Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, como tampoco el argumento de éste fic, que es pura y exclusivamente propiedad de ale Cullen Patt, quien muy gentilmente me permite hacer esta adaptación de su fic "Secuestro".
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El Secuestrador
Capítulo 4
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El equipo completo llegó a la bodega a mitad de la noche, haciendo que ir hasta allí no sirviera de nada, pues Obito y los demás estaban demasiado cansados para trabajar, por lo que decidieron descansar. O al menos Sasuke lo intentó, pero no pudo.
Era frustrante, pero al cerrar los ojos solo podía pensar en que Ino podría despertarse y él no estaría ahí. Y ella no dormiría. Y él no dormiría; no podía dormir en ese preciso momento.
Soltó un bufido y se dio vuelta sobre la cama, pensando en la pérdida de tiempo que había sido ir hasta allí en lugar de haber pasado la noche con Ino y salir en la mañana.
Odiaba cómo le hacía sentirse pensar en eso, y así se pasó la noche entera, entre gruñidos y sensaciones molestas en el estómago.
No fue sino hasta las 10 de la mañana cuando por fin pusieron manos a la obra.
Sasuke terminó su parte demasiado rápido. La mayoría de las cosas ya estaban en su cabeza y siempre iba un paso delante de los demás.
Por eso, cuando Obito habló con él sobre dejarlos solos esos últimos días, no se opuso.
—Es que contigo no necesito estudiar nada, Sasuke. Ya lo sabes todo, es como si tú y yo fueramos parte de un mismo cuerpo; igual que con Jūgo— dijo— Pero Karin y Suigetsu… necesito entrenarlos muy bien. Un error de ellos nos podría costar la vida a todos. Sabes que no me molesta que andes por aquí, pero soy consiente de la situación entre ustedes. El ambiente es tenso, ni tú estas a gusto con ellos dos a los lados; Suigetsu te odia y Karin se distrae con mucha facilidad cuando intenta llamar tu atención. Somos un gran equipo, pero lo que ahora más necesito es que ellos estén concentrados. Y tú… bueno, no te digo que seas la niñera de la chica, puede arreglárselas sola, pero, si necesitas tiempo para ti, tu propio entrenamiento o lo que sea, eres libre de hacerlo. Solo te pido que seas paciente.
Sasuke escuchó atento cada palabra, asintiendo cada vez que oía alguna verdad; cuando su primo terminó de hablar, frunció el ceño, intentando esconder la sonrisa que bailaba en sus labios, y se cruzó de brazos.
—Como sea— respondió, intentando fingir molestia— Tampoco quiero que estos idiotas lo arruinen.
—Bien, entonces, concéntrate Sasuke-kun. Estamos a solo días de lograrlo.
—No te preocupes por mí. Sé qué es lo que tengo que hacer.
—No, no me preocupo.
Su primo palmeó su hombro antes de marcharse por donde había llegado, indicándole que podía regresar a casa.
Sasuke se despidió con una seña perezosa e hizo uso de todo su autocontrol para no correr hasta el auto. De pronto se sentía animado, y no sabía porqué. Sin embargo, acabó por deducir que tal vez era el hecho de que en poco tiempo haría su mayor movimiento. Debía ser eso.
Aún no había pensado lo que haría con el dinero; casi nunca lo hacía antes de obtener su parte, consciente de que podía suceder cualquier cosa en el medio.
En cuanto sus manos tocaran ese dinero, comenzaría a hacer planes.
Mientras conducía a través de la ciudad se paró frente a un semáforo y miró a su alrededor, distraído. Entonces reconoció el lugar y se llevó una leve sorpresa al hacerlo.
Recordó la primera vez que Obito le había ordenado seguir a la hija del empresario Inoichi Yamanaka; había sido en esa misma esquina que la había encontrado, acompañada de varios amigos. Con los días Sasuke descubrió que en esa calle estaba su restaurante favorito, y que al menos dos veces a la semana, después de clases, se reunían allí. Ella siempre pedía un refresco de dieta y una ensalada, pero también le gustaba la barbacoa.
Y para cuando se dio cuenta estaba frente a aquel lugar, ordenando cincuenta piezas de barbacoa con diferentes salsas, una ensalada y dos refrescos de dieta. Pagó la cuenta y al voltear para salir se detuvo un momento al reparar en un hombre pelirrojo que estaba sentado en la mesa donde Ino siempre se sentaba con sus amigos, con la mirada perdida en algún punto de la calle. Lo reconoció al instante; era uno de los guardaespaldas de Ino.
Y de repente, el hombre pelirrojo desvió la vista y la enfocó en él; Sasuke inconscientemente se llevó una mano a la cintura, donde escondía su arma, pero el otro hombre solo lo pasó por alto, observando el resto del restaurante con indiferencia. Entonces el joven Uchiha suspiró y se apresuró a salir del lugar como si nada hubiera pasado y se metió en su coche antes de comenzar a parecer sospechoso.
Llegando a su casa puso todo lo comprado en la mesa y, soltando un profundo suspiro, entró en la habitación.
Ino estaba de pie, evaluando las paredes.
— ¿Qué haces?— le preguntó Sasuke cuando se dio cuenta de que no le prestaba atención.
—Trato de averiguar que podría poner ahí.
— ¿En la pared?
—Así es. ¿Te molestaría si decorara tu casa?
—No… no lo creo. ¿Tienes hambre?
—Un poco, sí— respondió la chica— Son las seis de la tarde y no he comido nada aún.
Sasuke chasqueó la lengua.
—Traje carne de Barbacoa Q. ¿Te gusta? Sé que es tu restaurante favorito.
—Por supuesto que sí— su mirada brilló de emoción— ¿Pero cómo sabes eso?
—Porque te seguí durante semanas— contestó Sasuke, sin darle importancia. Ino, por su parte, frunció el ceño— ¿Qué?
—Oh, nada. Supongo que en tu mundo es muy normal seguir a las personas.
— ¿En mi mundo? Por supuesto— respondió, entre divertido y burlón, y la chica pronunció su ceño fruncido— ¿Cómo crees que te secuestramos entonces?
—Buen punto— Ino le sonrió con algo de amargura y desvió la vista, soltando un profundo suspiro— En verdad tengo hambre.
—Traeré las cosas para comer juntos.
—Está bien... ¡Oye!— ella lo llamó antes de que saliera por la puerta, haciendo que volteara— He estado pensando en cómo decírtelo y en realidad no encuentro una buena manera de hacerlo…
— ¿Qué?
La muchacha bajó la cabeza y se mordió el labio inferior con indecisión, haciéndole sonreír levemente ante lo inocente que se veía de esa forma.
—Sí, bueno, sé que no debo pedir nada, y es suficiente con que me tengas encerrada en ésta habitación, digo, evaluando la situación. Pero estoy de verdad desesperada y aburrida y si pudieras… prestarme una televisión, eso sería estupendo.
A Sasuke le hizo gracia esa mirada de pena en su rostro, tan distinta de todas las otras que la había visto esbozar desde que la conocía.
— ¿Te gustaría salir a la sala y mirar la televisión ahí?
— ¿De verdad?
Él se encogió de hombros.
—No hay nadie, y dudo mucho que vengan pronto.
—Pues…
—Solo promete que no harás ninguna estupidez. Ya sobreviviste a demasiado como para que ahora termines muerta en mi sala. Además, la alfombra es cara.
Ino sonrió, de esa manera en que hacía que el corazón de Sasuke se acelerara.
—Lo prometo.
—Bien. Andando.
Sasuke la sacó de la habitación sin ninguna vacilación, percatándose de su mirada curiosa alrededor de la casa.
—Pensé que estaríamos en una pocilga— la oyó murmurar.
—Esta era la casa de mi padre— comentó después de unos segundos, sentándose en la mesa para sacar la comida mientras le entregaba el control remoto de la televisión que estaba frente a ellos. Ino se sentó junto a él, viéndolo ordenar los platos antes de entregarle el suyo.
— ¿Refresco de dieta?— le preguntó, y a Ino le brillaron los ojos.
—Gracias.
— ¿De uva o fresa? No sabía exactamente cuál de los dos es tu preferido porque siempre cambiabas, así que traje de los dos.
— ¿Todo eso solo por mí?— inquirió ella, divertida— Y yo que pensaba que eras un insensible...
Y Sasuke bajó la mirada.
—Cierra la boca y come.
Terminaron de comer en silencio e Ino dudó durante un gran rato en si podía sentarse en la sala o no, así que la condujo él mismo hasta ahí y ambos se sentaron en el mismo sofá.
Sasuke recostó la cabeza en el respaldo y cerró los ojos, escuchándola cambiar de canal. Ino lo dejaba en algún canal durante un rato, y volvía a cambiar.
—No puedo creer que olvidé la Semana de la Moda en Milán— murmuró para sí misma en un suspiro— Se suponía que mis amigas y yo compraríamos la nueva colección antes que nadie...
—Lamento haberte secuestrado, debí haber esperado hasta que regresaras de esa cosa— murmuró, sin ganas en realidad, sintiendo la mirada de Ino sobre él, pero no abrió los ojos.
—No. Quiero decir, hubiera preferido no ser secuestrada, pero ahora pienso que lamentarme por eso es una estupidez cuando no sé si saldré con vida de todo esto— se quejó— En fin, espero lograrlo.
—Lo harás. Ya te dije que en cuanto todos tengamos el dinero nos vamos a largar de aquí y podrás volver a tu vida de lujos, e irte adónde te plazca.
Ino se quedó callada y siguió cambiando los canales. Finalmente, lo dejó en las noticias y prestó atención cuando una fotografía suya apareció en la pantalla, y luego a su padre hablándole a las cámaras.
Para cuando cayó la noche Sasuke había comido barbacoa por lo menos unas tres y seguían viendo la televisión.
Sabía que debía estar aburrido o hastiado, pero no lo estaba.
Cuando el noticiero nocturno terminó, Ino apagó el aparato rápidamente.
— ¿Qué?— le preguntó Sasuke en cuanto se giró a mirarlo.
—Nada— murmuró, desviando la vista— Es sólo que... Mi padre. Se veía tan...afectado.
—Es lo normal. Es tu padre y te quiere.
Ino lo miró fijo, como reprochado sus palabras.
—Si me quisiera no me hubiera arrebatado a mi madre, ni me hubiera encerrado en esas escuelas todos esos años.
Sasuke volvió a chasquear la lengua.
—Han estado así por días— dijo, refiriéndose al noticiero— Tu padre es alguien importante.
La muchacha se giró a verlo una vez más.
—Eso no es de mucha ayuda.
Sasuke gruñó, mostrándose de acuerdo.
—Además, no todos los días secuestran a la hija de una ex reina de belleza— añadió, recordando las noticias de días atrás— No sabía que tu madre era alemana.
—Lo era. Mi familia, en general, desciende de extranjeros.
—Hmp. Eso explica muchas cosas, como que tu cabello no tenga raíces.
Ino lo miró, alzando una ceja.
— ¿Creíste que lo pintaba?
Sasuke chasqueó la lengua, sintiéndose muy estúpido de pronto.
—No. Sí. Bueno, no sé. Me da igual.
— ¿Y crees que mis ojos son artificiales también?— preguntó la chica en un tono más sugerente mientras se arrimaba a él sobre el sofá. Sasuke tensó su cuerpo ante la cercanía, pero no se movió. Ino acercó sus rostros como si fuera a besarlo, pero se detuvo a solo unos centímetros de su boca— ¿Qué crees ahora?— preguntó, haciendo que su cálido aliento chocara tentadoramente contra su rostro.
No obstante, reaccionando a tiempo, pudo empujarla lejos y carraspear para recobrar la compostura.
—Quieta— advirtió, no porque no se le antojara volver a tocarla y besarla, pero no podía arriesgarse sin estar completamente seguro de que nadie de su equipo aparecería de repente.
Ino, por su parte, frunció el ceño, ofendida.
—Quiero ir a dormir— dijo.
Sasuke soltó un pequeño bufido y asintió, indolente.
—Bien, pensé que no lo dirías nunca.
—Oblígame, de todas formas, si tanto sueño tienes.
La fulminó con la mirada, pero en ese punto le resultaba imposible molestarse en serio con ella.
Caminaron hasta la habitación, Ino se metió a la cama y Sasuke hizo como que se marchaba.
— ¡Oye!— gritó la chica.
— ¿Qué quieres?— le espetó, con una molestia fingida.
— ¿No vas a dormir aquí?
— ¿Por qué rayos quieres que duerma siempre contigo?
Los ojos claros de la adolescente se entrecerraron mientras se recostaba en la cama.
—Bien— cerró los ojos y lo ignoró. Sasuke se quedó mirándola un momento, sorprendido por su reacción. No obstante, trató de salir de la habitación para darse una ducha y regresar, solo para que Ino no notara que le urgía meterse a la cama y necesitaba que ella estuviera ahí para poder dormir a gusto, pero cuando estuvo a punto de cerrar la puerta el grito de la chica lo hizo regresar, a una velocidad alarmante.
— ¡Sasuke!
— ¿Qué rayos?— preguntó, molesto por haber sido espantado de esa manera.
Ino giró los ojos, frustrada.
— ¿Puedes dormir aquí, por favor?— suplicó.
Sasuke esbozó una sonrisa y su mirada se volvió letal.
Quitó los cartuchos del arma y después se desvistió, quedando únicamente en ropa interior.
— ¿Qué?— le preguntó cuando se percató de su mirada— Si voy a dormir en una cama prefiero hacerlo con comodidad— y su cuerpo se sentía de maravilla cuando tocaba su piel desnuda, pensó.
Puedes esperar encontrar atracción en cualquier lado, puede estar preparado para encontrar a esa persona en cualquier lugar, y aun así, cuando lo haces, te sorprendes. Y es increíble la manera tan veloz en que caes en el abismo, o eso pensó durante toda la noche, mientras Ino, consiente o inconscientemente, durmió sobre su cuerpo.
Sorprendentemente las horas pasaban volando cuando estaba con ella. Aunque apenas eran capaces de tener una conversación, pero simplemente estando a su lado, era uno de esos momentos que no quería que acabaran nunca, pero por lo mismo, terminaban demasiado rápido. Su único consuelo por el momento fue que cuando despertó ella seguía ahí, a su lado.
No necesitaba estar concentrado en lo que él y sus amigos estaban a punto de hacer, no lo necesitaba. Sasuke sabía exactamente como actuar y qué hacer en caso de alguna contingencia. Esa parte de su cerebro que hacía planes y analizaba las situaciones sin que estuviera concentrado en eso seguía funcionando. Pero aun así, estando a un día del movimiento, se sentía extrañamente nervioso.
— ¿Qué te pasa?— preguntó Ino cuando no pudo estar demasiado tiempo sentado en el sofá de la sala.
—En estos momentos Karin está descomponiendo las tuberías del baño. Si todo sale como queremos, mañana por la mañana llamaran a la agencia de plomeros. Y todo comenzará.
—Parece que les gustó mi idea de las tuberías— dijo ella, orgullosa.
—Se me había ocurrido a mí aunque tú no lo hubieras dicho— replicó.
Ino le dio un manotazo en el hombro, haciéndole soltar una tenue risa.
En esos últimos días la relación que había surgido entre esa chica y él era tan reprobatoria que si su padre o compañeros la vieran, era consciente de que ambos estarían muertos.
Pero después de dormir tantas noches juntos, después de que esas últimas veces durmiera abrazada a él, después de besarla, después de ducharse juntos más de una vez (aunque no habían vuelto a tocarse) y después de terminar aceptando que sentía atracción por ella, era inevitable su comportamiento.
Y sabía que en pocos días ambos tomarían caminos separados y jamás iba a volver a verla.
Pero así tenía que ser; ella regresaría a su vida y él a la suya, y no es que no lo entristeciera la idea, pero estaba preparado para eso. De todas formas, cualquier otro camino sería imposible y en lugar de deprimirse, trataba de disfrutar esos últimos momentos con la chica que le había enseñado que podía seguir viviendo aunque se encontrara en una asquerosa situación de vida, en un laberinto sin salida.
— ¿Qué harás con tanto dinero?— le preguntó Ino, llamándole la atención para hacer que la mirara.
—No lo sé— respondió, torciendo los labios— No haré planes hasta que lo tenga todo en las manos.
Ino parpadeó, se encogió de hombros y se acomodó un poco más en el sofá.
—Digamos que, hipotéticamente, tendrás mucho dinero por cometer un crimen. ¿Qué harías con ese dinero?
Sasuke enarcó una ceja y le devolvió la mirada, analizando sus palabras durante un momento.
—Bueno, hipotéticamente, me largaría de aquí.
— ¿Y a dónde irías? Hipotéticamente— siguió ella, ladeando la cabeza.
—No lo sé— admitió, chasqueando la lengua— No he pensado mucho en eso.
—Oh, vamos. Debes haber pensado en algo... Umm... ¿América?
—No lo creo. Demasiados problemas— negó.
— ¿Europa? He notado que te gustan los castillos antiguos por los cuadros de tus paredes.
Esa vez Sasuke se lo pensó por un segundo.
—Podría ser. Tal vez Italia o Francia.
Ino elevó sus cejas rubias y sonrió de lado.
—Algún día yo también me iré lejos.
— ¿Hipotéticamente?
—No— negó con su rubia cabeza y se estiró sobre el mullido sofá con pereza— ¡Me largaré de aquí y nunca volverán a verme! ¡Sin mafiosos ni guardaespaldas! Seré solo yo, viviendo una vida normal como todo el mundo...
Sasuke la miró por el rabillo del ojos, ligeramente divertido por sus movimientos perezosos. Recibió una llamada y respondió al instante; Ino prestó atención.
—Ya está todo listo— anunció Obito al otro lado de la línea—. Desde mañana por la mañana Suigetsu estará interviniendo las llamadas del banco, estate al pendiente, en cuanto tomen el camión de plomería, nosotros entramos a la Subsecretaría. También arreglamos la entrega de la chica. Tenla lista.
—Bien.
Y la llamada finalizó.
Todo estaba listo.
Los gafetes falsos estaban listos, tenía el traje que llevaría guardado en el clóset. El coche estaba listo. Las explosiones estaban listas.
No había mucha seguridad en el edificio, así que sería fácil ingresar.
Todo el plan se transmitía en su mente como una película de suspenso
— ¿Quieres ir a dormir?— le preguntó Ino, y Sasuke se dio cuenta de que tenía los ojos cerrados.
—No creo poder dormir esta noche— admitió en un gruñido.
—Entonces… ¿Te importaría acompañarme? Necesito cerrar los ojos un rato.
—Está bien— aceptó.
Entraron en la habitación y cerró la puerta.
Ino empezó a alistarse para dormir y él apenas pudo mantener su cuerpo quieto.
—Ven— le pidió la chica, palmeando el espacio vacío a su lado.
Sasuke la contempló en silencio por un rato, luego se quitó la camiseta y entró en la cama.
— ¿Sasuke?
— ¿Hmp?
—Por la mañana, cuando te vayas, podrías ponerme cloroformo?
—No— respondió fríamente— Te irás conmigo, y te necesitan en tus cinco sentidos para la entrega.
—Pero no voy a poder estar tranquila sabiendo que tú no estarás aquí... No confío en nadie más.
Él negó con la cabeza.
—Voy a…— las palabras se trabaron antes de salir de su boca. Carraspeó— Todo irá bien. Nada malo te pasará. Y si no vuelvo...
Ino colocó su pequeño dedo sobre sus labios, silenciándolo.
—Eres muy inteligente, no creo que no lo logres— murmuró.
—Sí, supongo que tienes razón— masculló. No se lo dijo a ella, pero era plenamente consiente del grado de peligro en el que estaban.
La muchacha recostó la cabeza entre su mentón y su pecho, suspirando. El cálido aliento estrellándose contra su piel desnuda le provocó un estremecimiento.
—Buenas noches. Intenta descansar— le deseó las buenas noches y se recostó boca abajo, de espaldas a él.
Sasuke se dio media vuelta y la miró, bajo la tenue luz de la lámpara, soltando un suave suspiro.
Ella era hermosa y delicada como una flor. Su piel blanca y suave, y en esa posición Sasuke podía ver todos los trazos de su espalda, las suaves cuevas resaltando por las sombras que la luz brindaba sobre su cuerpo; sus hombros pequeños y delgados tenían algunos lunares, y sin poder evitarlo, Sasuke alzó un dedo y comenzó a acariciar su piel. Ino soltó un respingo, pero no se quejó, así que, con más libertad, movió su dedo desde su cintura hasta su cuello bajo la tela de la camiseta que la cubría, por toda su columna vertebral, siguiendo los trazos de su omoplato y acariciando la piel llena de lunares, tan suave y fresca que Sasuke de pronto se halló a sí mismo preguntándose cómo se sentiría bajo la piel de sus labios. Y no pudo resistirlo, así que colocó sus labios en su hombro izquierdo. Sabía delicioso, olía delicioso y se sentía mucho mejor. Acarició su espalda por completo con los labios, besándola, sintiéndola. La respiración de Ino empezaba a agitarse.
Sasuke subió hasta su cuello y comenzó a besarlo; Ino se dio media vuelta y empezó a responderle con urgencia, uniendo sus labios en una danza feroz. Sus lenguas trataban desesperadamente de entrar en la boca del otro. Las manos del joven Uchiha sujetaban la pequeña espalda de Ino con tanta fuerza que la lastimaba, pero ella quería que lo siguiera haciendo.
No era la primera noche que se acostaban juntos, pero sí la primera que Sasuke verdaderamente podía disfrutar de su cuerpo sin reservas, de sus pechos y su abdomen pegados al suyo y las manos acariciando sus caderas, sujetándola con fuerzas.
Entonces giró en la cama y la colocó a horcajadas sobre él, sin poder discernir lo que era correcto o no en ése punto. Lo único que Sasuke tenía por seguro era que no podía detenerse, y parecía que ella tampoco.
Sin vacilar le ayudó a quitarse la camisa e Ino cayó ahora sobre él, rozando sus sexos, y ese contacto, aunque separados por la ropa interior, se sentía magnífico. Le ayudó a girar para que quedara de espaldas a él, colocando su cuerpo sobre el suyo de nuevo. Pasó los brazos por su torso, acariciando y apretando sus pechos con urgida necesidad, mientras las pequeñas y frágiles manos de Ino envolvían sus muñecas, indicándole donde tocar.
El calor que provocaba aquella delicada espalda contra su pecho, sus glúteos contra su miembro, era simplemente sofocante. Sasuke besó su cuello y su oído, su mandíbula, sus labios. No tenía tiempo de nada, ahora mismo solo deseaba hacerla suya. Deseaba tenerla por siempre, solo para él. Quería acabar. Necesitaba acabar.
Con más lentitud de la que hubiera deseado acarició el plano abdomen de la chica mientras sus pequeñas manos seguían sujetas a sus muñecas, guiándolo sin timidez alguna. Pero no era suficiente. Sasuke necesitaba más, mucho más de ella. Así que con un ágil movimiento de sus manos y piernas se deshizo de su ropa interior, y lo primero que hizo después fue intentar deshacerse de la de Ino, cuya garganta gimió junto a la suya en cuanto su miembro desnudo y cálido se unió bruscamente a sus glúteos, buscando su sexo sobre la tela.
—Quítatela— le pidió él, incapaz de separar los labios de aquel suave y blanquecino cuello.
Ino no vaciló al hacerle caso, y retiró su última prenda con presteza, mostrándose nuevamente desnuda ante él como aquel día en la regadera, pero esa vez era distinto, porque no se limitarían sólo a unos cuantos roces. Sasuke solo quería que todas las partes de sus cuerpos se tocaran. Nunca había deseado tanto algo como deseaba estar dentro de ella.
— ¿Lo has hecho antes?— se obligó a preguntarle en cuanto su miembro comenzó a implorarle por terminar.
—No— respondió la adolescente, jadeando.
La respiración de joven Uchiha respiración se cortó, y le llevó algunos segundos tratar de volver a respirar.
— ¿Quieres hacerlo?— preguntó, como si hubiera alguna posibilidad de que ahora que la tenía bajo su cuerpo renunciara a poseerla.
Ino suspiró, presa de la agitación, y cerró los ojos una momento, causándole un estremecimiento involuntario.
—Si es… la última noche contigo, no me imagino querer hacer otra cosa— respondió, girando su rostro para poder besarlo, y Sasuke automática colocó las manos sobre sus caderas y lo acercó a él, haciendo que la piel de su erección se friccionara y una punzada de placer lo atravesara.
No podía resistirlo más.
Se recostó sobre ella, poniendo todo su peso en su cuerpo y haciendo que volteara para verlo a los ojos. En esa nueva posición volvió a besarla en los labios, besando luego su cuello, sus pechos y regresando a su cuello. Con una mano sujetó las dos de ella y las llevó sobre su cabeza, sin dejar de besarla, mientras que con su mano libre separó sus labios vaginales, notando lo mojada que estaba, y tras acariciar esa zona varias veces para terminar de prepararla colocó su erección en posición para entrar en ella.
Comenzó a penetrar muy lentamente, para facilitarle las cosas a Ino y porque el placer que sentía se había vuelto tan intenso que no quería terminar tan pronto. Cuando estuvo ligeramente dentro de ella soltó sus manos y las sujetó con las suyas sobre la cama, entrelazando sus dedos. Ella lo sujetó con fuerza y alzó la cabeza para volver a besarlo, ahogando en ellos un gemido de dolor cuando su secuestrador al fin desgarró la barrera de su virginidad.
Ambas manos se apretaban cada vez más a medida que Sasuke iba más adentro en su interior.
Y un gemido escapó de los labios del joven Uchiha cuando por fin invadió el interior de su joven amante completamente. Con su pubis pegando en el suyo y sus testículos rozando su piel suave y juvenil.
Sus dedos se engarrotaron, tanto en los pies como en las manos. Ino gimió sin control en cuanto dio la primera embestida, y el sonido de su voz fue exquisito.
Soltando el agarre de una de sus manos, Sasuke descendió su diestra entre sus cuerpos y acarició su monte de Venus con firmeza, sintiéndolo húmedo y cálido en sus dedos. Ino jadeó pesadamente y él besó su cuello, empezando a moverse muy lentamente. Pero con el paso del tiempo su cuerpo comenzó a exigir más fricción, ir más adentro, más profundo, y lo único que podía desear era poder llegar al orgasmo lo más rápido posible e inundar aquella estrecha y ardiente cavidad con su semilla para aliviarse.
Ino jadeó con fuerza, y él sólo pudo responderle con un tenue alarido que lo abandonó cuando comenzó a aumentar el ritmo de nuevo. También ella estaba a punto, porque Sasuke podía sentir sus dedos clavándose con ansia sobre su cuello de tal manera que no tenía más remedio que mantener su cara sobre sus pechos, observando metódicamente uno de sus pezones mientras podía sentir el otro bajo su pómulo. Todo en Ino era exquisito para él, era su gran perdición. Le excitaba su forma de moverse, el aire de sus pulmones que conformaba aquellos gemidos que le acribillaban los sentidos, sus pechos, toda su piel y le excitaba hasta el corazón que latía junto a su cara al unísono con todo su cuerpo. Realmente no sabía si aquello era su corazón o era toda la sangre que se agolpaba en sus sienes y le hacía retumbar la cabeza con fuerza a causa del salvaje punto que estaban alcanzando, pero le daba igual, para él era el Cielo.
Con los expertos movimientos de su mano en su punto de placer acompañado de las embestidas de su miembro, la muchacha llegó al orgasmo antes que él. Sasuke sintió la humedad brotar más intensamente de aquel lugar por el que estaban unidos y oyó varios gemidos sonoros que salían de su garganta. Entonces, una oleada de espasmos recorrió todo su cuerpo, por lo que sintió su miembro vibrante con tal sensación y no tardó ni cinco segundos en llegar al orgasmo también, uno tan intenso que juraría que su visión se perdió durante varios segundos mientras caía rendido sobre aquel cuerpo pequeño que le había obsequiado tanto placer.
Dejó de acariciar el sexo femenino y limpió su mano en su ropa interior antes de sujetar la de Ino. No salió de ella aún, porque la sensación seguía siendo exquisita, y estando en su interior era como si Ino pudiera ser suya para siempre.
Besó su cuello lentamente y el cuerpo de la adolescente se estremeció en un espasmo de placer. Sasuke recostó su mejilla sobre sus suaves y generosos pechos una vez más y dejó que el calor corporal de ambos siguiera compartiéndose. Su erección había desaparecido, pero su miembro seguía dentro de la chica. Y no deseaba salir de allí. No supo cuánto tiempo se mantuvieron así, pero pasaron minutos enteros, y aun así no quería separarse de ella.
No obstante, comenzó a salir lentamente cuando los labios de Ino se unieron a los suyos nuevamente y necesitaron adquirir una nueva posición.
La boca de Ino se tensó cuando por fin salió de ella, pero luego se recostó sobre su cuerpo y siguió besándolo.
Sus labios, sus manos, el contacto de su mojado sexo contra el suyo, su calor, su lengua, sus caricias; todo eso obligó al cuerpo del secuestrador a reaccionar, formando otra erección en su miembro.
Se quedaron en esa posición, Ino sobre su cuerpo, rozando sus pieles y manteniendo sus labios unidos. Y sin poder resistirlo más Sasuke la tomó por las caderas y la penetró de un solo movimiento.
Minutos después volvió a tener un orgasmo, causando que de nuevo sus dedos se engarrotaran mientras sus labios se apretaban entre los de Ino. Era increíble la sensación de tener esa piel tan cálida y suave sobre él, cabalgándolo de esa manera.
Ino siguió moviéndose, dándole espasmos de placer aún tras del orgasmo. Poco después Sasuke la sintió estremecerse antes de derrumbarse sobre su pecho.
Entonces, aún en contra de todo lo que siempre había hecho en esas situaciones, Sasuke la abrazó. Con mucha fuerza.
Y de nuevo no supo cuánto tiempo pasó, si fue mucho o no, pero poco a poco estaba comenzando a quedarse dormido. Con una chica desnuda sobre su cuerpo, también desnudo.
—Oye— murmuró, agotado.
— ¿Si?— preguntó Ino en un susurro.
Sasuke ni siquiera midió sus palabras al hablar:
— ¿Quieres bañarte conmigo?
Ino asintió con pereza y el joven Uchiha esbozó una sonrisa de satisfacción antes de que ambos se pusieran de pie.
Ella tomó su mano y juntos caminaron hasta el baño.
— ¿Juntos?— le preguntó Sasuke.
—Si no te molesta.
—En lo absoluto— aseguró, entrando a la ducha. Abrió la llave y dejó que el agua cayera sobre sus cuerpos.
Sasuke lavó su cabello un par de veces y después ayudó a Ino a tallarse la espalda; no lo necesitaba, pero la sensación era exquisita. Y sin saber cómo estaban besándose de nuevo. El cuerpo húmedo y desnudo de Ino rozaba el suyo casi con necesidad, y la desesperación por parte de ambos era muy notoria.
Sasuke gruñó en medio del beso, apretando a la muchacha mucho más contra su cuerpo, sintiendo la incómoda necesidad de tener aquel frágil cuerpo en todas las maneras posibles. Con bastante facilidad la recargó con agresividad contra la pared e Ino se estremeció por el contacto frio, pero no cortó el beso. Sasuke la sujetó por el cuello y profundizó el beso, apoyándose poco a poco en ella hasta que Ino de algún modo logró invertir la situación y colocarlo a él contra la pared, haciendo que cayera lentamente hasta el suelo, recargado en los azulejos.
Sasuke terminó sentado en la ducha, con la adolescente besándolo y apoyándose en su hombro. Ino se sentó sobre él, pero no solo eso, sino que sujetó su erección con una mano y se sentó sobre ella, lentamente, dejándole entrar en su interior de nuevo.
Sasuke abrió los ojos con sorpresa, sin poder creerlo. Una tercera vez y aún no tenía ganas de dejar de hacer el amor con ella; incluso tuvo el presentimiento de que podría hacerlo toda la noche. Una y otra vez. No se sentía satisfecho, y a ese grado tuvo la sensación de que nunca se sentiría satisfecho de ella.
Cuando Ino quedó completamente sentada sobre su erección entreabrió los labios por el dolor y Sasuke aprovechó el momento para darle un beso y relajarla, quedándose quieto durante un buen rato y dejando que ella hiciera los movimientos. Ino envolvió los hombros de Sasuke con sus brazos y lo sujetó con fuerza.
Él cerró los ojos, abandonándose a aquellas sensaciones que paralizaban su columna vertebral; la primera vez pensó que no terminaría nunca, pero el orgasmo había sido el más intenso de su vida. La segunda había tardado menos tiempo en terminar y el orgasmo resultó agotador. Y la tercera tardó tan poco tiempo que incluso se sintió incomodo consigo mismo y con Ino, pero esa vez su liberación fue una mezcla de intensidad, agotamiento y explosión, tan intenso que Sasuke terminó recargado en la pared, tratando de reunir fuerzas y hacer que sus pulmones respiraran.
Tres veces. Había hecho el amor tres veces en menos de dos horas. Su cuerpo (y ninguno), por muy joven y atlético que fuera, no podía soportar tanto.
Ino seguía besándolo, pero Sasuke estaba exhausto. Ella aún no había terminado, y el joven Uchiha se sintió mal por haber llegado al clímax demasiado rápido. Pero no iba a dejarla así.
Tomó a Ino de la cintura y salió de ella. Con cuidado la recostó en el suelo mojado, con el agua cayendo sobre su estómago, besando su cuello, su pecho, su abdomen, hasta llegar a su objetivo:
Separó las piernas de la adolescente y acercó su rostro a su escondido y sensible manojo de nervios. El sexo de Ino ardía frente a sus dedos cuando los acercó para palparlo con sus manos y los dos gimieron al unísono cuando introdujo un par de falanges en aquella cavidad que lo esperaba atrayentemente húmeda. Sasuke retiró los dedos tras un par de suaves embestidas y recorrió con ellos todos sus pliegues antes de hacerlo con su boca, al mismo tiempo que volvía a penetrarla. La devoraba deliciosamente mientras Ino disfrutaba haciéndole disfrutar con su cuerpo, y él se consumía a medida que iba encontrándose de nuevo con esa suprema necesidad de tenerla.
Ino sujetó su cabello con fuerza y tiró de él para obligarlo a permanecer sobre su sexo. Sus gemidos se intensificaron mientras más se acercaba al clímax gracias a su boca.
—Sasuke...— susurró separadamente, soltando su cabello. Entonces él succionó con más fuerza y usó la lengua para acariciar sus pliegues con mayor rapidez, hasta que segundos después ella estalló dentro de su boca. Sasuke siguió lamiendo hasta que los espasmos de la chica cesaron. La dejó recuperarse y poco después la ayudó a levantarse para que siguieran con su ducha, los dos con demasiada vergüenza como para mirarse a los ojos, incluso él.
Finalmente, terminaron de limpiar sus cuerpos y se secaron con toallas limpias.
—Durmamos así— le dijo él cuando Ino iba a vestirse. Ella le sonrió, avergonzada, y se encogió de hombros.
Se recostaron en la cama, desnudos. Ino le dio la espalda y Sasuke juntó sus cuerpos, abrazándola, pecho contra espalda, las piernas entrelazadas y su miembro en sus glúteos. A ese nivel estaba tan exhausto como para que su cuerpo pudiera formar una erección, pero aún así la sensación era increíble.
Por la mañana, Sasuke despertó bruscamente al darse la vuelta en la cama y no hallar a nadie a su lado. Se levantó de la cama, alerta, y activó todos sus sentidos. De pronto escuchó ruidos en el baño, recordando que no había llevado las armas ni el cloroformo consigo, así que se relajó.
Caminó con pereza hasta el cuarto de baño y vio a Ino duchándose tras la cortina.
—Buenos días— la saludó.
—Buenos días— respondió ella, algo sonrojada..
Sasuke esbozó una sonrisa ladeada antes de lavarse el rostro y cepillar sus dientes.
Según su reloj eran las ocho de la mañana, así que en una hora debía estar comenzando todo. Sin embargo, esperó hasta que Ino saliera del baño para irse.
— ¿Ya es hora?— preguntó la jovencita cuando lo vio vestido y armado.
—Falta el gran paso— respondió, tratando de ser conciso.
— ¿Ya no volveré a verte?
—Aún podemos necesitarte como escudo, ¿recuerdas?
Ino levantó la vista y esbozó una sonrisa sensual.
—No te deseo suerte, por que la suerte es para los perdedores. Y no debería desear que consiguieras tu objetivo. Pero lo deseo. Y espero que todo salga bien.
—Gracias.
Ella se encogió de hombros.
—Quítales todo el dinero a esos cerdos— escupió, sonando tan dura que incluso lo hizo sonreír.
—Uno de esos cerdos es tu padre.
—Él estará bien. Siempre lo está— respondió, siendo irónica.
Sasuke se acercó a ella con cierta cautela, frotó sus brazos y bajó la mirada.
—Ino...— la llamó.
Los ojos de la muchacha se elevaron, sus labios se separaron y las respiraciones de los dos se entrecortaron.
—Lo que pasó anoche… fue único— admitió, bajando el rostro para unir sus labios, saboreando su dulce piel por última vez.
Pasara lo que pasara, sabía que ése era su último momento.
Y aunque no quería alejarse de ella, tenía que hacerlo.
Se separó de Ino, acarició su rostro con su mano y trató de grabarlo en su memoria. Ella le sonrió. Él le sonrió de regreso y le dio otro beso antes de darse media vuelta y abrir la puerta.
— ¿Estás lista para salir?— le preguntó.
—Yo... Eso creo— dijo, mordiéndose el labio inferior.
Sasuke la vio y tuvo que esforzarse por no volver a hacerla suya en ese preciso momento.
Quería apresurar la despedida porque ahora mismo era muy difícil hacerse a la idea de que ya no volvería a verla ni a tocarla jamás, y mientras más pasara el tiempo más difícil sería aceptarlo.
Ino lo siguió hasta el auto, pero antes de entrar en él ella lo detuvo.
—Sasuke— lo llamó.
— ¿Sí?
—Llévame contigo— le soltó, caminando hacia él para abrazarse a su espalda— Por favor. Llévame a donde quiera que vayas.
Sasuke se tensó ante el contacto, y ni siquiera pudo controlar el movimiento de sus labios al responder:
—Sí— afirmó, dándose la vuelta para atrapar sus labios en un apasionado beso.
— ¡¿Sí?!— Ino saltó de emoción, abrazándose a su cuello.
Solo entonces él se dio cuenta de si error, pero intentó que ella no lo viera.
—Pero nadie puede saberlo. Te irás con Jūgo y esperarás en el parque. En cuanto tenga el dinero iré por ti y nos iremos. Juntos.
— ¿De verdad?
—Yo no miento.
—Eso espero— advirtió ella, besándolo una vez más.
Cuando Sasuke se separó le abrió la puerta del copiloto y tomó las llaves. Ino entró gustosa y juntos se dirigieron al primer lugar de encuentro.
—Tengo que...
—Está bien— dijo ella, juntando las manos para que se las atara y permitiéndole cubrirle los ojos con una capucha.
Jūgo los esperaba con su ropa lista. Sacó a Ino del coche de Sasuke y la metió en el suyo.
—Recuerda el nuevo plan: mantenerla segura en caso de que algo salga mal y necesitemos un rehén— le recordó Sasuke. Su compañero asintió y se fue, llevándose a Ino para siempre.
Sin embargo, no era momento para pensar en eso.
Sasuke se puso su traje y nuevamente subió a su coche, esperando las noticias.
No fue hasta las diez de la mañana cuando recibió la señal de Suigetsu.
"Tenemos al toro" resonó en el radio.
Y Sasuke se puso en marcha.
El edificio de Subsecretaría estaba casi en el centro de la ciudad, un edificio grande de varios pisos y elegante, pero con un gran defecto: falta de seguridad. En su maletín llevaba todo lo que necesitaría para instalar lo pequeños explosivos en el ducto del ascensor. El único guardia de seguridad ni siquiera se fijó lo suficiente en el gafete falsificado que llevaba sobre su traje. Había cientos de hombres vestidos igual que él, con maletines iguales al suyo y la misma expresión de fastidio que él llevaba en el rostro, optando por subir las escaleras, como la mayoría, al ver el ascensor repleto.
— ¿Vas a tomar el metro a casa cuando termines?— le pregunto a Obito.
—Sí. Salgo a las dos.
Esa era la señal para saber que él ya estaba dentro y había tomado control de las computadoras. No tenían un gran hacker, pero el edificio tampoco tenia un sistema difícil, pocos clics y programas y Obito ya controlaba las cámaras.
No iba a apagar las cámaras de último piso, sino que iba a congelar la imagen. De todas formas nadie nunca pasaba por ese piso. Allí, junto a la puerta del ascensor, había un recuadro en la pared que fácilmente podía quitarse con un taladro. Sasuke llevaba todo en su maletín, así que no tardó ni cinco minutos en estar dentro de los ductos del ascensor, que estaba varios pisos debajo de él.
Colocó los arneses a los tubos más prácticos y enganchó el maletín a su cinturón. Comenzó bajando las escaleras metálicas rápidamente, y terminó por apresurar el paso. El elevador había llegado a la planta baja cuando por fin sus pies tocaron el techo. No había mucho tiempo, así que empezó a colocar los explosivos justo en los ganchos de los frenos.
El ascensor comenzó a moverse e hizo que perdiera el equilibrio. Las paredes pasaban rápidamente a sus costados y podía sentir el aire rompiéndose sobre su cuerpo, pero aun así intentó concentrarse solo en lo que estaba haciendo, sin permitirse empezar a alterarse.
Cuando por fin terminó con su tarea aún tenía varios segundos para activar las cuatro bombas y los cuatro cronómetros, así que elevó la mirada al techo, dándose cuenta de que cada vez se acercaba más, pero un piso antes de la abertura por donde entró el elevador se detuvo, y el joven Uchiha aprovechó el momento para subir rápidamente, sin prestar atención si se sujetaba de tubos o escaleras, solo queriendo salir de ahí. Con un salto ágil cayó al suelo, y apenas tuvo tiempo para atornillar la parte de la pared porque el elevador se detuvo en ese piso. Sasuke guardó el mini taladro en el maletín y tomó una posición recta; cuando las puertas del elevador se abrieron por ellas salió un hombre con uniforme azul, de intendencia. El joven Uchiha hizo una reverencia con la cabeza y entró en el elevador. Presionó el botón de planta baja y se recargó cómodamente en el cristal. El aparato no tardó más de treinta segundos en abrir sus puertas nuevamente para dejarlo salir, y una vez fuera caminó hacia la pequeña sala de espera, a varios metros del elevador, y se sentó ahí. A esperar. Había muchas personas por todos lados, así que nadie le prestó atención.
"Ya están dentro" el mensaje era de Obito, de hacía siete minutos.
"El café está en el filtro" respondió.
"Bien, ya estoy en mi oficina. El resto es cosa tuya"
Suigetsu estaba dentro del banco, Karin se ocultaba para poder actuar en cuanto desalojaran el lugar. Obito controlaba las cosas desde un departamento apartado de allí, para no ser alcanzados por el perímetro que esperaban que la policía hiciera. Él estaba esperando a que llegara la hora. El tiempo parecía eterno; las personas pasaban, se saludaban, sonreían, se enojaban y seguían pasando.
Finalmente, la alarma de su reloj le indicó que toda iba a comenzar, así que ahora solo tenía que esperar a que el elevador llegara al segundo piso para detonar los explosivos. Desde ese instante solo necesitaba presionar un botón para que todo comenzara.
Estaba en el piso siete.
Las bombas habían sido activadas para explotar un minuto después de la activación si él no presionaba el botón, así que no podía equivocarse.
Quinto piso.
Repitió cada uno de los siguientes movimientos en su cabeza.
Tercer piso.
Preparó la mano.
Segundo piso, activó la bomba.
Al instante en que oprimió el botón un estruendo hizo que todo el edificio vibrara, y de inmediato escuchó el grito de algunas personas y poco después el elevador estrellándose contra el suelo sin detenerse. No había mucha altura, así que todos debían estar bien ahí dentro.
Todos a sus lados se habían puesto de pie, con el rostro horrorizado y confundido, y al instante la voz de Obito resonó en todo el edificio.
— ¡Que nadie se mueva! ¡Tenemos tomado el edificio!— como si nadie lo hubiera escuchado las personas empezaron a correr para todos lados, y algunos que lograron usar la cabeza alcanzaron a salir antes de que la voz distorsionada volviera a resonar— ¡Que no se muevan! ¡Por cada uno de ustedes que desobedezca habrá una detonación!— y se escuchó el estruendo de nuevo en los ductos del elevador.
Sasuke suspiró. Esa bomba no tenía potencia, su único objetivo era alarmar a las personas.
Todos se detuvieron, pero el murmullo y los gritos seguían instalados en la habitación.
—Oficial, cierre las puertas y por cada persona que salga del edificio cinco perderán la vida.
El griterío siguió, pero todos, incluido Sasuke, obedecieron la orden del oficial. Se alejaron de la puerta y se juntaron todos en el centro de la gran habitación. Todo el primer piso estaba allí, alejados de las paredes, de los vidrios y de las objetos que pudieran caer.
—Ahora, sigamos con los planes— continuó su primo— Tengo vigilado todos y cada uno de los pisos en este edificio, no traten de hacer algo estúpido porque en cuanto lo hagan tengan por seguro que su vida y la de algunos otros terminará. Hay una bomba en el segundo piso, capaz de destruirlo por completo. ¿Saben lo que sucede si el segundo piso se derrumba? Exacto, todo el edificio se viene abajo. Así que, las cartas sobre la mesa y limítense a seguir mis instrucciones.
Sasuke se sabía las palabras de Obito de memoria; éste las había estado recitando exactamente como en ese momento durante un día entero. Demasiado teatral, pero lo suficiente atemorizante para contenerlos dentro a todos; aunque lo bueno de esa coartada era que era completamente cierta. La bomba existía, los explosivos también.
El oficial les ordenó a todos guardar la calma y esperar a las autoridades, pero los llantos de mujeres no cesaron, ni el montón de hombres especulando y tratando de comunicarse con el exterior. Las líneas estaban saturadas, igual que la paciencia de Sasuke, que solo debía actuar como ellos y esperar mientras el tiempo pasaba rápido y lento al mismo tiempo, pero no tardaron mucho para ver el montón de policías fuera del edificio.
Sin embargo, pasan cuarenta minutos para que un grupo de las Fuerzas Especiales Japnonesas lograra entrar, y ágilmente y con cuidado llegaran hasta ellos, indicándoles que mantuvieran sus cuerpos inmóviles y en silencio.
—Vamos a sacarlos de aquí— aseguró uno de ellos.
—El hombre tiene las cámaras— le informó el oficial de seguridad, temblando como una hoja.
—Controlamos las de éste piso, vamos a sacarlos de aquí.
Ante esa afirmación las personas guardaron la calma, confortadas por el grupo de cinco oficiales que habían entrado.
Sasuke rodó los ojos y trató de parecer asustado.
—Oficial— le dijo al hombre a su izquierda— ¿Qué va a pasar con los demás?
—Los sacaremos a todos.
—Pero, pero dijo que había una bomba— susurró, alarmado.
—Deje esto en nuestras manos, señor. Será evacuado con este grupo de personas.
—No, pero, pero mi novia está ahí dentro. ¡No puedo salir!
—Señor, haga lo que se le ordena, todos van a salir ilesos.
— ¡No! ¡Mi novia está…!
Un par de brazos forcejearon con él y entonces mágicamente logró "mantener la calma" después de varios empujones.
—Va a estar bien— le aseguró una mujer de traje y placa dorada.
Sasuke asintió, con la mejor mirada de horror que pudo poner.
Terminado su episodio, los oficiales lo condujeron hasta la salida, junto con las demás personas.
— ¡Sigan a los agentes, sigan a los agentes!— les ordenaban uno a uno cuando cruzaban la puerta. Tres agentes con armas y vestidos de negro iban al frente, abriendo camino, llevándolos por las calles, que estaban vacías; parecía que el perímetro estaba establecido.
El grupo caminó por siete calles hacia el norte hasta que llegaron a la calle bloqueada por un coche militar. Entonces los agentes regresaron corriendo al edificio, dejándolos en manos de la policía.
— ¿Hay algún herido?— preguntó una oficial, pero Sasuke, sin importarle que llame la atención, se desvió del grupo y tomó un taxi.
— ¿Adónde?— preguntó el taxista. Él solo suspiró.
—Solo sáqueme de aquí— pidió, afligido
El hombre asintió.
— ¿Sabes que sucedió?
—Al parecer un edificio está secuestrado. Hay muchos policías ahí dentro— respondió, encogiéndose de hombros.
—Deben estar reportándolo por los noticieros— comentó el hombre y por unos segundos se concentró en buscar una estación en la radio, pero no había nada del incidente.
Sasuke bajó del taxi apenas salieron del tráfico que la toma de rehenes había ocasionado y caminó varias cuadras por unas calles donde el movimiento de coches era fluido, como si fuera un día normal. Tomó varias rutas, llegó a una tienda de ropa y salió de allí completamente cambiado.
Caminó hasta el edificio departamental en donde se encontraba Obito y entró en la habitación.
— ¿Qué pasa?— preguntó apenas entró y lo vio sentado en la mesa. Tras él había dos computadoras y artefactos que Sasuke no reconocía.
Obito lo miró, con expresión aburrida.
—Se comunicaron conmigo— avisó— Desconectaron las cámaras del primer piso, exploté otro ducto de ventilación. Ya pedí el rescate.
Sasuke tomó el radio que estaba sobre uno de los aparatos y asintió.
— ¿Trataron de rastrearte?
—Sí, pero lo tengo controlado.
— ¿Qué hacen ahora?
—Tratan de descubrir cuántas bombas más hay. No han hecho mucho. No van a pagar, tratarán de liberar a todos antes.
El menor de los Uchiha asintió una vez más y se rascó la cabeza, con nerviosismo.
— ¿Sabes algo de...? ¿Te comunicaste con Jūgo?
—No. Pero ahora debe estar por salir a recogerá a Karin y Suigetsu. El perímetro se estableció varias calles después del banco— contestó su primo, sin prestarle demasiada atención— Solo estoy esperando la señal de Hōzuki para proceder.
— ¿Y la chica?
—Está a salvo, y si todo sigue así la liberaremos apenas repartamos el dinero.
—Bien.
Sasuke se removió de pie, inquieto. Estaban a pocos pasos de concluir todo eso, y el tiempo no paraba, pero pasaba tan lentamente que lo sofocaba.
Casi tres horas después de su llegada al apartamento recibieron un mensaje de Karin:
"Solo espero a Yoru"
Eso quería decir que el camión de bomberos estaba cargado con el dinero y solo esperaban a que llegara la noche para salir.
Entonces Sasuke miró a su primo, cuyo entusiasmo no podía contenerse.
—Tenemos el dinero— suspiró éste; él asintió, sonriendo también.
No festejaría hasta tener los billetes en sus manos.
En ese punto solo era cuestión de tiempo. El trabajo estaba hecho, ahora solo debían ser cuidadosos.
—Están tratando de desactivar la bomba en el segundo piso— anunció Obito— Es hora de irnos.
—Bien, andando.
Obito limpió todos los artículos que había tocado, limpió los muebles y salieron. Caminaron diecisiete cuadras antes de llegar a sus autos. Subieron y prendieron los radios.
—Vamos al lugar de encuentro— ordenó el mayor. Tomaron las calles principales y ambos lograron salir rápidamente de la ciudad, pero aun así serían casi tres horas para llegar al punto de encuentro.
Probablemente a esas alturas ya habían liberado a todas las personas, y ahora la policía estaría buscando al responsable, tan ocupados con eso que nadie pensaría que había sido solo una distracción.
Obito y él se desviaron en cierto punto de la carretera y tomaron una brecha que llevaba a una humilde casa de campo. Dos millas después de ese lugar se encontraba el "punto de encuentro".
Una vez allí bajaron de los coches y apagaron todas las luces, sumiéndose ambos en una total oscuridad ya que la noche era oscura, sin estrellas, y Sasuke apenas era capaz de mirar a Obito desde esa distancia.
El silencio en ese lugar era aterrador. No había ningún insecto ni movimientos ni viento. No había nada.
— ¿Cuánto deben tardar en llegar?— preguntó Sasuke, manteniendo la vista en el infinito. Después de dos metros todo parecía ser invisible.
—No mucho— respondió su primo.
El fresco aire de la noche se colaba en cada parte de su cuerpo, pero aun así sus manos estaban sudorosas.
— ¿Saben en dónde es?
—Sí. Deben llegar justo por ahí.
Él asintió, aunque sin estar conforme. Sabía que debía confiar en su equipo, pero no se sentía completamente seguro de eso. No podía contactar a nadie, ni por radio, ni por teléfono ni por texto. No había comunicación entre ellos. Comenzó a tronarse los dedos y eso fue lo único que se escuchó a su alrededor. Con los minutos el lugar empezó a llenarse del canto de los grillos, lo cual solo le pareció más fastidioso. Pero de pronto el cantar de los insectos fue interrumpido por un pitido, y tanto Obito como Sasuke dineron un respingo.
El mayor elevó su radio y presionó el botón de alerta.
—Adelante— dijo con voz rasposa.
Los cinco segundos siguientes fueron eternos.
—Caballeros— respondió la voz de Karin— ¡Lo hicimos!
Y en cuanto dijo eso las luces del camión de bomberos brillaron a varios metros de ellos, la sirena sonó y Karin y Suigetsu aparecieron tocando el claxon.
Sasuke sabía que debía sentirse molesto por tamaña estupidez, pero lo único que sentía eran ganas de reír. Obito también, pues soltó una gran carcajada mientras su primo se limitaba a mantener la emoción dentro de él.
Cuando el camión se estacionó frente a ellos y apagó sus luces por fin logró tranquilizarse, pero los nervios en su estómago seguían siendo evidentes.
—Todo está listo— dijo la chica pelirroja.
—Aún no— replicó Obito— Todavía tenemos trabajo que hacer.
Y era cierto. Ya eran las diez de la noche y mientras más rápido prepararan el dinero más rápido podrían largarse de allí.
Llevaron todos los coches a la casa de campo y prepararon las cosas. Obito ya tenía lista una plancha enorme, especialmente para secar papel, pues los billetes llegaron empapados. Tardaron unas cinco horas en secarse por completo, y aún había que contarlos y empaquetarlos, pero a nadie parecía importarle; el ambiente entre ellos era de tremendo éxito, felicidad y entusiasmo. Incluso para Sasuke.
El dinero estaba en sus manos. Este dinero era suyo. Y era demasiado; había tantos billetes verdes, dólares americanos, que parecían incontables.
Para las seis de la mañana ya tenían todo en paquetes, dividido en cinco partes iguales y preparado solo para ser colocado en donde sea que fuera a ser transportado. Seis punto cinco millones de dólares norteamericanos para cada uno.
A las ocho los cuatro tenían su dinero en los coches y se reunieron en el campo libre frente a la casa. Obito llamó a Jūgo para darle las novedades y empacó su dinero para entregárselo después.
—Caballeros— dijo cuando todo estuvo listo, mirándolos— Fue un placer trabajar con ustedes.
No hubo grandes despedidas. No hubo abrazos ni buenos deseos. Lo único que todos querían era salir de allí.
— ¿Qué pasará con la chica?— preguntó Suigetsu.
—Ya hablé con Jūgo. La liberará en unas dos horas— dijo, y Sasuke rápidamente se puso alerta.
—Bueno. Supongo que es un "hasta nunca"— dijo Suigetsu.
—Eso espero— respondió Sasuke. Los demás soltaron una carcajada.
—Sasuke, eres un bastardo, pero te voy a extrañar.
— ¡También yo, Sasuke-kun!
Él se encogió de hombros.
Una mirada más, un asentimiento y los cuatro subieron a sus coches.
El joven Uchiha tenía claro que ninguno de los tres iba a a regresar a la ciudad, mientras que él necesitaba hacerlo.
En el camino llamó a Jūgo, pero este no respondió hasta después de una hora, informando que estaba a punto de soltar a Ino. Sasuke pidió la dirección del lugar donde la dejaría y después se despidió, apretando el acelerador.
Y cuando Sasuke llegó al parque allí la vio, con su uniforme sucio y rasgado, esperando sobre una banca. Esperando por él como lo había dicho. Pero ella no podía verlo.
Tuvo el impulso y el deseo de bajar del coche, correr hacia ella y abrazarla y besarla, llevarla con él hasta el fin del mundo y hacer el amor una y mil veces, pero no lo hizo.
Sacando uno de los teléfonos desechables que tenía marcó el número que ya sabía de memoria y también esperó.
Y ellos no tardaron en llegar, en cuatro camionetas negras, bajando en grupos de dos en dos antes que la policía. Primero lo hizo un hombre pelirrojo; los ojos de Ino se llenaron primero de sorpresa, luego de lágrimas de felicidad y entonces corrió a abrazarlo. Se notaba que lo conocía, y que de verdad lo quería. Tal vez Ino y él pudieron haber cultivado un sentimiento igual, pero entre ellos nunca había sido correcto. Ella era una niña rica, con clase, y él no era más que un simple delincuente, un criminal y asesino, nacido en una familia tradicional de delincuentes. Entre ellos no podía existir nada más que un momento, como el que habían vivido, solo dejándose llevar sin pensar en un futuro, porque nunca podrían tener uno juntos.
Ya le había arrebatado su vida una vez, no podía hacerlo de nuevo. Ino no era como él; ella era frágil, delicada, inocente. Jamás podría acostumbrarse a su estilo de vida, y él jamás la dejaría intentarlo. Ino merecía una vida tranquila y honesta, una vida que él no podía darle. Además ella ni siquiera había cumplido los dieciséis, tenía muchos años más por vivir. Muchos años para olvidarlo, aunque él nunca pudiera hacerlo.
Ella le había dado, en una sola noche, mucho más que cualquier persona en toda su vida.
Sasuke le debía eso, por eso volvió a encender el motor y se marchó de allí, sin mirar atrás, con más dinero del que podría cargar en su coche y el corazón destrozado, aunque se esforzara en negarlo.
Ya no podía quedarse en esa ciudad donde la había conocido y perdido, ni siquiera en el país. No estaría completamente tranquilo hasta que saliera de la isla, lejos de Japón y todos los recuerdos que tenía para él.
No estaría completamente tranquilo hasta que eliminara a Yamanaka Ino de sus recuerdos.
Lo suyo había sido único, lindo, tal vez real. Pero ya había terminado.
Ahora solo quedaba seguir adelante.
oOo
.
.
Fin
.
oOo
N del A:
Por mi parte, el fic está terminado, pero todavía falta el epílogo!
Gracias por leer ésta adaptación, y otra vez muchas gracias a ale Cullen-Patt por permitirme hacerla.
Saludos!
H.S.
