.

Era cierto... Ella se veía más feliz con el...

"Buena suerte entonces"


Y en el cuartel de policías blancos, estaba ese chico viéndose una y otra vez en el espejo. Quería comprobar que realmente no se veía mal, no sabía en qué momento había pasado todo eso, pero estaba feliz, tanto era así que qué no dejaba en visto a Isaburo, quien se sorprendió por ese repentino cambio. Ya lo tenía planeado, la visitaría mañana, irían a comer —Porque la comida aliviaba un corazón roto— tal vez al parque de diversiones, y el dinero era lo de menos, con tal de verla feliz, cualquier costo monetario era insignificante. Las heridas ya no dolían tanto, y estaba contento por lo que haría al día siguiente.


Mientras que uno tenía planes con cierta chica, otro las desechaba por completo. ¿Era mejor así? "Por supuesto" pensaban ambos, pero uno con una sonrisa de felicidad y el otro con fastidio.