Sanzen: ¡Lo siento...! ¡Realmente lo siento! :'(
P-pero... ¡aquí está, por fin, la actualización!
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.:IX:.
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— ¡Hugo!
— ¡Papá~!
Maddie y el pequeño Hugo llegaron antes de lo esperado. Solo Carlos los estaba esperando en pie. Los otros cuatro, que despertaron con el amoroso saludo del niño, se precipitaron al único cuarto de baño de la casa al mismo tiempo.
— ¡Yo primero!
— ¡Ni hablar, yo voy! ¡Soy mujer!
— ¡Nada de eso, llegaste después de mí! ¡¿Dónde queda la igualdad de género en momentos como este?!
— Esto debemos resolverlo como adultos maduros-aru.
Una ronda de 'piedra, papel o tijera' arrojó que el primero en entrar sería Iván. Los demás aguardaron afuera, tocando la puerta con desagradable insistencia.
— ¡Déjanos agua caliente, grandote!
— ¡Llevas dos minutos en la ducha, es más que suficiente!
— ¡Ya voy, ya voy!
Apenas abrió la puerta, Yao se precipitó al interior con sus materiales de aseo bajo el brazo. Mareado por el ajetreo, el ruso fue a su cuarto a vestirse. Los dos residentes restantes presionaron del mismo modo al chino:
— ¡¿Ya acabaste?!
— ¡Date prisa, vejestorio!
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En tiempo récord, Iván estuvo listo para bajar a saludar a los visitantes que desayunaban junto a Carlos. Maddie trataba de enroscar la tapa de una tacita plástica llena de leche con chocolate.
— ¿Quieres ayuda, amor?
— Descuida, yo puedo sola… ¡Uy, es que de verdad está dura!
— Papi, ¿quién es él? — preguntó inocente el pequeño Hugo, levantando la vista hacia el enorme joven que acababa de entrar en la cocina.
— ¡Ah, buenos días, Iván! — saludó el cubano de buena gana — Campeón, él es Iván Braginsky. Es nuestro nuevo amigo, llegó hace muy poco a vivir con nosotros. ¿Sabes? ¡Está estudiando para ser maestro!
— ¡Oooh! — exclamó el pequeñín, y a continuación, agitó tímidamente su manito al desconocido — Hola, señor.
— ¡Ufu~! Hola, Hugo. ¡Al fin puedo conocerte! Tu papá nos ha contado muchas cosas buenas sobre ti— la carita del niño enrojeció de pena. Desvió la vista hacia la tacita plástica llena de leche que Maddie había conseguido cerrar.
La canadiense se levantó para saludar al nuevo residente, y abrió los ojos con expresión de sorpresa en cuanto estuvo frente a él y notó la enorme diferencia de estaturas.
— ¡O-oh…! Eh… es un gusto conocerte, Iván— dijo Maddie, y le dio un beso de cortesía en la mejilla — C-cuando Carlos me habló de ti… no imaginé que serías tan…
— ¿Alto?
— Tan… intimidante— susurró temerosa — ¡Yo pensaba que exageraba cuando decía que le sacabas más de una cabeza de estatura!
— Lo que me supera en altura, yo lo compenso en volumen— carcajeó el caribeño, dándose unas palmaditas indiscretas en el abdomen abultado. Hugo emitió una risita que le hizo ahogarse con la leche achocolatada — ¡Eh, cuidado, campeón!
Mientras el cubano se encargaba de limpiar la naricita del menor con una servilleta, la muchacha de coletas murmuró al eslavo con una sonrisa de gratitud:
— Me dijo también lo que hiciste por él hace unas semanas. Esta es una buena oportunidad para agradecértelo personalmente… últimamente he notado un cambio muy positivo en Carlos, y creo que todo se debe a ti.
— Todos tenemos un poco de crédito aquí — respondió con modestia el joven — Hemos aprendido a hacernos compañía y ayudarnos cuando tenemos problemas. Es un trabajo de equipo.
— ¡Qué lindo saber que Carlos tiene amigos como tú! — suspiró la norteamericana.
Los demás miembros de la residencia no tardaron en hacerse presentes para recibir a sus visitantes.
— ¡Aiyaah! ¡Pero qué lindo-aru! — exclamó Yao al ver al pequeño que desayunaba mientras veía a todos lados con expresión de desconcierto — Carlos, ¿por qué no los invitaste antes?
— Creí que les incomodaría. Además, no es como si los padres de Maddie me tuviesen tan alta estima como para dejar que su preciosa hija y su único nieto vinieran a meterse a los 'barrios bajos'.
— Oh, cariño, no digas eso— reclamó la rubia.
— Sabes que detrás de todo esto hay una cuestión de clasismo y racismo, guapa…
— Papi, ¿qué es 'clasismo'? — interrumpió el pequeño.
— ¿Y si mejor dejamos los temas densos de lado, al menos por hoy? — sugirió Iván, dirigiéndose a continuación al niño — Dime, Hugo… ¿ya vas a la escuela?
— A pre-escolar.
— ¡Qué lindo!
— ¿Y… qué te enseñan? — preguntó Kim Ly.
— Pues… pintamos dibujos. Juego con otros niños. Tengo amigos que vienen de todas partes, y eso me gusta mucho. Eh… también estoy aprendiendo algunas letras…
— ¿Sabes las de tu nombre?
— Sí: 'hache', 'u', 'ge, 'o'. "Hugo".
— ¡Qué listo!
— Tengo amigos con nombres mucho más largos y difíciles. El mío es corto, y me gusta mucho.
— Es un lindo nombre. Dime, ¿quieres una golosina-aru?
— ¡Sí…!
— Eh… ¿puede comer golosinas, cierto? — consultó discretamente el chino a la madre del pequeño, a lo que ella asintió con una sonrisa afable. Yao rebuscó en los cajones de la cocina algún caramelo para obsequiarle al pequeño. En tanto, Iván salió de la cocina para invitar a Hyung, que observaba el panorama social desde el umbral.
— ¿Sucede algo?
— Eh… no.
— Di la verdad.
— Nunca he tratado con niños. ¿Y si soy una mala influencia para él?
— ¡Bobo!
— Hablo en serio.
— ¡Vamos! No tengas miedo, está demostrado que lo tuyo no es contagioso.
La expresión del coreano se crispó en una mueca de irritación, y en seguida el eslavo se sintió arrepentido.
— Oh, yo y mi bocota… ¡te juro que no lo decía en ese sentido! Era solo una…
— Te agradecería si ese tema se conserva como un tabú en esta casa.
— Lo siento, Hyung… yo…
— No me des explicaciones.
(***)
El almuerzo estuvo a cargo de Kim Ly y Yao. Carlos y Maddie habían salido con el pequeño Hugo a un parque donde, según los datos del chino, había una rueda en bastante buen estado, dos columpios todavía funcionales y un balancín en el cual podrían jugar. Iván rondaba la cocina en busca de algo en qué distraerse siendo de utilidad. Hyung se había encerrado en su habitación, distante y silencioso.
— Creo que le diste una muy buena impresión al jefe del local ese día. La entrevista de mañana será un mero trámite-aru.
— ¿Tú crees?
— ¡Por supuesto! Te garantizo que el puesto será tuyo, Kim, y más temprano que tarde volverás a estabilizar tu situación económica. Tú procede del mismo modo que has hecho siempre…
— ¿Cómo?
—Lo que sea que hagas, lo harás bien-aru.
Iván creyó ver que las mejillas de la vietnamita se encendían progresivamente.
— ¡Qué calor está haciendo aquí! — exclamó la chica, abanicándose con las manos — ¿Te molesta si abro un momento la ventana?
"Excusas", rió Iván para sus adentros.
Dejó pasar la ocasión de incomodar a sus amigos y subió para ver al coreano. Desde aquella broma mal pensada de la mañana no habían vuelto a cruzar palabras. Tocó un par de veces su puerta, y el muchacho lo recibió con un cigarrillo encendido entre los labios.
— ¿Se te perdió algo?
— Tú.
— Qué romántico.
— ¿Te pasa algo?
— Nada.
— ¿Qué haces aquí entonces, cuando todos estamos abajo pasándolo bien?
— Trato de terminar una composición para la clase de Escritura de Ficción. Es para el miércoles, y se supone que debo tener una muy buena historia narrada desde la óptica de un narrador en tercera persona. Lamentablemente esta semana no tuve mucho tiempo, tampoco inspiración como para siquiera iniciarla, y quise ver si acaso hoy sería distinto.
Su tono de voz sonó tan natural que Iván por poco y se tragó su evasiva. Hyung había demostrado antes ser una especie de muralla de misterios y verdades a medias, no obstante, el eslavo estaba aprendiendo a sortear sus trampas.
— Puedo ayudarte, si quieres.
— Sí que puedes. ¿Tienes libre la tarde de mañana, después de clases?
Eso descolocó al ruso.
— Tengo en mente un lugar al que quiero ir contigo— continuó el asiático — Es un museo que está a dos estaciones de donde debes bajarte para ir a la universidad. Si no estás muy ocupado, y quieres ayudarme con este relato, puedes acompañarme a la exposición que tienen durante este mes. Me hará bien charlar con alguien al respecto.
— O-oh…
— Regresaremos a casa juntos, también.
— Pues… no hay ningún problema.
— Excelente. Espérame en el acceso principal cuando salgas de clases. Pasaré por ti, ¿vale? No iré en motocicleta, solo usaremos el subterráneo.
— Vale. Te esperaré.
Cuando el joven iba a cerrar la puerta de nuevo, Iván lo detuvo.
— Baja.
— ¿Por qué debería?
— ¿Sabes lo importante que esto es para Carlos? Es la primera vez que su novia y su hijo vienen a casa y tienen la oportunidad de conocer el lugar y las personas con las que vive. Sería un lindo gesto que no te escondieras en tu cuarto, al menos por hoy… y que no permanecieras en silencio.
— Bueeeno— mugió desganado. Salió y cerró la puerta tras de sí. Cuando bajaban las escaleras, repentinamente el coreano se volteó hacia Iván, deteniéndolo a mitad del trayecto — No quiero que pienses que estoy así por tu broma de esta mañana.
— ¿Ah, no es por eso?
— No, al menos no completamente. ¡Hey! ¿Crees que no me han dicho cosas mucho peores en ese club de mala muerte? He podido con la gente que ha querido herirme… tú, en cambio, solo trataste de hacerte el simpático y no te resultó. Puedo perdonarte.
— ¡Qué alivio! — suspiró el rubio.
— Lo que no significa que tu atrevimiento no vaya a tener consecuencias— le dedicó un guiño malicioso, y dando por finalizada la conversación, prosiguió con su camino.
(***)
Durante el almuerzo, Hugo dejó de lado gran parte de su timidez. Carlos y Maddeleine lo habían llevado a un parque cercano en donde padre e hijo jugaron a lanzar una bola de béisbol, y las energías del niño estaban casi al límite.
— ¡Y… y… tiré la pelota tan, pero tan lejos… que llegó al patio de una casa de la otra calle! ¡Y mi papá tuvo que ir a recuperarla!
— ¡De buena suerte la señora estaba de buen humor! La pelota golpeó a uno de sus gatos, que tiró su florero favorito. Pero como te disculpaste, campeón, ya viste, ¡te devolvió la pelota!
— ¡Ah, pero qué niño más educado! — suspiró Maddie, acariciándole la cabeza llena de pelo oscuro y ondulado — Estoy muy orgullosa de ti.
— Señorita Maddeleine…
— ¡Ay, no! Puedes decirme 'Maddie'— corrigió afablemente la canadiense.
— M-Maddie… ¿han comido alguna vez sopa de pescado? Yao y yo preparamos para la entrada, y queríamos saber cuántos platos debemos servir.
— ¿Sopa de pescado? — Hugo arrugó la nariz en una mueca de extrañeza.
— Nunca antes… ¡ah, pero quisiera un poco! ¿Y tú, Hugo? ¿Quieres algo de sopa, para probarla?
— Uh… bueno— respondió, dubitativo.
El niño recibió un plato hondo con caldo que bebió por cortesía. Se notó que no le gustó, aunque no dijo nada al respecto. Adelantándose a ello, los cocineros habían preparado también un sencillo platillo de arroz blanco y carne con una salsa especiada para que los menos fanáticos de la sopa no se fueran con el estómago vacío.
Llegó el momento de levantarse de la mesa.
— Hugo puede dormir la siesta en mi habitación— dijo Carlos.
— ¿Dormir…? ¡No, papá! Hace mucho no te veo… quiero jugar contigo— refutó el pequeño, batallando contra el sueño que le cerraba involuntariamente los ojitos.
— ¿Y si jugamos arriba? — propuso Maddeleine — Traje figuritas de acción, y con las frazadas y cojines de la casa podemos hacer un fuerte donde quepan todos, ¿te parece, cariño?
— ¡Sí~!
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El pequeño siguió a sus padres, conteniendo bostezos. Enternecidos, los otros cuatro residentes se ocuparon de dejar todo ordenado y limpio, y en seguida –respectando el espacio de la feliz familia- se retiraron a tratar sus propios asuntos.
— Qué niño más dulce, ¿no te parece?
— Debe ser porque lo ha criado una chica igualmente adorable. ¿Te imaginas viviera aquí, con Carlos y con nosotros? ¿O si nos viera más a menudo?
— Seguro acabaríamos transformándolo en otro histérico deprimido más del club— bromeó Yao — Pero… ¿vieron lo bien que estaba Carlos hoy, con motivo de la visita de su hijo? Jamás lo había visto tan feliz.
— Pues ahora que lo pienso, en ocasiones anteriores, cuando había ido a verlo a casa de la señorita Maddeleine, siempre llegaba de muy buen humor. Debe de quererlos mucho en verdad, en comparación a lo que le duelen las complicaciones implicadas en ser padre a tan temprana edad.
— De donde vengo, siempre se dice que "los hijos son una bendición" — acotó Iván — Aún con todo lo que le cuesta a los padres sacarlos adelante en condiciones que, como sabemos, ni el dinero ni los tiempos son los suficientes para equilibrar la crianza, el descanso y que jamás haga falta nada.
— Esa historia me suena de alguien que conozco— murmuró Hyung.
— ¿En serio…? O-oh, cierto… tu familia-aru…
— ¿Cuándo fue la última vez que los viste? — preguntó el ruso.
— Ahm… ¿meses? Tampoco es como que me anime demasiado la idea de volver al vertedero de donde salí, aunque sea para ver cómo están mis padres.
— No parece que lo sientas mucho-aru.
— Lo sé, soy un hijo terrible— contestó con indiferencia — ¿Quién más que un bastardo desagradecido podría valorar más su seguridad y comodidad personal, antes que la preocupación de ver que a sus padres no los haya matado una de las pandillas que obedecen órdenes de los narcotraficantes?
— ¡Hyung, no seas tan explícito!
—Ni tan duro contigo mismo… apuesto a que en el fondo sí te preocupas por ellos.
— Sí— escupió — Pero por medio de esto…— mostró su anticuado teléfono móvil — Es casi lo mismo que no hacerlo.
— ¿Los llamas a menudo, al menos?
— Tres veces a la semana, por lo bajo. Y hablo también con mi hermana: Sun Hee. Vive también en una residencial, únicamente ocupada por chicas, que está más cerca de casa, y por eso ha podido visitarlos con más frecuencia. Pero dejemos de hablar de mí, ¿qué me dicen ustedes? ¿Cada cuánto ven a sus padres o se contactan con ellos?
— Hablo con mi padre todas las semanas— dijo Kim Ly, añadiendo de inmediato con culpabilidad: — Aunque… la mayoría de ellas no nacen por iniciativa mía.
— Los veo en el trabajo— dijo Yao — Cada vez que llegan cargamentos con las cosas que el restaurante necesita para la semana, puedo hablar con ellos y saber de mis hermanos-aru. Uh… digamos que fuera de la rutina y las coincidencias, tampoco hago grandes esfuerzos por verlos…
— Llamo a mis hermanas cuando llego de clases. Mentiría si digo que la comunicación es diaria, pero no dejo pasar más de dos días sin actuar por mi cuenta. Y ellas hacen lo mismo. Si tienen algo nuevo que reportar, o simplemente quieren saber cómo estoy, ellas llaman en los horarios que saben que podrán encontrarme disponible.
— Uh… hablar sobre esto no hizo más que aumentar mis deseos de que las vacaciones lleguen pronto— suspiró Kim Ly — Es el periodo sagrado en que viajo a mi pueblo natal para pasar esos días con mi padre trabajando en el taller… y comiendo mientras vemos películas de guerra juntos.
— Uh… creo… que podría llamar a mis padres para decirles que un día de estos me reserven un lugar en la mesa a la hora de la cena-aru— gimió el chino, bajando la mirada en un gesto compungido.
— Pues yo, cuando pueda, viajaré a casa a ver a mi familia. Seguramente también será en vacaciones. Hasta entonces, tendré que valerme del teléfono para seguir en contacto con ellos. ¿Tú qué harás, Hyung?
— Hum… ¿rondar la casa a ver si los aspirantes a narcos me dejan pasar? Digamos que no les simpatizo mucho, y una pronta visita a mi casa en esos términos podría ser una promesa que caiga en el vacío…
De repente, Carlos y Maddeleine regresaron al salón principal, bajando las escaleras tomados de la mano.
— Ya se ha dormido— dijo la canadiense en un discreto susurro.
— Ni siquiera se ha dado cuenta de que las frazadas y cojines con que hicimos el fuerte para sus juguetes eran en verdad una trampa para él— secundó el cubano, ahogando una risita.
— Nos dijo antes de caer en sueños que se ha divertido mucho el día de hoy, y que está ansioso de ir a la escuela para hablarles de ustedes a sus amigos. ¡Chicos, son geniales! Pensé en algún momento que Hugo podría sentirse incómodo entre tantos adultos, pero me equivoqué.
— Podrían traerlo más seguido. A mí no me molesta en lo absoluto-aru— sugirió Yao, enternecido.
— Ufu~. Siempre serán bienvenidos en esta casa.
— ¿En serio? ¿No les incomoda?
— ¡Para nada-aru!
— En lo absoluto.
— ¿Ya ves, Maddie? ¡Las visitas podrían ser aquí de ahora en adelante! Bueno, si eso no es problema para tus padres…
— Oh, no. No tendría por qué— refutó la muchacha — Haz cuenta que Hugo les hablará un montón de cosas buenas sobre ti y tus amigos. Se les encogerá el corazón de solo pensar en negarle de tanta felicidad a su único nieto.
— Al menos hablo por mí cuando digo que espero haberle dejado una buena imagen — intervino sorpresivamente el coreano — O, como mínimo, no haberlo intimidado.
— ¡Pamplinas, hombre! De hecho, iba a felicitarte por haberte comportado como un humano decente el día de hoy— bromeó, palmoteándole el hombro con su manaza matona.
— En cuanto Hugo despierte, lo alistaré para que nos vayamos a casa.
— ¡Ow, ¿tan temprano?! — se lamentó Iván.
— Sí. El trayecto es largo, debo tomar por lo menos dos autobuses distintos y el subterráneo para llegar a casa— explicó Maddeleine — Vivimos en casa de mis padres…
— En el barrio alto— interrumpió Hugo, sonriéndole pícaramente — Allá donde tienen sus mansiones todas las figuras de televisión, con piscinas y helipuertos particulares.
— Uh, en realidad la casa está un poco más hacia el centro de la ciudad. Estamos a pocas cuadras de la estación terminal de la línea amarilla del subterráneo, que recorre en sentido norte-sur la ciudad. Frente al centro comercial y la intermodal de buses inter-urbanos. El autobús, prácticamente, nos deja casi en frente de la puerta, pero como les dije antes, es un viaje bastante largo.
— ¿Quieres que alguno de nosotros te acompañe?
— Tal vez yo— propuso Carlos — De paso, podría hablar con tus padres sobre el nuevo régimen de visitas que tenemos en mente.
— ¡B-but, darling…! Tienes cosas que hacer para mañana, no quisiera distraerte…
— ¿Crees que dejaré pasar esta oportunidad con lo poco que nos hemos visto últimamente, guapa? Ni hablar.
— No se diga más— intervino Yao — ¿Quieren hacer algo mientras tanto? ¿Ver una película, tal vez?
— Veamos qué tienes de bueno, vejestorio.
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Hugo despertó dos horas después. Tan adormilado como estaba, no tuvo oportunidad de manifestar su indignación a sus padres por haberle tendido una trampa para obligarlo a dormir la siesta. Antes de partir junto a Maddie y Carlos, el niño bebió otra taza caliente de leche con chocolate. Al retirarse, se despidió de cada uno de los residentes con una amplia sonrisa de emoción, y dio las gracias por haberlos aceptado en casa.
— ¿Volveremos pronto, mamá?
— ¡Esperemos que así sea, tesoro!
— ¿Llevas todo lo que trajiste, Hugo? ¿Tus juguetes y tu ropa?
— Ahm… eso creo.
— Si algo llegara a quedarse, campeón, no dudes en que los chicos y yo lo guardaremos para la próxima vez que nos veamos, ¿está bien?
— ¡Sí, papá!
— Ten, aquí algunas golosinas para el camino— el ruso puso en las manos del niño un montoncito de caramelos frutales — Recuerda que no debes morderlos. Son muy duros, podrías romperte un diente.
— Y cepilla bien tus dientes una vez que termines de comerlos-aru. No queremos que esas piecitas de porcelana se llenen de caries, ¿cierto?
— ¡Muchas gracias! — exclamó el niño, metiendo los caramelos en los bolsillos de su anorak — En casa tengo varios que la abuela me da cuando vuelvo de clases. Guardaré todos los días para traerles de mis preferidos.
Yao contuvo las ganas de retorcerse de la ternura. Maddie y su novio salieron de casa rumbo al paradero, con el niño siguiéndoles el paso mientras agitaba su manito en señal de despedida a los cuatro residentes que los despacharon en la puerta de la casa.
— ¡Qué rápido se acabó el día-aru! — exhaló el chino con cansancio.
— Tal parece que nos entretuvimos mucho con Maddie y el pequeño Hugo— acotó Kim Ly — Le haría muy bien a Carlos que los padres de su novia le dejaran venir más seguido aquí.
— No veo por qué no: es un hombre responsable con los pagos y un padre muy cariñoso. Tiene todo el derecho a gozar de tiempo de calidad con su hijo, a quien prácticamente no ve durante toda la semana. No hay por dónde negárselo— haciendo amague de estirarse, el ruso se retiró a la planta superior — Lamento dejarlos tan temprano, pero mañana ya toca madrugar.
— Descansa, Iván.
— Hasta mañana.
— No olvides que pasaré por ti a la salida— le recordó el coreano.
— ¡Lo tendré presente!
Rendido por la fatiga de una nueva semana que ya casi finalizaba, el eslavo se metió en la cama con la sensación incierta de que el nuevo día que le esperaba le depararía una enorme sorpresa.
Por supuesto, no estaba equivocado.
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Continuará...
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Notas de la Autora:
Antes que todo, me disculpo por no haber actualizado la semana pasada. Un pequeño revés emocional me quitó todos los ánimos, y pues... lo dejé pasar.
¡Gracias a las adorables personas que dejaron sus comentarios en el capítulo anterior: Kayra Isis, Julchen awesome Beilschmidt, Dangara2610 y Sanzen!
