Nota: Mini-referencia a la película chilena "Sin Filtro".

.

.:VII:.

.

Desde su tierna infancia la autoestima de Kim Ly se había desarrollado en torno a la idea de que sería eternamente una 'chica-promedio'.

Jamás había destacado entre sus compañeras de escuela por ser particularmente bonita, aunque tampoco se consideraba fea. Simplemente los chicos pasaban de ella, tal vez porque había demasiadas chicas guapas como para que su atención se posara justamente sobre ella, la joven menuda, seca de carnes, con ojos pequeños y rasgados, y un color de cabello de lo más común.

Tampoco resaltaba por sus calificaciones, pero no porque fuese una mala estudiante. Siempre estaba por encima de la norma, sin embargo, jamás entre el selecto grupo de los diez mejores. No participaba en clases a menos que los profesores se lo pidieran. Y sobre estos últimos, a menudo tenían que hacer grandes esfuerzos para recordar su nombre y asociarlo a un rostro familiar. La chica podía perfectamente ausentarse un mes entero y seguro que ninguno de ellos la hubiese extrañado.

La gente no solía reparar fácilmente en Kim Ly, tampoco la reconocían por ser especialmente simpática o interesante. Ella solo estaba allí ocupando un lugar en silencio, atendiendo sus propios asuntos, evitando cualquier clase de contacto con otros humanos y cuando estaba en condiciones de retirarse lo hacía sin la presión de ser indispensable para su entorno.

Le hubiese gustado encontrar alguna buena razón por la cual sentirse imprescindible y especial para las personas que tenían algún vínculo con ella, o una oportunidad para diferenciarse del común de las mujeres. Era una de las razones por la cual había optado por estudiar una carrera típicamente masculina –además de su profunda fascinación por la mecánica- y aún así no había causado gran sensación entre sus compañeros, puesto que no era la única ni la mejor en su clase. Era 'una más del montón', una parte de una gran masa de gente que a diario asistía al instituto en horario vespertino, un elemento que se confundía en el anonimato y pasaba desapercibido.

Aunque no quisiera admitirlo, cuando se detenía a pensar en ello sus ánimos decaían.

.

Era una de las principales razones por la que perder su empleo en la mansión de los Jones había sido un golpe bajo a su orgullo. Las humillaciones del último día eran otro factor que incidía poderosamente en su tristeza, pero no tanto como la sensación de haber sido exiliada del único lugar donde alguien había visto más allá de su 'carcasa', donde se encontraba aquello que era realmente valioso.

Era una trabajadora diligente, y tan hábil que sus manos podían perfectamente tratar con delicadeza los adornos de porcelana e inmediatamente reparar la más sucia y gruesa de las tuberías del baño. Sus jefes estaban encantados con la capacidad que tenía la vietnamita de atender prácticamente todas las labores del hogar sin descuidar los detalles, lo cual les había ahorrado varios gastos en profesionales particulares que se encargaran de los trabajos más pesados.

En el plano de las relaciones sociales, la amistad que había hecho con Alfred era sido su mayor logro, en el sentido de que independiente de sus personalidades tan dispares, habían congeniado gracias a los pocos temas que tenían en común. Era el caso de la mecánica automotriz y las películas de guerra. Si bien era cierto que tanta energía y escándalo en el temperamento del americano iban en directa confrontación con la naturaleza serena y tímida de Kim Ly, era innegable que ambos habían pasado muy buenos momentos haciendo el indio cuando la chica ya había terminado con sus labores.

Le dolía haber perdido su plaza en el único sitio donde había llegado a sentirse alguien querida e importante debido a sus méritos y a su calidad como persona, y todo gracias a un malentendido.

.

Tras acabar con el trámite del finiquito, la joven se alejó cabizbaja pensando en lo poco que les tomaría a los Jones encontrar una nueva trabajadora doméstica con la cual reemplazarla. Mientras que ella, posiblemente, permanecería cesante por varios días, tal vez semanas… o meses. Quién sabe. Puede que su despido fuera tan solo el inicio de una racha de mala suerte que quién sabe cuándo acabaría.

"Debo dejar de ser tan fatalista", se forzó a pensar mientras caminaba en dirección al centro de la ciudad. Ni siquiera le había dado el ánimo para montar la bicicleta, como hacía a diario. De su hombro colgaba un bolso con el tamaño justo para llevar un paquete de pañuelos desechables, dinero y su móvil. Extrajo el aparatito para hacer una llamada rápida a casa y dar aviso de que regresaría más temprano.

No había acabado ni siquiera de marcar el número de la residencial cuando por su lado pasó a toda velocidad un hombre con pinta andrajosa que le arrebató el teléfono.

— ¡No…!

Tras un milisegundo de pánico y un mini-infarto, la vietnamita se lanzó a la carrera tras el ladrón abriéndose paso entre los enajenados peatones que no habían acusado recibo de lo sucedido.

¡Oh, la mala suerte no se acababa! ¡Ese teléfono equivalía más o menos a dos meses de su antiguo sueldo y estaba como nuevo! ¡Y lo utilizaba tanto, dado que era el único medio por el cual podía comunicarse con su padre con privacidad!

— ¡Auxilio! ¡Ladrón! ¡Ladrón!

El muchacho sorteó sus posibilidades y se internó en los pasillos interiores de una galería atestada de compradores distraídos.

— ¡Mi teléfono…!

Afortunadamente, Kim Ly conservaba un buen estado físico como recuerdo de su formación en artes marciales, cortesía de la escuela a la que había asistido hasta hace unos años atrás. Aún en notable desventaja por llevar pantalón de jeans ajustado y zapatos semi-formales, consiguió dar alcance al delincuente cuando este se vio acorralado por las mesitas de un café donde los clientes consumían sus productos con desgano, demasiado concentrados en las pantallas de sus dispositivos favoritos y sus propios pensamientos. La vietnamita no dudó un segundo en aventarse hacia él y derribarlo con gran escándalo contra las sillas desocupadas de un rincón.

Una camarera gritó desde el interior del local y de inmediato los clientes se percataron de lo que sucedía.

Pero nadie se levantó de su asiento.

— ¡Socorro! — aulló falsamente el andrajoso ladrón. La joven había logrado inmovilizarlo sentándose sobre sus costillas mientras le propinaba golpes con el bolsito tratando de asestarle en la cabeza.

— ¡Tiene mi teléfono…!

— ¡Esta mujer está loca! — bramó nuevamente con victimismo.

— ¡Regrésamelo! ¡Devuélveme mi teléfono, bastardo! — rugió amenazadora la afectada. Por fin dio con el flanco que los brazos del delincuente dejaban descubierto, y allí atacó con las manos empuñadas — ¡DEVUÉLVEME… MI PUTO… TELÉFONO…!

— ¡Ay…! ¡AAAAAAY! — chilló, esta vez realmente adolorido. Intentó rechazar a su atacante con ambas manos puestas como barrera, sin embargo, no contaba con que en su creciente ira la chica iba morderlo en la muñeca.

El malandrín berreó y se retorció bajo el peso de la muchacha en vano. Casi por acto reflejo soltó el aparato por el que había luchado hasta el cansancio. Una vez que este estuvo de regreso en las manos de su dueña, la chica cedió y el joven se incorporó frotándose la marca de la mordida que su contrincante le había dejado.

— ¿Por esa mierda armaste tanto alboroto? ¡Ni siquiera es un modelo nuevo, perra…!— gritó, antes de darse a la fuga.

Cuando Kim Ly se levantó, feliz de haber salido vencedora, se sorprendió al ver que al menos a media docena de personas habían captado su maniobra con las cámaras de sus móviles. Algunos aplaudían con expresión pasmada. Ninguno de ellos se había movido un ápice de su asiento para apoyarla.

— ¿Qué…? ¡Esto debe ser una broma! ¡¿De verdad que les dio el tiempo para grabarlo todo en lugar de brindarme algo de ayuda?! — reclamó indignada la joven antes de retirarse a paso vivo en dirección al paradero del autobús, mientras ordenaba los mechones que la pelea le había despeinado.

(***)

Si ya el intento de asalto había sido una desagradable sorpresa, la velocidad con las grabaciones de los testigos se volvieron virales en las redes sociales solo serviría para desconcertar aún más a la vietnamita.

Cuando iba en el autobús de regreso a casa, al menos tres páginas de las que era seguidora en Facebook habían compartido diferentes notas encabezadas por ingeniosos titulares:

"Mira lo que hizo esta chica al hombre que le quitó su móvil. Te sorprenderá"

"El robo que terminó mal: ¡Nunca más volverás a pensar que las mujeres son débiles!"

"Cuidado, malhechores. Las chicas de hoy en día ya no son presa fácil"

"Jamás te imaginarás lo que es capaz de hacer una mujer a su asaltante. ¡Increíble!"

Los comentarios aumentaban casi de forma exponencial con el paso de los minutos:

"Esta mujer es de las mías! :D"

"Es indignante como los ladrones siguen aprobechándoze para robar a las mujeres ke bien que la chava del video le dio su meresido!"

"A ke ora saldrá por el pan? ;)"

"Esta es clase de mujeres luchadoras necesita nuestra sociedad para derrocar la violencia a la que el patriarcado nos ha acostumbrado a lo largo de la historia. No más abusos, no más sumisión, ¡es momento de que todas nos armemos de valor para combatir a los machistas opresores como esta lacra y los otros hombres que violan nuestros derechos en la vía pública! #MacheteAlMachote"

"No hubiese sido necesario llegar a tanto si la policía fuese más eficiente."

"la delincuencia no es culpa del delincuente sino del estado,,, no necesitamos golpear a los ladrones,,, si no derrocar el sistema que los crea"

"Otro asalto a plena luz del día en que NADIE hace NADAAAAA : "

"Like si tú harías lo mismo"

.

— Esto no puede empeorar, ¿cierto? — se lamentó en voz baja guardando el móvil en su cartera. Bajó del autobús y recorrió las pocas cuadras que la separaban de la residencial.

Dentro de la casa todo parecía en orden.

"Al fin… de regreso a mi zona de confort".

Hasta que escuchó la televisión encendida en la sala de estar:

.

—…para ver de nuevo el video de último minuto capturado por uno de nuestros caza-noticias, visite la página web de nuestro canal. La encuesta al respecto estará abierta durante todo el programa: ¿Qué le parece la reacción de esa ciudadana que protagonizó una detención en la vía pública? Las opciones son "A) Correcta y proporcional al cuasi-delito cometido por el ladrón" o "B) Innecesariamente violenta, debería existir alguna forma de sanción". Estaremos al tanto además de sus comentarios en nuestras redes sociales: Facebook, Instagram y Twitter's con el hashtag que mostramos en este momento en pantalla…

Dubitativa, la joven asomó al salón donde los sus cuatro compañeros la miraron boquiabiertos.

— ¡Kim! ¿Qué fue eso? — exclamó Carlos señalando el televisor.

— Acaban de pasarlo por las noticias— añadió Iván, aún estupefacto — ¡Fue asombroso!

— ¿No estás herida? Déjame verte-aru.

— ¡Descuida, no me ocurrió nada! Estoy…

El chino desoyó sus explicaciones y la hizo sentarse en uno de los sillones de un solo cuerpo. La joven se percató de que las rodillas de sus pantalones estaban raspadas y algunos de los adornos de su bolsito se habían desprendido. Sorprendentemente, todo lo demás estaba intacto.

— ¿No tienes nada en la boca? ¿Un diente suelto, el labio roto…?

— Estoy bien, Yao.

— ¿Estás segura de que no te lastimó?

— Él solo quería mi teléfono. Forcejeamos, pero no hubo golpes…

— Al menos no de su parte— interrumpió Hyung — Tú en cambio le diste una buena paliza a ese ladrón. Dinos, ¿cómo pasó todo?

— Caminaba por la calle y saqué el móvil de mi cartera para llamarlos. Él corrió por mi lado y me lo quitó de las manos. Lo perseguí hasta que se quedó sin salida y allí recuperé lo que me había robado…

— ¿Cómo fue que terminaste peleando tú sola con él si a esa hora la galería está llena de gente?

— ¡Oh, eso fue lo peor! — exclamó indignada — Todos los clientes de la cafetería, las personas que caminaba en los pasillos y los dependientes de los locales se quedaron mirando, ¡nadie se movió de su lugar! ¡En cambio sacaron sus móviles para grabarme forcejeando con ese bastardo!

— Pasaron al menos tres grabaciones con acercamientos incluidos, ¿dices que NADIE fue en tu ayuda, que simplemente se limitaron a captarlo todo con sus cámaras? ¿Por qué crees que es sucedió?

— ¡No lo sé! ¡Pero fue de muy mal gusto! ¡Todos allí prefirieron mirar la pelea como si fuese un espectáculo! Después comentan en Internet lo molestos que están porque nadie hace nada por ayudar a las víctimas de la delincuencia ¡Pero lo mejor que se les ocurrió hacer en ese instante fue aplaudir después de que todo había terminado!

— Eso nos habla de una inconsecuencia y una indolencia generalizada en nuestra sociedad, además de una normalización de las situaciones de violencia al punto de ser tratadas como una fuente de entretención, ¿no? ¿Qué opinas sobre eso…?

— ¡Hyung, basta! — regañó el cubano — Deja de hacer las de buitre. Alimentarse de la desgracia de otros es morboso.

— Viviré de eso algún día— replicó ofendido.

— ¿Diste aviso a la policía?

— ¿Para qué molestarse? Como están las cosas hoy en día, no me extrañaría que los policías le hubiesen restado importancia solo porque no logró concretar su delito y ese tipo quedara libre de cargos.

— Y que lo digas. La burocracia en este país es un asco, los vigilantes de la ley son negligentes, y a menos que el sujeto en cuestión haya matado a alguien o robado a un político o a una figura de renombre, los fiscales son capaces de hacer la vista gorda con tal de evitarse el trabajo. A diario vemos criminales que reciben sanciones irrisorias por sus faltas, o en el peor de los casos, como dices tú, acaban en libertad. Es como si todos ellos se mofaran de los afectados, como si les escupieran en la cara. Me alegra que te atrevieras a hacer justicia con tus propias manos— apoyó Hyung.

— ¿Y qué tal si le hubiera pasado algo por haber actuado en defensa propia? — inquirió Yao, consternado.

— Seguramente el montón de hipócritas holgazanes que tenemos en el parlamento estarían llorando la muerte de una mártir, discutiendo un eterno proyecto de ley para 'poner fin a estas aberraciones' sin llegar jamás a buen puerto, entonces los 'indignados' de las redes sociales crearían un montón de carteles apoyando causas como "No más delincuencia" o "Queremos una ciudad segura", saldrían a marchar un par de veces y luego se olvidarían del asunto cuando los noticieros no puedan vender más morbo y en cambio se dediquen a mostrar videos de animales haciendo el loco— dijo el coreano — Afortunadamente, no es el caso: Kim Ly está bien. Molesta, pero sana y salva.

— Dios mío, chica. No la has tenido fácil estos últimos días— suspiró el cubano.

— ¿No prefieres quedarte en casa? Así no tendrás que lidiar con chismosos desubicados que te preguntarán todo el tiempo por los detalles del suceso-aru.

A pesar de que en su consciencia pesaría la culpa de faltar a clases, la vietnamita concluyó que ya había tenido demasiado. Necesitaba un descanso.

(***)

Una llamada entrante en el móvil de Kim Ly –el gran protagonista de ese día- interrumpió la calma de media tarde, cuando la joven trataba de leer un capítulo del manual que le habían solicitado en el instituto.

— ¿Si?

— ¡Hija mía…!

— Ah… hola, papá.

— ¿Estás bien? Dime que no estás herida, por favor.

— Todo en orden— respondió, tratando de sonar lo más convincente posible. La verdad es que había tenido mejores momentos.

— Acabo de llegar del taller, así que me enteré de todo viendo la repetición de la noticia en la edición estelar. Lamento no haber llamado antes, pero de verdad, recién me enteré de todo…

— Descuida, papá. Lo entiendo. Pero en serio, te digo que no me ocurrió nada.

— Qué alivio… ¿recibiste mi mensaje?

— Sí— se le hizo un nudo en la garganta — Ya depositaste lo de este mes.

— Con intereses.

— Gracias…

— Lamento tanto lo de tu trabajo, hija. De veras me gustaría poder hacer algo más por ti, si tan solo no estuviésemos tan lejos.

— Pronto lo remediaré. Encontraré un nuevo empleo, lo sé… de lo que no estoy tan segura es cuánto tardaré en hacerlo.

— Si llegaras a verte en un aprieto sabes que puedes contar conmigo, hija. Puedo vender el auto, o pedir un préstamo…

— No, papá.

— Iría al trabajo en el transporte público. No es tan malo como todos dicen.

El corazón de la muchacha se encogió.

— No te apresures en tomar esas decisiones. Yo… me las arreglaré aquí. Ya verás— inspiró hondo, tratando de combatir la angustia que le subía desde el estómago — ¿Qué hay de ti? ¿Cómo has estado?

— Nada mal, con bastante trabajo en este último tiempo. Uno de los talleres mecánicos que competían con nosotros se incendió la semana pasada y sus clientes están buscando alternativas mientras este siga clausurado.

— ¡Vaya!

— Lo perdieron absolutamente todo— comentó el hombre con pesar — Hubo una falla en la caldera de su local y esta voló por los aires la media tarde del miércoles. Las llamas podían verse a varias cuadras de distancia y por la gran cantidad de material combustible los bomberos no pudieron controlarlo si no hasta la madrugada.

— Ay… eso es horrible.

— Afortunadamente hubo pocos heridos. El hijo del dueño ya está fuera de riesgo vital, pero te aseguro que si hubiese estado un segundo más allá adentro el pobre chico no sobrevive para contarlo.

— ¡Esto es grave! Si sucedió la semana pasada, ¿cómo es que no me enteré de nada por las noticias?

— Porque a los medios no les interesa lo que pasa en los pueblos pequeños, a menos que sea una hecatombe y la mitad de su población desaparezca. Pero como solo fue un 'pequeño incidente' sin muertes registradas, y el muchacho tiene 'solo el cincuenta por ciento de su cuerpo comprometido por las quemaduras', no vende— arguyó el ese tono lastimero y sarcástico que Kim Ly reconocía aún a través del teléfono, aunque no pudiese ver cómo componía la correspondiente mueca torciendo los labios bajo su bigotito.

— Qué lástima. Espero que se recupere pronto y la gente del taller pueda reponerse también de lo sucedido.

— Les tomará tiempo, las pérdidas son millonarias. Y deben pagar indemnizaciones a las personas que tenían allí sus vehículos al momento del incendio.

— Oh. Comprendo.

— Mientras tanto, veremos de qué forma hacemos causa común con ellos y les ayudamos a levantar su negocio. Bien podríamos dejarlos a su suerte y celebrar que la demanda del mercado de la mecánica automotriz ahora es más favorable para nosotros dado que perdimos a un competidor… pero ya sabes cómo somos en los pueblos pequeños.

— Amables, empáticos y generosos. Algo que a esta ciudad le hace mucha falta— suspiró Kim Ly — Ya quiero verte, papá. Quiero alejarme de este lugar. Me ahoga…

— Paciencia. Que no te supere, hija. Ya llegarán las vacaciones de mitad de año y nos veremos otra vez.

— Esperaré hasta entonces.

— Es un alivio saber que dentro de todo estás bien, que ese delincuente no te lastimó y que tu patrona cumplió con los acuerdos al despedirte.

— Me consuela pensar que podría haber sido peor— se forzó a responder.

— Debo irme, tesoro. Cuídate mucho, y ante cualquier novedad, infórmame al instante.

— Lo haré.

— Te quiero.

— Yo también, papá.

Cuando colgó, alguien llamó a su puerta.

— ¿Si?

— ¿Puedo pasar?

— Claro.

Era Yao.

— ¿Cómo estás?

— Mejor, gracias.

— Si no estás muy ocupada y te sientes de ánimo, podrías bajar con nosotros-aru. Carlos se ofreció a cocinar hoy…

— ¿Qué?

— Seguramente Iván le contó sobre el estofado que preparó el otro día y él no quiso quedarse atrás. Por suerte es menos desastroso en la cocina— añadió, un poco tenso — ¿Te guardamos un lugar en la mesa? Iván insiste en que "sería lindo que tomáramos el hábito de comer juntos"-aru.

La muchacha se mostró conmovida.

— ¿Qué sucede?

— Creo que ya necesitábamos a alguien como él en esta casa.

— Explícate.

— Es pueblerino, como yo. Está acostumbrado a la vida hogareña, a pasar tiempo con su familia, a tomarse las cosas con calma y charlar con los demás en espacios comunes en lugar de encerrarse en su cuarto. Desde que llegué aquí, he olvidado muchas de esas cosas. Él al parecer no quiere hacerlo. Y mira lo bien que nos está haciendo.

El chino contuvo el amago de una sonrisa.

— Vamos abajo.

.

Continuará...

.


Notas de la Autora:

Quien haya sentido las ganas de golpear a un delincuente, que levante la mano.
Y quien dice que no, pues que no sea mentiroso y levante la mano igual.

¡Gracias, bellas personitas que se tomaron su tiempo para dejar un comentario en el capítulo anterior: Julchen awesome Beilschmidt, Softlavender, Dangara2610 y Kayra Isis!

Tengan todos una hermosa semana.