Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

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La historia original Secuestro pertenece a la autora Ale Cullen Patt; una de las mentes más creativas de FanFiction.

Esto es sólo una adaptación que muy amablemente me permitió hacer.

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El secuestrador

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3

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No quería salir. No podía hacerlo. Solo llevaba la ropa interior puesta; no podía salir así, a pesar de que ella ya lo había visto casi desnudo antes. ¿Por qué ahora sentía vergüenza? No lo sabía, pero la tenía. Y no iba a hacerlo, no iba a salir así. Sin embargo, no había nada con lo que vestirse allí dentro, así que tomó valor y abrió la puerta. Ino seguía sentada en la cama, en la misma posición de cuando él había entrado al baño, con los dedos de la mano izquierda sobre su labio inferior. Ella se giró al escucharlo, pero Sasuke solo pasó hasta la otra puerta y la abrió.

—Hey— lo llamó, poniéndose de pie, mas él la ignoró y salió— ¡Sasuke!— escuchó antes de que la puerta se cerrara piadosamente a sus espaldas, pero al instante en que un pensamiento cruzó por su mente la abrió de nuevo.

Ino estaba a escasos centímetros de su cuerpo, mirándolo. Sasuke una vez más pasó de ella y se dirigió al sofá. Tomó el arma, revisó la carga, tomó la otra, y salió. Los ojos de Ino no se separaron de él en ningún momento.

Cuando cerró la puerta se recargó en ella, como si estuviera cansado, y suspiró, abatido.

— ¿Quieres ponerte algo de ropa?— la voz de Suigetsu lo tomó desprevenido, tanto que al instante elevó el arma en el aire, apuntándole.

—Acabo de despertar— explicó, molesto— ¿No se supone que estarías con Obito?

—Vine por unos planos. ¿Qué haces aquí, de todos modos?

—Nada— respondió.

Suigetsu arqueó ambas cejas, receloso, pero acabó por restarle importancia.

—Como sea. ¿Vas con nosotros?

—Iré a ponerme ropa— avisó.

Sasuke se dirigió a su habitación y tomó lo primero que encontró, un pantalón negro, botas y una camisa cómoda. Guardó su única arma cargada y colocó un cartucho nuevo en la funda.

—Andando— gruñó cuando bajó las escaleras.

Siguió el coche de Suigetsu hasta el lugar donde se todos debían estar reunidos, un restaurante público, atiborrado de gente.

A veces, algunos podían pensar que Obito era un idiota para ocultarse, pero Sasuke sabía que esa era la mejor fachada. Si alguien se ocultaba era porque estaba haciendo algo, si no se ocultaba, no estaba haciendo nada. Así actuaban ellos, sin ocultarse. Sin levantar sospechas.

Para cuando salieron del lugar ya tenían todos los pasos a seguir, uno por uno. Dejando a un lado las tareas de construir las armas, conseguir lo que faltaba y prepararlo, el listado había quedado así:

Conseguir un camión de bomberos. Meter el camión por los ductos del drenaje, hasta quedar bajo el banco. Suigetsu conseguiría intervenir en las líneas telefónicas del banco. Karin debía descomponer el baño A2, el más cercano a las bóvedas. El resto esperaría a que el banco llamara a la agencia de plomería. Karin y Suigetsu interceptarían a los plomeros mientras Obito y Sasuke entrarían a la Subsecretaría con identificaciones falsas. Suigetsu entra en el banco como plomero, con Karin escondida en el carro de herramientas. Obito y él ya tendrían los explosivos en el ascensor de la Subsecretaría para entonces, y la bomba preparada para ser colocada en el segundo piso del edificio. Harían que el ascensor estallara; las personas dentro no sufririrían daño alguno porque el explosivo estallaría a un piso del suelo. Todo estaba calculado; si alguien moría, sería por su propia culpa. Darían la orden de que nadie saliera del edificio. Tendrían alrededor de diez minutos para que todo estuviera rodeado. La bomba en el segundo piso debía estar activada en ese tiempo, y aún tendrían a las personas del ascensor secuestradas, amenazando con hacerlo estallar si intentaban abrirlo. Se establecerían los perímetros en cuanto el escuadrón antibombas descubriera la gran cantidad de explosivos en el segundo piso. Suigetsu saldría del banco, dejando a Karin dentro. Dejarían que las cosas fluyeran en el edificio de Subsecretaría mientras ella se las arreglaba para abrir las bóvedas y colocar el dinero en la tubería. Suigetsu estaría esperando el dinero en el drenaje, lo colocaría dentro del tanque del camión que Juugo conduciría. Juugo saca el dinero en el camión, conduciendo ciento diez Kilómetros por los ductos, hacia el noreste mientras Obito y él seguirían ocupándose del edificio. Detonarían las bombas en el elevador; no habría nadie dentro. Cuando el dinero estuviera a salvo, abandonarían la misión de la Subsecretaría y todos se reunirían en la bodega 3, a trescientos veinte Kilómetros de la ciudad. Karin saldría del banco por la azotea hasta el día siguiente; el resto prepararía el dinero. Tendrían en sus manos poco más de quinientos millones de dólares americanos. Una vez todo listo desaparecerían de Japón.

Todo debía funcionar muy bien.

Estaban tan extasiados que decidieron celebrarlo en un bar, y regresaron a casa de Sasuke poco antes de medianoche, todos ebrios y felices.

Esa noche, el joven Uchiha no durmió con Ino, aunque tampoco durmió en lo absoluto. Y quizá ella tampoco lo había hecho. Y todo por su culpa. Por la mañana se debatió seriamente entre pasar a la habitación de la chica o marcharse junto con Karin o Suigetsu.

Obito se había marchado temprano a la bodega en donde prepararían los explosivos. Él y Suigetsu eran los expertos en eso; Juugo debía conseguir el camión, así que él y Karin solo tenían que matar el tiempo.

Vaya suerte la suya.

Era increíble como su mente deseaba tanto evitar estar cerca de Ino que de pronto se vio allí, sentado en la misma mesa que esa chica que no perdía oportunidad de intentar seducirlo, después de desayunar con ella, platicando como si fueran buenos amigos, en una estúpida cafetería del centro.

— ¿No vas a llevarle nada a la chica?— preguntó antes de salir, sin darse cuenta. Karin lo miró desde detrás de sus gafas y enarcó una ceja.

— ¿Por qué debemos comprarle comida?

—Eso mismo digo yo— se encogió de hombros y procuró fingir indiferencia.

—No entiendo a Obito. Ni siquiera sé porqué tienen a la Princesita con tantas comodidades. ¿Será que ella hizo algo para 'ganárselo'?— sonrió con malicia.

Su comentario lo enfureció, pero él mismo había dejado el camino abierto para eso.

—Andando— gruñó, pero antes de salir se vio a sí mismo en la caja pidiendo una orden de pastelillos de chocolate, jugo de naranja y un té de jazmín, preguntándose si le gustaría el chocolate, el jugo... ¿Le gustaba el té o preferiría un café?

Estuvo a punto de suicidarse con el tenedor de plástico que sujetaba en su mano cada que otra pregunta estúpida azotaba su mente. No tenía porqué preocuparse cuando debería estar dándole arroz frío y frijoles en bolsa. ¿Por qué ella debía ser diferente a las demás victimas? ¿Por qué debía de tener privilegios? Era su víctima, no su maldita mascota.

Dentro del coche, en soledad, pudo volverse loco de nuevo y golpear el volante algunas veces.

En su casa todo estaba en silencio, y eso antes le gustaba, pero ahora no. Odiaba el silencio. No podía luchar contra sus pensamientos mientras hubiera tanto silencio. No podía apartarlos. Estaba enloqueciendo.

Empujó la comida hacia el interior de la habitación de Ino por el pequeño ducto y dejó una nota con un simple "come", pero apenas se había dado la vuelta cuando la bandeja se deslizó de nuevo a él, intacta. Sasuke frunció el ceño y volvió a empujarla, y otra vez regresó. Volvió a meterla y esperó, y volvió a regresar.

— ¿Puedes ser más madura?— gruñó, molesto. Sabía que no podía escucharla, pero ella a él sí.

Empujó la bandeja de comida otra vez y volvió a esperar. Y esperó, y la bandeja ya no regresó; entonces se sentó en el sofá, cerrando los ojos y tratando de pensar en algo interesante, pero no lo consiguió. En eso estaba cuando el sonido de la bandeja deslizándose por la plataforma hizo que sus ojos se abrieran de golpe. Fastidiado, se puso de pie y corrió a lanzarla al interior con todas sus fuerzas, pero una nota lo tomó por sorpresa:

"No tengo hambre", se distinguía claramente con letras rojas, escritas con un líquido que se desparramaba por el papel.

Completamente desencajado abrió la puerta de un golpe e Ino se asustó, mirándolo con los ojos abiertos como platos; sus dedos estaban manchados de rojo.

— ¡¿Qué hiciste?!

Trató de encontrar el lugar de donde brotaba esa sangre con la que había escrito, pero no había ninguna zona lastimada visible.

—Es medicina— dijo ella, levantando las manos en el aire— Estaba en el estante junto a la repisa del baño.

Al instante Sasuke bajó la mirada y encontró el bote del jarabe en el suelo. Y lo hizo sentirse como un estúpido. Fulminó a Ino con la mirada, seguro de que alterarlo era lo que ella quería lograr. Y lo había hecho quedar como un idiota.

Una niña le había visto la cara.

Se dio media vuelta y estaba a punto de salir, pero la voz de Ino lo detuvo:

—Te importo.

Él se quedó de pie, sin querer realmente salir de allí.

—Todos me importan— murmuró.

—Mentira. Nadie te importa. Ni siquiera te importas tú mismo.

Sasuke se dio media vuelta, fijando la mirada en sus ojos.

—Tu comida se va a enfriar más de lo que está.

—El té me gusta frío— replicó Ino sosteniéndole la mirada durante un largo rato, después separó los labios para hablar pero los cerró al instante.

—Estas haciendo que te odie— le soltó, aunque sabía que esa era la más vil de las mentiras.

—No es cierto— refutó ella— Tengo razón. Y lo sabes.

—Me importan las personas. Y me importo yo mismo. Si ya terminaste de decir estupideces, puedes comenzar a comer.

Mientras decía eso ella se levantó; dio un paso hacia él y siguió con la mirada fija en la suya.

—Si te importaras un poco, aunque sea un poco, hubieras regresado ayer. Hubieras dormido conmigo— le dijo, parándose de puntas de pie para igualar su altura.

Sasuke, por su parte, miró hacia abajo y soltó una risa de incredulidad.

—Estás diciendo tonterías. No sé que tiene que ver una cosa con otra.

—Ayer me besaste. Y las noches anteriores disfrutaste dormir conmigo— afirmó Ino, sin desviar su mirada de la suya; y Sasuke se quedó callado, sin poder negarlo— Si te importaras, hubieras vuelto. Pero no te importas. Así que hiciste como que nada pasó. Pero yo te importo. Me defiendes. Me buscas. Te preocupas por mí. Te importo.

Sus rostros estaban cada vez más cerca, tanto que aquel aroma a jazmines estaba embriagándolo.

—Sí. Me importas— admitió— Vales diez millones.

Ino parpadeó y dio un paso hacia atrás, desviando la mirada hacia el suelo por un segundo, pero volviendo a subirla con determinación.

—Es mentira. No te importa solo el dinero, y lo sabes.

Él evitó sus ojos y ahora fue su turno de alejarse.

—Me largo— gruñó. Le dio la espalda y abrió la puerta.

—Sasuke— lo llamó Ino, sin atisbo de aquella voz molesta que lo retaba hacía solo un momento— ¿Puedes dormir hoy aquí? Era verdad que no puedo dormir si no estás.

Él cerró los ojos, dándose cuenta de que era lo mismo que a él le pasaba.

Sabía que debía salir de allí ahora que podía, debía dejarla y largarse de la casa todo el día; que debía pensar, usar su cerebro. Pero en lugar de eso, se dio la vuelta, tomó el rostro de la chica con ferocidad y unió sus labios a los suyos. Y ella no lo apartó, lo dejó besarla, lo dejó tocarla. Ino acarició su espalda y después, cuando Sasuke la recostó en la cama, no se apartó, ni se negó.

¿Cómo podía luchar contra lo que sentía si no tenía armas?

Cuando tenía sexo lo único que deseaba era terminar, correrse y acabar con el calor interior. Pero allí, en ese momento, con Ino debajo de él, rosando sus cuerpos sobre la ropa, con sus delicados labios entre los suyos, allí no quería terminar. No quería terminar nunca. Quería que ese sentimiento viviera para siempre, que su respiración fuera igual de entrecortada y que el calor que salía por sus poros no se extinguiera nunca.

Pero tenía que detenerlo de alguna manera.

Cuando estuvo a punto de separarse, cuando había soltado los labios de Ino y era capaz de pensar con claridad durante un segundo, cuando pensó que recuperaba el control, los labios de la chica se posaron en su cuello.

Cerró los ojos y se abandonó a la exquisita sensación de aquellos labios besando la piel bajo su quijada, subiendo por su mejilla, con su respiración rosando su oído. Y en ese momento solo quiso desaparecer. En ese momento no tenía las suficientes manos para acariciar o el suficiente aire para llenar sus pulmones.

—Ino— gimió, cuando supo que pronto ya no podría detenerse y su cuerpo le exigiría más— Detente.

Pero ella no lo hizo; al contrario, siguió besando su cuello con desesperación, y en un segundo de distracción, mientras Ino buscaba sus labios, Sasuke se dio media vuelta y cayó en el suelo, haciendo que ella se sentara torpemente en la cama, mirándolo.

—No vuelvas a tocarme— le ordenó, poniéndose de pie.

—Pensé que tú me tocabas a mi— dijo ella, levantándose de la cama.

Sasuke se pasó una mano por la cara y lanzó un gruñido.

—Ambos sabemos que esto no está bien— musitó, haciendo que ella frunciera el ceño.

— ¿Por qué? ¿Por qué soy más joven que tú?

— ¡Al diablo con eso! ¡Porque soy tu secuestrador y tú mi víctima!

—No seria la primera vez en la historia de la humanidad.

—No somos un cuento de hadas.

—Tampoco uno de horror.

—No somos un cuento— la corrigió— Esta es la vida real.

—Sí. Lo es.

— ¿Sabes qué es lo que pienso?

— ¿Qué?

Sasuke se dio media vuelta y clavó la mirada en la puerta, golpeando la pared con frustración.

—Pienso que te estas aprovechando de la situación.

— ¿Aprovechando…de la situación?— exhaló Ino, confundida.

—Sí— no quería decirlo, no iba a hacerlo, pero la situación escapó totalmente de su control— Te aprovechas de que me he enamorado de ti— la encaró, fijando la mirada en la suya— Para hacer que te deje libre— concluyó.

— ¿Te enamoraste de mí?— inquirió la adolescente, entrecerrando los ojos y luego abriéndolos mucho.

La miró, completamente horrorizado por lo que él mismo acababa de decir, y se aclaró la garganta, procurando una manera de reparar la idiotez que había dicho.

—Corrijo: No creo en el amor, pero sí siento esta severa atracción hacia ti que ya no puedo controlar.

— ¿Así que dices que… me estoy aprovechando de que tienes esa severa atracción hacia mi para que me dejes… libre?

—Es lo mismo que acabo de decir. Sí—aceptó de mala gana, a sabiendas de que no tenía caso seguir abriendo la boca para decir más idioteces.

Ino se mordió el labio inferior y bajó el rostro, molesta.

—Eres un idiota. Y lo sabes— escupió, demasiado fría— Sal de aquí.

— ¿Qué te pasa?

— ¡Que salgas de la maldita habitación!

Era la primera vez, desde que había empezado a seguirla para descubrir cada uno de sus movimientos, que Sasuke le escuchaba alzar la voz. La primera vez que la veía ponerse roja de coraje. La primera vez que salía una mala palabra de su boca. Y estaba tan impresionado, que obedeció sus órdenes; y no volvió a entrar hasta la hora de la comida.

Salió de la casa para comprar hamburguesas para ambos. Se comió la suya durante el camino de regreso y entró con la hamburguesa restante y el refresco, en son de paz. Su manera de disculparse con la chica por si la había ofendido de alguna manera, aunque la otra parte de su cerebro le dijera que no tenía que disculparse, pero hacía un tiempo que Sasuke había decidido hacerle caso al otro extremo, el que a veces se comportaba como un humano.

—La comida— anunció, entrando y colocando las cosas en la mesita.

—Déjalas ahí, cuando tenga hambre como— dijo Ino, sin expresión, recostada en la cama y con el rostro cubierto por su brazo.

— ¿No vas a comer ahora?— inquirió él con inocencia, dándole a entender que ya no tenía deseos de pelear.

—No.

La manera de responder de Ino logró que se sintiera frustrado, así que cerró la puerta de golpe y se tiró en el sofá de la sala por horas.

Fue tal el nivel de aburrimiento al que había llegado para la tarde que le envió mensajes de texto a Suigetsu, Karin y Obito, preguntando si necesitaban algo, y él único que respondió fue su primo, con un breve:

"Está todo controlado, mañana necesito planos del banco."

Sasuke pestañeó y volvió a recostarse, pensativo.

Planos del banco.

Eso quería decir que mañana estaría ocupado; o bueno, no tanto, ya que ya había pensado en eso. Había conseguido los antiguos planos del banco con un viejo amigo suyo, al que también le había dicho que necesitaría los nuevos, así que no debería tardar mucho, pero al menos tendría otra cosa que hacer.

Sin embargo, por otro lado, la idea de que tanto Suigetsu como Karin llegaran a su casa y él no estuviera, y ellos tuvieran acceso a Ino, lo ponía nervioso. Demasiado nervioso, más de lo que le hubiera gustado aceptar.

En la noche recibió un mensaje de Obito diciendo que debían atrasar el plan al menos una semana, y que se quedarían los cuatro a dormir en la bodega para continuar con el trabajo por la mañana, y que debía llevarle los planos para antes de las dos; eso quería decir que esa noche la pasaría solo en la casa. Con este estúpido silencio y ese maldito aburrimiento aniquilante.

A veces en verdad odiaba su vida.

A la una de la mañana, cuando, resignado, decidió que era imposible seguir despierto y no lograba dormir, abrió la puerta de la habitación de Ino, dándose cuenta de que la luz seguía encendida.

— ¿Quieres que duerma contigo, o no?— preguntó, secamente.

Ino se encogió de hombros; no respondió ni lo miró, pero tomó su lugar en la cama, dejando espacio para él. Sasuke entró en la habitación, se quitó la camisa, los zapatos y el pantalón y apagó la luz, dejando la lámpara de noche encendida Se recostó en su lado de la cama y fue increíble la facilidad con la que se durmió solo con sentir a Ino junto a él.

No supo si no hubo ningún sonido en la noche, o había perdido su habilidad, pero no despertó en ningún momento hasta que escuchó la llave del baño abrirse.

Se puso de pie, volvió a vestirse y salió de la habitación. Tomó una ducha, se vistió con ropa cómoda y "decente" y regresó a la habitación de Ino, con un vaso de leche y un sándwich en la mano.

—Voy a salir— le avisó— Entretente con esto, no habrá comida hasta medio día.

Ella lo ignoró, sentándose en la cama. Tiene el cabello mojado y su piel húmeda brillaba. Llevaba puesta la camisa blanca que él había dejado el día anterior en el baño para ella y nada más.

Sasuke la miró, y ello lo miró a él.

— ¿Quieres que te acompañe o algo?— preguntó, enfurruñada.

Sasuke rodó los ojos y cerró la puerta de golpe.

Estúpidamente enojado encendió el coche y arrancó con rumbo al banco.

Cuando entró por las grandes puertas no pudo evitar sonreír porque en menos de tres días todo el dinero de ese lugar sería suyo.

— ¿Puedo ayudarle en algo? ¿Necesita una cita?— preguntó la recepcionista.

—Gracias, pero estoy buscando a Idate Morino.

— ¿Cuál es su asunto?— preguntó con una sonrisa.

—Es personal. Dígale que lo busca Izuna Sarutobi.

Izuna Sarutobi era el nombre con el que lo conocía el resto del mundo. Pocos sabían que su verdadero nombre era Sasuke Uchiha.

La chica le sonrió de nuevo y se marchó, poco convencida. Cinco minutos después regresó con el hombre que buscaba.

—Izuna. Pasa— lo saludó con una sonrisa, pero ésta se perdió en cuanto estuvieron alejados de la chica, en una esquina, sentados sobre el sofá de espera.

—Pensé que no vendrías— admitió el joven Uchiha, indiferente.

—Te he dicho que no recibo visitas personales en horas de trabajo.

—Lo siento, pero necesito un último favor. Sobre lo que hablamos.

—Ya lo tengo, pero no puedo dártelo ahora.

—No tienes otra opción, amigo.

—Izuna, por favor— suplicó el hombre, con una mirada llena de temor— Dame un poco de tiempo.

—No necesitas mucho tiempo para sacar un plano, Idate.

—Es que no lo entiendes.

—Exacto. Así que, tienes diez minutos.

Como vio que no estaba bromeando, Idate Morino se puso de pie y se marchó, sin poder ocultar su nerviosismo.

Sentado en el sofá, cómodamente, esperó hasta que el hombre regresó, y lo hizo con un maletín negro.

—Aquí tienes, y oye— susurró— Cualquier cosa que traigas en manos, ¿estoy libre, verdad?

—Si aquí dentro viene lo que te pedí, considérate libre de mí.

—Ahí viene todo.

—Entonces tú no tendrás nada que ver en esto. Es más, ni siquiera nos hemos visto.

Idate asintió y Sasuke se fue del lugar.

Si había algo por lo que era conocido, era por cumplir su palabra.

Envió un texto a Obito y éste le respondió diciendo que llevara el paquete a su casa, que ellos pasarían por el en la noche, lo que significaba que su trabajo por ese día había terminado.

—Escucha, se que has estado aburrido— dijo su primo en cuanto le entregó el maletín—, pero en cuanto termine con estos dos, nosotros nos pondremos a trabajar de verdad. Mejor descansa ahora que puedes, porque cuando comencemos no descansaremos hasta tener el dinero en nuestras manos— advirtió, y se marchó, dejándolo de nuevo en la casa, por la noche, en silencio y con ese martilleo horrible en su cabeza.

Esa vez no tardó tanto para entrar en la habitación.

Sobre la mesita de noche estaban las sobras de la comida que le había llevado a Ino por la mañana, y ella estaba recostada en su lado de la cama, dándole la espalda.

Esa noche ninguno de los dos dijo nada, simplemente durmieron.

El día siguiente fue igual. Sasuke no sabía qué cosa lo tenía de mal humor o qué era diferente, porque se suponía que así debería haber sido desde un principio. Ninguno de los dos hablaba, no había conversaciones ni algún tipo de comentario que saliera de los limites del "come", "muévete" o "ponte esto". La situación era frustrante, y aunque él no era el que estaba encerrado en una habitación de cuatro paredes, se sentía enjaulado en algo más pequeño que eso; y no tenía motivos para estarlo. Para el final del día estaba participando más en los planes del asalto, aunque Karin y Suigetsu se estaban llevando toda la diversión.

"Ellos necesitan ser entrenados, tú no." Le dijo Obito, cabreándolo. No quería estar en la casa, pero tampoco fuera de ella. Estaba volviéndose tan fastidioso, que incluso sus compañeros empezaron a evitarlo por lo que quedó de la semana. Obito asoció su mal humor a que se sentía inútil, y trató de darle trabajos que hacer, pero la realidad Sasuke sabía que ya había terminado todo lo que le tocaba y no tenia otra cosa en qué concentrarse.

Al día siguiente, cuando el estrés en su cabeza fue demasiado, sacó a Ino de la habitación a escondidas de todo su equipo, que estaban tan concentrados en sus cosas que ni siquiera se dieron cuenta.

La llevó amordazada y sin que viera hasta una de las bodegas de su padre. Muy lejos de la ciudad, en el campo, donde los árboles verdes reinaban y había un enorme granero y una casa pequeña. Ella se quedó maravillada, y aunque ninguno de los dos dijo algo relevante durante el viaje, Sasuke se pasó todo el día junto a ella, con su arma apuntándole.

Ino se recostó en el césped, jugó con un balón, comió moras de un árbol, caminó por todos lados, inspeccionó la casa; se quedó quieta, amordazado, y callada mientras él preparaba carne asada y pollo, y cuando la comida estuvo lista y Sasuke pudo de nuevo sostener el arma, la soltó.

Sabía que no era necesario tener el arma apuntándole en todo momento, pero no quería que ella supiera que no le preocupaba.

Por la noche, ya en la ciudad y antes de dormirse, Ino dijo, con voz suave:

—Gracias.

Sasuke suspiró y se quedó dormido al instante.

Esa noche fue diferente a las demás. Esa noche la chica se volvió a recostar sobre su torso desnudo y los dos durmieron así hasta que amaneció. Sasuke notó como Ino se despertaba, desconcertada y moviéndose con cuidado para no despertarlo también a él, pero él solo fingió seguir durmiendo. Se quejó en voz baja con algo como "¿Cómo rayos llegué a sus brazos?" y después se metió en el baño. Él aprovechó para salir y vestirse, regresando con un platillo de Hotcakes y chocolate con leche que había comprado la noche anterior, regresando del campo, y lo dejó en la mesita de noche. Ino salió de la ducha casi desnuda y con el cuerpo húmedo.

—Lo siento— dijo, cubriendo sus pechos con la camisa gris y dándose la vuelta— Escuché que habías salido pero no te escuché entrar.

—No importa. Traje tu desayuno.

—Gracias— murmuró, terminando de abrocharse la prenda. Tomó el bote con la malteada de chocolate y le dio un sorbo.

— ¿Todos los secuestrados tienen este tipo de comidas?— preguntó.

—No— contestó él, sin nada más. Y no porque no quisiera hablar, si no porque las piernas expuestas de la muchacha no lo dejaban concentrarse. Su pechos se marcaban ligeramente a través de la fina tela de camisa y sus muslos blancos y tentadores se mostraban seductoramente cada vez que algún movimiento levantaba la prenda. Entonces perdió el control de su cerebro de nuevo. Caminó hasta ella, sin poder evitar colocar sus manos sobre sus muslos desnudos para subir bajo la tela hasta la pequeña cintura y la atrajo hacia él, juntando sus labios y acariciando todo lo que podía de esa piel fresca, suave y húmeda.

—Ya no tengo el valor de estar separado de ti— murmuró, recargando la frente sobre la suya— Ino, esto está muy mal, pero me he enamorado de ti. Y jodí todo mi trabajo. Y jodí el trabajo de mis compañeros. Y ni siquiera puedo creer que sea verdad. Pero es insoportable. Es insoportable esta… cosa en mi cabeza. Y ya no puedo vivir con esto— admitió, acariciando la suave piel de sus glúteos.

Los ojos azul-verdosos de la chica examinaron los suyos por un momento, y luego colocó sus manos sobre su pecho y lo apartó.

—Sasuke, escucha, me gusta que duermas conmigo porque me siento segura; sé que no dejarás que me hagan nada. Me gusta que me beses porque nunca antes nadie me había besado. Pero… pero esto está mal y tú lo has dicho. Yo… yo no puedo quererte. No podría querer nunca a alguien que me ha hecho tanto daño y… y sinceramente… Quizá en realidad te odio— sus palabras hicieron que la sangre abandonara su cuerpo; lo habían dejado helado— Te odio por quitarme mi libertad. Por tenerme aquí. No puedo con esto, Sasuke. No puedo sentir nada más por ti.

Él asintió, turbado, y se largó del lugar.

No se dio cuenta que había tomado las llaves de la motocicleta hasta que el viento se quebraba ferozmente contra su pecho y rostro.

Nunca antes en la vida había hablado de sus sentimientos, y cuando al fin había decidido hacerlo recibía una bofetada. Una bofetada justa y merecida.

Y no quería volver a sentirla.

En ese momento no quería volver a verla; no quería volver a ver a Ino Yamanaka. Nunca.

Dentro de él se encontraba un sentimiento abrazador y profundo, que amenazaba por salir por sus ojos en forma de lágrimas, algo que jamás había sentido, algo que le hacía sentirse el hombre más débil del mundo.

No fue hasta que cayó la noche que detuvo su motocicleta. Entró a la casa de Mei, quien lo miró, desconcertada.

—Voy a tener visita en dos horas— le dijo antes de tomarlo entre sus brazos. Como ya lo sabía, los labios de Sasuke estaban prohibidos para ella, pero los suyos seguían curiosos en su cuello y pecho. Y lo único que Sasuke hizo, y para lo único que tenia cabeza, fue quitarse el pantalón, subir su corta falda y penetrarla con violencia.

Pero aún con eso, aún cuando el sexo era lo único que lograba calmarlo en momentos difíciles, no pudo sacarse las palabras de aquella niña de la cabeza. No funcionó, y tuvo que salir de Mei sin terminar y sin dejarla terminar a ella, dejándola enojada, pero no le importó.

Subió a su Ducati y se largó de nuevo, deseando poder tener un lugar en donde desquitar todo ese coraje. Amaba sentir el viento rompiéndose en su pecho, pero pronto tuvo que detenerse a cargar gasolina.

Esa noche no durmió en la casa. Pasó la noche en un motel, solo, sin poder dormir. Por la mañana, después de un café negro, reunió el valor para regresar a su casa, Aunque perdió medio día en el trayecto, tomando más calles de las que debía y dando demasiadas vueltas, por fin regresó, encontrando dentro a Obito, Juugo y Suigetsu.

— ¡Por fin llegas!— exclamó Suigetsu, haciéndole fruncir el ceño.

—Los planes se atrasaron una semana; estoy jodidamente muerto aquí— se quejó, en el mismo tono.

—La chica está preguntando por ti desde ayer— le informó Juugo con su voz calmada, haciéndole encogerse de hombros.

— ¿Por qué pregunta por ti?— volvió a preguntar Suigetsu con su irritante voz.

—Porque soy la única persona que reconoce después de que pasé mas de una maldita semana entera con ella, dándole comida y agua.

—No discutan— la voz de Obito resonó en la habitación, seria y tranquila— Chicos, estamos a pocos días de lograr nuestro mayor objetivo. Guardemos todo nuestro coraje para la misión— Después de una larga mirada asesina entre Suigetsu y Sasuke, Obito volvió a intervenir:— Suigetsu, Juugo, tenemos cosas que hacer, y debemos pasar por Karin. Ya Sasuke puede hacerse cargo.

El aludido lo miró, prácticamente matando sus planes con la mirada.

—Es el último día— anunció su primo— Solo hoy los necesito a ellos tres juntos, a partir de mañana podremos poner en marcha lo nuestro. Solo hoy. Sasuke asintió, sin poder revertir los planes y dejando que se marcharan. Pensó en abandonar la casa en cuanto se fueran, pero recordó las palabras de Juugo: "Ha estado preguntando por ti".

Durante un rato se debatió entre si pasar o no, pero la curiosidad terminó ganando. Cuando entró en la habitación, Ino se tensó en su cama, pero volvio a relajarse en cuanto lo vio. Su labio estaba inflamado y tenía un golpe en la mejilla. Sasuke la observó lo suficiente como para darse cuenta, pero no tanto como para que ella creyera que le importaba. La ignoró y caminó hasta sentarse en el sofá, cómodamente, a pesar de que por dentro aún le hervía la sangre.

—Oye— lo llamó ella desde la cama— Necesitaba hablar contigo.

Sasuke giró el rostro para mirarla, inexpresivo. Ella se puso de pie y se paró frente a él.

— ¿Estás enojado?— preguntó; Sasuke cerró los ojos y recostó la cabeza en el brazo del sofá— Oye, tienes derecho a estar molesto conmigo. Yo estoy molesta conmigo— él la dejó continuar, sin enderezarse— Lo dije mal. Lo dije muy mal antes. Y me arrepiento.

Un silencio se apoderó de la habitación.

—Está bien, aunque no quieras prestarme atención vas a escucharme. Mira, estoy molesta, ¿sí? No puedes ir por la vida secuestrando personas y después soltándoles que te enamoraste de ellas y esperes que te den un beso en los labios y un ramo de flores, ¿de acuerdo?

Sasuke bufó, y, por más que se esforzó, no pudo evitar que se formara sonrisa en sus labios. Con las palabras tan tontas de Ino obligó a su cerebro a dejar atrás el último rastro de orgullo que le quedaba y abrió los ojos para mirarla.

—El punto es, Sasuke, que me tienes secuestrada. Que soy una humana y siento dolor. Y no quiero estar aquí. Y me desespero estando encerrada en una habitación. Y extraño a mi familia y a mis amigos. Y seguro ellos lo están pasando mal. El punto es que no puedo sentir nada más por ustedes, Sasuke. Que no debo sentir si quiera compasión. Solo quiero que esto acabe.

Ella siguió mirándolo a los ojos. Sus ojos azules parecían brillar un poco más cada que hablaba, y aunque su labio inferior estaba ligeramente deformado por la hinchazón, era hermosa.

—Pero… pero nada sale como yo quiero que salga— masculló, bajando la cabeza— Por alguna razón yo siento esto en mi pecho cuando estoy contigo. Y… y por mas que no quiera sentirlo… ahí esta.

Sasuke reaccionó y volvió a mirarla, atónito. Por fin su cerebro entendía lo que quería entender, sus oídos escuchaban lo que querían escuchar y su corazón sentía lo que quería sentir.

—Ven aquí— la llamó, haciendo que se sentara junto a él. Tomó sus manos entre las suyas y no habló hasta que sus ojos encontraron los suyos— Lo siento— dijo, mordiéndose la lengua con nerviosismo— Solo estabas en el lugar y momento equivocado. No quiero hacerte daño.

—Lo estás haciendo— admitió la chica, bajando la mirada y presionando sus manos ligeramente— Pero puedes dejar de hacerlo. Puedes dejarme libre.

—No puedo hacer eso— replicó Sasuke con firmeza— Si… si yo estuviera solo ya no estarías aquí, pero no lo estoy. Y siento más seguridad si te tengo cerca que si te dejo libre. Ni Karin ni Suigetsu usan bien el cerebro, y digamos que les has dado molestias desde que te tenemos con nosotros. Querrán desquitarse. Y no puedo permitirlo.

—Sí, eso ya me quedó claro.

Sasuke llevó su mano izquierda hasta su mejilla, colocándola en donde estaba el golpe, y con el dedo índice derecho acarició su labio inflamado.

— ¿Te duele?

—Ya no tanto. Se siente bien cuando tú lo tocas.

Sigo acariciando su mejilla y su labio. Y entonces, muy lentamente y con cuidado, se inclinó para besarla. Movió lo más despacio que pudo sus labios entre los suyos para no lastimarla y se separó de ella. La miró a los ojos e Ino esbozó una amplia sonrisa.

—No se como hemos llegado a esto. Pero seguro que si alguien se entera se moriría de risa. Esto es de locos...

—Ni lo dudes— aceptó— Pronto terminará todo esto, Ino. Solo unos días más; tendremos nuestro dinero y te dejaremos libre.

Ella se quedó callada y después de sonreír con tristeza dijo:

—No importa, de todas formas, si llego a salir de aquí…

—Cuando salgas de aquí— la corrigió.

—Bien, cuando salga de aquí… no tendré adónde ir. Está bien tener todo este tiempo para pensar.

— ¿Cómo que no tendrás a dónde ir? Tienes a tu familia y…

— ¿Mi familia? ¿Para qué? ¿Para que mi padre me interne en una estúpida escuela de la que nunca podré salir?

—No te preocupes por eso, lo ves así ahora por que crees no tener salida. Pero cuando salgas de aquí, todo quedará atrás. Te librarás de nosotros para siempre.

Después de una larga mirada Ino murmuró:

—No sé si quiero librarme de ti— bajó la mirada mientras acariciaba la palma de las manos y los dedos de Sasuke con sus pequeñas manos.

—Si quieres— dijo él, separando sus manos abruptamente— quedaré solo como una pesadilla en tus recuerdos. Una pesadilla que se olvidará con el tiempo.

Ino negó con la cabeza y desvió el rostro una vez más, soltando un ligero sollozo que estremeció a Sasuke.

—Oye— la llamó, haciendo que volviera a mirarlo— Lo... Lo lamento. Lo siento mucho.

Ella esbozó una ligera sonrisa, recostándose en el sofá, sobre su cuerpo. El reloj marcaba la una y media de la tarde.

— ¿Tienes hambre?— preguntó Sasuke.

—Sí.

— ¿Te gustaría comer en el campo? En la bodega de mi padre…

—Sí— respondió al instante, enderezándose— ¿Me llevarías de nuevo?

—Claro— dijo él, poniéndose de pie— Voy a preparar las cosas.

"Preparar las cosas" se refería a las mordazas, las esposas y las armas.

Ino se recostó en silencio en los asientos traseros, prometiendo que no emitiría ningún sonido si no le ponía la mordaza en la boca. Sasuke aceptó y se sentó tras el volante, poniendo el coche en marcha.

Llegaron a la bodega en un par de horas; lo que al joven Uchiha más le gustaba de ese lugar era que tenía tantos árboles que en un momento podría llegar a ser claustrofóbico. Y si alguien no conocía bien el lugar, no sabría cuál camino lo llevaría a la carretera.

Bajó del coche y ayudó a Ino a bajar; le quitó las esposas y por último le devolvió la vista. Lo primero que ella hizo fue inhalar profundamente.

— ¿Te gusta mucho este lugar?— le preguntó, caminando por el césped seco que llevaba a la pequeña casa. Sasuke sujetó su arma, sin cuidado, no le preocupaba que intentara hacer una estupidez.

—No— respondió, y era verdad. Ese lugar le traía malos recuerdos, no era la primera vez que una víctima era llevada a esa bodega, pero sí era la primera vez que la víctima hablaba y tenía permitido andar "libre" por el lugar.

— ¿Y por qué me trajiste aquí?

—Porque es un lugar donde puedes estirarte un rato y no corro peligro de que hagas una estupidez. Estamos lo suficientemente alejados de la civilización así que nadie escucharía tus gritos. Y si llegaras a escapar, terminarías perdida en el bosque.

—Vaya— suspiró la chica— Y yo que pensé que esto era algo… romántico.

Sasuke esbozó una sonrisa. A veces no sabía si Ino solo bromeaba o de verdad su cerebro era capaz de pensar cosas tan idiotas.

Lo peor era que, de una forma retorcida, le gustaba.

La adolescente caminó hasta el campo frontal a la pequeña casa, del otro lado de la gran bodega. El césped de allí era verde y fresco. Cruzó el campo y llegó hasta la bodega, con Sasuke detrás de ella. En la puerta del lugar había un gran tractor de color verde, y por un momento creyó que eso le había llamado la atención a Ino, pero no. La chica tomó el balón de baloncesto que estaba dentro, sobre una repisa y después se dirigió al costado de la bodega, en donde había una vieja canasta y un piso de concreto lo suficientemente grande para servir como una verdadera cancha profesional. Rebotó el balón e hizo el primer tiro, encestando.

— ¿Sabes jugar?— le preguntó Sasuke, divertido.

—Era parte del equipo de la escuela.

— ¿Jugamos?

Ella se encogió de hombros y le lanzó el balón. Su mirada "asesina" le sonsacó una sonrisa. Dejó caer el arma en el suelo, antes le quitó los cartuchos y los guardó en sus bolsillos.

Por un momento había creído que una chica tan pequeña no sabría manejar un balón, pero Ino Yamanaka era mucho más veloz que él, y por primera vez alguien pudo darle guerra en el baloncesto.

—Juegas bien— le dijo cuando estuvo demasiado cansado y sudado para continuar.

—Tu altura te favorece, pero eres torpe— respondió Ino.

Sasuke chasqueó la lengua y tomó el arma del suelo.

—Debo tomar una ducha— anunció al percatarse de lo adherida que estaba la camiseta a su torso por el sudor.

—Yo también— dijo Ino.

—Solo hay un baño en la casa, vamos. Antes de que se haga más tarde.

El sol aún brillaba en el horizonte, amenazando con ocultarse al fin; el trayecto a la ciudad era de alrededor de dos horas, y sabía que probablemente pronto regresarían todos a la guarida y no los encontrarían. Y eso sería muy malo.

En la pequeña casa de concreto había solo tres habitaciones: una cocina, sala y un cuarto para dormir, ahí estaba el baño. Todo tenía servicio y estaba, si no en buenas condiciones, al menos funcionando. Sasuke se quitó la camiseta húmeda en cuanto entraron al baño y se recargó en la pared.

— ¿Qué?— preguntó al darse cuenta de la mirada de Ino sobre él.

— ¿No vas a ducharte?— inquirió la chica.

—Tú primero— ordenó, tomando el arma con sus dos manos.

— ¿Para que tú puedas verme desnuda?— sonrió, seductora— Como quieras.

Ino se desabrochó la camisa hasta la mitad y colocó sus manos sobre la pretina con movimientos lentos e incitantes.

—Rápido— ordenó Sasuke, desviando el rostro cuando ella lo miró con una ceja alzada— Aquí cortan el agua por las tardes. Y no hago esto porque quiera mirarte.

La muchacha asintió de nuevo y le dio la espalda.

—Oye, pensé que… que podríamos bañarnos juntos— masculló, ruborizándose. Sasuke la miró; su rubor le hizo sonreír.

— ¿Estas bromeando?— preguntó.

—No— respondió ella, elevando la mirada— Quiero decir, solo bañarnos. Y bueno, podríamos apresurarnos y el baño es bastante grande y…

—Hazte a un lado— le ordenó, silenciando sus comentarios absurdos y nerviosos. Dejó caer sus pantalones con facilidad y con ligeros movimientos se deshizo de su ropa interior. Giró la llave del agua y las gotas cayeron feroces sobre su pecho, frescas y relajantes. Sasuke cerró los ojos, metió la cabeza dentro y dejó que el agua humedeciera su cabello.

— ¿No vas a entrar?— le preguntó a Ino cuando tomó la barra de jabón y se apartó del agua. El rubor de la chica desapareció en cuanto sus manos entraron en el agua— No piensas ducharte vestida, ¿verdad?— preguntó, colocando jabón en su cabello y frotándolo. Sintió la espuma bajando por su frente y cerró los ojos automáticamente. Al poco tiempo escuchó como la chica se quitaba las últimas prendas y como el agua se rompía sobre su cuerpo.

—Toma— le entregó la barra de jabón y entró en el agua con los ojos cerrados, dejando que ésta se llevara la espuma, y solo abrió los ojos cuando pudo liberarse de ella. Ino estaba en la esquina a su derecha, frotando su cabello rubio y largo con sus manos blancas.

Su cuerpo era sumamente delicado, y su feminidad se demostraba en todas parte de el. Sus pechos, grandes y turgentes, su abdomen plano y firme, sus hombros pequeños y sus piernas largas y estilizadas.

Al verla, Sasuke tuvo que concentrarse demasiado en que no se le formara una erección. Su miembro amenazaba con endurecer y crecer, y estaba libre, y eso no era nada bueno. Se sintió patético al tener que pensar en una vaca comiendo pasto para que no se le formara una erección y quedara como un pervertido. No sabía si Ino se sentía excitada con él, pero ella parecía controlarlo bien.

Sus pechos se movían con cada uno de sus movimientos. Tenían el tamaño ideal para su cuerpo.

"No Sasuke. No la mires", se dijo a sí mismo. "Concéntrate. Vacas comiendo pasto. Vacas comiendo pasto. Vacas comiendo pasto".

Esa era, sin duda, la ducha mas incómoda que hubiese tenido en toda su vida.

Al demonio.

Sin decir palabra se acercó a ella por detrás y tomó el jabón de sus manos. Ino se quedó muy quieta en cuanto sintió su miembro contra la parte baja de su espalda, pero lo dejó hacer. Con esa autorización, Sasuke llenó sus manos de jabón y comenzó a pasarlas por sus pechos con suavidad, moviéndolos en pequeños círculos. Fue bajando con movimientos lentos por su abdomen, y su mano derecha recorrió su cuerpo, tan suave, tan cálido, hasta llegar a sus muslos. Ella gemía en voz baja. Él contenía sus jadeos. Sasuke acarició la cara interna de sus muslos, apenas rozando su piel con la yema de sus dedos. Lentamente llegó a su sexo, desde donde el agua bajaba hasta sus piernas.

Lo encontró caliente. Ino abrió ligeramente las piernas y él aceptó la invitación y sus dedos acariciaron su centro.

—Umm... Sa-Sasuke...

Él gruñó por lo bajo y le masajeó los pechos con su mano libre mientras la otra siguió en su pubis, torturándola con sus movimientos lentos, hasta que la punta de sus dedos se colaron entre sus cálidos labios. Los ojos de Ino se entornaron y sus labios, resecos, se entreabrieron. Los dedos de Sasuke bajaron lentamente hasta llegar a su mojado sexo femenino, y cuando su dedo corazón empezó a deslizarse dentro, Ino cerró los ojos y gimió de placer.

— ¡Sasuke!

Él sonrió de lado y dirigió sus manos entre sus piernas, haciéndola gemir con más fuerza y tensarse, juntando las rodillas. Ino gimió y se retorció entre sus brazos, llevando las manos hasta su nuca para acariciarlo mientras le daba placer. Empezó a masturbarla con suavidad, lentamente, disfrutando de sentirla tensándose ante el placer que él le daba. No le importaba su propio placer; sólo deseaba complacerla. Con su otra mano se las arregló para seguir acariciando sus pechos turgentes, adornados por dos duros pezones en los que trazaba círculos a su alrededor. La chica gemía cada vez con más fuerza, mecía sus caderas y Sasuke la sentía temblar, tensarse, arquear su espalda contra su pecho. Ella se estaba corriendo gracias a sus caricias, y eso era algo tan maravilloso, tan bonito, tan distinto de los lascivos pensamientos que lo habían consumidos días atrás, que no podía ver nada sucio ni malo en ello. Sólo sentía que el amor que sentía por ella se manifestaba de una manera especial.

Su orgasmo fue largo. Luego su cuerpo se relajó. Sus manos viajaron hasta su cuello y allí se quedaron.

—Sasuke.. Umm...

Ino explotó entre sus dedos, relajando su cuerpo. Sasuke retiró su mano y la abrazó con más fuerza, pegando su miembro a la pequeña espalda hasta que él también estalló, contra sus nalgas firmes y torneadas, ahogando un grito sobre la húmeda piel del hombro de la chica, haciendo que el agua, que en ningún momento dejó de caer sobre ellos, se llevara todos los restos de su esencia por la coladera. Le dio la vuelta y besó apasionadamente mientras la ducha seguía limpiándolos a ambos.

Cuando terminaron, cerró la llave y le alcanzó una toalla limpia, anudándose una a la cintura mientras salía del baño antes de que se le formara otra erección. En el pequeño closet de la habitación había ropa suya; su padre le había enseñado a tener ropa limpia en todos lados, pues nunca sabían cuando iban a terminar llenos de sangre, y la manchas de sangre eran muy difíciles de quitar, así si tenían sangre de una víctima, quemaban la ropa y se ponían nueva.

Entró en un pantalón sin ropa interior y se puso una camiseta negra. Buscó ropa para Ino, pero todo era demasiado grande, hasta que encontró unos pantalones de algodón con elástico y una camisa no tan grande, pero aun así la muchacha parecía estar nadando en el atuendo.

—Tenemos que irnos— le dijo en cuanto notó la puesta de sol por la ventana.

Ino parpadeó y lo miró, bajando la vista completamente avergonzada, seguramente por lo que los dos acababan de hacer bajo la ducha.

—Está bien— respondió.

Sasuke se acercó a ella y la besó antes de colocarle las esposas, la mordaza en los ojos y subirla al coche. Esa vez ella se sentó en el lugar del copiloto.

Llevaban una hora en carretera cuando recibió la llamada de Obito.

— ¡¿En dónde demonios estás?!— le gritó al otro lado del auricular.

—Descuida, ya voy para allá— lo tranquilizó— Tenía cosas que hacer y me traje a la chica conmigo.

— ¿Te llevaste a la chica?

—No iba a dejarla sola. No sabia cuando regresaría y ustedes ni siquiera estaban cerca.

— ¿Qué era tan importante?

—Ya nada. Tranquilo, tiene cloroformo.

—Bien, date prisa.

Y colgó.

El resto del viaje la pasaron en silencio. Cuando se acercaron a la casa, miró a Ino y le dijo:

—Lo siento, pero voy a tener que ponerte cloroformo. Les dije que venías dormida.

—Está bien, en realidad, quiero descansar un poco— sonrió ella, ruborizándose un poco.

Sasuke sacó las cosas y en cinco segundos Ino cayó dormida. La cargó en sus brazos y entró en la casa.

Karin, Suigetsu, Juugo y Obito se quedaron mirándolo sin levantarse para ayudarle. Recostó a Ino en la cama y le dio un beso en la frente.

— ¿Para qué soy bueno?— les preguntó al regresar con ellos a la sala.

—Necesitamos poner ya todas las cartas sobre la mesa— dijo Obito— Alístate, nos quedan menos de tres días. El plan tiene que estar completamente listo.

Él asintió; se puso ropa limpia y volvió a unirse a ellos.

—Hoy no dormiremos aquí— le avisó el otro Uchiha.

—¿Y la chica?— preguntó.

—Se las puede arreglar para pasar una noche sola. Además, habías dicho que es imposible que se escape— le soltó Suigetsu, logrando que lo fulminara con la mirada.

—Bien, solo tengo que ir por mi teléfono— mintió, y se dirigió a la habitación de Ino. Ella no estaba a la vista, pero escuchó sus movimientos en el baño; la cantidad de cloroformo y el tiempo que lo sostuvo junto a su nariz solo había servido para dormirla unos minutos. Sasuke esperó un momento hasta que salió, asustándola con su presencia.

—Deberías aprender a avisar que estás aquí— se quejó.

—Lo siento. Oye, voy a dormir fuera esta noche. No habrá nadie en la casa— Ino se le quedó viendo sin emitir sonido alguno— ¿Está bien?

—Sí, sí— dijo por fin— No te preocupes.

—Bien. ¿Tienes hambre? ¿Quieres que consiga algo para que comas?

—No, no en realidad, estoy bien. Gracias.

—De acuerdo.

—Oye… ¿Tienes más cloroformo? Hubiera preferido dormir toda la noche, pero ya no causa el mismo efecto en mí.

—No puedes ponerte cloroformo para dormir.

—Por favor, solo así puedo lograrlo si…

— ¿Sí qué?

Ino bajó la mirada, mordiéndose el labio inferior.

—Olvídalo. No es importante; ve, estaré bien.

Sasuke la besó con fiereza y se alejó. Pasó por su mente dejar el bote de cloroformo, pero su sentido común le dijo que no lo hiciera. Así que lo cerró y salió de la habitación.

— ¿No encontrabas el teléfono?— le preguntó Suigetsu en cuanto entró.

—La chica estaba despierta— dijo rápidamente, agitando el bote de cloroformo en su mano— La puse a dormir.

—Excelente. Larguémonos de aquí.

oOo


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Continuará...

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N del A:

Al fin el tercer capítulo.

Gracias por leer.

Nos leeremos pronto!

Saludos,

H.S