Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen; así como la historia original, ya que es una adaptación del fic Secuestro de Ale Cullen Patt.
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Capítulo 2
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Por la mañana se sentía demasiado ansioso como para seguir en la cama; Ino estaba en la misma posición de cómo se había dormido y Sasuke se abstuvo de volver a caer en sus redes y contemplarla. Se levantó para tomar una ducha y cambiarse de ropa, ignorándola por completo mientras se dirigía al cuarto de baño.
Cuando regresó tras una larga y refrescante ducha notó que ella seguía dormida, así que la obligó a despertarse.
—Dúchate— ordenó— Prepararé algo para almorzar. Y te conseguiré ropa limpia.
Ino no esperó que se lo dijera dos veces; rápidamente se levantó y desapareció por la puerta del baño mientras él la vigilaba. Una vez que escuchó la ducha encendida pudo desviar la mirada, caminando hacia el único armario de la habitación. En él aún había ropa de algunos antiguos compañeros, pues antes esa bodega era usada para empaquetar marihuana y cocaína, por tanto todos debían tener cambios de ropa siempre a mano. Sacó los pantalones más pequeños que encontró y los examinó un momento; olían a viejo y a polvo, pero estaba seguro de que era mejor que la falda escolar raída que ella usaba, que incluso tenía algunas manchas de sangre. Con cuidado dejó la ropa en la cama y se sentó en el escritorio, trazando, analizando y planeando todo lo que se le ocurría para el asalto. Ino entró en la habitación, contempló la ropa en la cama y lo miró durante unos segundos, interrogante; y después se vistió, pero se dejó puesta la camiseta que él le había prestado. Sasuke no pudo evitar sonreír; la ropa le quedaba inmensa, pero eso no la hacía lucir menos bonita.
La chica se acostó sobre la cama y cerró los ojos. Él le entregó el plato con comida y regresó a su silla, acariciando el arma mientras pensaba. Cuando escuchó que un coche se estacionaba fuera se levantó rápidamente y contempló a la chica en la cama; ella le devolvió el gesto por un segundo, bajó la cabeza y caminó hasta él, sin mirarlo. Sasuke sujetó sus manos y la condujo hasta el muro tras el escritorio, manteniéndola cerca.
—No, por favor— le suplicó la chica en cuanto estaba por colocarle la mordaza en la boca— Prometo que no haré ningún sonido.
—Lo siento— murmuró él, sintiendo su corazón frío, mas no frío sin sentimientos, sino frío porque no quería amordazarla. Y aún en contra de la razón terminó rendido ante su propio deseo. No quería que ella la pasese peor de lo que ya la estaba pasando. Arrojó la mordaza a un lado y tomó el otro trozo de tela. Antes de cubrirle los ojos ella lo miró fijamente, hasta que fue capaz de colocar la tela y anudarla tras su cabeza.
—Solo no hagas ruido— masculló; segundos después de que se separó de ella entraron Karin y Suigetsu, discutiendo, como de costumbre. Sasuke no se centró en prestarles atención, solo se dirigió al escritorio y volvió a adentrarse en sus pensamientos. Poco después llegaron Obito y Jūgo.
—Espero que todos tengamos buenas ideas— dijo su primo, sentándose en una de las sillas del escritorio, con Juugo a sus espaldas. Karin y Suigetsu tomaron sus lugares, y todos intercambiaron miradas por unos segundos, sin decir nada.
—Creo que será fácil— farfulló Suigetsu, relajado en su silla— Solo necesitamos asaltar el Banco Konoha; estuve investigando y entre las cuatro y la seis de todos los días llega un camión blindado con bolsas de dinero. Caminan un trayecto entre la puerta y el camión lo suficientemente aceptable como para tomarlos desprevenidos. Podremos incluso matarlos desde el edificio Aida, frente al banco. Dos francotiradores en la azotea y dos que se encarguen de llevarse el dinero mientras el quinto prepara la huida. Es un trabajo fácil— calló, muy orgulloso de su plan.
—Creo que no hay tanto por hacer— comenzó Karin— Solo hay que entrar con armas, un buen disfraz y mucha determinación. No queremos robar unos cuantos miles del camión. Queremos las cajas del banco. Prestaremos mucha atención para que no activen las alarmas y no mostraremos piedad.
Obito pasó los ojos de ellos a Sasuke. Y diez segundos después los demás también lo observaban.
—Creí que estábamos mirando más alto— masculló este. La sonrisa de Obito se extendió en sus labios, Karin parpadeó, confundida, y Suigetsu rodó los ojos con molestia— Yo no voy a participar en ninguna de esas estupideces. No vale lo que nos arriesgaríamos.
— ¿Tienes un plan mejor?— escupió el joven de cabellos color plata, retándolo.
Sasuke lo miró, sin demostrar emoción alguna.
—Claro— respondió, indiferente—. No quiero unos miles de un camión. Ni un millón de las cajas del banco. Quiero más. Quiero el banco central, no las cajas. Si no la caja fuerte. Ese banco guarda todo el capital de la Universidad Todai, también el de los senadores y diputados del Parlamento. Quiero ese dinero.
— ¿Tienes idea de lo que hablas? Es el banco con más seguridad en todo el estado.
—Sí, por eso necesitamos desalojarlo. Miren— Sasuke extendió los planos que había conseguido el día anterior y los dibujos que él mismo había hecho— Este es el centro de la ciudad. Aquí se encuentra la torre de Subsecretaría, supe que Suigetsu era bueno con las detonaciones y que tiene fetiche por las explosiones. Necesitamos bombas en este edificio, y una amenaza de algo mayor. Dejar a los empleados del tercer y cuarto piso como rehenes, pedir un rescate y mantener a la inteligencia policial ocupada. Encontrarán los detonadores que habrás puesto— se dirigió a Suigetsu— Y harán un perímetro, evacuando a todos los edificios en un radio no menor de dos kilómetros. Ahí es donde el banco se queda solo. Y tendremos la oportunidad para llevarnos todo lo que queramos. Solo necesitamos distribuirnos. Dos de nosotros tendremos que encargarnos del escenario A, encargándonos de las detonaciones y del secuestro del edificio de la Subsecretaría, la distracción; y otros dos se encargarán del banco central, y Juugo, como siempre, se encargará de la huída. Tengo entendido que sabes de cajas fuertes— dijo, mirando a Karin ahora.
Un largo silencio se formó en la habitación; todos parecían estar evaluando las palabras de Sasuke.
—Pero tengo una duda— habló Jūgo, imponiendo su serena pero firme voz— ¿No será algo raro que un par de hombres salgan del banco con bolsas de dinero cuando hay un perímetro establecido?
Sasuke lo miró; aunque no lo expresó de la manera correcta, sabía que tenía razón. Era una brecha que no había calculado, y aunque era solo un error de lógica, se odió a sí mismo por haberlo olvidado.
— ¿Cómo vamos a salir del edificio, Sasuke-kun?— preguntó Karin.
Él la miró también. Su plan parecía ser convincente para todos, ahora solo tenían que pulirlo.
—No pueden salir por las calles, eso es obvio— la voz de Ino a sus espaldas rosonó en toda la habitación, y Sasuke la miró, enfurruñado; le había dicho que no hablara; todos se giraron para mirarla, con furia, y después a él— Necesitan sacarlo sin salir del edificio— continuó ella, y Sasuke cerró los ojos, esperando que se callara mientras podía— Pueden hacerlo por el drenaje. Debe haber baños dentro, solo tienen que colocar el dinero ahí y trabajar con las tuberías o yo que sé, así podrán tener el dinero en el drenaje y salir por ahí, en la calle que mejor les parezca. Los ductos del drenaje son incluso más precisos que las carreteras.
Todos se quedaron callados, incluso Sasuke, cuyos ojos negros se mantenían abiertos, evaluando las palabras de la adolescente, olvidando por completo su falta de sensatez.
—Necesitaríamos descomponer las cañerías un día antes, tienen que mandarlo arreglar, en cuanto lo hagan el plan comienza. Karin, tú te las arreglarás para entrar en el carro de herramientas que Suigetsu meterá al banco, haciéndose pasar por el plomero; así cuando desalojen el lugar, Suigetsu saldrá, pero tú te quedarás dentro. Después de eso entrarás a los ductos, reacomodarás las tuberías y esperarás el dinero. Sasuke y yo nos encargaremos del escenario A, soy bueno con las detonaciones— Obito empezó a ordenar y dirigir, mientras Sasuke simplemente se recostaba en su silla, feliz por que su plan estuviera siendo pulido— En tres semanas tiene que estar todo listo. Necesitamos los planos del drenaje, planos del banco e información precisa del edificio de la Subsecretaría. Necesitamos que esa distracción esté bien planeada para que nadie se preocupe por los bancos.
Todos prestaron atención, viendo el plan ponerse en marcha, ligeramente eufóricos.
— ¿Tú le quitaste la mordaza?— inquirió Suigetsu.
Sasuke lo miró, receloso.
—Sí.
— ¿Por qué?
—Tenía sed.
—Tenía sed— resopló el otro joven, irónico— ¿Cómo lo sabes si se supone que no puede hablar?
—No necesito que me hable para saber que es humana— escupió.
Suigetsu frunció el ceño con fastidio, alzando un dedo para golpearle el pecho de forma acusadora.
— ¿Por qué no la liberas de una vez? Y le descubres los ojos, así podrá verte también, idiota— Sasuke sintió su rostro caliente. Apretó la mandíbula y estuvo a punto de ponerse de pie con los músculos totalmente tensos cuando Obito volvió a hablar:
—Suigetsu, ¿por qué no le consigues una buena comida a nuestra hermosa amiga, la señorita Yamanaka?— prácticamente le ordenó; todos se mostraron sorprendidos— Se lo merece.
El joven se quedó mirándolo, sin poder ocultar su expresión de asombro.
— ¿Es una broma?— preguntó. Obito endureció sus facciones y enfocó sus sagaces ojos oscuros en él.
—Largo— ordenó.
Suigetsu se puso de pie, frustrado, pero no dijo nada más.
—Y que sea algo bueno. Trae también para todos.
El joven le dirigió una mirada sorprendida; tomó las llaves de su coche y salió hecho una furia por la puerta. Cuando el sonido del motor desapareció, Obito se puso de pie y miró a Sasuke.
—Necesito evaluar esto con detenimiento, y a solas— les dijo— Voy a dar una vuelta, cuando Suigetsu regrese me llamas.
El aludido asintió, sin darle demasiada importancia.
—Karin, ve con Suigetsu y asegúrate de que no haga nada estúpido— pidió; la chica se mostró molesta pero no se negó. Tomó las llaves de su coche y se levantó— Y Sasuke— lo llamó desde la puerta— Deberías soltarla un rato. No te olvides de ponerte el pasamontañas.
Él asintió con pereza, quedándose sentado en la silla hasta que los coches se marcharon. Una vez que el silencio volvió a hacerse presente se dirigió a la puerta y colocó las cerraduras y los candados, volteando hacia Ino.
— ¿No podías quedarte callada?— inquirió, poniéndose de rodillas frente a ella.
—Lo siento— respondió la chica, bajando la cabeza— No pude detenerme. Tienes una mente brillante.
Sasuke la miró, guardando silencio; no estaba acostumbrado a recibir halagos, así que no se lo agradeció. No sabía cómo.
Desató sus manos y ella misma se quitó la venda de los ojos. Él se puso de pie y volvió a sentarse en una silla; poco después Ino se sentó a su lado.
—No te pusiste el pasamontañas—murmuró la chica, bajando la mirada una vez más.
Él se encogió de hombros, indiferente.
—Ya me has visto sin ella; no tiene caso— Ino asintió ligeramente— ¿Prefieres que me la ponga?
—No— respondió, apresuradamente. Sasuke giró el rostro y ella elevó sus centellantes ojos azul-verdoso, enfrentándolo. Él se percató de que tenía una sonrisa en los labios e intentó disimularla de inmediato, desviando la mirada.
— ¿Puedo preguntarte algo?— la suave voz de Ino volvió a oírse, capturando su atención una vez más.
—Ya lo hiciste.
— ¿Eres de la mafia?— preguntó la chica, ignorando su comentario anterior.
Sasuke parpadeó, sorprendido ante la pregunta.
—No.
— ¿Por qué me secuestraron entonces?
—Por dinero.
Ino asintió suavemente, bajando la cabeza una vez más.
— ¿Ya pidieron mi rescate?
—Sí.
Ella se mordió el labio inferior.
— ¿Qué pasa entonces?
Sasuke se encogió de hombros.
— ¿Para qué quieres saberlo? No ganas nada.
—Mi padre no va a pagarles, ¿cierto?
Él no respondió.
— ¿Qué les dijo?— insistió ella.
—Pidió ayuda a la policía. Eso solo complicó las cosas, y ahora ofreció una recompensa por nuestras cabezas— admitió.
— ¿Cuánto?
Sasuke se quedó callado otra vez.
— ¿Cuánto ofrece por ustedes?
—Diez millones de dólares americanos— respondió secamente; Ino resopló— ¿Qué?
—Están en problemas.
El joven Uchiha se encogió de hombros nuevamente.
—Sólo si nos atrapan.
—Y si eso pasa... ¿Vas a matarme?
Él siguió en silencio.
—Si voy a morir, ¿podrías hacerlo rápido?
— ¿Vas a callarte en algún momento? ¿O te amordazo de nuevo?
En su rostro vio que ella iba a a protestar, pero se guardó su comentario a último momento y se quedó sentada en la silla, cruzada de brazos mientras él seguía mirándola; la había callado no porque le molestara su voz o su plática, sino porque ella estaba considerando la idea de morir y eso, por alguna razón, hacía que se sintiera ansioso. No lograba entender porqué.
Quizá lo sabía; ella debía estar sufriendo. Sasuke sabía que su padre la amaba, y que posiblemente estaba siendo mal aconsejado, pero no por eso dejaba de pensar que era un imbécil.
Su padre también lo amaba, a su extraña forma, pero lo hacía. Le había enseñado muchas cosas; cosas malas, pero al menos había aprendido algo de él, y estaba seguro que el hubiera hecho lo imposible por su seguridad, a pesar de todo, aunque cometiera tantos errores.
No supo por cuánto tiempo estuvieron en silencio, pero Ino había dado al menos unas treinta vueltas por la habitación.
Sasuke la veía ir y venir, y en solo unos minutos se dio cuenta de que le gustaba mirarla. Sus ojos eran curiosos, estudiaba cada parte de la bodega mientras caminaba. El joven Uchiha supuso que estaba formando un plan para escapar o cualquier tontería de esas en su mente. Algo que no lograría, por lo que no se preocupó en detenerla. Ino arrastraba los pies por el cansancio, su cabello estaba revuelto y su camiseta le quedaba tan holgada que la hacían ver como un perchero andante. Un hermoso perchero andante.
Estaba tan concentrado mirando como la chica se recostaba en la cama y cerraba los ojos, relajándose aparentemente, que no escuchó el sonido de los coches al llegar.
Se puso de pie cuando los golpes sonaron en la puerta y adoptó su mejor semblante estoico.
—Abre imbécil— le gritaron— Somos nosotros.
Sasuke bufó; Suigetsu iba a lograr que terminara asesinándolo.
—Pasamontañas— ordenó en cuanto abrió la puerta. Ya se había puesto el suyo también.
— ¡Ni creas que nos vamos a quedar! Tienes una hora, Nos veremos con Obito en el muelle y vendremos para acá.
Él tomó la bolsa de comida y cerró la puerta. Se quitó el pasamontañas y caminó hasta el escritorio, pasando junto a Ino.
— ¿Vas a comer?— le preguntó cuando notó que no se había levantado de la cama; su cuerpo seguía recostado sobre las mantas y su mirada estaba ausente.
— ¡Eh!— gritó, molesto— ¡Niña!— alzó la voz, pero ella seguía sin moverse. Sasuke se concentró en ver algún atisbo de movimiento en su cuerpo, pero no pasaba nada. Ino no se movía— ¡Mierda!— se levantó lo mas rápido que pudo y corrió hasta ella, subiéndose a la cama de un salto, colocando su oreja con desesperación sobre el pecho de la chica.
— ¡¿Qué hiciste, niña tonta?!— Gritó con frustración, mas se tranquilizó cuando escuchó los latidos de su corazón— Ino— la llamó, desesperado; golpeó su mejilla pero no pasó nada— Ino, despierta— volvió a llamarla, preocupado. Palmeó sus mejillas una vez más y su pecho; entonces se percató del olor— ¿Qué hiciste, mocosa idiota?— masculló, sorprendiéndose al no encontrar ningún atisbo de coraje o malicia en sus palabras.
Se alejó un poco del rostro inconsciente de la chica y notó la gasa húmeda por el cloroformo en su mano. Rápidamente apartó la botella y la gasa de los dos, buscó un ventilador de piso y lo encendió. Pasó su brazo izquierdo alrededor de la espalda de Ino para ayudarla a sentarse, y con el derecho encendió el ventilador, apuntando directo a su rostro. Buscó una botella de alcohol y rompió un trozo de su camiseta para humedecerla.
—Despierta, maldita sea— gruñó; un minuto, dos cachetadas y tres gritos después, Ino despertó— Ino— suspiró con alivio.
— ¿Qué pasa?— preguntó ella, adormilada, fijando su mirada en el ventilador frente a sus rostro.
—Te pusiste cloroformo, niña tonta— le soltó, más aliviado que enojado— Si sigues haciendo cosas así no volveré a soltarte.
Ella parpadeó, cansada, y desvió la vista.
—Lo siento, yo solo necesitaba dormir... ¿Cuánto lo hice?
—Como diez minutos— respondió entee dientes.
— ¿Por qué me despertaste?
"Porque me preocupé por ti", pensó.
—Porque llegó la comida— fue todo lo que le dijo; después se levantó y se dirigió una vez más al escritorio. Sacó todas las cosas y las acomodó sobre la mesa. Ino soltó un silbido.
—Cocina francesa— murmuró, poniéndose frente a la mesa.
Él se encogió de hombros, sentándose en una silla.
—Come— ordenó.
Los dos cenaron en silencio; la comida era claramente deliciosa, e Ino pareció disfrutarla tanto como él.
— ¿Por qué eres diferente a los demás? –preguntó ella con cautela, una vez que estuvo satisfecha.
—Porque tengo cerebro— respondió él, sn darle más vueltas al asunto.
— ¿Por qué no me odias?
—Nadie aquí te odia. No creas que eres tan importante como para que lleguemos a sentir odio por ti— masculló; sus propias palabras lo hicieron sentir incómodo, pero se obligó a decirlas.
Esas misma palabras tenían que quedar grabadas en su mente.
— ¿Y por qué me tratas diferente?— Ino ignoró por completo su actitud, y Sasuke la miró, preguntándose que tan suicida era.
—Por la simple razón de que eres un negocio. Pagarán para regresarte, y yo ganaré dinero. No gano más si te golpeo. Así que…
La adolescente abrió los ojos, sorprendida; luego se puso de pie y se alejó de él, recostándose en la cama mientras Sasuke solo la miraba.
Su actitud lo desconcertaba, pero no lo demostró. Siguió observándola por unos cuantos minutos más; poco después se dio cuenta de los espasmos de su cuerpo.
Estaba llorando.
Y mientras más trataba de no hacer ruido, más notorio era.
—No llores— le ordenó secamente, tratando de parecer fastidiado y no preocupado, como realmente estaba.
—Perdón— sollozó ella, con los labios demasiado rojos y tallándose los ojos con ambas manos. Se quedó recostada en la misma posición, y aunque intentaba no llorar no lo logró.
Y Sasuke no podía mirarla, así que se centró en sus pensamientos, sentado en el escritorio.
Ino se quedó dormida después de llorar casi por una hora; cuando todo estuvo en calma en la habitación, Sasuke se puso de pie, caminó hasta la cama junto a ella y con mucho cuidado se sentó a su lado, contemplándola en absoluto silencio durante varios minutos.
—Hmp...— susurró— No sé en que momento se nos ocurrió hacerte esto— suspiró, luego se alejó levemente, sintiéndose extraño.
¿Por qué sentía compasión por ella? Intentó reprenderse a sí mismo, pero no se apartó. Era muy fácil que sintiera empatía al verla recostada allí, tan tímida, tan frágil, tan sensible... Con su labio inflamado y el corte en su ceja aún visibles; sus muñecas totalmente magulladas y las mejillas todavía bañadas en lágrimas.
Casi sin quererlo tomó su mano derecha con las suyas; las manos de Ino eran tan delicadas, pequeñas, blancas y con uñas perfectas que ver la carne molida y rojiza de sus muñecas le provocó asco sobre lo que su equipo era.
Sobre lo que él era.
La palma de su mano era suave y cálida a su tacto, transmitiéndole una agradable sensación a todo su cuerpo; la sujetó entre ambas manos durante un tiempo y siguió mirándola, abstraído.
Una vez, frente a la tumba de Itachi, su hermano, había prometido que jamás le haría daño a una persona inocente. Y no lo había cumplido. Había fallado a su promesa más importante, porque había dañado a Ino, y seguía lastimándola cada vez que abría la boca.
Elevó cuidadosamente su mano, sin dificultad, y la colocó en sus labios, inhalando profundamente. La sensación de calidez y suavidad fue tan intensa y atrayente que Sasuke no pudo solo sentirla en mis palmas, su cerebro lo obligaba a querer sentirla en otras partes de su cuerpo. Ino olía a comida, a jabón de menta y a ese extraño olor a almizcle y jazmines que había sentido la primera vez que la tocó. Soltó su mano con cuidado y acarició su rostro con parsimonia, tratando de averiguar si la piel de sus mejillas era igual de suave como su palma. Pero era aún más suave y delicada.
Sasuke cerró los ojos y aspiró una vez más. Ino suspiró entre sueños, despertándolo de su trance. ¿Qué estaba haciendo? Se enderezó rápidamente y se apartó de la chica, horrorizado.
Ino era solo una niña, no una mujer, y Sasuke no podía sentir esa clase de cosas por nadie, mucho menos por una adolescente. Retrocedió, turbado, y se tambaleó ligeramente.
Nunca, nunca en su vida había sentido atracción hacia ninguna chica. Recordaba todas las veces con las que había estado con una mujer, o por lo menos la mayoría, y con ninguna había sentido una mínima parte que con una simple caricia robada de Ino.
Siempre había pensado que era un error natural de la humanidad, uno de tantos; un ser sin sentimientos, incapaz de sentir atracción, y lo único que sentía era la necesidad de satisfacerse. Por eso nunca había sentido nada en el sexo. Claro, nada más que placer. Pero… pero ahora… Ella… esa chica le hacía sentir de una manera que pensaba que no existía. Su sufrimiento lo ponía nervioso; su llanto lo había puesto triste. Su desesperación hacía que se desesperara. ¿Por qué?
Ino Yamanaka aún era una niña; una niña que apenas acababa de entrar al instituto. Ni siquiera era una mujer joven, todavía era una adolescente. ¿Entonces cuál sería el caso? ¿Amor?
"Pero el amor no existe", pensó.
El amor no existe.
Él era humano, y los humanos eran células y organismos vivos, cumpliendo un propósito en el mundo, no nacían para enamorarse, nacían para reproducirse y con cada generación crear individuos mas fuertes, y evolucionar. No tenía sentido pensar en cosas como el amor.
Pero esa chica... No podía… No podía dejar de mirarla.
— ¡Sasuke!— gritaron, haciendo que se estremeciera y por impulso sujetara su arma en el aire. Tocaron la puerta y volvieron a gritar.
Antes de abrir las cerraduras Sasuke se puso el pasamontañas. Karin y Suigetsu entraron de inmediato, con sus rostros cubiertos.
—Tenemos todo listo— dijeron.
— ¿Todo listo?— preguntó él, dudoso.
—El plan, pulido y mejorado. Bueno, aceptamos que tus bases son las mismas, solo que ya está todo pulido. Comenzamos a trabajar esta misma semana, Sasuke-kun— explicó la chica con una sonrisa.
Él parpadeó y asintió.
— ¿Qué hacemos entonces?— preguntó, ceñudo.
—Esperar a Obito, no debe tardar— dijo el otro chico.
Ino se levantó de la cama en ese momento, mirando a los recién llegados y bajando la cabeza después.
— ¿Qué haremos con ella?— inquirió Karin, aferrándose al brazo de Sasuke con recelo.
—Liberemósla, no nos importa. Con lo que estamos llevando a cabo tendremos suficiente dinero para toda la vida –respondió Suigetsu con sadismo— O mejor aún, divirtámonos con ella...— Intentó acercarse a ella, pero Sasuke lo detuvo colocando una mano en su pecho.
—Nadie la tocará— advirtió, furioso.
Karin y Suigetsu lo miraron, extrañados, pero no dijeron nada.
—Aceptémoslo, su padre contrató a Akatsuki; si la soltamos y los lleva hasta nosotros estamos muertos. No podemos dejarla ir así nomás— escupió la chica pelirroja.
—Matémosla— sugirió Suigetsu, y la simple palabra bastó para que Sasuke tensara todos los músculos de su cuerpo— Solo nos está dando problemas. Ya no es conveniente tenerla aquí si nunca vamos a ver el dinero.
—Podemos esperar— dijo él, con esfuerzo, mucho esfuerzo, para que no se notara la ira en su voz.
— ¿Esperar a qué? Su padre no deja de amenazarnos con sus amigos de la mafia rusa. No va a pagarnos, no a nosotros, al menos. Acabemos con ella; pasó demasiado tiempo como para simplemente dejarla huir. Es un cabo suelto. Sabe nuestros planes. Matémosla ahora mismo.
Sasuke miró a su compañero, fulminándolo con la mirada.
— ¿Qué?— inquirió, exasperado— ¿Te has vuelto su niñera? Mátala tú. Será tu tarea.
— ¿Quién lo dice?— resopló, furioso.
—Yo— los curiosos irises morados de Suigetsu lo fulminaron, retándolo. Sasuke lo miró también. Era todo lo que necesitaba para actuar: un buen motivo.
—Escúchame, idiota— sujetó su camisa por el pecho y con todas sus fuerzas lo estrelló contra el muro— Tú no me vas a dar órdenes, somos parte de una sola célula. No eres mi jefe.
—Me dijeron que eras de corazón frío— se burló él, con la mirada fija en sus ojos.
—Lo soy. Tanto que no me importaría matar a alguien de mi equipo, solo para librarme de las molestias— declaró Sasuke, con demasiada furia; por sus palabras. Porque sabía, en su interior, que hacía todo eso por defender a Ino, y no porque le molestaba que Suigetsu estuviera dándole órdenes.
Solo esperaba que no lo descubrieran.
—La chica se queda con nosotros— la voz de Obito resonó en la habitación, haciendo que Sasuke recuperara el sentido común y soltara a Suigetsu de una vez— Por lo menos hasta que todo quede listo.
—Solo estamos cargando con ella— se quejó Karin, y Sasuke la fulminó con la mirada también, incapaz de ocultar su desdén.
—Aún hay una posibilidad de cobrar su rescate. Además, la podemos necesitar— dijo el hombre tranquilamente— Como carnada, como distracción, o por si acaso.
Sasuke ahogó un suspiro de alivio, sintiéndose más tranquilo al comprobar que al menos Obito concordara con él, aunque no fuera por las mismas razones.
—Tenemos que salir de aquí, en primer lugar— Obito les llamó la atención a todos.
—Podemos ir a mi casa— sugirió él— Es espaciosa, no llama la atención, está en un buen vecindario y tengo una habitación especial para casos como este, ahí podremos tener a la chica sin ninguna preocupación— soltó; esa había sido la razón por la que se le había ocurrido en primer lugar.
Su padre tenía una habitación donde había llevado a cabo varios secuestros; era él quien le había enseñado que el secuestro era para ganar dinero, no para trastornar sus mentes, que las víctimas valían lo mismo torturadas o sanas, pero que si ellas se conservaban en buen estado, ellos mantenían un poco de humanidad. La habitación era grande, con cama y baño propio. No había ventanas y la puerta era de metal. Las paredes gruesas hacían imposible que el sonido saliera y había una pequeña ventanilla por donde pasar la comida y el agua. Era perfecta, e Ino ya no tendría que sufrir tanto.
—Muy bien, entonces, dos de ustedes me acompañarán a llevar todo a casa y uno cuidará a la chica. Soluciónenlo ustedes— ordenó Obito, tomando las llaves de su coche.
Karin y Suigetsu se miraron entre sí, haciendo que Sasuke se tensara en su lugar.
No quería que ninguno de ellos se quedara con Ino, pero sabía que no podía impedirlo.
—Yo traje la comida— el joven de cabello plateado fue el primero en tratar de zafarse.
—Yo te acompañé por ella, idiota— replicó la chica pelirroja.
Sasuke bufó y se masajeó las sienes con cansancio.
—Déjense de estupideces— gruñó, fingiendo frustración, pero en realidad estaba aliviado de tener un buen pretexto para quedarse con Ino— Yo me quedo. No soporto infantilismos.
Tomó el arma en sus manos y los demás no tardaron demasiado en aceptar.
Los otros tres salieron por la puerta y antes de colocar las cerraduras Obito se asomó por el umbral, mirándolo.
—Te esperamos ahí mañana por la mañana— anunció— Tendremos todo preparado.
Él asintió. Se marcharon y cerró la puerta, caminando hacia a habitación.
Ino estaba de pie, junto a su cama, y alzó la cabeza al escuchar sus pasos. Sasuke caminó hasta sentarse en la silla y se percató de su mirada fija en él.
— ¿Qué?— preguntó, con frustración fingida, tratando de evitar una sonrisa.
—Me gusta más cuando no tienes la máscara— murmuró ella, caminando hasta ponerse frente a él, sentándose allí. Solo entonces se dio cuenta de que aún tenía puesto el pasamontañas y se lo quitó al instante.
Ella sonrió, radiante.
— ¿Qué?— volvió a preguntar, con más frustración fingida.
—Tu cabello— respondió la chica, apuntando a su cabeza.
Sasuke se pasó una mano por el cabello revuelto y trató disimuladamente de acomodarlo.
— ¿Por qué no simplemente me matas y te dejas de estas cosas?— le soltó, de pronto.
La forma en que pareció cambiar de ánimo la pareció irritante.
—No quiero matarte.
—Pero aunque cobren el rescate no pueden liberarme. Eso dijo el otro chico.
—No quiero matarte— repitió él, frustrado. Frustrado de verdad.
—Dame una buena razón.
—No quiero ensuciar mi expediente.
— ¿Tu expediente? Quieres decir que… ¿No has matado a nadie?
—A nadie inocente. O que no mereciera morir. Sí.
—Matar es matar.
—Lo sé. Pero hay una ligera línea dibujada en mi cabeza entre matar a un cerdo ignorante y a una chica inocente incapaz de hacer daño al mundo.
— ¿Crees que no puedo hacerle daño al mundo?— exhaló.
—Ni aunque lo desearas.
Ino lo miró fijamente, evaluando su rostro, pero trató de ignorarla.
— ¿Sabes quién es mi padre? ¿Las cosas que hace?
—Sí, lo sé.
—Él mató a mi madre, ¿también lo sabías?
Sasuke se quedó callado.
—Fue por un ataque... Parte de sus 'negocios'— le soltó, irónica— Querían matarlo a él, pero ella fue herida. Todo lo que ama lo destruye...
—No eres como él.
—Quiero tomar una ducha— volvió a cambiar el tema, ceñuda.
Sasuke la observó y alzó una ceja.
— ¿Necesitas que te talle?— por alguna razón, el comentario que debió ser una burla, le pareció gracioso, pero Ino sólo entrecerró los ojos y se puso de pie.
— ¿No vas a cuidarme?
—Sabes cuidarte sola— replicó. No le preocupaba que tratara de escapar porque no había ventanas alcanzables en ese lugar, o que consiguiera un arma porque no había nada que pudiera servirle, al menos que tratara de matarlo con una barra de jabón frutal. No había cuchillos, ni utensilios, ni gas, ni tubos ni vidrios. Todo lo tenía completamente controlado.
Ino abandonó la habitación y Sasuke aprovechó para ejercitarse. Se quitó la camisa y dejó las armas a su alcance, sin perderlas de vista, empezando con flexiones, pues no había otra cosa que pudiera hacer allí. Las primeras las hizo sin esfuerzo, pero después de la trescientas comenzó a pesarle ligeramente. Cuatrocientas ochenta y siete flexiones después Ino salió del baño, con su cabello húmedo y la camiseta colgándole por todos lados, y lo miró, ligeramente desconcertada, desde que entró en la habitación. Pero Sasuke no se detuvo hasta llegar a las quinientas. Luego se levantó, con un poco de esfuerzo, y secó el sudor de su rostro con su camisa. Tomó las armas y las aseguró en su cinturón.
—Voy a ducharme— anunció.
— ¿Necesitas que te talle?— replicó la chica, de la misma forma que él lo había hecho.
—En lo absoluto— le dijo— Pero vienes conmigo— gruñó, sacando el arma y apuntando directamente a ella. La obligó a entrar al baño y se desabrochó el pantalón, dejándolo caer al suelo, dándose cuenta de que Ino se apresuró a bajar la cabeza, evitando mirar su cuerpo semidesnudo.
—Media vuelta— le ordenó, manteniendo el arma en el aire— Si te mueves un poco, te vuelo los sesos.
La adolescente se dio media vuelta, obedeciéndolo con las mejillas rojas, y recargó la frente en la puerta mientras Sasuke seguía viéndola fijamente antes de quitarse la ropa interior y meterse bajo el agua en cuanto abrió la llave. Se duchó lo más rápido que pudo, sin apartar los ojos de la pequeña espalda de Ino. Se secó y se vistió solo con unos pantalones de chandal, colgándose la toalla húmeda al cuello.
—Andando— ordenó, abriendo la puerta mientras ahogaba un bostezo.
— ¿Puedo dormir ahora?— le preguntó ella con voz suave.
Sasuke la miró y se encogió de hombros.
—Si, hagámoslo— respondió, sin darle mayor importancia.
— ¿Puedo dormir en la cama?
La miró una vez más y enarcó una ceja.
— ¿Dónde más dormirías?— le soltó, burlón, quitándose la toalla del cuello y la dejándola sobre el buró; apagó las luces y dejó la lámpara encendida. Se recostó en la cama y segundos después Ino lo imitó en silencio.
El sonido de sus respiraciones fue lo único que se escuchó por espacio de varios minutos.
—Sasuke— murmuró ella; Sasuke abrió los ojos de golpeo y sus músculos se tensaron, preparados para todo.
— ¿Sí?— masculló, intrigado.
— ¿Confías en mi?
—Claro que no.
— ¿Cómo puedes dormir entonces? Conmigo a tu lado y sabiendo que en cualquier momento puedo tomar tu arma y… hacer algo.
Sasuke la miró una vez más; la ingenuidad de aquella chica casi le provocó una carcajada.
—Porque no eres lo suficientemente estúpida— respondió— Para tomar mi arma tienes que pasar sobre mí o bajar de la cama. Y me daré cuenta.
—No lo sabes. Estarás dormido.
—Rétame— dijo, firmemente. Confiaba plenamente en sus habilidades.
—Puedes ponerme cloroformo— murmuró la niña, dibujando pequeños círculos con un dedo sobre las sábanas.
—No.
—No era una pregunta, era una sugerencia.
—Yo te sugiero que cierres la boca o terminaré amordazándote. ¿Quieres dormir de nuevo en el piso?
Ella no respondió, haciendo que Sasuke sonriera ampliamente. Estaba sonriendo porque estaba dándole la espalda e Ino no podía ver su cara.
Ella ya no dijo nada, y Sasuke se quedó dormido rápidamente en cuanto su respiración se acompasó.
Desde pequeño había tenido la habilidad de dormir como un oso y despertar al menor atisbo de movimiento, así que cuando Ino giró en la cama, pasada la medianoche, sus ojos se abrieron de forma automática.
Agudizó el oído, pero lo único que escuchó fue el suspiro de la chica a su lado, golpeando suavemente la piel de su cuello.
Estaba recostado boca arriba, así que solo tuvo que girar el rostro para mirarla. Ino se había recostado sobre su costado izquierdo, de cara a él. Su rostro seguía un poco inflamado en las zonas de los golpes, pero su expresión en ese estado inconsciente era perfectamente pura e inocente. Sasuke se permitió observarla dormir durante un buen rato, sin saber porqué, pero tampoco interesado en encontrar una respuesta.
Apenas había vuelto a cerrar los ojos cuando ella volvió a moverse. Los músculos de Sasuke se tensaron, no solo porque su movimiento había sido ligeramente brusco, sino porque ahora podía sentir su piel, cálida y suave, tocándolo.
La miró.
Ino seguía profundamente dormida, aunque su cuerpo buscaba su torso a tientas hasta acomodarse y quedar recostada sobre él.
— ¿Qué mierda?— masculló, desconcertado. La chica suspiró, acomodando la mejilla derecha en su hombro y el brazo izquierdo sobre su torso desnudo— Niña— la llamó suavemente, intentando desembarazarse de la extraña sensación que comenzaba a subir por su estómago— Eh, niña.
Nada.
Suspiró, derrotado. No tenía las ganas como para intentar despertarla, ni la voluntad para separarla de él.
Su tacto se sentía bien.
Se sentía demasiado bien.
La pierna de Ino se entrelazó con las suyas y poco antes de volver a quedar dormido Sasuke se percató de cómo su miembro empezaba a endurecerse, apretándose contra la tela de su pantalón. La presión de la pierna de Ino sobre su parte baja era algo incapaz de ignorar para su cerebro, aun así, segundos después, se quedó dormido.
Por la mañana despertó en cuanto Ino trató de bajar de la cama.
Sasuke tomó sus armas y le apuntó al pecho tan rápidamente que la dejó sin aliento.
—Tranquilo— masculló ella, temerosa y adormilada— Solo trato de ir al baño. Por favor...
Él asintió, bajando el arma hasta que la vio desaparecer tras la puerta. Se frotó el rostro con una mano y lanzó un suspiro cargado de frustración antes de volver a colocarse la misma camiseta de la noche anterior.
Se acomodó las dos armas en la cintura del pantalón y entró en sus botas. Cuando Ino abrió la puerta la obligó a entrar de nuevo, apuntándole con el arma. Evacuó cómodamente mientras la chica desviaba la mirada, divertiéndolo con su incomodidad. Se cepilló los dientes sin apartar la mirada de ella y salieron juntos del baño.
Parte de la mañana se le pasó acomodando todo para la partida. Dejó que Ino se subiera en el asiento del copiloto, sentada, pero con las manos sujetas con esposas metálicas y la boca amordazada, y aunque se mantuvieron en silencio durante todo el viaje Sasuke creyó que pudo tener una conversación visual con ella.
Llegando a su casa metió la cabeza en el pasamontañas y bajó a Ino del coche, levantándola en sus brazos, permitiéndose tocar un poco más de aquella suave piel, pero soltándola al instante al darse cuenta de su error. Ella parpadeó ante lo brusco del movimiento, pero no protestó. Sasuke la condujo pinchando su espalda hasta que los dos estuvieron dentro. Ya no le importaba que mirara las habitaciones o que lo mirara a él, pero de cualquier forma usaba el pasamontañas solo para que los idiotas de Karin y Suigetsu no hicieran un escándalo.
Ellos, junto a Obito y Juugo, estaban esperándolo en la sala. Intercambió un saludo tenso con todos y metieron a Ino en la habitación, dejando su desayuno dentro.
Sasuke suspiró y sólo entonces se permitió relajarse. De alguna forma, se sentía mucho más tranquilo ahora que Ino tenía una habitación espaciosa, segura, con una cama, un sofá y un baño. Todo cuidadosamente construido para ese tipo de situaciones.
—Está todo listo— anunció Obito después de un rato, alcanzándole una cerveza bien fría.
— ¿Ya?— inquirió Sasuke, sentándose con los codos recargados en las rodillas— ¿Consiguieron los últimos planos?
—No, eso no— Obito hizo un gesto con la mano y tomó asiento frente a él, alzando su propia bebida— El padre de la niña se rindió ante nuestro silencio y pagará.
— ¿Ella se irá?— fue lo primero que llegó a su mente, haciendo que se sintiera muy estúpido por exteriorizarlo. La idea le resultó aliviadora, pero muy inquietante a la vez.
Obito rió, haciéndole fruncir el ceño.
—Dicho así casi parece que te molesta.
—Claro que no— bufó, desviando la mirada y bebiendo de su cerveza.
—Diez millones...— suspiró Karin, con una sonrisa— Creo que al fin valió la pena soportar a la delicada Princesita de papi.
— ¿Y cuándo será el pago?— volvió a preguntar Sasuke, ignorándola.
—El dinero estará en una cuenta a nombre de Madara en las Islas Caimán en dos días, y liberaremos a la niña la mañana del asalto al banco para no levantar sospechas sobre nosotros.
—Menos mal que no la matamos— rió Suigetsu. Sasuke lo observó sorber del vaso de supermercado que tenía en las manos con enojo.
—Eres un imbécil.
Tres días. En sólo tres días ella se iría para siempre de su vida.
El resto de la tarde se les pasó acomodando planos, armas, herramientas, materiales, teléfonos, radios y cuadernos con notas. Por la noche, después de cenar, Obito interrumpió la conversación entusiasta que tenían diciendo que debían dormir.
Karin y Suigetsu desaparecieron al instante; Juugo, en cambio, esperó nuevas órdenes. Alguien tenia que quedarse a cuidar a la chica, así que Sasuke se ofreció sin dudarlo, recibiendo a cambio una curiosa mirada de su primo.
—Ve— fue todo lo que Obito le dijo, a su enigmática manera, antes de irse con el gigante pelirrojo pisándole los talones.
Sasuke esperó unos minutos antes de ir a ver a Ino; cerró la puerta por fuera y después por dentro para evitar cualquier tipo de interrupción.
La luz estaba encendida, e Ino Yamanaka estaba sentada en la cama, con la mirada pegada al suelo.
— ¿Qué te ocurre?— preguntó, mirándola fijamente.
Ella lo miró también.
—No puedo dormir— se quejó, regresando la vista de inmediato.
—Pues inténtalo— gruñó él— Si apagaras la luz sería más fácil.
Presionó el interruptor y la habitación se quedó en una sombra perfecta. Entonces, la respiración de la chica se cortó, volviéndose irregular.
—Sasuke— lo llamó. Escuchar su nombre salir de aquellos labios tan puros e inocentes llevó a su cuerpo una extraña sensación de éxtasis que no había experimentado nunca antes; sin embargo, se deshizo de esa idea al instante, portándose tan frío como siempre.
— ¿Qué?
— ¿Puedes encender la luz?
Lo hizo. Aún en contra de todos sus instintos no podía negarse. Y odió eso.
Los ojos de Ino seguían abiertos como platos y su pecho se movía rápidamente, subiendo y bajando a causa de la respiración errática.
—Voy a dormir— anunció él tras unos cuantos segundos de introspección; caminó hasta la mesita de noche y encendió una lámpara. Apagó la luz de nuevo y se quitó la camisa antes de recostarse en el frío sofá, quitándose las botas a punta pies. El alcohol que había ingerido lo mareó ligeramente, pero pudo volver a recomponerse.
De reojo vio como la chica se recostaba en su cama con tal suavidad y calma que parecía una pluma cayendo al vacío. Minutos después desvió el rostro y terminó de desvestirse, quedando solo en ropa interior.
— ¿No traes tus armas?— la pregunta lo tomó desprevenido y lo obligó a mantenerse alerta.
Por un momento había pensado que Ino ya se había dormido, pero no. Giró el rostro para mirarla. Estaba sentada, con la espalda apoyada en el respaldo de la cama, observándolo con esos ojos azul verdosos que parecían atravesarle el alma.
—No— respondió secamente, apartando los ojos de los suyos.
— ¿Por qué?
—Porque no eres tan idiota— dijo— No las necesito aquí. Si intentas hacer algo, por la mañana se enterarán y morirás. Pero tranquila, sigo teniendo fuerza y una buena habilidad con los puños. No harás nada estúpido.
Ino se quedó en silencio, así que Sasuke cerró los ojos y trató de dormir.
—Sasuke— volvió a llamarlo, suavizando mucho más el sonido de su voz.
El joven Uchiha suspiró.
— ¿Sí?— inquirió, manteniendo los párpados cerrados.
— ¿Podrías dormir conmigo?— esa nueva pregunta volvió a tomarlo por sorpresa; abrió los ojos rápidamente y giró el rostro para verla esconder la cara tras un fleco de cabello rubio— Por favor— suplicó.
—Estoy cómodo— fue todo lo que respondió, sin la fuerza para apartar la mirada de la suya otra vez.
—Por favor— insistió Ino— Solo he podido dormir bien cuando me pones cloroformo. O cuando te acuestas a mi lado. Por favor.
Sasuke bajó la vista y asintió como si estuviera hipnotizado, levantándose torpemente del sofá, sin entender exactamente porqué lo hacía. Se acercó a ella, apartó la ropa de cama y se recostó.
—Duérmete— ordenó, dándole la espalda. Escuchó a Ino suspirar y la sintió moverse a su lado.
—Gracias. Lo… lo siento. Si estás a mi lado siento como si los otros no pudieran… tocarme— dijo en voz baja, haciendo que Sasuke se levantara para mirarla. De pronto su revelación hizo que se sintiera inestable y nervioso.
— ¿Qué te hicieron?— preguntó, preocupado porque no solo la hubiesen golpeado.
—No quiero recordarlo— Ino se abrazó a sus rodillas y hundió el rostro en ellas, hablando en murmullos.
Y el corazón de Sasuke se paralizó.
—Ellos… ¿Alguno de ellos te… te hizo algo más que darte golpes?— inquirió, con la voz saliéndole como si fuera un niño asustado.
Ella separó la cara de sus rodillas y lo miró.
— ¿Algo como qué?
—Nada— digjo, retractándose y ahuyentando todos los pensamientos de su mente.
—Solo fueron golpes— dijo la chica después de varios segundos.
Él sólo se quedó en silencio.
—Eres diferente. Muy diferente— añadió Ino. Sasuke escuchó su respiración durante otros segundos antes de que volviera a hablar:
—No logro entenderte. Creo que eres buena persona, pero haces cosas malas. Hay personas malas haciendo cosas buenas. Creo que ese tipo de personas son peores.
Cerró los ojos e intentó dormirse para ignorarla, pero ella no se dio por vencida.
—Quizá te entiendo… un poco…
— ¿Ino?— la llamó.
— ¿Sí?
— ¿Puedes cerrar la boca y dormir?
Ella se calló al fin y poco después se quedó dormida.
Esa noche también se recostó sobre su cuerpo, y, por alguna razón, sin la ropa puesta, la sensación fue extraordinaria para Sasuke.
Por la mañana despertó antes que Ino, se dirigió al baño y lavó su rostro y dientes; regresó a la habitación y abrió la puerta. Nadie más parecía haber despertado. Le echó una mirada a Ino, que seguía dormida en la cama, y salió. En la primera mesa, saliendo de la habitación, se encobbbntraba su arma, y al momento de tomarla se percató de la nota:
"Regresamos poco después de las 2, trata de pensar en algo bueno para sacar el dinero de los ductos del drenaje. Obito."
Cerró la puerta y fue directo a la cocina sin darle importancia a la ausencia de los demás. Era mucho mejor así. Bebió un vaso de leche y sirvió otro para Ino. Tomó una bolsa de galletas dulces y regresó a la habitación cuando ella estaba saliendo del baño, secándose el largo cabello rubio, húmedo y revuelto.
Sasuke se paralizó unos segundos al verla; Ino sólo vestía una camiseta que le quedaba enorme, pero que marcaba sus turgentes pechos a la perfección bajo la tela levemente húmeda. Estaba comenzando a sentir una incómoda rigidez en su parte baja cuando ella lo regresó a la realidad.
— ¿Sasuke?
—Toma— le entregó el vaso con leche y la bolsa de galletas, desviando el rostro de inmediato. Ino los tomó sin decir nada, se dirigió a la cama y empezó a comer con elegantes bocaditos mientras Sasuke se tiraba sobre el sofá, después de recoger la ropa sucia del suelo y colocarla en el cesto, adentrándose en su teléfono, la mitad de su cerebro pensando sobre lo que Obito le había dicho, y la otra mitad concentrada en el mejor distractor del mundo: Internet.
—Sasuke…
— ¿Qué?— preguntó, frustrado por haber sido sacado de sus reflexiones.
— ¿Por qué no me matas?— preguntó la chica otra vez, haciéndole alzar la mirada.
—Si sigues haciendo esa pregunta lograrás que lo haga— gruñó, volviendo a ignorarla.
—Hazlo— lo retó.
Sasuke se levantó con lentitud, sentándose en el sofá. El desayuno de Ino estaba intacto sobre la mesita de noche, y ella sestab de pie, a varios pasos del sofá y con la mirada baja. Él seguía sólo vestido con su ropa interior, por lo que Ino procuraba no mirarlo en ningún momento.
Era divertido verla sonrojarse.
—Los escuché el otro día. Debatían la posibilidad de matarme— siguió, empezando a sollozar.
—No escuchaste nada— gruñó él, molesto.
—Sí lo hice.
—No. No lo hiciste. No se puede.
—Lo hice. Se escuchaba. Los escuché— Sasuke rodó los ojos y la miró fijamente— Karin y Suigetsu lo discutían, y aunque no lo acepta, sé que Obito también piensa que es lo mejor, aunque trate de encontrarme un uso. No lo tengo. Terminarás matándome. Por favor, hazlo ahora. Estoy preparada.
—No voy a hacerlo— la firmeza de sus propias palabras logró ser incluso fría— Y si vas a escuchar tras las puertas, al menos procura hacerlo bien. Tu padre va a pagar y te liberaremos en tres días.
Ino parpadeó, confundida, y se hizo para atrás.
—Pero ellos...— susurró, aterrorizada— Ellos dijeron que sabía demasiado; que por eso debían matarme... Escucha, sé que no pueden dejarme con vida y… y prefiero que me mates tú. Tengo miedo de que lo hagan ellos. Por favor.
—Cállate— ordenó, frustrado— ¡Cobraremos el dinero y nadie va a matarte! ¡Punto!
—Ellos no van a dejarme regresar— sollozó Ino, dando un paso hacia él— Hazlo, hagámoslo— masculló. Sus ojos eran serios, como si de verdad estuviera evaluando la opción, pero Sasuke solo elevó la vista al techo, tratando de ignorarla.
Y lo siguiente sucedió solo en dos segundos. Él se había distraído e Ino aprovechó para tomar su arma con su mano y elevarla en el aire. Sasuke parpadeó, recordando haber puesto esa arma sobre la mesita de noche en cuanto había entrado y empezado a recoger todo dentro; pero aún conservaba la otra pistola pequeña junto a él. La tomó rápidamente y, poniéndose de pie, estiró el brazo, apuntándole con firmeza como acto reflejo. Sabía que podía disparar si la sensación de peligro siguiera existiendo, pero ahora, lo único que podía sentir era una horrible opresión en mi pecho.
—Baja el arma— ordenó, con la voz débil. El arma de Ino no estaba apuntándole a él; estaba apuntándole a ella misma.
La sujetaba con firmeza y sin vasilar contra su cabeza.
— ¿Por qué?— preguntó en un hilo de voz, cerrando los ojos. Sasuke se pasó la mano libre por el cabello, histérico.
—Ino, no hagas nada estúpido. ¡Baja la maldita arma!
—No. No Sasuke—dijo— Tengo miedo. No quiero morir en manos de esos animales. Quiero morir rápido, sin dolor.
—Ino, escúchame, nadie aquí va a morir. Baja el arma o…
— ¿O qué?— abrió los ojos— ¿Me dispararás?
—Por favor, nadie va a hacerte daño. Te lo juro.
Era la primera vez que hacía un juramento, pero lo hacía porque estaba totalmente convencido de que nadie iba a hacerle daño. Jamás. Él no lo permitiría.
Era un momento crítico; una parte de su cerebro evaluaba las opciones que tenía si intentaba abalanzarse sobre ella y evitar que se disparara. Pero otra parte, la que predominaba, tenía miedo. Miedo de que presionara el gatillo; miedo de que Ino desapareciera. Su vida… su vida se iría tan fácilmente de su cuerpo... Ya no existiría ese brillo en sus ojos, ni esa alma tan pura. Ni esa chica tan asustada.
Y todo era por su culpa.
Él la había puesto allí.
Las personas buenas no debían de morir. Debían morir las malas. No las inocentes. Había tan pocas personas buenas como para que una más desapareciera.
No quería que Ino muriera. Por muchas razones. Tantas que no era capaz de decirlas, pero no lo quería.
Ino cerró los ojos y separó los labios, haciendo que el corazón de Sasuke golpeara contra su pecho con furia; el latido en sus sienes era doloroso y marcado, y los músculos de sus piernas se sentían débiles, amenazando con dejarlo caer.
Y de pronto, vio todo en cámara lenta. El dedo de Ino oprimió el gatillo del arma y se escuchó el crujido del sistema interno activándose.
Ino lo había hecho, y él no pudo evitarlo.
Su propia arma cayó al suelo por la debilidad que azotó su cuerpo.
Esa chica había dejado de existir, una luz acababa de apagarse en el mundo. Y lo peor de todo, un sentimiento completamente egoísta: ya no estaría con él; ya no la vería sonrojarse, ni se recostaría sobre su cuerpo, ni le haría preguntas estúpidas, ni respiraría entrecortadamente, ni lo inspeccionaría con sus ojos curiosos. Ni viviría. No podrá disfrutar de la vida, y él no podría volver a escucharla... Pero de pronto, de pronto todo volvió a cobrar sentido. Por un momento había creído que todo estaba acabado, pero… pero algo salió mal. Ino seguía de pie, sujetando el arma junto a su cabeza.
Presionó el gatillo una y otra vez, y no se escuchó más que el crujido vacio. Se había vaciado el cargador. No tenía más balas.
Ino siguía viva.
Lo mas rápido que pudo, pero aún en cámara lenta dentro de su mente, se abalanzó sobre ella. Retiró el arma con tanta fuerza que el brazo de Ino cayó bruscamente a su costado. Sus ojos lo miraron con horror y su boca se abrió en un grito sordo.
— ¡Eres una imbécil!— le gritó, sujetándola entre sus brazos, con su cuerpo pegado al suyo y sus extremidades enredadas con las propias.
El odio bullía en su interior. Odio porque ella había hecho la cosa más estúpida que pudo ocurrírsele. Odio porque, por un momento, creyó que estaba muerta. Odio contra sí mismo porque había estado a punto de dejarla morir por un error estúpido, porque había apuntado su arma contra ella misma en lugar de contra él. Odio porque pensó que jamás volvería a sentirla viva contra su cuerpo. Porque, por más egoísta que fuera, pensó que ya no la tendría para él.
Centró sus ojos inyectados en sangre sobre los suyos, y aún desde esa distancia podía ver cada perfecto detalle de su color azul verdoso. Sus labios estaban entreabiertos, quejándose por la presión que ejercía en sus brazos con sus manos.
Y de pronto todo desapareció. De pronto ya no estaba pisando el suelo frío con sus pies descalzos. De pronto el aire acondicionado ya no le daba directo en la nuca. De pronto ya no tenía miedo, y todo cobró sentido. Todo importaba. Todo existía y dejaba de existir. Todo brillaba.
La oscuridad en la que había vivido desde siempre se había extinguido, y una luz había nacido. Una luz que se arremolinaba en su estomago y comenzaba a brillar tenuemente. Porque esa piel sensible, esa piel suave de sus labios, una piel que nunca había sido tocada, se acoplaba a otra piel igual de suave y virgen. Sus labios se entrelazaban en unos labios inmaculados, funcionando como engranes, como un par de engranes que juntos hacían que cada partícula de su cuerpo cobrara vida.
Los labios de Ino se movían, sus labios se movían, y el resto del mundo lo hacía también. Ella lo apartó cuidadosamente durante un momento, el momento justo para que sus miradas se cruzaran. Sus labios seguían entreabiertos y lo único en lo que Sasuke podía pensar era en que quería volver a saborearlos. Y así lo hizo; se estiró ligeramente y unió sus labios de nuevo.
No había sensación más exquisita y majestuosa que esa.
Sujetó la pequeña cintura con sus manos e Ino colocó las suyas en su espalda desnuda. Sasuke presionó su cadera contra la suya y ella se dobló ligeramente para que sus cuerpos disfrutaran uno del otro. Podía sentir su miembro, que se encontraba únicamente cubierto por una ligera capa de tela, palpitar mientras se presionaba contra el abdomen plano de la chica. Se sentía tan increíble que le provocó un estremecimiento involuntario en su cuerpo y sacó un gemido de su garganta.
Dobló ligeramente las piernas y presionó el cuerpo de Ino todavía más al suyo, haciendo que sus caderas se acoplaran, sintiendo su erección crecer al restregarse contra la pelvis de la chica.
Ella gimió contra sus labros, y ese sonido, aunque dulce en sus oídos, lo obligó a salir de su ensoñación y volver a la realidad.
La empujó con fuerza para separarla de sus labios. Con demasiada fuerza, tanta que Ino cayó sobre la cama, con su mirada desenfocada. Si la cama no hubiese estado ahí, hubiera caído hasta el suelo, y probablemente Sasuke se habría inclinado para levantarla, y eso hubiera terminado en otro beso. No podía permitirlo.
Carraspeó para hablar, pero pronto descubrió que no tenía nada que decir, así que lo único que hizo fue dar media vuelta y huir al baño, cerrando con un portazo antes de recargarse en el lavabo, mirando el agua escurrir de la llave.
En el espejo brillaba un hombre con las mejillas ardientes, el cabello despeinado y los labios rosados, tan radiante que por un momento dudó que podría tratarse de él mismo.
Y negó con la cabeza.
La había jodido.
Ya había jodido todo.
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Continuará...
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N del A:
Muchas gracias por leer y comentar.
Saludos!
H.S.
